Lecciones que aprendemos de Eva

Conferencia General Octubre 1987

Lecciones que aprendemos de Eva

Russell M. Nelsonpor el élder Russell M. Nelson
del Quórum de los Doce Apóstoles

“A vosotras os corresponde procurar que el mundo cambie para bien. Todas sois vitales en el equipo del Señor. . . Mediante vuestra diversidad, fortaleceos en unión.”


Presidente y hermana Benson, espero que podáis sentir el amor y el espíritu que emana de las miles de hermanas que participan de esta Reunión General de Mujeres. Presidente Hinckley y presidente Monson, os extendemos nuestro amor a vosotros y a vuestras compañeras. La presencia de los miembros de la Primera Presidencia simboliza el apoyo que nos dan. Y en nombre de ellos, os hago llegar el agradecimiento y el amor que sienten por todas vosotras.

Agradezco profundamente la oración y los mensajes ofrecidos por las hermanas de la Presidencia General de la Sociedad de Socorro, y también la música del hermoso coro femenino.

La hermana Doxey hizo mención del privilegio que todos tenemos de fortalecer a la familia, el componente básico de la sociedad y la unidad fundamental de la Iglesia. Dentro del plan de Dios la familia tiene como fin nutrir a Sus hijos y prepararlos para regresar a El como familias.

La hermana Evans nos ayudó a entender que la carrera que como humanos corremos no siempre es sobre una pista llana; mas bien es escabrosa, llena de obstáculos que encontramos a cada tramo. La vida no tiene como objeto ser fácil; la carrera no la ganaran los que quieran simplemente sobresalir. Por el contrarios la victoria la alcanzan aquellos que cuentan con la fe para permanecer en la senda debida, en el camino recto y angosto.

La hermana Winder describió nuestro propósito con precisión, recordándonos una verdad eterna, que ”existen los hombres para que tengan gozo” (2 Nefi 2:25). Y recalcó que una de las formas mediante las cuales se logra el verdadero gozo es rendir un servicio abnegado que resulte de valor para nuestro prójimo.

Como único orador del sexo masculino en esta ocasión, siento sobre mis hombros la enorme responsabilidad de expresar sentimientos de profundo agradecimiento. En representación de los hombres de la Iglesia, os digo ¡gracias!

No soto expreso gratitud, sino también afecto. En este vasto auditorio se encuentran nuestras compañeras, nuestras madres, nuestras hermanas, nuestras hijas y nietas. Os respetamos y os honramos; apoyamos vuestros maravillosos esfuerzos. Estamos agradecidos por recibir el beneficio de vuestros consejos y opiniones ante las dificultades a las que nos enfrentamos como compañeros. También os agradecemos a vosotras, madres o futuras madres, por ser copartícipes con Dios en la tarea de dar vida a los espíritus que vienen de Él. Sin las mujeres, el propósito entero de la creación del mundo carecería de valor.

Esta verdad la aprendemos de los pasajes de Escritura que se refieren al sacerdocio, a la Creación, a Adán y Eva.

Antes de la formación del mundo, el Señor Jesucristo era Jehová, “el gran Yo Soy… el principio y el fin, el mismo que contempló la vasta expansión de la eternidad y todas las huestes seráficas del cielo” (D. y C. 38: 1; véase también D. y C. 29:1; 39:1)

Él le mostró a Abraham “las inteligencias que fueron organizadas antes que existiera el mundo; y entre todas estas había muchas de las nobles y grandes;

“y vio Dios que estas almas eran buenas, y estaba en medio de ellas, y dijo: A estos haré mis gobernantes” (Abraham 3:22-23).

El Señor entonces le reveló que el, Abraham, era una de ellas, v que había sido escogido y preordenado antes de nacer.

El pasaje continúa diciendo:

”Y, estaba entre ellos uno que era semejante a Dios, y dijo a los que se hallaban con el: Descenderemos. . . y haremos una tierra sobre la cual estos puedan morar” (Abraham 3:24).

“Entonces los Dioses, organizaron y formaron los cielos y la tierra” (Abraham 4: 1).

Recordareis que después que la tierra fue creada, dividida, hecha hermosa y habitada con vida vegetal y animal, el logro supremo de la Creación fue el hombre, el ser humano. “De modo que los Dioses descendieron para organizar al hombre a su propia imagen,  para formarlos varón y hembra” (Abraham 4:27; véase también Génesis 1:26).

El propósito fundamental de la Creación era proporcionar cuerpos, o sea, hacer posible la vida y las experiencias mortales para estos espíritus que aguardaban ansiosamente.

¿Cuál fue la función del sacerdocio en el proceso de la Creación?

El profeta José Smith enseñó:

“El sacerdocio es un principio sempiterno, y existió con Dios desde la eternidad. . . Cristo es el Gran Sumo Sacerdote: Adán, el siguiente. . . El sacerdocio fue dado primeramente a Adán; a él se dio la Primera Presidencia, y tuvo las llaves de generación en generación, antes de ser formado el mundo” (Enseñanzas del Profeta José Smith, Págs. 189-184).

El presidente Brigham Young dijo, ”El sacerdocio. . . es la ley por medio de la cual los mundos son, fueron y continuaran siendo creados por siempre jamás” Discourses of Brigham Young, compilado por John A. Widtsoe. Salt Lake City, Deseret Book Co. , 1976, pág. 130).

Entonces, el sacerdocio es el poder de Dios. Sus ordenanzas y convenios tienen como fin bendecir tanto al hombre como a la mujer. Por medio de ese poder fue creada la tierra. Bajo la dirección del Padre. Jehová fue el Creador Miguel, quien llegó a ser Adán, hizo su parte y más tarde fue el primer hombre. Mas a pesar del poder y la gloria de la Creación hasta ese punto, faltaba aun el eslabón final de la cadena. Todos los propósitos del mundo y lodo lo que había en el no habrían servido para nada sin la mujer, un elemento fundamental del ciclo del sacerdocio en la Creación.

Cuando Eva fue creada cuando Dios formó su cuerpo- Adán exclamo: “Hueso de mis huesos y carne de mi carne; Varona se llamara, porque del varón fue tomada” (Moisés 3:23).

Eva fue formada de la costilla de Adán (véase Génesis 2:22; Moisés 3:99; Abraham 5:16). Me resulta interesante que ciertos animales que fueron creados por el Señor, tales como el perro y el gato, cuenten con trece pares de costillas, mas el ser humano tiene un par menos: doce.

Supongo que se podría haber usado otro hueso, pero la costilla, proviniendo como proviene del costado, parece denotar compañerismo a un mismo nivel. La costilla no implica dominio ni servilismo sino una relación lateral como compañeros, que permite trabajar y vivir, hombro a hombro.

Adán y Eva fueron unidos en matrimonio por esta vida y por la eternidad por el poder del sacerdocio sempiterno (véase Génesis 2:24-25 Moisés 3:24; Abraham 5:18-19). Eva fue una ayuda idónea en la creación de cuerpos mortales de seres humanos. Fue designada por la Deidad como cocreadora de la vida, para que el gran plan del Padre pudiera cristalizarse. Eva fue la madre “de todos los vivientes” (Moisés 4:26). Fue la primera de todas las mujeres sobre la tierra.

De lo que estudiamos de Eva, podemos aprender cinco lecciones fundamentales de importancia eterna:

  1. Ella trabajó a la par de su compañero (véase Moisés 5:1).
  2. Ella y Adán asumieron las responsabilidades de ser padres (véase Moisés 5:2).
  3. Ella y su compañero se dirigieron al Señor en oración (véase Moisés 5:4).
  4. Ella y Adán se ajustaron a los mandamientos divinos de obediencia y sacrificio (véase Moisés 5:5, 6).
  5. Ella y su esposo les enseñaron el evangelio a sus hijos (véase Moisés 5:12)

De estas cinco lecciones fundamentales podemos extraer ejemplos que se adaptan a nuestras circunstancias actuales. Repasémoslas, lección por lección.

1. Eva trabajó a la par de su compañero.

Adán era poseedor del sacerdocio. Eva sirvió en una posición matriarcal junto al sacerdocio patriarcal. Así es que en la actualidad, toda mujer puede unirse a su marido siendo copartícipe en ese propósito. Las Escrituras nos dicen claramente que “en el Señor, ni el varón es sin la mujer, ni la mujer sin el varón” (I Corintios 11:11). Son “una sola carne” (Mateo 19:6; Marcos 10:8; D. y C. 49:16). Maravillosamente, se requiere de un hombre y una mujer para formar a un hombre o a una mujer. Sin la unión de los sexos, tampoco podemos existir ni llegar a ser perfectos. Dos personas comunes e imperfectas se pueden complementar la una a la otra y así llegar a mejorar las dos. La contribución absoluta de una de las partes a la otra es esencial para la exaltación. Y así se instituyó “para que la tierra cumpla el objeto de su creación” (D. y C. 49:16).

Trabajad, entonces, en amor y compañerismo. Honraos el uno al otro. Ninguna forma de competencia es saludable para ninguno de los dos, sobre todo si ambos entendéis las Escrituras.

2. Al asumir Adán las responsabilidades de padre, Eva asumió las de madre.

Ella en ningún momento las eludió. Ahora sois vosotras, madres, quienes con brazos abiertos podéis recibir, llenas de agradecimiento, a esos espíritus que Dios os mande, por medio de la función de cocreadoras. Junto a vuestros maridos, sed obedientes al mandamiento de fructificar y multiplicar, siempre que la oportunidad, la guía espiritual, el criterio personal y la salud lo permitan. Y así ganareis gozo en vuestra posteridad, y un enriquecimiento familiar y espiritual que llegara a ser aun más hermoso y valioso con el paso de los años.

A vosotras, hermanas que no tenéis hijos o que sois solteras, os recordamos que el concepto del tiempo en el plan del Señor es mucho más amplio que las horas solitarias de la preparación o la totalidad de esta vida mortal. Esta es apenas segundos en comparación con la eternidad. El Señor sabe lo que sentís y cuan dignas sois. Las recompensas espirituales de la maternidad están al alcance de todas las mujeres. El ayudar y cuidar a los pequeños, el dar consuelo al que sufre, el proteger al débil, el enseñar y el dar aliento, no están ni deben estar limitados únicamente a nuestros propios hijos.

Hermanas, sed pacientes. Yo sé de algunas de las presiones a las que os enfrentáis: que la cocina es demasiado pequeña, que el dinero no alcanza, que el físico y la mente no dan para atender a todas las necesidades de quienes os claman. Pero en medio de todo, ¡qué brillen vuestras vidas!, no desperdiciéis los buenos momentos. Tomad el tiempo para renovaros espiritualmente.

Quisiera compartir con vosotras un pequeño verso que le ha servido de apoyo a mi esposa a lo largo de los años, en el cual también se refleja lo que tiene prioridad en la vida:

La limpieza de la casa
puede esperar a otro día,
pues los hijos van creciendo
y empiezan a hacer su vida.
Telarañas, sean pacientes,
polvo, no se estremezca,
porque a mi niño arrullo ahora,
pues no podré hacerlo cuando el crezca.

Me alegro de que mi esposa nunca haya tratado de ser una “madre maravilla”: ella mas bien siempre fue una fuerza que radiaba paz y seguridad, y esto lo ha logrado siendo ella misma.

Cuando damos prioridad a las cosas más importantes, resulta más fácil tolerar lo que haya quedado a medio hacer.

El tiempo transcurre como un relámpago y no podemos hacerle volver atrás. Así que mientras pasa, tengamos presente el concepto de eternidad. Al perseverar fielmente hasta el fin, heredareis las recompensas prometidas por nuestro Padre Celestial, entre las cuales se encuentran tronos, reinos, principados, poderes, dominios, gloria, inmortalidad y vidas eternas (véase D. y C. 75:5; 128 12, 13; 132:19, 24; Moisés 1:39).

3. Eva y su compañero se dirigieron al Señor en oración.

Al invocar Adán y Eva el nombre del Señor en oración (véase Moisés 5:4), quedó establecido un precedente. Al seguir nosotros ese ejemplo, recibiremos bendiciones de sabiduría y paz interior.

“Consulta al Señor en todos tus hechos, y el te dirigirá para bien” (Alma 37:37). Orad a solas en vuestro aposento, en la tranquilidad de vuestro propio santuario. Volcad vuestras almas. Después orad con y por vuestros maridos, vuestros hijos e hijas o vuestros hermanos y hermanas, vuestros padres y toda la familia. Haced sentir el peso de vuestra dignidad al motivar amorosamente a otras personas a hacer el bien. Al estar tan en armonía con el Señor y su poder, la influencia positiva que tendréis sobre otras personas será enorme. Y en este mundo de pecado y tentación, el poder de la oración os protegerá y será un refugio para vuestros seres queridos.

Es mi ruego que las mujeres de la Iglesia aceptéis la responsabilidad que os cabe de conocer y amar al Señor. Comunicaos con Él, y El os inspirara en forma personal y os fortalecerá.

4. Eva y su compañero se ajustaron a los mandamientos divinos de obediencia y sacrificio.

Se ”les mandó que adorasen al Señor su Dios y ofreciesen. . . ofrenda al Señor” (Moisés 5:5).

Este mandato de adorar y ofrecer sacrificios fue obedecido por Adán y Eva. Mas tarde ellos aprendieron que estas cosas eran a ”semejanza del sacrificio del Unigénito del Padre, el cual es lleno de gracia y verdad” (Moisés 5:7).

Cuando Cristo vino a la tierra dio cumplimiento a la promesa, ya que fue él ultimo Cordero de sacrificio. Su expiación brinda un significado más noble a la vida mortal y un futuro más excelso a la venidera. También a nosotros se nos manda sacrificar, aunque no animales. El mayor de todos los sacrificios que podemos ofrecer es el de vencer nuestras propias imperfecciones para llegar a ser mas santos.

Esto lo logramos mediante la obediencia a los mandamientos de Dios, y así comprendemos que las leyes de obediencia y sacrificio están íntimamente ligadas entre sí. Consideremos los mandamientos de obedecer la Palabra de Sabiduría, de santificar el día de reposo, de pagar un diezmo integro. Al cumplir con estos mandamientos, nos sucede algo maravilloso: nos disciplinamos; nos transformamos en discípulos, y así llegamos a ser mas santos, como el Señor.

Rindo homenaje a mujeres amadas que me han enseñado lecciones santificadoras.

Por un breve periodo durante el primer año de casados, mi esposa tenia dos empleos mientras yo cursaba la carrera de medicina. Una vez, antes de recibir el sueldo, debíamos mas de lo que nuestros ingresos nos permitían pagar. Así fue que sacamos provecho de una oportunidad que existía en ese entonces de vender sangre a razón de veinticinco dólares el medio litro. Entre su trabajo diurno como maestra de escuela y su empleo de la tarde como vendedora en una casa de música, fuimos al hospital a donar medio litro de sangre cada uno. Cuando le quitaron la aguja del brazo, me dijo: “No te olvides de pagar el diezmo por la venta de mi sangre”.

Cuando mi suegra se enteró de que yo estaba sangrando a su hija entre empleos, creo que no se sintió muy bien que digamos hacia su flamante yerno. Pero el ejemplo de obediencia de mi esposa me enseñó una gran lección. Su cometido hacia el pago del diezmo llegó a ser mi cometido también.

Hijas dignas, nunca subestiméis la influencia positiva que podéis tener sobre vuestros padres. Jamas he conocido a un padre que se considere perfecto. Así que sed pacientes y cariñosas ante las imperfecciones de papa. Permitidme ilustraros este punto con una anécdota personal.

Hace unos cuantos años, cuando nuestras hijas eran pequeñas, mi esposa y yo las llevamos en un viaje de pesca. Estabamos pasándola muy bien y la pesca resultaba fructífera a todos por igual. Pero las sombras del anochecer del día sábado nublaron nuestra diversión. Tan entusiasmado estaba yo con el éxito obtenido que empece a hablar justificativamente con mis hijas. Dicho sea de paso, la justificación es uno de los obstáculos que se interponen en el camino a la obediencia.

Sabiendo que al otro día era domingo, bromeando dije:

-Si mañana nos levantamos dos horas mas temprano que de costumbre, podemos pescar un poco mas y parar a la hora en que nos despertamos siempre.

Se produjo silencio. Mi esposa y mis hijas me miraron extrañadas y el hielo se rompió cuando nuestra hija de entonces siete años dijo

-Papito, ¿te atreverías a comer lo que pescaras en un domingo?

Y agregó:

-¿Le pedirías a nuestro Padre Celestial que bendijera eso que hubieras pescado en el día de reposo?

Demás esta decir que no fuimos a pescar al día siguiente.

Su cometido hacia la santificación del día de reposo pasó a ser también mi cometido.

Así es, queridas hijas, al obedecer cada uno de los mandamientos de Dios, vuestra santidad fortalecerá los cimientos de la fe de vuestros padres. Cuando los dos estéis juntos espiritualmente, es muy claro que os fortaleceréis mutuamente.

5. Adán y Eva les enseñaron el evangelio a sus hijos.

Aun en la actualidad hombres y mujeres tienen esa sagrada responsabilidad. Pero antes de que podáis enseñar, debéis aprender sobre la existencia premortal, la Creación, la Caída, la expiación de Cristo y la razón de esta vida terrenal. Estudiad las Escrituras y absorbedlas. Enseñad fe, arrepentimiento, bautismo y sobre el don del Espíritu Santo, y haced que todas vuestras acciones reflejen vuestro cometido hacia la misión de la Iglesia. El predicar el evangelio, el perfeccionar a los santos y el redimir a nuestros muertos os ayudara a concentraros en convenios y ordenanzas de significado eterno.

Al poner en practica el libre albedrío, enseñad cosas que sean edificantes y útiles. Enseñad principios tales como la honradez, la autosuficiencia y el abstenerse de contraer deudas innecesarias, y al así hacerlo estaréis contribuyendo al logro de una sociedad más estable. Recordad también el ejemplo, pues lo que sois es mucho más importante que lo que hacéis y lo que decís.

No podemos hacerlo todo. Las circunstancias, la disponibilidad de tiempo y las aptitudes varían entre la gente y vuestra diversidad os lleva a diferentes campos de actividad. Dondequiera que os encontréis, haced sentir vuestra influencia.

Vuestros adversarios de esta sociedad pecaminosa disminuyen el carácter sagrado de la mujer y la santidad de la maternidad. Este mundo, contaminado de promiscuidad y plagado de enfermedades venéreas, necesita vuestro ejemplo digno. La ira de Dios es provocada por gobiernos que auspician los juegos de azar, que son condescendientes ante la pornografía o que legalizan el aborto. Estas fuerzas sirven para denigrar a la mujer en la actualidad de la misma forma en que hechos similares la degradaron en la época de Sodoma y Gomorra.

A vosotras os corresponde procurar que el mundo cambie para bien. Todas sois vitales en el equipo del Señor, unidas por un solo propósito. Mediante vuestra diversidad, fortaleceos en unión. Uníos en toda santidad. Edificaos sobre el ”fundamento de los apóstoles y los profetas, siendo la piedra del ángulo Jesucristo mismo” (Efesios 2:20).

Hoy fue el funeral de la hermana Camilla Kimball, y tuvimos la oportunidad de escuchar a varios discursantes rendir tributo al ejemplo de valor puesto de manifiesto por esta gran mujer. Sigamos también nosotros el ejemplo de su fe y apeguémonos a esta enseñanza del Libro de Mormón que tanta fortaleza y seguridad le concedió a ella:

”Recordad que es sobre la roca de nuestro Redentor, el cual es Cristo, el Hijo de Dios, que debéis establecer vuestro fundamento, para que cuando el diablo lance sus impetuosos vientos, si, sus dardos en el torbellino, si, cuando todo su granizo y furiosa tormenta os azoten, esto no tenga poder para arrastraros al abismo de miseria y angustia sin fin, a causa de la roca sobre la cual estáis edificados, que es un fundamento seguro, un fundamento sobre el cual, si los hombres edifican, no caerán” (Helamán 5:12).

Queridas hermanas, ruego que vuestras vidas tengan un cometido fijo hacia nuestro Padre Celestial, hacia su Hijo Unigénito y hacia la Iglesia restaurada por ellos en estos últimos días. Os testifico que es verdadera y que el presidente Benson es el Profeta de la actualidad. Se nos ha confiado una dispensación del evangelio. De nuestra unión dependen eternos principios, leyes y poderes del sacerdocio.

Ruego también que desciendan las bendiciones del Dios Todopoderoso sobre vosotras, para que tengáis éxito en el cumplimiento de vuestro destino divino, en el nombre de Jesucristo. Amen.

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