Conferencia General Octubre 1962
La Justicia, Base de la Paz
Por A. Theodore Tuttle
Discurso pronunciado por el presidente A. Theodore Tuttle, miembro del Primer Consejo de los Setenta y Director de las Misiones Sudamericanas, durante la 132 Conferencia General Semestral de la Iglesia, efectuada en octubre último.
E siento muy agradecido por tener la oportunidad de reunirme con vosotros en esta ocasión tan inspiradora. Os traigo los saludos de los siete Presidentes de Misión, los miembros de la Iglesia y los misioneros de la América del Sud; y en vista de que este programa está siendo escuchado en sitios distantes, hago presentes estos saludos a todos vosotros, dondequiera que estéis.
Hace varios años me encontraba en Baníf, provincia de Alberta, Canadá, comiendo en un restaurante acompañado de mi esposa, y cuando íbamos a pagar la cuenta, el propietario del mismo, un señor griego, comentó sobre lo que él calificó de “perfil clásico griego” de mi esposa, y así empezamos a conversar. Enterado de que yo estaba relacionado con la Iglesia, me hizo una proposición. “Lo pagaré la comida—me dijo— si me dice usted cuál es la cosa más grande del mundo.” Lo consulté con mi esposa y le contesté entonces:
“El amor es la cosa más grande del mundo.”
“Va a tener que pagar nomás su comida, amigo —respondió—porque 110 es eso; lo más grande del mundo es la esperanza.”
Entonces, brevemente, nos relató cómo una vez había perdido su negocio, su dinero, sus amigos, su familia y todo lo que amaba… y que lo único que le había quedado era la esperanza. Mientras todo lo demás se había desvanecido, la esperanza lo había salvado y sostenido.
Durante los últimos catorce meses hemos estado viviendo en la América del Sud, prácticamente en medio de intensas agitaciones y dificultades. Hemos visto frecuentes cambios y choques políticos y faccionarios, En mis viajes por esas extensas tierras, he tenido oportunidad de ver literalmente a miles de personas que viven sin suficiente alimento o ropa, cuyas vidas se hallan en igual manera espiritualmente hambrientas — y peor todavía, sin esperanzas.
Sin embargo, conozco a un hombre que es diferente, porque él sí tiene esperanza. Representa a un grupo de más de 25.000 miembros de la Iglesia en Sudamérica. . . . Voy a llamarlo “Juan Fulano”. Vive en una pequeña casa modesta con su padre y su madre, ya ancianos, y con su esposa y cinco niños pequeños. Es mecánico de profesión y trabaja en un garaje seis días a la semana, diez horas diarias. Ha sido interesante observar la forma en que los grandes movimientos políticos del mundo influyen en toda su existencia: su país, su hogar, su empleo, sus hijos…..
Juan solía vivir como tantos de sus conciudadanos: trabajando, comiendo, bebiendo, durmiendo y viviendo sin esperanza de cosa mejor. Asistía a su iglesia muy raras veces, aunque su esposa iba con más frecuencia. No tenía ya fe en Dios ni en el hombre, y tampoco era templado en sus hábitos. Se preocupaba constantemente por la posibilidad de que estallara una guerra, lo turbaba la agitación política en su país y sentía muy poca estimación hacia sus semejantes.
No obstante, vi cómo se arraigó y creció la paz en el corazón de Juan Fulano. Para él la paz ya no es algo abstracto. Toda su vida ha cambiado: su hogar, su trabajo, sus hijos. … él mismo. Juan ahora tiene fe. Se ha allegado a su Padre Celestial. Ahora dice sus oraciones, en las que encuentra no solamente consuelo y solaz, sino la respuesta a todas sus peticiones justas. So ha arrepentido y cambiado; se ha tornado sensible a las cosas de valor espiritual en la vida. Juan ha sido bautizado por inmersión para la remisión de sus pecados, por aquellos que tienen la autoridad para hacerlo; y ha recibido la imposición de manos sobre su cabeza para conferirle el don del Espíritu Santo, que habrá de guiarle a toda verdad.
Además, ha recibido el sacerdocio de Dios y ha sido ordenado élder. Ahora no sólo asiste a la Iglesia con regularidad, sino que es la autoridad presidente en su rama local. Está emanando de él la potencialidad para dirigir y prestar servicio que hay en su persona. No es ya el mismo hombre que hace ocho meses encontraron dos siervos del Señor y le enseñaron el evangelio.
El evangelio de Jesucristo tiene por objeto traer la paz a la tierra. A muchos les parecerá un sueño ilusorio, algo imposible de realizar, una utopía. Otros tienen buena razón para decir: “Pero el Cristianismo es un fracaso; no hemos tenido paz en 1900 años; antes, por el contrario, la iglesia hasta ha emprendido guerras santas, así llamadas.”
Quisiera recordaros, no obstante, que esta es la Iglesia de Jesucristo; Él no es autor de ninguna de estas iglesias establecidas por los hombres. La autoridad para administrar Su evangelio se perdió de Ja tierra poco después del segundo siglo de la era cristiana, según consta por las profecías y los hechos históricos. Fue necesario que Dios el Padre y Su Hijo Jesucristo se aparecieran a José Smith en el año 1820 a fin de restaurar el conocimiento verdadero de Dios y llamarlo para ser Profeta. Fue menester establecer y autorizar la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días para que enseñara y administrara las ordenanzas del evangelio de nuestro Señor. Desde 1830 ha aumentado la fuerza y poder do esta Iglesia para efectuar la justicia sobre la tierra. Y ella puede realizar y realizará su propósito final de establecer la paz.
Sin embargo, la paz 110 se obtiene fácilmente, porque la paz está fundamentada en la justicia. No crece en el terreno del pecado o de la indiferencia hacia el Espíritu de Dios. No es el producto de un edicto o de la fuerza. Viene por medio del cambio voluntario en el corazón del hombre. La obediencia a la ley divina y la justicia anteceden la paz, nunca la siguen. La paz no viene como una otorgación o una dádiva. Igual que la felicidad, puede obtenerse no por buscarla o procurarla simple y directamente, sino es más bien un producto o resultado incidental, por así decirlo, de la justicia. Viene como una bendición a los que son justos.
El temor de tales cosas como una guerra atómica es el resultado de no entender la fuerza destructiva que las guerras causan. No hubo necesidad de la física nuclear para destruir a los nefitas que vivieron sobre este continente hace 1500 años. El poder destructor fue el pecado y la desobediencia a la ley divina. Sus armas eran arcos y flechas. En la actualidad, el poder destructor es aún el pecado y la desobediencia a la ley divina. Las armas son un poco diferentes, pero realizan exactamente el mismo fin. Si somos inicuos, tenemos razón para temer toda amia, cualquiera que sea. Si somos justos, nada debemos temer.
En el corazón de Juan Fulano actualmente reina la paz… no porque la haya buscado, sino porque procuró obedecer la ley divina; porque obedeció los principios y ordenanzas fundamentales del evangelio de Jesucristo. Así debe ser con todos los hombres, si quieren disfrutar de la paz. El evangelio requiere, en primer lugar, fe en el Señor Jesucristo; segundo, arrepentimiento y una firme resolución de guardar los mandamientos que Dios ha dado a Sus hijos; tercero bautismo por inmersión para la remisión de los pecados cometidos; y cuarto, la imposición de manos para recibir el don el Espíritu Santo. La aceptación y cumplimiento de estos sencillos requerimientos básicos que le abrieron la puerta a Juan Fulano y le permitieron encaminarse por la vía de la perfección y la paz, habrán de hacer lo mismo por todos los demás hombres: el norteamericano, el escandinavo, el japonés, el ruso y el indio.
Si esta fórmula parece ser demasiado sencilla para establecer la paz, quisiera recordaros que este mismo evangelio, la observancia de estos idénticos principios fundamentales, ha traído la rectitud y la paz a la tierra en épocas pasadas. El Libro de Mormón narra la visita y enseñanzas del Señor Jesucristo en este continente americano. Deseo citar brevemente, de esta historia, lo siguiente:
. . Y he aquí, los discípulos de Jesús habían organizado la Iglesia de Cristo en todas las tierras circunvecinas. Y cuantos iban a ellos y se arrepentían verdaderamente de sus pecados, eran bautizados en el nombre de Jesús; y también recibían el Espíritu Santo.
“Y ocurrió que en el año treinta y seis se convirtió al Señor toda la gente, sobre toda la faz de la tierra, tanto nefitas como lamanitas; y no había contiendas ni disputas entre ellos, y obraban rectamente unos con otros.
“Y tenían en común todas las cosas; por tanto, no había ricos ni pobres, esclavos ni libres, sino que todos tenían su libertad y participaban del don celestial.
. . Y no había envidias, ni contiendas, ni tumultos, ni fornicaciones, ni mentiras, ni asesinatos, ni lascivias de ninguna clase; y ciertamente no podía haber pueblo más dichoso entre todos los que habían sido creados por la mano de Dios.” (4 Nefi 1-3, 16.)
Sí, estas gentes gozaron de paz por espacio de ciento noventa y cuatro años, pero, vuelvo a repetir, basados sólo en la obediencia al evangelio de Jesucristo y a las palabras de los profetas y apóstoles vivientes.
Os doy testimonio de que Dios vive, de que Jesús es el Cristo y de que el presidente David O. McKay es el Profeta para el mundo en la actualidad; y lo hago en el nombre de Jesucristo. Amén.



Toda alma en este mundo puede tener una revelación, exactamente la misma que tuvo Pedro (véase Mateo 16:13–17). Esa revelación será un testimonio, el conocimiento de que Cristo vive, de que Jesucristo es el Redentor de este mundo. Toda alma puede lograr esa certeza, y cuando reciba ese testimonio, provendrá de Dios y no solo del estudio. Por supuesto, el estudio es un elemento importante, pero junto con él debe haber mucha oración y mucho esfuerzo; entonces se recibe la revelación…




“Consagrar es apartar o dedicar algo como sagrado, reservado para propósitos santos”, dijo el élder D. Todd Christofferson, del Cuórum de los Doce Apóstoles. “El verdadero éxito en esta vida se logra al consagrar nuestra vida, es decir, nuestro tiempo y opciones, a los propósitos de Dios”1.
Fe Familia Socorro













“Tuvimos otro examen en esa misma clase. Mientras se repartían los exámenes, se oían fuertes gemidos. Era una prueba que el maestro nunca había dado. Cuando nos devolvieron los exámenes corregidos, la calificación que obtuve fue una de las más altas de la clase. A partir de ese momento, todos los exámenes que nos daban eran nuevos”2.
Hay momentos en los que honramos los compromisos simplemente porque hemos acordado honrarlos. Habrá situaciones en la vida en que se verán tentados a ignorar un acuerdo que hayan hecho. Al principio concertarán el acuerdo debido a algo que desean recibir a cambio. Más tarde, debido a un cambio en las circunstancias, ya no querrán honrar los términos del acuerdo. Aprendan ahora que cuando dan su palabra, cuando hacen una promesa, cuando ponen su firma, su honradez y su integridad personales los obligan a cumplir su palabra, su compromiso, su acuerdo.
Existe la presión para sobresalir, para mantener altas calificaciones, para encontrar empleo, para encontrar amigos, para complacer a los que los rodean, para graduarse. No permitan que esas presiones afecten su honradez. Sean honrados cuando las consecuencias parezcan estar en su contra. Oren para tener mayor honradez; piensen en los aspectos en los que el Señor desearía que fuesen más honrados y tengan el valor de tomar las medidas necesarias para elevar su espíritu a un nivel más alto de determinación a ser completamente honrados.

El aprendizaje profundo, en cualquier campo de estudio, es una experiencia espiritual innata, anclada a un fundamento de fe en Jesucristo, arrepentimiento y obediencia a Sus mandamientos para que el Espíritu Santo pueda enseñarles. El aprendizaje profundo no es fácil, ¡pero vale la pena el esfuerzo! Si realmente desean aprender profundamente, si su corazón y mente son receptivos al aprendizaje, y si actúan de acuerdo con ese deseo, el Señor los bendecirá. Si ustedes hacen su parte: si oran con fe, se preparan, estudian, si participan activamente y ponen su mejor esfuerzo, el Espíritu Santo les enseñará, les magnificará la capacidad para actuar según lo que aprendan, y los ayudará a llegar a ser lo que el Señor desea que lleguen a ser. “… con la expiación de Cristo, la salvación misma”, enseñó el presidente Joseph F. Smith (1838–1918), “es un proceso de educación… El conocimiento es un medio de progreso eterno”5.
En nuestros días, el Señor está actuando con poder en Su Iglesia para profundizar el aprendizaje y ampliar su alcance a más y más de ustedes. Quizás el mejor ejemplo de ampliar el alcance del aprendizaje profundo en la Iglesia sea el anuncio de una nueva organización dentro del Sistema Educativo de la Iglesia (SEI) conocida como BYU–Pathway Worldwide [BYU–Pathway Mundial]. Esta nueva organización se concibió a raíz del programa Pathway.
Tenemos muchas cosas que debemos hacer. Algunos de nosotros somos estudiantes; algunos trabajamos durante muchas horas; algunos nos encontramos lejos de los amigos y la familia, o tenemos responsabilidades que nos preocupan mucho; algunos estamos tratando de adaptarnos después de regresar de una misión, o recién nos hemos graduado de la escuela secundaria y no estamos seguros de qué es lo que debemos hacer ahora.
La historia de Aric, de Toronto, Ontario
En ese momento, levantó la vista hacia un edificio de la Iglesia SUD al lado del cual ella siempre pasaba. Al verlo realmente por primera vez, sintió curiosidad; entró en él y se presentó a dos misioneras, quienes le enseñaron posteriormente esa semana.
Invitar a todos los jóvenes adultos a asistir a Instituto es una de las metas de la Iglesia. Dependiendo de la estaca, dicho esfuerzo podría involucrar a varios líderes:
























