Doctrina y Convenios
Sección 62
Contexto histórico
El 13 de agosto de 1831, José Smith y un grupo de élderes estaban en medio de su viaje de regreso desde Independence, Misuri, hacia Kirtland, Ohio. Habían dejado atrás la tierra de Sion, recientemente dedicada, y viajaban a lo largo del río Misuri, enfrentando desafíos y cumpliendo con su deber misional de predicar el evangelio en el camino. En este día, al llegar a un lugar llamado Chariton, Misuri, encontraron a otro grupo de élderes que se dirigían hacia Sion. Este encuentro fue motivo de gran gozo y camaradería entre los santos, quienes compartían la misma fe y propósito.
En medio de esta reunión, el profeta José Smith recibió la revelación conocida como la Sección 62 de Doctrina y Convenios. En ella, el Señor expresó su amor y aprobación por el trabajo de los élderes, afirmando que los testimonios que habían dado estaban escritos en los cielos y eran motivo de regocijo para los ángeles. También les recordó que su misión aún no estaba completa, ya que debían seguir testificando y llevando el evangelio a los inicuos y a los habitantes de la tierra.
El Señor les instruyó a continuar su viaje hacia Sion, donde debían congregarse, regocijarse juntos y ofrecer un sacramento al Altísimo. También les dio libertad para decidir cómo continuar su labor misional, ya sea juntos o de dos en dos, según el juicio y la dirección del Espíritu. Además, destacó que los fieles recibirían bendiciones y serían preservados según Sus promesas.
El Señor les aseguró que, independientemente del medio de transporte que eligieran, recibirían la bendición de llegar con un corazón agradecido. Esto subrayaba Su disposición a bendecir a quienes ejercieran su albedrío con gratitud y fe. Finalmente, el Señor reiteró que el reino estaba al alcance de los fieles y prometió que estaría con ellos siempre.
Esta revelación fortaleció a los élderes al recordarles que su trabajo no era en vano y que sus esfuerzos eran reconocidos y registrados en el cielo. También les ofreció consuelo y guía sobre cómo proceder, mientras reafirmaba las bendiciones y promesas que el Señor tenía para aquellos que perseveraban en la obra. La Sección 62 refleja el amor y el cuidado de Dios por Sus siervos, así como Su voluntad de guiarlos en cada etapa de su misión.
La Sección 62 resalta la misericordia, el amor y el cuidado del Señor hacia Sus siervos. Subraya la importancia del testimonio, la unidad y la guía del Espíritu, junto con el valor eterno de las promesas divinas. Estos versículos inspiran confianza en que el esfuerzo en la obra del Señor no es en vano y que Sus bendiciones están reservadas para los fieles.
1. El conocimiento de Cristo sobre las debilidades humanas
Versículo 1: “He aquí, escuchad, oh élderes de mi iglesia, dice el Señor, vuestro Dios, sí, Jesucristo, vuestro intercesor, que conoce las flaquezas del hombre y sabe cómo socorrer a los que son tentados.”
Este versículo destaca el amor y la comprensión perfectos de Jesucristo hacia nosotros. Como nuestro intercesor, Él comprende nuestras debilidades y está siempre dispuesto a fortalecernos en nuestras pruebas. Su capacidad para socorrernos refleja Su papel como el Salvador y Redentor de la humanidad.
“He aquí, escuchad, oh élderes de mi iglesia,”
El llamado a “escuchar” implica una invitación a prestar atención con un corazón dispuesto y receptivo. Los élderes, como líderes y siervos del Señor, reciben instrucciones específicas para su obra. Esto refleja la relación cercana entre Dios y Sus siervos, a quienes Él guía directamente.
El presidente Russell M. Nelson enseñó: “El Señor habla a Sus siervos cuando están dispuestos a escuchar y actuar con fe.” (“Revelación para la iglesia, revelación para nuestra vida”, Conferencia General, abril de 2018).
Este pasaje nos recuerda la importancia de buscar y seguir la guía divina con atención y obediencia.
“Dice el Señor, vuestro Dios, sí, Jesucristo, vuestro intercesor,”
El Señor se identifica como Dios y Jesucristo, nuestro intercesor. Este título subraya Su papel en el plan de salvación, especialmente como mediador entre la humanidad y el Padre Celestial. A través de Su expiación, Él intercede a favor de nosotros, abogando por nuestras necesidades y ofreciendo Su gracia.
El élder Jeffrey R. Holland explicó: “Jesucristo es nuestro Abogado con el Padre. Su amor y sacrificio nos permiten acercarnos a Dios con confianza.” (“El don de la expiación”, Conferencia General, abril de 2007).
Este principio nos llena de esperanza al saber que Cristo está continuamente intercediendo por nosotros en nuestra jornada espiritual.
“Que conoce las flaquezas del hombre”
Cristo entiende plenamente nuestras debilidades y desafíos porque Él mismo descendió por debajo de todas las cosas (véase Alma 7:11-12). Su experiencia terrenal le permite comprender nuestras luchas y ofrecer ayuda personalizada y perfecta.
El presidente Henry B. Eyring declaró: “El Salvador entiende nuestras luchas porque las ha experimentado. Nos ama y nos da fortaleza para superar nuestras debilidades.” (“El Salvador está con nosotros”, Conferencia General, abril de 2015).
Este principio nos asegura que no estamos solos en nuestras pruebas; tenemos un Salvador que comprende nuestras necesidades y sabe cómo ayudarnos.
“Y sabe cómo socorrer a los que son tentados.”
Cristo no solo comprende nuestras tentaciones y pruebas, sino que también sabe exactamente cómo ayudarnos a superarlas. La palabra “socorrer” implica un auxilio inmediato y eficaz, lo cual muestra Su disposición constante para darnos apoyo.
El élder David A. Bednar enseñó: “La gracia habilitadora del Salvador nos fortalece para enfrentar y superar las tentaciones y pruebas de la vida.” (“En el poder del Señor”, Conferencia General, abril de 2014).
Este pasaje nos anima a buscar la ayuda de Cristo en nuestras luchas diarias, sabiendo que Él tiene el poder y la disposición para socorrernos.
Este versículo encapsula el papel central de Jesucristo en nuestras vidas como nuestro Dios, Salvador e intercesor. Su conocimiento perfecto de nuestras flaquezas, adquirido a través de Su experiencia terrenal y Su expiación, le permite brindarnos consuelo, fortaleza y salvación. Las enseñanzas modernas refuerzan que, al acudir a Él con fe, encontramos el auxilio necesario para superar nuestras tentaciones y desafíos. Este mensaje nos llena de esperanza y nos motiva a confiar en Su poder redentor y en Su amor infinito.
2. El valor de los testimonios y el perdón
Versículo 3: “Benditos sois, porque el testimonio que habéis dado se ha escrito en el cielo para que lo vean los ángeles; y ellos se regocijan a causa de vosotros, y vuestros pecados os son perdonados.”
Este pasaje muestra que cada testimonio dado tiene un impacto eterno, siendo registrado en el cielo y motivo de gozo para los ángeles. También destaca la misericordia del Señor al otorgar el perdón a quienes trabajan fielmente en Su obra. Es un recordatorio del poder transformador del testimonio y el arrepentimiento.
“Benditos sois, porque el testimonio que habéis dado”
El Señor declara que aquellos que testifican de Su evangelio son bendecidos. Dar testimonio no solo beneficia a quienes escuchan, sino que también fortalece al testificador y reafirma su compromiso con Cristo. Este acto demuestra fe y amor por el Salvador.
El presidente Dieter F. Uchtdorf enseñó: “Testificar de la verdad fortalece nuestra fe y nos conecta más profundamente con el Salvador.” (“El milagro del testimonio”, Conferencia General, octubre de 2006).
Testificar es una expresión de nuestra relación con Cristo, y a través de este acto, recibimos bendiciones espirituales y mayor convicción.
“Se ha escrito en el cielo para que lo vean los ángeles;”
Esta frase indica que cada testimonio dado en la tierra tiene un impacto eterno. Es registrado en los cielos como un acto de fe y obediencia. Los ángeles, como mensajeros y observadores celestiales, se regocijan al ver la fidelidad de los hijos de Dios.
El presidente Spencer W. Kimball dijo: “Nuestros actos de fe y testimonio son eternos y tienen un impacto que trasciende esta vida.” (“La eternidad del testimonio”, Conferencia General, abril de 1978).
Este principio nos anima a valorar cada oportunidad de testificar, sabiendo que nuestras palabras y esfuerzos tienen un propósito eterno.
“Y ellos se regocijan a causa de vosotros,”
Los ángeles y seres celestiales se alegran al ver la fidelidad y dedicación de los santos. Este regocijo refleja el amor universal de Dios y el interés que tiene el cielo en nuestro progreso espiritual. Cada acto de fe contribuye al propósito eterno del plan de salvación.
El presidente Russell M. Nelson declaró: “La obra del Señor en la tierra trae gozo a los cielos, donde los ángeles y nuestros seres queridos celebran nuestros esfuerzos fieles.” (“La obra de salvación y exaltación”, Conferencia General, abril de 2020).
Saber que el cielo se regocija por nuestros esfuerzos nos inspira a perseverar con fe y dedicación.
“Y vuestros pecados os son perdonados.”
El Señor promete el perdón a quienes dan testimonio de Él, mostrando Su misericordia y Su disposición para bendecir a Sus siervos fieles. Este perdón no solo es un alivio espiritual, sino también una manifestación de la gracia y la expiación de Jesucristo.
El presidente Boyd K. Packer explicó: “El arrepentimiento y el servicio fiel abren las puertas del perdón, asegurándonos la limpieza espiritual a través de Cristo.” (“El don del arrepentimiento”, Conferencia General, abril de 2010).
Esta declaración nos motiva a participar activamente en la obra del Señor, sabiendo que Él ofrece perdón y renovación a quienes le sirven con fe.
Este versículo subraya el poder y la importancia de testificar de Cristo. Cada testimonio tiene un impacto eterno, fortalece a quienes lo dan y es motivo de regocijo para los cielos. Además, la promesa del perdón divino resalta la misericordia del Salvador y Su deseo de bendecir a quienes se esfuerzan en Su obra. Las enseñanzas modernas reafirman que el testimonio no solo es una declaración verbal, sino una expresión de nuestra fe y devoción que deja un legado eterno, tanto en la tierra como en el cielo.
3. Congregarse y regocijarse juntos
Versículo 4: “Y ahora, continuad vuestro viaje. Congregaos en la tierra de Sion; y efectuad una reunión y regocijaos juntos, y ofreced un sacramento al Altísimo.”
Este versículo resalta la importancia de congregarse como santos para fortalecer los lazos de unidad, renovar los convenios y regocijarse en la fe. El sacramento al Altísimo es una invitación a recordar y honrar a Cristo mientras se celebran las bendiciones del evangelio.
“Y ahora, continuad vuestro viaje.”
El Señor insta a los élderes a seguir adelante con su misión, destacando la naturaleza continua de la obra del evangelio. Esto refleja que la labor en el reino de Dios no es estática, sino dinámica y requiere perseverancia y compromiso constante.
El élder Dieter F. Uchtdorf enseñó: “El discipulado es un viaje continuo, un compromiso diario de seguir al Salvador y avanzar en Su obra.” (“Ven, sígueme”, Conferencia General, octubre de 2017).
Este llamado nos recuerda la importancia de seguir avanzando con propósito en nuestra jornada espiritual, confiando en la guía del Señor.
“Congregaos en la tierra de Sion;”
El mandato de congregarse en Sion subraya la importancia de la unidad y la comunidad entre los santos. Sion representa no solo un lugar físico, sino también un estado espiritual de pureza y consagración. Este principio enfatiza la necesidad de reunirse para edificar mutuamente la fe y fortalecer el cuerpo de la Iglesia.
El presidente Gordon B. Hinckley dijo: “Sion es una causa de unidad, fe y sacrificio para el bien común de todos los santos.” (“La gloria de Sion”, Conferencia General, abril de 1994).
Este pasaje nos invita a construir Sion dondequiera que estemos, buscando la unidad y la fortaleza espiritual en nuestras congregaciones y comunidades.
“Y efectuad una reunión y regocijaos juntos,”
El Señor destaca la importancia de reunirse en comunidad para compartir gozo y fortalecer lazos espirituales. Estas reuniones ofrecen oportunidades para renovar la fe, aprender unos de otros y regocijarse en las bendiciones del evangelio.
El presidente Henry B. Eyring enseñó: “Cuando los santos se reúnen, el Espíritu Santo puede tocar corazones, unir almas y fortalecer la fe.” (“La unidad en la fe”, Conferencia General, octubre de 2008).
Este principio nos enseña que el gozo compartido en la comunidad de los santos es una bendición inherente al evangelio, y es fundamental para nuestra fortaleza espiritual.
“Y ofreced un sacramento al Altísimo.”
El mandato de ofrecer un sacramento al Señor resalta la importancia de recordar y renovar los convenios con Dios a través de la ordenanza del sacramento. Este acto es una expresión de adoración, gratitud y compromiso con el Salvador.
El presidente Russell M. Nelson explicó: “El sacramento nos permite recordar el sacrificio del Salvador y renovar nuestro compromiso de seguirlo.” (“La ordenanza del sacramento”, Conferencia General, abril de 2015).
Este pasaje subraya que el sacramento no solo es un momento de renovación espiritual, sino también una oportunidad para acercarnos más al Señor a través de un acto sagrado de adoración.
Este versículo enseña principios esenciales sobre el progreso espiritual, la unidad de los santos, el gozo en la comunidad de la fe y la importancia del sacramento. La invitación del Señor a continuar el viaje, reunirse y adorar juntos nos recuerda que nuestra jornada hacia Sion es tanto individual como colectiva. Las enseñanzas modernas de los profetas refuerzan que la verdadera fortaleza espiritual se encuentra en caminar juntos como discípulos de Cristo, renovando regularmente nuestros convenios y buscando el gozo en Su obra. Este mensaje nos inspira a avanzar con fe, unidad y gratitud.
4. Libertad para actuar según el juicio y el Espíritu
Versículo 8: “Queda en vosotros hacer estas cosas según vuestro juicio y las indicaciones del Espíritu.”
Este pasaje resalta la confianza del Señor en Su pueblo, permitiéndoles actuar con albedrío y discernimiento, guiados por el Espíritu. Refleja que el evangelio no solo proporciona mandamientos específicos, sino también principios que requieren sabiduría y fe para aplicarlos.
“Queda en vosotros hacer estas cosas”
El Señor otorga a los santos la responsabilidad de actuar y tomar decisiones, reconociendo su capacidad para usar el albedrío. Este principio refleja la confianza de Dios en Sus hijos para actuar con sabiduría y madurez espiritual, basados en los principios del evangelio.
El presidente Russell M. Nelson enseñó: “El Señor nos invita a ser agentes activos en Su obra, tomando decisiones guiadas por la fe y la rectitud.” (“El poder de la espiritualidad personal”, Conferencia General, abril de 2020).
Este principio resalta que nuestra responsabilidad como discípulos incluye actuar de manera proactiva y consciente en nuestras decisiones, en lugar de esperar ser guiados en cada paso.
“Según vuestro juicio”
El uso del juicio implica que debemos utilizar la sabiduría y el discernimiento en nuestras acciones. Esto requiere que aprendamos los principios del evangelio, desarrollemos sensibilidad espiritual y consideremos las circunstancias antes de actuar. El juicio correcto se alinea con los mandamientos de Dios y las enseñanzas de los profetas.
El élder Dallin H. Oaks declaró: “El juicio recto requiere no solo discernimiento, sino también una comprensión de los principios eternos.” (“La capacidad de juzgar rectamente”, Conferencia General, abril de 1999).
Esta frase subraya que nuestras acciones deben basarse en el estudio, la reflexión y la alineación con los principios del evangelio.
“Y las indicaciones del Espíritu.”
El Espíritu Santo es fundamental para guiarnos en nuestras decisiones. Nos ayuda a discernir entre el bien y el mal, confirmando las elecciones correctas y advirtiéndonos contra los errores. Este principio destaca la necesidad de vivir de tal manera que podamos recibir Su influencia constante.
El presidente Henry B. Eyring enseñó: “El Espíritu Santo puede guiar nuestras decisiones si buscamos Su influencia y actuamos con fe.” (“La inspiración del Espíritu Santo”, Conferencia General, abril de 2015).
Este principio refuerza que nuestras decisiones deben ser informadas no solo por nuestro juicio, sino también por la confirmación y dirección del Espíritu Santo.
Este versículo refleja el equilibrio entre el albedrío humano y la guía divina. Dios confía en que usaremos nuestro juicio en armonía con los principios del evangelio y las impresiones del Espíritu Santo para actuar correctamente. Las enseñanzas modernas enfatizan que esta combinación de responsabilidad personal y sensibilidad espiritual nos permite progresar, aprender de nuestras decisiones y crecer espiritualmente. Este mensaje nos inspira a vivir con fe, confianza y humildad, buscando siempre la guía del Señor en nuestras elecciones diarias.
5. La promesa del reino y la presencia del Señor
Versículo 9: “He aquí, el reino es vuestro; y estoy siempre con los fieles.”
Este versículo asegura a los fieles que el reino de Dios está a su alcance y que Su presencia constante es una bendición para quienes permanecen firmes en la fe. Es un recordatorio de las promesas eternas del Señor y Su disposición a caminar con aquellos que lo siguen.
“He aquí, el reino es vuestro;”
Esta declaración expresa la promesa del Señor de que Su reino está al alcance de quienes son fieles. No se refiere únicamente al reino celestial en el futuro, sino también a la posibilidad de disfrutar de las bendiciones del evangelio y del reino de Dios aquí en la tierra. Es una invitación a participar activamente en la edificación de Sión.
El presidente Russell M. Nelson dijo: “El reino de Dios crece y florece cuando Sus hijos fieles trabajan diligentemente para edificarlo, tanto en sus vidas como en sus comunidades.” (“La obra del recogimiento de Israel”, Conferencia General, octubre de 2018).
Este pasaje nos recuerda que el reino de Dios no es solo un destino, sino un estado de participación activa y bendición para quienes viven en rectitud.
“Y estoy siempre con los fieles.”
El Señor promete Su presencia constante a aquellos que permanecen fieles. Esto no implica necesariamente una presencia física, sino la guía y compañía del Espíritu Santo, que proporciona consuelo, dirección y fortaleza espiritual. La fidelidad se convierte en el requisito fundamental para mantener esta cercanía divina.
El presidente Thomas S. Monson declaró: “Dios nunca nos abandona. Su amor y guía están siempre disponibles para quienes le buscan con fe.” (“Nunca estamos solos”, Conferencia General, octubre de 2013).
Este principio refuerza que la fidelidad no solo nos conecta con Dios, sino que garantiza Su apoyo continuo en todas las circunstancias.
Este versículo destaca dos principios centrales del evangelio: el acceso al reino de Dios y la promesa de Su presencia para quienes son fieles. Las enseñanzas modernas enfatizan que la fidelidad es más que obediencia; es una relación activa con Dios que nos permite experimentar Su reino en la vida terrenal y alcanzar la exaltación en la vida venidera. Este mensaje nos motiva a vivir con rectitud y confianza, sabiendo que el Señor está con nosotros en cada paso del camino, guiándonos y fortaleciendo nuestra fe.
























