Oh mi Padre
Letra de E. R. Snow
Música de James McGranahan
| 1. Oh mi Padre, Tú que moras en el celestial hogar, ¿cuándo volveré a verte y Tu santa faz mirar? ¿Tu morada antes era de mi alma el hogar? En mi juventud primera, ¿fue Tu lado mi altar? |
3. Antes te llamaba Padre, sin saber por qué lo fue, mas la luz del Evangelio aclaróme el porqué. ¿Hay en los cielos padres solos? Clara la verdad está; la verdad eterna muestra: madre hay también allá. |
| 2. Pues, por Tu gloriosa mira vine al mundo a morar, olvidando los recuerdos de mi vida premortal. Pero algo a menudo dice: “Tú errante vas”; siento que un peregrino soy, de donde Tú estás. |
4. Cuando deje esta vida y deseche lo mortal, Padre, Madre, quiero veros en la corte celestial. Sí, después que yo acabe cuanto tenga que cumplir, permitidme ir al cielo con vosotros a vivir. |
EL HIMNO
“Oh Mi Padre” está considerado por los Santos de los Últimos Días, como uno de los himnos más grandes, a causa del insólito contenido doctrinal, especialmente la tercera estrofa que proyecta un pensamiento nuevo en la filosofía religiosa; es decir, que tenemos una Madre en las cortes Celestiales.
El himno fué escrito durante un período de condiciones excitantes de conclusión trágica, con la muerte del Profeta y el Patriarca. Según Orson F. Whitney, el matrimonio de Elisa y el Profeta tuvo lugar el 29 de junio de 1842. “Oh Mi Padre” fué escrito en 1843. Así es que la poetisa lo escribió cuando era esposa del Profeta. También era nodriza de la familia de él. Esta asociación tan íntima le dió la oportunidad abundante para discutir con el Profeta muchos e importantes asuntos “pertenecientes al Reino de los Cielos”.
Fué durante este período cuando Zina D. Huntington (después Zina Young) estaba afligida por circunstancias peculiares; su madre, quien había muerto algún tiempo antes, y había sido sepultada temporalmente en una tumba, fué necesario extraer su cuerpo para ponerlo en un lugar para su permanente descanso. Cuando los restos fueron exhumados, se describió que parte de ellos estaban petrificados. Le pareció a Zina que el fundamento de la doctrina de la resurrección se desmoronaba ante ella. A su pregunta ¿“Conoceré a mi madre cuando la vea en el mundo del más allá”? el Profeta respondió enfáticamente, “Sí, allá conocerá a su madre”. Como era una creyente firme en la misión divina del Profeta, Zina D. Huntington se conformó con la promesa. De la discusión sobre la resurrección y la relación ante el hombre y la Deidad, sin duda vino la inspiración a Elisa R. Snow para escribir “Oh Mi Padre”. La poesía fué escrita en la casa de Stephen Markham, sobre un baúl de madera, la única cosa que hacía las veces de mesa en la mal amueblada casa.
El himno consta de cuatro estrofas y es un epítome del gran drama de la vida eterna como es revelado por el Evangelio Restaurado de Nuestro Señor Jesucristo.
El prólogo: La primera estrofa proclama la verdadera potestad patria de Dios; que fuimos educados a su lado en nuestra pre-existencia mortal, connotando la verdad que fuimos instruidos en su gran plan, la obediencia al tal, nos permitirá regresar a Él y su “Santa faz mirar”.
La segunda estrofa cambia la escena a nuestra vida terrenal, donde somos puestos en una escuela para ver si hacemos las cosas requeridas de nosotros y afianzar nuestro derecho a la restauración en la presencia del Padre. Los recuerdos de nuestra vida ante-mortal, nos son quitados, para que podamos andar por la fe; sin embargo no somos dejados completamente en las tinieblas, un “algo a menudo” es la llave que abre la puerta de la sabiduría que nos es dada, por medio de la cual nos es revelada una nueva y gloriosa doctrina (tercera estrofa) que tenemos una Madre en los Cielos.
El epílogo: Una vez más nuestros pensamientos se proyectan a la presencia del Eterno. Por medio de la obediencia, y por haber cumplido con todo lo mandado, y con su “Santa venia”, nosotros reclamamos que nuestro Padre Celestial nos permitirá vivir en su presencia.
Verdaderamente, “Oh Mi Padre” es el drama de la vida eterna, no sólo un himno, sino una profecía y una revelación.


























