Números 3
Números 3 — El Señor establece un sacerdocio ordenado y responsable para custodiar lo sagrado y enseñar que el privilegio espiritual exige santidad, obediencia y redención.
Números 3 enseña que el servicio en las cosas santas no es automático ni hereditario sin condiciones, sino que está regulado por llamamiento divino y responsabilidad moral. La muerte de Nadab y Abiú muestra con sobriedad que el sacerdocio no puede ejercerse a la ligera: la autoridad sagrada requiere reverencia, exactitud y obediencia. Así, se afirma que el poder espiritual no tolera el abuso.
El reemplazo de los primogénitos por los levitas introduce un principio clave: el Señor puede designar sustitutos consagrados para representar a todo el pueblo en el servicio sagrado. Este cambio organiza la adoración y centraliza las ordenanzas, sin eliminar el liderazgo familiar patriarcal, pero delimitando con claridad quién oficia en los sacrificios y quién cuida las instalaciones santas. La división precisa de funciones entre Gersón, Coat y Merari revela que Dios es un Dios de orden, y que cada responsabilidad —aunque distinta— es indispensable para que Su presencia permanezca con Israel.
Finalmente, la redención de los primogénitos excedentes mediante una ofrenda enseña que lo que no puede ser sustituido por servicio debe ser redimido por precio, anticipando doctrinalmente el principio de la expiación: alguien consagrado sirve en lugar de otros, y lo que queda pendiente se cubre mediante un rescate.
Números 3 enseña que el Señor protege lo sagrado mediante un sacerdocio organizado, que el privilegio espiritual exige santidad y responsabilidad, y que Su pueblo vive bajo principios de sustitución y redención establecidos por revelación divina.
























