18
Los Tiempos de los Gentiles
Objeto: Entender los diferentes significados del término “gentil”; el cumplimiento de la profecía que predice la manera de enseñar el evangelio a los judíos y gentiles; y ver, por un estudio de las señales de los tiempos que “e l tiempo de los gentiles está rápidamente llegando a su fin.
Definición de la palabra “Gentil”
El apelativo “gentil” se uso primeramente para designar a los descendientes de Jafet, hijo de Noé. Los nombres de los hijos de Jafet se dan en el capítulo diez del Génesis, y leemos; “Por éstos fueron repartidos las islas de las gentes en sus tierras, cada cual según su lengua, conforme a sus familias en sus naciones.” Entre los israelitas el nombre se aplicó a uno que no era de la raza hebraica, y más tarde esta interpretación se concretó a designar las naciones que no eran de la descendencia de Abrahán. El diccionario inglés da las siguientes definiciones:
Gentil: (l) Entre los judíos, una persona que no es de la raza o fe judaica; uno que no es judío. (2) Entre los cristianos, uno que no es ni judío ni cristiano; un pagano, idólatra. (3) Entre los mormones, uno que no es mormón,
En ésta última definición los editores se han equivocado con relación a la interpretación que los “mormones” dan a esta palabra. Según la creencia de los Santos de los Ultimos Días, hay muchos pueblos que no se consideran como gentiles; los judíos, por ejemplo, no obstante el chiste popular que sólo entre los mormones un judío es un gentil.
Los judíos constituyen sólo una parte de la casa de Israel y los miembros de otras tribus no son gentiles. Los Santos de los Ultimos Días creen que los indios americanos son descendientes de José, hijo de Jacob (Israel), y por tanto no son gentiles, y el mismo concepto se tiene en cuanto a los polinesios de Hawaii, Samoa, Nueva Zelandia y otras islas del Pacífico. Los descendientes de Ismael, hijo de Abrahán, no son gentiles.
Los Santos de los Ultimos Días nombran gentiles a los que no son de la sangre de Abrahán, sea que pertenezcan a naciones cristianas o paganas, pero no se usa esta expresión en sentido ofensivo. Simplemente quiere decir que un gentil no es de la sangre de Abrahán.
Cuando el profeta Moroni escribió de la venida de los anales de su pueblo, dijo que el compendio fue “sellado, y escondido para los propósitos del Señor a fin de que fuese interpretado por el don de Dios” Aun cuando el Libro de Mormón declara que el hombre que lo sacaría a luz habría de ser un descendiente de José, hijo de Jacob, sin embargo, iba a venir de entre los gentiles, y esto concuerda con la creencia de los Santos de los Ultimos Días.
La sangre de Israel ha leudado las naciones
Previamente indique que el convenio que el Señor hizo con Abrahán, Isaac y Jacob, en el cual se dijo que por medio de ellos todas las naciones de la tierra serían bendecidas, se cumplió en gran parte con la dispersión de Israel entre las naciones; y así la sangre de Israel ha leudado las naciones, de modo que han llegado a ser la descendencia de Abrahán.
Estos israelitas que se mezclaron entre las naciones gentiles quedaron incorporados en las mismas y se ha perdido su identidad como descendientes de Abrahán, salvo cuando la identidad se manifiesta por revelación.
Las promesas del Señor a Abrahán, son de mucha trascendencia como bendiciones a su posteridad, en el Libro de Abrahán, en la Perla de Gran Precio, se definen con mayor claridad estas promesas que en las varias traducciones de la Biblia, aunque en realidad son las mismas. El Señor dijo a Abrahán:
“Y haré de ti una nación grande, y te bendeciré sobremanera, y engrandeceré tu nombre entre todas las naciones, y serás una bendición a tu posteridad después de ti, para que en sus manos lleven este ministerio y sacerdocio a todas las naciones;
“Y las bendeciré mediante tu nombre pues cuantos reciban este evangelio llevarán tu nombre, y serán contados entre tu posteridad, y se levantarán y te bendecirán como su padre.” (Abrahán 2:9-10)
Aunque las tribus de Israel fueron especialmente favorecidas, sin embargo, el Señor, misericordioso y justo para con todos los otros pueblos de la tierra, dispuso los medios para incluir a las naciones de los gentiles dentro de la esfera de estas bendiciones dadas a Abrahán, cuando dispersó a sus hijos, mezclando así su sangre entre los gentiles y concediendo a éstos los privilegios del sagrado convenio que se confirió sobre Israel, con la condición, por supuesto, de que fueran dignos. Además, el Señor proveyó, en la bendición dada a Abrahán, que los gentiles puros sin mezcla que no tuviesen nada de la sangre de Abrahán en sus venas, pudiesen participar de las bendiciones de Abrahán por medio de la obediencia y por el principio de adopción.
Los israelitas llegan a ser exclusivos
Cuando los israelitas salieron de Egipto no tenían la intención de ser exclusivistas. El Señor, mediante Moisés, tuvo que amonestarlos y darles leyes bastante severas para impedir que se mezclara con otras naciones. La generació que salió de Egipto, todos los que eran mayores de veinte años, perecieron en el desierto por motivo de su rebelión y para que no contaminasen a sus hijos con el espíritu de rebelión.
Se mandó a Israel que no participara de las costumbres de las naciones que los rodeaban ni se mezclaran con ellas. No obstante estas leyes severas, los israelitas constantemente estuvieron violando esta, ley hasta el tiempo del cautiverio. Cuando los judíos volvieron de Babilonia, parece que habían aprendido su lección.
Habían perdido su amor por la idolatría y habían llegado a ser mucho más exclusivos de lo que el Señor les requería. En los días de nuestro Señor, no tenían relaciones con sus vecinos, sino los que por obligación se veían constreñidos a sostener y su actitud hacia los romanos era la de un pueblo conquistado hacia sus conquistadores.
Habían desarrollado un exclusivismo extremado y se sentían superiores a cualquiera otra raza. Se gloriaban en su descendencia de Abrahán, y se jactaban de su observancia de las leyes de Moisés. Los discípulos de nuestro Señor quizá se sintieron animados a conservar esta actitud, porque cuando el Señor los mandó a su primera misión, les dijo:
A estos doce envió Jesús, a los cuales dio mandamiento, diciendo: Por camino de gentiles no vayáis, y en ciudad de samaritanos no entréis; sino id antes a las ovejas perdidas de la casa de Israel. Y yendo, predicad, diciendo: El reino de los cielos se ha acercado. (Mt.10:5-7)
El Salvador mismo, declaró en algunas ocasiones que se le había mandado ir sólo a las ovejas perdidas de la casa de Israel. Sus enseñanzas se limitaron casi enteramente al ministerio entre los judíos, aunque tenemos la notable excepción de su conversación con la mujer de Samaria junto al pozo, pero esta fue más bien incidental.
Su lenguaje hacia la mujer de Canaán nos parece austero, cuando dijo; “No es bien tomar el pan de los hijos, y echarlo a los perrillos”, pero conmovido por la gran fe que manifestó ella en su respuesta, le tuvo compasión, y accedió a su petición. La razón por la cual nuestro Salvador no llevó su mensaje a otros pueblos aparte de los judíos se debe al hecho de que aún no llegaba el tiempo de los gentiles, cuando habían de participar del evangelio. Después de su resurrección comisionó a sus discípulos y les dijo:
“Id, por todo el mundo; predicad el evangelio a toda criatura. El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado.” (Mr.16:15- 16)
Los tiempos de los gentiles
El tiempo en que las naciones gentiles tendrían la oportunidad de oír el evangelio iba a llegar después que el evangelio fuese llevado a las “ovejas perdidas de la casa de Israel”, a las cuales se había dispuesto que se predicase primero. Los apóstoles no entendieron muy bien, al principiar su ministerio, que el mensaje de salvación no era un privilegio exclusivo de los judíos.
San Pedro tuvo que aprender su lección por medio de la visión que el Señor le mostró del lienzo lleno de animales inmundos que bajo del cielo y le indicó que matara y comiera, en la época en que Cornelio, el gentil, quería ser miembro de la Iglesia. Cuando Pedro llegó a Joppe, todavía con alguna duda, se disculpó con Cornelio y dijo:
“Y les dijo: Vosotros sabéis que está prohibido para un varón judío juntarse con un extranjero o acercarse a él, pero Dios me ha mostrado que a ningún hombre llame común o inmundo; por lo cual, al ser llamado, he venido sin poner ninguna objeción. Así que pregunto: ¿Por qué causa me habéis hecho venir?” (Hch.10:28- 29)
Después de escuchar a Ccrnelio, y tras otra manifestación del poder del Señor, Pedro dijo;
“Entonces Pedro, abriendo la boca, dijo: En verdad comprendo que Dios no hace acepción de personas, sino que en toda nación se agrada del que le teme y hace lo justo” (Hch.10:34-35)
Los profetas antiguos sabían por revelación que vendría el tiempo cuando el evangelio sería llevado a los gentiles, pero también entendieron que no vendría ese día sino hasta después que Cristo fuese glorificado, y entonces iría la palabra a los gentiles de los judíos, Isaías dijo:
“Y vendrá el Redentor a Sión, y a los que se volvieren de la iniquidad en Jacob, dice Jehová. “Y este será mi pacto con ellos, dijo Jehová:
El espíritu mío que está sobre tí, y mis palabras que puse en tu boca, no faltarán de tu boca, ni de la boca de tu simiente, dijo Jehová, desde ahora y para siempre.” (Is. 59:20-21)
“Levántate y resplandece que ha venido tu lumbre, y la gloria de Jehová ha nacido de ti. “Porque he aquí que tinieblas cubrirán la tierra, y obscuridad los pueblos: mas sobre ti nacerá Jehová, y sobre ti será vista su gloria.
“Y andarán las gentes (gentiles) a tu luz, y los reyes al resplandor de tu nacimiento.” (Is. 60:1-3)
Y de nuevo profetizó: Y dijo: Poco es que tú seas mi siervo para levantar las tribus de Jacob y para restaurar a los preservados de Israel; también te daré como luz a las naciones, para que seas mi salvación hasta el extremo de la tierra. (Is.49:6)
Los primeros serán los últimos
Todo esto debía acontecer después que el Redentor viniese a Sion y entonces esta luz brotaría entre los gentiles. Una de las expresiones significantes que nuestro Salvador repitió frecuentemente fué.
“Así, los primeros serán postreros y los postreros, primeros; porque muchos son los llamados, pero pocos los escogidos.” (Mat.20:16)
Esto se refería a la proclamación del evangelio. En la dispensación del Meridiano de los Tiempos, el evangelio se llevó primeramente a los judíos. Se les dio toda oportunidad para recibirlo, y la predicación se llevo exclusivamente entre ellos. Cuando rechazaron el mensaje y echaron fuera a los siervos del Señor de entre ellos, entonces estos siervos se volvieron a los gentiles.
Se les ofreció primeramente a los judíos, y después a los gentiles en la primera dispensación. Leemos que cuando Pablo y Bernabé estaban predicando en la ciudad de Antioquía, los judíos rechazaron sus palabras, pero los gentiles rogaron que pudiesen escuchar otra vez a aquellos hombres el siguiente sábado. En la segunda ocasión Pablo y Bernabé hablaron osadamente cuando su testimonio fue rechazado por los judíos, y dijeron:
“A vosotros a la verdad era menester que se os hablase la palabra de Dios; mas pues que la desecháis, y os juzgáis indignos de la vida eterna, he aquí, nos volvemos a los Gentiles.” (Hech.13:46)
Algo similar ocurrió en Corinto. Allí Pablo y Silas trataban de presentar el evangelio a los judíos, los cuales se irritaron y se opusieron a la obra. Entonces Pablo sacudiendo sus vestidos les dijo:
“Vuestra sangre sea sobre vuestra cabeza; yo, limpio, desde ahora me iré a los Gentiles.” (Hech. 18:6)
La manera de enseñar el evangelio
En esa manera se enseñó el evangelio en la dispensación anterior. Se ofreció primeramente a los judíos y después que lo rechazaron fue llevado a los gentiles, y entre ellos se organizaron ramas de la Iglesia. En la dispensación en que vivimos, la segunda parte de esta profecía de nuestro Señor está cumpliéndose.
Cuando se restauró el evangelio por medio de José Smith, vino primeramente a los gentiles, y durante estos últimos ciento veinte años se ha proclamado entre las naciones gentiles, no se ha llevado sino muy limitadamente a los judíos, y sólo pocos lo han aceptado. Hablando a los santos en Roma, Pablo dijo que “el endurecimiento en parte ha acontecido en Israel, hasta que haya entrado la plenitud de los Gentiles.” (Rom. 11:25)
En la dispensación anterior los gentiles recibieron el evangelio de los judíos. En la dispensación del cumplimiento de los tiempos el evangelio se restauró a los gentiles y a ellos se ha predicado primero, y por último será llevado a los judíos; de modo que los primeros son ahora los últimos, y los últimos son ahora los primeros.
El tiempo de los gentiles les empezó cuando Pablo y los otros discípulos les llevaron el evangelio, y ha continuado hasta el día de hoy, pero el tiempo de los gentiles está llegando a su fin y dentro de poco el mensaje será llevado a los judíos por sus hermanos, que habían salido de las naciones gentiles. En una revelación a la Iglesia dada en marzo de 1831, el Señor dijo:
“Y cuando viniere el tiempo de los gentiles, Resplandecerá una luz entre los que se encuentran en las tinieblas, y será la plenitud de mi evangelio;”Mas no lo reciben, porque no perciben la luz, y vuelven sus corazones en mi contra a causa de los preceptos de los hombres.
“Y en esa generación será cumplido el tiempo de los gentiles.” (DyC 45:28-30)
El tiempo de los gentiles está llegando a su fin
Podemos ver que el tiempo de los gentiles está llegando rápidamente a su fin por observar las señales de los tiempos. Se vio una de las primeras indicaciones cuando se entregó Palestina a la Gran Bretaña y se fundó un estado judío. Otra señal es el hecho de que los judíos empiezan a creer en Cristo.
No han llegado al punto de recibirlo como su Redentor, ni lo harán, sino en casos aislados, hasta que Cristo venga como su Libertador. Durante estos cíen años, sin embargo, se ha efectuado un cambio maravilloso en la creencia y actitud de nuestros hermanos judíos en cuanto a Jesucristo.
Hace cien años, no podían decir una palabra buena acerca de él, pero ahora muchos de sus hombres de influencia lo aceptan como uno de sus profetas. Una cosa notable acerca de esto es que Nefi profetizó y dijo:
“Y acontecerá que los judíos que estuvieran dispersos empezarán también a creer en Cristo; y comenzarán a congregarse sobre la faz del país, y cuantos crean en Cristo también llegarán a ser una gente deleitable.” (2N.30:7)
Es parte del gran plan
Es parte del gran plan que los judíos sean congregados en su incredulidad y entonces nuestro Señor les aparecerá como lo anunció el profeta Zacarías. Entonces y sólo entonces serán convertidos cabalmente. Sin embargo, hay una grande obra que llevara cabo entre los restos dispersos de Israel, y el Señor ha dicho:
“Y entonces el poder del cielo descenderá entre ellos, y también yo estaré en medio.
“Y en ese día empezara la obra del Padre, sí, cuando sea predicado este evangelio al resto de este pueblo. De cierto os digo que en ese día empezará la
obra del Padre entre todos los dispersos de mí pueblo, sí, entre las tribus perdidas que el Padre ha sacado de Jerusalén.” (3N. 21:25-26)
























