Números 25
Números 25:1–10 — La tolerancia del pecado grave pone en peligro a toda la comunidad del convenio; la acción justa, ejercida con autoridad divina, preserva la vida espiritual del pueblo.
Este pasaje describe una crisis moral en Sitín, a las puertas de Canaán. A pesar de las medidas previas, un israelita desafía abiertamente la santidad del campamento al introducir una mujer moabita vinculada al culto de Baal-peor. El acto no es privado ni accidental; es desafiante y público, y amenaza con normalizar la idolatría y la inmoralidad en el mismo lugar donde mora el Señor.
La respuesta de Finees es decisiva. Movido por “celo” —no ira personal, sino fidelidad ardiente al convenio—, ejecuta juicio inmediato. El texto subraya la lógica del sacerdocio: la iniquidad tolerada se vuelve contagiosa. Permitirla habría debilitado a Israel ante Dios y, en consecuencia, habría costado vidas inocentes en las guerras venideras. La acción de Finees detiene la plaga porque corta el mal en su raíz.
Doctrinalmente, el episodio enseña varias verdades duras pero necesarias:
- Los pecados gemelos de idolatría e inmoralidad atacan el corazón del convenio: desplazan a Dios y corrompen las relaciones.
- La santidad comunitaria importa: el pecado de unos pocos puede traer juicio sobre muchos.
- La autoridad del sacerdocio existe para proteger, no para encubrir. Cuando actúa con rectitud, preserva la vida espiritual del pueblo.
- La misericordia no es tolerancia del mal; es provisión de un camino para volver, pero exige límites claros.
El paralelismo con la Iglesia moderna no es punitivo, sino pastoral. Así como Finees actuó para detener la destrucción, los líderes actuales tienen la responsabilidad de desarraigar el mal mediante procesos de disciplina inspirados, cuya finalidad última es proteger a la comunidad y llamar al arrepentimiento. No hacerlo transfiere responsabilidad moral a quienes presiden (cf. Jacob 1:19).
El contexto geográfico —Sitín, frente al Jordán— intensifica la lección: cuando el pueblo está más cerca de la promesa, la tentación de desviarse suele ser más sutil y peligrosa. Por eso el Señor exige vigilancia espiritual elevada justo antes del cumplimiento.
Números 25:1–10 enseña que la fidelidad al convenio requiere enfrentar el pecado grave con decisión; que la tolerancia del mal debilita a todo el pueblo; y que la acción justa, ejercida con autoridad divina y celo santo, puede detener el juicio y preservar la santidad y la vida espiritual de la comunidad.
























