Una de las preguntas más importantes que se haya hecho al hombre mortal fue la que hizo el mismo Hijo de Dios, el Salvador del mundo, al dirigirse a un grupo de Sus discípulos en el Nuevo Mundo, un grupo que estaba ansioso de recibir Sus enseñanzas y más ansioso aún porque ellos sabían que muy pronto los iba a dejar. Él preguntó: “¿Qué clase de hombres habéis de ser?”. Y entonces, sin esperar que le contestaran, Él mismo dio la respuesta: “Aun como yo soy” (3 Nefi 27:27).
¡Qué invitación y qué llamado tan claros y tan resonantes! ¡Qué certeza y qué ejemplo en estos días de incertidumbre y ausencia de ejemplos!…
Cuán agradecidos debemos estar a nuestro Padre Celestial por haber enviado a Su Hijo Unigénito a la tierra para… establecer el ejemplo perfecto de rectitud, de bondad, de misericordia y de compasión, a fin de que el resto del mundo sepa cómo vivir, cómo progresar y cómo llegar a ser más semejantes a Dios.
Sigamos al Hijo de Dios en todo lo que hagamos y en todos los ámbitos de la vida; hagamos de Él nuestro ejemplo y nuestro guía. En todo momento debemos preguntarnos a nosotros mismos: “¿Qué haría Jesús?”. Y entonces ser más valientes para obrar de acuerdo con la respuesta. Debemos seguir a Jesucristo en todo el sentido de la palabra; debemos dedicarnos a Su obra como Él lo hizo con los asuntos de Su Padre; debemos esforzarnos por ser como Él es y ser constantes en eso, una y otra vez. (Canciones para los niños, pág. 34). Al grado que el poder mortal que poseemos nos lo permita, debemos hacer todo lo posible por llegar a ser como Cristo, el único ejemplo perfecto e inmaculado que haya pasado por este mundo1.
Durante Su ministerio terrenal, nuestro Señor extendió repetidas veces un llamamiento que además de ser una invitación, era también un cometido. A Pedro y a su hermano Andrés, Cristo les dijo: “Venid en pos de mí, y os haré pescadores de hombres” (Mateo 4:19). Al joven rico que le preguntó lo que debía hacer para heredar la vida eterna, Jesús le respondió: “Anda, vende lo que tienes y da a los pobres… y ven, sígueme” (Mateo 19:21). Y a cada uno de nosotros Jesús nos dice: “Si alguno me sirve, sígame” (Juan 12:26)2.
- Véase “¿Qué clase de hombres habéis de ser?”, Liahona, julio de 1994, págs. 72–73; véase también “Él nos exhorta a seguir a Jesucristo”, Liahona,octubre de 1994, págs. 3–6; “Sigamos al Hijo de Dios”, Liahona, enero de 1995, págs. 100–101.
- Véase “El testimonio de un apóstol de Cristo”, Liahona, agosto de 1984, pág. 22.
