Nuestra Responsabilidad de Contribuir a una Vida Mejor

Conferencia General Octubre 1967

Nuestra Responsabilidad de Contribuir a una Vida Mejor

por el Presidente David O. McKay
(Leído por su hijo, Robert R. McKay)


Al llegar al final de esta gran conferencia, doy testimonio de que nuestras expectativas, esperanzas y oraciones para que fuera edificante e inspiradora se han cumplido. Que el verdadero espíritu de Cristo, nuestro Redentor —cuya realidad y guía sé que son verdaderas— penetre en el corazón de cada uno y en todos nuestros hogares.

El Evangelio es Nuestro Ancla
Sabemos lo que representa. Si lo vivimos, lo sentimos y damos testimonio al mundo a través de nuestra forma de vivir, contribuiremos a su crecimiento y fortalecimiento. Hablemos bien del evangelio, del sacerdocio y de las Autoridades; que los principios del evangelio se reflejen en nuestras vidas.

Contribuir a una Vida Mejor
No podemos irnos de esta conferencia sin asumir la responsabilidad de contribuir a una vida mejor a nuestro alrededor. Como individuos, debemos cultivar pensamientos más nobles y no albergar pensamientos viles ni aspiraciones bajas, pues estos se proyectan en nuestras acciones y palabras. Si cultivamos pensamientos elevados y valoramos aspiraciones nobles, esa irradiación se manifestará en nuestras relaciones y encuentros con los demás.

El evangelio encuentra su máxima expresión en el individuo. Se expresa en el hogar, como hemos escuchado en esta conferencia. Nuestros hogares reflejan lo que somos, y ese reflejo proviene de lo que decimos y de cómo actuamos en el hogar. Ningún miembro de esta Iglesia —sea esposo, padre o hijo— tiene el derecho de maldecir en su hogar o de expresar palabras de enojo hacia su esposa, hijos o padres. Contribuimos a un hogar ideal al formar nuestro carácter, al controlar nuestras pasiones y temperamento y al cuidar nuestras palabras, ya que estos elementos determinan el ambiente de nuestros hogares y lo que proyectamos en el vecindario. La ira, el odio y los celos son herramientas de destrucción.

Irradiación de Influencia Divina
El Salvador nos dio el ejemplo: siempre calmado, siempre controlado, irradiando algo que las personas podían sentir al pasar. ¿Recuerdan a la mujer que tocó su manto? El Salvador sintió que algo salía de él, una irradiación divina (Lucas 8:43-48).

Cada alma tiene esa irradiación divina. El cuerpo es solo la casa en la que habitamos. Que Dios nos ayude a irradiar fortaleza, control, amor, caridad (otro nombre para el amor), consideración y buenos deseos hacia todos. Debemos esforzarnos por crear paz y armonía, sin importar las dificultades que enfrentemos.

Al salir de esta conferencia, asumimos una mayor responsabilidad que nunca —como hombres del sacerdocio, como mujeres de la Iglesia y como jóvenes que son los líderes del mañana— de hacer que nuestros hogares irradien hacia nuestros vecinos armonía, amor, compromiso con la comunidad y lealtad.

«Que Todo Hombre Aprenda su Deber»
¿Cuál es la responsabilidad de cada miembro de la Iglesia? En la sección 107 de Doctrina y Convenios se enumeran los deberes de las diversas organizaciones del sacerdocio. En el versículo 99, leemos:

«Por tanto, que todo hombre aprenda su deber y obre en el oficio al cual fuere nombrado, con toda diligencia» (D. y C. 107:99).

Dos principios fundamentales se destacan en esta exhortación: primero, aprender —saber cuál es nuestro deber— y segundo, actuar con diligencia en el cumplimiento de ese deber.

Conocer nuestro deber y buscar la verdad es responsabilidad de cada miembro de la Iglesia y, en realidad, de cada persona en el mundo. Creo que la humanidad está siendo impulsada y elevada por el Espíritu que los inspira a buscar la verdad. Este es un deber inherente a la humanidad y recae con mayor intensidad sobre los miembros de la Iglesia.

No hay una gran acción que nos garantice la vida eterna; en cambio, la gran lección que debemos aprender en el mundo de hoy es aplicar los gloriosos principios del evangelio en los pequeños actos y deberes de la vida. No debemos pensar que las cosas que hemos escuchado en esta conferencia son pequeñas y triviales. La vida, después de todo, está compuesta de pequeñas acciones. Nuestro cuerpo físico depende de pequeños latidos del corazón; si ese pequeño corazón dejara de latir, la vida en este mundo cesaría.

El gran sol es una fuerza poderosa en el universo, pero recibimos sus bendiciones en pequeños haces de luz que, juntos, llenan el mundo entero de claridad y calor.

La noche oscura se ilumina con lo que parecen ser pequeñas estrellas; así, una vida cristiana verdadera se compone de pequeños actos semejantes a Cristo, realizados en el momento presente, ya sea en el hogar, en el quórum del sacerdocio, en la organización, en la comunidad o dondequiera que se desarrolle nuestra vida.

El Evangelio Está Establecido entre los Hombres
Que Dios nos ayude a nosotros y al mundo entero a comprender que el evangelio de Jesucristo está establecido entre los hombres y que, a través de la obediencia a él, la paternidad de Dios y la fraternidad de los hombres pueden ser realidades para cada madre, padre, hijo e hija. Que Dios apresure el día en que este testimonio sea una realidad en cada corazón.

Durante esta conferencia, han escuchado testimonios de hombres que, con lágrimas en los ojos —si estuvieran cerca podrían verlo— y labios temblorosos de emoción, han testificado de su certeza de que Dios vive, que Jesús es el Cristo, y que el Padre y el Hijo se aparecieron al Profeta José Smith, instruyéndole sobre la organización de la Iglesia de Cristo. Pedro, Santiago y Juan, quienes poseían la autoridad de Cristo mismo, otorgaron esa autoridad en esta dispensación, y el Sacerdocio de Melquisedec fue conferido al Profeta José y a Oliver Cowdery. Además, Juan el Bautista, quien bautizó a Jesucristo, otorgó el Sacerdocio Aarónico.

Mi Testimonio
Ustedes conocen a estos hombres que han dado sus testimonios durante esta conferencia. Les doy mi testimonio de que Dios vive, que está cerca de nosotros, que su Espíritu es real y su voz es verdadera; que Jesucristo, su Hijo, está a la cabeza de esta gran obra; y que, sin importar cuánto la filosofía atea influya en jóvenes y adultos cegados por la voz de Satanás, la verdad permanece tal como fue declarada por el Padre y el Hijo a aquel joven profeta. Nosotros, los miembros de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, tenemos la responsabilidad de declarar esa verdad al mundo, un mundo lleno de hombres y mujeres honestos que esperan escucharla. No los juzguemos. Juzguemos, en cambio, a aquellos que buscan cegarlos con sofismas y razonamientos falsos. Algunos de nuestros jóvenes están también cegados, pero como líderes de la Iglesia, es nuestro deber guiarlos lejos de las influencias del mundo.

El Mundo y la Pureza del Corazón
¿Qué entendemos por «el mundo»? A veces, es un término indefinido. Entiendo que el mundo se refiere a quienes viven alejados de los santos de Dios y son ajenos a la Iglesia; es precisamente el espíritu de esa alienación del que debemos mantenernos libres. Pablo nos aconseja que no nos conformemos a las costumbres del mundo (1 Corintios 7:31). Timoteo fue advertido de evitar estos males y de «huir también de las pasiones juveniles, y seguir la justicia, la fe, la caridad y la paz, con los que de corazón puro invocan al Señor» (2 Timoteo 2:22).

La pureza de corazón es fundamental. Sión es «los de corazón puro» (D. y C. 97:21), y la fortaleza de esta Iglesia reside en la pureza de los pensamientos y de las vidas de sus miembros. Es entonces cuando el testimonio de Jesús habita en el alma, dándole fortaleza a cada persona para resistir los males del mundo.

La Responsabilidad de Responder a las Tentaciones
¿Dónde y cuándo surgen las tentaciones? Aparecen en nuestras reuniones sociales, en bodas, en actividades políticas, en relaciones de negocios, en el campo o en el comercio. En cada aspecto de la vida encontramos estas influencias insidiosas, y es en esos momentos cuando la defensa de la verdad debería activarse en la conciencia de cada uno de nosotros. Tal vez nunca haya una mayor oportunidad de defender esta Iglesia.

Cuando esa voz apacible susurra el cumplimiento de un deber, por insignificante que parezca, y su cumplimiento solo es conocido por uno mismo y por Dios, quien obedece a ella gana fortaleza espiritual. La tentación también se presenta de manera callada, y aunque ceder a ella pudiera ser desconocido para todos, excepto para Dios, al hacerlo debilitamos nuestra capacidad de resistir el mal y nos manchamos con las influencias del mundo.

Advertencia Sobre las Influencias Ocultas del Mal
Son las influencias ocultas en la sociedad las que están socavando los valores de hoy. Son estas fuerzas invisibles provenientes del mundo las que nos superan cuando estamos menos preparados para defendernos. Al no resistir estas influencias malignas, debilitamos nuestra capacidad de defender la Iglesia de Jesucristo. Esta es una obra individual, y lo que los individuos son, es lo que el conjunto será.

Bendiciones Divinas por la Rectitud
Que Dios los bendiga, queridos compañeros de trabajo. Que bendiga sus hogares. Demuestren su fe a través de sus actos en el hogar. Esposos, sean fieles a sus esposas, no solo en sus actos, sino también en sus pensamientos; esposas, sean fieles a sus esposos. Hijos, sean leales a sus padres; no piensen que son anticuados en sus creencias ni que ustedes saben más que ellos. Hijas, sigan el ejemplo y las enseñanzas de esa dulce madre. Hijos, manténganse fieles a sus padres, quienes desean para ustedes felicidad y éxito, los cuales solo se alcanzan al vivir los principios del evangelio. Los extraños, al ver tales hogares, dirán: «Bueno, si ese es el resultado del mormonismo, creo que es bueno.» Ustedes demostrarán a través de su fe y sus actos en la vida diaria quiénes son realmente.

Servir con Amor a la Humanidad
A ningún otro grupo en el mundo se le ha dado una mayor oportunidad de servir a la humanidad que a los élderes de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días. Dedicando sus vidas y sus talentos para establecer la salvación y la paz, se esfuerzan por hacer del mundo un lugar mejor, más seguro y adecuado para el hombre.

El Amor como Principio Sublime
El mundo animal está lleno de egoísmo, cada ser busca su propia vida y perpetuación. Pero Cristo vivió para amar. «… amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente… y… a tu prójimo como a ti mismo» (Mateo 22:37,39).

Dios bendiga a los élderes y hermanas que, aunque no con amor perfecto, con el deseo sincero de llevar alegría y paz a los demás, se dedican al más noble de los llamados. ¡Son verdaderos siervos de Cristo, nuestros maestros, seguidores del verdadero Redentor! No hay nada más grandioso que esta obra noble. Ustedes recibirán el gozo prometido por el Salvador, quien dijo:

«Y si se diera el caso de que trabajaseis todos vuestros días proclamando el arrepentimiento a este pueblo y me trajeseis, aunque solo fuera, una sola alma, ¡cuán grande será vuestro gozo con ella en el reino de mi Padre! Y ahora, si vuestro gozo será grande con un alma que me hayáis traído al reino de mi Padre, ¡cuán grande será vuestro gozo si me trajeseis muchas almas!» (D. y C. 18:15-16).

Bendición de Honrar la Autoridad Divina
Dios bendiga a ustedes, hombres del sacerdocio. Que lo sostengan con dignidad y rectitud desde el interior, no desde el exterior. Tener el sacerdocio por autoridad divina es uno de los mayores dones que un hombre puede recibir. Bendecido es quien siente la responsabilidad de representar a la Deidad, al punto de ser consciente de sus acciones y palabras en toda circunstancia.

Dios bendiga a nuestros amigos que están contribuyendo al avance de esta gran Iglesia. Agradecemos su amistad y buena voluntad.

Vivir el Evangelio y Ser Luz al Mundo
Que Dios nos bendiga para que volvamos a casa con una resolución más firme que nunca de vivir el evangelio de Jesucristo, de ser amables con nuestras familias y vecinos, y de ser honestos en todos nuestros tratos, para que los hombres, al ver nuestras buenas obras, glorifiquen a nuestro Padre Celestial (Mateo 5:16).

Dejo mis bendiciones con ustedes, con los enfermos y afligidos, con nuestros hombres en el servicio militar y con nuestros misioneros en todo el mundo. Ruego que el cuidado protector de Dios esté con ellos dondequiera que se encuentren.

Dios bendiga a los oficiales y líderes, a las presidencias de estaca y obispados de la Iglesia. Que el amor del Redentor esté en cada corazón, lo cual significa que el amor se expresará en el servicio mutuo.

Dios bendiga a estos hermanos de las Autoridades Generales por su devoción e incansable esfuerzo en el progreso de su obra en la tierra. Que sean bendecidos con mayor salud y fortaleza para cumplir con sus grandes responsabilidades en todo el mundo.

Sé que Dios vive, que su Hijo Jesucristo es el Salvador del mundo, y que seres divinos restauraron, a través del Profeta José Smith, el evangelio de Jesucristo tal como se estableció en la meridiana de los tiempos.

Doy este testimonio al despedirnos esta tarde y ruego que las bendiciones del Señor estén sobre cada uno de ustedes, para que la influencia de los quórumes del sacerdocio, de las organizaciones auxiliares y de los misioneros sea más efectiva que nunca al guiar a los de corazón honesto hacia la adoración de Dios, y que les dé poder para controlar su naturaleza humana y vivir en el nombre de Jesucristo. Amén.

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