Cómo criar una Familia Celestial


Capítulo 9

Enseñe a su familia a través de reuniones y actividades


En una conferencia de estaca celebrada en Lima, Perú, conocí a una jovencita que era la única miembro de la Iglesia en su familia. En los meses posteriores a su bau­tismo había escuchado muchos consejos sobre la noche de hogar. Ella quería hacerlo, pero no estaba segura de cómo dar el primer paso. Sólo tenía diecisiete años y nadie más en su familia tenía interés alguno.

Un domingo escuchó un fuerte testimonio sobre la noche de hogar y decidió que ya había esperado suficiente tiempo y que iba a comenzar a hacerla. Se fue a su casa y en la sala de estar misma cantó un himno, ofreció una oración y dio la lección. Su familia, especialmente sus dos herma­nos mayores, se rieron, se burlaron de ella y le preguntaron qué estaba haciendo entre los mormones, etc. Ella se fue llorando a su cuarto, donde esa noche puso fin a la lección.

Al lunes siguiente, a pesar de la resistencia que había encontrado en su familia, siguió adelante y tuvo otra noche de hogar, y lo mismo hizo el otro lunes. Cuando a la semana siguiente comenzó a cantar el primer himno, hubo un golpecito en su puerta. Su hermano mayor le dijo: «Mary, ¿puedo entrar? Realmente me gustaría saber qué estás haciendo».

Ella le contestó: «Bueno, pero con la condición de que no te rías de mí». Le dijo que no lokaría y entró. Ambos cantaron, oraron y aprendieron juntos, y a la semana siguiente se les unió el segundo hermano.

Cuando aquel día compartió su testimonio en la confe­rencia de estaca, dijo: «Y aquí, élder Cook», y señaló a una de las hileras delanteras, «están mis padres y esos dos her­manos. Ahora todos son miembros de la Iglesia».

¡Qué tremenda bendición! Esa jovencita de diecisiete años, a través de la obediencia a los mandamientos, fue el instrumento mediante el cual toda su familia se convirtió. Seguramente a esto se refería el Señor cuando dijo : «Yo, el Señor, estoy obligado cuando hacéis lo que os digo,- mas cuando no hacéis lo que os digo, ninguna promesa tenéis» (D&C 82:10).

¿Acaso no debemos amar a nuestra familia con mayor intensidad y esforzarnos mucho más por tratar a cada miembro de la misma tal como el Señor nos trata? La noche de hogar puede tener un gran impacto sobre una familia, tanto si son miembros de la Iglesia como si no lo son.

La noche de hogar y los consejos de familia son reunio­nes familiares importantes, y cada familia tiene que decidir cuándo y cómo las celebrará. Para muchas es muy útil tener una reunión espiritual familiar en domingo, en la cual ense­ñar la doctrina de la Iglesia, sustituyendo quizás la lectura de las Escrituras de ese día. Entonces, el lunes por la noche celebran una actividad, para divertirse y recrearse. También se puede salir y ofrecer servicio a alguien que pueda estar pasando por alguna necesidad. La noche de hogar puede incluir también un consejo familiar en el cual todos dialo­gan para solucionar un problema por el que estén pasando o para planear trabajos o acontecimientos futuros.

Los profetas han enseñado claramente la importancia que tienen las noches de hogar y los consejos familiares.

El presidente Marión G. Romney dijo una vez: «No se puede dar mayor servicio a una familia… que el de moti­varla con una visión de los beneficios que se obtienen al celebrar con regularidad la noche de hogar y, por tanto, for­talecer los lazos familiares en esta vida y prepararlos para la continuación de esta sagrada relación en la vida venidera».

El presidente David O. McKay dijo: «Las familias que preparan fielmente y celebran de manera constante sus noches de hogar, y que trabajan juntas durante la semana para aplicar las lecciones de éstas a sus vidas, serán bendeci­das».

Y el élder Boyd K. Packer comentó: «La noche de hogar puede inspirar ese tornar de los corazones. El propósito de la noche de hogar es hacer que la familia esté unida mediante el amor y una dulce relación, abrir las puertas de la comunicación entre padres e hijos, hacerles que sean felices por el hecho de vivir juntos y pertenecerse el uno al otro por toda la eternidad».

A veces los frutos de la noche de hogar pueden ser un tanto divertidos. Cuando nuestros tres primeros hijos eran pequeñitos, los puse en línea al lado de la estufa y les enseñé lo que creía ser una excelente lección sobre el por­qué los jóvenes debían servir una misión. Al final de la lec­ción le pregunté al mayor: «Hijo, ¿vas a servir una misión?».

«¡No!», contestó. Tanto su madre como yo nos queda­mos sorprendidos. Entonces me aventuré a hacer la pre­gunta siguiente: «¿Por qué no?». Él miró hacia arriba y dijo: «No puedo, papá. ¡Todavía tengo puesto el pijama!». Puede imaginarse lo inadecuado que me sentí al no poder estable­cer una buena conexión con mis «alumnos».

Cuando fui llamado a servir como Autoridad General, intenté enseñar a nuestros jóvenes hijos lo que ello signifi­caba. Poco tiempo después, nuestro hijo de siete años com­partió su testimonio en una reunión sacramental, y parece que se había olvidado un poquito del significado de ser Autoridad General. Ni siquiera podía recordar esas palabras. Todo lo que pudo decir fue: «Mi papá ha sido llamado para ser… para ser… para ser uno de esos hombres que trabajan con Jesús». No podía recordar el término, pero sí conocía el sentimiento. La noche de hogar es una bendición real para las familias.

George Durrant lo dijo de esta manera: «Los padres que abrigan sueños respecto al destino de sus hijos saben que el programa del Señor para la noche de hogar es como un regalo del cielo. No se trata de algo que tengamos que hacer, sino que es algo que nos acostumbramos a hacer… Los profetas han dicho: ‘Los hijos que procedan de tales hogares no se perderán’. Usted puede tener hijos e hijas que sean responsables, que deseen servir, que amen la virtud y que tengan un testimonio fuerte, que amen y sean amados gracias a que usted ha celebrado la noche de hogar y ha compartido este sentimiento con su familia de forma con­tinuada» («A Gift from Heaven», Ensign, marzo de 1971, págs. 6-7).

 EL PLANEAMIENTO DE LAS REUNIONES FAMILIARES

Un elemento importante a la hora de dirigir las noches de hogar y los consejos familiares es planear con antelación, lo cual es responsabilidad de los padres. Luego, a medida que los hijos van creciendo, se puede delegar en ellos gran parte del planeamiento.

Para ayudarnos a planear nuestras noches de hogar hemos utilizado diversas listas y ruedas de asignaciones las cuales nos decían a quién le tocaba dirigir, quién dirigía la música, quién oraba, quién daba la lección, quién preparaba el refrigerio, etc.

Aun los niños pequeños que no saben leer pueden diri­gir las reuniones. Los padres pueden hablar con ellos de lo que deben hacer y en qué orden deben hacerlo. Entonces los pequeños pueden hacer una agenda con dibujos en vez de con palabras. Es muy divertido ver cómo los niños dirigen la noche de hogar. Es también algo que edifica su autocon-fianza y les hace sentirse parte importante de la familia.

Llegó un tiempo en nuestro matrimonio en el que ya no necesitamos una agenda; nuestra familia aprendió a dirigir las reuniones y ahora nos limitamos a asignar cada semana la lección de la noche de hogar.

El punto principal consiste en organizar los contenidos, sin ser demasiado formal, para que la familia pueda tener una buena experiencia. El objetivo es tener una familia feliz, satisfecha, animada y que crezca fuerte.

Los consejos familiares se pueden incorporar a menudo a las noches de hogar, dando así a los miembros de la fami­lia la oportunidad de tratar problemas personales o familia­res. Para nosotros han resultado muy útiles a la hora de llegar a acuerdos sobre disciplina, reglas, etc. En estas reuniones hemos intentado abordar muchos de los asuntos familiares como el presupuesto o los horarios, y también las hemos empleado para llegar a acuerdos sobre decisiones familiares con consecuencias a mucho más largo plazo.

Una tarde, tras regresar de una conferencia de estaca, mi esposa me dijo: «Acabo de saber que uno de nuestros parientes está en la cárcel». Entonces añadió con un guiño: «Más aún, se trata de uno de tus parientes».

Un primo lejano, a quien llamaré Juan, había llamado desde la prisión local. Nunca habíamos estado con él, pero conocíamos a su padre. Le había dicho a mi esposa que si podía pasar algún tiempo con una buena familia, se le redu­ciría la duración de su encarcelamiento.

Ella me preguntó qué pensaba yo sobre el hecho de per­mitir que nos visitase, a lo cual, debido quizás a que estaba cansado, respondí diciendo: «Bueno, tú sabes que hemos accedido a las peticiones de muchas personas, pero no estoy seguro de que tengamos que tomar parte en algo como esto. Hablaremos más tarde». El tiempo pasó y no volvimos a hablar del asunto.

Una semana más tarde regresé de otro viaje y mi esposa me dijo que Juan había vuelto a llamar. Una vez más res­pondí de manera bastante negativa, diciendo que probable­mente no sería prudente tenerle en nuestro hogar cuando yo estaba viajando tanto; así que, una vez más disuadí a mi buena esposa de sus justos deseos.

Al cabo de unas pocas semanas, mi esposa se acercó a mí una mañana temprano, mientras me encontraba leyendo, y me dijo: «Cariño, sabes que te he hablado en dos o tres ocasiones sobre ayudar a Juan, y en cada una me has respondido de manera bastante negativa. Sólo quiero que sepas que siento fuertemente que debemos enseñarle, que tenemos que ayudarle y hacer lo que nos ha pedido. Sin embargo, no voy a volver a mencionar el tema. Pensé que deberías saber cómo me siento». Entonces salió del cuarto y me dejó a solas.

Me sentí mal por mis respuestas negativas, así que fui a ella y le dije que no pensaba que debíamos tomar una deci­sión semejante por nosotros mismos, sino que deberíamos tratarlo en el consejo familiar. Así que llamamos a los diez miembros de nuestra familia, les explicamos la situación y votamos: 9 a favor y 1 en contra. Entonces volví a hacer hincapié en el posible peligro de tener a un presidiario en nuestra casa cuando yo no estuviera presente. (Y yo cono­cía el motivo por el cual Juan estaba en la cárcel.)

Un par de los hijos más jóvenes cambiaron su voto por­que les persuadí, y la votación estaba ahora 7 a 3.

Tras hablarlo todavía un poco más, uno de mis hijos dijo: «¿Por qué seguimos hablando de esto, papá? ¿Por qué no nos arrodillamos y lo confirmamos?».

«¿Qué?», dije.

«Sí,» dijo él. «¿Por qué no nos arrodillamos y lo confir­mamos? El Señor sabe si debemos hacerlo o no».

Sus inspiradas palabras me tomaron por sorpresa, y me sentí arrepentido y humillado por no haber dirigido a mi familia a buscar una respuesta del Señor. Todos nos arrodi­llamos de inmediato y tanto ese hijo como yo oramos. Tras las oraciones el voto fue de diez a favor, y llamé rápida­mente a la cárcel.

Cuando Juan oyó mi voz, se echó a llorar. «Gracias. Gracias por llamar», dijo. «Gracias, muchísimas gracias». Le dije que iríamos a la iglesia en unas horas, que luego vol­veríamos a casa para la cena, y que nos gustaría que pasase todo el día con nosotros. Él estaba muy complacido por todo ello.

Juan lloró en las reuniones de la iglesia durante casi todo el tiempo. Su humildad me sorprendió y me conmo­vió. Sin embargo, todavía me sentía un tanto preocupado sobre cómo podría reaccionar ante los niños cuando regre­sásemos a casa. Mis temores no se hicieron realidad pues al cabo de cinco o diez minutos de estar en casa tenía a todos nuestros hijos comiendo de su mano. Sabía algunos trucos de magia, sabía cómo hacer reír a los niños. Sabía cómo tra­tarlos. De hecho, nos parecía que realmente tenía un don. Pasamos una tarde de domingo maravillosa y cuando esa noche toda la familia le acompañó de regreso a la cárcel, volvimos a sentirnos espiritualmente diferentes, y sabía­mos que él también se sentía así.

Juan continuó viniendo a nuestra casa en numerosas ocasiones durante los meses siguientes hasta que, final­mente, salió de la cárcel. Últimamente hemos oído que se ha casado y que seguía adelante con la vida. ¡Cuánto nos bendice el Señor a todos si intentamos extender una mano amiga al necesitado! No estoy sugiriendo que debamos acceder a toda petición procedente de la cárcel, de la calle o de cualquier otro lugar. Lo que sí sé es que el Señor cierta­mente puede dirigirnos a quién debemos ayudar, y una forma de hacerlo es a través de los consejos familiares. Me siento muy agradecido por el consejo que celebramos como familia respecto a aquel asunto, pues hubo muchas cosas buenas que resultaron de él. Ciertamente, tal como escribió el salmista: «He aquí, herencia de Jehová son los hijos; cosa de estima el fruto del vientre. Como saetas en mano del valiente, así son los hijos habidos en la juventud. Bienaventurado el hombre que llenó su aljaba de ellos,- no será avergonzado cuando hablare con los enemigos en la puerta» (Salmos 127:3-5).

Que el Señor nos bendiga para que seamos más dadivo­sos y para que rodeemos a los necesitados con el amor de nuestra familia. La noche de hogar debe abordar los senti­mientos del corazón y no tanto la instrucción, aunque ésta también forme parte de ella. Celebremos noches de hogar y consejos familiares más eficaces para así inculcar en nues­tros hijos la fidelidad hacia el Señor.

LA PLANIFICACIÓN DE ACONTECIMIENTOS FAMILIARES

Para ser más eficaces, los consejos familiares, las noches de hogar y otros acontecimientos y actividades deben pla­nearse con bastante antelación. De hecho, cuando los padres planeen sus horarios, deben incluir en primer lugar los asuntos de la familia. Por ejemplo, si usted quiere tener una noche de hogar a la semana, ¿no sería sabio anotarla en el calendario semanal? Planee con tiempo los cumpleaños y otros momentos especiales. Marque los días en que sus hijos no irán al colegio para que pueda organizar su trabajo y estar en casa en esa ocasión. Al obtener el calendario de la escuela, usted puede verificar este tipo de detalles antes de planear actividades en el trabajo o en la iglesia, y poder así incrementar el tiempo que pase con su familia.

Planee llevar a cabo noches de hogar o reuniones espiri­tuales de calidad. En ocasiones, éstas se podrán celebrar en un ambiente tranquilo, pero en otras, cuando se aborden temas importantes, estas reuniones se deben planear con el mismo esfuerzo y cuidado que se le da a una presentación de calidad en el trabajo.

De igual modo, las actividades familiares pueden, a veces, ser espontáneas y en otros momentos se deben planear con antelación, como por ejemplo: Viajes a un museo, a un centro de historia familiar, al templo (para hacer bautismos por los muertos), a un parque de atraccio­nes, etcétera,- todas ellas pueden proporcionar muchas expe­riencias positivas. La clave está en hacer cierta variedad de cosas y pasarlo bien juntos.

El pasar un buen rato juntos es parte importante del cre­cimiento y desarrollo de una familia. Los niños tienen que disfrutar al estar con su familia y las actividades pueden proporcionar ese ingrediente importante de la vida familiar.

El planeamiento de actividades recreativas origina anti­cipación en la familia. El pensar en una excursión durante los días o semanas previas a su realización suele ocasionar tanta satisfacción como la actividad misma. La anticipación puede también ayudar a los hijos a sobrellevar ciertos momentos difíciles en la escuela o en el trabajo.

A pesar de todo el planeamiento que se pueda hacer, sea consciente de las impresiones que se reciben en el momento mismo en que un miembro de la familia tiene una necesidad especial. En tales circunstancias debemos hacer a un lado los planes familiares para tratar esa necesidad.

Planee sus asuntos cada día de tal modo que usted sea el primero en levantarse cada mañana y pueda estar preparado para dar atención a sus hijos a medida que se vayan levan­tando. Por encima de todo, recuerde que sus hijos están con usted durante un breve período, y que debe hacer todo cuanto esté a su alcance para prepararles para la vida y con­cederles todo el tiempo que pueda.

RELACIÓNESE CON SUS HIJOS

Aparte un tiempo para relacionarse con sus hijos. Ore; juegue, trabaje y adore con ellos.

Tome la responsabilidad de dejar a su familia feliz cada mañana. Cada día, antes de salir para el trabajo, haga todo lo que pueda para contribuir a la creación de un ambiente feliz y espiritual, para que de este modo sus hijos comien­cen la jornada de un modo espiritual.

Pase tiempo con sus hijos. Quizás éste sea el mayor regalo que pueda hacerles. No podrá tener mucho efecto en ellos a menos que sea capaz de percibir lo que están ellos oyendo y sintiendo en sus vidas. Sólo entonces estará en condiciones de aconsejarles y ayudarles a aprender cómo hacer frente a la vida y vencer sus dificultades. Por encima de todo, escuche, escuche y escuche.

Deje su maletín en el trabajo. Los padres que se llevan el trabajo a la casa casi siempre le roban a sus hijos el «tiempo familiar». Si usted lleva tareas del empleo a su casa, quizás deba hacerlas temprano por la mañana o ya entrada la noche, cuando sus hijos estén en cama o no se hayan levantado aún.

Creo que los padres deben evitar leer el periódico o ver la televisión cuando sus hijos estén con ellos. Una vez más, tales actividades debieran quedar relegadas para cuando los niños estén en la cama o haciendo sus tareas. De nuevo le digo que el tiempo que pase con sus hijos es el regalo más valioso que pueda hacerles.

Si usted tiene una familia numerosa, sea cuidadoso y pase el mayor tiempo posible tanto con los hijos más peque­ños como con los mayores, los cuales tienden a ser más dominantes, a tener más desafíos y a requerir mayor aten­ción. A menos que los padres tengan cuidado, pueden desatender las necesidades de sus hijos más pequeños.

¡No sea tan serio! Aumente el amor entre los miembros de su familia al dejar pequeñas notas por toda la casa que digan «Te quiero», o que mencionen algo especial que usted haya visto en sus hijos.

Jueguen y paseen juntos, hagan todo lo posible como familia, y verá cómo aumenta el amor.

Creo que es esencial que las familias coman juntas. El hacerlo les proporciona un tiempo extra cada día. Las fami­lias que comen juntas y hablan juntas, permanecen juntas. Utilice el tiempo de las comidas para hablar sobre las tareas de la escuela, repasar acontecimientos y noticias, contar algunos chistes o relatar experiencias.

No deje que la vida familiar gire alrededor del televisor. Algunas familias creen que ver la televisión es estar «jun­tos», pero generalmente no hay mucho valor en ese tipo de unión. Resulta triste ver cómo las familias pasan tanto tiempo delante del televisor cuando hay tanto por saber, sentir y hacer juntos.

Asegúrese de pasar el tiempo apropiado con cada uno de sus hijos. Todos los hijos necesitan saber que son especiales y que tendrán toda la atención de los padres durante algún momento de la semana.

Recuerde que, con frecuencia, los hijos necesitan hablar en momentos inoportunos. Puede que vengan cuando usted esté ocupado, cuando esté enfrascado haciendo algo, cuando esté leyendo o en el momento en que le gustaría irse a la cama. Recuerde que usted no puede dictar los sentimientos de sus hijos, y si tienen una necesidad usted debe intentar responder a ella.

Confiera a sus hijos algunas de las habilidades que usted haya aprendido. Aunque las familias viven juntas, los padres suelen fracasar en el intento de compartir lo que saben sobre la oración, la lectura de las Escrituras, las rela­ciones humanas, el planeamiento, cómo conseguir empleo, etc. El tiempo que dedique al legado e información de estas habilidades le reportará beneficios mucho mayores que ver la televisión.

No se olvide cada noche de dar ese último abrazo, de contar un cuento al pequeñito o de darle un beso antes de dormir. Aun cuando estas cosas pueden convertirse en algo rutinario, será algo poderoso que puede beneficiar enormemente a los miembros de su familia.

Asegúrese de decidir en unión la mayoría de los temas durante el consejo familiar. Habrá algunas cosas personales que los padres van a decidir, pero hemos descubierto que la mayoría de los asuntos se pueden tratar mejor haciendo par­tícipe a toda la familia, pues les hace sentirse parte de las cosas y que todos son autores del «plan familiar».

Busque oportunidades de servir como familia. Éstas le proporcionarán algunas de las mayores recompensas. Los recuerdos de haber servido juntos a otras personas perdura­rán para siempre y ayudarán a su familia a seguir el ejemplo del Salvador.

EL RECIBIR DIRECCIÓN DEL SEÑOR

Asegúrese de orar específicamente por los suyos e intente recibir dirección del Señor de manera regular sobre las necesidades individuales y generales de la familia.

No se preocupe demasiado por el hecho de que sus hijos cometan errores. Todos lo hacen, al igual que los adultos. Busque los modelos de errores que se están des­arrollando. Hay una gran diferencia entre cometer un error y desarrollar un modelo de errores. Intente corregir esos modelos y pase por alto algunos de los errores pequeños. Si usted da demasiada relevancia a los errores pequeños y a las pequeñas actitudes que están fuera de su alcance, puede que nunca se percate de cosas más grandes.

Ore individualmente con cada uno de sus hijos.

Cuando sus hijos tengan un problema, esfuércese por leer con ellos un pasaje de las Escrituras que les dé direc­ción espiritual. El consejo no sólo será correcto sino que también les enseñará a confiar en las Escrituras para obte­ner solución a sus problemas.

A menos que existan circunstancias poco comunes, la madre debe estar en casa con sus hijos. Nunca confíe la enseñanza de sus hijos a otras personas, ni sienta que la Iglesia se encargará de enseñarles. El papel de la Iglesia es ayudar a los padres a enseñar, y es en éstos en quienes des­cansa la verdadera responsabilidad.

Sea fiel a su familia por encima de todas las preocupa­ciones del mundo. Si usted les es fiel a ellos y al Espíritu del Señor, todas sus demás prioridades ocuparán su debido lugar.

EVALÚE SU PROGRESO

Su progreso como padre se puede medir, en cierto modo, por lo bien que usted llegue a interpretar los sentimientos más íntimos del corazón de sus hijos. ¿Hablarán ellos con usted? ¿Acudirán a usted en busca de consejo? Aprenda a tomar la «temperatura» de sus hijos con regularidad para ver cómo se encuentran. Si usted presiente que están un poco alejados, entonces podrá tomar ciertas medidas.

Quizás no haya nada que cubra mejor los errores de los padres que el simplemente amar a los hijos. Abráceles. Hable amablemente con ellos y apóyeles. Usted recibirá el mismo tipo de respuesta en muchas ocasiones, y entonces sabrá cómo se está comportando como padre.

Otra manera de averiguar cómo está usted actuando es determinar si sus hijos realmente quieren estar en casa con usted. Y… ¿quiere usted estar en casa con ellos? De todos los lugares del mundo que he conocido, el hogar con mi familia es el que más prefiero.

Quizás estos cinco puntos puedan resumir muy bien el papel de los buenos padres:

  1. Guían a sus hijos hacia el Señor.
  2. Aman a sus hijos, les animan, les motivan y les apo­yan.
  3. Pasan tiempo con sus hijos, les enseñan, disfrutan de estar con ellos y les ayudan a desarrollar sus dones y talen­tos.
  4. Preparan espiritualmente a sus hijos para la vida y los fortalecen con actitudes y creencias positivas. Les enseñan a trabajar, a jugar, a servir y a permanecer cerca del Señor.
  5. Recuerdan que ningún éxito en la vida puede com­pensar el fracaso en el hogar.

 CARACTERÍSTICAS DE LAS FAMILIAS MORMONAS EFICACES

Hace algunos años, el Departamento de Sociología de la Universidad Brigham Young realizó un estudio para deter­minar las características de las familias mormonas eficaces. El estudio recabó información de más de 200 de estas fami­lias para averiguar qué había contribuido a su eficacia. Los investigadores me escribieron sobre sus conclusiones:

Estimado élder Cook:

Con el fuerte hincapié que la Iglesia hace en la formación de buenas familias, quizás le interese conocer los resultados de nuestro estudio sobre las características de las familias mormonas eficaces. Pedimos a los presidentes de estaca de diferentes estados que identificasen a las 15 familias más fuertes de sus estacas, y reunimos información sobre unas 200 de ellas para averiguar qué les había hecho ser tan eficaces, y comparamos, después, estos descubrimientos y hallazgos con algunas familias menos eficaces. Aquí tiene algunas de las conclusiones a las que llegamos.

  1. Casi el 100% de estas familias paga un diezmo íntegro, asiste con regularidad a todas las reuniones y siempre acepta una asignación o un llamamiento en la Iglesia.
  2. Estas familias tienen metas muy claras sobre lo que quieren para sus hijos. Casi el 100% dijo que sus metas incluyen: hacer que obtengan una buena educación, que desarrollen un fuerte con­ cepto de sí mismos, que sean activos en la iglesia, que desarrollen un fuerte sentimiento por la unidad familiar, que sirvan una misión y que se casen en el templo. (Descubrimos también que las familias menos eficaces no tenían metas muy claras para sus hijos).
  3. En las familias eficaces, el 73% dijo que casi siempre tenían la oración familiar diaria.
  4. Dos tercios de estas familias dijeron que casi siempre tenían la noche de hogar. El tercio restante también celebra la noche de hogar, aunque no con tanta frecuencia.
  5. Estas familias no identificaron a las estrellas del cine ni de los deportes como héroes familiares. La mayoría dijo que sus héroes eran líderes de la Iglesia o miembros mayores de sus respectivas familias.
  6. Los cónyuges se esfuerzan por tener una buena relación en su matrimonio. En una escala del 1 al 10, la familia media tiene una puntuación de 8,5 al considerar que su matrimonio es fuerte y bueno.
  7. El 96% dijo que solían hacer cosas juntos como familia. El 92% dijo que siempre iban juntos a actividades en las que participaba algún miembro de la familia.
  8. Estas familias no están libres de adversidad. El 80% dijo que tenían verdaderas pruebas en su vida (enfermedades, muerte, problemas con hijos, etc.), pero que trabajaban unidos para hacerles frente. La familia era la primera línea de defensa en los momentos de adversidad. Intentaban solucionar juntos estas cosas en la medida de lo posible.
  9. Más de un 80% dijo expresar afecto físico dia­rio a los demás integrantes de la familia.
  10. Como promedio, estas familias dedican a la televisión un tercio del tiempo que le dedica la familia media norteamericana.
  11. Las familias eficaces tienden a ser algo más estrictas que las demás. Tenían bastantes menos reglas, pero expectativas mucho más elevadas. Esperan mucho de sus hijos.
  12. Tienden a recompensar a sus hijos mediante la alabanza más que con algún regalo especial o incluso dándoles dinero.
  13. Estas familias pasan gran parte del tiempo hablando entre ellos. Casi el 100% dijo que habla­ban frecuentemente como familia y también individualmente con cada hijo en forma regular y casi diaria.

Esperamos que esta información le sea de utili­dad. Debiera ayudarnos a dilucidar lo que las fami­lias deben hacer si quieren llegar a ser más eficaces.

Atentamente,
William G. Dyer
Phillip R. Kunz

Fíjese en que las familias eficaces tenían la oración familiar, la lectura de las Escrituras, las noches de hogar y otras actividades espirituales tratadas en este libro. Además, los puntos 7,10 y 13 se relacionan directamente con pasar tiempo juntos en actividades.

Las actividades son una verdadera bendición para la familia. Le proporcionan un tiempo divertido, alivian las tensiones y desarrollan las relaciones unos con otros en aspectos nuevos. Las actividades son especialmente apete­cibles para los hijos más jóvenes, y son una parte integral de la enseñanza y la capacitación de la familia. Al mismo tiempo que una familia lo está pasando bien, los padres tie­nen la oportunidad de enseñar sobre muchas cosas.

Desgraciadamente, algunos miembros de la Iglesia y de la sociedad en general han decidido que tales actividades queden relegadas al ámbito de la escuela o de la Iglesia. Sienten que es función de estas instituciones el entretener a sus hijos y proporcionarles actividades apropiadas. Algunos miembros de la Iglesia han llegado a abandonar las activida­des de seminario, de las Mujeres Jóvenes o de los programas del Sacerdocio Aarónico. De seguir en esta dirección, las familias pueden perder inadvertidamente parte del tiempo crucial dedicado a estar juntos y, al mismo tiempo, termi­nar por debilitarse.

Debido a su función de padre, usted es el «director del comité de actividades» de su familia. Seguramente querrá que sus hijos le ayuden, mas es usted quein debe tomar las riendas del planeamiento de actividades diversas en las que pueda participar su familia. No se puede dar esta oportuni­dad de liderar a nadie más. Parte de la unión que existe entre padres e hijos viene del pasar buenos momentos jun­tos. Uno de sus objetivos principales es llegar a ser su mejor amigo, y parte de toda amistad es pasarlo bien, al igual que aprender juntos y hacer la mayoría de las otras cosas men­cionadas en este libro.

Los padres deberían incluir en su horario una secuencia apropiada de actividades para la familia. Todos los miem­bros deben decidir conjuntamente en cuanto a las activida­des familiares, para de esta forma competir en cierto grado con algunas de las actividades más exóticas o mejor planea­das de la escuela y la Iglesia.

LA COORDINACIÓN DE ACTIVIDADES ENTRE EL HOGAR, LA IGLESIA Y LA ESCUELA

Algunos padres podrían preguntarse: «¿Cómo puedo proporcionar todas estas actividades familiares cuando mis hijos tienen tantas otras fuera de casa?» Ésta es una pre­gunta bien válida. Un mayor enfoque en las actividades cen­tradas en el hogar reducirá el número de exigencias en las familias activas, pero todavía alcanzaría a llegar hasta los menos activos, quienes tienen una mayor necesidad de reci­bir apoyo de la Iglesia.

Quizá nuestra familia tiene una perspectiva diferente a la de la mayoría porque hemos vivido fuera de los Estados Unidos durante muchos años. En algunos de los países de Latinoamérica casi no hay actividades escolares ni de otro tipo a las que nuestros hijos pudieran ir y que no fuesen demasiado mundanas ni implicaran el uso de tabaco y alco­hol. La Iglesia en esos países se encontraba en un estado básico de desarrollo y ofrecía muy pocas actividades. Mi esposa y yo vimos pronto que tendríamos que ser el «comité de actividades» de nuestra familia.

Cuando regresamos a nuestra casa en Utah, volvimos a un barrio muy activo. De hecho, en nuestros primeros tres meses llegamos a contabilizar un total de treinta y nueve actividades a las que fuimos invitados como familia o en forma individual: actividades de las Mujeres Jóvenes, el aniversario de la Sociedad de Socorro, la reunión social de los sumos sacerdotes, actividades de los Boy Scouts, etc., etc. Si no me equivoco, fuimos a unas tres de esas actividades como familia y algunos de nuestros hijos asistieron a otras más.

Al poco tiempo, nuestro buen obispo me comentó que estaba preocupado por mi familia. Yo le dije: «Si usted sabe algo que desconozco, le agradecería que, por favor, me lo dijese».

«Bueno», dijo, «tengo el sentimiento de que su familia no apoya tanto a la Iglesia como debiera. Por ejemplo, el pasado domingo por la noche tuvimos una reunión de scouts en el centro de estaca para todos los scouts y sus familias. En la reunión contaron el número de personas de cada barrio y el que tuvo un mayor número de miembros ganó un pre­mio. A causa de que su numerosa familia no estaba allí, sen­timos que no estaban apoyando a la Iglesia tanto como debieran». (Dijo todo esto de una forma cuidadosa y amo­rosa, con la mejor de las intenciones.)

Yo le dije: «Bueno, pudiera equivocarme, obispo, pero si no entiendo mal se supone que es la Iglesia la que debe apo­yar a la familia. Si hubiésemos asistido a esa reunión social aquella noche, nos habríamos perdido la magnífica reunión espiritual familiar celebrada en nuestra casa». Le pregunté si alguna vez había visto que mis hijos no asistieran a las reuniones del sacerdocio, a la reunión sacramental, a la Escuela Dominical o a la Mutual, a lo que me dijo que no. Yo proseguí: «Según mi entender, todas las demás cosas podían elegirse, eran optativas, y entiendo que podíamos escoger aquéllas a las quisiéramos asistir. ¿No es así?». Él no estaba muy seguro.

Entonces le dije a aquel buen obispo: «¿Sabe cuál ha sido nuestro mayor problema desde que regresamos de Latinoamérica?».

«No, dígame hermano Cook», respondió.

«Ha sido la Iglesia misma, y puede que hasta cierto punto también lo haya sido la escuela».

«¿A qué se refiere?», me preguntó.

«Debido a que viajo mucho los fines de semana, las noches de entre semana son muy importantes para mí, al igual que los sábados y los domingos que estoy en casa. Debo pasar ese tiempo con mi propia familia. En Latinoamérica teníamos una noche de hogar casi cada noche. No me refiero a una lección, sino a pasar un buen rato juntos.

«A veces tallábamos o construíamos cosas. En ocasio­nes dábamos paseos por la calle, ayudábamos a las viudas o ministrábamos a las personas que tuviesen necesidad. Había momentos en los que lo pasábamos realmente bien con otras familias. Pero desde que he vuelto a casa ha sido difícil, porque algún grupo tiene a mis hijos el martes por la noche, otro el miércoles y alguien más el jueves,- y el vier­nes salen con sus amigos. Mi mayor desafío han sido todas estas actividades que hay fuera de casa».

Ese fiel obispo se quedó bastante sorprendido por mi res­puesta, pero estoy seguro de que entendió. Le sugerí que sería muy prudente hacer que los cabezas de familia del barrio determinasen cuántas actividades debería haber para luego ayudar a los padres a entender que ellos —y no la Iglesia ni la escuela— eran los principales responsables de las actividades de sus familias.

En los meses siguientes, con el planeamiento y la parti­cipación de los padres, aquel buen obispo redujo drástica­mente el número de actividades de nuestro barrio. También volvió a enseñar el principio de que los padres tenían que celebrar actividades con sus propios hijos y que, en su fun­ción de apoyo, la Iglesia también patrocinaría algunas acti­vidades conjuntas. (Debo mencionar que él sabía, al igual que nosotros, que había previsto más actividades que las «ideales» para ayudar a las familias que tenían necesidades mayores que las nuestras.)

El presidente Harold B. Lee dijo: «Para mí es evidente que la Iglesia no tiene otra elección —y nunca la ha tenido— excepto hacer todo lo posible por ayudar a la familia a desempeñar su misión divina… ayudar en la mejora de la calidad de vida de los hogares de los Santos de los Últi­mas Días. Por más importantes que sean nuestros muchos programas y esfuerzos organizativos, éstos no deberían suplantar el hogar, sino apoyarlo» («Preparing Our Youth», Ensign, marzo de 1971, pág. 3).

ACTIVIDADES CON LOS ABUELOS

Cuando planee actividades con su familia, por favor no se olvide de quienes están entre los miembros más impor­tantes de la misma: los abuelos. Ellos pueden ser una gran ayuda para criar una familia, especialmente si viven cerca. Haga el mayor esfuerzo posible para dar participación a los abuelos en tantas actividades familiares como le sea posi­ble. Si son miembros fieles de la Iglesia, pueden proporcio­nar una excelente instrucción del Evangelio, especialmente en las noches de hogar y durante la lectura de las Escrituras. En ocasiones, cuando los hijos están pasando por una etapa difícil, los padres y otros miembros de la familia, como los tíos y las tías, pueden ser de gran ayuda en esos momentos de necesidad. En ocasiones como ésas, los abuelos dignos pueden llegar a ser los héroes de sus hijos.

En el Evangelio sabemos que las familias son un ele­mento multigeneracional. Creo que el Señor tenía la inten­ción de que en las familias se incluyese a tías, tíos, primos, abuelos y demás.

A veces los abuelos tienen la idea de que al haber criado a sus hijos ya se les ha vencido el turno y que ahora pueden ir a donde quieran y hacer lo que les plazca. Algunas perso­nas del mundo han llegado a decir que las obligaciones de los abuelos para con la sociedad ya han terminado. Pero nosotros estamos por encima de eso. Debiéramos hacer cualquier esfuerzo por fortalecer e incluir a nuestros parien­tes cercanos en nuestra vida.

Normalmente los abuelos tienen tiempo libre para estar con los niños porque no pesan sobre ellos las demandas inmediatas de una familia. Aún los abuelos que viven lejos pueden ser de ayuda por teléfono, carta o gracias a las visi­tas ocasionales. Los abuelos que no sean miembros también pueden colaborar al enseñar y amar a sus nietos.

Los buenos abuelos tienen la visión de intentar mante­ner unida a toda la familia y proveen una influencia de rec­titud que no podría obtenerse de otro modo.

ACTIVIDADES FAMILIARES

Uno de los verdaderos desafíos que tienen las familias es decidir qué actividades efectuar. Muchas de las activida­des fuera de casa cuestan dinero, por lo que a una familia le resulta difícil tener muchas actividades de este tipo. Sin embargo, pueden hacer muchas otras sin coste alguno. La siguiente es una lista de actividades divertidas y útiles para nuestra familia:

  1. Visitar un museo.
  2. Ir a un planetario.
  3. Hacer investigaciones en una biblioteca de histo­ria familiar.
  4. Hacer bautismos por los muertos.
  5. Hacer excursiones a pie.
  6. Visitar lugares históricos de la Iglesia.
  7. Visitar una imprenta.
  8. Visitar una estación de televisión.
  9. Presenciar un juicio con jurado.
  10. Visitar una iglesia de otra religión.
  11. Ir a una fábrica de dulces.
  12. Visitar una estación de bomberos.
  13. Disfrutar de un centro de visitantes de la Iglesia.
  14. Ir a un gimnasio.
  15. Ir a nadar.
  16. Visitar a otra familia.
  17. lugar en un parque de la ciudad.
  18. Visitar a los abuelos.
  19. Visitar a un pastor de ovejas y su rebaño.
  20. Explorar un lugar poco conocido cercano a su hogar. Todas estas actividades se pueden hacer con muy poco dinero o sin coste alguno, y algunas son educativas.

Las siguientes son otras actividades que podrían requerir de todo un día:

  1. Pasear en barca.
  2. Nadar en un lago cercano.
  3. Ir de excursión a una cueva.
  4. Ir hasta un parque nacional cercano.
  5. Pasarlo bien en un parque acuático.
  6. Alojarse en una cabana.
  7. Ir a merienda campestre.

Otras actividades más comerciales podrían incluir:

  1. Patinaje sobre hielo.
  2. Patinaje sobre ruedas.
  3. Ir al cine.
  4. Ir al zoológico.
  5. Ir a tomar un helado.
  6. Ir a un parque de diversiones.

Hay muchas más actividades que, obviamente, variarán de acuerdo con el lugar donde viva la familia.

ACTIVIDADES PARA LOS HIJOS MÁS JÓVENES

Las familias con hijos pequeños pueden pasar momen­tos muy entretenidos:

  1. Marchando alrededor de la casa al compás de una can­ción, gateando debajo de la cama y haciendo peleas de lucha libre.
  2. Haciendo carreras para tomar un par de calcetines, encender la estufa, tomar un vaso de agua, subirse tres veces a un sofá, volver, saltar por encima de una silla, regre­sar y dar un abrazo: «Ésa es la asignación: ¡En marcha!».
  3. Jugar a «Leer el futuro». Tomarles de la mano y fingir que se les dice lo que van a sentir el día que sirvan una misión, se casen en el templo, etc.
  4. Dar un apodo a cada hijo, algo que sea positivo y edi­ficante. Puede que hayan recibido sus respectivos nombres de un abuelo o de otra persona querida para la familia, y de este modo usted puede magnificar el ejemplo de dicha persona. Por ejemplo, uno de nuestros hijos tiene por sobre­nombre «Claranzo», a similitud del nombre de un abuelo. Una de nuestras hijas «encajó bien» en el divertido nombre de «Jelly Beans». Un apodo divertido y positivo puede hacer que un niño se sienta especial.
  5. Leerles a sus hijos. A los niños les encanta un buen cuento, y también al lector.
  6. Jugar a decir cosas positivas de otra persona. Podría decir durante la cena: «Es el turno de Fulanito», lo cual quiere decir que todos dicen algo que les encanta sobre dicha persona. Esta actividad trae mucho amor a la familia.
  7. Hacer pequeñas dramatizaciones sobre los relatos del Antiguo Testamento, como la historia de Moisés o de José en Egipto.
  8. Ser más divertido. Cuente chistes y haga que todos lo pasen bien juntos.
  9. Hacer que sus hijos comiencen un diario o su histo­ria familiar o individual; léales de las revistas y folletos de la Iglesia, etc.
  10. Jugar a las «Veinte preguntas». Piense en algún per­sonaje del Evangelio y haga que sus hijos intenten adivinar de quién se trata mediante preguntas que se respondan con un «sí» o un «no». O haga preguntas relacionadas con el Evangelio y celebren un concurso por equipos entre los miembros de la familia, con preguntas divertidas, vivaces, rápidas y que requieran desplazarse de un sitio a otro.
  11. Hablarles de cuando era joven, de su misión, su matrimonio y otras experiencias. A ellos les encanta oír relatos misionales o anécdotas familiares.
  12. En ocasiones sea totalmente impredecible sobre lo que van a hacer en una actividad. Sorprenda a todo el mundo.

Permita que sus hijos mayores le ayuden a planear lo que vayan a hacer, pues esto aumentará su amor por sus hermanos y hermanas pequeños. Recuerde también que los hijos mayores necesitan un tiempo personal con sus padres para nadar, jugar a los bolos, al tenis o dar un paseo. A nues­tras hijas siempre les han gustado las citas especiales entre padre e hija. No olvide que estas actividades divertidas se pueden convertir en buenos momentos de enseñanza. Recuerde también que, por encima de todo y hasta cierto punto, el cielo es una continuación del hogar ideal. No hay nada más importante.

JUEGOS FAMILIARES

Hay también una gran cantidad de divertidos juegos familiares. Si su familia no está acostumbrada a los juegos, puede acudir al Manual de sugerencias para la noche de hogar, el cual contiene juegos excelentes que ayudarán a expandir por igual la creatividad de los padres y de los hijos. La siguiente es una serie de juegos que siempre nos han gus­tado:

La gallinita ciega
Veo veo
Charadas
Ping—pong
El juego de las mentiras
Juegos de computadora
Damas
Ajedrez
«¿Te gusta tu vecino?»
Tú la llevas
Policías y ladrones
Trabalenguas
Imitaciones
Baloncesto
Béisbol
Vóleibol
Fútbol

También nos lo hemos pasado bien haciendo ejercicios juntos.

Por supuesto que cada familia debe seleccionar aquellos juegos y actividades que les reporten una mayor diversión.

PREGUNTAS Y PRUEBAS

Con frecuencia lo hemos pasado bien haciendo pregun­tas o teniendo pruebas hechas por nosotros mismos o toma­das de diversos libros y revistas.

En la época de Navidad utilizamos el siguiente cuestio­nario de preguntas y respuestas:

Nombre el villancico cuya idea opuesta se da aquí:

  1. La niña en el establo
  2. No escuchéis triste canción
  3. ¡Qué triste estoy! Él murió
  4. Muy cerquita del verde valle
  5. Mañana estruendosa
  6. Vayanse, paganos
  7. Cencerro bajo cencerro
  8. Oh, Pascua salada
  9. Esa mochila nueva
  10. El último verano
  11. Trinos de primavera
  12. ¡Menudo grandullón!
  13. ¡Cállese abuelo!
  14. Ya se fue el monarca
  15. Esa chica rubia
  16. La trompetista

Respuestas:

  1. Jesús en pesebre
  2. Escuchad el son triunfal
  3. ¡Regocijad! Jesús nació
  4. En la Judea, en tierra de Dios
  5. Noche de paz
  6. Venid, adoremos
  7. Campana sobre campana
  8. Oh, dulce Navidad
  9. El viejo zurrón
  10. La primera Navidad
  11. Campanas de Navidad
  12. Ay del chiquirritín
  13. Dime niño
  14. Ahí vienen los Reyes Magos
  15. La Marimorena
  16. El tamborilero

GRÁFICA DE PESOS Y MEDIDAS

Con los años también nos hemos divertido anotando la altura y el peso de nuestros hijos. Les pedíamos que se midiesen y pesasen cada seis meses y anotábamos los resul­tados en una hoja separada para cada hijo. A ellos les gus­taba ver que crecían tanto en altura como en peso. Crecer fue algo divertido y les permitió tener un mejor senti­miento de que iban madurando, y con el tiempo a todos les gustó sobrepasar a su madre.

VISITAS VOCACIONALES

Lo hemos pasado bien con nuestros hijos cuando hemos empleado algunas de nuestras noches de actividades para aprender sobre diversas vocaciones. A ellos les ha permitido ver los diferentes tipos de profesiones que hay disponibles y pensar en si les gustaría o no dedicarse a ellas. Hemos visitado lugares como éstos:

Estación de bomberos
Comisaría
Planta metalúrgica
Fábrica de caramelos
Estudio de arquitectos
Estudio de ingenieros
Planta de procesamiento de productos lácteos
Granja
Central de recolección de residuos
Servicio forestal
Planta depuradora de aguas residuales
Concesionario de coches
Planta de suministro de electricidad
Banco
Compañía telefónica
Grandes almacenes
Fábrica de computadoras
Imprenta
Salón de belleza
Redacción de un periódico
Juzgado
Ayuntamiento
Centro de empleos
Universidad
Mina de cobre
Museo de arte
Almacén del obispo
Industrias Deseret
Cementerio
Biblioteca pública
Centro de historia familiar
Centro del extracción de nombres

LA MÚSICA Y LA FAMILIA

A muchas familias les gusta cantar y escuchar buena música. Nosotros tenemos un buen número de casetes con los que cantamos en el coche o en otras ocasiones para pasar un buen rato. Tenemos tanto música religiosa como popular, canciones vaqueras, románticas, etc. Las familias también pueden cantar utilizando el libro de canciones de la Primaria o el himnario. Particularmente nos gusta cantar al piano, con acompañamiento de guitarra o de flauta. La música trae un espíritu maravilloso al hogar. Verdaderamente el Espíritu viene cuando las familias can­tan canciones religiosas y populares.

CÓMO ESCOGER UNA ACTIVIDAD

Aunque hay una gran cantidad de actividades de las que pueden disfrutar las familias, a veces tenemos problemas para decidir cuáles hacer y cuándo. Si una familia planea sus actividades por escrito o con un calendario, les resultará mucho más fácil poner cierta variedad. Generalmente píaneamos en el consejo familiar cuatro actividades semanales de una vez. Simplemente tome una hoja y haga una lista semejante a la siguiente:

Fecha Acontecimiento Participantes
15 de julio Estación de bomberos Toda la familia
28 de julio Esquí acuático todo el día Todos menos un hijo que tiene que trabajar
10 de agosto Juegos en casa Encargada la hija mayor
17 de agosto Cena en el cañón Toda la familia

El tomar estas decisiones por adelantado nos ayudó a ser más fieles en el cumplimiento de nuestras responsabilida­des relacionadas con las actividades familiares.

Si las familias tienen que «competir» con las activida­des de la escuela y de la Iglesia, deberán hacer algunas cosas divertidas. Si planean juntas estas cosas, aumentará su gozo al igual que el amor entre sus miembros. Estas actividades también dan la oportunidad de que los hijos se «limpien» cada pocos días de lo que puedan haber tomado del mundo. El simple hecho de estar juntos y hablar permite que se pro­duzca un tremendo «proceso de limpieza».

A veces, y debido a las diferentes edades de los niños, podría ser divertido tener varias actividades diferentes al mismo tiempo. Uno de los padres puede ir con los hijos mayores y el otro con los pequeños.

EL REFRIGERIO

Por encima de todo, ¡no olvide el refrigerio! A todos los miembros de la familia les encanta el refrigerio. Éste puede incluir cosas que se compran en la tienda o que se hacen en casa. A nuestra familia le gusta mucho las rosqititas, el helado, la fruta enlatada, el tofe, las manzanas asadas, el cereal frío, el chocolate caliente, los melocotones, los mal­vaviscos, las palomitas de maíz y las galletitas.

PROYECTOS FAMILIARES CONSTRUCTIVOS

Hay un valor real en hacer participar a los hijos en pro­yectos constructivos en la casa, donde pueden desarrollar sus habilidades; talentos y pasatiempos. Muchas veces los niños están aburridos en casa y quieren estar con sus ami­gos o puede que dedicando tiempo a actividades de escaso valor. Quizás quieran ver la televisión o videos tarde tras tarde o durante todo el sábado.

Algunas Autoridades Generales han enseñado que algu­nas familias son dadas a tener demasiadas actividades recreativas. Nos han sugerido que hay una gran fortaleza en tener proyectos familiares un poco más edificantes, pero aún así divertidos.

Los proyectos familiares nos han permitido tener una «noche de hogar» cada día, con cada miembro de la familia trabajando en un proyecto constructivo, muchas veces junto con uno de los padres, un hermano o una hermana. Estos proyectos han incluido:

Plantar un huerto
Hacer acolchados
Aprender a cocinar
Escribir en el diario personal
Aprender a coser
Aprender a hacer pequeñas reparaciones en casa
Escribir cartas a los miembros de la familia
Organizar álbumes de fotografías
Pintar un cuadro
Trabajar en el presupuesto familiar
Dibujar
Preparar provisiones para un año
Preparar equipos de emergencia de 72 horas
Desarrollar menúes semanales
Hacer pan
Estudiar fonética
Celebrar un maratón de lectura
Trabajar en las especialidades del programa Scout
Estudiar un idioma extranjero
Hacer ejercicios
Hacer ejercicios de matemáticas
Bailar
Buscar significados de palabras en el diccionario
Tallar madera
Cantar
Tallar jabón
Mejorar la caligrafía
Tener un concurso de deletrear palabras
Tomar lecciones de mecanografía
Tomar clases de música
Aprender las charlas misionales
Tener un concurso de búsqueda de pasajes de las Escrituras
Tener una noche de deportes
Tener una noche de teatro
Preparar un libro de recuerdos
Aprender a planchar
Aprender a utilizar la computadora
Aprender buenos modales
Trabajar en el programa «Mi progreso personal» de las Mujeres Jóvenes

LLAMAMIENTOS FAMILIARES

Del mismo modo que tenemos llamamientos en la Iglesia, también extendemos llamamientos a nuestros hijos en el hogar, quienes los desarrollan por sí mismos o con ayuda de uno de sus padres o hermanos.

Uno de los niños se encarga de dirigir la obra misional, poniendo una foto de la familia y escribiendo nuestro testi­monio en los ejemplares del Libro de Mormón y haciendo contactos con los vecinos. Otro se encarga de poner la infor­mación de nuestra historia familiar en la computadora, hacer los arreglos para investigar en la biblioteca de historia familiar y organizar a la familia para efectuar bautismos por los muertos.

Otro hijo se encarga de la ayuda a los necesitados. Hemos mantenido una lista de personas del vecindario que necesitan ayuda, y ese hijo se asegura de que actuemos indi­vidualmente o como familia.

Otro nos ayuda a hacer un seguimiento de la situación del plan de bienestar, diciéndonos lo que necesitamos com­prar cuando estamos en lo mínimo.

Otro hijo se encarga de la responsabilidad de planear una actividad semanal para la noche de hogar. Otro nos anima a leer las Escrituras como familia, a tener la noche de hogar y la oración familiar.

Todas estas actividades invitan a que los niños partici­pen en cosas productivas.

Tenemos una actividad familiar anual en la que escribi­mos las metas para el año nuevo. Si no son demasiado per­sonales, las compartimos con la familia, luego preguntamos si alguien puede pensar en otras metas que añadir a la lista. Siempre suele haber algunas, lo cual nos da una oportuni­dad de ayudar a cada hijo a fijar algunas metas a largo plazo. Tradicionalmente, las metas están divididas en cinco aspec­tos: espiritual, educativo, físico, financiero y social. Después de esto nos ponemos dos o tres metas como fami­lia en estas mismas categorías.

Más o menos cada mes, repasamos estas metas como familia. Hemos animado a nuestros hijos a escribirlas en una tarjetita que tienen siempre a mano, para que puedan verlas con frecuencia. Esto ha ayudado a nuestras hijas a fijarse metas para su Progreso personal.

LOS HIJOS PUEDEN FORTALECER A LA FAMILIA

Una vez hablamos durante la cena sobre cómo los hijos podrían fortalecer mejor a la familia. Estábamos enfocándo­nos en lo que hace que una familia tenga éxito. Tras hablar durante un buen rato, llegamos a lo que determinamos en llamar «La familia: Diez mandamientos para los hijos».

  1. Elias «hará volver el corazón de los padres a los hijos, y el corazón de los hijos hacia los padres» (D&.C 128:17; énfasis añadido).
  2. Obedece a tus padres, evita la presión y las ense­ñanzas de los amigos. Prioridades: (1) el Señor, (2) la familia y (3) los amigos (véase D&C 68:25).
  3. Sé obediente, confía en tus padres, guarda los (sus) mandamientos (véase 1 Nefi 8:37; 2 Nefi 4:6).
  4. Fortalece a tus hermanos y hermanas, no pelees con ellos, sírveles, sé un ejemplo, sé positivo, edifica a tu familia (véase Mosíah 4:14-15; Alma 39: 1,10).
  5. Ama físicamente a tu familia —dales muchos abrazos (véase D&C 88:123; Jacob 3:7).
  6. Fomenta la lectura familiar de las Escrituras (véase Lucas 24: 27,32).
  7. Fomenta la oración familiar (véase 3 Nefi 18:21).
  8. Fomenta la noche de hogar (véase Deuteronomio 6:4-6).
  9. Fomenta las actividades familiares sanas (véase D&C 95:13).
  10. Prepárate para ser padre o madre (véase Éxodo 20:12; Proverbios 6:20; D&C 1:3).

Realmente los hijos pueden apoyar y fortalecer a su familia y hacer que sea más fuerte. Usted se dará cuenta de que, además de las cosas espirituales, estos «mandamien­tos» incluyen un tiempo para amar, para tener actividades y pasarlo bien juntos. Este acercamiento equilibrado a la vida familiar parece tener más éxito.

PROYECTOS DE VERANO

Hemos descubierto que, especialmente durante el verano, los niños siempre preguntan qué pueden hacer. Es muy útil tener planeados algunos proyectos a los cuales dedicar cierto tiempo, por ejemplo, en los meses de verano. Las siguientes actividades nos ayudaron a desarrollar nues­tras habilidades, talentos y destrezas:

En estos proyectos, mamá daba clases de flauta, papá de piano, guitarra y computadora. Nuestra hija mayor ense­ñaba piano y flauta. También hemos descubierto que leer es una actividad extremadamente útil, no sólo como proyecto de verano sino como algo que se puede hacer en cualquier época del año. Las frecuentes visitas a la biblioteca para obtener el material apropiado de lectura para todos los hijos han sido una actividad continua. Podemos presentar los grandes héroes de la historia a nuestros hijos a través de la lectura de los clásicos; o limitarnos a pasar un buen rato leyendo algo bueno. También permite a los hijos mayores ayudar a los más pequeños a leer. La participación entre los miembros de la familia en la enseñanza mutua de una variedad de habilidades ha llegado a incrementar el amor en el hogar. Además, el desarrollar sus talentos y habilidades ha concedido a nuestros hijos una autoconfianza adicional y un nivel de madurez que no podrían haber alcanzado de ninguna otra manera.

FESTIVIDADES Y CUMPLEAÑOS

Las familias pueden beneficiarse de todas las festividades que se celebran durante el año en el país en que viven. Estas podrían incluir las festividades religiosas, las festividades nacionales y las tradicionales. Los cumpleaños son también una gran ocasión para las celebraciones familiares. A medida que nuestra familia ha ido creciendo en edad, nos hemos convertido cada vez más en adeptos a pasarlo bien en los cumpleaños. Cuando los niños son pequeños resulta fácil tener fiestas de cumpleaños con pastel y helado, pero a medida que pasan los años se va haciendo un poco más difí­cil planear un cumpleaños divertido.

Para nosotros es muy edificante dedicar un tiempo antes del cumpleaños a planear algunas cosas que sabemos que le gustan al festejado. Después de todo, es un gran aconteci­miento poder honrar a uno de los miembros de la familia. Siempre nos hemos escrito notitas unos a otros para luego leerlas en voz alta delante de todos. Esto ha hecho que la persona a la que se reconozca sienta un amor y una atención adicionales por parte de los demás miembros de la familia. Hacemos de esa persona el rey o la reina del día.

En la época de Navidad hemos intentado enseñar a nuestros hijos el relato del nacimiento del Señor con un pequeño programa basado en los pasajes que reflejan la vida de Jesús. Cada miembro de la familia representa un perso­naje de las Escrituras:

Por supuesto que se puede hacer un tipo de programa semejante para cualquier otra festividad del año.

Mientras vivíamos en Perú, decidimos tener unas Navidades diferentes, las cuales constaron de dos partes. Primero, contribuiríamos con lo que habríamos gastado (todos menos uno comprábamos un regalo para cada miem­bro de la familia), para alguien que tuviese una verdadera necesidad. Segundo, lo que fuera que diésemos a otra per­sona tenía que estar hecho con nuestras propias manos. No se podría comprar en una tienda sino que tendría que hacerse de materiales que ya tuviéramos en casa. De ese modo tendríamos que improvisar y dar de nuestro tiempo, nuestros talentos y de nosotros mismos.

Uno de nuestros hijos decidió hacer un llavero para las llaves de su madre. Teníamos aproximadamente unas cin­cuenta llaves en la casa pero ningún sitio donde ponerlas, y con frecuencia se entremezclaban. Así que decidió que un llavero sería un regalo excelente.

Buscamos un pedazo de madera para hacerlo. Yo quería comprarlo pero mi hijo me recordó que no podíamos. Dedicamos una hora a preparar un pedacito de madera que nos habría tomado diez minutos comprar. Cuando intenta­mos lijarlo, nos dimos cuenta de que no teníamos con qué, así que rebajamos los cantos con una tabla gruesa. A poco nos enfrentamos al problema de pintarlo. Afortunadamente teníamos un poco de pintura amarilla, pero ningún pincel.

Una vez más pensé en ir a la tienda, pero mi hijo me reprendió: «Papá, alguien tuvo que inventar el pincel. ¿Cómo lo hizo?» Hicimos un pincel con algunas hebras de la escoba de mi esposa y aunque tenía mis dudas sobre cómo iba a funcionar, logramos hacer una brocha tan buena como las de la tienda. Entonces tuvimos el problema de qué utili­zar para los ganchos de las llaves. Lo solucionamos doblando unos clavos, haciendo cada uno con amor y mucha paciencia. La mañana de Navidad, este muchacho disfrutó de una experiencia extraordinaria cuando le entregó a su madre un verdadero regalo procedente de su corazón. Después de todos estos años, todavía conservamos el llavero.

Una de nuestras hijas encontró una piedra de buen tamaño, la pintó con la misma pintura amarilla (ya que era todo lo que teníamos), y escribió en ella: «Mamá, te amo». Todavía la tenemos, una piedra preparada con manos amo­rosas y un corazón puro.

Otro hijo hizo una llama con las hebras que quitó de la escoba. (Pobre escoba, casi había desaparecido). Dado que era el mayor, este muchacho realmente creó un regalo de gran calidad que, probablemente, se hubiera vendido bien en cualquier tienda de Perú y que todavía forma parte de nuestra colección familiar.

CERTIFICADOS PERSONALES DE OBSEQUIOS

El dar de uno mismo en Navidad y en los cumpleaños contribuye a acrecentar el Espíritu. Con frecuencia, y de manera anónima, hemos dado a nuestros vecinos certifica­dos de obsequios que dicen cosas como: «Uno de estos días algunos ‘ángeles’ del vecindario retirarán la nieve de delante de su casa».

Lo que pasa en el corazón del que da es mucho más importante que lo que pasa por el corazón de quien recibe. También hemos dado certificados similares a los miembros de la familia, en los que escribimos cosas como: «Haré tu cama siete veces» o «Lavaré los platos tres veces». A mi esposa le gusta éste: «Seis horas de paz y armonía».

A mi madre, que vivía muy lejos, le enviamos un certi­ficado que le prometía mandarle doce cartas, una cada mes del año. Este regalo fue mejor que nada de lo que podríamos haber comprado en una tienda, porque mostraba un amor más profundo por tratarse de algo que se daba de uno mismo. Siempre que consideramos lo que Cristo dio, hemos llegado a la conclusión de que realmente dio de Sí mismo, una y otra vez.

En una ocasión, durante la época de Navidad, incluimos este pequeño poema junto a un certificado que dimos a un matrimonio mayor:

Este regalo es algo especial,
Pues representa el verdadero espíritu de dar,
el espíritu de la Navidad.
Regalar una muñeca, una golosina o un balón
No dura para siempre y no queremos caer En esa tentación.
El recuerdo de los regalos se los lleva el viento,
Pero hemos querido darles algo que perdure con el tiempo.
El pasar tiempo juntos es lo que realmente importa;
Y al unir nuestros lazos familiares, el amor se remonta.
Todos los días de un año son pocos pero memorables.
Y de este regalo podrán disfrutar en cualquiera de los tales.
Por regalo les damos una cena para dos,
Y el dinero saldrá de lo que esta familia ahorró.
El pasar gran tiempo juntos fortalece nuestra unión
Y el amor perdura, pues nace del corazón.

El dar participación a la familia en muchas actividades sanas es una experiencia enriquecedora que contribuye a la diversión, al entusiasmo y a la chispa de la vida familiar. Asegúrese de que sus hijos participen plenamente en deci­dir qué hacer, y usted tendrá mucho más éxito en sus acti­vidades.

No me entienda mal, pues las familias también deben participar en las actividades escolares y de la Iglesia, si bien éstas deben ocupar un segundo lugar tras las familiares. Ruego que el Señor nos bendiga a todos y que tengamos el deseo de trabajar un poquito más fuerte para tener más momentos de diversión como familia, y de este modo crear recuerdos que nos hagan reír y hablar en los años venideros.