Éxodo

Éxodo 25


Éxodo 25:2–7 — “Habla a los hijos de Israel, para que me traigan ofrenda”

Enseña doctrinalmente que Dios invita a Su pueblo a participar voluntariamente en la edificación de Su morada, transformando la obediencia en una ofrenda de amor. El mandato no exige una contribución forzada, sino una respuesta “de todo aquel cuyo corazón le moviere”, revelando que el Señor valora la disposición interna más que la cantidad externa. Doctrinalmente, las ofrendas —oro, plata, telas, aceite y piedras— representan dones diversos consagrados a un propósito santo, mostrando que Dios santifica lo ordinario cuando se entrega con fe. Al pedir materiales para el santuario, el Señor enseña que Su presencia entre el pueblo se construye con la cooperación de corazones dispuestos, y que dar es una forma de adoración que reconoce a Dios como fuente de todo bien. Así, este pasaje afirma que la vida del convenio no se limita a recibir mandamientos, sino que incluye consagrar recursos, talentos y voluntad para que Dios habite en medio de Su pueblo, enseñando que la verdadera ofrenda nace del corazón y se convierte en un medio por el cual el Señor mora con Sus hijos.

Los israelitas “despojaron” a los egipcios cuando salieron de Egipto, tomando “alhajas de plata, alhajas de oro y vestidos” (Éx. 3:22). Ahora, los hijos de Israel tenían abundancia para donar a la construcción del tabernáculo, ya fuese oro, plata o lino fino. ¿Cómo respondieron los israelitas a la petición de Moisés?

“El pueblo ofrecía tan voluntariamente para el servicio de la obra, que fue necesario impedirles que siguieran trayendo. Había material más que suficiente para hacer toda la obra” (Éx. 36:5–7). (Diccionario Bíblico: “Tabernáculo”)

Josefo: Los israelitas se regocijaron por lo que habían visto y oído… pues trajeron plata, oro y bronce, y maderas de las mejores clases, que no se corrompían con la putrefacción; pelo de camello y pieles de ovejas, algunas teñidas de azul y otras de escarlata; algunos trajeron flores para el color púrpura, y otros para el blanco, con lana teñida con dichas flores; también lino fino y piedras preciosas, que quienes usan ornamentos costosos engastan en engastes de oro; trajeron además gran cantidad de especias. Con estos materiales Moisés edificó el tabernáculo, el cual no difería en nada de un templo móvil y ambulante… Las mujeres también se esforzaron por cumplir su parte en la confección de las vestiduras de los sacerdotes y en otras cosas necesarias para esta obra, tanto para ornamento como para el servicio divino mismo. (Antigüedades de los judíos, libro III, 6:1)


Éxodo 25:8 — “Y harán un santuario para mí, y habitaré en medio de ellos”

Enseña doctrinalmente que el propósito central del convenio no es solo dar mandamientos, sino establecer la presencia permanente de Dios entre Su pueblo. El santuario no surge porque Dios necesite un lugar, sino porque el pueblo necesita un espacio sagrado donde aprender a acercarse a Él conforme a Su santidad. Doctrinalmente, esta declaración revela que Dios desea morar en medio de Sus hijos, no a distancia, y que Su presencia se manifiesta cuando el pueblo obedece, consagra y prepara un lugar conforme a Su voluntad. El santuario se convierte así en un punto de encuentro entre el cielo y la tierra, donde la ley se transforma en comunión y la obediencia en relación. Este versículo afirma que Dios no solo salva y dirige, sino que habita con Su pueblo, enseñando que la vida del convenio tiene como fin último la cercanía con Dios. Preparar un santuario es, por tanto, preparar el corazón y la comunidad para vivir continuamente conscientes de Su presencia, mostrando que el Dios del convenio anhela morar entre los Suyos y hacerlos un pueblo santo en cuya vida Él pueda habitar.

El tabernáculo que el Señor manda a Moisés construir es el primer templo registrado en las Escrituras. Eso, en sí mismo, es notable: no hay constancia de un templo dedicado a la adoración del Señor antes de los días de Moisés. Puesto que los hijos de Israel iban a vagar durante cuarenta años y vivir en tiendas, incluso la casa del Señor sería un templo portátil: la tienda más elaborada del mundo, una morada para el Dios de Abraham, Isaac y Jacob.

“El tabernáculo de Moisés y el templo de Salomón no fueron sino copias del auténtico templo de la montaña… Se convirtieron en pequeñas montañas hechas por el hombre, diseñadas para reemplazar al Sinaí como la morada de Yahvé. En el caso del tabernáculo, era una montaña móvil, por así decirlo, un lugar de habitación itinerante; y en el caso del templo de Jerusalén, también llegó a ser una residencia para Yahvé. En consecuencia, el Sinaí llegó a ser conocido como el ‘monte de Dios’; el tabernáculo fue llamado ‘la tienda de Dios’; y el templo de Jerusalén fue referido como ‘la casa de Dios’.” (John M. Lundquist y Stephen D. Ricks, eds., By Study and Also by Faith, 1:484)


Éxodo 25:10–22 — El Arca del Convenio

Enseña doctrinalmente que el corazón del santuario es la presencia misericordiosa de Dios fundada en el convenio. El arca, colocada en el lugar santísimo, guarda el testimonio del Señor y señala que la ley divina no es solo norma externa, sino palabra viva custodiada en el centro de la adoración. Doctrinalmente, el propiciatorio sobre el arca revela que la relación con Dios se sostiene por la misericordia que cubre la ley: allí, entre los querubines, Jehová promete encontrarse con Su pueblo y hablar con él. Esto enseña que la obediencia y la expiación no compiten, sino que se unen; la ley define el camino, y la misericordia hace posible permanecer en él. La orientación del arca hacia la comunión —Dios que “habla” desde el propiciatorio— afirma que el propósito del santuario no es ocultar a Dios, sino acercarlo conforme a Su santidad. Así, el arca proclama que el Dios del convenio reina con justicia y gracia, invitando a Su pueblo a vivir bajo Su palabra y a hallar acceso a Su presencia mediante la misericordia que Él mismo provee en el lugar donde el cielo se encuentra con la tierra.


Éxodo 25:16 — “Y pondrás dentro del arca el testimonio que yo te daré”

Enseña doctrinalmente que la presencia de Dios entre Su pueblo se sostiene sobre la revelación recibida y guardada con reverencia. Al mandar que el testimonio esté dentro del arca —el objeto más sagrado del santuario—, el Señor declara que Su palabra ocupa el centro de la adoración y del convenio. Doctrinalmente, esto afirma que la autoridad espiritual no nace de la iniciativa humana, sino de lo que Dios “da”; el testimonio es don revelado, no construcción cultural. Guardarlo en el arca enseña a proteger la palabra de Dios, a vivir alrededor de ella y a permitir que gobierne la vida comunitaria y personal. Así, el pasaje proclama que Dios habita con Su pueblo cuando Su palabra es atesorada en lo más sagrado, recordando que la comunión con Dios se edifica sobre la obediencia a la revelación y que el corazón del santuario —y del creyente— debe custodiar fielmente el testimonio divino.

El arca del convenio contenía las tablas de los Diez Mandamientos, una vasija con maná y la vara de Aarón que reverdeció (Heb. 9:4; Éx. 7:12). Fue colocada en el Lugar Santísimo, el sitio más sagrado del tabernáculo.


Éxodo 25:21–22 — “Pondrás el propiciatorio encima del arca… y allí me declararé a ti, y hablaré contigo”

Enseña doctrinalmente que la relación del pueblo con Dios se fundamenta en la palabra revelada colocada en el centro de la adoración. Al ordenar que el testimonio esté dentro del arca, el Señor declara que Su ley no es un adorno externo ni una referencia secundaria, sino el corazón mismo del convenio. Doctrinalmente, el “testimonio” representa la voluntad de Dios dada por revelación, y su ubicación enseña que la vida del pueblo debe organizarse alrededor de esa palabra santa. El arca no contenía la opinión humana acerca de Dios, sino lo que Dios mismo “da”, afirmando que la autoridad espiritual procede de la revelación y no de la tradición o conveniencia. Así, este versículo revela que la obediencia verdadera nace cuando la palabra de Dios es guardada, protegida y honrada en lo más sagrado, enseñando que el Dios del convenio habita con Su pueblo cuando Su testimonio ocupa el lugar central en la adoración, en la comunidad y en el corazón.

Bruce R. McConkie: Sobre el arca reposaba el propiciatorio, una cubierta de oro puro, que simbolizaba que, a causa de la expiación que aún habría de efectuarse, las almas arrepentidas hallarían misericordia ante el trono eterno. El propiciatorio, que servía como el trono de Dios, era un símbolo de Su perdón, de Su bondad y de Su gracia al proveer misericordia por medio de la Expiación. Una vez al año, en el Día de la Expiación, el sumo sacerdote entraba en el Lugar Santísimo, dando testimonio nuevamente al pueblo de que la misericordia podía ser suya mediante el gran sacrificio propiciatorio que habría de realizarse. Y los dos querubines —que cubrían el propiciatorio con sus alas— daban testimonio de que el arca misma era el trono de Dios establecido entre Su pueblo, y de que Jehová moraba verdaderamente en Su casa y estaba entre ellos. (El Mesías Mortal, 1:101)


Éxodo 25:23–30 — La Mesa de los Panes de la Proposición

Enseña doctrinalmente que Dios provee sustento continuo a Su pueblo y que esa provisión se vive en una relación de presencia constante delante de Él. Los panes colocados “continuamente” sobre la mesa no representan solo alimento físico, sino la dependencia diaria del Señor y la gratitud permanente por Su cuidado. Doctrinalmente, la mesa —ubicada en el lugar santo— señala que la provisión divina está integrada a la adoración: comer y adorar no se separan, porque Dios bendice lo ordinario cuando se ofrece con reverencia. El pan, dispuesto delante de Jehová, afirma que la vida del convenio se sostiene por lo que Dios da y se ordena por la comunión con Él. Así, este mobiliario sagrado enseña que el Señor desea un pueblo nutrido espiritual y temporalmente, que reconoce Su mano en el sustento cotidiano y vive “delante de Él” con fidelidad constante, recordando que toda provisión verdadera procede de Su presencia.

Sobre la mesa de los panes de la proposición se colocaban doce panes y el incienso, símbolos del Mesías venidero, el Pan de Vida (Juan 6:48).

“Los panes debían permanecer sobre la mesa durante una semana y luego ser reemplazados por otros nuevos en el día de reposo, de modo que siempre hubiese panes frescos sobre la mesa, y los que comenzaban a ponerse duros eran retirados. El texto bíblico indica que los sacerdotes judíos tenían derecho a comer los panes retirados, siempre que lo hicieran en un lugar santo, pues el pan era considerado sagrado. El relato de la estancia de David en Nob menciona que Ahimelec (el sacerdote) le dio a David el pan santo a petición suya (1 Sam. 21:4–6).” (Wikipedia: Showbread)


Éxodo 25:31–40 — El Candelero

Enseña doctrinalmente que la presencia de Dios ilumina continuamente el camino de Su pueblo dentro del santuario. Forjado de una sola pieza de oro puro, el candelero proclama unidad, pureza y propósito indiviso: la luz no es fragmentada ni prestada, sino procedente de una fuente santa preparada conforme al diseño divino. Doctrinalmente, su luz constante en el lugar santo afirma que la vida del convenio no puede sostenerse en tinieblas; Dios provee iluminación para ministrar, comprender y caminar delante de Él. Las formas de almendro —símbolo de vida y vigilancia— enseñan que la luz divina está viva y atenta, despertando fe y discernimiento. Así, el candelero revela que la comunión con Dios requiere luz sostenida por aceite consagrado, es decir, por una vida dedicada y ordenada según Su voluntad. Este pasaje afirma que el Señor no solo habita entre Su pueblo, sino que alumbra su adoración y servicio, enseñando que toda obra santa se realiza bajo la luz que Dios mismo provee y mantiene.

Las tres divisiones del tabernáculo de Moisés representan los tres grados de gloria. La tienda interior del tabernáculo, fuera del velo que separaba el Lugar Santísimo, se llamaba el Lugar Santo. Allí se encontraban el candelero, la mesa de los panes de la proposición y el altar del incienso. El sacerdote reponía el aceite y encendía nuevamente los candeleros cada día.

Para una historia del candelero —llamado menorá por los judíos— véase:
http://bibeltemplet.net/Menorah.html

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