Cómo Utilizar la Adversidad
Élder D. Todd Christofferson
del Quórum de los Doce Apóstoles.
(Un discurso dado en noviembre de 2008 ante la Sección Dallas/Fortworth de la BYU Management Society.)
Actualmente, es por todos conocido que serios problemas económicos azotan a una gran parte del mundo. Vemos deudas nacionales abrumadoras y economías en lento crecimiento o aún en recesión en varios países en lo que se conoce como la zona del euro; en partes de la América Latina; en Africa y aún en los Estados Unidos. Igualmente preocupantes son los niveles de endeudamiento personal y familiar que han traído como resultado que haya demasiados juicios hipotecarios, declaraciones de bancarrota y hasta la pérdida de las casas.
Hace algunos años, el Presidente Gordon B. Hinckley habló muy claramente sobre tales temas en la sesión del sacerdocio en una conferencia general. Al fin de ese discurso, resumió su consejo en estas palabras: “Hermanos, los insto a evaluar su situación económica. Los exhorto a gastar en forma moderada, a disciplinarse en las compras que hagan para evitar las deudas hasta donde sea posible. Liquiden sus deudas, lo antes posible y librénse de la servidumbre.”[1] Estoy seguro que quienes obedecieron esa clara instrucción del Presidente Hinckley hoy están muy felices de haberlo hecho y por estar en una mejor posición para resistir la tormenta en el que pudieron haberse encontrado por no obedecerlo. Lamentablemente, existen muchos que no escucharon sus palabras o, que si las oyeron, no las obedecieron.
En mayo del 2005, recorté un artículo que apareció en un periódico de Salt Lake City que presagiaba lo que ahora ya ha sucedido. Mencionaba las cifras record de préstamos en los Estados Unidos ya que la gente estaba usando el crédito para agrandar sus casas y mejorar su estilo de vida. Entre otros, citaba el caso de una pareja relativamente joven:
Winford Wayman, un obrero de la construcción de 30 años de edad, creció en una casa pequeña atiborrada con once hijos; anhelaba tener privacidad y espacios abiertos. Pero él y su esposa Kristin, una contadora de 26 años de edad, se atrasaron en sus pagos ya que pidieron prestado para comprar camionetas. El señor Wayman había comprado o arrendado cuatro en los últimos 6 años. Seguir leyendo

























