Doctrina de Salvación Tomo 2

Capítulo 17

El Bautismo y La Salvación


EL BAUTISMO: NACIMIENTO Y RESURRECCIÓN

EL BAUTISMO EN TIEMPOS DEL ANTIGUO TESTAMENTO. El bautismo data desde la Caída. Sin la revelación moderna esta verdad habría permanecido escondida del mundo. El plan de salvación fue declarado antes de la fundación del mundo. Dios no cambia. La palabra del Señor a José Smith y mediante él, ha declarado esta doctrina y la ha establecido. Creo que hay pasajes del Antiguo Testamento que podríamos catalogar como referentes al bautismo, aunque son muy vagos y sin la revelación moderna no lo sabríamos. Bautismo es una palabra de origen griego, no es palabra hebrea. Los judíos tenían en el templo una fuente sobre doce bueyes, y hay lugares donde aparece la palabra lavamientos.

POR QUÉ EL BAUTISMO DEBE SER POR INMERSIÓN. La manera de bautizar es mediante inmersión en el agua. Rociar o echar un chorro de agua no entró en uso hasta unos dos o tres siglos después de Cristo y esa práctica no fue universal hasta cerca del siglo XIII D.C. y para encontrar estos detalles nos vemos precisados a indagar en la historia. El bautismo no puede ser efectuado de otra manera que no sea por la inmersión de todo el cuerpo en agua, debido a las razones siguientes:

  1. Es a semejanza de la muerte, sepultura y resurrección de Jesucristo, y de todos los demás que han recibido la resurrección.
  2. El bautismo es también un nacimiento y se efectúa a semejanza del nacimiento de una criatura en este mundo.
  3. El bautismo no es solamente un símbolo de la resurrección, sino literalmente un transplante o resurrección de una vida a otra, de la vida del pecado a la vida espiritual.

Deseo tomar la segunda razón: El bautismo es también un nacimiento y es efectuado a similitud del nacimiento de una criatura en este mundo. Cuando esta tierra fue creada, llegó a existir en la misma manera. (No estoy hablando científicamente, y sin embargo la doctrina científica nos dice lo mismo.) Esta tierra nació en aguas. Antes de que apareciesen los continentes, toda la esfera estaba cubierta de agua.

EL NACIMIENTO VIENE MEDIANTE EL AGUA, SANGRE Y ESPÍRITU. En el libro de Moisés leemos: “Por tanto, te doy el mandamiento de enseñar estas cosas sin reserva a tus hijos, diciendo: que por causa de la transgresión viene la caída, la cual trae la muerte; y como habéis nacido en el mundo del agua, de la sangre y del espíritu que yo he hecho, y así del polvo habéis llegado a ser alma viviente, aun así tendréis que nacer otra vez en el reino de los cielos, del agua y del Espíritu, y ser purificados por sangre, para que seáis santificados de todo pecado y gocéis de las palabras de vida eterna en este mundo, y de vida eterna en el mundo venidero, aun gloria inmortal; porque con el agua guardáis el mandamiento, por el Espíritu sois justificados, y por la sangre sois santificados”.

Ese es tino de los mejores pasajes que conozco y encontramos prácticamente lo mismo escrito por Juan.

LOS MISMOS ELEMENTOS ESTÁN PRESENTES EN EL PRIMERO Y SEGUNDO NACIMIENTOS. Cada criatura que viene a este mundo viene en agua, es nacida del agua y de la sangre y del espíritu. De manera que cuando nacemos en el reino de Dios, debemos nacer de la misma forma, y mediante el bautismo, nacemos del agua. A través del derramamiento de la sangre de Cristo, somos limpiados y santificados; y somos justificados a través del Espíritu de Dios, pues el bautismo no es completo sin el bautismo del Espíritu Santo. Vosotros veis el paralelo entre el nacimiento en el mundo y el nacimiento en el reino de Dios. Cuán insensato es pensar siquiera un momento que el bautismo podría efectuarse derramando agua sobre la cabeza de un niño. No satisface los requisitos.

He oído a algunos de nuestros jóvenes élderes predicando en cuanto al bautismo, y han dicho que el Señor pudo haber efectuado la remisión de los pecados en alguna otra forma. Ellos razonaban y pensaban que bien pudo haberlo hecho por aspersión, o de esta forma o de la otra. El Señor no pudo hacerlo en ninguna otra forma que tuviese sentido, sino solamente mediante la sepultura en el agua, naciendo del agua y del Espíritu y siendo purificados mediante la sangre de Cristo, tal como un niño al nacer en este mundo lo hace de agua, sangre y espíritu. La comparación es bien notable.

EL BAUTISMO: UNA RESURRECCIÓN A LA VIDA. Llegamos ahora a la tercera razón: el bautismo no es solamente una semejanza de la resurrección sino también es literalmente un trasplante o resurrección de una vida a otra: de una vida de pecado a la vida espiritual. Como prueba de eso, primero voy a leer algo que el Señor le dijo a José Smith.

“Por lo tanto, yo, Dios el Señor, hice que [Adán] fuese echado del jardín de Edén, de mi presencia, a causa de su transgresión, y en esto murió espiritualmente, que es la primera muerte, la misma que es la última muerte, que es espiritual, y la cual se pronunciará sobre los inicuos, cuando yo les diga: Apartaos, malditos.”

Aquí tenemos dos condiciones, la vida espiritual y la muerte espiritual. La condición de Adán en el Jardín de Edén era la vida espiritual. Estaba en la presencia de Dios. Mediante su transgresión, fue expulsado a la muerte espiritual, una vida enteramente diferente. Ya no estaba más en la presencia de Dios. Estaba expulsado, separado, había un velo interpuesto entre él y el Señor.

Adán, después de la Caída, estaba en la muerte espiritual, y no solamente Adán sino todo hombre y mujer sobre la faz de la tierra que es responsable ante Dios. No consideraremos a la muerte postrera sino para decir que es también la expulsión de la presencia de Dios.

“Mas, he aquí, os digo que yo, Dios el Señor, le concedí a Adán y a su posteridad que no muriesen, en cuanto a la muerte temporal, hasta que yo, Dios el Señor, enviara ángeles para declararles el arrepentimiento y la redención mediante la fe en el nombre de mi Hijo Unigénito. Y así, yo, Dios el Señor, le señalé al hombre los días de su probación, para que por su muerte natural pudiera resucitar en inmortalidad a vida eterna, sí, aun cuantos creyeren. Y los que no creyeren, a condenación eterna; porque no pueden ser redimidos de su caída’ espiritual, debido a que no se arrepienten.”

Encontramos a Adán, entonces, en muerte espiritual, y a toda su posteridad con excepción de los niños pequeñitos, ya que todos los hombres y mujeres tienen necesidad de arrepentimiento. La muerte es expulsión. Ellos están en muerte espiritual. ¿Cómo van a volver? Siendo sepultados en el agua. Están muertos y son sepultados en el agua y salen en la resurrección del Espíritu a la vida espiritual. Eso es lo que constituye el bautismo.

POR QUÉ EL BAUTISMO HACE REMISIÓN DE PECADOS FUTUROS. He oído decir a algunos de nuestros jóvenes, y algunos no tan jóvenes, cuando han estado hablando del bautismo, que no saben por qué siendo que el bautismo es para la remisión de los pecados, el hombre no se tiene que bautizar cada vez que comete un pecado. ¿Vosotros sabéis la razón? En tanto que el hombre peca y permanece en la vida espiritual, está vivo y puede arrepentirse y ser perdonado. No tiene necesidad de ser bautizado y devuelto a donde ya está. Pero hay pecados, dice Juan, “de muerte”, y si un hombre comete un pecado de muerte, es expulsado de nuevo y vuelve a la muerte espiritual.

Mediante esa clase de transgresión pierde efecto el bautismo y es expulsado a la muerte espiritual. Cuando un hombre comete un pecado de muerte, es expulsado de la vida espiritual. El derramamiento de sangre inocente es uno de esos pecados y la blasfemia contra el Espíritu Santo es otro. Los enemigos del profeta José Smith lo llevaron a Carthage, Illinois, y junto con su hermano lo mataron. El asesinato deliberado de los siervos de Dios es derramamiento de sangre inocente.

Si un hombre peca de muerte, vuelve a la muerte espiritual, pero en tanto que permanezca dentro de la vida espiritual, no tiene que ser bautizado de nuevo.

LA MUERTE AL PECADO ACARREA RESURRECCIÓN A VIDA. Pablo tenía esto bien presente en sus pensamientos. El dice, escribiendo a los romanos: “¿Qué, pues, diremos? ¿Perseveraremos en el pecado para que la gracia abunde? En ninguna manera. Porque los que hemos muerto al pecado, ¿cómo viviremos aun en él? ¿O no sabéis que todos los que hemos sido bautizados en Cristo Jesús, hemos sido bautizados en su muerte?

Porque somos sepultados juntamente con él para muerte por el bautismo, a fin de que como Cristo resucitó de los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros andemos en vida nueva. Porque si fuimos plantados juntamente con él en la semejanza de su muerte, así también los seremos en la de su resurrección; sabiendo esto, que nuestro viejo hombre fue crucificado juntamente con él, para que el cuerpo del pecado sea destruido, a fin de que no sirvamos más al pecado.”

Pablo está hablando a los miembros de la Iglesia. Nosotros hemos muerto al pecado porque lo hemos abandonado. La expulsión obra tanto en un sentido como en el otro. En otras palabras, cuando estamos en la vida espiritual (o en la Iglesia o en el reino de Dios), no deberíamos pecar. Mediante el bautismo nos liberamos de la muerte espiritual que está sobre todos los hombres sin bautizar. Sean católicos romanos o protestantes, si no se han arrepentido y están sin bautizar están en muerte espiritual. Pero nosotros que hemos recibido el evangelio, ¿por qué debemos vivir en pecado cuando hemos sido bautizados y estamos en vida espiritual?

EN QUÉ FORMA LOS SANTOS ESTÁN EN LA PRESENCIA DE DIOS. Nosotros estamos de vuelta en la presencia de Dios. Naturalmente se podría preguntar: ¿En qué forma volvemos a la presencia de Dios si es que no lo vemos? No lo vemos ahora, pero ¿no estamos en su presencia al tener el don del Espíritu Santo, uno de los integrantes de la Trinidad, para guiarnos y dirigirnos en rectitud? Estamos de vuelta en su presencia si obedecemos los mandamientos y no vivimos más en el pecado; en esa forma estamos en la vida espiritual. Eso es algo importante en relación con el bautismo y algo que generalmente no se entiende.

EN QUÉ FORMA EL BAUTISMO ACARREA LA SALVACIÓN

NATURALEZA DEL CONVENIO DEL BAUTISMO. Toda persona bautizada en esta Iglesia ha hecho un convenio con el Señor, un convenio de guardar sus mandamientos. Nosotros debemos servir al Señor con todo nuestro corazón, con toda nuestra mente y con toda la fuerza que tenemos. Todo lo que hacemos deberíamos hacerlo en el nombre de Jesucristo.

En las aguas del bautismo hicimos convenio de que obedeceríamos estos mandamientos; que serviríamos al Señor; que guardaríamos el primer y el más grande de todos los mandamientos y amaríamos al Señor nuestro Dios; que obedeceríamos el siguiente gran mandamiento, de amar a nuestro prójimo como a nosotros mismos; y con toda la fuerza que tenemos, con toda la energía, con todo nuestro corazón, le demostraríamos que estamos dispuestos a “vivir de toda palabra que sale de la boca de Dios” que seríamos obedientes y humildes, diligentes en su servicio, deseosos de obedecer, de escuchar los consejos de aquellos que presiden sobre nosotros y de hacer todas las cosas con la única mira de añadir gloria a la gloria de Dios.

No debemos olvidar estas cosas, pues este mandamiento tiene vigencia sobre nosotros como miembros de la Iglesia.

OBLIGACIÓN DE OBEDECER EL CONVENIO DEL BAU­TISMO. Toda alma que es bautizada, verdaderamente bautizada, se ha humillado a sí misma; su corazón está quebrantado; su espíritu está contrito; ha hecho un convenio delante de Dios que guardará sus mandamientos y que ha abandonado todos sus pecados. Al ingresar a la Iglesia, ¿tiene el privilegio de pecar luego de haber entrado a ella? ¿Puede bajar la guardia? ¿Puede participar de algunas de las cosas que el Señor ha dicho que debe evitar? No. Es tan necesario que tenga aquel espíritu contrito, aquel corazón quebrantado, después de bautizarse, como lo fue antes.

LAS ORDENANZAS DEL EVANGELIO SON SOLAMENTE PARA EL REINO CELESTIAL. ¿Tendrán que tener la ordenanza del bautismo los que entren en los reinos terrestre y telestial? ¡No! El bautismo es la puerta del reino celestial; El Señor declaró bien esto ante Nicodemo. Nosotros no estamos predicando una salvación para los habitantes de los reinos terrestre o telestial. Todas las ordenanzas del evangelio corresponden al reino celestial y lo que el Señor requiera como ordenanzas, si es que las requiere, en los otros reinos, no lo ha revelado.

A mí me parece tan claro que la ordenanzas del evangelio son para los que tienen derecho a entrar en el reino celestial, basadas en la obediencia a los principios del evangelio, que no debería haber dudas al respecto.

EL BAUTISMO ES PARA EL REINO CELESTIAL ÚNICA­MENTE. Si el Señor quiso que el bautismo y las otras ordenanzas fueran para todos, ¿por qué dijo: “El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado”?

¿Por qué habrá dicho lo que dijo de aquellos que entran en el reino celestial: “Y serán siervos del Altísimo; mas a donde Dios y Cristo moran, no podrán venir, por los siglos de los siglos.”?

¿Por qué dijo: “De cierto, de cierto te digo, a menos que te rijas por mi ley, no puedes alcanzar esta gloria. Porque estrecha es la puerta y angosto el camino que conduce a la exaltación y continuación de las vidas, y pocos son los que la hallan, porque no me recibís en el mundo, ni tampoco me conocéis… Ancha es la puerta y espacioso el camino que lleva a las muertes, y muchos son los que entran en ella porque no me reciben, ni tampoco permanecen en mi ley?”

¿Cómo podemos explicar esto: “En verdad, en verdad os digo, que aquellos que no crean en vuestras palabras, ni se bauticen en el agua en mi nombre, para la remisión de sus pecados, a fin de que puedan recibir el Espíritu Santo, serán condenados; y no entrarán en el reino de mi Padre, donde mi Padre y yo estamos. Y esta revelación y mandamiento dado a vosotros está en vigor desde esta misma hora en todo el mundo; y el evangelio es para todos los que no lo hayan recibido?”

Y, además, esto: “Y aquel que no perseverara hasta el fin, éste es el que también es cortado y echado en el fuego, de donde nunca más puede volver, por motivo de la justicia del Padre.

Sabemos que la gran mayoría de los hombres será expulsada del reino celestial para siempre. Si esto no es así, entonces la palabra del Señor debe ser revisada.

EL BAUTISMO SALVA A LOS HOMBRES DE LOS REINOS MENORES. La Primera Presidencia ha dicho como respuesta a una pregunta similar: “Nada sabemos en cuanto a ordenanzas que correspondan a los reinos terrestre o telestial. Todas las ordenanzas del evangelio son dadas para la salvación de los hombres en el reino, celestial y corresponden a ese reino.”

El Señor ha dicho positivamente que aquellos que rechazan el evangelio serán “condenados”. El bautismo y la obediencia son para salvarlos de la condenación. Si vamos a ser bautizados por todos los que están muertos sin considerar la gloria que reciban, entonces lógicamente debemos decir que ellos no van a ser condenados y tal cosa es contradictoria con relación a la palabra del Señor.

Esta doctrina, de que el bautismo se requiere de todos los hombres, está haciendo bastante daño en el hecho de que tiende a animar a los hombres a demorar su arrepentimiento y parece extenderles la falsa esperanza de que ellos, finalmente, a pesar de su infidelidad y desobediencia, recibirán las bendiciones del reino celestial de Dios. La doctrina es enteramente ajena al plan del evangelio que ha sido dado a los hombres a fin de prepararlos para la gloria celestial.

EL ARREPENTIMIENTO DEBE PRECEDER AL BAUTISMO. Considerad la enseñanza que el Señor dio a los candidatos al bautismo, Doctrinas y Convenios, sección 20, versículo 37. ¿Acaso no quiso decir lo que ahí dice? Leo en este versículo que el candidato debe tener el corazón quebrantado y el espíritu contrito, y dar testimonio ante la Iglesia de que se ha arrepentido verdaderamente de todos sus pecados y de que tiene la determinación de servir al Señor hasta el fin.

Pregunto, ¿cómo puede un hombre hacer todo esto y seguir siendo un adicto al tabaco o al alcohol? ¿Cómo puede hacerlo si está viviendo en desobediencia a cualquier otro mandamiento?

Además: “Y sabemos que todos los hombres deben arrepentirse y creer en el nombre de Jesucristo, y adorar al Padre en su nombre, y perseverar con fe en su nombre hasta el fin, o no pueden ser salvos en el reino de Dios.”

También: “Y él manda a todos los hombres que se arrepientan y se bauticen en su nombre, teniendo perfecta fe en el Santo de Israel, o no pueden ser salvos en el reino de Dios.” ¿Cómo puede un hombre tener fe perfecta cuando está violando un mandamiento?

“Y nada impuro puede entrar en su reino; por tanto, nada entra en su reposo, sino aquellos que han lavado sus vestidos en mi sangre, mediante su fe, el arrepentimiento de todos sus pecados y su fidelidad hasta el fin.” ¿Cómo puede un hombre obtener la remisión de todos sus pecados, si no se ha arrepentido de todos ellos? La dificultad que existe con muchos de nosotros es que no tomamos en serio la palabra del Señor; no pensamos que El ha querido decir lo que ha dicho.

EL ARREPENTIMIENTO QUITA LAS CICATRICES DEL PECADO. A mí me parece una gran insensatez creer, mucho más que enseñar, que la expiación de Jesucristo meramente abrió el camino para la remisión y el perdón de los pecados de los que verdaderamente se arrepienten; y que después que uno verdaderamente se ha arrepentido y que ha sido bautizado, deba pagar el precio —hasta cierto punto— de sus transgresiones. Esto significa que el hombre no ha sido perdonado verdaderamente, sino que ha sido puesto bajo prueba con su castigo pendiente. Esta idea, que tan a menudo ha sido enseñada diciendo que los agujeros quedan después que los clavos son quitados, es una doctrina falsa cuando se trata de aplicarla a la Expiación en bien del pecador verdaderamente arrepentido.

REPETICIÓN DEL BAUTISMO

DOS PROPÓSITOS DEL BAUTISMO. Se ha hecho la pregunta de por qué en los días del profeta José Smith se estableció la repetición del bautismo, por qué fue realizada durante cierto número de años en Utah bajo la dirección del presidente Brigham Young y por qué dejó de efectuarse.

En la Iglesia realmente no hay tal cosa como repetición del bautismo. El bautismo, tal como nosotros lo entendemos, es uno de los principios cardinales del evangelio, mandado principalmente para la remisión de los pecados, y, en segundo lugar, como la puerta mediante la cual ingresamos a la Iglesia. Primeramente fue dado a conocer y enseñado, como una de las ordenanzas del evangelio, a Adán, el cual recibió el mandato de enseñar a sus hijos y llamarlos a ser bautizados para la remisión de los pecados.

La ordenanza del bautismo era conocida y practicada en el antiguo Israel y en todas las épocas del mundo, como una de las ordenanzas esenciales del evangelio precisamente allí donde se ha encontrado el evangelio. Es igualmente necesario hoy en día como lo ha sido en cualquier otro período de la historia del mundo, pues sin él el pecador no puede recibir una remisión de sus pecados y ser aceptado en el reino de Dios.

LOS PIONEROS Y OTROS RECIBIERON LA REPETICIÓN DEL BAUTISMO. Cierto es que durante la presidencia del profeta José Smith, algunos miembros de la Iglesia que estaban en transgresión fueron bautizados de nuevo, sin haber perdido su derecho de miembros mediante la excomunión. Y así ha sido desde entonces hasta el presente, cuando el transgresor arrepentido ha deseado que la ordenanza sea efectuada para la remisión de sus pecados. Frederick G. Williams se volvió a bautizar el 5 de agosto de 1838, y fue confirmado en Far West, Misurí, aunque entonces era miembro de la Iglesia.

Después de la llegada de los pioneros al valle del Gran Lago Salado, durante un período considerable, todos los que entraban al valle eran bautizados de nuevo por solicitud del presidente Brigham Young quien, con el Consejo de los Doce, dio el ejemplo al pueblo que se estaba congregando de todas partes del mundo.

LOS PIONEROS RENOVARON LOS CONVENIOS MEDIANTE EL BAUTISMO. Existían varias razones de parte del presidente Young para tomar esta determinación, y también de parte de los hermanos principales. Ellos declararon que era para la “renovación de sus convenios”, y llegaron al valle regocijándose después de muchas pruebas y dificultades indescriptibles, provienen de una tierra donde habían estado sujetos a la violencia de la chusma y al capricho de parte de los enemigos que les negaban el privilegio garantizado por la Constitución del país, de adorar a Dios de acuerdo con los dictados de su conciencia.

Después de su llegada a este territorio del oeste, estaban libres de molestia y en humildad se acercaron al Señor, no a causa de transgresión alguna, sino a causa de su gratitud por verse liberados de enemigos inicuos, y no conociendo mejor manera de expresar su gratitud decidieron hacer convenio con el Señor para desde ese entonces en adelante servirlo y obedecer sus mandamientos. Como señal de este convenio entraron al agua y fueron bautizados y confirmados, renovando sus convenios y obligaciones como miembros de la Iglesia.

LA PÉRDIDA DE REGISTROS LLEVÓ A LA REPETICIÓN DEL BAUTISMO. Otra razón que hizo que estos hermanos diesen ese paso e hiciesen que la renovación del convenio fuese general, aplicándose a todos los que llegaban al valle, fue el hecho de que durante sus viajes, persecuciones y éxodo final, muchos registros de las ramas y barrios se habían perdido. Cuando la gente entró al valle del Gran Lago Salado y buscó posición en las comunidades de los santos, muchos de ellos estaban sin certificados de bautismo y no podían indicar los registros de los cuales provenían para demostrar sus justos reclamos de pleno hermanamiento entre los santos. Como es esencial que se lleve un registro de los miembros, se pensó que estaba bien que todos los que estaban en esa condición repitiesen sus primeras ordenanzas otra vez, a fin de hacer un registro y para que no hubiese dudas en años posteriores con relación a su posición en la Iglesia. Para que la decisión fuese justa y evitar sentimientos que de otro modo podrían surgir, los requisitos fueron expuestos para todos.

ALGUNOS MIEMBROS DESCARRIADOS FUERON BAUTIZA­DOS DE NUEVO. Otra razón fue el hecho de que luego del martirio de José y de Hyrum Smith, algunos miembros de la Iglesia se apartaron y en las tinieblas habían seguido a falsos pastores tales como James J. Strang, William Smith, Zenas H. Gurley y Jason W. Briggs, no sabiendo qué hacer y no estando firmemente fundados en la fe por la cual poder reconocer al verdadero Pastor. Después de su arrepentimiento y de su regreso al redil, desearon renovar sus convenios y ser establecidos de nuevo en plena posición dentro de la Iglesia. Por estas razones y otras de menor importancia fue que prevaleció la práctica de volver a bautizar a todos los que entraban al valle del Lago Salado en aquellos días.

LA REPETICIÓN DEL BAUTISMO NO ES ESENCIAL PARA LA SALVACIÓN. Como ya se ha dicho, el bautismo es para la remisión de los pecados de parte de aquellos que no han venido a la Iglesia, y es la puerta por la cual ingresan. Aquellos que han sido bautizados y confirmados como miembros de la Iglesia, que transgreden, pueden recibir la remisión de sus pecados mediante la expiación de nuestro Salvador a condición de su humildad y arrepentimiento, sin entrar de nuevo en las aguas del bautismo.

Si una persona peca, hasta aquel grado que haría necesario que se le prive de su lugar de miembro en la Iglesia, sería necesario, naturalmente, después de arrepentirse, ingresar de nuevo a la Iglesia mediante el bautismo. La repetición del bautismo, tal como se entendió en la pregunta no se ha dejado de hacer, pues aún hoy en día donde un individuo siente que ha transgredido a tal grado que no puede conscientemente reclamar un lugar como miembro de la Iglesia, y solicita el bautismo, aun como miembro nuevo a fin de ser restaurado a la hermandad entre los santos, su solicitud puede ser satisfecha.

Es innecesario, sin embargo, volver a bautizar a las personas meramente como una renovación de sus convenios cada vez que transgredan a fin de que puedan obtener perdón, pues esto rebajaría grandemente el valor de esta sagrada ordenanza y debilitaría su eficacia. Un bautismo en el agua para la remisión de los pecados debería ser suficiente, y hay otros medios por los cuales los pecados pueden ser perdonados a aquellos que han hecho convenio con el Señor, siempre que no pequen al grado de perder su derecho a un lugar en la Iglesia.

La repetición del bautismo, mencionada en la sección 22 de Doctrinas y Convenios, se aplicaba a aquellos que habían sido bautizados en alguna otra organización. sin autoridad del Señor y los que posteriormente desearon unirse a la Iglesia y ser aceptados en base a su bautismo desautorizado, el cual había sido efectuado sin el sacerdocio y poder de oficiar en las ordenanzas del evangelio.

REPETICIÓN DEL BAUTISMO ENTRE LOS NEFITAS. Cuando Cristo apareció entre los nefitas en este continente, mandó que fuesen bautizados, aunque ya habían sido bautizados previamente para la remisión de sus pecados. Leemos cómo Nefi vio ángeles que vinieron y ejercieron su ministerio en favor de él diariamente; cómo él bautizó a todos los que se allegaron para ser bautizados para la remisión de pecados; cómo organizó la Iglesia; y cómo levantó a su hermano de entre los muertos, siendo que poseía el sacerdocio. Luego leemos que el Salvador le ordenó a Nefi y a todo el pueblo, que se bautizasen de nuevo, porque El había organizado de nuevo a la Iglesia bajo el evangelio. Antes de eso había sido organizada bajo la ley.

LA REPETICIÓN DEL BAUTISMO DE JOSÉ SMITH. Por la misma razón José Smith y aquellos que habían sido bautizados antes del 6 de abril de 1830, fueron bautizados de nuevo el día de la organización de la Iglesia. José Smith y Oliverio Cowdery fueron bautizados el 15 de mayo de 1829, Samuel Smith unos pocos días después, Hyrum Smith un poco más adelante, y unos pocos más, antes que la Iglesia fuese organizada. Ese bautismo fue para la remisión de pecados.

Cuando la Iglesia fue organizada, cada uno de los hermanos que la organizaron, y los demás que habían sido bautizados, fueron bautizados de nuevo. Tenían que estar en orden para entrara la Iglesia por la puerta. Suponed que José Smith hubiera pasado CS() por alto. Es solamente un detalle, pero ¡cuán importante es! Encontraréis a través de todo el ministerio de José Smith que todas estas pequeñas cosas están allí; no hay ni una que haya sido olvidada, de las que son importantes para la historia.

POR QUÉ ALMA SE SUMERGIÓ A SÍ MISMO. Alma fue bautizado y tenía el sacerdocio antes de la venida de Abinadí, pero se había visto relacionado con otros sacerdotes bajo el reinado del malvado rey Noé y cuando bautizó a Helam, sintió que él mismo necesitaba ser purificado de manera que se sepultó en el agua como una señal de pleno arrepentimiento.

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