El Libro de Jarom

Tu estudio de — El Libro De Mormón
Primera Parte:
1 Nefi Hasta Palabras de Mormón
David J. Ridges Con Joaquín Fenollar

EL LIBRO DE JAROM

Tu estudio de — El Libro De Mormón
Primera Parte:
1 Nefi Hasta Palabras de Mormón


Al igual que sugerimos un apellido para Enós, “Enós Jacobson”, a Jarom lo podríamos llamar «Jarom Enosson” ya que es el hijo de Enós. Este profeta va a revisar y a recordarnos las enseñanzas de su padre y su abuelo.

 AHORA bien, he aquí, yo, Jarom, escribo unas pocas palabras de acuerdo con el mandato de mi padre, Enós, para que sea preservada nuestra genealogía.

2   Y como estas planchas son pequeñas, y ya que estas cosas se escriben con el propósito de beneficiar a nuestros hermanos los lamanitas, es preciso, pues, que escriba un poco; pero no escribiré lo de mis profecías ni de mis revelaciones. Pues, ¿qué más podría yo escribir de lo que mis padres han escrito? ¿Acaso no han revelado ellos el plan de salvación? Os digo que sí; y esto me basta (es suficiente para mi).

Al considerar lo que escribe Jarom, es evidente que se requiere todo esfuerzo posible de su parte y de los líderes justos para detener la ola de apostasía entre su gente, la cual se está volviendo más y más insensible a las cosas espirituales.

3   He aquí, conviene que se haga mucho entre este pueblo, a causa de la dureza de sus corazones, y la sordera de sus oídos, y la ceguedad de sus mentes, y la dureza de sus cervices; no obstante, Dios es misericordioso en sumo grado con ellos, y hasta ahora no los ha barrido de la superficie de la tierra.

Parece que su sociedad es muy similar a la de nuestros días. Los justos se están convirtiendo más y más justos, y aquellos que son descuidados y perezosos al vivir el evangelio están abrazando más y más las maneras del mundo.

 Y hay muchos entre nosotros que reciben muchas revelaciones, porque no todos son obstinados. Y todos los que no son de dura cerviz, y tienen fe, gozan de comunión con el Santo Espíritu, el cual se manifiesta a los hijos de los hombres según su fe.

5   Y ahora bien, he aquí, habían pasado ya doscientos años (desde que Lehi salió de Jerusalén), y el pueblo de Nefi se había hecho fuerte en el país. Se esforzaban por guardar la ley de Moisés y santificar el día de reposo ante el Señor. Y no profanaban ni tampoco blasfemaban; y las leyes del país eran sumamente estrictas, (Las leyes buenas ayudan a preservar a la gente buena).

 Y estaban esparcidos sobre gran parte de la superficie de la tierra, y los lamanitas también. Y éstos eran mucho más numerosos que los nefitas, y se deleitaban en el asesinato y bebían la sangre de animales (una violación directa de la ley del Antiguo Testamento; véase Génesis 9:4).

7   Y sucedió que muchas veces vinieron a la batalla contra nosotros, los nefitas. Pero nuestros reyes y dirigentes (líderes) eran grandes hombres en la fe del Señor; y enseñaron a la gente tas vías del Señor; por lo tanto, resistimos a los lamanitas y los lanzamos de nuestras tierras, y empezamos a fortificar nuestras ciudades, y los sitios de nuestra herencia, cualesquiera que fuesen.

A continuación, se nos enseña y recuerda que la prosperidad de una sociedad o una nación es el resultado inevitable de la rectitud personal entre sus ciudadanos.

8   Y nos multiplicamos en sumo grado, y nos extendimos sobre la superficie de la tierra, y llegamos a ser sumamente ricos en oro, y en plata y en cosas preciosas, y en finas obras de madera, en edificios, y en mecanismos, y también en hierro y cobre, y en bronce y acero, elaborando todo género de herramientas de varias clases para cultivar la tierra, y armas de guerra, sí, la flecha puntiaguda, y la aljaba, y el dardo, y la jabalina y todo preparativo para la guerra.

Una vez más, en los versículos 8 y 9 nos encontramos con la recomendación de que hay sabiduría en estar preparados para la guerra, incluso en los tiempos de paz.

9   Y estando así preparados para hacer frente a los lamanitas, éstos no prevalecieron contra nosotros, sino que se cumplió la palabra que el Señor habló a nuestros padres, diciendo: Según guardéis mis mandamientos, prosperaréis en la tierra.

10   Y aconteció que los profetas del Señor amonestaron al pueblo de Nefi, según la palabra de Dios, que si ellos no guardaban los mandamientos, sino que caían en transgresión, serían destruidos de sobre la faz de la tierra.

11   Por tanto, los profetas y los sacerdotes y los maestros trabajaron diligentemente, exhortando con toda longanimidad al pueblo a la diligencia, enseñando la ley de Moisés y el objeto para el cual fue dada, persuadiéndolos a mirar adelante hacia el Mesías y a creer en su venida como si ya se hubiese verificado (como si Él ya hubiese efectuado su ministerio terrenal). Y fue de esta manera como les enseñaron.

12   Y sucedió que por obrar así, evitaron que los del pueblo fuesen destruidos de sobre la faz de la tierra (esto es similar a lo que nuestros profetas están haciendo por nosotros); pues compungieron sus corazones con la palabra, exhortándolos sin cesar a que se arrepintieran.

13   Y aconteció que habían transcurrido doscientos treinta y ocho años en guerras y contiendas y disensiones, durante gran parte del tiempo.

14   Y yo, Jarom, no escribo más, porque las planchas son pequeñas. Pero he aquí, hermanos míos, podéis recurrir a las otras planchas de Nefi, pues he aquí, sobre ellas está grabada la historia de nuestras guerras, según los escritos de los reyes, o lo que ellos hicieron escribir.

15   Y entrego estas planchas en manos de mi hijo Omni, para que se lleven según los mandamientos de mis padres.

El Libro de Omni