La Justicia, Base de la Paz

Conferencia General Octubre 1962

La Justicia, Base de la Paz

Por A. Theodore Tuttle

Discurso pronunciado por el presidente A. Theodore Tuttle, miembro del Primer Consejo de los Setenta y Director de las Misiones Sudamericanas, durante la 132 Conferencia General Semestral de la Iglesia, efectuada en octubre último.

E siento muy agradecido por tener la oportuni­dad de reunirme con vosotros en esta ocasión tan inspiradora. Os traigo los saludos de los siete Presidentes de Misión, los miembros de la Iglesia y los misioneros de la América del Sud; y en vista de que este programa está siendo escuchado en sitios distantes, hago presentes estos saludos a todos vosotros, dondequiera que estéis.

Hace varios años me encontraba en Baníf, pro­vincia de Alberta, Canadá, comiendo en un restau­rante acompañado de mi esposa, y cuando íbamos a pagar la cuenta, el propietario del mismo, un señor griego, comentó sobre lo que él calificó de “perfil clásico griego” de mi esposa, y así empezamos a con­versar. Enterado de que yo estaba relacionado con la Iglesia, me hizo una proposición. “Lo pagaré la comida—me dijo— si me dice usted cuál es la cosa más grande del mundo.” Lo consulté con mi esposa y le contesté entonces:

“El amor es la cosa más grande del mundo.”

“Va a tener que pagar nomás su comida, amigo —respondió—porque 110 es eso; lo más grande del mundo es la esperanza.”

Entonces, brevemente, nos relató cómo una vez había perdido su negocio, su dinero, sus amigos, su familia y todo lo que amaba… y que lo único que le había quedado era la esperanza. Mientras todo lo demás se había desvanecido, la esperanza lo había salvado y sostenido.

Durante los últimos catorce meses hemos estado viviendo en la América del Sud, prácticamente en medio de intensas agitaciones y dificultades. Hemos visto frecuentes cambios y choques políticos y faccionarios, En mis viajes por esas extensas tierras, he tenido oportunidad de ver literalmente a miles de personas que viven sin suficiente alimento o ropa, cuyas vidas se hallan en igual manera espiritualmente hambrientas — y peor todavía, sin esperanzas.

Sin embargo, conozco a un hombre que es dife­rente, porque él sí tiene esperanza. Representa a un grupo de más de 25.000 miembros de la Iglesia en Sudamérica. . . . Voy a llamarlo “Juan Fulano”. Vive en una pequeña casa modesta con su padre y su madre, ya ancianos, y con su esposa y cinco niños pequeños. Es mecánico de profesión y trabaja en un garaje seis días a la semana, diez horas diarias. Ha sido interesante observar la forma en que los grandes movimientos políticos del mundo influyen en toda su existencia: su país, su hogar, su empleo, sus hijos…..

Juan solía vivir como tantos de sus conciuda­danos: trabajando, comiendo, bebiendo, durmiendo y viviendo sin esperanza de cosa mejor. Asistía a su iglesia muy raras veces, aunque su esposa iba con más frecuencia. No tenía ya fe en Dios ni en el hombre, y tampoco era templado en sus hábitos. Se preocupaba constantemente por la posibilidad de que estallara una guerra, lo turbaba la agitación política en su país y sentía muy poca estimación hacia sus semejantes.

No obstante, vi cómo se arraigó y creció la paz en el corazón de Juan Fulano. Para él la paz ya no es algo abstracto. Toda su vida ha cambiado: su hogar, su trabajo, sus hijos. … él mismo. Juan ahora tiene fe. Se ha allegado a su Padre Celestial. Ahora dice sus oraciones, en las que encuentra no solamente consuelo y solaz, sino la respuesta a todas sus peticiones justas. So ha arrepentido y cambiado; se ha tornado sensible a las cosas de valor espiritual en la vida. Juan ha sido bautizado por inmersión para la remisión de sus peca­dos, por aquellos que tienen la autoridad para hacerlo; y ha recibido la imposición de manos sobre su cabeza para conferirle el don del Espíritu Santo, que habrá de guiarle a toda verdad.

Además, ha recibido el sacerdocio de Dios y ha sido ordenado élder. Ahora no sólo asiste a la Iglesia con regularidad, sino que es la autoridad presidente en su rama local. Está emanando de él la potenciali­dad para dirigir y prestar servicio que hay en su per­sona. No es ya el mismo hombre que hace ocho meses encontraron dos siervos del Señor y le enseñaron el evangelio.

El evangelio de Jesucristo tiene por objeto traer la paz a la tierra. A muchos les parecerá un sueño ilusorio, algo imposible de realizar, una utopía. Otros tienen buena razón para decir: “Pero el Cristianismo es un fracaso; no hemos tenido paz en 1900 años; antes, por el contrario, la iglesia hasta ha emprendido guerras santas, así llamadas.”

Quisiera recordaros, no obstante, que esta es la Igle­sia de Jesucristo; Él no es autor de ninguna de estas iglesias establecidas por los hombres. La autoridad para administrar Su evangelio se perdió de Ja tierra poco después del segundo siglo de la era cristiana, según consta por las profecías y los hechos históricos. Fue necesario que Dios el Padre y Su Hijo Jesucristo se aparecieran a José Smith en el año 1820 a fin de restaurar el conocimiento verdadero de Dios y llamarlo para ser Profeta. Fue menester establecer y autorizar la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días para que enseñara y administrara las ordenanzas del evangelio de nuestro Señor. Desde 1830 ha aumen­tado la fuerza y poder do esta Iglesia para efectuar la justicia sobre la tierra. Y ella puede realizar y realizará su propósito final de establecer la paz.

Sin embargo, la paz 110 se obtiene fácilmente, porque la paz está fundamentada en la justicia. No crece en el terreno del pecado o de la indiferencia hacia el Espíritu de Dios. No es el producto de un edicto o de la fuerza. Viene por medio del cambio voluntario en el corazón del hombre. La obediencia a la ley divina y la justicia anteceden la paz, nunca la siguen. La paz no viene como una otorgación o una dádiva. Igual que la felicidad, puede obtenerse no por bus­carla o procurarla simple y directamente, sino es más bien un producto o resultado incidental, por así decirlo, de la justicia. Viene como una bendición a los que son justos.

El temor de tales cosas como una guerra atómica es el resultado de no entender la fuerza destructiva que las guerras causan. No hubo necesidad de la física nuclear para destruir a los nefitas que vivieron sobre este continente hace 1500 años. El poder destructor fue el pecado y la desobediencia a la ley divina. Sus armas eran arcos y flechas. En la actualidad, el poder destructor es aún el pecado y la desobediencia a la ley divina. Las armas son un poco diferentes, pero reali­zan exactamente el mismo fin. Si somos inicuos, tene­mos razón para temer toda amia, cualquiera que sea. Si somos justos, nada debemos temer.

En el corazón de Juan Fulano actualmente reina la paz… no porque la haya buscado, sino porque procuró obedecer la ley divina; porque obedeció los principios y ordenanzas fundamentales del evangelio de Jesucristo. Así debe ser con todos los hombres, si quieren disfrutar de la paz. El evangelio requiere, en primer lugar, fe en el Señor Jesucristo; segundo, arrepentimiento y una firme resolución de guardar los mandamientos que Dios ha dado a Sus hijos; tercero bautismo por inmersión para la remisión de los pecados cometidos; y cuarto, la imposición de manos para recibir el don el Espíritu Santo. La aceptación y cum­plimiento de estos sencillos requerimientos básicos que le abrieron la puerta a Juan Fulano y le permitieron encaminarse por la vía de la perfección y la paz, habrán de hacer lo mismo por todos los demás hom­bres: el norteamericano, el escandinavo, el japonés, el ruso y el indio.

Si esta fórmula parece ser demasiado sencilla para establecer la paz, quisiera recordaros que este mismo evangelio, la observancia de estos idénticos principios fundamentales, ha traído la rectitud y la paz a la tierra en épocas pasadas. El Libro de Mormón narra la visita y enseñanzas del Señor Jesucristo en este continente americano. Deseo citar brevemente, de esta historia, lo siguiente:

. . Y he aquí, los discípulos de Jesús habían organizado la Iglesia de Cristo en todas las tierras circunvecinas. Y cuantos iban a ellos y se arrepentían verdaderamente de sus pecados, eran bautizados en el nombre de Jesús; y también recibían el Espíritu Santo.

“Y ocurrió que en el año treinta y seis se con­virtió al Señor toda la gente, sobre toda la faz de la tierra, tanto nefitas como lamanitas; y no había contiendas ni disputas entre ellos, y obraban recta­mente unos con otros.

“Y tenían en común todas las cosas; por tanto, no había ricos ni pobres, esclavos ni libres, sino que todos tenían su libertad y participaban del don celestial.

. . Y no había envidias, ni contiendas, ni tumul­tos, ni fornicaciones, ni mentiras, ni asesinatos, ni lascivias de ninguna clase; y ciertamente no podía haber pueblo más dichoso entre todos los que habían sido creados por la mano de Dios.” (4 Nefi 1-3, 16.)

Sí, estas gentes gozaron de paz por espacio de ciento noventa y cuatro años, pero, vuelvo a repetir, basados sólo en la obediencia al evangelio de Jesucristo y a las palabras de los profetas y apóstoles vivientes.

Os doy testimonio de que Dios vive, de que Jesús es el Cristo y de que el presidente David O. McKay es el Profeta para el mundo en la actualidad; y lo hago en el nombre de Jesucristo. Amén.

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La Iglesia de Jesucristo y su Futuro

Liahona, Enero del 1963

La Iglesia de Jesucristo y su Futuro

William G. Berrctt
Tomado de the Instructor

NO hace mucho apareció en una de las revistas más populares de los Estados Unidos un artí­culo escrito por el Reverendo Norman Vincent Peale, el cual advierte que la disminución de iglesias pro­testantes en nuestras grandes ciudades y la pronunciada inasistencia de sus miembros en casi todo el mundo está poniendo en evidencia una cierta impotencia en el protestantismo en la actualidad.

Esto nos hace también pensar en el futuro de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días.

El Crecimiento de la Iglesia

Si un simple vistazo a los hechos nos sorprende y asombra, una detenida consideración del asunto habrá de incitarnos aun a profetizar en cuanto al futuro de la Iglesia de Cristo. Mientras el protestan­tismo forcejea en medio de una inquisidora y pujante civilización, la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días está rápidamente llegando a ser una Iglesia universal—llena de sorprendente vitalidad e in­discutiblemente destinada a reemplazar las demás organizaciones religiosas, ya agotadas y desautorizadas. Esta aseveración podría parecer demasiado atrevida, puesto que sólo el tiempo habrá de demostrarla, Pero el tiempo mismo está en favor de la Iglesia, porque ésta contiene toda verdad y la vitalidad que emanan de la dirección divina.

¿Cuáles son los hechos? El mormonismo está creciendo rápidamente y su paso se acelera día a día. Unas pocas décadas atrás, la Iglesia duplicaba su cantidad de miembros prácticamente cada 25 años— el promedio actual demuestra que esto sucede ahora cada 17 años. Hace ya algún tiempo, el Dr. Howard Nielsen, de la Universidad de Brigham Young, estimó, como consecuencia do sus trabajos estadísticos, que para el año 2000 la población de la Iglesia alcanzaría a seis millones de almas. En aquella ocasión este cálculo pareció muy aventurado—hoy en día se perfila ya como demasiado moderado. Muchos historiadores y observadores manifestaron que la Iglesia había llega­do a la cumbre de su progreso proselitista, pero los hechos indican que dicha enunciación fue equivocada. Mientras que hace poco más de un lustro el mayor número de conversiones anuales nunca excedió de 12.000, el año 1961 arrojó una cifra de ¡90.000 bau­tismos! Y el año 1962 ha superado todo record anterior. El espíritu misionero sobre el que depende y se basa el crecimiento de la Iglesia, va aumentando en gloria y esplendor. Día a día está asumiendo aceleradamente aquella vitalidad que hace casi veinte siglos esparció el Cristianismo por el mundo. Y aun cualquier com­pilador de estadísticas podría profetizar la época en que los conversos entrarán por millones en las aguas del bautismo.

Causas de la Vitalidad de la Iglesia

¿Cuáles son las causas fundamentales de la vitali­dad de la Iglesia? En primer y principal lugar, se destaca el hecho de que fue establecida, tal como la Iglesia primitiva, bajo la dirección de Jesucristo y que continúa bajo Su guía personal. No se trata de una organización fundada por hombres. Sus doctrinas no han sido determinadas por concilios humanos, sino por la revelación directa de Dios. Por consiguiente, está en armonía con todas las verdades que en esta luminosa era del espacio puedan ser descubiertas.

Es fundamental poder tener la palabra de Dios en medio de las vitales áreas del aprendizaje, especial­mente en aquellas de la investigación en que las dudas y las controversias se debaten en los campos de la religión en la actualidad. Saber que Dios vive, que Jesucristo fue resucitado, que El existe hoy con un cuerpo de carne y huesos perfeccionado, que se ha manifestado, y aparecido en nuestros propios días a Sus profetas y conocer Su plan y Su Iglesia, sabiendo que hay nuevamente sobre la tierra hombres que tienen Su divina autoridad y comisión para actuar en Su nombre—es tener serenidad y paz junto con el deseo de llevar Su palabra a toda la humanidad. Seguir leyendo

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El Libro de Mormón es la palabra de Dios

Liahona, Mayo 1988
MENSAJE DE LA PRIMERA PRESIDENCIA

El Libro de Mormón es la palabra de Dios

Por el presidente Ezra Taft Benson

Los miembros de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días “creemos… que el ‘Libro de Mormón es la palabra de Dios” (octa­vo Artículo de Fe). Así lo han declarado Dios, los profetas que lo escribieron, sus testigos y todos los que lo han leído y han recibido una revelación perso­nal de Dios en cuanto a la veracidad del libro.

En la sección 20 de Doctrina y Convenios, el Se­ñor dice que El dio a José Smith “poder de lo alto para traducir el Libro de Mormón… el cual contie­ne. . . la plenitud del evangelio de Jesucristo. . . el cual se dio por inspiración” (D. y C. 20:8-10).

Nefi, uno de los profetas que escribió algunos de los libros que componen el Libro de Mormón, testifi­ca que éste contiene “las palabras de Cristo” (2 Nefi 33:10), y Moroni, el que escribió el último libro, tes­tifica diciendo: “estas cosas. . . son verdaderas” (Moroni 7:35).

Ese mismo Moroni, en calidad de ser angélico y enviado de la presencia de Dios, vino a la tierra en esta época y mostró las planchas que contenían esos registros antiguos a tres testigos. El testimonio de ellos con respecto a las planchas se encuentra en la primera parte del Libro de Mormón, donde, entre otras cosas, dicen: “Y también sabemos que han sido traducidas por el don y el poder de Dios, porque así su voz nos lo declaró; por tanto, sabemos con certeza que la obra es verdadera”.

El más correcto de todos los libros

Y José Smith, el Profeta, que fue el instrumento que utilizó Dios para traducir esos anales, dio testi­monio diciendo: “Declaré a los hermanos que el Li­bro de Mormón era el más correcto de todos los li­bros sobre la tierra, y la clave de nuestra religión; y que un hombre se acercaría más a Dios por seguir sus preceptos que los de cualquier otro libro” (Enseñanzas del Profeta José Smith, págs. 233-234).

El Libro de Mormón fue escrito para nosotros, los que vivimos en estos tiempos. Los que escribieron los libros que lo componen fueron hombres inspirados por Dios y dirigidos por Dios en esa tarea. Es un re­gistro compilado por hombres inspirados para que fuera una bendición para nosotros. Estaba destinado para nosotros. Mormón, el profeta antiguo cuyo nombre lleva el libro, compendió siglos de anales. Dios, que conoce el fin desde el principio, le hizo saber lo que debía incluir en la recopilación porque nosotros lo necesitaríamos en nuestra época. Mormón entregó los anales a su hijo Moroni, el último que escribió en ellos; y Moroni, que al escribir, hace 1.500 años, se dirigía a nosotros, los de la actualidad, nos dice: “He aquí, os hablo como si os hallaseis pre­sentes, y sin embargo, no lo estáis. Pero he aquí, Jesucristo me os ha mostrado, y conozco vuestras obras” (Mormón 8:35).

Para convencer al judío y al gentil

La finalidad del Libro de Mormón se expone en su portada, donde dice que es “para convencer al judío y al gentil de que Jesús es el Cristo, el Eterno Dios”.

Nefi, el profeta que escribió el primero de los li­bros del Libro de Mormón, dice;

“Porque toda mi intención es poder persuadir a los hombres a que vengan al Dios de Abraham, y al Dios de Isaac, y al Dios de Jacob, y sean salvos.

“De modo que no escribo las cosas que agradan al mundo, sino las que agradan a Dios y a los que no son del mundo.

“Por tanto, daré un mandamiento a mis descen­dientes de que no ocupen estas planchas con cosas que no sean de valor para los hijos de los hombres.” (1 Nefi 6:4-6.)

El Libro de Mormón lleva a los hombres a Cristo por conducto de dos medios fundamentales: Primero, habla con sencillez de Cristo y su evangelio; da testi­monio de la divinidad del Señor Jesucristo, de la ne­cesidad de que hubiera un Redentor y de la urgencia de depositar nuestra confianza en El. Da testimonio de la Caída y de la Expiación y de los primeros prin­cipios del evangelio, e incluso de nuestra obligación de tener un corazón quebrantado y un espíritu contri­to, así como de tener un renacimiento espiritual. Proclama que tenemos que perdurar hasta el fin sien­do rectos y llevando la vida moral de un santo.

Para confundir la falsa doctrina

Segundo, el Libro de Mormón pone al descubierto a los enemigos de Cristo; confunde las falsas doctri­nas y pone fin a las contenciones. (Véase 2 Nefi 3:12.) Fortalece a los humildes seguidores de Cristo contra los designios malignos, las artimañas y las doc­trinas del diablo en nuestra época. La clase de após­tatas que se describe en el Libro de Mormón es muy parecida al tipo de apóstatas que se manifiestan ac­tualmente. Dios, con su presciencia infinita, inspiró la formación del Libro de Mormón de manera que nosotros pudiéramos ver el error y supiéramos comba­tir los falsos conceptos educacionales, políticos, reli­giosos y filosóficos de nuestra época.

Dios espera que utilicemos el Libro de Mormón de diversas maneras. Tenemos que leerlo detenidamente y con oración, y al leerlo, reflexionar en si el libro es obra de Dios o de un joven sin instrucción. Moroni nos exhorta a que, una vez que hayamos terminado de leerlo, lo pongamos a prueba, y en cuanto a ello, nos dice: “Y cuando recibáis estas cosas, quisiera ex­hortaros a que preguntéis a Dios el Eterno Padre, en el nombre de Cristo, si no son verdaderas estas cosas; y si pedís con un corazón sincero, con verdadera in­tención, teniendo fe en Cristo, él os manifestará la verdad de ellas por el poder del Espíritu Santo” (Mo­roni 10:4). Yo he seguido esa exhortación de Moroni y os testifico que este libro es de Dios y, por tanto, verdadero.

La plenitud del evangelio

Tenemos que utilizar el Libro de Mormón como base de lo que enseñemos. En el versículo 12 de la sección 42 de Doctrina y Convenios, el Señor dice: “Y además, los élderes, presbíteros y maestros de esta iglesia enseñarán los principios de mi evangelio que se encuentran en. . . el Libro de Mormón, en el cual se halla la plenitud de mi evangelio”.

Y, al leer y enseñar, tenemos que aplicar las ense­ñanzas del Libro de Mormón a nosotros mismos, “pa­ra nuestro provecho e instrucción” (1 Nefi 19:23).

Utilicemos el Libro de Mormón para tratar las objeciones que se hagan a la Iglesia. Dios el Padre y su Hijo Jesucristo se manifestaron a José Smith en una visión maravillosa. Posteriormente a ese glorioso acontecimiento, José Smith contó lo sucedido a un clérigo, y grande fue su sorpresa al oír que éste le decía que no había tales cosas como visiones o reve­laciones en estos días, que todo eso había cesado. (Véase José Smith—Historia 1:21.)

Esas palabras simbolizan prácticamente todas las objeciones que han hecho contra la Iglesia tanto per­sonas que no son miembros de ella como las que se han alejado de su doctrina. Es decir, que no creen que en la actualidad Dios revela su voluntad a la Igle­sia por medio de sus profetas. Todas las objeciones que puedan hacerse, ya sea sobre el aborto, el matri­monio plural, el guardar el séptimo día, etc., giran fundamentalmente sobre el hecho de si José Smith y sus sucesores fueron y son profetas de Dios que han recibido y siguen recibiendo revelación divina. Aquí contamos, entonces, con un procedimiento para tratar, mediante el uso del Libro de Mormón, la mayoría de las objeciones que se nos hagan. Seguir leyendo

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El qué, el porqué y el cómo de ofrecer un testimonio

Liahona, Junio 2016

El qué, el porqué y el cómo de ofrecer un testimonio

Por el presidente Spencer W. Kimball (1895–1985)
Duodécimo presidente de la Iglesia
De “President Kimball Speaks Out on Testimony”, New Era, agosto de 1981,

Cada vez que expresan su testimonio lo fortalecen.

bearing testimonyToda alma en este mundo puede tener una revelación, exactamente la misma que tuvo Pedro (véase Mateo 16:13–17). Esa revelación será un testimonio, el conocimiento de que Cristo vive, de que Jesucristo es el Redentor de este mundo. Toda alma puede lograr esa certeza, y cuando reciba ese testimonio, provendrá de Dios y no solo del estudio. Por supuesto, el estudio es un elemento importante, pero junto con él debe haber mucha oración y mucho esfuerzo; entonces se recibe la revelación…

La reunión de testimonios es una de las mejores reuniones del barrio en todo el mes, si ustedes tienen el Espíritu. Si se aburren en la reunión de testimonios, ustedes son los que tienen un problema, no los demás. Si se levantan y expresan su testimonio, pensarán que esa es la mejor reunión del mes; pero si permanecen sentados contando los errores gramaticales y burlándose de la persona que no sepa hablar muy bien, se aburrirán y, poco a poco, eso causará que se marchen del reino…

Todos los meses, la Primera Presidencia y los Doce se reúnen en el templo con todas las Autoridades Generales; allí expresan su testimonio y su amor los unos por los otros, igual que ustedes. ¿Por qué necesitan las Autoridades Generales una reunión de testimonios? Por la misma razón que ustedes la necesitan. ¿Creen que pueden pasarse tres, seis, nueve y doce meses sin ofrecer su testimonio y todavía mantenerlo íntegro?

A algunos de nuestros buenos miembros les horroriza tanto la repetición que se ponen a divagar y se van por la tangente. No se preocupen nunca por la repetición en el testimonio. Cuando el Presidente de la Iglesia expresa el suyo, dice: “Yo sé que José Smith fue llamado por Dios como representante divino. Sé que Jesús es el Cristo, el Hijo del Dios viviente”. Como ven, lo mismo que dice cualquiera de ustedes. Eso es un testimonio…

Un testimonio no es una exhortación; no es un discurso (ninguno de ustedes está allí para exhortar a los demás); no es un diario de viaje. Están allí para expresar su testimonio. Es asombroso lo que se puede decir en sesenta segundos de testimonio, o en ciento veinte o en doscientos cuarenta; o en cualquier tiempo del que se disponga, si uno se limita a testificar. Los demás queremos saber lo que ustedes sienten. ¿En verdad aman la obra? ¿Se sienten felices en lo que hacen? ¿Aman al Señor? ¿Están contentos de ser miembros de la Iglesia?…

No permanezcan sentados en la reunión de testimonios y se engañen pensando: “No creo que vaya a dar mi testimonio hoy; tal vez no sea justo para con los otros miembros, porque ya lo he dado tantas veces”. Den su testimonio. Y un minuto es tiempo suficiente para expresarlo.

¡Ustedes tienen un testimonio! Por supuesto, es preciso que lo fortalezcan, lo eleven y lo ensanchen; y eso es lo que hacen; cada vez que expresan su testimonio lo fortalecen.

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En busca de paz y libertad

Liahona Septiembre 1990
Mensaje de la Primera Presidencia

En busca de paz y libertad

Por el Presidente Gordon B. Hinckley
Primer Consejero de la Primera Presidencia

Recuerdo una conversación muy inquietante que tuve hace años esperábamos aviones que se habían retrasado.

Tenía el pelo largo, la cara cubierta con una barba y usaba anteojos grandes y redondos; llevaba puestas unas sandalias y la forma en que estaba vestido daba la impresión de que era totalmente indiferente hacia toda norma social que hubiera sido aceptada por la mayoría de las personas. No obstante, su determinación y su sinceridad eran evidentes.

Era un hombre educado y cortés, y supe que se había graduado de una importante universidad norteamericana.

No tenía empleo y me dijo que su padre lo mantenía; andaba recorriendo América del Sur.

Le pregunté qué deseaba de la vida. “Paz y libertad”, me contestó inmedia­tamente. Entonces le pregunté si hacía uso de drogas y me respondió que sí, que éstas eran uno de los medios que empleaba para obtener esa paz y esa libertad que buscaba. La conversa­ción sobre las drogas nos llevó a hablar sobre la morali­dad. El mencionó la “nueva moralidad”, diciendo que ofrece mucho más libertad que la que haya podido gozar cualquier otra generación.

Al presentarnos, se había enterado de que yo era un líder religioso; y me hizo saber, con cierta condescenden­cia, que la moralidad de mi época era algo que causaba risa. Después, hablando con vehemencia, me preguntó cómo podía defender sinceramente la virtud personal y la castidad. Se quedó un tanto atónito cuando le afirmé que su “libertad” era un engaño, que su “paz” era un fraude y que le explicaría las razones por las que era así.

He pensado mucho en esa controversia y en otras simi­lares que he tenido a través de los años. En la actualidad hay millones de personas que, en el empeño por verse libres de las restricciones morales, han abierto el camino a prácticas que esclavizan y corrompen. Si se da carta blanca a esas prácticas, no solamente destruirán a las personas que se embarcan en ellas, sino también a las naciones de las que éstas forman parte.

Recuerdo haber pensado en esa “libertad” y esa “paz” un día en que me encontraba en mi oficina y tenía frente a mi escritorio a dos jóvenes; él era apuesto, alto y de aspecto viril; ella era una hermosa muchacha, estudiante destacada, sensible y perceptiva.

La joven sollozaba y a su acompañante se le caían las lágrimas silenciosamente. Ambos eran estudiantes uni­versitarios; se iban a casar a la semana siguiente, pero no con la clase de boda que habían soñado y planeado para tres años más tarde, una vez que hubieran terminado la universidad.

No obstante, se encontraban en una situación que am­bos lamentaban y para la cual ninguno de los dos estaba preparado. Ella estaba embarazada. Los sueños de una carrera, los años de preparación que sabían iban a nece­sitar para enfrentar la competencia que encontrarían en el mundo, yacían destrozados. En lugar de eso, se veían obligados a establecer un hogar y él tendría que mantener a su familia con cualquier trabajo que pudiera encontrar.

El joven levantó la mirada a través de las lágrimas. “Nos hemos dejado desviar del camino”, dijo con tristeza.

“Y nos hemos metido en una trampa”, agregó ella. “Nos hemos engañado el uno al otro; hemos engañado a nues­tros padres, que nos quieren tanto; y nos hemos engañado a nosotros mismos. Nos traicionaron. Creímos a los que nos dijeron que era una hipocresía conservar la virtud. Y nos hemos encontrado con que la ‘nueva moralidad’, la idea de que el pecado es algo que sólo está en la imagina­ción de las personas, es una trampa que nos ha des­truido.”

Me hablaron de los miles de pensamientos que les ha­bían cruzado por la mente durante los días de temor y las noches de ansiedad de las semanas anteriores. ¿Debía ella someterse a un aborto?, se habían preguntado; sentían la tentación de hacerlo, pero ella había llegado a la conclu­sión de que jamás haría algo así. Consideraba sagrada la vida, fueran cuales fueran las circunstancias. ¿Y cómo podría vivir con ese remordimiento si tomaba medidas para destruir el don de la vida, aun en la situación en que se hallaban?

Podían dar el niño en adopción. Había organizaciones excelentes que los ayudarían a llevar a cabo esos planes; y había muy buenas familias ansiosas por adoptar niños. Pero la pareja había descartado esa posibilidad; y, pa­sara lo que pasara, él no la dejaría sola para enfrentar el problema, pues se consideraba responsable y estaba dispuesto a cumplir esa responsabilidad, aun cuando le arruinara el futuro con el que había soñado.

No pude menos que admirar el valor del muchacho, su determinación a hacer lo mejor posible en esa difícil situación; pero sentí el corazón oprimido al contemplar­los, angustiados y sollozando. Eso era tragedia. Eso era aflicción. Eso era estar atrapados. Eso era esclavitud.

Les habían hablado de libertad, de que el mal era un concepto que sólo se hallaba en la imaginación de las personas. Pero se encontraban con que en realidad habían perdido su libertad. Y tampoco te­nían paz. Habían trocado su paz y su libertad: la libertad de casarse cuando quisieran, la libertad de seguir la carrera con la que habían soñado y, lo más importante, la paz del autor respeto.

El joven que conocí en el aeropuerto quizás hubiera querido refutar mi argumento diciendo que aquellos jóve­nes no fueron muy listos, pues si hubieran empleado los medios anticonceptivos que están a disposición de cual­quiera, no se habrían encontrado en aquella situación desgraciada. Yo le hubiera respondido que, a pesar de eso, dicha situación es muy común y que día a día el problema aumenta.

¿Puede haber paz en el corazón de una persona, puede haber libertad en su vida, si lo único que le ha quedado como amargo fruto de la gratificación de sus deseos ha sido la infelicidad?

¿Puede haber algo más falso y deshonesto que el grati­ficar una pasión sin aceptar la responsabilidad de los propios actos?

Recuerdo haber visto en Corea el trágico resultado de la guerra en miles de huérfanos nacidos de mujeres corea­nas y soldados estadounidenses. Esos niños abandonados se volvieron criaturas de aflicción que nadie quería, la consecuencia de una desgraciada inundación de inmora­lidad.

Lo mismo ocurrió en Vietnam, donde había decenas de miles de niños sin padre, abandonados. ¿Paz y libertad? Estas no pueden existir para nadie que haya pecado caprichosamente ni para los que hayan quedado como víctimas inocentes y trágicas de la lujuria.

Hay ciertos hombres que tienen la tendencia a sentir una perversa satisfacción por sus conquistas inmorales. ¡Qué victoria tan despreciable y sucia! En ese placer malicioso no hay ningún tipo de conquista, sino sólo un engaño de sí mismo y un fraude miserable. La única conquista que brinda satisfacción es la conquista del yo. En tiempos antiguos se decía que el que domina su propio espíritu es más grandioso que el que conquista una ciu­dad. (Véase Proverbios 16:32.)

El autodominio nunca ha sido fácil de lograr; y no tengo dudas de que es más difícil aún en la actualidad. El mundo en que vivimos está saturado de influencia sexual. Estoy convencido de que muchos jóvenes, y muchos adultos mayores pero no menos ingenuos, son víctimas de los elementos persuasivos que los rodean: las publicaciones pornográficas, que se han convertido en negocios multi­millonarios; las películas y los programas de televisión sugestivos, que excitan y ponen un sello de aprobación en la promiscuidad; las modas provocativas e incitantes; las decisiones gubernamentales que anulan las restricciones legales; los padres que muchas veces inconscientemente empujan a los hijos, a quienes aman, a situaciones que más tarde lamentarán.

Un escritor inteligente ha observado:

“Una nueva religión ha empezado a aparecer por todo el mundo, una religión en la cual el cuerpo es el objeto supremo de adoración, hasta el punto de excluir todos los demás aspectos de la existencia.

“Hemos trocado la santidad por la conveniencia… la sabiduría por la información, el gozo por el placer, la tradición por lo que está de moda.” (Abraham Joshua Heschel, The Insecurity of Freedom, New York: Schocken Books, 1966, pág. 200.)

La desnudez total o parcial se ha convertido en la característica de muchos espectáculos públicos, y ya en­tra en el terreno de la perversión sádica.

¿Puede haber alguna duda de que al sembrar los vien­tos de un mundo saturado de influencias sexuales, segue­mos las tempestades de Irá corrupción?

Es preciso que leamos más historia; si lo hacemos, veremos que ha habido naciones y civilizaciones enteras que han desaparecido envenenadas por su propia deca­dencia moral.

Según la forma en que el brote se desarrolle y crezca, así llegará a ser la flor. La infancia es la época de plantar para el florecimiento futuro de la vida familiar. No hay nación ni civilización que subsista si no hay fortaleza en sus hogares y en la vida de sus ciudadanos. Y esa fortaleza proviene de la integridad de los que viven en esos hogares.

En una familia no puede haber paz ni la vida de sus integrantes puede estar libre de las tormentas de la adver­sidad, a menos que esa familia y ese hogar estén fundados en cimientos de moralidad, fidelidad y respeto mutuo. La paz no puede existir donde no exista la confianza ni puede haber libertad donde no haya lealtad.

Tener la esperanza de gozar de paz, amor y felicidad por medio de la promiscuidad es esperar lo imposible; desear alcanzar la libertad mediante la inmoralidad es desear algo que nunca se obtendrá. El Salvador dijo: “Todo aquel que hace pecado, esclavo es del pecado” (Juan 8:34).

El Profeta del Señor, el presidente Ezra Taft Benson, ha hablado muy claramente respecto a esto:

“…el Libro de Mormón nos advierte sobre una de las tácticas del adversario en los últimos días: ‘Y a otros pacificará y los adormecerá con seguridad carnal, de modo que dirán: Todo va bien en Sión; sí, Sión prospera, todo va bien. Y así el diablo engaña sus almas, y los conduce astutamente al infierno’ (2 Nefi 28:21).

“Hay muchos pasajes en el Libro de Mormón que ha­blan de despertar, como los siguientes:

“‘¡Oh que despertaseis; que despertaseis de ese pro­fundo sueño, sí del sueño del infierno… Despertad… ceñíos con la armadura de la justicia. Sacudíos de las cadenas con las cuales estáis sujetos, y salid de la obscu­ridad, y levantaos del polvo.’ (2 Nefi 1:13, 23)…

“La plaga de esta generación es el pecado de la inmora­lidad sexual. El profeta José Smith dijo que esto sería la causa de más tentaciones, más golpes y más dificultades para los élderes de Israel que cualquier otra cosa.” (“Seamos puros”, Liahona, enero de 1987, pág. 1.)

Si existe un argumento en defensa de la virtud es que ésta es la única vía que nos libra del remordimiento; y la paz de conciencia que se recibe de ella es la única paz que no es falsificada.

Y más allá de todo eso está la infalible promesa de Dios a los que anden por las sendas de virtud. Jesús de Nazaret, hablando en la montaña, dijo: “Bienaventurados los de limpio corazón, porque ellos verán a Dios” (Mateo 5:8). Y ése es un convenio que nos hace Aquel que tiene el poder de cumplirlo.

También nos hace una promesa la voz de la revelación moderna, una promesa incomparable que se encuentra a continuación de un sencillo mandamiento:

“…deja que la virtud engalane tus pensamientos ince­santemente…” Y ésta es la promesa: “entonces tu con­fianza se hará fuerte en la presencia de Dios…

“El Espíritu Santo será tu compañero constante… y tu dominio será un dominio eterno, y sin ser compelido fluirá hacia ti para siempre jamás.” (D. y C. 121:45-46.)

No conozco otra más grandiosa que esta promesa hecha por Dios al hombre que deje que la virtud engalane sus pensamientos constantemente.

Os aseguro que éste puede llegar a ser un mundo de libertad en el cual el espíritu del ser humano se eleve a una gloria jamás soñada, un mundo de paz, la paz de una conciencia limpia, del amor puro, de fidelidad, confianza y lealtad inalterables.

Quizás esto parezca un sueño imposible para el mundo. Sin embargo, para todo miembro de la Iglesia puede ser una realidad, y de ser así, el mundo se ennoblecerá y fortalecerá con la integridad individual de sus habitantes.

Que Dios bendiga a cada uno de nosotros para que obtenga esta libertad, conozca esta paz, sea merecedor de esta bendición. Como siervo del Señor que soy, os pro­meto que si sembráis virtud, cosecharéis regocijo ahora y en los años por venir. □

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La Salvación: un asunto familiar

Liahona Noviembre 1992
MENSAJE DE LA PRIMERA PRESIDENCIA

La Salvación: un asunto familiar

por el presidente Ezra Taft Benson

Los cónyuges que se aman se darán cuente; de que el amor y la lealtad son recíprocos. Esta clase de amor proporcionará el medio ambiente adecuado para la evolución emocional de los hijos.


En un sentido eterno, la salvación es un asunto familiar y Dios hace a los padres responsables de la mayordomía de criar a su familia. Esta es una responsabilidad sumamente sagrada. Estamos al tanto de los grandes problemas que agobian hoy día a nuestra sociedad. Entre los más obvios están la promiscuidad sexual, la homosexualidad, el consumo de drogas, el alcoholismo, el vandalismo, la pornografía y la violencia. Estos graves problemas son síntomas del fracaso en el hogar, del abandono de principios y prácticas establecidos por Dios desde los comienzos del mundo.

Debido a que algunos padres se han apartado de los principios que el Señor dio para alcanzar la felicidad y el éxito, muchas familias en todo el mundo están pasando por momentos de trauma y de gran ansiedad. Muchos padres se ven tentados a abandonar las responsabilidades de su hogar para ir en busca de ilusiones que los llenen de «satisfacción». Algunos han renunciado a sus responsabilidades de padres para adquirir riquezas materiales, porque no están dispuestos a posponer la gratificación personal para atender al bienestar de sus hijos.

Es hora de despertar al hecho de que se están haciendo grandes esfuerzos por cambiar la estructura de la familia, remplazando los valores de Dios por los del hombres. La representación de la familia y el amor que se muestra en la televisión y en las pantallas del cine con frecuencia nos presenta una filosofía que es contraria a los mandamientos de Dios.

Frases que antes no tenían doble sentido ahora se usan para aprobar prácticas pecaminosas. Se usa el término «un estilo de vida optativo» para justificar el adulterio y la homosexualidad; «libertad de escoger» para justificar el aborto; «relación significativa» y «satisfacción personal» para justificar las relaciones sexuales extramaritales. Si continuamos como vamos, podemos esperar tener más jóvenes con transtornos mentales, más divorcios, más depresión y más suicidios.

El hogar es el mejor lugar para inculcar valores eternos en los miembros de la familia. Donde la vida familiar está protegida por lazos fuertes de amor y se basa en principios y prácticas del Evangelio de Jesucristo, estos problemas no se presentan tan a menudo.

TRES PRINCIPIOS FUNDAMENTALES

Mi mensaje es que volvamos a guiarnos por aquellos principios fundamentales que Dios ha prescrito y que aseguran el amor, la estabilidad y la felicidad en nuestros hogares. Permitidme ofreceros tres principios fundamentales para lograr la felicidad y las relaciones familiares perdurables.

Primero: Los cónyuges deben ser unidos en rectitud y en sus metas, deseos y acciones.

El matrimonio en sí se debe considerar como un convenio sagrado que se hizo ante Dios. Una pareja casada no solamente tiene una obligación mutua sino que también la tiene hacia Dios, quien ha prometido grandes bendiciones para aquellos que honren ese convenio.

La fidelidad a los votos matrimoniales es absolutamente esencial para que existan el amor, la confianza y la paz. El adulterio, sin ningún lugar a dudas, es condenado por el Señor.

Los cónyuges que se aman se darán cuenta de que el amor y la lealtad son recíprocos. Esta clase de amor proporcionará el medio ambiente adecuado para la evolución emocional de los hijos. La vida familiar debe traernos felicidad y gozo, algo que los hijos puedan siempre tener presente entre sus recuerdos más gratos. La moderación y el auto-control deben ser principios que gobiernen la relación matrimonial. Las parejas tienen que aprender a ponerle freno tanto a la lengua como a las pasiones. La oración en el hogar y la oración entre los cónyuges fortalecerán su unión, haciendo que gradualmente tengan los mismos pensamientos, las aspiraciones y las ideas y hasta los mismos propósitos y las mismas metas. Seguir leyendo

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La vida del discípulo

Liahona Agosto 2017
MENSAJE DE LA PRIMERA PRESIDENCIA

La vida del discípulo

Por el presidente Dieter F. Uchtdorf
Segundo Consejero de la Primera Presidencia

Sister Doe Kaku

Doe Kaku cuando se convirtió a la Iglesia.
La hermana Kaku en la actualidad, con su esposo, Anthony.

Hace treinta años, en Ghana, una joven estudiante universitaria de nombre Doe entró por primera vez en un centro de reuniones SUD. Una amiga la había invitado a acompañarla, y Doe sentía curiosidad por saber cómo era la Iglesia.

Las personas eran tan amables y afectuosas allí que no pudo evitar preguntarse: “¿Qué clase de iglesia es esta?”.

Doe quedó tan impresionada que decidió aprender más sobre la Iglesia y su gente, quienes estaban llenas de mucho gozo. No obstante, tan pronto como empezó a hacerlo, algunos familiares y amigos bien intencionados comenzaron a oponérsele a cada paso. Decían cosas terribles sobre la Iglesia y hacían todo lo que podían por disuadirla.

Sin embargo, Doe recibió un testimonio.

Tenía fe y amaba el Evangelio, el cual colmaba su vida de dicha; y así fue que entró en las aguas bautismales.

Después de ello, se dedicó de lleno al estudio y la oración. Doe ayunaba y a procuraba la influencia del Espíritu Santo en su vida. Por consiguiente, el testimonio y la fe de Doe se fortalecieron y aumentaron. Con el tiempo, decidió servir en una misión de tiempo completo para el Señor.

Tras regresar de la misión, entabló un noviazgo y se casó con un exmisionero —el mismo que la había bautizado años antes— y más adelante, se sellaron en el Templo de Johannesburgo, Sudáfrica.

Han pasado muchos años desde que Doe Kaku experimentó por primera vez el gozo del evangelio de Jesucristo. Durante este tiempo, la vida no siempre ha sido dulce para ella; ha sobrellevado su porción de angustias y desesperación, incluso la pérdida de dos hijos; y el profundo pesar de dichas vivencias aun le entristece mucho el corazón.

No obstante, ella y su esposo, Anthony, se han esforzado por acercarse el uno al otro y a su amado Padre Celestial, a quien aman con todo el corazón.

Hoy en día, treinta años después de que ella entrara en las aguas bautismales, la hermana Kaku acaba de concluir otra misión de tiempo completo, esta vez junto con su esposo, quien prestó servicio como presidente de misión en Nigeria.

Quienes conocen a la hermana Kaku dicen que hay algo especial en ella; irradia luz; es difícil pasar tiempo con ella sin sentirse más alegre.

Su testimonio es firme: “Sé que el Salvador me ve como Su hija y amiga (véanse Mosíah 5:7; Éter 3:14)”, dice. “Yo estoy aprendiendo y esforzándome mucho por ser Su amiga también; no solo por medio de lo que digo, sino también por lo que hago”.

Nosotros somos discípulos

La historia de la hermana Kaku es semejante a la de muchas otras personas. Tuvo el deseo de conocer la verdad, pagó el precio de obtener luz espiritual, mostró su amor por Dios y sus semejantes, y por el camino experimentó dificultades y pesar.

No obstante, sin importar la oposición, sin importar el pesar, siguió avanzando con fe; y, lo que no es menos importante, conservó la alegría. Encontró la forma no solo de sobrellevar las dificultades de la vida, ¡sino también de progresar a pesar de ellas!

Su historia es semejante a la de ustedes y la mía.

Raramente nuestra jornada se halla libre de problemas o pruebas.

Todos nosotros tenemos nuestras aflicciones, nuestras desilusiones, nuestros pesares.

Incluso podemos sentirnos desalentados y, en ocasiones, agobiados.

Pero quienes llevan la vida de un discípulo —quienes permanecen fieles y siguen avanzando con fe; quienes confían en Dios y guardan Sus mandamientos1; quienes viven el Evangelio día tras día y hora tras hora; quienes prestan servicio cristiano a las personas que los rodean, una buena obra a la vez— son aquellos cuyos pequeños actos a menudo marcan la gran diferencia.

Quienes son un poco más bondadosos, un poquito más prestos a perdonar, y un tanto más misericordiosos son los misericordiosos que recibirán misericordia2. Quienes hagan un mejor lugar de este mundo mediante un acto compasivo y amoroso a la vez, y se esfuercen por llevar la bienaventurada, satisfactoria y pacífica vida de un discípulo de Jesucristo son los que, con el tiempo, hallarán gozo.

Sabrán que “el amor de Dios que se derrama ampliamente en el corazón de los hijos de los hombres… es más deseable que todas las cosas… y el de mayor gozo para el alma”3.

Cómo enseñar con este mensaje

El presidente Uchtdorf nos enseña que la senda del discipulado es difícil, pero que quienes lleven la “bienaventurada, satisfactoria y pacífica vida de un discípulo de Jesucristo son los que, con el tiempo, hallarán gozo”. Tal como el presidente Uchtdorf narra la historia de Doe para mostrar el modo en que un verdadero discípulo de Cristo puede hallar paz y gozo a pesar de las pruebas de la vida, usted podría considerar compartir alguna anécdota de su propia vida sobre por qué elige seguir a Cristo y cómo Él lo ha fortalecido. Cuando a usted lo guía el Espíritu, el compartir anécdotas propias puede fortalecer a quienes enseña.

Jóvenes
Sentir gozo como discípulos de Jesucristo

young man doing homework
¿Alguna vez has tenido un mal día? ¿Qué hiciste para animarte? El presidente Uchtdorf sabe que “todos nosotros tenemos nuestras aflicciones, nuestras desilusiones, nuestros pesares. Incluso podemos sentirnos desalentados y, en ocasiones, agobiados”.

Su solución es vivir lo que él llama “la vida de un discípulo”: “[permanecer] fieles y [seguir] avanzando con fe”. Cuando avanzamos con fe, podemos confiar en Dios, guardar Sus mandamientos y servir a los demás; ¡y sentir gozo durante todo ello! Como dijo el presidente Uchtdorf: “Quienes llevan la vida de un discípulo… son aquellos cuyos pequeños actos a menudo marcan la gran diferencia”.

Considera la posibilidad de hacer una lista de las maneras en que puedes llevar la vida de un discípulo. Por ejemplo, podrías escribir alguna idea para prestar servicio como: “Ayudar a uno de mis padres a preparar la cena” o alguna idea sobre cómo guardar los mandamientos como: “Orar para tener más paciencia con mis hermanos”. La próxima vez que te sientas frustrado o agobiado, toma la lista, elige una idea e ¡inténtalo!

Niños
Los buenos y malos momentos de la vida

children happy helping
(haz clic para ampliar la imagen)
Cuando seguimos a Jesús y tratamos de ser amables, ayudamos a otras personas a ser felices. ¡Y cuando somos amables, nosotros también somos felices! Encierra en un círculo dos o tres cosas que podrías hacer esta semana para ser amable con los demás.

Notas

1. Véase Mosíah 4:6.
2. Véase Mateo 5:7.
3. 1 Nefi 11:22–23.

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Cómo llevar una vida consagrada

Liahona Agosto 2017
MENSAJE DE LAS MAESTRAS VISITANTES

Cómo llevar una vida consagrada

Estudie este material con espíritu de oración y busque inspiración para saber lo que debe compartir. ¿En qué forma el entender el propósito de la Sociedad de Socorro preparará a las hijas de Dios para las bendiciones de la vida eterna?

sister missionaries greeting woman“Consagrar es apartar o dedicar algo como sagrado, reservado para propósitos santos”, dijo el élder D. Todd Christofferson, del Cuórum de los Doce Apóstoles. “El verdadero éxito en esta vida se logra al consagrar nuestra vida, es decir, nuestro tiempo y opciones, a los propósitos de Dios”1.

El élder Neal A. Maxwell (1926–2004), del Cuórum de los Doce Apóstoles, dijo: “Tendemos a pensar en la consagración únicamente como el ceder nuestras posesiones materiales cuando se nos solicite en forma divina; pero la consagración suprema consiste en entregarse uno mismo a Dios”2.

Al consagrarnos a nosotros mismos a los propósitos de Dios, aumentará nuestra fe en Jesucristo y en Su expiación. Conforme llevamos una vida consagrada, se nos puede santificar mediante esas acciones.

Carole M. Stephens, anteriormente Primera Consejera de la Presidencia de la Sociedad de Socorro, dijo: “El élder Robert D. Hales enseñó: ‘Cuando hacemos convenios y los guardamos, salimos del mundo y entramos en el reino de Dios’.

“Cambiamos; nuestra apariencia es diferente y nuestra actitud es diferente. Las cosas que escuchamos, leemos y decimos son diferentes, y la forma en que nos vestimos es diferente porque nos convertimos en hijas de Dios ligadas a Él mediante un convenio”3.

La consagración es el convenio que Dios hace “con la casa de Israel”; “después de aquellos días, dice Jehová: Pondré mi ley en su mente y la escribiré en sus corazones; y yo seré su Dios, y ellos serán mi pueblo” (Jeremías 31:33). Llevar una vida consagrada se halla en armonía con el plan que Dios tiene para nosotros.

Escrituras adicionales

1 Tesalonicenses 1:3Doctrina y Convenios 105:5

Relief Society seal Fe Familia Socorro

Considere lo siguiente

¿De qué modo consagrar nuestra vida al Señor nos ayuda a llegar a ser más semejantes a Él?

Notas

1. D. Todd Christofferson, “Reflexiones sobre una vida consagrada”, Liahona, noviembre de 2010, pág. 16.
2. Véase Neal A. Maxwell, “[Consagrad] vuestra acción”, Liahona, julio de 2002, pág. 39.
3. Carole M. Stephens, “Bien atentas a nuestros deberes”, Liahona, noviembre de 2012, págs. 115–116.

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Los relojes

Liahona Agosto 2017
REFLEXIONES

Los relojes

Por Christy Rusch Banz
La autora vive en Utah, EE. UU.

El Espíritu Santo se asemeja mucho a los relojes que fascinaban tanto a mi hijo.

boy with a clock

Cuando mi hijo Joshua tenía unos dos años de edad, adquirió un gran interés en los relojes. Si pasábamos frente a algún reloj de la casa, quería detenerse y observarlo. En especial, le gustaba colocar la oreja cerca del reloj y escuchar el tictac que este hacía. Hubo una etapa en la que no podíamos pasar frente a un reloj sin detenernos a escuchar su tictac.

Me di cuenta de algunas cosas interesantes de aquella sencilla actividad. Primero, el tictac del reloj sonaba todo el tiempo, no solo cuando le prestábamos atención. Segundo, aunque sabíamos que el reloj hacía un sonido, teníamos que acercarnos a él, y estar muy callados y quietos a fin de oír el tenue tictac.

El Espíritu Santo se asemeja mucho a los relojes que fascinaban tanto a mi hijo. Los que nos hemos bautizado y recibido el don del Espíritu Santo podemos tener Su compañía constante si vivimos dignos de ella. El Espíritu Santo siempre está con nosotros, pero a veces permitimos que los ruidos del mundo ahoguen los delicados susurros que Él nos transmite. Tal como mi hijo y yo teníamos que estar callados y quietos para oír el suave tictac del reloj, cada uno de nosotros debe estar quieto a fin de escuchar o sentir los delicados susurros que el Espíritu transmite.

El presidente Boyd K. Packer (1924–2015), Presidente del Cuórum de los Doce Apóstoles, dijo: “La voz del Espíritu se describe en las Escrituras como una voz que no es ni ‘áspera’ ni ‘fuerte’; no es ‘una voz de trueno, ni una voz de un gran ruido tumultuoso’, sino que es ‘una voz apacible de perfecta suavidad, cual si hubiese sido un susurro’, y penetra ‘hasta el alma misma’ y hace ‘arder’ los ‘corazones’ (3 Nefi 11:3Helamán 5:30D. y C. 85:6–7 )…

El presidente Packer enseñó que “el Espíritu no atrae nuestra atención por medio de gritos ni de sacudidas bruscas. Por el contrario, nos susurra; nos acaricia tan tiernamente que si nos encontramos demasiado enfrascados en nuestras preocupaciones, quizás no lo percibamos en absoluto…

“En algunas ocasiones, solo nos presionará con la firmeza necesaria para que le pongamos atención, pero la mayoría de las veces, si no le hacemos caso a esa suave impresión, el Espíritu se alejará y esperará hasta que acudamos en Su busca y lo escuchemos” (véase “Lámpara de Jehová”, Liahona, octubre de 1983, pág. 31).

Ahora, cada vez que oigo el tictac de un reloj, no puedo evitar recordar la sencilla lección que mi hijo me enseñó sobre estar calmo para escuchar los delicados susurros del Espíritu.

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La preocupación del Señor por nosotros

Liahona Agosto 2017
PRESTAR SERVICIO EN LA IGLESIA

La preocupación del Señor por nosotros

Por Paige Anderson
La autora vive en Utah, EE. UU.

Al pensar en cuando mi familia era el centro de atención de los consejos de barrio, comprendí que nosotros no éramos la preocupación del barrio únicamente; éramos la preocupación del Señor.

ward council

Cuando el obispo me preguntó si aceptaba el llamamiento de presidenta de las Mujeres Jóvenes, quería decirle que no. Me sentía incapaz de presidir a las jovencitas. No obstante, tres meses después, me entristecí mucho al enterarme de que los límites de nuestro barrio cambiarían y se me relevaría.

Oré a fin de saber por qué el Señor permitió que llegara a amar a las jóvenes para luego tener que despedirme tan pronto. Mi respuesta llegó de manera inesperada, durante una reunión de consejo de barrio.

Se había pedido a los miembros del consejo que compartieran experiencias en la conferencia de estaca sobre cómo ayudar a los miembros de nuestro barrio, pero a mí me preocupaba que algunas personas pudieran sentir que eran “objetivos del barrio”. Sin embargo, tras haber expresado mi preocupación, el Espíritu me indicó que el Padre Celestial se preocupa por todos Sus hijos.

Hace algunos años, mi esposo y yo éramos el centro de atención de un consejo de barrio, y lo sabíamos. Yo regresé a la actividad en la Iglesia después de que nació nuestro primer hijo, pero mi esposo no. Durante años, trataron de ayudarnos presidencias de estaca, obispados y maestros orientadores.

Luego nos mudamos a un nuevo barrio. Un obispo paciente y amoroso y un maestro orientador entablaron amistad con mi esposo. Esta vez mi esposo se hallaba receptivo al Espíritu. Se sintió inspirado a leer el Libro de Mormón y comenzó a asistir a la Iglesia. Poco a poco recuperó el testimonio. Jamás olvidaré el hermoso día en que nuestra familia se selló en el templo.

No fue sino hasta que fui llamada como presidenta de las Mujeres Jóvenes y tuve la oportunidad de servir en el consejo de barrio que llegué a ver lo que significa ser el centro de atención de un consejo. Aprendí que los consejos de barrio se centran en ciertas personas no porque les preocupen los números, sino porque a ellos y al Señor les preocupan las personas. Cuando servimos en nuestros llamamientos, el Señor nos llena de Su amor para con aquellos a quienes servimos.

Al pensar en cuando mi familia era el centro de atención de los consejos de barrio, comprendí que nosotros no éramos la preocupación del barrio únicamente; éramos la preocupación del Señor. Ellos se preocuparon por nosotros porque Él se preocupa por nosotros.

La verdad es que todos somos de interés para el Señor. Por amor, Él ha establecido un plan para fortalecernos y, de ser necesario, activarnos; un plan que con frecuencia llevan a cabo personas como el obispo y el maestro orientador que ayudaron a mi esposo.

“El servicio amoroso y el ocuparse de las necesidades de los demás tal vez fue la característica principal de la vida terrenal del Salvador y siempre caracterizará a los discípulos del Maestro”.

Élder Jeffrey R. Holland, “Lo que deseo que todo miembro nuevo sepa y que todo miembro experimentado recuerde”, Liahona, octubre de 2006, pág. 12.

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Bendecir a los menos activos

Liahona Agosto 2017

Bendecir a los menos activos

Por el élder Terence M. Vinson
De los Setenta

Al vivir en armonía con el Espíritu y procurar la ayuda del Señor, Él bendecirá nuestros esfuerzos por llevar de regreso al redil a Su oveja perdida.

Christ healing

Muchas de las hermosas verdades de la vida las descubrimos a través de nuestros sentidos espirituales en lugar de nuestros sentidos físicos. De hecho, muchas cosas importantes —incluso las eternas— pueden sentirse, pero no verse.

El apóstol Pablo enseñó ese principio a los santos de Corinto: “No [miramos] nosotros las cosas que se ven, sino las que no se ven, porque las cosas que se ven son temporales, pero las que no se ven son eternas” (véase 2 Corintios 4:18).

El amor se aprende y se siente, principalmente, mediante los sentidos espirituales. De igual modo, la compasión, la amistad, la longanimidad y la fe son frutos del Espíritu (véase Gálatas 5:22).  El Padre Celestial emplea esos sentimientos del Espíritu para bendecir a Sus hijos, incluso a aquellos que se han descarriado.

He vivido la mayoría de mi vida en la región del océano Pacífico. Muchas personas de la región del Pacífico tienen un gran entendimiento de la importancia de las cosas que no se ven que describe Pablo, y muchas claramente dan prioridad a las cosas espirituales por encima de las necesidades físicas.

Esa zona de la Iglesia es diversa, con naciones desarrolladas y avanzadas, tales como Australia y Nueva Zelanda; así como naciones agrícolas y pesqueras, como Tonga y Samoa, donde los miembros de la Iglesia representan una gran proporción de la población. Luego hay naciones en vías de desarrollo, como, por ejemplo, Papúa Nueva Guinea y las Islas Salomón, donde las personas afrontan significativas dificultades.

Esa diversidad brinda oportunidades de aprender.

La urgencia de visitar a los menos activos

Una de tales experiencias de aprendizaje se destaca por encima de las demás. Se me había asignado como Setenta de Área a presidir una conferencia de estaca en Nueva Zelanda. Solo unos meses antes, el presidente Thomas S. Monson había dirigido un elocuente mensaje a todos los setentas del mundo. Su discurso se centraba en rescatar a quienes se habían apartado de las ordenanzas del Evangelio.

Como resultado del mensaje del presidente Monson y la consiguiente admonición que nos extendió, yo sentía la premura de visitar e invitar a quienes no participaban plenamente del Evangelio a regresar a los convenios y a las ordenanzas de salvación. Invité a los presidentes de estaca a que me llevaran, durante los fines de semana de las conferencias de estaca, a visitar a los miembros menos activos. Aquellas visitas siempre eran maravillosas.

Un sábado, durante un fin de semana de conferencia de estaca en particular, el presidente de estaca y yo visitamos a varias familias. El esposo y la esposa de una de aquellas familias habían estado casados durante unos diez años y se habían sellado en el templo, pero ahora estaban menos activos. Nos recibieron cordialmente y fue una visita espiritual. Conforme la visita llegaba a su fin, me sentí inspirado a preguntar al esposo si deseaba recibir una bendición, y luego a pedirle que diera una bendición a su esposa.

Se trataba de una impresión fuera de lo común. Se me había enseñado que, como invitado en casa ajena, debía asumir un rol secundario y que el cabeza de familia había de ser quien decidía lo que se hacía. Sin embargo, aquel hermano estaba agradecido por la invitación a recibir la bendición y se hallaba claramente conmovido después que el presidente de estaca y yo hubimos concluido.

No obstante, al ponerse de pie, preguntó si alguno de nosotros quería bendecir a su esposa. Nos dijo que, a pesar de llevar casados diez años, jamás le había dado una bendición y se sentía incómodo al respecto.

Lo alenté diciéndole: “Nosotros lo ayudaremos”.

woman receiving priesthood blessing

Después de explicarle cómo dar una bendición y de ayudarle a practicar lo que debía decir al principio y al final, él le dio una maravillosa bendición a su esposa. Cuando terminó, todos teníamos los ojos llorosos, y él y su esposa aceptaron nuestra invitación de regresar al Evangelio.

Como resultado de aquella tierna experiencia, el presidente de estaca se sintió inspirado durante el discurso que dirigió a los miembros de la estaca al día siguiente a exhortar a los poseedores del sacerdocio a dar bendiciones a los integrantes de la familia al regresar a casa tras la conferencia.

Inspirado a bendecir

Al concluir aquella sesión dominical de la conferencia de estaca, sentí otra impresión; esta vez, la de acercarme a una hermana joven que estaba sentada a unas diez filas del frente de la capilla y preguntarle si necesitaba una bendición. No la conocía, pero la impresión era fuerte.

La hermana, a quien tomé de improviso, dijo vacilante: “No, gracias”.

Yo estaba un tanto agradecido por su respuesta, pero sentía que había hecho lo que el Espíritu había indicado. Regresé al frente de la capilla para saludar a los miembros y de pronto se me acercó aquella misma joven, y me preguntó si aún estaba dispuesto a darle una bendición. Le dije: “Por supuesto”, y la invité a pasar a la oficina del presidente de estaca, donde en breve estaríamos con ella.

Cuando el presidente de estaca y yo nos dirigíamos a su despacho, le pregunté en cuanto a la mujer. Me explicó que ella acababa de volver a la Iglesia tras diez años de no asistir; vivía sola, pero durante esos diez años había llevado una vida contraria a las normas del Evangelio.

Antes de la bendición, la joven hermana nos habló sobre sus sentimientos de indignidad. Nos dijo que, durante el tiempo que pasó apartada de la Iglesia, sencillamente había hecho lo que quería sin pensar en los asuntos espirituales. Desde entonces, había despertado de nuevo al Evangelio, pero sentía que se había atrasado tanto en su desarrollo espiritual que no tenía esperanzas de recuperar lo perdido.

Le enseñamos que los obreros que entren tarde en la viña —y aquellos que regresen a esta tras ausentarse por algún tiempo— recibirán el mismo galardón que los que hayan trabajado en ella desde hace mucho (véase Mateo 20:1–16). Luego, le dimos una bendición del sacerdocio.

vineyard

Al actuar como portavoz en aquella bendición, me sentí sobrecogido por la abundancia de amor que percibí que el Señor tenía por la hermana. Fue un sentimiento más potente de lo que jamás había sentido antes; un sentimiento que me hizo ver que estaba en presencia de un espíritu particularmente noble. Cuando concluimos la bendición, la hermana se levantó de la silla; tenía dos líneas negras de rímel que le corrían desde los ojos; yo también me conmoví hasta las lágrimas.

El Señor me había permitido ver que aquella joven mujer excepcional estaba en las primeras etapas de un proceso que todos debemos experimentar para lograr nuestro máximo potencial aquí en la tierra. Cuando perdemos nuestro rumbo espiritual y cuando cometemos pecados, todos debemos humillarnos y arrepentirnos.

Tal como el apóstol Pablo enseñó a los gálatas, esta vida es el momento de que el espíritu se someta a la carne. “Porque el deseo de la carne es contra el Espíritu, y el del Espíritu es contra la carne; y estos se oponen entre sí, para que no hagáis lo que quisierais” (Gálatas 5:17).

Si alcanzamos o no nuestro potencial depende de que nuestro espíritu gobierne nuestro cuerpo, de que prevalezcamos sobre “el hombre natural” (Mosíah 3:19). En el mundo de hoy, muchas personas parecen no dar pelea en esa batalla. Los apetitos de la carne gobiernan sus vidas y la carne somete sus espíritus.

Aquella joven mujer se hallaba en la senda que permitiría que su espíritu se sometiera a la carne. Había comenzado una batalla que estaba resuelta a ganar.

“Andad en el Espíritu”

Al partir de la estaca aquel día, le pedí al presidente de estaca que me diera la información de contacto de quienes había conocido ese fin de semana a fin de poder alentarlos a seguir en la senda del Evangelio y recordar los compromisos que habían hecho.

La joven hermana siguió progresando y lo hizo rápidamente. Mediante su fe, empezó a “[andar] en el Espíritu” y a “[vivir] por el Espíritu” (Gálatas 5:16, 25). Se mantuvo en contacto conmigo y me confió las grandes dificultades que había superado y que ha afrontado desde entonces. Se ha vuelto una querida amiga de nuestra familia y hemos visto la fortaleza de su espíritu conforme ella se ha acercado al Salvador.

Ahora disfruta de las bendiciones del templo, ha prestado servicio como obrera de ordenanzas, e irradia los dones espirituales de la caridad y la benignidad. Desde entonces se ha casado en el templo con un joven hombre digno.

Es claro que en esa joven mujer lo espiritual ha vencido a lo temporal. Hemos visto cómo se purificaba su corazón y que ella “ya no [tiene] más disposición a obrar mal, sino a hacer lo bueno continuamente” (véase Mosíah 5:2).

Tal vez, el conocimiento que el Señor tenía de la nobleza del alma de ella fuera la causa de la inspiración que recibí aquel día. Aquella impresión me ha bendecido para que pudiera ver manifestarse el poder y la gracia del Padre Celestial en la vida de ella.

Todos tenemos la responsabilidad de ayudar a nuestros hermanos y hermanas menos activos, y a todos se nos puede inspirar concerniente a la forma de bendecirlos. Al vivir en armonía con el Espíritu y procurar la ayuda del Señor, Él bendecirá nuestros esfuerzos por “[volverles] a Su redil” (“Ama el Pastor las ovejas”, Himnos, nro. 139; véase también Alma 26:4).

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Ocho estrategias para ayudar a los niños a rechazar la pornografía

Liahona Agosto 2017

Ocho estrategias para ayudar a los niños a rechazar la pornografía

Por Lisa Ann Thomson

little boy with armor

Las estadísticas pueden llegar a agobiar a los padres; Extremetech.com calcula que un treinta por ciento de todos los datos que se transfieren por internet son pornografía1. Se halla, literalmente, en cientos de millones de páginas web, hasta en los gigantes de las redes sociales como Facebook, Twitter y YouTube. Puede accederse a ella a través de la televisión, las computadoras, las tabletas y los teléfonos inteligentes.

“El material al que el niño se ve expuesto sencillamente traumatiza el tierno y frágil cerebro de un pequeño”, señala una terapeuta, la Dra. Jill C. Manning, quien es una frecuente disertante sobre los efectos de la pornografía en el matrimonio y la familia.

Pero hay esperanza.

Aun con la aparente omnipresencia de la pornografía, los padres tienen el poder para proteger a sus hijos y prepararlos para afrontar y rechazar la pornografía.

A continuación se presentan ocho estrategias de líderes de la Iglesia y expertos para ayudar a los padres a fortalecer sus familias.

1. Aborden la cuestión del accesoy de las reglas familiares

Comiencen con las defensas exteriores. “Salvaguardamos a nuestros hijos hasta el momento en que ellos pueden salvaguardarse a sí mismos”, dice Jason S. Carroll, profesor de Ciencias Orientadas a la Vida Familiar de la Universidad Brigham Young. Este explica que el tronco encefálico, que alberga los centros de placer del cerebro, se desarrolla primero. Solo después se desarrollan completamente la capacidad de razonar y tomar decisiones en la corteza frontal. “De modo que los niños tienen el pedal del acelerador, pero sin los frenos al completo”, dice. Por lo tanto, los filtros externos y la supervisión son cruciales para las personas jóvenes.

Hay pasos sencillos y reglas que pueden proteger a los niños (y adultos) de la exposición involuntaria, y ayudarlos a pensárselo dos veces en cuanto al contenido que deciden ver:

  • Utilicen los filtros de la computadora, del enrutador y de los niveles del proveedor de servicios de internet.
  • Activen el control parental y el de contenidos mediante los proveedores de televisión por cable y los servicios de medios de comunicación en línea.
  • Configuren la restricción de contenidos en los dispositivos móviles.
  • Mantengan las computadoras y tabletas en las áreas de uso compartido.
  • Pidan a los niños y adolescentes que les entreguen los teléfonos y dispositivos móviles por la noche.
  • Establezcan una política de transparencia: Los padres pueden ver los mensajes de texto y las cuentas de las redes sociales en cualquier momento.

Enseñen a los hijos qué hacer si se encuentran con pornografía: (1) cerrar los ojos y apagar el dispositivo, (2) contarle a un adulto y (3) dirigir los pensamientos a otra cosa. Asegúrenles que no han hecho nada malo y que no se los regañará.

2. Prediquen de Cristo

“Los filtros son herramientas útiles, pero el mejor filtro en este mundo, el único que en última instancia funciona, es el filtro personal interno que proviene de un testimonio profundo y duradero del amor de nuestro Padre Celestial y del sacrificio expiatorio de nuestro Salvador por cada uno de nosotros”, dijo Linda S. Reeves, Segunda Consejera de la Presidencia General de la Sociedad de Socorro2.

Para ayudar a nuestros hijos a cultivar dicho filtro interno, la hermana Reeves destaca el consejo de Nefi: “Hablamos de Cristo, nos regocijamos en Cristo, predicamos de Cristo, [y] profetizamos de Cristo… para que nuestros hijos sepan a qué fuente han de acudir para la remisión de sus pecados” (2 Nefi 25:26).

Los expertos concuerdan con ello. Hay estudios que han confirmado que la religiosidad en el hogar, junto con una “forma de crianza afectuosa”, tiene un efecto protector contra la pornografía3.

“La mejor medida preventiva y la mejor medida reparadora ante la pornografía es la verdadera enseñanza del Evangelio en el hogar”, dice Timothy Rarick, profesor de Técnicas para la Crianza de los Hijos de la Universidad Brigham Young–Idaho, y miembro asesor de la Mesa Directiva de la United Families International [organización Familias Unidas Internacional]. “Lo mejor que podemos hacer es ayudar a nuestros hijos a establecer su propia conexión con los cielos”.

3. Enseñen a los hijos a usar un filtro interior

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Los padres pueden enseñar estrategias específicas para filtrar los medios de comunicación mediante las normas del Evangelio. Para la Dra. Manning, el Artículo de Fe número trece es el filtro perfecto para todas las decisiones que se tomen en cuanto a los medios de comunicación.

“‘Creemos en ser honrados, verídicos, castos, benevolentes, virtuosos y en hacer el bien a todos los hombres [y mujeres]… Si hay algo virtuoso, o bello, o de buena reputación, o digno de alabanza, a esto aspiramos” (Artículos de Fe 1:13). Hay mucho material en los últimos días que no se ajusta a dichos criterios; y si lo que hallamos no se ajusta, tenemos que seguir buscando”, dice la Dra. Manning.

No obstante, es ese esfuerzo lo que diferencia a los Santos de los Últimos, señaló el presidente Thomas S. Monson: “Conforme el mundo se aleja más y más de los principios y las pautas que nos dio un amoroso Padre Celestial, sobresaldremos de la multitud… Seremos diferentes al decidir no llenar nuestra mente con opciones de multimedia que son viles y degradantes y que harán que el Espíritu deje nuestro hogar y nuestra vida”4.

4. Enseñen a sus hijos una sexualidad sana

El principio de la “oposición en todas las cosas” [2 Nefi 2:11] se aplica a la pornografía. No basta con indicar que la pornografía es mala; los padres también deben enseñar a sus hijos lo que es bueno.

“Una de las defensas y protecciones más poderosas de nuestros jóvenes es que les enseñemos sobre la sexualidad, en el hogar y desde temprano”, dice la Dra. Manning. “Nuestros jóvenes sufren, puesto que crecen en un entorno de mensajes tóxicos con muy escasos mensajes positivos dentro del marco del Evangelio”.

El profesor de Ciencias Orientadas a la Vida Familiar de la Universidad Brigham Young, Mark H. Butler, recomienda las explicaciones directas: “El ciclo de la respuesta sexual existe de forma natural en nosotros, los seres humanos. Los deseos e impulsos sexuales que tenemos son un don concedido por Dios, los cuales nos bendicen y nos atraen natural y afectivamente al sexo opuesto, al matrimonio y a la vida familiar”.

Las charlas apropiadas según la edad en cuanto a la sexualidad sana pueden comenzar desde una temprana etapa. El profesor Carroll señala que las conversaciones sobre el contacto físico bueno y el contacto físico malo, así como sobre la privacidad personal, junto con el uso de la terminología correcta de las partes del cuerpo, pueden empezar a enseñarse desde temprana edad. Para la edad de ocho años, el niño tiene la capacidad de lograr una comprensión básica del sexo en el contexto físico, espiritual, emocional y en el pertinente a las relaciones, dice.

Además, los jovencitos y las jovencitas valoran la forma de hablar correcta y directa. Un joven dijo: “Si se anda con rodeos, las personas pueden malinterpretar mucho. Se me enseñó acerca de la ley de castidad una decena de veces antes de que me diera cuenta de que hablaban de sexo”.

El profesor Carroll dice que los padres también deben prestar atención al contexto de dichas charlas. “Hagan todo lo posible para no hacer de esas conversaciones algo estructurado”, dice. “Llevamos a nuestro hijo a cenar, nos vestimos con ropa de domingo o lo conversamos en el estacionamiento del templo”, dice. Sin embargo, si los hijos reciben el mensaje de que solo puede hablarse de sexo bajo esas circunstancias, tal vez no sepan cómo recrear tales circunstancias cuando tengan preguntas.

En vez de eso, los padres deben generar un diálogo y oportunidades continuas para que los hijos hagan preguntas cuando las tengan. “Si la conversación se produce cuando están sentados en el suelo del dormitorio o en la camioneta, o mientras recogen fresas, sabrán cómo volver a hablar”, dice Carroll.

“La experiencia me ha enseñado que los adolescentes más activos sexualmente son, por lo general, los menos informados”, señala el profesor adjunto de BYU Bradley R. Wilcox. “Los jovencitos que reciben respuestas de los padres desde una edad temprana son, por lo común, los que evitan la experimentación sexual”.

5. Destruyan el mito de la pornografía

El presidente Gordon B. Hinckley (1910–2008) manifestó claramente la verdad sobre [el uso de] la pornografía. Dijo: “Es malsano. Es lujurioso e inmundo. Es tentador y crea hábito. [Los] llevará… directo a la destrucción, no les quepa la menor duda. Es abyecta sordidez que enriquece a los que lo explotan y empobrece a sus víctimas”5.

“El consumo de pornografía por parte de los adolescentes y adultos jóvenes con frecuencia conduce a una idea distorsionada de la sexualidad y su función de fomentar sanas relaciones interpersonales”, sostiene el American College of Pediatricians [Colegio Estadounidense de Pediatras]. “Tales distorsiones incluyen la sobrestimación de la frecuencia de la actividad sexual en la comunidad, la creencia de que la promiscuidad sexual es normal y la creencia de que la abstinencia sexual no es saludable”6.

En las conversaciones concernientes a la pornografía, los padres deben señalar que esta es ficticia en todos los aspectos. Los comportamientos que se describen en la pornografía no son ni normales ni un reflejo de lo que se debe prever ni esperar en una relación sana. “La pornografía es atractiva solo mientras se acepten sus mitos”, dice el profesor Carroll.

6. Cambien la conversación concerniente al problema

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Los expertos y líderes de la Iglesia advierten en cuanto a concluir demasiado rápido que cualquier uso de pornografía indica necesariamente una adicción.

“No todo el que hace uso consciente de la pornografía es adicto a ella”, señala el élder Dallin H. Oaks, del Cuórum de los Doce Apóstoles. “De hecho, la mayoría de los jóvenes y las jovencitas que tienen problemas con la pornografía no son adictos, lo cual es una diferenciación importante que debemos hacer no solo los padres, los cónyuges y los líderes que desean ayudar, sino también quienes padecen el problema”7.

“Los jóvenes y las jovencitas se involucran con la pornografía debido a la curiosidad, debido a su accesibilidad y debido a, fundamentalmente, la falta de madurez”, dice el profesor Carroll. “Cada uno de nosotros experimenta el poder del ciclo de respuesta sexual que se despierta durante la pubertad mucho antes de que tengamos la madurez emocional o espiritual para entenderlo por completo”.

Richard Neitzel Holzapfel, profesor de Historia de la Iglesia en BYU y asesor docente del club estudiantil Remediar la Pornografía, indica que “el problema es real y tiene consecuencias terribles, pero hacer declaraciones generales sobre el problema a menudo lo arraiga más en el alma de quienes luchan contra él”.

El élder Oaks afirma que los problemas con la pornografía pueden oscilar entre “el uso ocasional o reiterado deliberado, el uso intensivo o el uso compulsivo (adictivo)… Si la conducta se clasifica incorrectamente como una adicción, el usuario podría pensar que ha perdido su albedrío y la capacidad de superar el problema… Por otro lado, tener una mayor comprensión de la gravedad de un problema —que tal vez no esté tan arraigado ni sea tan extremo como se temía— puede brindar esperanza y una mayor capacidad de… arrepentirse”8.

Al abordar los problemas, el profesor Butler sugiere que los padres adopten un método de evaluación: ¿Por cuánto tiempo ha estado ocurriendo? ¿Con qué frecuencia la consumen? ¿De qué manera acceden a ella? Luego, los padres pueden trabajar con los jóvenes para determinar el nivel de acción adecuado.

“Comprendan a las personas y quiénes son”, dice el profesor Holzapfel. “¿Cuán grave es su problema? ¿Qué es lo que sucede en realidad? ¿Cuál es la razón por la que ven pornografía y cómo podemos abordar los problemas más profundos?”

7. Enseñen a lidiar con las emociones

Es probable que el abordar problemas más graves también pueda ser clave para evitar problemas con la pornografía, dice Nathan Acree, un terapeuta que reside en Utah. Aparte de la curiosidad natural, la pornografía suele utilizarse como un modo de lidiar con las emociones, en particular, con las emociones agobiantes”.

El profesor Butler añade: “En cierto punto, el joven o la joven tiene alguna experiencia difícil o angustiosa en materia psicológica, en materia de relaciones o en materia espiritual”. Dice que las experiencias negativas pueden conducir el cerebro adolescente a tornarse a “las experiencias que le hacen a uno sentirse bien” como ver pornografía y a tener conductas relacionadas, como la masturbación. Entonces, las emociones que se crean en dichas conductas reemplazan o enmascaran las emociones estresantes. Y en ello yace el peligro: “La persona pasa de una experiencia que le hace sentirse bien a iniciar el tránsito a la dependencia psicológica. Ahora la persona se vale de esa conducta como un medio de lidiar con la vida”.

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El hermano Acree dice que los padres deben enseñar a los hijos que tanto las emociones agradables como las desagradables son normales, y que está bien experimentar sentimientos negativos tales como tristeza, enojo, frustración o dolor. Con frecuencia, los padres sienten la necesidad de controlar las emociones de sus hijos, pero el permitirles experimentar y afrontar los sentimientos negativos fomenta un conjunto de capacidades cruciales.

Si existe un problema con la pornografía, los padres deben procurar no aumentar la carga emocional del hijo avergonzándolo. El profesor de Ciencias Orientadas a la Vida Familiar de BYU, James M. Harper, indicó que, mientras que la culpa es una reacción natural ante los errores que puede motivar el cambio, la vergüenza es un sentimiento destructivo que puede conducir a una sensación de desesperanza.

En otras palabras, generar o exacerbar el sentimiento de vergüenza en los hijos daña la capacidad de estos tanto de cultivar reacciones emocionales positivas como de reconocer la influencia del Espíritu, quien, en última instancia, es el aliado más poderoso en la prevención y la recuperación frente al uso de pornografía.

Un joven que luchaba contra la pornografía recuerda con claridad cómo reaccionaron sus padres cuando su problema salió a la luz: “Mi madre reaccionó severamente, con gritos y vociferando, y me hizo sentir peor al respecto en vez de sentir esperanzas de superarlo”, dice. “Quien fue de mayor ayuda fue mi padre, al decirme repetidamente cuánto me amaba”.

“Por favor, no los condenen”, ruega el élder Oaks. “no son malos, ni carecen de esperanza; son hijos e hijas de nuestro Padre Celestial”9.

8. Enseñen que la expiación del Salvador funciona

En discursos, lecciones y materiales de lectura, los jóvenes reciben el claro mensaje de que la pornografía es un mal peligroso, pero tenemos que dar más énfasis a la doctrina de la expiación de Jesucristo.

En el caso de los jóvenes, el profesor Butler cree que el cerebro de los adolescentes podría ser una de las principales razones para enseñarles acerca de la Expiación. “El cerebro adolescente no está formado por completo y eso conduce a ciertas dificultades como el control de los impulsos y una falta de pensamiento con previsión”, explica. “El adolescente espiritualmente sincero, que se esfuerza, puede llegar a quedar mutilado por una culpa abrumadora al afrontar debilidades ante las que que él es especialmente vulnerable al tener dicho cerebro aún en una fase adolescente. Es extremadamente crucial que, junto con la enseñanza de los mandamientos, enseñen a los adolescentes la Expiación; que existe a fin de ayudarnos a cultivar la paciencia y la perseverancia en la vida”.

“Todos necesitamos la expiación de Jesucristo… Mediante el arrepentimiento adecuado y completo, [todos] pueden llegar a ser limpios, puros y dignos de todo convenio y bendición del templo que Dios ha prometido”, dice el élder Oaks10. Eso incluye a quienes han utilizado pornografía.

Y es un mensaje esperanzador: Hay mucho que los padres pueden hacer a fin de preparar a sus hijos para rechazar la pornografía; y cuando flaqueen, la expiación infinita del Salvador hace posible el cambio y el arrepentimiento.

“Eso significa, que pase lo que pase, el Padre Celestial nunca dejará de amarlos, y que nosotros, sus padres, nunca dejaremos de amarlos”, dice el profesor Rarick. Para un hijo, no puede existir una esperanza mayor que esa.


El 30% de los datos de internet son pornografía.

En 2015 se vieron 136 miles de millones de videos pornográficos en teléfonos inteligentes.

La pornografía es una industria de $97 mil millones de dólares estadounidenses.

En contraste, los ingresos en conjunto de las 10 principales ligas deportivas de Norteamérica, Europa y Asia es de $45.800 millones de dólares estadounidenses.

La exposición a la pornografía comienza en los años de la preadolescencia.

Las plataformas de las redes sociales se han convertido en sitios de gran tráfico de intercambio de pornografía.

76%de los usuarios de internet de 40 países usan redes sociales.

Vea un video de niños que explican cómo mantenerse a salvo de la pornografía en lds.org/go/81722.


Notas

  1. Sebastian Anthony, “Just How Big Are Porn Sites?”, ExtremeTech, 4 de abril de 2012, extremetech.com.

  2. Linda S. Reeves, “Cómo protegerse de la pornografía: Un hogar centrado en Cristo”, Liahona, mayo de 2014, pág. 16.

  3. Véase Sam A. Hardy et al., “Adolescent Religiousness as a Protective Factor against Pornography Use”, Journal of Applied Developmental Psychology, tomo XXXIV (mayo–junio de 2013), págs. 131–139, sciencedirect.com. La autora también entrevistó al investigador principal.

  4. Thomas S. Monson, “Sean un ejemplo y una luz”, Liahona, noviembre de 2015, pág. 88.

  5. Véase Gordon B. Hinckley, “Y se multiplicará la paz de tus hijos”, Liahona, enero de 2001, pág. 62.

  6. “The Impact of Pornography on Children”, American College of Pediatrics, junio de 2016, acpeds.org.

  7. Dallin H. Oaks, “Recuperarse de la trampa de la pornografía”, Liahona, octubre de 2015, pág. 52.

  8. Dallin H. Oaks, “Recuperarse de la trampa de la pornografía”, págs. 52–53.

  9. Dallin H. Oaks, “Recuperarse de la trampa de la pornografía”, pág. 55.

  10. Dallin H. Oaks, “Recuperarse de la trampa de la pornografía”, pág. 55.

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La norma divina de la honradez

Liahona Agosto 2017

La norma divina de la honradez

Por el élder Neil L. Andersen
Del Cuórum de los Doce Apóstoles

Tomado del discurso “Honesty—The Heart of Spirituality”, pronunciado en un devocional de la Universidad Brigham Young, el 13 de septiembre de 2011. Para leer el discurso completo en inglés, vaya a speeches.byu.edu.

Para un discípulo de Cristo, la honradez es parte central de la espiritualidad.

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Dios, nuestro Padre, y Su Hijo Jesucristo son seres de absoluta, perfecta y completa honradez y verdad. Somos hijos e hijas de Dios. Nuestro destino es llegar a ser como Él. Procuramos ser perfectamente honrados y verídicos como nuestro Padre y Su Hijo. La honradez describe el carácter de Dios (véase Isaías 65:16) y, por lo tanto, la honradez es un elemento clave de nuestro progreso espiritual y de los dones espirituales.

Jesús declaró: “Yo soy el camino, y la verdad y la vida” (Juan 14:6; véanse también Juan 18:37D. y C. 84:4593:36).

El Señor preguntó al hermano de Jared: “¿Creerás las palabras que hablaré?”.

El hermano de Jared respondió: “Sí, Señor, sé que hablas la verdad, porque eres un Dios de verdad, y no puedes mentir” (Éter 3:11, 12).

Estas son las propias palabras del Salvador: “Yo soy el Espíritu de verdad” (D. y C. 93:26; véase también el versículo 24). “… yo os digo la verdad” (Juan 16:7; véase también Juan 16:13).

Por otra parte, a Satanás se le describe como el padre de las mentiras: “… y llegó a ser Satanás, sí, el diablo, el padre de todas las mentiras, para engañar y cegar a los hombres y llevarlos cautivos según la voluntad de él, sí, a cuantos no quieran escuchar mi voz” (Moisés 4:4).

Jesús dijo: “… el diablo… no ha permanecido en la verdad, porque no hay verdad en él. Cuando habla mentira, de sí mismo habla, porque es mentiroso y padre de la mentira”  (Juan 8:44; véase también D. y C. 93:39).

El Salvador reprendía constantemente a quienes profesaban algo públicamente, pero en su corazón vivían de manera diferente (véase Mateo 23:27). Él alabó a quienes vivían sin engaño (véase D. y C. 124:15). ¿Se dan cuenta del contraste? Por un lado están las mentiras, los engaños, la hipocresía y la oscuridad; por el otro, están la verdad, la luz, la honradez y la integridad. El Señor hace una marcada distinción.

El presidente Thomas S. Monson ha dicho:

“Si bien antes las normas de la Iglesia eran casi todas compatibles con las de la sociedad, ahora nos divide un gran abismo que cada vez se agranda más…

“El Salvador de la humanidad se describió a Sí mismo diciendo que estaba en el mundo sin ser del mundo [véanse Juan 17:14D. y C. 49:5]. Nosotros también podemos estar en el mundo sin ser del mundo al rechazar los conceptos falsos y las enseñanzas falsas, y ser fieles a lo que Dios nos ha mandado”1.

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El mundo nos diría que es difícil definir la verdad y la honradez. Al mundo le causa gracia mentir de vez en cuando y no demora en excusar las supuestas mentiras “piadosas”. El contraste entre el bien y el mal se atenúa y las consecuencias de la falta de honradez se minimizan.

Para recibir constantemente el Espíritu de Verdad —el Espíritu Santo—, debemos llenar nuestra vida con lo verdadero y lo honrado. A medida que llegamos a ser completamente honrados, nuestros ojos espirituales se abren a un mayor grado de iluminación.

Ustedes pueden entender fácilmente la forma en que esa fuerza espiritual favorece el aprendizaje en el salón de clase; pero, ¿pueden ver también cómo ese principio se aplica a las decisiones importantes sobre la forma en la que utilizan su tiempo, con quién lo pasan y la manera en que moldean su vida?

Comprométanse a la honradez personal

El don espiritual de verdad que ustedes necesitan y desean no se puede separar del hecho de que sean una persona honrada y verídica. La verdad que procuran es parte de la persona que son. La luz, las respuestas espirituales y la dirección celestial están inalterablemente vinculadas a su propia honradez y veracidad. Gran parte de la satisfacción duradera que tengan en la vida la recibirán a medida que continuamente eleven su compromiso de honradez personal.

Roy D. Atkin relató lo siguiente:

“Después de que varios estudiantes abandonaron sus estudios al finalizar [mi] primer año en la universidad, mis clases en la facultad de odontología se hicieron aun más competitivas. Todos se esforzaban al máximo por estar entre los primeros de la clase. A medida que aumentaba la rivalidad, algunos estudiantes decidieron que la manera de salir adelante era hacer trampa, lo cual me preocupó mucho…

“Sabía que no debía hacer trampa; más que llegar a ser dentista, quería estar bien ante Dios.

“[Durante] mi tercer año, me ofrecieron una copia de un examen que íbamos a tener en una clase muy importante. Obviamente, eso significaba que algunos de mis compañeros de clase tendrían de antemano las preguntas del examen. Rechacé la oferta. Cuando se nos devolvieron los exámenes corregidos, el promedio del grupo era extremadamente alto, lo que hizo que mi puntuación fuese más baja en comparación. El profesor pidió hablar conmigo.

“‘Roy’, dijo, ‘por lo general sacas buenas calificaciones en las pruebas; ¿qué sucedió?’.

“‘Señor’, le dije a mi profesor, ‘en el próximo examen, si da una prueba que nunca haya dado antes, creo que descubrirá que me irá muy bien’. No respondió.

pencil and test“Tuvimos otro examen en esa misma clase. Mientras se repartían los exámenes, se oían fuertes gemidos. Era una prueba que el maestro nunca había dado. Cuando nos devolvieron los exámenes corregidos, la calificación que obtuve fue una de las más altas de la clase. A partir de ese momento, todos los exámenes que nos daban eran nuevos”2.

Debido a que somos discípulos de Cristo, la norma divina de la honradez forma parte de nosotros. En el Libro de Mormón, la amonestación del rey Benjamín de “[despojarse] del hombre natural” (Mosíah 3:19) es, en parte, un llamado para adquirir un sentido más elevado de honradez y de verdad.

El apóstol Pablo aconsejó a los efesios: “… despojaos del viejo hombre, que está viciado… y renovaos en el espíritu de vuestra mente”. Y después dio un consejo específico en cuanto a llegar a ser un “nuevo hombre” o una “nueva mujer”: lo primero que les dijo que hicieran fue “[dejar] la mentira, [y hablar] verdad cada uno” (véase Efesios 4:22–25; véanse también Colosenses 3:93 Nefi 30:2).

Me gusta esta definición de la honradez: “La honradez es ser completamente verídico, recto y justo”. Además, la integridad es “[tener] el valor moral de hacer que [tus] acciones sean compatibles con el conocimiento que [tienes] del bien y del mal”3.

El presidente James E. Faust (1920–2007), Segundo Consejero de la Primera Presidencia, relató lo que sucedió cuando se postuló como candidato para ingresar en la Escuela de Oficiales del Ejército de Estados Unidos. Dijo:

“… me llamaron a comparecer ante la comisión investigadora. Mis títulos eran pocos, pero había cursado dos años en la universidad y acababa de regresar de mi misión en Sudamérica.

“Las preguntas que me formularon los oficiales de la comisión tomaron un giro sorprendente; casi todas tenían que ver con mis creencias: ‘¿Fuma usted?’ ‘¿Bebe alcohol?’ ‘¿Qué piensa en cuanto a otras personas que fuman y beben?’ Yo no tuve problemas para contestar esas preguntas.

“‘¿Ora usted?’ ‘¿Cree usted que un oficial debe orar?’ El oficial que me hacía las preguntas era un aguerrido militar de carrera. No aparentaba ser uno que orara con frecuencia… Yo anhelaba ser oficial…

“Decidí no ser ambiguo. Les dije que sí oraba y que creía que un oficial podría procurar la ayuda divina tal como algunos generales notables lo habían hecho…

“Entonces me hicieron otras preguntas más interesantes: ‘En épocas de guerra, ¿no deberíamos disminuir un tanto el código de la moral? ¿No justificarían las exigencias de las batallas que los hombres hicieran cosas que no harían en su hogar ante circunstancias normales?’.

“… Me parecía que esas preguntas provenían de hombres que no vivían de conformidad con las normas que se me habían enseñado. Pensé por un instante que quizás podría decirles que yo tenía mis propias creencias, pero que no quería imponérselas a los demás. Sin embargo, en mi mente me pareció ver los rostros de las muchas personas a las que, como misionero, les había enseñado la ley de castidad; así que, al final, simplemente les contesté que no creía que hubiera más de una norma de moralidad’.

“Salí del interrogatorio pensando que aquellos toscos oficiales… me calificarían muy bajo. Pocos días después, cuando se publicaron los resultados, quedé gratamente sorprendido. Me encontraba en el primer grupo de candidatos para la Escuela de Oficiales”.

Entonces, el presidente Faust, al darse cuenta de cómo las decisiones pequeñas pueden traer grandes consecuencias, dijo: “Esa fue una de las encrucijadas de mi existencia”4.

La honradez, la integridad y la verdad son principios eternos que moldean de manera significativa nuestra experiencia mortal y ayudan a determinar nuestro destino eterno. Para un discípulo de Cristo, la honradez es parte central de la espiritualidad.

Sean fieles a su palabra

La honradez abarca todo aspecto de la vida diaria, pero permítanme mencionar algunos ejemplos específicos. En mi época de estudiante, recuerdo que el rector de aquel entonces de la Universidad Brigham Young, Dallin H. Oaks, ahora miembro del Cuórum de los Doce Apóstoles, compartió esta cita de Karl G. Maeser: “Mis jóvenes amigos, se me ha preguntado lo que quiero decir con palabra de honor. Se lo diré. Si me colocan detrás de los muros de una prisión —muros de piedra bien altos y gruesos, con cimentos muy profundos— existe la posibilidad de que de una manera u otra pueda escapar; pero si me colocan allí en el suelo, dibujan un círculo a mi alrededor y me piden que dé mi palabra de honor de nunca cruzarlo, ¿podría salir de ese círculo? ¡No, jamás! ¡Antes moriría!”5.

man standing in circleHay momentos en los que honramos los compromisos simplemente porque hemos acordado honrarlos. Habrá situaciones en la vida en que se verán tentados a ignorar un acuerdo que hayan hecho. Al principio concertarán el acuerdo debido a algo que desean recibir a cambio. Más tarde, debido a un cambio en las circunstancias, ya no querrán honrar los términos del acuerdo. Aprendan ahora que cuando dan su palabra, cuando hacen una promesa, cuando ponen su firma, su honradez y su integridad personales los obligan a cumplir su palabra, su compromiso, su acuerdo.

Estamos muy agradecidos de que “[creen] en ser honrados” (Artículos de Fe 1:13), que dicen la verdad, que no harían trampa en un examen, que no plagiarían un documento ni engañarían a otra persona. El Señor nos dice:

“… y la verdad es el conocimiento de las cosas como son, como eran y como han de ser;

“y lo que sea más o menos que esto es el espíritu de aquel inicuo que fue mentiroso desde el principio” (D. y C. 93:24–25).

Nuestros retos con frecuencia se presentan en lo “más o menos”, en las pequeñas tentaciones que están al borde del ser completamente honrado. Cuando cursaba el primer año de universidad, tenía sobre mi escritorio una declaración que con frecuencia citaba el entonces presidente David O. McKay (1873–1970). Dice: “Las batallas más grandes de la vida se libran dentro de las cámaras silenciosas del alma”6.

¿Cómo creen que se siente el Señor cuando tomamos decisiones difíciles en cuanto a la honradez? Hay un enorme poder espiritual al permanecer fieles y honrados cuando las consecuencias de su honradez podrían parecer una desventaja. Cada uno de ustedes enfrentará tales decisiones, y esos momentos decisivos pondrán a prueba su integridad. Al escoger la honradez y la verdad —ya sea que la situación se resuelva de la manera que ustedes esperan o no—, se darán cuenta de que esas importantes encrucijadas se convierten en pilares fundamentales de fortaleza en su crecimiento espiritual.

“Sean rectos en la oscuridad”

El presidente Brigham Young (1801–1877) una vez dijo: “Debemos aprender a ser rectos en la oscuridad”7. Una definición de esta frase es que debemos aprender a ser honrados cuando nadie sabe si estamos siendo deshonrados. Los exhorto a ser “rectos en la oscuridad”. Elijan el camino que el Salvador mismo elegiría.

El poeta Edgar A. Guest escribió:

No quiero mantener ocultos
todos mis muchos secretos;
ni engañarme de que en mi andar
ningún otro se habrá de enterar8.

Recordemos las bellas palabras del Profeta José Smith: “… yo lo sabía, y sabía que Dios lo sabía; y no podía negarlo, ni osaría hacerlo; por lo menos, sabía que haciéndolo, ofendería a Dios y caería bajo condenación” (José Smith—Historia 1:25).

man in viceExiste la presión para sobresalir, para mantener altas calificaciones, para encontrar empleo, para encontrar amigos, para complacer a los que los rodean, para graduarse. No permitan que esas presiones afecten su honradez. Sean honrados cuando las consecuencias parezcan estar en su contra. Oren para tener mayor honradez; piensen en los aspectos en los que el Señor desearía que fuesen más honrados y tengan el valor de tomar las medidas necesarias para elevar su espíritu a un nivel más alto de determinación a ser completamente honrados.

El presidente Monson nos ha amonestado: “Seamos ejemplos de honradez y de integridad dondequiera que vayamos y en lo que sea que hagamos”9. Tal vez deberían pensar en poner el consejo que dio el profeta del Señor donde lo puedan ver a menudo.

El élder Oaks nos ha aconsejado: “… no debemos ser tolerantes con nosotros mismos; Debemos regirnos por las demandas de la verdad”10. Sean intransigentes con ustedes mismos. El Salvador dijo: “Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, y tome su cruz y sígame” (Mateo 16:24).

Termino donde empecé. Nuestro Padre Celestial y Su Hijo Jesucristo son seres de absoluta, perfecta y completa honradez. Testifico que nuestro Padre Celestial y Su amado Hijo viven. Ellos los conocen a ustedes personalmente y los aman. Su destino como hijo o hija de Dios es llegar a ser como Ellos. Somos discípulos del Señor Jesucristo. Tengamos el valor de seguirlo.

Notas

1. Thomas S. Monson, “El poder del sacerdocio”, Liahona, mayo de 2011, págs. 66, 67.

2. Roy D. Atkin, “I Wouldn’t Cheat”, New Era, octubre de 2006, págs. 22–23.

3. Progreso Personal para las Mujeres Jóvenes, librito, 2009, pág. 61.

4. Véase de James E. Faust, “La honradez, una brújula de la moral”, Liahona, enero de 1997, págs. 45–48.

5. En Alma P. Burton, Karl G. Maeser: Mormon Educator, 1953, pág. 71; véase también de Dallin H. Oaks, “Be Honest in All Behavior” (Devocional de la Universidad Brigham Young, 30 de enero de 1973), pág. 4, speeches.byu.edu.

6. Véase de James L. Gordon, The Young Man and His Problems, 1911, pág. 130.

7. Diario de la oficina de Brigham Young, 28 de enero de 1857.

8. Edgar A. Guest, “Myself”, en The Best Loved Poems of the American People, 1936, pág. 91; traducción libre.

9. Thomas S. Monson, “Al partir”, Liahona, mayo de 2011, pág. 114.

10. Dallin H. Oaks, “El equilibrio entre la verdad y la tolerancia”, Liahona, febrero de 2013, pág. 32.

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El aprendizaje para toda el alma

Liahona Agosto 2017

El aprendizaje para toda el alma

Por el élder Kim B. Clark
De los Setenta
Comisionado del Sistema Educativo de la Iglesia

El Señor está actuando con poder en Su Iglesia para que ustedes obtengan la educación que Él desea que tengan.

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Este mensaje es para los jóvenes y los jóvenes adultos de la Iglesia del Señor. Hace muchos años, tuve una fuerte impresión sobre ustedes y sobre estos días. Fue como si viera a niños de la Primaria por toda la tierra. Sabía que ellos harían convenios con el Señor y los guardarían, y sabía que el Señor los bendeciría con oportunidades de aprendizaje profundo, tanto espiritual como temporal, y los levantaría como un potente ejército para edificar Su reino y preparar la tierra para Su regreso.

Ustedes son esos niños, y estos son sus días.

Es un día grandioso en el reino de Dios, un día lleno de oportunidades para que aprendan, crezcan y experimenten alegría y felicidad. Por supuesto, hay desafíos importantes. Sin embargo, mediante el poder redentor y fortalecedor de la expiación de Jesucristo, por medio de Su glorioso evangelio y Su Iglesia verdadera y viviente, el Señor continúa abriendo puertas y preparando el camino para que ustedes se arrepientan, aprendan profundamente, crezcan espiritualmente y se conviertan a Él. El Señor está preparando Su reino y a Su pueblo para Su regreso, y ustedes, los de la nueva generación, están desempeñando un papel central en esa gran obra

Este es un día de milagros. Las nuevas tecnologías permiten que el aprendizaje y la educación florezcan, y eso ocurre tanto para el conocimiento secular como el espiritual. El Señor está actuando con poder en Su Iglesia para que ustedes obtengan la educación que Él desea que tengan.

Todo esto es parte del mandamiento que el Señor dio al profeta José Smith (1805–1844) al comienzo de la Restauración: “… es mi voluntad que… [adquieras] un conocimiento de la historia, y de los países y de los reinos, y de las leyes de Dios y de los hombres, y todo esto para la salvación de Sion” (D. y C. 93:53).

Este mandamiento ha adquirido un carácter de urgencia en nuestros días a medida que el Señor apresura su obra. Ahora es el momento para que aprovechen las oportunidades de educación que tienen ante ustedes, y del potencial de aprendizaje y progreso que llevan en su interior.

Todos los días deben resonar en sus oídos estas palabras del presidente Thomas S. Monson:

“Les insto a procurar obtener instrucción académica”1.

“Sus talentos aumentarán a medida que estudien y aprendan”2.

“Cada uno de ustedes… [tiene] la oportunidad de aprender y… [progresar]. Expandan su conocimiento, tanto intelectual como espiritual, hasta la medida completa de su potencial divino”3.

Aprendizaje profundo

El aprendizaje que permite que cada uno de ustedes se eleve “a la plena estatura de su potencial divino” es lo que llamaré aprendizaje profundo: el aprendizaje de toda el alma: la mente, el corazón, el cuerpo y el espíritu inmortal. El aprendizaje profundo se aplica a todo tipo de conocimiento, ya sea espiritual o secular. El aprendizaje es profundo cuando aumenta el poder que ustedes tienen de hacer tres cosas: (1) saber y comprender; (2) tomar medidas eficaces y justas; y (3) llegar a ser más como nuestro Padre Celestial.4

Tal como el Señor enseñó al profeta José, el aprendizaje profundo se debe hacer a la manera del Señor, mediante la revelación y la inspiración en la Luz de Cristo y por el poder del Espíritu Santo y mediante el estudio activo y diligente y la enseñanza mutua, con la ayuda de la gracia de Jesucristo. Eso se aplica a cualquier tipo de conocimiento. A continuación figuran los mandamientos del Señor sobre el aprendizaje profundo:

“Buscad diligentemente y enseñaos el uno al otro palabras de sabiduría; sí, buscad palabras de sabiduría de los mejores libros; buscad conocimiento, tanto por el estudio como por la fe”  (D. y C. 88:118).

“Enseñaos diligentemente, y mi gracia os acompañará, para que seáis más perfectamente instruidos… en todas las cosas que pertenecen al reino de Dios, que os conviene comprender” (D. y C. 88:78).

El conocimiento espiritual tiene prioridad

young woman holding scripturesEl aprendizaje profundo, en cualquier campo de estudio, es una experiencia espiritual innata, anclada a un fundamento de fe en Jesucristo, arrepentimiento y obediencia a Sus mandamientos para que el Espíritu Santo pueda enseñarles. El aprendizaje profundo no es fácil, ¡pero vale la pena el esfuerzo! Si realmente desean aprender profundamente, si su corazón y mente son receptivos al aprendizaje, y si actúan de acuerdo con ese deseo, el Señor los bendecirá. Si ustedes hacen su parte: si oran con fe, se preparan, estudian, si participan activamente y ponen su mejor esfuerzo, el Espíritu Santo les enseñará, les magnificará la capacidad para actuar según lo que aprendan, y los ayudará a llegar a ser lo que el Señor desea que lleguen a ser. “… con la expiación de Cristo, la salvación misma”, enseñó el presidente Joseph F. Smith (1838–1918), “es un proceso de educación… El conocimiento es un medio de progreso eterno”5.

Ese proceso se aplica a cualquier entorno en el que se encuentren y a cualquier tipo de conocimiento. Sin embargo, el conocimiento más importante que necesitan adquirir es el conocimiento de las cosas de Dios. Por lo tanto, el conocimiento espiritual debe ocupar el primer lugar en su corazón y en sus prioridades. El profeta José Smith recalcó la prioridad del conocimiento espiritual con estas palabras: “El hombre no puede ser salvo sino al paso que adquiera conocimiento, porque si no lo obtiene, algún poder maligno lo conducirá al cautiverio en el otro mundo; porque los espíritus malos tendrán más conocimiento y, por consiguiente, más poder que muchos de los hombres que se hallan en el mundo. De modo que se precisa la revelación para que nos ayude y nos dé conocimiento de las cosas de Dios”6.

Es cierto que el Evangelio abarca toda la verdad7, pero el conocimiento y la comprensión de las verdades claras y sencillas del evangelio de Jesucristo deben ser el cimiento de todo el aprendizaje profundo. Poner el conocimiento espiritual en primer lugar en su mente y en su corazón asegura que confiarán en el Señor y en el Espíritu Santo en su aprendizaje, que todo lo que estudien lo verán a la luz de Su evangelio, y que continuarán aprendiendo profundamente a lo largo de su vida.

Aprendizaje profundo para toda la vida

El aprendizaje profundo tanto del conocimiento espiritual como del secular es un mandamiento del Señor. Imaginen lo que pasaría si dejaran de aprender. ¿Qué habría pasado si hubiera dejado de aprender cuando me gradué de la universidad a mediados de la década de 1970? No habría tenido nuevas perspectivas ni revelación de los profetas vivientes, las Escrituras, o del Espíritu Santo; no sabría nada del desarrollo continuo en la tecnología, del cuidado de la salud, de los asuntos mundiales, de las regulaciones gubernamentales ni de la educación. No habría ocurrido ningún progreso personal ni desarrollo espiritual mediante el arrepentimiento y el aprendizaje que se logra de la experiencia.

Cuando fui Presidente de la Universidad Brigham Young–Idaho, con frecuencia le preguntaban a la hermana Clark: “¿Cómo conoció al presidente Clark?”. Su respuesta solía empezar con estas palabras: “No era el presidente Clark cuando lo conocí”. Si yo no hubiera seguido aprendiendo, habría entrado en años, pero todavía sería el joven de 25 años de edad que la hermana Clark conoció cuando me gradué de la universidad, ¡él no era un candidato prometedor para la hermana Clark ni para nuestra familia!

Si dejan de aprender, no pueden llegar a tener más conocimiento, ser más eficaces, más útiles, más fieles o ser más como su Padre Celestial.

Su experiencia con el aprendizaje en su juventud y los años en que son jóvenes adultos sienta las bases para una vida de aprendizaje. Si desarrollan la capacidad de aprender profundamente a la manera del Señor, mediante el Espíritu y el estudio diligente y activo, será una gran bendición para ustedes.

Una clave para cosechar esa bendición es mantener el corazón y la mente abiertos al aprendizaje. A continuación figuran tres cosas que pueden hacer para estar siempre listos para aprender:

1. Pedir al Señor que los bendiga con el deseo de aprender profundamente.
Será maravilloso si ya tienen el deseo de aprender profundamente; si no es así, pidan al Señor ese don. El Señor educará sus deseos a fin de que deseen aprender qué es lo que Él desea que aprendan a lo largo de sus vidas, y cómo lograrlo. En el plan del Señor, el cómo desea Él que aprendan —mediante el Espíritu, con estudio diligente— es tan importante como el qué quiere que aprendan.

2. Hacer del arrepentimiento una parte central de su vida.
El arrepentimiento es un proceso divino; es la forma en que cambiamos, progresamos y mejoramos mediante el poder redentor y fortalecedor de la expiación de Jesucristo. Si el arrepentimiento forma parte central de su vida, siempre se encontrarán de rodillas, humillándose ante el Señor, buscando Su ayuda en cómo utilizar su tiempo y cómo servirle.

3. Adorar en el templo tan a menudo como les sea posible.
El templo es la casa de revelación y aprendizaje del Señor. Si van allí con frecuencia, si llevan consigo sus preguntas y sus deseos para aprender, el Señor mismo les enseñará.

Superar la oposición al aprendizaje profundo

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El aprendizaje profundo ahora mismo los preparará para toda una vida de aprendizaje. Sin embargo, sé que enfrentan obstáculos e incluso directa oposición al aprendizaje que el Señor desea que obtengan. El miedo, el desánimo, la pereza, la dificultad con la lectura, la falta de apoyo u oportunidad, las tradiciones culturales o familiares, las preocupaciones sobre los costos, las tentaciones del mundo, las ideas falsas sobre la educación y muchas otras cosas pueden interponerse en su camino8.

Sé que algunos de ustedes se enfrentan a varias de esas cosas que parecen obstáculos insuperables para el aprendizaje.

Les doy mi testimonio de que no importa dónde vivan, no importa cuáles sean sus circunstancias, el Señor Jesucristo está con ustedes en contra de toda esa oposición con Su amor redentor y Su poder omnipotente. A través de Su sacrificio expiatorio, Él ha experimentado y superado todo lo que podría impedir el progreso de ustedes hacia la vida eterna. En Su fuerza y con Su poder, pueden vencer lo que se interponga entre ustedes y el aprendizaje que el Señor desea que obtengan.

Esa es la promesa que les hace, y Sus promesas son verdaderas: “Allegaos a mí, y yo me allegaré a vosotros; buscadme diligentemente, y me hallaréis; pedid, y recibiréis; llamad, y se os abrirá” (D. y C. 88:63; véase también Mateo 7:7).

Conclusión

Este es realmente un gran día en el reino de Dios. El Señor está apresurando Su obra, y hemos visto milagro tras milagro mientras el Señor actúa con poder para abrirles maravillosas oportunidades para que aprendan profundamente.

El Señor está obrando en sus vidas para bendecirlos y prepararlos. Ruego que actúen con fe en Jesucristo para aprovechar cada oportunidad de aprender profundamente, crecer en conocimiento y entendimiento, lograr Sus propósitos rectos y convertirse en lo que nacieron para llegar a ser.

Para obtener más información sobre las oportunidades de educación en la Iglesia, visiten education.lds.org. Para aprender más sobre Seminario para los jóvenes, consulten la página 50 de este ejemplar. Para aprender más sobre Instituto para jóvenes adultos, véanse las páginas 44 y 46 de este ejemplar.

BYU–Pathway Worldwide [BYU–Pathway Mundial]

Por el élder Kim B. Clark
young adult at seminary graduationEn nuestros días, el Señor está actuando con poder en Su Iglesia para profundizar el aprendizaje y ampliar su alcance a más y más de ustedes. Quizás el mejor ejemplo de ampliar el alcance del aprendizaje profundo en la Iglesia sea el anuncio de una nueva organización dentro del Sistema Educativo de la Iglesia (SEI) conocida como BYU–Pathway Worldwide [BYU–Pathway Mundial]. Esta nueva organización se concibió a raíz del programa Pathway.

Pathway

En 2009, la Mesa de Educación de la Iglesia concedió permiso a la Universidad Brigham Young–Idaho para crear un nuevo programa académico llamado Pathway, con el fin de brindar oportunidades de educación superior a un mayor número de miembros de la Iglesia. Pathway consiste en un programa de tres semestres que prepara a los alumnos para recibir educación superior al tomar cursos en línea y reunirse en un instituto o centro de reuniones cada semana para recibir educación religiosa y participar en análisis dirigidos por los alumnos sobre el material de los cursos en línea. El programa Pathway está bajo la guía de los líderes locales del sacerdocio y lo supervisan los misioneros de servicio a la Iglesia, quienes asesoran y dan apoyo a los alumnos. El triple propósito de Pathway es (1) llevar el Evangelio al corazón de los alumnos, (2) ayudarlos a convertirse en alumnos capaces, y (3) prepararlos para dirigir y mantener a una familia.

Pathway actualmente funciona en 500 sitios por todo el mundo, y ha proporcionado servicio a más de 57.000 estudiantes, abriéndoles las puertas de las oportunidades, aumentando la esperanza y la fe en el Salvador, y profundizando el aprendizaje para miles de ustedes. El completar el programa Pathway ha permitido que muchos alumnos se inscriban en oportunidades de educación superior, entre ellas los programas de certificado y de título que se ofrecen en línea a través de BYU–Idaho o en instituciones educativas locales.

BYU–Pathway Worldwide [BYU–Pathway Mundial]

El progreso y el éxito del programa Pathway ha inspirado la creación de una nueva organización, afiliada con todas las instituciones del SEI, llamada BYU–Pathway Worldwide [BYU–Pathway Mundial] (BYU–PW [por sus siglas en inglés]). BYU–PW supervisa Pathway y coordina todos los otros programas del SEI de certificado y de título de educación superior que se ofrecen en línea. La organización presta servicio a los alumnos por medio de cursos en línea y administra las actividades al congregarse en los sitios de Pathway de todo el mundo, incluso los análisis académicos a cargo de los alumnos, talleres y servicios profesionales locales.

BYU–PW es el resultado de una norma aprobada por la Mesa de Educación de la Iglesia en noviembre de 2015: “El Sistema Educativo de la Iglesia procurará brindar oportunidades de educación a los miembros de la Iglesia dondequiera que la Iglesia esté organizada”.

BYU–Pathway Worldwide [BYU–Pathway Mundial] les puede ayudar a tener acceso a sus programas de certificado y de título en línea, lo que dará lugar a mejores oportunidades de empleo. Conjuntamente con la educación religiosa en instituto y el aprender por el Espíritu a la manera del Señor, ustedes pueden aprender a fondo dondequiera que estudien. Además del asesoramiento académico, ustedes tendrán acceso a asesoramiento y apoyo por parte del SEI y del personal de los Servicios de Autosuficiencia para ayudarlos a encontrar pasantías y puestos de trabajo o procurar oportunidades educativas locales.

A través de sus unidades y líderes locales de la Iglesia, pueden acceder a los programas de BYU–Pathway Worldwide [BYU–Pathway Mundial], incluso Pathway, la instrucción en el idioma inglés, y los certificados y títulos. Esos programas ya están disponibles en muchos lugares, y BYU–PW seguirá agregando nuevos sitios Pathway y nuevos programas de manera mesurada y constante, a medida que la Iglesia sigue adelante bajo la dirección del Señor.

Para más información, visite pathway.lds.org (en inglés).

Notas

1. Thomas S. Monson, “Si estáis preparados, no temeréis”, Liahona, noviembre de 2004, pág. 116.

2. Thomas S. Monson, “Tres metas para guiarte”, Liahona, noviembre de 2007, pág. 119.

3. Véase de Thomas S. Monson, “La fortaleza extraordinaria de la Sociedad de Socorro”, Liahona, enero de 1998, pág. 112.

4. El modelo de “saber, hacer, llegar a ser” se ha utilizado ampliamente como un marco para el desarrollo del liderazgo y en el análisis del plan del Señor para el desarrollo espiritual de sus hijos. Véase de Thomas S. Monson, “Aprendamos, hagamos, seamos”, Liahona, noviembre de 2008, págs. 60–68; y de Dallin H. Oaks, “El desafío de lo que debemos llegar a ser”, Liahona, noviembre de 2000, págs. 32–34. Para tratar a fondo cada uno de los elementos de este modelo, véase la serie de tres tomos por David A. Bednar, Increase in Learning 2011; Act in Doctrine 2012; y Power to Become 2014.

5. Enseñanzas de los Presidentes de la Iglesia: Joseph F. Smith, 1998, pág. 337.

6. Enseñanzas de los Presidentes de la Iglesia: José Smith, 2007, pág. 280.

7. Esta cita de Brigham Young capta bien la idea: “La religión de Jesucristo no sólo familiariza a la gente con las cosas de Dios y cultiva en ella la excelencia y la pureza morales, sino que también otorga todo aliento y estímulo posible para que aumente su conocimiento y su inteligencia, en toda rama de la mecánica, en las artes y en las ciencias, porque toda sabiduría, todas las artes y las ciencias del mundo son de Dios y han sido diseñadas para beneficio de Su pueblo” (Enseñanzas de los Presidentes de la Iglesia: Brigham Young 1997, págs. 203–205).

8. El siguiente es un ejemplo de una idea falsa derivada de las tradiciones culturales que pueden afectar a los jóvenes adultos: Hace una generación, una persona que vivía en el mundo desarrollado podía encontrar un trabajo bueno y bien pagado con ingresos suficientes para mantener a una familia si contaba con estudios secundarios o, mejor aún, al haberse graduado de la escuela secundaria. Esa idea aún persiste a pesar de que para la mayoría de la gente, en la mayoría de los países desarrollados, e incluso en los que están en vías de desarrollo, esos días ya han pasado. La educación y el aprendizaje más allá de la escuela secundaria en los campos de mayor demanda, ya sea obteniendo la certificación en enseñanza técnica o la adquisición de un título universitario (y en algunos campos un título avanzado), ha llegado a ser esencial para la manutención de una familia, para proveer de lo necesario para los años de jubilación, y el establecimiento de un cimiento temporal para prestar servicio en la Iglesia.

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Instituto es para nosotros

Liahona Agosto 2017

Instituto es para nosotros

Por Leah Welker
Revistas de la Iglesia

¿De qué manera puede Instituto de Religión de la Iglesia bendecir tu vida?

institute students 2Tenemos muchas cosas que debemos hacer. Algunos de nosotros somos estudiantes; algunos trabajamos durante muchas horas; algunos nos encontramos lejos de los amigos y la familia, o tenemos responsabilidades que nos preocupan mucho; algunos estamos tratando de adaptarnos después de regresar de una misión, o recién nos hemos graduado de la escuela secundaria y no estamos seguros de qué es lo que debemos hacer ahora.

Podría parecer contrario al sentido común agregar Instituto encima de todo lo demás. Muchos de nosotros nos hemos preguntado en una u otra ocasión: ¿me será Instituto de ayuda realmente?

La respuesta es sí.

Miles de jóvenes adultos de todo el mundo, muchos de ellos en situaciones como la tuya, encuentran en Instituto fortaleza, apoyo, amistad y enriquecimiento espiritual. A continuación hay solo dos ejemplos de jóvenes adultos extraordinarios que, a pesar de todos sus desafíos, saben que Instituto es para ellos.

Instituto es bueno para el corazón

Aric and friendLa historia de Aric, de Toronto, Ontario

Aric (arriba, a la derecha) es un estudiante de doctorado en la Universidad de Toronto y trabaja con tejido cardíaco y medicina regenerativa.

Al describir su investigación, él explica: “Ciertos tipos de células madre pueden transformarse en cualquier parte de tu cuerpo. Podemos colocar células madre en una placa de Petri y convertirlas en células cardíacas. Después de dos semanas, comienzan a latir por sí mismas. A continuación, las utilizamos para simular diferentes enfermedades y probar distintas drogas. Mi meta es algún día cultivar un corazón en un laboratorio como este”.

Aric experimentó su propio cambio de corazón durante su misión en Belo Horizonte, Brasil. “Cuando serví en una misión, aprendí a escuchar y seguir al Espíritu. Me ayudó a aprender a estudiar, a aprender cómo dedicarme”. Él cambió tanto que se sintió preocupado por volver a casa. “Realmente no sabía cómo actuar ni qué hacer”, admitió. “Tuve que volver a aprender la forma de actuar en ciertas situaciones. El ir a Instituto me ayudó”.

La red social en Instituto es importante para Aric. “He podido entablar amistad con personas que necesitaban amigos. He podido consolar a personas cuando necesitaban ser consoladas. Eso es importante para mí, ayudar a otras personas, pero también es importante para mí sentir eso mismo de las demás personas”.

Él bromea acerca del largo período de tiempo que ha ido a Instituto, pero sigue yendo. “Cada vez que voy, siento el Espíritu que se halla presente allí. Y me ayuda a ser una mejor persona, a permanecer en buenos lugares y a hacer bien mi trabajo”.

Aric hace una comparación entre su trabajo e Instituto. “Si colocamos una célula en un buen ambiente, ocurren cambios internos en la célula que la hacen más receptiva a los cambios positivos o las señales positivas que queremos darle. Con el tiempo, la célula cambia, se transforma en algo mejor, más grande que sí misma. Para mí, eso es algo muy, muy especial. Si yo me coloco en el ambiente adecuado, entonces me volveré más receptivo a los aspectos espirituales de la vida y menos receptivo a las influencias negativas que suceden en el mundo”.

Él concluye: “Dios es real. Eso es algo que siento muy profundamente. No siempre he sentido Su amor en mi vida; estoy comenzando entender que eso es así debido a las decisiones que he tomado. Me doy cuenta de que Él está allí para ayudarme, de que Él realmente desea que yo sea lo mejor que puedo ser”.

Instituto me ayuda a recordar a Cristo

La historia de Verónica, de Madrid, España

Cuando Verónica (foto en la parte inferior) tenía 17 años, su hermana melliza murió en sus brazos. Tres años después de la muerte de su hermana, sola y abriéndose paso por la vida, Verónica comenzó a salir a caminar para resolver sus sentimientos de tristeza. Ella siempre había creído en Dios, por lo que un día, mientras caminaba, oró: “Señor, ¿por qué me haces todo esto?”.

VeronicaEn ese momento, levantó la vista hacia un edificio de la Iglesia SUD al lado del cual ella siempre pasaba. Al verlo realmente por primera vez, sintió curiosidad; entró en él y se presentó a dos misioneras, quienes le enseñaron posteriormente esa semana.

Verónica dijo que después de la primera lección, “me puse de pie y les dije: ‘Todos ustedes están locos’, y me fui”. Ella no quería tener nada que ver con eso, pero finalmente comenzó a recapacitar.

“Creo que fue la primera vez que oré tanto. Me sentía como si Dios me estuviera diciendo: ‘Te estoy enviando esta oportunidad para que puedas llegar a conocerme mejor. ¿No la quieres?’”.

Ella decidió que sí la quería. A pesar de perder su hogar y su trabajo a causa del Evangelio, ella se bautizó. Aun cuando su vida continuó siendo difícil en algunas ocasiones, ella confió en el Señor. “Antes de conocer la Iglesia, yo lloraba o me enojaba si no sabía cómo iba a pagar mi alquiler. Pero ahora sé que el Señor proveerá”.

La bendición patriarcal de Verónica le dijo que debía cumplir una misión, pero ella no tenía faldas ni ninguna forma de comprarlas. Un miembro de los Setenta y su esposa visitaban esa área y oyeron acerca de su necesidad; la esposa se había sentido inspirada a llevar faldas extra para el viaje y le dio muchas de ellas a Verónica; también la animó a que asistiera a Instituto. Cuando el obispo de Verónica comenzó un programa de Instituto para su área, ella comenzó a asistir con regularidad.

Instituto le ha dado paz y felicidad. “Creo que lo que más me gusta de Instituto es que durante la semana tenemos un montón de tareas diferentes por realizar. Tenemos los domingos para renovar nuestros convenios con nuestro Padre Celestial, pero los lunes, martes, miércoles, jueves, viernes, ¿qué tenemos? Estoy agradecida porque tenemos Instituto al menos una vez durante la semana, porque es una manera de recordar a Jesucristo. Instituto es una manera en la que Él me está ayudando a progresar”.

Y Verónica sí cumplió una misión. En octubre de 2016 partió para prestar servicio en la Misión Chile Osorno.

Ella dice: “Sé que hoy estoy aquí gracias a Él. Sé que Él ha preparado un plan perfecto para cada uno de nosotros. Él nos dará oportunidades a lo largo de nuestra vida. Puedo sentir Su amor cada día, aun cuando en ocasiones digo: ‘Padre, ¿por qué me está pasando esto a mí?’. Pero antes de irme a dormir, Él responde: ‘Esto está sucediendo a causa de esto otro. Ahora, vete a dormir’. Y lo amo, también. Quizás tuve que pasar por todo lo que pasé para llegar a sentir tanto amor por Él”.

Instituto es para mí, Historias en video

Ve las historias de Aric, Verónica y otros jóvenes adultos en lds.org/go/81749.

Haz de Instituto una prioridad

“Piénsalo. Harás nuevas amistades, sentirás el Espíritu y tu fe se fortalecerá. Te prometo que, al participar en Instituto y estudiar las Escrituras de manera diligente, aumentará tu poder para evitar las tentaciones y para recibir la guía del Espíritu Santo en todo lo que hagas. Esa es una promesa que te hago”.

Presidente Thomas S. Monson, 21 de abril de 2009, si.lds.org.

Invitar a los jóvenes adultos a Instituto: Una historia de éxito

institute students 3Invitar a todos los jóvenes adultos a asistir a Instituto es una de las metas de la Iglesia. Dependiendo de la estaca, dicho esfuerzo podría involucrar a varios líderes:

  • Coordinadores de Instituto
  • Miembros de la presidencia de estaca y obispos
  • Maestros de Instituto
  • Representantes de los jóvenes adultos solteros
  • Alumnos

Un pequeño pueblo de Nueva Zelanda ofrece un ejemplo asombroso de cómo los líderes de una estaca aunaron esfuerzos para crear una clase de Instituto que atendiera mejor las necesidades de su área.

El obispo del Barrio Ngaruawahia, Sam Higgins, quería saber de qué manera podía ayudar a los jóvenes adultos de su barrio. El presidente Bobby Hamon, segundo consejero de la presidencia de la Estaca Hamilton, Nueva Zelanda, sugirió Instituto y se puso en contacto con Jonathan Warwick, el coordinador de Instituto para esa área.

El hermano Warwick explica: “Al principio, propusimos hacer una mayor publicidad y contacto personal para animar a los alumnos a hacer el viaje de 30 a 45 minutos de duración hasta Hamilton, para asistir a la clase de Instituto, pero todos sentían que tener una clase en Ngaruawahia les ayudaría a los alumnos a sentirse como en casa”.

Con la ayuda de un matrimonio misionero, crearon una clase de Instituto en Ngaruawahia. La clase ha pasado de tener 2 alumnos a tener más de 40.

El hermano Warwick dice: “La clase de Instituto de Ngaruawahia se ha convertido en una respuesta milagrosa a las oraciones. Mediante esta clase, se les recuerda a los jóvenes que el Señor verdaderamente ama a cada uno de Sus hijos y está ansioso por proveer soluciones que fortalezcan su testimonio de Jesucristo, les ayuden a experimentar una conversión duradera al Evangelio y les ayuden a sentir el poder de la expiación de Jesucristo en su vida”.

Para conocer más ideas de estos líderes acerca de esta exitosa experiencia o para buscar ayuda sobre cómo colaborar en el fortalecimiento de los jóvenes adultos de su estaca, visite lds.org/go/81747.

Lo que los líderes deben saber acerca de Instituto

Debe animarse a todos los jóvenes adultos que no se hayan graduado de una universidad de la Iglesia o de un Instituto de Religión a inscribirse y graduarse de Instituto.

Los líderes locales deliberan juntos para crear un plan eficaz a fin de reconocer e invitar a cada joven adulto soltero a que asista a Instituto. El personal de Seminario e Instituto está preparado para ayudar a los líderes del sacerdocio en esta tarea.

Los esfuerzos más eficaces incluyen lo siguiente:

  • Los líderes del sacerdocio dirigen la iniciativa.
  • Se extienden invitaciones personales a los jóvenes adultos.
  • Los líderes utilizan un sistema de responsabilidades para informar sobre las invitaciones.
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