El Segundo Libro de Nefi

El Segundo Libro de Nefi

Tu estudio de — El Libro De Mormón
Primera Parte:
1 Nefi Hasta Palabras de Mormón

Segundo Nefi Capítulo 1

EN LOS CAPITULOS 1 al 3, Lehi dará su mensaje final a su pueblo; enseñará, revisará, profetizará y bendecirá a su posteridad.

1   Y aconteció que después que yo, Nefi, hube concluido de enseñar a mis hermanos, nuestro padre Lehi les habió muchas cosas también, y les recordó cuán grandes cosas el Señor había hecho por ellos al sacarlos de la tierra de Jerusalén,

2   y les habló de sus rebeliones sobre las aguas, y de las misericordias de Dios al salvarles la vida, para que no fuesen hundidos en el mar;

 y también les habló tocante a la tierra de promisión que habían obtenido, de cuán misericordioso había sido el Señor en advertirnos que saliéramos de la tierra de Jerusalén.

En los versículos 1 al 3, arriba, Lehi intenta una vez más fortalecer los testimonios de sus hijos rebeldes al recordarles las misericordias del Señor. Los insta a que recuerden estas cosas. El recordar las bendiciones pasadas del Señor es una manera muy poderosa de fortalecer nuestros testimonios y ayudarnos a mantenernos fieles al enfrentar los tiempos de prueba en nuestras vidas.

4   Porque he aquí, les dijo, he visto una visión, por la cual yo sé que Jerusalén está destruida; y si hubiésemos permanecido en Jerusalén, también habríamos perecido.

5   Pero, dijo él, a pesar de nuestras aflicciones, hemos obtenido una tierra de promisión, una tierra escogida sobre todas las demás (esto es literal; y también simboliza el alcanzar el cielo, a pesar de las pruebas, dificultades y privaciones durante nuestras vidas en la tierra); una tierra que el Señor Dios hizo convenio conmigo de que sería una tierra para la herencia de mi posteridad. Sí, el Señor me ha dado esta tierra por convenio a mí y a mis hijos para siempre, y también para todos aquellos que la mano del Señor conduzca de otros países.

Simbolismo: Debemos ser guiados por el Señor para poder entrar en la gloria celestial; se requieren los convenios para poder entrar en el reino celestial—a excepción de los niños que mueren antes de alcanzar la edad de responsabilidad (véase DyC 137:10), y los que sufren discapacidades mentales y no pueden entender suficientemente (véase DyC 29:50).

6   Por tanto, yo, Lehi, profetizo según el Espíritu que obra en mí, que nadie vendrá a esta tierra a menos que sea traído por la mano del Señor.

El versículo anterior contiene una profecía fascinante. Encontramos una gran lección al darnos cuenta que debido a unos propósitos prácticos el “Nuevo Mundo” permaneció “sin descubrir” durante muchos siglos (hasta Cristóbal Colón), a pesar de que muchos aventureros tales como los vikingos lo habían visitado temporalmente. Esto es un testimonio de que el Señor contuvo a otros de asentarse o colonizar las Américas hasta que llegara el tiempo propicio del “descubrimiento” para el bien del mundo entero (véase el versículo 8, abajo).

En el versículo 7, a continuación, encontramos la fórmula para mantener la libertad e independencia en esta tierra (América). También es una fórmula para mantener nuestra libertad personal de la esclavitud espiritual. Usaremos negrita para resaltar.

7   Por tanto, esta tierra está consagrada (separada, guardada o apartada) a quienes él (Señor) traiga. Y en caso de que le sirvan (los habitantes que moren en esta tierra) según los mandamientos que él ha dado, será para ellos una tierra de libertad; por lo que nunca serán reducidos al cautiverio; si tal sucediere, será por causa de la iniquidad; porque si abunda la iniquidad, maldita será la tierra por causa de ellos; pero para los justos será bendita para siempre.

A continuación, Lehi explica la sabiduría del Señor al contener a otros de descubrir las Américas durante el tiempo que se requería esto.

8   Y he aquí, es prudente que esta tierra no llegue todavía al conocimiento de otras naciones; pues he aquí, muchas naciones sobrellenarían la tierra, de modo que no habría lugar para una herencia.

9   Por tanto, yo, Lehi, he obtenido la promesa de que, si aquellos—incluyendo a los mulekitas (Mosíah 25:2) y la gente de Lehi—que el Señor Dios trae de la tierra de Jerusalén obedecen sus mandamientos, prosperarán sobre la superficie de esta tierra y serán preservados de todas las demás naciones, a fin de que posean esta tierra para sí mismos. Y en caso de que guarden sus mandamientos, serán bendecidos sobre la superficie de la tierra; y no habrá quien los moleste ni les quite la tierra de su herencia; y habitarán seguros para siempre.

Simbolismo: Esta tierra o mundo se convertirá en el reino celestial (DyC 130:9-11) y aquellos que guarden los mandamientos vivirán en ella para siempre.

10   Pero he aquí, cuando llegue el día en que (los lamanitas) degeneren en la incredulidad, después de haber recibido tan grandes bendiciones de la mano del Señor—teniendo el conocimiento de la creación de la tierra y de todos los hombres, conociendo las grandes y maravillosas obras del Señor desde la creación del mundo, habiéndoseles dado el poder para hacer todas las cosas por la fe; teniendo todos los mandamientos desde el principio, y habiendo sido conducidos por su infinita bondad a esta preciosa tierra de promisión— he aquí, digo que si llega el día en que rechacen al Santo de Israel, el verdadero Mesías, su Redentor y su Dios, he aquí, los juicios (castigos) del que es justo (Dios) descenderán sobre ellos.

11   Sí, él traerá sobre ellos a otras naciones, a las que dará (a las otras naciones) poder, y les quitará (a los lamanitas) la tierra de sus posesiones, y hará que sean dispersados y afligidos.

12   Sí, al pasar de una generación a otra habrá efusión de sangre y grandes calamidades (castigos) entre ellos; por lo tanto, hijos míos, quisiera que recordaseis, sí, quisiera que escuchaseis mis palabras.

13  ¡Oh que despertaseis; que despertaseis de ese profundo sueño (espiritualmente dormidos), sí, del sueño del infierno, y os sacudieseis de las espantosas cadenas que os tienen atados, cadenas que sujetan a los hijos de los hombres a tal grado que son llevados cautivos al eterno abismo de miseria y angustia! (El “abismo” que separa a los inicuos de los justos y Dios).

A medida que Lehi continúa suplicándoles a Lamán y Lemuel que se arrepientan y traten de guardar los mandamientos, aprendemos una verdad obvia y reconfortante. Se trata de que ios padres de hijos rebeldes, que han hecho lo posible por enseñar y guiar a sus hijos en los caminos de la rectitud, estos mismos padres podrán ser salvos. (Utilizaremos negrita para resaltar).

14   ¡Despertad y levantaos del polvo! ¡Escuchad las palabras de un padre tembloroso, cuyo cuerpo pronto tendréis que entregar a la fría y silenciosa tumba, de donde ningún viajero puede volver; unos días más, y seguiré el camino de toda la tierra (moriré pronto)!

15   Pero he aquí, el Señor ha redimido a mi alma del infierno; he visto su gloria, y estoy para siempre envuelto entre los brazos de su amor.

16   Y mi deseo es que os acordéis de observar los estatutos (leyes y mandamientos) y los juicios del Señor; he aquí, ésta ha sido la ansiedad de mi alma desde el principio.

17   Mi corazón ha estado agobiado de pesar de cuando en cuando, pues he temido que por la dureza de vuestros corazones, el Señor vuestro Dios viniese en la plenitud de su ira sobre vosotros, y fueseis talados y destruidos para siempre;

18   o que una maldición os sobreviniera por el espacio de muchas generaciones; y fueseis castigados por la espada y por el hambre, y fueseis aborrecidos, y llevados según la voluntad y cautividad del diablo.

19   ¡Oh hijos míos, que no os sucedan estas cosas, sino que seáis un pueblo escogido y favorecido del Señor! Mas he aquí, hágase su voluntad, porque sus vías son para siempre justas.

20   Y él ha dicho: Si guardáis mis mandamientos, prosperaréis en la tierra; pero si no guardáis mis mandamientos, seréis desechados de mi presencia. (Una declaración simple sobre una realidad eterna).

21   Y ahora bien, para que mi alma se regocije en vosotros, y mi corazón salga de este mundo con gozo por causa vuestra, a fin de que no sea yo llevado con pena y dolor a la tumba, levantaos del polvo, hijos míos, y sed hombres, y estad resueltos en una sola voluntad y con un solo corazón, unidos en todas las cosas, para que no descendáis al cautiverio (literal y espiritual);

A continuación, Lehi define la palabra “maldecidos” en el sentido más preciso de la palabra. Significa ser o estar detenido o interrumpido en el progreso eterno. Y en lugar de dicho progreso, estar sujetos a Satanás eternamente. (Usaremos negrita para resaltar).

22   para que no seáis maldecidos con una grave maldición (muy severa); ni que tampoco traigáis el desagrado de un Dios justo sobre vosotros para la condenación, sí, la eterna condenación del cuerpo y del alma (espíritu).

Sabemos que todos resucitaremos, incluyendo a los hijos de perdición (véase DyC 88:28-32 y 97-102). Por lo tanto, el espíritu y el cuerpo continuarán juntos para siempre tras la resurrección. Tal y como se indica a veces, estos no pueden ser “destruidos” en el sentido en que dejan de existir. Por lo tanto, siempre que oigamos que se habla de la destrucción eterna del alma y cuerpo, debe referirse a no tener nunca más el privilegio de morar en la presencia de Dios en la gloria celestial (véase DyC 76:112); lo cual equivale a la “eterna condenación” de la que habla Lehi arriba.

23   Despertad, hijos míos; ceñios con la armadura de la rectitud. Sacudios de las cadenas con las cuales estáis sujetos, y salid de la obscuridad, y levantaos del polvo.

24   No os rebeléis más en contra de vuestro hermano, cuyas manifestaciones han sido gloriosas, y quien ha guardado los mandamientos desde la época en que salimos de Jerusalén; y el cual ha sido un instrumento en las manos de Dios para traernos a la tierra de promisión; porque si no hubiese sido por él, habríamos perecido de hambre en el desierto; no obstante, habéis intentado quitarle la vida; sí, y él ha padecido mucha angustia a causa de vosotros.

25   Y yo temo y tiemblo en extremo que por causa de vosotros él padezca de nuevo; porque he aquí, lo habéis acusado de que pretendió poder y autoridad sobre vosotros; mas yo sé que él no ha procurado poder ni autoridad sobre vosotros; sino que ha procurado la gloria de Dios y vuestro propio bienestar eterno.

A continuación, se nos da una lección excelente. Se trata de que las perspectivas que sostienen los inicuos son muy diferentes de la realidad. Es muy importante, aunque difícil, que nos demos cuenta que la gente malvada o inicua no piensa como lo hacen los que son justos.

26   Y habéis murmurado porque él ha sido claro con vosotros. Decís que ha recurrido a la aspereza; decís que se ha enojado con vosotros; mas he aquí, que su severidad fue el rigor del poder de la palabra de Dios que estaba en él; y lo que vosotros llamáis ira fue la verdad, según la que se halla en Dios, la cual él no pudo reprimir, expresándose intrépidamente concerniente a vuestras iniquidades.

27   Y es menester (necesario) que el poder de Dios esté con él, aun hasta mandaros que obedezcáis. Mas he aquí, no fue él, sino el Espíritu del Señor que en él estaba, el cual le abrió la boca para que hablara, de modo que no la podía cerrar.

28   Y ahora bien, hijo mío, Lamán, y también Lemuel y Sam, y también vosotros, hijos míos, que sois hijos de Ismael, he aquí, si escucháis la voz de Nefi, no pereceréis. Y si lo escucháis, os dejo una bendición, sí, mi primera bendición (la bendición más selecta; quizás, en este caso se podría llamar la bendición de “primogenitura”).

A cada uno de nosotros, sin importar el orden en el que hayamos nacido, tiene el derecho a heredar todo lo que el Padre tiene, o en otras palabras, alcanzar la exaltación. Esto sería la “primera bendición” o la “bendición de primogenitura” en el sentido eterno del evangelio. Y esta bendición y derecho nos llegará a cada uno de nosotros al guardar los mandamientos de Dios.

29   Pero si no queréis escucharlo, retiro mi primera bendición (perderéis vuestra herencia espiritual, incluyendo el derecho a liderar a nuestra gente), sí, mi bendición, y quedará sobre él.

30   Y ahora te hablo a ti, Zorani: He aquí, tú eres el siervo de Labán; no obstante, has sido traído de la tierra de Jerusalén, y sé que tú eres un amigo fiel de mi hijo Nefi para siempre.

31   Por lo tanto, porque has sido fiel, tu posteridad será bendecida con su posteridad, para que vivan prósperamente por largo tiempo sobre la faz de esta tierra; y nada, a menos que sea la iniquidad entre ellos, dañará ni perturbará su prosperidad sobre la superficie de esta tierra para siempre.

Zoram ya se ha convertido en un miembro más de la familia de Lehi, tal y como se lo prometió Nefi en 1 Nefi 4:31-37-Ciertamente esto simboliza el hecho de que cada uno de nosotros, sin importar el linaje, podemos llegar a convertirnos en ciudadanos legales o miembros de la familia de la Casa de Dios al hacer y guardar convenios.

32   Así pues, si guardáis los mandamientos del Señor, él ha consagrado esta tierra para la seguridad de tu posteridad con la de mi hijo.

Segundo Nefi Capítulo 2