El Libro de Abraham

EL LIBRO DE ABRAHAM


¿Quién es Abraham y dónde vivió?

Adán y Eva y la Caída (aproximadamente 4000 a. de J. C.), Enoc (aproximadamente 3000 a. de J. C.), Noé y el Diluvio (aproximadamente 2400 a. de J. C.) y la torre de Babel (aproximadamente 2200 a. de J. C.) precedieron a la época de Abraham. Abraham, que nació alrededor del año 2000 a. de J. C., fue el padre de Isaac y el abuelo de Jacob, cuyo nombre fue cambiado a Israel. (Véase “Cronología”, en la Guía para el Estudio de las Escrituras, págs. 43–46.)

¿Cómo obtuvo la Iglesia el libro de Abraham?

El 3 de julio de 1835, un hombre llamado Michael Chandler llevó cuatro momias egipcias y varios rollos de papiros de antiguos escritos egipcios a Kirtland, Ohio, E.U.A. Antonio Lebolo había descubierto las momias y los papiros en Egipto varios años antes. Kirtland fue una de las muchas paradas que se harían en el este de los Estados Unidos para exhibir las momias de Chandler. Chandler ofrecía para la venta las momias y los rollos de papiros y, a solicitud del profeta José Smith, varios miembros de la Iglesia donaron dinero para comprarlos. En una declaración de fecha 5 de julio de 1835, José Smith explicó acerca de la importancia de esos antiguos escritos egipcios, al decir: “Di comienzo a la traducción de algunos de los caracteres o jeroglíficos y con gran alegría vimos que uno de esos rollos contenían los escritos de Abraham… En verdad podemos decir que el Señor ha comenzado a revelar una abundancia de paz y verdad” (History of the Church, tomo II, pág. 236).

¿Cómo tradujo el Profeta esos escritos antiguos?

El profeta José Smith nunca dijo qué método había empleado para traducir esos registros. Al igual que con todas las demás Escrituras, el testimonio de la veracidad de esos escritos es antes que nada una cuestión de fe. La evidencia más grande de la veracidad del libro de Abraham no se basa en un análisis de evidencias físicas ni de antecedentes históricos, sino en la consideración de su contenido y de su influencia por medio de la oración.

¿Por qué dijo el profeta José Smith que había traducido los escritos de Abraham aun cuando los manuscritos no eran de la época de Abraham?

En 1966, en el Museo de Arte Metropolitano de la ciudad de Nueva York, se descubrieron once fragmentos de papiros que una vez habían pertenecido a José Smith. Ellos le fueron entregados a la Iglesia y analizados por eruditos que determinaron la antigüedad de los escritos entre los años 100 a. de J. C. y 100 de la era cristiana. Una objeción común en cuanto a la autenticidad del libro de Abraham es que los manuscritos no son lo suficientemente antiguos para haber sido escritos por Abraham, que vivió casi dos mil años antes de Cristo. José Smith nunca dijo que los papiros eran autógrafos (escritos por Abraham mismo), ni que databan de la época de Abraham. Es común referirse a la obra de un autor como de “sus” escritos, ya sea que él mismo los haya escrito de su puño y letra, los haya dictado o que otras personas los hayan copiado más adelante.

¿Qué hizo el profeta José Smith con su traducción?

Originalmente, se publicaron unas cuantas partes a la vez del libro de Abraham en la publicación de la Iglesia Times and Seasons, comenzando en marzo de 1842, en Nauvoo, Illinois (véase la Introducción a la Perla de Gran Precio). El profeta José Smith indicó que publicaría partes adicionales del libro de Abraham más adelante, pero fue asesinado antes de poder hacerlo. Oliver Cowdery, al referirse a la cantidad de páginas que tendría la traducción terminada, dijo que ocuparía “tomos” (véase Messenger and Advocate, diciembre de 1835, pág. 236).

Además de los escritos en jeroglíficos, el manuscrito contenía también varios dibujos egipcios. El 23 de febrero de 1842, el profeta José Smith pidió a Reuben Hedlock, un tallador profesional en obras de arte de madera y además miembro de la Iglesia, que preparara grabados de los tres dibujos para que pudiesen ser impresos. Hedlock terminó las grabaciones en una semana y José Smith publicó las copias (de los facsímiles) junto con el libro de Abraham. Las explicaciones de José Smith de los dibujos acompañan los facsímiles.

¿Qué sucedió con las momias y los papiros?

Después de la muerte del profeta José Smith, las cuatro momias y los papiros pasaron a ser propiedad de la viuda Lucy Mack Smith, la madre de José. En 1856, a la muerte de Lucy, Emma Smith, la esposa del Profeta, vendió la colección al señor A. Combs. Existen varias teorías de lo que sucedió posteriormente con las momias y los papiros. Se cree que por lo menos dos de las momias se quemaron en el gran incendio de la ciudad de Chicago ocurrido en 1871 (véase B. H. Roberts, New Witnesses for God, 3 tomos, 1909–1911, tomo II, págs. 380–382).

Al comienzo de la primavera de 1966, el Dr. Asís S. Atiya, profesor de la Universidad de Utah, descubrió varios fragmentos de los papiros del libro de Abraham mientras hacía investigaciones en el Museo de Arte Metropolitano de la ciudad de Nueva York. El 27 de noviembre de 1967, el director del museo entregó a la Iglesia esos segmentos; sin embargo, se desconoce el paradero actual de las otras momias y de las otras partes de los papiros (véase H. Donl Peterson, “Some Joseph Smith Papyri Rediscovered, 1967” en Studies in Scripture, Tomo II, págs. 183–185).

¿Qué trascendencia tiene el libro de Abraham?

El libro de Abraham evidencia el llamamiento inspirado del profeta José Smith. Salió a la luz en una época en que el estudio del idioma y de la cultura de los egipcios de la antigüedad apenas comenzaba. Los eruditos de los años 1800 apenas habían comenzado a explorar el campo de la egiptología, pero aún así, José Smith, sin ninguna capacitación en idiomas antiguos ni conocimiento del antiguo Egipto (con excepción de su trabajo con el Libro de Mormón), comenzó su traducción de los antiguos manuscritos. Su conocimiento y su habilidad provinieron del poder y el don de Dios, junto con la determinación y la fe que él poseía.

El libro de Abraham revela verdades del Evangelio de Jesucristo que anteriormente eran desconocidas para los miembros de la Iglesia de la época de José Smith. Además, esta obra arroja una luz muy brillante sobre algunos pasajes difíciles de otros textos de Escrituras.