Doctrina y Convenios Seccion 125

Doctrina y Convenios
Seccion 125


Revelación dada por medio de José Smith el Profeta, en marzo de 1841, en Nauvoo, Illinois.
En esta breve sección, el Señor instruye acerca de dónde deben reunirse los santos que vivían en los territorios cercanos al río Misisipi.

Contexto histórico y trasfondo

Desde los confines de una celda en la cárcel de Liberty, Misuri, José escribió al obispo Partridge en Illinois que los santos podían comprar tierras en el Territorio de Iowa por 2 dólares la acre en un plazo de veinte años y sin pago inicial, y los santos hicieron un trato por esas tierras.

José escapó de Misuri y se unió a los santos en Illinois unas semanas después. Compró tierras en una península que se adentraba en el río Misisipi, frente a las tierras de Iowa de los santos, y la llamó Nauvoo. Las tierras en Illinois eran comparativamente más caras. José esperaba que la Iglesia pudiera comprarlas con fondos consagrados y ofrecer lotes a los pobres a precios accesibles, pero las ofrendas fueron insuficientes. Se hizo evidente que la Iglesia tendría que vender lotes para poder pagar la hipoteca. Por ello, José instó a los santos en áreas circundantes a reunirse en Nauvoo y ayudar a pagar la tierra. Los santos al otro lado del río se preguntaban si esa instrucción también los incluía. José buscó y recibió la sección 125 para responder a su pregunta.

La voluntad del Señor, declarada en la sección 125, era que los santos edificaran una ciudad en Iowa, frente a Nauvoo, y la llamaran Zarahemla. Los santos debían congregarse desde todos los lugares y establecerse allí, en la cercana Nashville, Territorio de Iowa, o al otro lado del río, en Nauvoo. Como era usual, en esta revelación se da una razón explícita: el Señor explica por qué los santos deben cumplir Su voluntad: “A fin de que estén preparados para lo que les espera en el futuro” (DyC 135:2).

Los santos se trasladaron como resultado de la sección 125. Esta se leyó a los santos en la conferencia general del 6 de abril de 1841. “Muchos de los hermanos inmediatamente hicieron preparativos para mudarse”, y lo hicieron tan pronto como terminaron de sembrar. Alanson Ripley informó que “José dijo que era la voluntad del Señor que los hermanos en general … se mudaran a la ciudad de Zarahemla y sus alrededores con toda la rapidez posible, lo cual los santos estaban dispuestos a hacer porque era la voluntad del Señor”. — por Steven C. Harper

Contexto adicional por Casey Paul Griffiths

Tras las persecuciones en Misuri, los refugiados santos de los últimos días comenzaron a establecerse en el condado de Hancock, Illinois, y también en varias comunidades más pequeñas al otro lado del río Misisipi, en Iowa. El asentamiento principal de los santos en Iowa se llamó Zarahemla, en referencia a la ciudad del Libro de Mormón.

No sabemos con certeza cuándo recibió José Smith la revelación de Doctrina y Convenios 125. Es posible que haya sido el 11 de marzo de 1841, cuando John Smith, presidente de la estaca de Iowa y tío del Profeta, visitó a José para conocer la voluntad del Señor respecto a dónde debían establecerse los santos en Iowa. Según John Smith, el Profeta le aconsejó que los santos debían “mudarse rápidamente a la ciudad, pero hacer campos grandes afuera [de la ciudad] para cultivar grano”. John Smith también registró “que José dijo que era la voluntad del Señor que los hermanos en general en Ambrosia [Iowa] se mudaran a la ciudad de Zarahemla y sus alrededores con toda la rapidez posible, lo cual los santos estaban dispuestos a hacer porque era la palabra del Señor. Oh Señor, ayuda a tu pueblo a salir de Babilonia”. Esta reunión pudo haber motivado la pregunta reflejada en la sección 125 y la respuesta del Señor. También es posible que los santos en Iowa ya estuvieran comenzando a reunirse en Zarahemla antes de que se recibiera esta revelación.

William Clayton, uno de los escribas de José Smith, anotó en su diario de manera privada que uno de los propósitos de la revelación en la sección 125 era reunir a los santos dispersos en Iowa para fines de seguridad. El destino de los santos que habían vivido en asentamientos pequeños, como en Hawn’s Mill en Misuri, pudo haber preocupado a los líderes de la Iglesia. Clayton escribió en su diario: “El hermano José, cuando hablaba con uno de los hermanos sobre este tema [los asentamientos en Iowa], dijo: ustedes tienen a Hawn’s Mill como ejemplo. Muchos de los hermanos inmediatamente hicieron preparativos para mudarse aquí”.

En los meses posteriores a la recepción de la sección 125, los líderes de la Iglesia siguieron enfatizando la importancia de que los santos de Iowa se reunieran en Zarahemla. Para agosto de 1841, había 326 miembros de la Iglesia viviendo en la rama de Zarahemla.

Doctrina y Convenios 125 fue añadida por primera vez en la edición de 1876 de Doctrina y Convenios por Orson Pratt, actuando bajo la dirección del presidente Brigham Young.


Doctrina y Convenios 125:1
“El preguntar a Dios abre las puertas a la revelación”


El profeta José Smith comprendía que la revelación comienza con una pregunta sincera. En este versículo, una vez más, vemos al Profeta acudiendo al Señor en busca de dirección, demostrando el modelo eterno de comunicación divina: el hombre pregunta con fe, y Dios responde con sabiduría. Así se abre el canal de la revelación, no por casualidad, sino por el ejercicio consciente de la fe y la humildad.

Dios no impone Su luz; la concede a quienes la buscan con un corazón dispuesto. La historia sagrada está llena de ejemplos de hombres y mujeres que recibieron dirección celestial porque se atrevieron a preguntar. José Smith, desde su juventud, nos enseñó que una pregunta bien formulada con fe puede cambiar el curso de la historia.
En nuestra vida diaria, el principio sigue siendo el mismo. Si deseamos revelación personal, debemos aprender a preguntar al Señor con fe, sinceridad y disposición a actuar según Su respuesta. Cada oración humilde puede abrir una puerta al cielo. Quien pregunta con un corazón recto no solo obtiene respuestas, sino que desarrolla una relación más profunda con Dios, convirtiendo cada búsqueda en una oportunidad para recibir Su guía continua.


Versículo 1
Pregunta sobre la voluntad del Señor


El Señor responde a la consulta de los santos sobre si debían establecerse en la región de Iowa, al otro lado del río Misisipi.

En este versículo los santos buscaban dirección acerca de si debían establecerse en la región de Iowa, al otro lado del río Misisipi. Lo que resalta es la actitud de consulta: antes de actuar, ellos elevaron su inquietud al Señor, reconociendo que Su voluntad debía guiar las decisiones temporales y espirituales de la Iglesia.

Este pasaje enseña que aun en asuntos aparentemente temporales —como el lugar donde habitar— los santos comprendieron que era necesario preguntar al Señor. La revelación muestra que la vida espiritual y la vida cotidiana no están separadas: el Señor tiene interés tanto en dónde edificamos ciudades como en cómo edificamos nuestra fe.

El mandamiento de establecerse en Iowa se relaciona con el plan de reunir a Sion. El Señor iba dirigiendo paso a paso a Su pueblo hacia lugares de refugio y preparación. Así, el simple acto de habitar en una región determinada formaba parte de un proyecto mayor: la organización y la preservación del pueblo de Dios.

Este versículo también nos recuerda que la verdadera obediencia comienza con la disposición a preguntar. Al acudir al Señor, los santos reconocieron que no era suficiente confiar en su propio entendimiento (cf. Proverbios 3:5–6). La obediencia, entonces, no es solo cumplir un mandamiento, sino también buscarlo antes de actuar.

Hoy en día, este versículo nos invita a seguir el mismo patrón: llevar nuestras decisiones al Señor en oración, incluso aquellas que parecen prácticas o menores. Al hacerlo, reconocemos que Su sabiduría es más grande que la nuestra y que nuestras elecciones, por pequeñas que sean, tienen un impacto espiritual en nuestro progreso y en el cumplimiento de Su obra.

En resumen, D. y C. 125:1 enseña que el pueblo de Dios debe consultar al Señor en todas sus decisiones, reconocer Su interés en lo temporal y lo espiritual, y confiar en que Su guía marcará el rumbo hacia Sion.


Doctrina y Convenios 125:2
“Iowa: un lugar temporal de recogimiento”


El Señor instruyó a los santos a congregarse en la ribera occidental del Misisipi, no como un destino final, sino como una estación de paso en Su gran plan. Iowa representó para ellos un refugio temporal, un lugar de preparación espiritual y logística antes del gran éxodo hacia las montañas del oeste. Aunque muchos anhelaron estabilidad después de tanta persecución, el Señor les recordó que su seguridad no dependía del lugar, sino de Su dirección continua.

Así, la tierra de Iowa fue una escuela de obediencia y fe. Los santos aprendieron que el recogimiento del pueblo del Señor no siempre es geográfico, sino espiritual: consiste en congregarse en torno a Su voluntad y Sus convenios, aun cuando el futuro parezca incierto.
En nuestras propias jornadas, también pasamos por “Iowas” —etapas temporales que el Señor usa para prepararnos para destinos más elevados. A veces deseamos establecer raíces donde Dios solo nos ha llamado a aprender. Si confiamos en Su guía, incluso los lugares de tránsito se convierten en santuarios de crecimiento. El discípulo fiel sabe que cada parada en el camino tiene propósito, y que el verdadero hogar siempre está donde mora la presencia del Señor.


Versículo 2
Mandato de congregarse en Sion


Se instruye a los santos a congregarse y edificar ciudades, unificándose como pueblo del Señor.

En este versículo el Señor da a los santos una instrucción clara: congregarse y edificar ciudades en la región designada, con el fin de unificarse como Su pueblo. Esta revelación no solo resuelve una necesidad práctica de habitación, sino que establece principios espirituales fundamentales.

El mandato de congregarse en Sion forma parte del gran plan de recogimiento de Israel. No se trataba únicamente de reunir cuerpos en un mismo lugar, sino de reunir corazones y voluntades bajo el convenio con Dios. Así, la construcción de ciudades santas representaba la preparación de un pueblo consagrado para recibir al Señor.

El Señor enfatiza la necesidad de vivir como comunidad. La vida en Sion no era individualista: cada santo tenía un rol en levantar ciudades, sostenerse mutuamente y edificar un entorno donde la justicia y la rectitud pudieran prosperar. El recogimiento fortalecía tanto la seguridad temporal como la fortaleza espiritual del pueblo.

Construir ciudades en Sion simboliza levantar una sociedad distinta a la del mundo, fundamentada en principios divinos. Mientras el mundo buscaba poder, riqueza o dominio, el Señor pedía a Sus santos construir centros de luz, refugio y adoración. Cada ciudad era un recordatorio tangible de que Sion es un pueblo y un lugar preparado para recibir la gloria de Dios.

En nuestros días, aunque no se nos manda emigrar físicamente como a los santos del siglo XIX, seguimos llamados a congregarnos en Sion espiritual: en barrios y estacas, en el templo y en la unidad familiar. También edificamos “ciudades” al crear hogares santos y comunidades centradas en Cristo. El principio es el mismo: alejarnos del aislamiento espiritual y unirnos en la fe para ser el pueblo del convenio.

En conclusión, D. y C. 125:2 nos recuerda que Sion se construye mediante el recogimiento y la unidad, y que al congregarnos en lugares santos edificamos no solo ciudades visibles, sino también corazones consagrados al Señor.


Doctrina y Convenios 125:3
“El nombre de Zarahemla y su significado simbólico”


El nombre Zarahemla, tomado del Libro de Mormón, evocaba para los Santos un sentido profundo de identidad espiritual. Así como la antigua Zarahemla fue un punto de unión entre los pueblos de Nefi y de Mulek —una ciudad donde se fusionaron dos linajes bajo el convenio del Señor—, la nueva Zarahemla en Iowa simbolizaba el recogimiento moderno de los fieles bajo la dirección profética. Era más que un asentamiento temporal; representaba la esperanza de un pueblo que, a pesar del desarraigo y la persecución, seguía edificando comunidades centradas en el Evangelio.

El hecho de que los santos escogieran nombres del Libro de Mormón para sus ciudades mostraba su deseo de perpetuar la memoria espiritual de los antiguos pueblos del convenio. Zarahemla se convirtió así en un símbolo de restauración, fe y unidad —un eco moderno de la antigua promesa de que el Señor reuniría nuevamente a Su pueblo en preparación para los eventos finales de los últimos días.
Cada “Zarahemla” que edificamos —sea un hogar, una familia o una comunidad de fe— puede ser un refugio donde el Señor reúna a Sus hijos. Al igual que los santos de Iowa, nosotros también podemos transformar lugares de paso en centros de fe y esperanza. Lo importante no es la permanencia del sitio, sino la presencia del Espíritu. Allí donde el pueblo de Dios se une en convenios y servicio, surge una nueva Zarahemla: un lugar de recogimiento espiritual y de preparación para el reino celestial.


Versículo 3
La ciudad de Zarahemla


El Señor manda que se edifique una ciudad llamada Zarahemla en el condado de Lee, Iowa, como parte de la obra de Sion.

En este versículo, el Señor manda que se edifique una ciudad llamada Zarahemla en el condado de Lee, Iowa. Esta instrucción se inserta dentro del proceso de establecer comunidades de los santos que servirían como centros de recogimiento y fortaleza espiritual.

El nombre proviene del Libro de Mormón, donde Zarahemla fue la capital del pueblo nefita durante gran parte de su historia (Mosíah 2–3). Usar este nombre no fue casual: representaba la idea de unidad, centralidad y gobierno inspirado. Así como en el libro sagrado Zarahemla era un lugar de reunión bajo reyes justos y profetas, en Iowa debía ser un lugar de reunión bajo la dirección del sacerdocio.

La instrucción de edificar Zarahemla tenía un propósito doble:

  • Temporal: ofrecer a los santos un lugar de refugio, orden y estabilidad en medio de la persecución y el desplazamiento que sufrían.
  • Espiritual: levantar una comunidad consagrada que simbolizara la restauración del pueblo de Dios en los últimos días, siguiendo patrones del pasado sagrado.

Este mandato refleja un principio constante en la doctrina: el Señor guía a Su pueblo a establecer lugares santos que sirvan como preparativos para Su venida. Zarahemla, junto con otras ciudades como Nauvoo, era parte del esfuerzo mayor por construir Sion en la tierra, uniendo lo antiguo (los nombres y símbolos del Libro de Mormón) con lo moderno (la Restauración).

Hoy en día no se nos manda fundar nuevas ciudades físicas como Zarahemla, pero el principio permanece: debemos edificar Sion en donde estemos. Esto incluye:

  • Fortalecer nuestras comunidades de fe.
  • Crear hogares que sean centros de luz y refugio.
  • Dar identidad y propósito a nuestras congregaciones, del mismo modo que los santos del pasado encontraron significado en los nombres y símbolos de su fe.

En resumen, D. y C. 125:3 enseña que la edificación de Zarahemla fue más que un proyecto urbano: fue un acto de fe, un símbolo de continuidad con la historia sagrada y un recordatorio de que Sion se levanta cuando el pueblo de Dios crea espacios santos en medio de un mundo hostil.


Doctrina y Convenios 125:4
“La importancia de Nashville y la expansión del recogimiento”


La ciudad de Nashville, en el territorio de Iowa, representó un intento inspirado por establecer un refugio seguro para los santos perseguidos. Después de los sufrimientos en Misuri, el Señor abrió un espacio de reposo temporal al otro lado del río Misisipi, frente a Nauvoo. Nashville y sus alrededores fueron parte del plan divino de expansión del recogimiento de Israel, un paso más en la construcción del reino de Dios sobre la tierra.

El Profeta José Smith visualizaba en esa región una red de comunidades consagradas, autosuficientes y unidas por el convenio, anticipando la futura colonización que alcanzaría su plenitud en las montañas del oeste. Aunque la colonia y la estaca de Iowa fueron disueltas con el tiempo, los principios que inspiraron su creación —la cooperación, la fe y el deseo de edificar Sion dondequiera que el Señor lo indicara— perduraron en la vida y el espíritu del pueblo.
Nashville simboliza la disposición de los santos a seguir al Señor a cualquier lugar donde los guiara, aun cuando esos lugares fueran temporales o inciertos. En nuestra vida, también hay “Nashvilles”: momentos o etapas de transición donde el Señor nos pide construir, servir y aprender, aunque no sean destinos finales. Si permanecemos fieles en esos lugares de prueba o preparación, Él nos conducirá finalmente a nuestra propia tierra prometida, fortalecidos por la experiencia de haber edificado Sion en el camino.


Versículo 4
La ciudad de Nashville


Se ordena también a los santos en Iowa que edifiquen otra ciudad llamada Nashville, y que lo hagan con rectitud para ser reconocidos como pueblo de Dios.

En este versículo, el Señor manda que los santos establezcan otra ciudad en Iowa, llamada Nashville, junto con Zarahemla. La instrucción no es solamente práctica —organizar asentamientos—, sino profundamente doctrinal: la edificación de ciudades debía realizarse con rectitud, de modo que fueran reconocidos como el pueblo de Dios.

La orden de edificar con rectitud resalta que no bastaba con levantar casas y calles; lo esencial era que las ciudades reflejaran principios divinos de justicia, orden y santidad. Una ciudad construida sobre cimientos espirituales firmes podía ser reconocida como parte de Sion. Esto cumple la visión profética de que Sion es un pueblo puro de corazón (DyC 97:21).

A diferencia de Zarahemla, cuyo nombre evocaba la historia del Libro de Mormón, Nashville no tenía un trasfondo escritural conocido. Sin embargo, el Señor la incluyó en Su plan, lo que enseña que no es el nombre lo que santifica un lugar, sino la obediencia de quienes lo habitan. Lo que convierte un asentamiento común en parte de Sion es la fidelidad de sus moradores al convenio.

La frase “ser reconocidos como pueblo de Dios” muestra que Sion debía ser una luz para el mundo (cf. Mateo 5:14–16). Las ciudades de los santos no estaban destinadas a ser escondidas, sino a brillar como testimonio de que Dios guía y protege a Su pueblo. Su ejemplo debía demostrar que es posible vivir en comunidades regidas por la rectitud, aun en medio de persecuciones y conflictos.

En nuestro tiempo, no siempre se nos pide edificar ciudades nuevas, pero el principio sigue vigente:

  • En los hogares: al vivir con rectitud, transformamos la casa en un lugar reconocido por Dios y por los demás como un hogar de Sion.
  • En la Iglesia: nuestras congregaciones, cuando se conducen en amor y obediencia, se convierten en “ciudades de Nashville modernas”, espacios de refugio y luz.
  • En la sociedad: al actuar con integridad en lo público y lo privado, somos identificados como discípulos de Cristo, el pueblo del convenio.

En conclusión, D. y C. 125:4 enseña que el verdadero poder de una ciudad de Sion no radica en su nombre ni en su ubicación, sino en la rectitud de sus habitantes, que los hace ser reconocidos como pueblo de Dios.

La sección 125, aunque breve, subraya el principio de reunirse como santos en lugares designados por el Señor, mostrando que incluso en la organización geográfica, Dios dirige a Su pueblo para consolidar Sion en preparación de Su obra mayor.


Versículos 1–4
Casey Paul Griffiths (Erudito SUD)


Doctrina y Convenios 125 es un recordatorio breve pero poderoso de que, después de las persecuciones en Kirtland y Misuri, la doctrina de la reunión cambió en su naturaleza, pero no terminó. Tras la expulsión de Misuri y la apostasía en Kirtland, algunos santos quizá temían reunirse nuevamente en grandes números. La concentración de miembros de la Iglesia a veces podía generar hostilidad, temor y antagonismo por parte de los vecinos de los santos. Sin embargo, los santos necesitaban reunirse para crear comunidades y edificar templos; por lo tanto, la reunión seguía siendo una parte esencial de la obra del Señor en esta primera etapa de la Restauración. En la sección 125, el Señor recordó a los santos en Iowa que sus labores implicaban no solo proveer para ellos y sus familias, sino también “edificar ciudades para mi nombre, a fin de que estén preparados para lo que está por venir en el futuro” (DyC 125:2).

Hoy en día, no se pide a los miembros de la Iglesia que creen ciudades físicas, pero la idea de comunidad sigue siendo el centro del evangelio. Aunque hay suficientes miembros de la Iglesia para llenar muchas megas–iglesias una y otra vez, el tamaño de los barrios y ramas en la Iglesia se mantiene relativamente pequeño. Si bien es valioso que toda la Iglesia se reúna en ocasiones, la mayor parte de la obra de la Iglesia se lleva a cabo mejor en pequeños grupos de santos que se conocen personalmente. La ley de consagración y otros principios del evangelio requieren que los santos se reúnan para bendecir y ministrar unos a otros.


Conclusión final

Cuando los santos preguntaron al Señor qué debían hacer con respecto a establecerse al otro lado del río Misisipi, recibieron una respuesta que iba más allá de lo geográfico. El Señor les mostró que Su obra no solo consiste en levantar templos y predicar el evangelio, sino también en organizar la vida cotidiana de Su pueblo de acuerdo con principios eternos.

Primero, se les recordó que antes de actuar debían buscar Su voluntad, porque cada paso —incluso el lugar donde vivir— debía ser dirigido por Él. Luego, se les mandó congregarse en unidad, edificando ciudades que serían símbolos vivientes de Sion. Al dar el nombre de Zarahemla a una de ellas, el Señor los conectó con la herencia espiritual del Libro de Mormón, enseñando que Su obra en los últimos días está en continuidad con lo que hizo con pueblos antiguos. Finalmente, al ordenar la edificación de Nashville con rectitud, dejó claro que lo esencial no es el nombre de una ciudad ni su ubicación, sino la fidelidad de los que la habitan, de manera que fueran reconocidos como el pueblo de Dios.

Así, en apenas cuatro versículos, el Señor enseñó principios que trascienden el tiempo: consultar a Dios en nuestras decisiones, vivir en comunidad bajo convenios, honrar nuestra herencia espiritual y edificar Sion con rectitud. Hoy no levantamos Zarahemla ni Nashville, pero cada hogar y cada barrio pueden convertirse en una ciudad de Sion si se edifican sobre la fe, la obediencia y el amor.

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