Un maestro que ayuda a salvar almas

Liahona de Julio 2017
ENSEÑAR A LA MANERA DEL SALVADOR

Un maestro que ayuda a salvar almas

Por Brian Hansbrow
Desarrollo de cursos de estudio de la Iglesia

Por qué enseñaba el Salvador le da sentido a cómo enseñaba. ¿Acaso es diferente nuestro propósito?

Jesus sitting with old man

Admito que cuando pienso en enseñar a la manera del Salvador, tiendo a enfocarme en cómo enseñaba. ¿Qué hacía Él? ¿Cómo se relacionaba con la gente? Después de todo, ¡Él era el Maestro de maestros! Sin embargo, si deseamos enseñar como Él, es esencial comprender por qué enseñaba. Al final, ese “por qué” marcará una enorme diferencia para nosotros y para quienes enseñamos.

Cuando el Salvador enseñaba, Su propósito no era llenar el tiempo ni entretener ni dar un montón de información. Todo lo que Él hace, incluso enseñar, tiene el objetivo de guiar a los demás hacia Su Padre. El deseo y la misión del Salvador es salvar a los hijos del Padre Celestial (véase 2 Nefi 26:24). En nuestro cometido de enseñar como Él enseñó, podemos aprender a ser motivados por el mismo propósito que lo motivaba a Él.

En otras palabras, enseñar a la manera del Salvador es ser un maestro cuyo propósito es ayudar a salvar almas.

El deseo de salvar a otras personas

Uno de mis relatos favoritos del Libro de Mormón habla de cuando los hijos del rey Mosíah abandonan el reino de los nefitas para poder establecer el reino de Dios entre los lamanitas. Renuncian a un reino terrenal por el reino de los cielos. Renuncian a la comodidad de la seguridad y la protección entre los nefitas para ir entre sus enemigos, los lamanitas, a fin de poder “… salvar, tal vez, algunas de sus almas” (Alma 26:26).

¿Cuál era la motivación de estos siervos del Señor? “… no podían soportar que alma humana alguna pereciera; sí, aun el solo pensamiento de que alma alguna tuviera que padecer un tormento sin fin los hacía estremecer y temblar” (Mosíah 28:3). Esa motivación hizo que soportaran “muchas aflicciones” (Alma 17:5, 14)..

Este relato a menudo me ha inspirado a pensar: ¿Estoy haciendo lo posible para traer a otras personas a Cristo? ¿Estoy lo suficientemente enfocado en salvar almas?

Llegar a ser un maestro que ayuda a salvar almas

teacher with youth
Cuando deseamos enseñar por la misma razón que el Salvador, los principios de cómo Él enseña adquieren un mayor significado. Más que meras técnicas, sirven de modelos para llegar a ser como Él. A medida que ponemos en práctica las siguientes ideas, así como también otras que se hallan en Enseñar a la manera del Salvador, podemos no solo enseñar más como Él, sino también ser más semejantes a Él.

Busque revelación temprano

Para ayudar en la obra de salvar almas, necesitamos revelación. La revelación llega “… línea por línea, precepto por precepto, un poco aquí y un poco allí…” (2 Nefi 28:30), lo cual lleva tiempo. Así que comenzamos a prepararnos temprano y procuramos recibir revelación a menudo.

Ame a la gente

El amor acaso sea la forma más poderosa en que un maestro puede ayudar a salvar almas. Puede ser algo tan simple como saber el nombre de cada uno de los miembros de la clase, preguntarles cómo les fue en la semana, decirles que han dado un gran discurso o felicitarlos por algún logro o reconocimiento. El demostrar interés y amor abre corazones y ayuda a quienes enseñamos a ser más receptivos al Espíritu Santo.

Prepárese para enseñar teniendo en cuenta las necesidades de los alumnos

Un maestro que ayuda a salvar almas se enfoca en los alumnos. Al repasar los materiales de la lección, nos enfocamos en lo que satisfaga mejor sus necesidades, no las nuestras. Dejamos de llenar tiempo y nos enfocamos en llenar corazones y mentes. Pensamos no solo en lo que diremos y haremos, sino en lo que los alumnos dirán y harán. Deseamos que ellos compartan sus ideas porque eso fomenta la unidad, abre sus corazones y los ayuda a ejercer la fe.

Manténgase centrado en la doctrina

Es común que los maestros evalúen su efectividad según cuánta participación generen, pero ese es tan solo un elemento de la experiencia. Si en nuestra clase hay mucha participación pero muy poca doctrina, hemos proporcionado lo que el élder Jeffrey R. Holland, del Cuórum de los Doce Apóstoles, llamó una “golosina teológica”. Hemos ofrecido algo que sabe bien, pero no hemos nutrido a los miembros de nuestra clase con el poder sustentador de la doctrina.

El profeta José Smith enseñó: “… El hombre no puede ser salvo sino al paso que adquiera conocimiento…”1. Debemos ayudar a quienes enseñamos a obtener el tipo más importante de conocimiento: la doctrina de Jesucristo.

Cuando nosotros y los miembros de la clase compartimos nuestros pensamientos y sentimientos, siempre debemos relacionarlos con las Escrituras y las palabras de los profetas de los últimos días. El hermano Tad R. Callister, Presidente General de la Escuela Dominical, recientemente enseñó: “El maestro ideal constantemente trata de relacionar los comentarios de la clase con la doctrina. Por ejemplo, el maestro podría decir: ‘La experiencia que usted compartió me recuerda una Escritura’. O ‘¿Qué verdades del Evangelio aprendemos de los comentarios que hemos escuchado?’. O ‘¿Le gustaría a alguien testificar del poder de la verdad que hemos estado analizando?’”2.

Invite al Espíritu Santo a testificar

Un maestro que ayuda a salvar almas comprende que lo que decimos y hacemos como maestros tiene el objetivo de invitar la influencia del Espíritu Santo en la vida de los demás. El Espíritu Santo es el maestro. Una de las funciones del Espíritu Santo es testificar de la verdad, en especial del Padre y del Hijo. Así que al enseñar de Ellos y Su evangelio, invitamos al Espíritu Santo a testificar a los miembros de la clase. En la medida en que ellos lo permiten, Su poder fortalece sus testimonios y cambia sus corazones. El testimonio del Espíritu es más poderoso que lo que podamos ver con los ojos3.

Invite a los alumnos a aprender y actuar por sí mismos

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Recientemente me encontraba en una clase de la Escuela Dominical en la que la maestra comenzó por pedir a los miembros de la clase que compartieran algo particularmente significativo para ellos al leer la asignación de las Escrituras para aquella semana y cómo lo habían puesto en práctica en su vida. Esto condujo a un poderoso análisis sobre conceptos y descubrimientos que ellos habían hallado por sí mismos. Fue algo muy natural para la maestra añadir a la conversación los puntos doctrinales que había preparado para enseñar. Lo que realmente me impresionó fue la manera en la que ella se centró en alentar a los miembros de su clase a experimentar por sí mismos el poder de la palabra de Dios.

Nuestro objetivo como maestros no es tan solo tener una gran experiencia durante la clase ni llenar el tiempo ni dar una buena lección. La verdadera meta es recorrer con los demás el camino que conduce de regreso a nuestro Padre Celestial y a Jesucristo. Nuestro objetivo es llegar a ser maestros que ayudan a salvar almas.

Visite teaching.lds.org para saber más sobre cómo Enseñar a la manera del Salvador y las reuniones de consejo de maestros pueden cambiar la forma en que aprendemos y enseñamos.

Notas

1. Enseñanzas de los Presidentes de la Iglesia: José Smith, 2007, pág. 280.
2. Tad R. Callister, “Sunday School ‘Discussion Is a Means, Not an End”. Church News, 9 de junio de 2016, deseretnews.com.
3. Enseñanzas de los Presidentes de la Iglesia: Harold B. Lee, 2001, pág. 43.

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El verdadero milagro

Liahona de Junio 2017

El verdadero milagro

Por Don L. Searle
El autor vive en Utah, EE. UU.

La mano del Señor se hizo evidente no solo en la recuperación de Paola, sino también en la conversión de su padre al Evangelio.

Lo que le sucedió a Paola Yáñez, dicen sus doctores, fue un milagro médico. La condición de la adolescente de Quito, Ecuador, mejoró de repente, su padre pudo donarle uno de sus riñones, el trasplante fue un éxito y ella tuvo una segunda oportunidad de vivir.

Sin embargo, Marco Yáñez, su padre, dice que lo que le sucedió a él fue igualmente increíble. Halló el Evangelio, y el cambio que este produjo en su vida también le dio una segunda oportunidad.

Un ataque de nefritis durante la niñez había dañado los riñones de Paola, pero la medicina la había ayudado a vivir. Sin embargo, cuando tenía 15 años su estado empeoró. Uno de sus riñones no funcionaba, y el otro estaba deteriorándose rápidamente. A pesar de los tratamientos de diálisis, Paola se estaba muriendo poco a poco. Podía beber tan solo un vaso de agua al día, y sus actividades se vieron severamente restringidas debido a que los riñones, el páncreas y el corazón habían sido afectados.

Era imposible trasladarla a Estados Unidos o Cuba para que recibiera un trasplante; tendría que encontrar un donante en Ecuador. Los análisis indicaban que su padre no podía ser el donante. Su madre sí podía, pero entonces los médicos descubrieron que la diálisis había dejado el nivel de anticuerpos de Paola tan elevado que el trasplante sería rechazado. Paola rogaba que de alguna manera pudieran salvarle la vida.

Entonces, en junio de 1988, los misioneros Santos de los Últimos Días llamaron a la puerta de la familia Yáñez. La madre de Paola, Carmen, recuerda que los invitó a pasar para burlarse de ellos. Cuando le dijeron que tenían un mensaje que podría ayudarla, ella dijo con enojo: “¿Cómo pueden ayudarme si mi hija se está muriendo? ¡Yo no creo que Dios existe!”.

A pesar de la antipatía inicial de Carmen, los misioneros siguieron visitando a la familia. Al principio Marco sentía que simplemente estaba demasiado ocupado con el cuidado de su hija como para prestar atención a los misioneros. Pero al final escuchó por curiosidad. Descubrió que ellos tenían respuestas a sus preguntas sobre el propósito de la vida.

Marco no creía en un Dios personal; para él, Dios era una fuente de energía universal o un ser grande y distante que no se relacionaba con los seres humanos. Pero cuando su hija se encontraba en la condición más crítica, él oró, pidiéndole a Dios que sanara a su doliente hija o se la llevara. Él rogó: “Si existes, por favor demuéstramelo; por favor dame la vida de mi hija”.

Después de su oración, Marco sintió profundamente que el estado de Paola cambiaría. Les pidió a los médicos que volvieran a hacerles análisis a él y a su hija. Le respondieron que el análisis sería una pérdida de tiempo, pero aceptaron hacerlo.

Descubrieron que en realidad Marco era un donante compatible, ¡y que la condición de Paola había mejorado lo suficiente como para que pudiera recibir un trasplante!

El día antes de la operación, Marco y Paola aceptaron que los misioneros les dieran una bendición del sacerdocio.

Tanto Marco como Paola esperaban recuperarse en el hospital durante un tiempo después de su operación. Sin embargo, Marco fue dado de alta cinco días después, y Paola, que esperaba quedarse por dos meses, permaneció en el hospital apenas 13 días. Marco atribuyó su rápida recuperación a las bendiciones del sacerdocio, y supo que debía tomar en serio el mensaje de los misioneros.

Marco y Carmen Yáñez fueron bautizados el 11 de septiembre de 1988. Paola, quien había escuchado las lecciones de los misioneros antes de la operación, y su hermana menor, Patricia, fueron bautizadas el 3 de noviembre. Para aquel entonces su padre había recibido el sacerdocio Aarónico y tuvo la oportunidad de bautizarlas.

El hermano Yáñez cree que el Señor contestó su oración y le permitió ser el donante de Paola a fin de cambiar su corazón. “Si hubieran operado a mi esposa en vez de a mí, creo que hubiera seguido teniendo la misma vida”, comenta. No era una vida que lo enorgullecía: tomaba, fumaba y apostaba. Superó sus adicciones, dice él, gracias a las respuestas a sus oraciones. Pero fue muy difícil; él reconoce que solo Dios podía ayudarlo a cambiar.

El hermano Yáñez dice que ahora tiene un gran testimonio de la Palabra de Sabiduría y de la ley del diezmo. Cuando los misioneros le enseñaban, él tenía abierto su negocio los siete días de la semana para pagar el tratamiento de Paola, el cual costaba US$1.000 al mes. La ley del diezmo “fue muy difícil de aceptar para mí”, reconoce, pero tomó la decisión de santificar el día de reposo y poner a prueba la promesa que se encuentra en Malaquías 3:10 al pagar el diezmo. Cuando cerró su tienda los domingos, dice él, “los que solían comprar el domingo compraron el sábado, y compraban más”. Hoy en día él está en una posición económica mucho mejor de la que tenía cuando abría su negocio siete días a la semana.

Al mirar atrás, Marco Yáñez se sorprende de los cambios que ha habido en su persona, y reconoce que sus súplicas por la vida de su hija llevaron a toda la familia a un nivel de espiritualidad que jamás había creído posible.

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Quién sigue al Señor? Las lecciones del Campo de Sion

Liahona de Julio 2017

¿Quién sigue al Señor? Las lecciones del Campo de Sion

Por el élder David A. Bednar
Del Cuórum de los Doce Apóstoles

Tomado de un devocional de la Semana de la Educación, “Who’s on the Lord’s Side? Now Is the Time to Show” [¿Quién sigue al Señor? Toma tu decisión], pronunciado en la Universidad Brigham Young–Idaho el 30 de julio de 2010.

La expedición del Campo de Sion que dirigió el profeta José Smith en 1834 es un extraordinario ejemplo de cómo decidir tomar partido por el Señor. Repasar la historia del Campo de Sion puede ayudarnos a aprender lecciones valiosas y eternas de aquel significativo episodio de la historia de la Iglesia que se aplican a nuestra vida y a las circunstancias actuales.

¿Qué fue el Campo de Sion?

El profeta José Smith recibió una revelación en 1831 que designaba a Independence, condado de Jackson, Misuri, [EE. UU.], como el sitio de Sion, el lugar central de recogimiento para los Santos de los Últimos Días y la ubicación de la Nueva Jerusalén que se menciona tanto en la Biblia como en el Libro de Mormón (véase D. y C. 57:1–3; véanse también Apocalipsis 21:1–2; Éter 13:4–6). Para el verano de 1833, los colonos mormones constituían aproximadamente un tercio de la población del condado de Jackson. El número, que aumentaba rápidamente; la potencial influencia política; y las distintivas creencias religiosas y políticas de aquellos recién llegados eran causas de preocupación para los otros colonos del área, quienes, por lo tanto, exigieron que los miembros de la Iglesia desalojaran sus casas y propiedades. Cuando no se actuó de conformidad con dicho ultimátum, los habitantes de Misuri atacaron los asentamientos en noviembre de 1833 y forzaron a los santos a partir.

exiled Saints

La formación del Campo de Sion se mandó por revelación en febrero de 1834 (véase D. y C. 103). El propósito principal de ese ejército del Señor era proteger a los mormones del condado de Jackson de ataques adicionales, después de que la milicia de Misuri cumpliera con su obligación de escoltar a los colonos a salvo hasta sus casas y tierras. El campo, además, había de llevar dinero, provisiones y dar apoyo moral a los indigentes santos. Por consiguiente, durante mayo y junio de 1834, una compañía de más de doscientos voluntarios Santos de los Últimos Días dirigida por el profeta José Smith viajó aproximadamente 1.450 km (900 millas) desde Kirtland, Ohio, hasta el condado de Clay, Misuri. Hyrum Smith y Lyman Wight también reclutaron un grupo —más pequeño— de voluntarios del Territorio de Míchigan, y se reunieron con el grupo del Profeta en Misuri. Entre quienes participaron en el Campo de Sion se hallaban Brigham Young, Heber C. Kimball, Wilford Woodruff, Parley P. Pratt, Orson Hyde y muchos otros reconocidos personajes de la historia de la Iglesia.

Mi propósito no es describir los detalles de esa rigurosa travesía ni relatar todos los episodios significativos en lo espiritual que tuvieron lugar. Permítanme tan solo resumir algunos de los acontecimientos más importantes de la expedición del Campo de Sion:

  • El gobernador de Misuri, Daniel Dunklin, no proporcionó la prometida ayuda de la milicia que necesitaban los colonos mormones para restablecerse en sus tierras.
  • Las negociaciones que se entablaron entre los líderes de la Iglesia, los funcionarios del estado de Misuri y los ciudadanos del condado de Jackson para evitar un conflicto armado y resolver las disputas tocantes a las propiedades no llegaron a un acuerdo satisfactorio.
  • Por último, el Señor mandó a José Smith que disolviera el Campo de Sion e indicó por qué los ejércitos del Señor no habían logrado el objetivo que imaginaban (véase D. y C. 105:6–13, 19).
  • El Señor mandó a los santos que se granjearan la buena voluntad de la gente de aquella zona en preparación para el tiempo en que Sion fuese recuperada por medios legales en vez de militares (véase D. y C. 105:23–26, 38–41).

El ejército de Sion se dividió en grupos más pequeños a finales de junio de 1834, y los papeles de la baja militar definitiva se expidieron los primeros días de julio de dicho año. La mayoría de los voluntarios regresaron a Ohio.

¿Qué lecciones podemos aprender del Campo de Sion?

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Al no restablecer a los santos en sus tierras del condado de Jackson, algunas personas consideraron al Campo de Sion una empresa fallida e infructuosa. Un hermano de Kirtland —alguien que carecía de la fe para ofrecerse como voluntario e ir con el Campo de Sion— se encontró con Brigham Young al regreso de este de Misuri y le preguntó: “‘Bien, ¿qué consiguieron ustedes en este inútil viaje a Misuri con José Smith?’. ‘Todo lo que esperábamos lograr’, replicó sin demora Brigham Young. ‘No cambiaría la experiencia que obtuve en esa expedición por todas las riquezas del condado de Geauga’”, que era el condado donde estaba Kirtland por entonces1.

Los invito a pensar seriamente en la respuesta de Brigham Young: “Todo lo que esperábamos lograr”. ¿Cuáles son las enseñanzas clave que podemos aprender de una empresa que no logró su propósito expreso pero que, a pesar de todo, supuso para aquellos santos y puede suponer para nosotros bendiciones para toda la vida?

Creo que pueden hallarse al menos dos lecciones predominantes en la respuesta del hermano Brigham a aquella pregunta mordaz: (1) la lección de las pruebas, de la criba y de la preparación; y (2) la lección de observar a las Autoridades Generales, de aprender de ellas y de seguirlas. Recalco que estas lecciones son igual de importantes, o tal vez más, que aprendamos y apliquemos hoy en día como lo fueron hace poco más de 180 años para los voluntarios del Campo de Sion.

La lección de las pruebas, de la criba y de la preparación

Los resueltos santos que marcharon con el ejército del Señor fueron puestos a prueba; tal como el Señor declaró: “He oído sus oraciones y aceptaré su ofrenda; y me es menester traerlos hasta este punto para poner a prueba su fe” (D. y C. 105:19).

En su sentido más literal, los retos físicos y espirituales del Campo de Sion constituyeron la criba para separar el trigo de la cizaña ((véanse Mateo 13:25, 29–30; D. y C. 101:65), la separación de las ovejas de los cabritos (véase Mateo 25:32–33), la separación de las personas espiritualmente fuertes de las débiles. Así, cada hombre y mujer que se alistó en el ejército del Señor afrontó y respondió la penetrante pregunta de “¿quién sigue al Señor?”2.

Mientras Wilford Woodruff resolvía sus asuntos de negocios y se preparaba para unirse al Campo de Sion, sus amigos y vecinos le advirtieron que no emprendiera un viaje tan peligroso. Le aconsejaron: “No vaya. Si lo hace, perderá la vida”. Él contestó: “Iría aunque supiera que una bala me atravesaría el corazón al dar el primer paso dentro del estado de Misuri”3. Wilford Woodruff sabía que no debía temer las malas consecuencias en tanto que fuera fiel y obediente. Él claramente estaba del lado del Señor.

En verdad, el momento de “[tomar la] decisión”4 para aquellos fieles hombres y mujeres fue en el verano de 1834. No obstante, la decisión de marchar con el profeta José a Misuri no fue necesariamente una respuesta inmediata, ni que se dio una sola vez, ni que abarcaba todo, a la pregunta: “¿Quién sigue al Señor?”. El momento de tomar la decisión para aquellos santos se presentaría frecuente y repetidamente mediante la fatiga física y mental, mediante ampollas sangrantes en los pies, mediante alimentos insuficientes y agua impura, mediante una multitud de desilusiones, mediante disensiones y rebeliones dentro del campo, y mediante amenazas externas de enemigos feroces.

El momento de tomar la decisión llegó con las experiencias y las privaciones de cada hora, de cada día y de cada semana. Fue la magnífica combinación de las muchas decisiones y acciones aparentemente pequeñas en la vida de esos dedicados santos lo que dio una respuesta concluyente a la pregunta: “¿Quién sigue al Señor?”.

¿De qué modo las pruebas y la criba que tuvieron lugar en la vida de los participantes del Campo de Sion actuaron como preparación? Es interesante notar que ocho de los hermanos llamados al Cuórum de los Doce Apóstoles en 1835, así como todos los Setentas llamados al mismo tiempo, eran veteranos del Campo de Sion. En una reunión posterior al llamamiento de los Setenta, el profeta José Smith declaró:

“Hermanos, sé que algunos de ustedes se hallan enfadados conmigo porque no peleamos en Misuri, pero permítanme decirles que Dios no quería que pelearan. Él no podía organizar Su reino con doce hombres que abrieran las puertas del Evangelio a las naciones de la tierra, y con otros setenta que estuvieran bajo la dirección de estos y siguieran sus pasos, a menos que los eligiera de un grupo de hombres que hubieran ofrecido su propia vida y hubieran hecho un sacrificio tan grande como el de Abraham.

“Ahora el Señor tiene Sus doce y Sus setenta, y se llamará a otros cuórums de setentas”5.

Verdaderamente, el Campo de Sion fue un fuego purificador para todos los voluntarios en general y para muchos futuros líderes de la Iglesia del Señor en particular.

La experiencia que adquirieron los voluntarios del ejército del Señor también fue una preparación para las mayores y futuras migraciones de los miembros de la Iglesia. Más de veinte de los participantes del Campo de Sion llegaron a ser capitanes y tenientes en dos grandes éxodos; el primero, tan solo cuatro años después, implicó el traslado de entre 8.000 y 10.000 personas de Misuri a Illinois6; y el segundo, doce años después, fue la gran migración al Oeste de aproximadamente 15.000 Santos de los Últimos Días de Illinois al valle de Salt Lake y a otros valles de las Montañas Rocosas. El Campo de Sion fue de inmenso valor para la Iglesia como capacitación preparatoria. El año 1834 fue el momento de tomar la decisión, así como de prepararse para 1838 y 1846.

Como personas y familias, a nosotros también se nos probará, se nos pasará por la criba y se nos preparará, como sucedió con los miembros del Campo de Sion. Las Escrituras y las enseñanzas de las Autoridades Generales están repletas de promesas de que la fe en el Señor Jesucristo, el hacer, honrar y recordar convenios sagrados, y la obediencia a los mandamientos de Dios nos fortalecerá a fin de que nos preparemos para las pruebas de la vida terrenal, y para que las afrontemos, las superemos y aprendamos de ellas.

Los líderes de la Iglesia del Señor han indicado claramente algunas de las pruebas colectivas o generacionales que podemos esperar afrontar en nuestra época y generación. En 1977, como Presidente del Cuórum de los Doce Apóstoles, el presidente Ezra Taft Benson (1899–1994) hizo oír su voz profética de amonestación en una reunión de representantes regionales. Cito ahora en gran medida el mensaje del presidente Benson y los invito a centrar su atención en este oportuno consejo:

“Cada generación tiene sus pruebas y su oportunidad de resistir y probarse a sí misma. ¿Le gustaría conocer una de nuestras pruebas más difíciles? Escuchen las palabras de exhortación de Brigham Young: ‘Lo que más temo en cuanto a este pueblo es que se harán ricos en esta tierra, olvidarán a Dios y a Su pueblo, se volverán opulentos, se harán echar de la Iglesia e irán a parar al infierno. Este pueblo resistirá los ataques de populachos, el robo, la pobreza y todo género de persecución, y permanecerá fiel; pero mi temor más grande es que no podrá resistir las riquezas’”.

El presidente Benson continúa diciendo: “Por tanto, al parecer tenemos la prueba más difícil de todas, porque sus males son más sutiles, más astutos. Todo se presenta como si fuera menos amenazante y es más difícil de detectar. Si bien toda prueba a la rectitud supone una lucha, esa prueba en particular no parece ser una prueba en absoluto, ni una lucha, y es así que podría ser la más engañosa de todas.

“¿Saben lo que la paz y la prosperidad pueden hacerle a un pueblo? Pueden hacerlo adormecer. El Libro de Mormón nos advirtió sobre cómo Satanás, en los últimos días, nos conduciría astutamente al infierno. El Señor tiene en la tierra algunos gigantes espirituales en potencia que ha reservado durante seis mil años para que ayuden a conducir el Reino triunfalmente, y el diablo trata de adormecerlos. El adversario sabe que probablemente no tendrá gran éxito en hacerlos cometer muchos pecados de comisión graves y muy malos. De modo que les induce un sueño profundo, como Gulliver, mientras los descarría mediante pequeños pecados de omisión. ¿Y de qué sirve como líder un gigante adormecido, neutralizado y tibio?

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“Tenemos muchos gigantes espirituales en potencia que deberían elevar de forma más vigorosa su hogar, el Reino y el país. Tenemos muchas personas que piensan que son buenos hombres y mujeres, pero tienen que ser buenos para algo; patriarcas firmes, misioneros valientes, obreros del templo y de historia familiar valientes, patriotas dedicados, y miembros de cuórum devotos. En resumen, se nos ha de sacudir y despertar de un adormecimiento espiritual”7.

Consideren que la opulencia, la prosperidad y la comodidad pueden ser pruebas de nuestros días iguales o mayores en intensidad que las persecuciones y las penurias físicas que sobrellevaron los santos que se ofrecieron como voluntarios para la marcha del Campo de Sion. Tal como el profeta Mormón describió en su magnífico resumen del ciclo del orgullo que se encuentra en Helamán 12:

“Y así podemos ver cuán falso e inconstante es el corazón de los hijos de los hombres; sí, podemos ver que el Señor en su grande e infinita bondad bendice y hace prosperar a aquellos que en él ponen su confianza.

“Sí, y podemos ver que es precisamente en la ocasión en que hace prosperar a su pueblo, sí, en el aumento de sus campos, sus hatos y sus rebaños, y en oro, en plata y en toda clase de objetos preciosos de todo género y arte; preservando sus vidas y librándolos de las manos de sus enemigos; ablandando el corazón de sus enemigos para que no les declaren guerras; sí, y en una palabra, haciendo todas las cosas para el bienestar y felicidad de su pueblo; sí, entonces es la ocasión en que endurecen sus corazones, y se olvidan del Señor su Dios, y huellan con los pies al Santo; sí, y esto a causa de su comodidad y su extrema prosperidad” (Helamán 12:1–2).

Los invito a notar específicamente la frase final del último versículo: “Y esto a causa de su comodidad y su extrema prosperidad”.

El presidente Harold B. Lee (1899–1973) también enseñó sobre la prueba colectiva de la comodidad que afrontamos en nuestros días: “Se nos prueba, se nos acrisola, atravesamos algunas de las pruebas más rigurosas hoy en día y tal vez no nos damos cuenta de la intensidad de las pruebas que atravesamos. En aquellos días hubo asesinatos, ataques de populachos y destierros. Fueron expulsados al desierto, estaban hambrientos y desnudos, y tenían frío. Vinieron aquí, a esta tierra favorecida. Somos herederos de aquello que nos dieron, pero, ¿qué hacemos con ello? Hoy en día, disfrutamos de nadar en una abundancia de un género tal que jamás hemos visto en la historia del mundo. Parecería que esta fuera probablemente la prueba más rigurosa de todas las pruebas que hayamos tenido en la historia de esta Iglesia”8.

Esas enseñanzas de los profetas modernos y antiguos acerca de las pruebas y dificultades de los últimos días son aleccionadoras y solemnes. Sin embargo, no deben ser desalentadoras ni debemos temer. En el caso de quienes tienen ojos para ver y oídos para oír, las advertencias espirituales conducen a velar de un modo cada vez más alerta. Ustedes y yo vivimos en un “día de amonestación” (D. y C. 63:58). Y puesto que se nos ha amonestado y se nos amonestará, debemos estar, como aconsejó el apósol Pablo, “velando… con toda perseverancia” (Efesios 6:18). Conforme velemos y nos preparemos, ciertamente no tenemos necesidad de temer (véase D. y C. 38:30)

¿Quién sigue al Señor? Tomen ahora su decisión de demostrar que tenemos una mente y un corazón que aceptan y que serán receptivos a dichas advertencias inspiradas. Tomen ahora su decisión de demostrar que velamos y nos preparamos para resistir las pruebas de los últimos días de la prosperidad y el orgullo, de la opulencia y la comodidad, y de un corazón endurecido y de olvidar al Señor nuestro Dios. Tomen ahora su decisión de demostrar que seremos fieles en todo momento en cualesquiera cosas que nuestro Padre Celestial y Su Amado Hijo nos confíen; y que guardaremos los mandamientos de Dios y andaremos rectamente ante Él (véase Alma 53:20–21).

La lección de observar a las Autoridades Generales, aprender de ellas y seguirlas

Los resueltos santos del ejército del Señor tuvieron la bendición de observar a las Autoridades Generales, de aprender de ellas y de obedecerlas. Y nosotros, hoy en día, podemos beneficiarnos en gran medida del ejemplo y la fidelidad de los dedicados miembros del Campo de Sion.

Como respuesta al consejo de Parley P. Pratt, Wilford Woodruff viajó a Kirtland, Ohio, en abril de 1834 para unirse al Campo de Sion. El relato del hermano Woodruff de su primer encuentro con el profeta José Smith es instructivo para todos nosotros:

“Aquí, por primera vez en mi vida, conocí y tuve una entrevista con nuestro amado profeta José Smith, el hombre a quien Dios había escogido para sacar a la luz Sus revelaciones en estos últimos días. El primer encuentro no fue de la clase que satisfaría las ideas preconcebidas de la mente prejuiciosa en lo tocante a cómo había de ser un profeta y cómo habría de verse. Podría haber consternado la fe de algunos hombres; hallé a él y a su hermano Hyrum disparando a un blanco con un par de pistolas. Cuando dejaron de disparar, me presentaron al hermano José y este me estrechó la mano del modo más cordial. Me invitó a alojarme en su casa mientras permaneciera en Kirtland. Acepté aquella invitación con el mayor entusiasmo, y fui muy edificado y bendecido durante mi estancia con él”9.

Me parece digno de mención que el hermano Woodruff, quien vivió durante un tiempo en la casa del Profeta e indudablemente tuvo la extraordinaria oportunidad de observarlo en la rutina del diario vivir, fuera bendecido con ojos para ver más allá de “las ideas preconcebidas de la mente prejuiciosa en lo tocante a cómo había de ser un profeta y cómo habría de verse”. Tales ideas falsas nublan la vista de muchas personas del mundo hoy en día, tanto dentro como fuera de la Iglesia restaurada del Señor.

Como consecuencia de mi llamamiento en el año 2004 a servir en el Cuórum de los Doce Apóstoles, tengo una perspectiva definitivamente peculiar sobre lo que significa observar a las Autoridades Generales, aprender de ellas y seguirlas. Ahora veo a diario las personalidades individuales, las diversas preferencias y los nobles caracteres de los líderes de esta Iglesia. Algunas personas encuentran las limitaciones e imperfecciones humanas de las Autoridades Generales inquietantes y perjudiciales para su fe. Para mí, esas debilidades edifican la fe. El modelo revelado del Señor para el gobierno de Su Iglesia prevé y atenúa el impacto de la flaqueza humana. Para mí, es verdaderamente milagroso ver al Señor llevar a cabo Su voluntad por medio de Sus siervos a pesar de los defectos y fallas de Sus líderes escogidos. Esos hombres nunca han afirmado ser perfectos ni lo son; no obstante, ciertamente son llamados de Dios.

Wilford Woodruff, que era presbítero cuando caminó hasta Misuri con el ejército del Señor, declaró luego, mientras prestaba servicio como miembro del Cuórum de los Doce Apóstoles: “Obtuvimos una experiencia que no hubiéramos podido obtener de ninguna otra manera. Tuvimos el privilegio de… viajar mil seiscientos kilómetros [mil millas] [al lado del Profeta], y de ver cómo el Espíritu de Dios obraba en él, así como las revelaciones que recibió de Jesucristo y el cumplimiento de estas… Si no hubiera acompañado al Campo de Sion, no estaría aquí hoy”10.

El último domingo de abril de 1834, José Smith invitó a cierto número de los líderes de la Iglesia a dirigir la palabra a los voluntarios del Campo de Sion que estaban congregados en una escuela. Después de que los hermanos hubieron concluido sus mensajes, el Profeta se levantó e indicó que la instrucción lo había edificado. Luego profetizó:

“Quiero decirles ante el Señor que, concerniente al destino de esta Iglesia y este Reino, ustedes no saben más de lo que sabe un bebé en brazos de su madre. No lo comprenden… Esta noche solo ven aquí a un puñado de hombres con el sacerdocio, pero esta Iglesia se extenderá por América del Norte y del Sur, cubrirá todo el mundo”11.

Hombres tales como Brigham Young, Heber C. Kimball, Orson Pratt y Wilford Woodruff escucharon y aprendieron mucho del Profeta aquella noche; y años después ayudaron a cumplir su anuncio profético. ¡Cuán gloriosas oportunidades tuvieron esos hombres de observar al Profeta, aprender de él y seguirlo!

President Nelson with young man
Es importante que todos nosotros recordemos que podemos aprender tanto de las enseñanzas de las Autoridades Generales, como de los ejemplos de sus vidas. A la luz de la majestuosa visión del futuro crecimiento de la Iglesia que expresó el profeta José Smith, ahora consideren el poder de su ejemplo personal en la ejecución de labores rutinarias y triviales, pero necesarias. George A. Smith describió en su diario personal la reacción del Profeta a las dificultades diarias de la marcha a Misuri.

“El profeta José tomó sobre sí por completo la porción que le tocó de las fatigas de toda la jornada. Además de encargarse de suministrar lo necesario y presidir al grupo, recorrió a pie casi todo el camino, con los pies llenos de ampollas, sangrando y doloridos… Pero durante todo el viaje jamás profirió murmuración ni queja alguna, mientras que la mayoría de los demás hombres iban a él para quejarse de los pies doloridos o ampollados, los largos recorridos, el escaso suministro de provisiones, la mala calidad del pan, el pan de maíz en mal estado, la mantequilla rancia, la miel con un sabor demasiado fuerte, el tocino y el queso con gusanos, etc. No podía un perro ladrar a algunos de los hombres sin que estos se quejaran a José. Si había que acampar con agua insalubre, eso los ponía a punto de rebelarse. Aun así, formábamos el Campo de Sion, y muchos de nosotros no orábamos, éramos desconsiderados, descuidados, desatentos, necios o maliciosos y no lo sabíamos. José tuvo que soportarnos y enseñarnos como a niños”12.

José era un gran ejemplo del principio que enseñó Alma: “Porque el predicador no era de más estima que el oyente, ni el maestro era mejor que el discípulo… y todos trabajaban, todo hombre según su fuerza” (Alma 1:26).

Desde mi llamamiento como Autoridad General, he tratado de observar y aprender conforme algunos de mis hermanos de las Autoridades Generales han afrontado los efectos de la vejez, o las implacables exigencias de las limitaciones físicas y el dolor constante. Ustedes no pueden conocer ni conocerán nunca el sufrimiento privado y silencioso que algunos de esos hombres viven mientras prestan servicio públicamente con todo su corazón, alma, mente y fuerza. El servir con el presidente Gordon B. Hinckley (1910–2008), el presidente James E. Faust (1920–2007), el élder Joseph B. Wirthlin (1917–2008), el presidente Boyd K. Packer (1924–2015), el élder L. Tom Perry (1922–2015), el élder Richard G. Scott (1928–2015) y observarlos, así como a mis demás compañeros apostólicos, me faculta para declarar con claridad y autoridad que las Autoridades Generales con quienes sirvo son guerreros —nobles y grandes guerreros espirituales— en el sentido más veraz y admirable de la palabra. Su paciencia, persistencia y valor les permite “seguir adelante con firmeza en Cristo” (2 Nefi 31:20), algo digno de emular por parte de nosotros.

El presidente Lee advirtió sobre una prueba colectiva adicional que se torna cada vez más generalizada en esta generación: “En la actualidad estamos pasando por otra prueba, un período al que podríamos definir como de sofisticación. Esta es una época en la que mucha gente inteligente no está dispuesta a escuchar a los humildes profetas del Señor… Esta es, en realidad, una prueba muy seria”13.

La prueba de la sofisticación es compañera de la prueba de la prosperidad y de la comodidad. Cuán importante es que cada uno de nosotros observe a las Autoridades Generales, aprenda de ellas y las siga.

members of the First Presidency
“¿Quién sigue al Señor?” Ahora es el momento de tomar la decisión de demostrarlo al escuchar y obedecer el consejo de los apóstoles y profetas vivientes llamados por Dios en estos últimos días para supervisar y dirigir Su obra sobre la tierra. Ahora es el momento de tomar la decisión de demostrar que la “palabra [de Dios] no pasará, sino que toda será cumplida, sea por [Su] propia voz o por la voz de [Sus] siervos, es lo mismo” (D. y C. 1:38). Ahora es el momento de tomar la decisión y demostrarlo. ¡El momento es ahora!

Nuestro propio Campo de Sion

En algún punto de nuestra vida, a cada uno de nosotros se nos invitará a marchar en nuestro propio Campo de Sion. El momento de la invitación variará y los obstáculos particulares que podamos hallar en la jornada serán diferentes; pero en definitiva, nuestra reacción continua y constante a ese llamado inevitable brindará respuesta a la pregunta “¿Quién sigue al Señor?”.

El momento de tomar la decisión es ahora, hoy, mañana y siempre. Ruego que siempre recordemos las lecciones relacionadas de las pruebas, la criba y la preparación; y las de observar a las Autoridades Generales, aprender de ellas y seguirlas.

Notas

1. Brigham Young, en B. H. Roberts, A Comprehensive History of the Church, tomo I, págs. 370–371.
2. “¿Quién sigue al Señor?”, Himnos, nro. 170.
3. The Discourses of Wilford Woodruff, ed. por G. Homer Durham, 1946, pág. 306.
4. Véase “¿Quién sigue al Señor?”, Himnos, nro. 170.
5. José Smith, en Joseph Young Sr., History of the Organization of the Seventies, 1878, pág. 14; véase también History of the Church, tomo II, pág. 182.
6. Véase Alexander L. Baugh, “From High Hopes to Despair: The Missouri Period, 1831–1839”, Ensign, julio de 2001, pág. 44.
7. Ezra Taft Benson, “Our Obligation and Challenge”, seminario para Representantes Regionales, 30 de septiembre de 1977, págs. 2–3; texto mecanografiado sin publicar.
8. Harold B. Lee, “Christmas address to Church employees”, 13 de diciembre de 1973, págs. 4–5; transcripción sin publicar.
9. Wilford Woodruff, en Matthias F. Cowley, Wilford Woodruff: History of His Life and Labors, 1909, pág. 39.
10. Wilford Woodruff, en The Discourses of Wilford Woodruff, pág. 305.
11. José Smith en Enseñanzas de los Presidentes de la Iglesia: Wilford Woodruff, 2005, pág. 26; véase también José Smith, citado por Wilford Woodruff, en Conference Report, abril de 1898, pág. 57.
12. George A. Smith, “My Journal”, Instructor, mayo de 1946, pág. 217.
13. Harold B. Lee, “Sweet Are the Uses of Adversity”, Instructor, junio de 1965, pág. 217.

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Aprender a escuchar: Las primeras ramas de integración racial de Sudáfrica

Liahona de Julio 2017

Aprender a escuchar: Las primeras ramas de integración racial de Sudáfrica

Por Matt McBride y James Goldberg
Departamento de Historia de la Iglesia

A Frans Lekqwati, de 56 años de edad, se le llenaron los ojos de lágrimas mientras se hallaba sentado frente a Olev Taim, su presidente de estaca. El presidente Taim acababa de preguntarle qué pensaba con respecto a crear una rama de la Iglesia en Soweto, Sudáfrica, ciudad natal de Frans.

“¿Por qué llora? ¿Lo he ofendido?”, preguntó el presidente Taim.

“No”, respondió Frans. “Es la primera vez que un hombre blanco en Sudáfrica me ha pedido mi opinión antes de tomar una decisión”.

La vida durante el régimen de segregación racial “apartheid”

South Africa in 1981
Arriba: Un cartel en una playa que señala una zona limitada solo a personas blancas bajo las estrictas normas del apartheid en Sudáfrica.

Corría el año 1981; en aquella época, existía una segregación entre las personas de raza negra y de raza blanca en Sudáfrica bajo un sistema de leyes conocido como “apartheid”. Dicha separación legal, junto con la restricción de la Iglesia que impedía que los hombres de raza negra africanos fueran ordenados al sacerdocio, había significado durante mucho tiempo que la Iglesia no pudiera prosperar entre los sudafricanos negros. No obstante, amaneció un nuevo día en 1978 cuando el presidente Spencer W. Kimball recibió la revelación que eliminaba la restricción en cuanto al sacerdocio, aunque permanecieron los retos de la segregación y cierta costumbre de recelo entre las razas.

La gran mayoría de sudafricanos de raza negra vivía en “municipios” que generalmente se construían en las afueras de las ciudades con mayor población de blancos como Johannesburgo. Soweto, que es un acrónimo de South Western Townships [Municipios Sudoccidentales], era el más extenso. Las personas blancas rara vez iban a los municipios; y a las personas negras que visitaban las ciudades rara vez se las trataba como iguales con respecto a las blancas.

Frans y su familia eran parte de un pequeño grupo de Soweto que había aceptado el Evangelio restaurado durante la década de 1970. Al principio, asistían al Barrio Johannesburgo. Jonas, un hijo de Frans, recuerda que los domingos se levantaban a las 4:00 de la madrugada para que la familia pudiera abordar uno de los primeros trenes a Johannesburgo y luego caminar una larga distancia hasta la capilla antes de que comenzaran las reuniones a las 9:00 h. La familia siempre llegaba temprano, ¡aunque a veces era difícil para los niños mantenerse despiertos durante la Primaria!

Ser pioneros de la integración racial puede llegar a ser también un reto en el aspecto emocional. Josiah Mohapi recordó haber oído que un niño blanco de seis años de edad decía algo ofensivo sobre las personas de raza negra que veía en la Iglesia. “Para ser sincero, me puse furioso”, recordaba Josiah. Aunque luego escuchó que la madre decía al niño: “La Iglesia es para todos”. Reconfortado por el recordatorio, Josiah se calmó.

¿Una rama en Soweto?

Julia Mavimbela participating in the groundbreaking of a new building
Julia Mavimbela, la primera presidenta de Sociedad de Socorro de raza negra de Sudáfrica, participa en la palada inicial del edificio de la nueva Rama Soweto en 1991. (Lea su historia en el siguiente artículo.)

El presidente Taim estaba al tanto de los retos físicos y emocionales que afrontaban los miembros de raza negra. Consideró la posibilidad de crear una rama en Soweto para facilitarles el traslado, pero no quería que sintieran que eran indeseados en Johannesburgo. Decidió entrevistar a miembros de Soweto como Frans para conocer sus sentimientos antes de tomar alguna medida. Estos le dieron una clara respuesta: “Nos encantaría establecer la Iglesia en Soweto”.

El presidente Taim buscó líderes experimentados que pudieran contribuir a orientar a los conversos recientes. Entrevistó a más de doscientos miembros de Johannesburgo y finalmente llamó a cuarenta a sumarse a la nueva rama el tiempo suficiente como para ayudar a capacitar allí a un grupo pionero de líderes locales.

Del mismo modo en que los miembros de raza negra habían tenido que trasladarse hasta otra parte de la ciudad y otra cultura para asistir al Barrio Johannesburgo, los miembros blancos tuvieron que adaptarse a un nuevo entorno y una nueva cultura mientras servían en Soweto. Las cosas no siempre funcionaban bien. Maureen van Zyl, una miembro de raza blanca a quien se había llamado a servir como presidenta de la Primaria, no consideró que hubiera problema al elegir el Himno Nacional de Sudáfrica de aquel entonces como himno de apertura de la reunión de la Sociedad de Socorro cierta semana. Sin embargo, pronto se enteró de que los sudafricanos de raza negra consideraban el Himno Nacional un símbolo del régimen de segregación racial apartheid y que muchas hermanas negras se habían ofendido por la elección de este.

Tanto los miembros negros como los blancos podrían haberse desalentado fácilmente ante tales malentendidos, pero, en vez de ello, resolvieron verlos como una oportunidad para hablar y progresar. “Compartimos todo tipo de cosas”, recordó Maureen. “Lo que sería ofensivo para las personas de raza negra y lo que veríamos ofensivo las de raza blanca. El modo en que ellos hacían ciertas cosas y el modo en que nosotros las hacíamos. De manera que aquel fue un maravilloso tiempo de aprendizaje juntos”.

Conforme la rama de Soweto se fortalecía y extendía, se establecieron ramas en otros municipios valiéndose del mismo modelo. Khumbulani Mdletshe era un joven que vivía en el municipio de KwaMashu, cerca de Durban. Cuando se unió a la Iglesia en 1980, tenía los recelos hacia las personas blancas que eran comunes en casi todos los jóvenes negros de Sudáfrica en aquel momento. No obstante, sus vivencias al adorar en una rama de integración racial cambiaron su punto de vista.

El lazo que mantiene unidas a las personas

En 1982, se invitó a Khumbulani y a otros varones jóvenes de su rama a asistir a una conferencia de jóvenes adultos solteros. Su presidente de rama, un hermano blanco de nombre John Manford, quería que los jóvenes tuvieran el mejor aspecto posible, aunque pocos de ellos tenían ropa elegante. Entonces vació su armario y repartió trajes de vestir entre los jóvenes, quienes los usaron en la conferencia. Al domingo siguiente, el presidente Manford usó el traje que había prestado a Khumbulani. “No podía imaginar que una persona blanca vistiera la misma ropa que yo había usado, pero así lo hizo”, dijo Khumbulani. “Él comenzó a ayudarme a ver a la gente blanca de una manera diferente de la que la había visto antes”.

Quien ahora es un Setenta Autoridad de Área, el élder Mdletshe, observó: “Todos necesitábamos vivir esas experiencias que nos hicieron cambiar”.

Johannesburg South Africa Temple
La bandera de Sudáfrica se adoptó en 1994 como símbolo de la unidad tras el régimen de segregación racial del apartheid. El negro, el amarillo y el verde representan el partido Congreso Nacional Africano; y el rojo, el blanco y el azul representan las repúblicas bóeres.

La segregación del apartheid terminó en Sudáfrica en 1994. Aunque muchas congregaciones hoy en día existen en zonas mayoritariamente negras o blancas, esa mayor libertad significa que hay un número cada vez más grande de zonas mixtas. Al igual que los pioneros de las primeras ramas de los municipios, los miembros que provienen de diferentes contextos adoran y trabajan juntos para edificar el Reino de Dios.

El actual presidente de la Estaca Soweto, Thabo Lebethoa, describe el Evangelio como el lazo que mantiene unidas a las personas en las épocas de división. Dijo: “Tal vez no nos hayamos puesto de acuerdo sobre lo que sucedía fuera de la Iglesia, sobre la política y otras cosas, pero estuvimos de acuerdo en lo concerniente a la doctrina”. Al obrar sobre un cimiento en común, las personas pueden aprender de las diferencias propias y ajenas cuando deliberan en consejo detenidamente y escuchan con sensibilidad espiritual. “Uno de los aspectos más importantes del liderazgo es escuchar a las personas”, aconseja el presidente Lebethoa. “Escuchar para poder comprender. Escuchar para poder sentir. Escuchar para poder recibir inspiración”.

Thoba Karl-Halla, la hija de Julia Mavimbela, miembro de la primera Rama Soweto, concuerda en que escuchar ayuda a impedir que las inevitables fricciones lleguen a ser dolorosas divisiones. “Debo escuchar con oídos que me hagan comprender las frustraciones de quien podría parecerme el ofensor”, dice ella.

El élder Mdletshe insta a los santos sudafricanos de hoy a buscar fortaleza en su diversidad, en especial, en el ámbito de la deliberación en consejo. Este dice: “Al Señor le hubiera gustado tener personas de todas las idiosincrasias sentadas alrededor de una mesa y tratar los problemas”. Su invitación para los líderes locales de toda la Iglesia es que sigan preparando líderes de diferentes idiosincrasias, tal como la generación anterior que lo apoyó a él. En cuanto a tratar de llegar a áreas y grupos nuevos, comenta: “No hallarán personas con experiencia; sino que se proporcionan en la Iglesia. Se proporcionan experiencias colocando a las personas en el centro y haciendo que trabajen juntos”.

Las citas anteriores se han tomado de entrevistas realizadas por los autores en 2015.

Sanar al país amado: La fe de Julia Mavimbela

Por Matthew K. Heiss
Departamento de Historia de la Iglesia

La vida de Julia Mavimbela cambió de repente en 1955, cuando su esposo murió en un accidente automovilístico. Las evidencias del lugar del accidente indicaban que la otra persona implicada, un hombre blanco, había cruzado al carril de John. No obstante, se dictaminó que el hombre no tenía culpa alguna. Además, los oficiales de policía blancos dijeron que las personas de raza negra eran malas conductoras, por lo cual John era culpable del accidente1.

Julia tenía 37 años de edad y cuatro hijos, más otro en camino. El racismo, la policía y el sistema judicial la habían agraviado; sin embargo, con el tiempo, aprendió a no ceder a la amargura; má bien, pasó la vida luchando para sanarse y sanar a su amado país mediante el servicio cristiano. Eso fue posible gracias a su amor por su tierra, su fe en Dios y su dedicación a vivir de conformidad con los principios de su religión.

Julia, la más pequeña de cinco hijos, había nacido en 1917. Su padre falleció cuando Julia tenía cinco años; su madre quedó sola para criar a los hijos por sus propios medios, y buscó trabajo como lavandera y empleada doméstica.

La mamá de Julia era una mujer religiosa que enseñaba a sus hijos con la Biblia. “Mi madre me había enseñado a tolerar los malos tragos de la vida y me había instado a jamás mirar atrás, sino a mirar adelante”, dijo Julia. La madre de Julia también comprendía la importancia de la formación académica y había hecho todo lo posible, dentro de sus limitados medios económicos, para que sus hijos recibieran instrucción formal.

Julia and John Mavimbela on their wedding day

Julia recibió capacitación y formación adicional y trabajó como maestra y directora de una escuela hasta que conoció y se casó con John Mavimbela en 1946. John era propietario de una tienda de comestibles y una carnicería. Julia dejó su profesión para trabajar allí y juntos construyeron una casa y tuvieron hijos. A pesar de las restricciones del apartheid, la vida era buena. Sin embargo, todo aquello cambió con la muerte de John.

En la lápida de su esposo, Julia esculpió estas palabras:En

memoria del amado
John Phillip Corlie Mavimbela.
De su esposa y familia.
Aunque el nudo en la garganta permanezca,
que en paz descanse su alma.

Al describir la cuarta línea del epitafio, Julia dijo: “Al momento de escribirlo, el nudo en la garganta que permanecía era odio y amargura; por el hombre que había causado el accidente, por los policías que habían mentido [y] por el tribunal que había considerado a mi esposo culpable del accidente que le quitó la vida”2. Una de sus mayores pruebas fue vencer esa amargura e ira.

Poco después de la muerte de su marido, durante una noche de “turbado sueño”, Julia soñó que John se le aparecía, le entregaba algunos overoles [monos] y le decía: “Ponte manos a la obra”. Al describir el resultado del sueño, Julia dijo: “Hallé una forma de apartarme de las preocupaciones de aquellos años; y fue mediante la ayuda a la comunidad”.

Veinte años después, a mediados de la década de 1970, la reacción de las personas de raza negra al régimen del apartheid había pasado de las manifestaciones pacíficas a los disturbios violentos. Una de las zonas más proclives a la violencia era Soweto, donde vivía Julia; quien dijo: “Soweto se volvió diferente de cualquier otro lugar que hubiéramos conocido. Era como si estuviésemos en un campo de batalla”.

Julia temía que se reabrieran sus heridas de amargura: “Habían transcurrido más de veinte años desde la muerte de John, pero aún podía sentir el dolor de aquel momento”. En un esfuerzo por procurar sanar, tanto para sí misma como para su gente, Julia pensó: “Quizás no todo esté perdido si puedo enseñar a los niños a que amen labrar la tierra”. Fundó una huerta comunitaria que simbolizaba esperanza para personas que solo conocían el temor y la ira.

Julia working in a community garden
Mientras trabajaba con los niños en la huerta comunitaria, les enseñaba: “Labremos la tierra de la amargura, sembremos una semilla de amor y veamos qué frutos nos brinda… No habrá amor sin perdonar a los demás”.

Julia dijo: “Sabía desde el fondo del corazón que araba la tierra de mi propia amargura conforme perdonaba a quienes me habían hecho daño”. La amargura que permanecía tras la muerte de John comenzó a desaparecer.

En 1981, Julia conoció la Iglesia. Los misioneros, que efectuaban servicio comunitario en Soweto, hallaron un centro para niños con gran necesidad de reparaciones. Durante varias semanas, limpiaron el lugar3.

Cierto día, se le pidió a Julia que prestara servicio en el mismo club de niños. Cuando llegó, se asombró al ver a “dos muchachos blancos hendiendo palas con fuerza en la rojiza tierra”. Los misioneros le preguntaron si podían ir a su casa a compartir un mensaje. Tres días después, los élderes David McCombs y Joel Heaton aparecieron ataviados con ropa y placa de misioneros.

Julia dijo que las primeras dos lecciones misionales le “entraron por un oído y le salieron por el otro”. No obstante, en la tercera visita, los misioneros le preguntaron sobre una fotografía de Julia y John que colgaba en la pared. Ella mencionó que su esposo había fallecido y los misioneros se sintieron inspirados a hablarle acerca del Plan de Salvación y del bautismo por los muertos. Julia dijo: “Entonces comencé a escuchar —a escuchar de verdad— con el corazón… Mientras los misioneros me enseñaban el principio de los lazos eternos, sentí que esa era la manera de estar con mis padres y mi esposo”. Se bautizó cinco meses después.

Un mes después del bautismo, Julia habló en una conferencia de estaca. “Cuando subí al estrado”, dijo, “creo que casi todos se asombraron. Era la primera vez que veían que una persona de raza negra hablara en una conferencia; para algunos tal vez fuera la primera vez que oyeran a una persona negra dirigirse a una audiencia”. Se sintió inspirada a hablar sobre la muerte de su esposo y los años difíciles que había pasado. Describió su amargura y cómo “finalmente había hallado la Iglesia que podía [enseñarle] a perdonar de verdad”.

Sin embargo, su lucha contra la incomprensión y los prejuicios no había terminado, incluso después que concluyera el régimen de segregación racial apartheid en 1994.

El élder Dale G. Renlund, del Cuórum de los Doce Apóstoles, en su mensaje de la Conferencia General de abril de 2015 “Los Santos de los Últimos Días siguen intentándolo”, relató un incidente en que Julia y su hija Thoba sintieron que “algunos miembros de raza blanca no las trataron muy cordialmente”. Thoba se quejó de dicho trato. Lo que podría haberse vuelto fácilmente una excusa para dejar la Iglesia, llegó a ser una invaluable oportunidad de enseñanza. Julia contestó: “¡Ay, Thoba!, la Iglesia es como un hospital grande, y todos estamos enfermos de alguna manera. Vamos a la Iglesia para que se nos ayude”4.

Julia in native Zulu dress and in temple dress
A la derecha: Julia con su traje tradicional zulú y prestando servicio en el Templo de Johannesburgo, Sudáfrica.

Julia descubrió que la sanación era posible por medio del evangelio de Jesucristo, no solo para sí misma, sino también para su nación. Su servicio en el Templo de Johannesburgo, Sudáfrica, le ha enseñado que en el templo “no hay diferencia con el afrikáner. No hay inglés, ni situ, ni zulu. conoces el sentimiento de unidad”.

Julia Mavimbela falleció el 16 de julio de 2000.

Notas

1. Salvo que así se indique, las citas se han tomado de Laura Harper, “‘Mother of Soweto’: Julia Mavimbela, Apartheid Peace-Maker and Latter-day Saint”, manuscrito no publicado, Biblioteca de Historia de la Iglesia, Salt Lake City.
2. En el texto de Harper, se emplea la palabra lámpara en vez de la expresión nudo en la garganta. Sin embargo, Thoba confirmó que la expresión grabada en la lápida era nudo en la garganta.
3. De David Lawrence McCombs, entrevista con el autor, 25 de agosto de 2015.
4. Dale G. Renlund, “Los Santos de los Últimos Días siguen intentándolo”, Liahona, mayo de 2015, págs. 57–58.

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Desideria Yáñez: Una pionera entre las mujeres

Liahona de Julio 2017

Desideria Yáñez: Una pionera entre las mujeres

Por Clinton D. Christensen
Departamento de Historia de la Iglesia

Después de que un sueño la guiara al Evangelio restaurado, esta Santo de los Últimos Días de México llegó a ser una pionera fiel de la Iglesia.

desideria yanez

Una noche, a principios de 1880, Desideria Yáñez dormía en un agradable pueblo sobre los cerros plagados de cactus de Nopala, México. En un sueño, vio un folleto titulado Voz de Amonestación, el cual cambiaría su vida y la ayudaría espiritualmente. Cuando despertó, supo que los hombres que publicarían el folleto se encontraban en la Ciudad de México1. También se dio cuenta de que era físicamente imposible para ella viajar 75 millas (120 km) hasta la ciudad, pero tenía la determinación de seguir las impresiones del sueño y encontrar una solución.

La fe de una familia

Desideria le habló de su sueño a su hijo José, quien le creyó y viajó a la Ciudad de México por ella. Allí comenzó a hablar ansiosamente con la gente y al final conoció a Plotino Rhodakanaty, un miembro de la Iglesia que le indicó que fuera al hotel San Carlos2.

En el hotel, José encontró al élder James Z. Stewart, quien corregía la galerada del impresor de Voz de Amonestación, el mismo folleto escrito por Parley P. Pratt que Desideria había visto en su sueño. Después de que José le habló al élder Stewart acerca del sueño de Desideria, el misionero le dio otros folletos de la Iglesia, ya que Voz de Amonestación no estaba terminado, y el élder Stewart apuntó esa interesante conversación en su diario3.

Muchas polvorientas millas después, José se reencontró con su madre. Al saber que el folleto era real, Desideria supo que el sueño había sido verdadero. Leyó detenidamente los folletos que José le había traído, y las enseñanzas básicas del Evangelio que había en ellos le tocaron el alma. Tuvo el deseo de bautizarse.

Hallada por un misionero

Debido a que el élder Stewart aún estaba finalizando Voz de Amonestación, el élder Melitón Trejo, un misionero de España, viajó a Nopala en busca de Desideria y José. El 22 de abril de 1880, el élder Trejo bautizó a Desideria Quintanar de Yáñez, a José María Yáñez y a la hija de José, Carmen. Desideria fue la vigésimo segunda persona que fue bautizada en la Misión Mexicana y la primera mujer en el centro de México4.

Más tarde aquel mes, José volvió a visitar la Ciudad de México y regresó a casa con 10 ejemplares de Voz de Amonestación. Desideria finalmente vio el folleto de su sueño. Para ella, el folleto era un recordatorio físico de cómo el Señor le había extendido personalmente la mano para conducirla al Evangelio restaurado.

El primer Libro de Mormón en español

Cuando tenía 72 años, Desideria sintió que su salud empeoraba. En 1886 quedó recluida en su pequeña casa en San Lorenzo, cerca de Nopala. Una terrible noche, irrumpieron ladrones en su casa, la golpearon y escaparon con $3.0005. Desideria sobrevivió. En vez de desesperarse, ella esperó con fe la ayuda del Señor. Su sueño le había enseñado que el Señor estaba al tanto de su situación.

Entonces, en octubre de 1886, un apóstol y dos presidentes de misión visitaron la zona de forma inesperada. José Yáñez les habló del sufrimiento de su madre, y los hermanos fueron rápidamente a la casa de Desideria. Ella estuvo encantada de conocer al élder Erastus Snow, del Cuórum de los Doce Apóstoles, y de que él pusiera las manos sobre su cabeza para darle una bendición del sacerdocio.

Durante la visita de los hermanos, el nuevo presidente de misión, Horace Cummings, sorprendió a Desideria con noticias importantes. Le dijo que la primera traducción del Libro de Mormón completo en español estaba a punto de finalizarse en Salt Lake City. Desideria rápidamente solicitó un ejemplar de las futuras Escrituras.

Un mes después, el presidente Cummings regresó al hogar de Desideria con dicho ejemplar. Él escribió sobre aquella experiencia: “Visité a la hermana Yáñez, una anciana inválida, y le di un Libro de Mormón sin encuadernar, el cual había hecho traer de Utah. Era el primero en español que se había recibido en México… Me pareció que le agradó mucho”6. Aquella sería la última visita de un misionero a Desideria durante el transcurso de su vida.

Aislada pero no olvidada

woman greeting visitor
Hacia 1889, apenas 10 años después de que el Evangelio restaurado llegara al centro de México, los líderes de la Iglesia sintieron la inspiración de utilizar los limitados recursos de la Iglesia para establecer colonias en el norte de México. Los miembros que se encontraban cerca de la Ciudad de México, a unas 1.000 millas (1.600 km) de las colonias, se sintieron como ovejas sin pastor a medida que los misioneros partieron hacia el norte. Aunque estaba rodeada por su familia, Desideria supo que iban a tener que vivir el Evangelio en aislamiento. Eso significaba que nunca tendría la oportunidad de asistir a la Sociedad de Socorro ni de recibir las bendiciones del templo en vida.

Sin embargo, ella sabía que el Señor la conocía. Mediante Sus siervos, el Señor había manifestado Su deseo de ministrar uno a uno a Su rebaño. Gracias a su sueño, la bendición del sacerdocio y el Libro de Mormón, Desideria podía testificar de su absoluta certeza de que Dios satisfacía sus necesidades espirituales y temporales. Aunque tal conocimiento no evitaba que ocurrieran pruebas y desafíos en su vida, sí le daba la confianza de que el Señor siempre aliviaría sus cargas.

Un legado duradero

En 1903 los misioneros regresaron al sur de México por primera vez desde 1886. Se reunieron con José, quien resumió la perseverancia hasta el fin y el legado de fe de Desideria al decir que tanto su esposa como su madre “murieron con una fe completa en el mormonismo” y que él tenía la “esperanza de morir en el mormonismo”7.

Después de su sueño, Desideria se embarcó en el camino del Evangelio, convirtiéndose en una pionera latina de la Iglesia. La semilla de fe que se plantó mediante un sueño en 1880 no fue desperdiciada, sino que brotó a medida que Desideria hizo el convenio del bautismo y sobrellevó sus pruebas con fe. Hubiera sido fácil para Desideria marchitarse espiritualmente cuando ella y su familia vivieron el Evangelio aislados del resto de la Iglesia, pero ella siguió adelante. Sabía que Dios cuidaba y protegía su pequeña parte del mundo.

Aunque no podía abandonar su casa, ella llegó a ser un ejemplo de fe, diligencia, obediencia y fortaleza no solo para su familia, sino también para cada uno de nosotros a medida que procuremos perpetuar el espíritu pionero.

Notas

1. Véanse los documentos misionales de Alonzo L. Taylor, 10 de julio de 1903, y Mexican Mission Manuscript History and Historical Reports, 7 de julio de 1903, Biblioteca de Historia de la Iglesia, Salt Lake City.
2. Véanse los documentos misionales de Taylor, 10 de julio de 1903, y los documentos de James Z. Stewart, 17 de febrero de 1880, Biblioteca de Historia de la Iglesia.
3. Véanse los documentos de Stewart, 17 de febrero de 1880.
4. Véanse el diario de Moses Thatcher, 20 de noviembre de 1879, y los documentos de Stewart, 26 de abril y 20 de junio de 1880, Biblioteca de Historia de la Iglesia. Desideria fue la primera mujer que fue bautizada después de que se abrió la Misión Mexicana en 1879 en la Ciudad de México. Sin embargo, una breve misión en la ciudad norteña de Hermosillo en 1877 resultó en el bautismo de cinco personas en una villa cercana, entre quienes estaba María La Cruz Paros, la primera conversa mexicana de la que se tiene conocimiento. Los registros oficiales de la Misión Mexicana creados por Moses Thatcher nombran a Desideria Yáñez como la primera mujer conversa, aunque en realidad fue la segunda. Véanse también los recuerdos de Louis Garff, sin fecha, Biblioteca de Historia de la Iglesia.
5. Véanse los documentos de Horace H. Cummings, 24 de octubre de 1886, Biblioteca de Historia de la Iglesia.
6. Documentos de Cummings, 29 de noviembre de 1886.
7. Documentos misionales de Taylor, 10 de julio de 1903.

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Criar a nuestro hijo en una sociedad con Dios

Liahona de Julio 2017

Criar a nuestro hijo en una sociedad con Dios

Por Kami Crookston
La autora vive en Utah, EE. UU.

Cuando aprendí a utilizar los recursos espirituales que tenía disponibles, recibí un caudal de ideas de formas de ayudar a mi hijo y afrontar mejor mi propia prueba.
mother struggling with son

Mi visión de la paternidad contemplaba niños que se comportaban a la perfección y que siempre estaban hermosamente vestidos y nunca se ensuciaban. No tardé en darme cuenta de que la imagen que atesoraba era una fantasía. He aprendido a aceptar el desorden de mi casa y las narices sucias porque sé que vienen acompañados de las bendiciones más asombrosas que jamás podría tener; pero lo que nunca podría haber imaginado fue la lucha que afrontaría mientras criaba a mis hijos, en especial a mi hijo Brad.

Brad llegó a esta vida con la inocencia de todos los niños, pero no tardamos en darnos cuenta de que era diferente. No podía ir a la guardería sin que mi esposo o yo lo acompañáramos porque era demasiado agresivo. A medida que crecía y jugaba con otros niños, necesitaba supervisión constante. Cuando buscamos ayuda, nos dijeron que simplemente debíamos ser más constantes con él. Hicimos todo lo que se nos ocurrió: buscamos en internet, leímos libros sobre la crianza de los hijos y consultamos a médicos y familiares. Finalmente, cuando Brad comenzó la escuela le diagnosticaron trastorno por déficit de atención con hiperactividad, o TDAH, así como una serie de otros problemas.

Por primera vez sentimos que teníamos esperanza. Ahora que teníamos un diagnóstico podíamos comenzar un tratamiento. Teníamos la esperanza de que Brad reaccionara bien a un medicamento que había ayudado a otras personas. Lamentablemente, el comportamiento de Brad con ese medicamento fue peor que sin él, por lo que tuvo que dejar de tomarlo. Sentí que mi última pizca de esperanza desaparecía.

Un día, cuando Brad tenía seis años, afronté una de sus muchas rabietas diarias. Quería rendirme. Fui a mi habitación para tener un momento para mí, mientras las lágrimas surcaban mis mejillas. Oré en busca de la fuerza para afrontar la rutina para la hora de dormir que estaba por comenzar. ¿Cómo podía seguir haciendo esto, día tras día? Sentía que me hallaba más allá de lo que podía soportar. ¿Comprendía el Padre Celestial lo difícil que era? Si en verdad me amaba, razoné, Él quitaría esta carga de mí y le daría a mi hijo una vida normal. Esos pensamientos y sentimientos me inundaron mientras la prueba que sobrellevaba parecía empeorar en vez de mejorar.

La verdadera naturaleza de las pruebas

Yo pensaba que comprendía las pruebas. Se suponía que debíamos atravesarlas como una olla que se calienta en el horno. Debíamos entrar y salir del fuego, y luego la vida volvería a la normalidad hasta la próxima ronda de calentamiento y templado; pero yo había tenido esta prueba por años, y no desaparecía. Sentía que el peso me hundía, y el sentimiento de impotencia hizo que me arrodillara.

Supe entonces que el lugar al que debía ir para recibir consuelo y comprensión era el templo. Por inspiración, comprendí que no elegimos qué pruebas tenemos en la vida ni cuánto duran. Lo que podemos controlar es la forma en que pensamos y actuamos cuando vienen las pruebas.

Comprendí que la razón por la cual sentía lástima de mí misma era que estaba permitiendo que la autocompasión llenara mi mente. Lo primero que decidí hacer fue deshacerme de cualquier pensamiento negativo que apareciera, tal como “Esto no es justo”, “No puedo lograrlo”, “¿Por qué Brad no puede ser normal?” o la peor de las culpas: “Soy una mala madre”. Me esforcé por detener la voz negativa en mi cabeza, y noté que mi verdadera voz se volvió más paciente y amorosa al tratar a todos mis hijos.

También fomenté los pensamientos positivos. Comencé a pensar: “Lo estás haciendo bien” y me felicitaba a mí misma con palabras como “Mantuviste la voz baja y no gritaste. ¡Bien hecho!”.

Confiar en Dios

Después de un día particularmente difícil, le pedí a mi esposo que me diera una bendición. Durante la misma se me recordó que soy una hija de Dios, que Él me conoce y está al tanto de mis necesidades y que mi hijo es un hijo de Dios. Antes que nada Brad era hijo de Dios, y mi esposo y yo teníamos una sociedad con Él a favor de Brad. Comprendí que no había estado utilizando todas las herramientas que dicha sociedad me brindaba. Mi esposo y yo habíamos investigado y descubierto muchos recursos para recibir ayuda, pero nos olvidamos del más importante: la oración.

Empecé a orar cada día para saber cómo ayudar a Brad. Cuando él tenía un colapso emocional, yo ofrecía una breve oración para recibir inspiración antes de acercarme a él. Al confiar en Dios para recibir apoyo e inspiración para mi hijo, vislumbré lo que yo podía ser y lo que podía hacer por él. Me esforcé por seguir las palabras de Alma: “… y esta es mi gloria, que quizá sea un instrumento en las manos de Dios…” (Alma 29:9).

Los cambios fueron inmediatos. Me inundó un caudal de ideas y formas de ayudar a Brad. Utilicé la noche de hogar como herramienta y oré en busca de ideas sobre lo que podía enseñar. También leía las Escrituras con más intención y me di cuenta de los grandes consejos para criar a los hijos que se encuentran en ellas. Empecé a llenarme de esperanza y consuelo.

A medida que continuaba poniendo en práctica la idea de que mi esposo y yo somos socios de Dios en la crianza de nuestros hijos y al utilizar las herramientas que Él nos ha dado, comencé a confiar más y más en Dios. Comprendí que mi conocimiento de la crianza de los hijos era limitado, pero un amoroso Padre Celestial, que sabe todas las cosas y ama a mi hijo más que yo, podía ayudarme a ser una madre mejor y más fuerte. Y aunque aún flaqueo a veces, sé dónde buscar ayuda. Ahora comprendo que algunas pruebas no tienen un límite de tiempo, pero si mantengo mi mira en la eternidad, Dios me ayudará.

Disfrutar los pequeños momentos

mother smiling with son
En las ocasiones difíciles aprendí a dedicar tiempo a disfrutar los pequeños momentos —los dones— que recibimos. Cuando mi hijo no puede evitar darme un beso, me siento agradecida. Cuando observé que nadie se sentaba junto a mi hijo en el autobús, recibí la bendición de que esta Escritura acudiera a mi mente: “… iré delante de vuestra faz. Estaré a vuestra diestra y a vuestra siniestra, y mi Espíritu estará en vuestro corazón, y mis ángeles alrededor de vosotros, para sosteneros” (D. y C. 84:88). Sabía que Brad no estaba solo y que nunca lo estaría.

Somos una familia eterna, y con la ayuda de personas que nos aman y con la protección de nuestro amoroso Padre Celestial, puedo apreciar los pequeños dones que recibo cada día y sentir el gozo y la felicidad que se espera que tengamos. Y con esas pequeñas bendiciones y la ayuda del Señor, puedo llegar a ser quien debo ser, sin importar cuánto tiempo me lleve.

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Lo único que me salvó

Liahona de Julio 2017

Lo único que me salvó

Por Shuho Takayama, según lo relató a Ana-Lisa Clark Mullen
El autor vive en Tokio, Japón.

Una amistad inesperada me ayudó a cambiar mi vida de la oscuridad a la luz.
men playing golf

El golf es un deporte muy popular en Japón, así que empecé a jugarlo cuando tenía 14 años como una manera de pasar tiempo con mi padre. Fue divertido desde un comienzo y finalmente comencé a practicarlo por mí mismo y jugué en el equipo de golf de la escuela secundaria. Me hice amigo de mis compañeros de equipo y entrenadores, quienes me alentaban a seguir mi sueño de llegar a ser jugador profesional.

Me esforcé mucho, no solamente en el juego sino también en mis estudios, graduándome cerca de los primeros de mi clase en la escuela.

Cuando ingresé a la universidad, tuve una gran relación con mis compañeros y entrenadores de golf. Ellos eran mejores que yo, así que hice todo lo que pude para mantenerme a la par de ellos. Algunos miembros del equipo comentaban sobre mi excepcional primer nombre, Shuho. Les dije que mi abuela materna coreana me llamó así y que en coreano significa “montaña hermosa”. Desde ese momento sentí que su actitud hacia mí había cambiado, manchada por una tensión de varias generaciones entre Japón y Corea.

Comenzaron a llamarme “el niño coreano” y dijeron que dañaría el buen nombre de la universidad. En lugar de permitirme practicar golf con ellos, me hacían limpiar los baños.

Se volvió cada vez más estresante estar entre ellos. Al estar lejos de casa, sentí que tendría que arreglármelas solo. Intenté sujetarme a mi sueño y recuperar la aprobación de mi entrenador y equipo, pero después de dos años, ya no podía tolerar su trato tan duro, así que volví a casa.

Esta fue una época oscura para mí. El estrés estaba causando efectos psicológicos y físicos. Mi autoestima había sufrido mucho durante dos años. Mi sueño de ser golfista profesional había concluido. No sabía qué hacer con mi vida; y estaba enojado. Estaba enojado con todos: el entrenador, mis compañeros de equipo y mis padres. Estaba tan enojado que mis pensamientos me asustaban. No tenía amigos y sentía que no podía confiar en otras persona ni relacionarme con ellas. Por seis meses, solo salía de la casa para hacer ejercicio en el gimnasio.

Durante esta época oscura de mi vida, me hice amigo de Justin Christy, a quien conocí en el gimnasio. Cuando lo vi por primera vez, pensé que era estudiante de intercambio internacional. Dudaba en hablar con él hasta que lo vi conversando con alguien en el gimnasio y me sorprendió escuchar que hablara japonés. Aún me sentía inseguro de confiar en otras personas, pero él me sugirió que entrenáramos juntos. Había algo diferente en él que no entendía en ese momento. Me sentía tranquilo cuando estaba cerca de él. Comencé a esperar con anhelo nuestro tiempo para entrenar. Había encontrado a alguien en quien sentía que podía confiar como amigo.

Después de entrenar juntos varios meses, Justin me invitó a una cena con un grupo al que él iba de manera regular. Estaba indeciso, pero después de varias invitaciones decidí ir a lo que terminó siendo una cena de jóvenes adultos solteros en la casa de Richard y Corina Clark. Ellos me saludaron cálidamente cuando entré en su casa, el hermano Clark en japonés y la hermana Clark en inglés. No entendí lo que decía ella, pero intenté responderle. Incluso cuando varias personas allí no hablaban japonés, ellos eran un grupo divertido y además cordial y amistoso. Nos reímos mucho.

Comencé a asistir a otras actividades de jóvenes adultos solteros y nunca me había divertido tanto con otras personas en mi vida. Me preguntaba qué pasaba con ellas que los hacía tan amables y amigables.

En esa época Justin me preguntó qué quería hacer con mi vida. Me sorprendió descubrir que mis metas habían comenzado a cambiar. Le dije que quería aprender a hablar inglés y que quería ser amigo de todos, tal como él. Él me contó de las clases gratuitas de inglés en su capilla. Fui a la clase de inglés y conocí a los misioneros. Incluso cuando nunca antes había pensado en Dios, sentí que debía escuchar a los misioneros. Me enseñaron los principios básicos del Evangelio y me llamaban casi todos los días. Se convirtieron en buenos amigos, lo cual me hizo muy feliz porque yo aún no tenía muchos.

Comencé a conocer a varios miembros de la Iglesia que iban a las lecciones misionales conmigo y nos hicimos buenos amigos. Me enseñaron el Evangelio y me dieron el ejemplo. Justin me habló del Libro de Mormón y me contó historias sobre él para que yo quisiera leerlas por mí mismo. Otro amigo, Shingo, quien es muy detallista, analizaba doctrinas conmigo de una manera que me era fácil entenderlas. Él siempre compartía su testimonio al final de nuestras conversaciones.

Había encontrado algo en lo que creía y un lugar al que sentía que pertenecía. Después de ser bautizado y confirmado, comencé a pensar en servir una misión, pero me preocupaba dedicarle dos años. Hablé con muchas personas acerca de servir una misión, en especial con mis amigos exmisioneros. Pensé mucho en ello y me di cuenta de que el Evangelio era lo único que pudo haberme salvado.

Sé que Dios me ha dado todo: mis sueños, esperanza, amigos y, en especial, amor. El Evangelio me ha ayudado a salir de la oscuridad a la luz.

Cómo compartí el Evangelio con Shuho

Por Justin Christy

men at the gym
Cuando conocí a Shuho en el gimnasio, él dijo que quería aprender inglés e ir a un programa de intercambio de golf. Le hablé de las clases de inglés en la capilla, pero fueron algunas semanas hasta que pudimos asistir. Mientras tanto, como ejercitábamos juntos, hablamos mucho sobre temas del Evangelio, sobre el Libro de Mormón y sobre la vida en general.

Las amistades y los ejemplos de los miembros de la Iglesia que conoció le llamaron la atención y le ayudaron a aprender del Evangelio. Es el Espíritu el que lleva a la conversión; todo lo que hacemos es entregar el mensaje y apoyar a las personas mientras deciden por ellas mismas.

Solía ser estresante para mí pensar en compartir el Evangelio; pero me he dado cuenta de que si solo abrimos la boca en el momento correcto, tendremos oportunidades misionales. Todo lo que necesitamos hacer es invitar a las personas a una actividad o reunión de la Iglesia. Si tenemos una mentalidad abierta, siempre habrá oportunidades para compartir el Evangelio.

Sean un ejemplo

“Cada uno de nosotros vino a la tierra habiendo recibido la luz de Cristo. Al seguir el ejemplo del Salvador y vivir como Él vivió y enseñó, esa luz arderá en nosotros e iluminará el camino para los demás…

“Estoy seguro que en nuestra esfera de influencia hay aquellos que están solos, enfermos y aquellos que se sienten desanimados. Tenemos la oportunidad de ayudarlos y de levantarles el ánimo”.

Presidente Thomas S. Monson, “Sean un ejemplo y una luz”, Liahona, noviembre de 2015, pág. 86.

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Representar el papel más importante

Liahona de Julio 2017

Representar el papel más importante
Por Annie McCormick Bonner
La autora vive en Washington, EE. UU.

Me acababan de dar el papel más importante de mi vida. Estaba emocionada, hasta que llegó el guion.

theater stage

¡El teatro en vivo era mi pasión! De joven adulta, participé en actuación y canto escénico. Fui bendecida con talento y esperaba establecer una carrera actuando profesionalmente. Obtuve los papeles más desafiantes que pude y siempre me comportaba profesionalmente para poder ganar el respeto de mis compañeros actores.Estuve

encantada cuando el director más influyente de nuestra área me dijo que realizaría audiciones para una opereta y que quería que yo participara. El espectáculo se presentaría en el local más prestigioso de nuestra área y parecía que mi amigo director ya me tenía en mente para el papel principal.

El guion no estaba disponible para leerse antes de la audición, pero la opereta se basaba en una novela de un filósofo del siglo XVIII, la cual leí. También me familiaricé con la música de la opereta, que era excepcionalmente hermosa y estimulante.

La audición fue bien y pronto me informaron que el papel principal —el más importante— ¡era mío! Creía que este papel era una gran oportunidad.

Sentía que caminaba en las nubes de la emoción, hasta que llegó el guion. Mientras lo leía, mi júbilo rápidamente se desvaneció. Aunque la novela y la música valían la pena, el guion era irreverente y contenía instrucciones de escenario sugestivas e inapropiadas. Sabía que no debía participar en esta producción. Fue una desilusión terrible.

De repente tenía un dilema. La ética en el teatro dicta que después de aceptar un papel, un actor no debe renunciar porque el programa de producción no admite tiempo para cambios en el reparto. Echarme para atrás sería considerado muy poco profesional. Temía perder la confianza de la compañía de teatro, ofender al director e incluso perder la oportunidad de continuar actuando en otro lugar.

Por supuesto, ¡estaba tentada a racionalizarlo! Una voz airosa en mi mente proclamaba: “No puedes renunciar ahora. El guion no es tan malo. Lo bueno del espectáculo compensará las partes malas”. Pero el Espíritu Santo siempre estaba influyendo en mi corazón —con firmeza, paciencia, vehementemente alentándome a que dejara la opereta.

Sabía lo que tenía que hacer. Temblorosamente tomé el teléfono y llamé al director.

“Hola, señor”, dije cuando atendió. “Soy Annie”.

“¡Annie! Estoy muy entusiasmado por el espectáculo. ¿Recibiste el guion?”.

“Sí, lo recibí, y yo… yo…”.

Me puse a llorar. ¡Hablando de ser poco profesional!

De alguna manera, entre sollozos, me las arreglé para explicar al director por qué no podría estar en su espectáculo. Y luego esperé a que el mundo se acabara.

Este buen hombre empezó a reír. Él respetó mi decisión. Al principio trató de convencerme de que me quedara en el espectáculo, pero cedió. Dijo que él aún me adoraría incluso si yo no quería estar en su opereta. Y simplemente me pidió que le llevara el guion inmediatamente para que pudiera dárselo a otra actriz. Colgué el teléfono, mortificada por mi llanto pero agradecida por la respuesta afectuosa y comprensiva del director.

Me sequé las lágrimas y luego tomé el guion y subí al auto. Cuando encendí el motor, la radio también se encendió. Estaba preestablecida en la emisora local de música clásica y para mi asombro, la melodía que sonaba era la obertura de la misma opereta. Nunca antes la había escuchado en la radio.

Sentí como si el Padre Celestial estuviera tocando esa música para mí. Él quería que yo entendiera que me amaba y que Él aprobaba mi elección. Que la música sonara en la radio era una de las tiernas misericordias de Dios. A través de ella sentí el consuelo de Su amor.

Continué estudiando teatro en la universidad. Más de una vez me encontré en situaciones similares. Hubo veces cuando fue necesario salir de ciertos proyectos debido al contenido inapropiado. Estas situaciones nunca fueron fáciles o agradables, pero pude manejarlas con más elegancia y sin lágrimas. Quizás mi experiencia temprana fue una preparación para estas ocasiones. Quizás me ayudó a comprender mejor quién soy y lo que más deseo ser.

William Shakespeare escribió:

El mundo es un gran teatro,
y los hombres y mujeres son actores.
Todos hacen sus entradas y sus mutis
y diversos papeles en su vida1.

Estoy aprendiendo que hay un papel para representar que es más importante que cualquier otro. Es el de ser un verdadero discípulo de Jesucristo. Ganar el aplauso de los pares puede ser emocionante y satisfactorio, pero es la aprobación de Dios la que importa. Nuestras grandes representaciones vienen cuando aprendemos a seguir al Maestro.

Nota

1. William Shakespeare, Como gustéis, acto II, escena VII, versos 141–144.

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Tu viaje pionero: Real, no simulado

Liahona de Julio 2017

Tu viaje pionero: Real, no simulado
Por Aaron L. West
Departamento de Historia de la Iglesia

Ser un Santo de los Últimos Días es ser un pionero.

teens wearing paper doll pioneer clothes

Cuando era niño, a veces simulaba ser una estrella del deporte. Hacía como que podía volar. Me imaginaba que era un gigante. Era feliz con mi vida, aunque era bajito, prosaico y solo moderadamente atlético. Pero simular era divertido. Disfrutaba experimentando cosas diferentes, aunque solo fuera en mi imaginación. Supongo que es por eso que a muchas personas les gusta simular.

Y, hablando de simular, a nosotros —los Santos de los Últimos Días— nos encanta hacer caminatas pioneras. Llevamos ropa como la de los pioneros (más o menos). Tiramos de carros de mano como los de los pioneros (o algo así). Comemos lo que comían los pioneros (bueno, no exactamente). Hacemos un gran esfuerzo por hacer como que somos pioneros. Lo extraordinario es que no necesitamos simular; nosotros ya somos pioneros.

El presidente Thomas S. Monson ha dicho: “Ser un Santo de los Últimos Días es ser un pionero, porque un pionero se define como ‘alguien que va delante a fin de preparar o abrir el camino para que otras personas lo sigan’”1. El presidente Monson nos ha enseñado, por medio de sus palabras y de sus hechos, el modo de ser auténticos pioneros:

“… seguimos los pasos del Pionero supremo, el Salvador, quien fue delante de nosotros mostrándonos el camino a seguir.

“‘Ven, sígueme’, invitó Él”2.

“Ven, sígueme”. Estas sencillas palabras nos ayudarán a ser auténticos pioneros.

Veamos estas palabras desde la perspectiva de algunos pioneros modernos que recientemente participaron en una caminata pionera de estaca.

“Ven, sígueme”

Taylor A.
La palabra ven es una invitación. Sugiere un desplazamiento de un lugar a otro. Taylor A. conoce bien el significado de esta palabra.

Taylor es brillante, alegre, y está llena del Espíritu, pero no tardaría en decirte que esas palabras no la describían dos años atrás. Ahora se ha desplazado a otro lugar, espiritual y físicamente. Ella es una pionera.

“He sido pionera en mi vida”, explica, “porque soy una conversa reciente, y mi recorrido ha sido simplemente asombroso. Siento que es toda una nueva vida. Y una vez que damos el primer paso del camino, suceden milagros”.

Taylor no solo entiende la invitación a ir [“Ven]”; ella conoce la fuente de la que proviene esa invitación, e hizo la siguiente observación: “En este mundo estamos muy desconectados de qué fue lo que nos trajo aquí, ¿verdad? Estamos inmersos en nuestras tareas y en la tecnología, pero el mensaje que realmente me ha martillado últimamente es poner a Cristo primero. Si tan solo conectamos con lo que realmente hicieron los pioneros… [Ellos estaban] centrados en Cristo”.

Ethan G.
También se nos invita a seguir [a Cristo]. En la caminata pionera, Ethan G. obtuvo una mayor comprensión de esta palabra. “A veces, durante la caminata no me he sentido del todo bien, o me he desanimado un poco”, admite. “Pero me doy cuenta de que los pioneros también se sintieron así”.

Ethan solía preguntarse por qué los primeros pioneros estuvieron dispuestos a hacer lo que hicieron. Él dijo: “Creo que podría haberme dado por vencido sin más pero, al pensar en ello, de algún modo me di cuenta de que era porque amaban al Salvador, y tenían esperanza en que podían llegar a ser mejores por medio de Él. Yo quiero probar eso también”.

Antes de ir a la caminata, Ethan leyó sobre los pioneros del pasado, se sintió conectado a ellos e inspirado por la fe que tuvieron para seguir a Jesucristo. ¿Y qué hace Ethan ahora? Se está preparando para recibir su llamamiento como misionero de tiempo completo. Fiel al consejo del presidente Monson, él se está preparando para mostrar a otras personas el camino a seguir.

Harmony C.
¿A dónde iremos? ¿A quién seguiremos? El Salvador nos dice: “Ven, sígueme” (Lucas 18:22; cursiva agregada). Cuando salió de casa para ir a la caminata, Harmony vio la mano del Señor en su experiencia. Supo que lo estaba siguiendo a Él.

La senda que recorrió Harmony hacia la caminata de su estaca fue diferente a la de otras personas. A los quince años de edad se enteró de que padecía una extraña forma de cáncer de piel, y no pudo participar en la caminata con su estaca. “Estaba desolada”, recuerda.

Cuatro años después, cuando su estaca anunció otra caminata, Harmony había superado el cáncer, pero con diecinueve años creyó que no podría ir. Entonces recibió un llamamiento para participar como líder. Ella dijo: “Para mí, es un testimonio de que el Señor sabe quiénes somos y conoce los deseos de nuestro corazón, y si son justos y buenos, Él nos bendecirá”.

Harmony da este consejo para ayudarnos cuando afrontemos pruebas: “A todo aquel que esté pasando dificultades, le diría que simplemente se apoye en el Señor. Él siempre estará ahí para ti. Él nos ama y no nos dejará caer. Solo tenemos que extender la mano hacia Él, y Él nos ayudará en nuestro viaje como pioneros”.

Tú puedes ser un pionero

young man pulling handcart
Aunque nunca vayas a una caminata pionera, todavía puedes ser un pionero. No hace falta que lleves un gorrito o tires de un carro de mano. Solo tienes que seguir a Jesucristo, como hicieron los primeros pioneros. Al hacerlo serás, como dijo el presidente Monson, “alguien que va delante a fin de preparar o abrir el camino para que otras personas lo sigan”.

Si tienes la oportunidad de ir a una caminata pionera, ¡disfruta de ella! Y cuando termine, y dejes atrás tu carro de mano, no dejes dentro de él tu testimonio de pionero. Lleva ese testimonio contigo.

Tú eres un pionero moderno de la vida real. Con el Pionero supremo, el Salvador, como guía, ¡seguro que tendrás éxito!

Los pioneros: Nuestros antepasados espirituales

“No tengo ningún antepasado entre los pioneros del siglo diecinueve; sin embargo, desde los primeros días en que me uní a la Iglesia he sentido un estrecho vínculo con esos primeros pioneros que cruzaron las praderas. Ellos son mis antepasados espirituales, del mismo modo que lo son para todo miembro de la Iglesia”.

Presidente Dieter F. Uchtdorf, Segundo Consejero de la Primera Presidencia, “La Iglesia mundial es bendecida por la voz de los profetas”, Liahona, noviembre de 2002, pág. 10.

Notas

1. Thomas S. Monson, “Leales a la fe de nuestros antepasados”, Liahona, julio de 2016, pág. 4; citando The Compact Edition of the Oxford English Dictionary, 1971, “pioneer” [pionero].
2. Thomas S. Monson, “Leales a la fe de nuestros antepasados”, págs. 4–5.

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Una canción para Manon

Liahona de Junlio 2017

Una canción para Manon
Por Richard M. Romney
Revistas de la Iglesia

Lo que originalmente se concibió como una tarde de entretenimiento se transformó en una efusión de amor hacia una jovencita en particular.

Manon

Las jovencitas estaban entusiasmadas. De hecho, todo el barrio al sur de Francia lo estaba. A fin de fomentar una mayor unidad, las líderes planificaron una actividad de barrio con cena y espectáculo. Como sabían que las Abejitas, Damitas y Laureles ya habían estado aprendiendo canciones y danzas durante algunas de sus actividades, las invitaron a encargarse del espectáculo aquella tarde.

Así pues, las jovencitas del barrio comenzaron a practicar a conciencia; todas menos una. Manon no podría actuar. Había estado recibiendo tratamientos contra el cáncer por más de dos años.

Manon C., de dieciséis años de edad, seguía asistiendo a las reuniones y las actividades tan a menudo como podía y, a pesar de lo que estaba pasando, siempre compartía una radiante sonrisa. Pero, durante la quimioterapia, a veces se sentía demasiado débil para hacer mucho más que descansar. Los miembros del barrio habían ayunado y orado varias veces por ella. Nadie esperaba que ensayara o bailara,

pero sí podía asistir a la cena. Así que, ¿por qué no dedicar la tarde a Manon?

Una tarde dedicada

La idea pronto fue un éxito.

“Queríamos que Manon sintiera el amor y el apoyo de los miembros del barrio”, explica Emma S., de dieciséis años. “Si los miembros del barrio deseábamos estar más unidos, ¿qué mejor manera de lograrlo que trabajando juntos para mostrar el amor que sentíamos por Manon?”.

El barrio entero participó en los preparativos. Las familias recibieron asignaciones para llevar alimentos para la cena. La Sociedad de Socorro ayudó a confeccionar el vestuario de las jóvenes. Los jóvenes adultos proporcionaron el soporte técnico (luz, sonido y videos de fondo) durante los ensayos y la actuación final. Y los hermanos del sacerdocio ayudaron a colocar las mesas y las sillas.

Todo este trabajo lo llevaron a cabo miembros del barrio que viven esparcidos en un área muy extensa. “Las jóvenes del barrio estamos muy cerca en espíritu, pero vivimos lejos unas de otras”, dice Aiolah V., de dieciséis años. “No nos vemos en la escuela, ya que vivimos en diferentes partes de la ciudad, así que hacemos un esfuerzo extra para asegurarnos de que ninguna quede excluida”.

“Además, estamos todo el tiempo en contacto gracias a los teléfonos celulares”, dice Inka S., de quince años. “Compartimos nuestras diversas experiencias para enseñarnos mutuamente. Sabemos que podemos contar unas con otras y procuramos ser buenos ejemplos para las demás”. Las jovencitas, a quienes les encanta estar juntas siempre que pueden, se dieron cuenta de que los ensayos para la cena espectáculo les ofrecían oportunidades adicionales para estrechar su amistad.

“Antes de que empezáramos con los ensayos, yo era muy tímida”, explica Inka. “Me daba miedo cometer un error. Pero al bailar en grupo dejé a un lado la timidez. Sabía que era el momento de demostrar a los miembros del barrio lo mucho que habíamos trabajado”.

Manon, por su parte, se mostró al tiempo humilde y amable. “Cuando me hablaron de la cena y el espectáculo, y me dijeron que yo sería la invitada de honor, pensé que me preocuparía que se tomaran tantas molestias”, recuerda ella. “Por otro lado, ¡estaba emocionada por estar allí!”

Un espectáculo de amor y de apoyo

Pronto llegó el día, y fue la ocasión perfecta para ofrecer amor y apoyo a Manon. “La comida fue excelente, por supuesto”, dice Aiolah. “Después de todo, ¡esto es Francia!”.

Y luego la parte de entretenimiento —que en francés llamamos spectacle [espectáculo]— estuvo a la altura de su nombre. Juegos, exhibiciones vocales y bailes deleitaron a la audiencia. A continuación, las jóvenes presentaron en un coro combinado el número más esperado del programa. Le dedicaron una canción a Manon, una canción escrita y compuesta por Emma. Las palabras del estribillo resumen el amor y el apoyo que todos deseaban que Manon sintiera.

No te rindas, por favor,
porque creemos en ti.
Y no te olvides de quién eres,
porque creemos en ti.

Mientras las jóvenes interpretaban la canción, fue como si todos los miembros del barrio estuvieran cantando juntos, por lo menos en su corazón. Fue como si la sencilla canción de Emma se transformara en un estribillo olvidado que resuena en el corazón de los Santos de los Últimos Días allá donde estén: Un himno de valor y compasión; familia y amigos; unidad, fe y esperanza; una incesante oración que se escucha en los cielos.

La intención de las líderes al organizar la actividad era unir a los miembros del barrio. Dedicar la tarde a Manon no solo ayudó a lograr ese objetivo, sino que también generó un perdurable sentimiento de apoyo a Manon y a su familia, y la comprensión de que cada hijo e hija de Dios es importante. “El objetivo de la Iglesia es ayudarnos a acercarnos al Padre Celestial y a Jesucristo”, dice Aiolah. “Sabemos que Ellos nos aman y que nunca estamos solos”.

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El camino a Sion

Liahona de Julio 2017

El camino a Sion
Por Jessica Larsen

Basado en una historia real
La autora vive en Texas, EE. UU.

Richmond, Misuri, 2 de junio de 1862

“Mary, ¿qué ves?”. La madrastra de Mary hablaba suavemente desde la cama donde yacía enferma.

“Parece que la batalla se acerca”, dijo Mary, mirando por la ventana. La Guerra Civil de los Estados Unidos se lidiaba a unos pocos kilómetros de distancia. El sonido de las balas había llenado el aire desde la mañana. Mary se volvió a su madrastra. “Lo siento mucho, no creo que podamos salir de casa para ir a buscar al médico”.

“Acércate”. Mary se sentó junto a la cama y tomó la mano de su madrastra. “Sé que tu padre todavía no está bien”, dijo con voz suave la madrastra de Mary, “pero tienes que llevar a la familia a Sion; a tu hermano, a tu hermana y a los gemelos. No dejes a tu padre tranquilo hasta que vaya a las montañas rocosas. ¡Prométemelo!”.

Mary sabía cuántos deseos tenía su familia de ir a Salt Lake City. Después de haber oído el Evangelio y de haberse bautizado, habían salido de Inglaterra para unirse con los santos en Sion. ¿Pero sería posible hacerlo? Miró a su padre, quien estaba sentado en silencio en su silla. Tres años antes, su padre había sufrido un derrame cerebral terrible que le había dejado el lado izquierdo paralizado.

Mary respiró profundamente. “Lo prometo”, susurró.

Poco después, la madrastra de Mary cerró los ojos por última vez.

Al poco tiempo, una mañana, Mary decidió que era hora de decirle a su padre la promesa que había hecho. “Sé que solo tengo catorce años”, dijo ella, “pero tenemos que llevar a nuestra familia a Sion”. Oyó a los gemelos despertar. “Tengo que ir a preparar el desayuno”, dijo ella. “Pero piénsalo, por favor”.

Unos días después, el padre llamó a Mary. “Está todo arreglado”, le dijo. Seguía hablando con dificultad a causa del derrame. “He vendido nuestra tierra y la mina de carbón para que podamos comprar un carromato, unos bueyes y algunos artículos. Dentro de poco va a salir una compañía de carromatos hacia el oeste. No son Santos de los Últimos Días, pero podemos viajar con ellos hasta Iowa. Cuando lleguemos allí, podemos unirnos a una compañía de santos que vayan al valle del Lago Salado”.

Mary lo abrazó. “Gracias, padre”. ¡Dentro de poco irían a Sion!

Los días pasaron con rapidez mientras Mary ayudaba a preparar a su familia para el viaje. “Todo va a salir bien”, se decía a sí misma. “Pronto etaremos en Sion”.

Pero entonces su padre enfermó. Por la manera en que le caía un lado de la boca, Mary temía que fuera otro derrame.

“Está demasiado enfermo para viajar”, le dijo ella al líder de la compañía de carromatos. “Necesitamos algunos días para que se recupere”.

“No podemos esperar”, dijo el hombre bruscamente. Al ver la cara de Mary, suavizó su tono de voz. “Pueden permanecer aquí hasta que esté listo para viajar, y después nos pueden alcanzar”. Sin tener otra opción, Mary accedió.

Una semana más tarde, Mary preparó a su familia para volver a viajar. “Los gemelos y Sarah pueden ir montados en los bueyes”, le dijo a Jackson, su hermano de nueve años. “Papá puede ir en el carromato y tú me puedes ayudar a llevar a los bueyes”.

“Tengo miedo”, dijo Sarah en voz baja. Solo tenía seis años y parecía muy pequeña sentada en la ancha espalda del buey. Los gemelos, de cuatro años, miraban a Mary con los ojos muy abiertos.

“¡Vamos a ir a un buen ritmo y alcanzaremos a nuestro grupo!”, dijo Mary con un entusiasmo forzado.

La familia Wanlass siguió viajando milla tras milla, y durante días. Al fin, incluso Mary tuvo que admitir la verdad.

La compañía de carromatos no les había esperado. Mary y su familia tendrían que viajar a Sion solos.

El Río Platte, Nebraska, 1863

“¡Epa, epa!”. Mary tiró de las riendas, y los bueyes aminoraron la marcha. “¿Están todos bien?”. Miró a sus tres hermanos menores, que iban sobre la espalda de los bueyes, y asintieron.

El río Platte estaba ante ellos, ancho y barroso. “¿Y ahora qué?”, preguntó Jackson, su hermano menor. Solo tenía nueve años, pero estaba ayudando a Mary a llevar los bueyes. El padre estaba acostado en la parte de atrás del carromato, todavía enfermo por el derrame.

“No tenemos que cruzar el río”, dijo Mary, “pero podemos seguirlo”. No había camino a Sion, pero el río les podía guiar hacia el oeste. “¡Vamos!”.

Mary no sabía que los pioneros mormones viajaban por el otro lado del río Platte y que iban por otro camino. Al no cruzar el río, estaban entrando en terreno indígena. Durante el resto del viaje, no volverían a ver otra compañía de carromato.

Siguieron viajando. Semanas después, Mary vio una nube de polvo que se aproximaba. “Quietos”, susurró a los bueyes y a sí misma. “Quietos”.

Cuando el polvo se asentó, se podía ver a un pequeño grupo de indios a caballo. Uno de ellos fue hacia la parte de atrás del carro, donde se encontraba el padre.

Los ojos del jinete eran bondadosos. “¿Está enfermo?”, preguntó, apuntando a su padre.

“Sí”, susurró Mary. El hombre dijo algo en su propio idioma, y los hombres se fueron tan rápido como llegaron.

Mary miró al sol en el cielo. “Pararemos aquí”, le dijo a Jackson. Levantó a Sarah y a los gemelos.

“Mary, ¡ven a ver!”, dijo Jackson. El hombre de los ojos bondadosos iba hacia ellos con algo pesado en las manos.

“Pato salvaje”, dijo. “Y conejo. Para ustedes”. Mary solo podía mirar fijamente, sin palabras, mientras él le pasaba la carne. Él asintió y se fue galopando hacia el ocaso.

“¡Comida!”, exclamó Mary. “¡Carne!”. En verdad, el regalo del hombre era un milagro.

Ocurrieron más milagros en su viaje. Se les acercó una manada de búfalos, pero se dividieron y pasaron a ambos lados del carromato. Una tormenta de polvo llevó a uno de los gemelos al río, pero Mary la pudo salvar.

Aun así, el viaje era difícil. Todos los días el carro parecía más decaído y los bueyes más cansados. El terreno era empinado y rocoso. Era difícil cruzar las montañas. Sin embargo, Mary y su familia seguían adelante.

Justo estaban bajando de una alta cima cuando Mary vio a un hombre conduciendo un carromato que iba hacia ellos.

“Quizás él nos pueda mostrar el camino a Lehi, Utah”, le dijo ella a Jackson. Ellos tenían un tío que vivía allí.

“Están en el cañón de Echo, no muy lejos del Valle del Lago Salado”, les dijo el hombre cuando ella le preguntó dónde estaban. “¿Pero dónde está el resto de su compañía?”.

Le contaron toda la historia, y el hombre escuchó asombrado. “¿Viajaron más de 1.600 km (1.000 millas) solos?”. Sacudió la cabeza con admiración. “Eres una chica muy valiente; déjenme decirles cómo llegar a Lehi. Ya casi están allí”.

“Casi allí”, susurró Mary mientras el hombre hacía un mapa sobre la tierra. Casi en Sion. “Creo que, después de todo, lo lograremos”.

Mary y su familia llegaron a Lehi, Utah. Más adelante se casó y tuvo su propia familia numerosa. Su ejemplo de fe y valor ha bendecido a muchas personas.

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Las dimensiones de la vida

Conference Report, octubre de 1956 Improvement Era, diciembre 1956

Las dimensiones de la vida
por el élder Sterling Welling Sill

Un gran filósofo estadounidense dijo una vez que hay que agradecer a Dios todos los días de nuestras vidas por el privilegio de haber nacido. Y luego pasó a especular sobre la cuestión única de lo desafortunado que habría sido si no hubiera nacido, y señaló algunas de las maravillas que nos hubiéramos perdido.

Realmente para entender el enorme valor de la vida como se ha revelado en múltiples ocasiones en el Evangelio. La vida es nuestra posesión más valiosa. Sólo el hecho de vivir es una bendición maravillosa, sobre todo vivir en estos días de asombro e iluminación conocidos como la Dispensación del cumplimiento de los tiempos.

En los días de Job se dijo: «. . . Todo lo que el hombre tiene dará por su vida» (Job 2:4) Para un propósito muy sabio, Dios ha implantado en  cada  corazón  humano  un  gran  deseo  natural  de  existencia continua. Nos aferramos a la vida con cada onza de nuestra fuerza. Incluso en la enfermedad grave o problemas de opresión, todavía podemos ir a casi cualquier longitud para prolongar la vida, incluso durante una semana o un mes, aunque el período ganado pueda ser uno de dolor y desesperanza. Pero vamos a sufrir casi cualquier inconveniente o soportar casi cualquier dificultad sólo para vivir.

Ahora bien, si la vida mortal es un valor tan grande, ¿cuánto vale la vida eterna? ¿Y lo que significaría para  nosotros  si  la perdiéramos? Dios mismo puso un valor a la vida eterna cuando dijo que era su mayor regalo para el hombre. Por lo tanto, se convierte automáticamente en nuestra oportunidad más importante de cooperación para ayudar a llevarla a cabo. Y un buen lugar para comenzar es el lugar sugerido por el filósofo, es decir, vivir agradecidos todos los días. Qué maravillosa manera de comenzar esta búsqueda de la vida eterna, si siempre pudiéramos vivir el sentimiento de la canción que dice:

Amo la vida, y yo quiero vivir,
Para beber de la plenitud de la vida,
tomar todo lo que puede dar, amo la vida,
cada momento tiene que contar,
para la gloria en su sol y disfrutar de su fuente.

Incluso si hemos dado «todo» para asegurar la vida eterna, todavía hemos hecho la más maravillosa ganancia en el mundo. William James dijo: «El mayor uso de la vida es pasar por algo que dura más que él.» la exaltación eterna dura para siempre y es el mayor bien posible.

Sin embargo, los beneficios de la vida eterna no se limitan a su dimensión de longitud. Se ha señalado que la vida tiene cuatro dimensiones:

En primer lugar, está la longitud de la vida o el tiempo que vivimos.

En segundo lugar, está la amplitud de la vida o cuan interesante es que vivimos.

En tercer lugar, está la profundidad de la vida o cuánto vivimos, representada por esas grandes cualidades del amor, el adorar, la devoción, servicio, etc.

A continuación, hay una cuarta dimensión de la vida, que puede ser comparada con la misteriosa cuarta dimensión más o menos de espacio, el propósito de la vida, o por qué vivimos.

En las situaciones ordinarias se multiplican las dimensiones para obtener el volumen total. Supongamos, pues, que podríamos multiplicar las dimensiones de la vida.

En primer lugar está la duración de la vida.

Hemos hecho algunos progresos en los últimos siglos en el aumento de la longitud de la vida. Usted puede estar interesado en saber que si hubiera vivido hace dos mil años en Jerusalén, su esperanza de vida al nacer habría sido aproximadamente los diecinueve años. En la época de George Washington en los Estados Unidos fue de treinta y cinco años. En la América de nuestros días, es  de  setenta años. No sólo hemos triplicado la longitud de la vida, sino también es posible para nosotros tener mentes más claras y cuerpos fuertes y vivimos en un mundo en el que en gran medida se ha eliminado el dolor físico.

Pero nadie está satisfecho con este logro. La única vida que buscamos es la vida eterna. Se ha dicho sabiamente que: «Si la muerte del cuerpo debe terminar para siempre la vida humana y la personalidad, entonces el universo sería tirar con despreocupación absoluta su posesión más preciosa. Una persona razonable no construye un violín con infinito cuidado, recolectando los materiales y la conformación del cuerpo de ella, de modo que pueda reproducir la composición de los maestros, y luego por un capricho, romperlo en pedazos. Tampoco Dios creó a su imagen la gran obra maestra de la vida humana, y luego, cuando se acaba de empezar a vivir, todo a la basura por completo.»

Dios mantiene firmemente en sus manos las llaves de la vida eterna. Ahora supongamos que podríamos multiplicar el largo por el ancho de la vida.

La vida en su mejor momento, incluso en la mortalidad, está llena de interés y maravillas. Después de la creación, Dios miró a la tierra y la llamó bueno. Es una tierra de belleza sin límites y de fascinación sin fin, donde podemos crecer continuamente en el conocimiento y la apreciación. Cuando en nuestra existencia pre-mortal vimos los fundamentos de la tierra siendo despedidos y sabíamos que íbamos a tener el privilegio de vivir en ella, se nos dice que «. . . se regocijaban todos los hijos de Dios » (Job 38:7) Y estoy seguro de que si recordamos totalmente lo que sabíamos a ciencia cierta entonces, estaríamos dispuestos a arrastrarnos sobre las manos y las rodillas por la vida por el privilegio de haber nacido y tener la oportunidad de probarnos a nosotros mismos nuestra fidelidad durante las experiencias de mortalidad.

A continuación, nuestros primeros padres fueron puestos sobre la tierra y se les pidió no comer del fruto del árbol del conocimiento y después de haber comido, dijo Dios, «el hombre ha llegado a ser como uno de nosotros, conociendo el bien y el mal.» (Génesis 3:22). Y me gustaría señalar de paso, que el tipo de conocimiento todavía tiende a tener ese efecto sobre la gente. Todavía tiende a hacer que se conviertan como dioses. Y la clasificación más importante es el conocimiento de conocer a Dios y sus planes para nuestro progreso. Cuando a principios de esa larga, terrible noche de la traición y el juicio de Jesús ofreció la gran oración a su Padre, dijo, «Y esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien has enviado.» (Juan 17: 3). Seguir leyendo

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Hambruna

Conference Report,  abril  de  1956, Improvement Era, junio. 1956,

Hambruna
por el élder Sterling Welling Sill

El domingo pasado celebramos el evento que inició en esta tierra la resurrección corporal universal. Los grandes acontecimientos tienen una forma de aumentar en importancia en nuestras mentes cuando los hacemos para el estudio y la contemplación y tratamos de determinar su importancia, sobre todo cuando se aplican a nuestras propias vidas. Para ayudar en este proceso, hemos adoptado la muy útiles costumbre de reservar un día especial para pensar en cosas especiales. Además de Pascua tenemos muchos otros días maravillosos.

Hemos apartado el trece del próximo mes como el Día de la Madre, y que mantenga el significado de esta gran ocasión con todo lo que ello significa, antes de nuestra mente, y como resultado, la calidad de nuestra vida tiende a ajustarse hacia arriba para mantener el nivel de nuestros pensamientos.

Cada Cuatro de Julio se reservó como un día para celebrar el cumpleaños de nuestra nación, y pensamos en nuestra libertad, y lo que significa, y lo que ha costado, y lo que sucedería si se perdiera, y lo que podría ser capaz de hacer para promover aún más la gran idea de la libertad en nuestras vidas y en el mundo que nos rodea.

El veinticinco de diciembre apartamos este día para poner ante nuestra mente la vida y enseñanzas de aquel que fue ordenado para ser el Salvador del mundo y el Redentor de los hombres.

Y pensamos en su ejemplo y su sacrificio y lo que significan para nosotros, lo que tenía en mente cuando dijo:

«Y yo, si soy levantado de la tierra, a todos atraeré a mí mismo.» (Juan 12:32)

Se ha dicho que la mente humana tiene algunas de las cualidades de los zarcillos de una parra; es decir, que tiende a adherirse y dibujarse hacia arriba por lo que se pone en contacto con. Dejamos de lado en estos días especiales para poner nuestra mente en contacto con las más grandes ideas e ideales en el mundo. Desde este punto de vista, creo que lo que el efecto ha estado en Estados Unidos durante los años para grandes y pequeños, de mirar hacia arriba a las virtudes y los logros de Washington y Lincoln, ambos de los cuales creemos que han sido levantado por Dios, uno para ser el padre de este país divinamente favorecido y el otro para salvarlo de la disolución. Las vidas de estos dos grandes hombres tan ricos en integridad, honor y devoción al deber, son llevados a nuestra mente y nos permiten conocer un nivel superior de pensamiento.

Este año será el 250 aniversario del nacimiento de Benjamín Franklin, y durante este año en toda América mucho está siendo escrito y se está hablando acerca de las cualidades de carácter sobresalientes de este gran estadounidense. Y a medida que nuestras mentes se unen, se tiende a absorber estas cualidades para ennoblecer nuestra propia vida. Cada una de estas ocasiones especiales sirve a un propósito necesario y diferente.

Esta mañana me gustaría poner sus mentes en contacto con el hecho de que este es el año 150 del aniversario del nacimiento del profeta José Smith, cuya vida marca el inicio de la mayor y última dispensación del Evangelio. La importancia de este gran evento tiene un significado inusual y abrumador en la vida de cada ser humano que vive en la tierra.

En la celebración de este pensamiento para su consideración, me gustaría que le llevará atrás en la historia unos 3700 años hasta el nacimiento de otro profeta con el nombre de José. Este José era el hijo de Jacob y uno de los doce hermanos que luego se convirtieron en los líderes de las doce tribus. Al igual que José Smith, este José también recibió manifestaciones de la voluntad del Señor a una edad muy temprana. Este favor aparente causó algunos celos entre sus hermanos, y cuando José tenía diecisiete años de edad, fue enviado por su padre para preguntar por el bienestar de sus hermanos que estaban cuidando los rebaños de la familia en Dotán. Cuando vieron que él se acercaba, dijeron: «He aquí viene el soñador» (Génesis 37:19), y convinieron en quitarle la vida. Sin embargo, por la intercesión de uno de sus hermanos, se alcanzó un compromiso, y ellos le vendieron por veinte piezas de plata (Génesis 37:28), que es aproximadamente once dólares en dinero americano, a un grupo de ismaelitas que iban hacia Egipto, para vender sus especias.

En Egipto Dios no abandonó a José, sino que continuó dándole otras   manifestaciones   de   voluntad   divina   (Génesis    41:1- 57). Sabemos que algunos de estos hechos están asociados a José, y quince años después, cuando el faraón tuvo un sueño que lo perturbó, José fue enviado donde el Faraón. José dijo a Faraón que llegarían siete años de gran abundancia. Estos serían seguidos por siete años de hambre, y José aconsejó al faraón construir graneros y almacenar el maíz en los años buenos para reducir el sufrimiento durante los años de hambre. Faraón, al ver que José era un hombre de  capacidad  y  comprensión  y  que  el  Señor  estaba  con  él,  lo designó para ser el director de este gran programa de bienestar egipcio. Entonces José construyó graneros y almacenó el trigo durante estos siete años de abundancia.

Finalmente los años de abundancia habían terminado, y comenzó la gran hambruna. Entonces José abrió los graneros, y todas las naciones circundantes, incluyendo los hermanos de José, llegaron a Egipto para comprar maíz. Cuando los hermanos se enteraron de que José era ahora un hombre de gran autoridad y poder, quedaron, naturalmente, muy asustados. Pero José calmó sus temores con estas palabras. Él dijo:

Ahora pues, no os entristezcáis ni os pese haberme vendido acá, porque para preservación de vida me envió Dios delante de vosotros. (Génesis 45:5)

Y así por once dólares aproximadamente varias naciones se salvaron de morir de hambre.

Es un poco difícil de entender «hambre» cuando uno de nuestros problemas más apremiantes es sobrante y el exceso de oferta. Pero es aún más difícil cuando los hombres han sacado a Dios de sus intereses, comprender otro tipo de hambre que él predijo vendría sobre la tierra a consecuencia de la desobediencia y el pecado. Al predecir esta hambruna, dijo el profeta Amos:

He aquí, vienen días, dice Jehová el Señor, en los cuales enviaré hambre a la tierra, no hambre de pan ni sed de agua, sino de oír la palabra de Jehová.

E  irán  errantes  de  mar  a  mar;  desde  el  norte  hasta   el oriente andarán buscando la palabra de Jehová y no la hallarán. (Amós 8:11-12)

Esto también se cumplió literalmente, como fue predicho por el profeta Isaías cuando dijo:

Y la tierra se contaminó bajo sus moradores, porque traspasaron las leyes, cambiaron la ordenanza, quebrantaron el convenio sempiterno. (Isaías 24:5) Seguir leyendo

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Qué, pues, haré con Jesús?

Conference Report, octubre de 1955. Improvement Era, diciembre. 1955

«¿Qué, pues, haré con Jesús?»
por el élder Sterling Welling Sill

Mucho se ha dicho en esta conferencia sobre la vida y la misión del Maestro. Oro para que lo que me permite la expresión no redunde en detrimento de lo que ya se ha dicho.

Después de ese tiempo terrible de la noche de la traición y el juicio, Jesús fue llevado ante Pilato. Pilato creía que Jesús era inocente de cualquier mal e hizo un débil intento para tratar de salvar su vida mediante el aprovechamiento de uno de sus privilegios como gobernador romano para liberar a un prisionero de los judíos en el momento de la Pascua. Pilato tenía en su custodia un insurrecto notable y asesino con el nombre de Barrabás, y probablemente confiando en el sentido de la equidad de los judíos que desde luego no consienta en la divulgación de este notorio criminal y castigar a un inocente, dijo Pilato:

«. . . ¿A quién queréis que os suelte? ¿A Barrabás o a Jesús, que es llamado el Cristo?» (Mateo 27:17).

Y Pilato se debe haber sorprendido a escucharlos decir, «¡A Barrabás!» (Mateo 27:21)

Él dijo: «Entonces, ¿Qué, pues, haré con Jesús, que es llamado el Cristo?» Y los judíos respondieron: «¡Sea crucificado!» (Mateo 27:22)

Pilato les dijo: «¿A vuestro Rey he de crucificar?» Respondieron los principales sacerdotes: «No tenemos más rey que César». (Juan 19:15)

Entonces Pilato tomó agua y se lavó las manos delante del pueblo, diciendo:

«Inocente soy yo de la sangre de este justo. ¡Allá vosotros!»
«Y respondiendo todo el pueblo, dijo: Su sangre sea sobre nosotros y sobre nuestros hijos.»
«Entonces les soltó a Barrabás; y habiendo azotado a Jesús, le entregó para ser crucificado.» (Mateo 27:24-26)

Podemos suponer con seguridad que tanto Pilato y los judíos sintieron que se había establecido de forma permanente cualquier cuestión que pueda haber surgido en relación con la vida de Cristo- Pilato simplemente se lavó las manos, y los judíos exponiendo a la muerte al mismo Hijo de Dios.

Pero hay una peculiar relación que existe entre la vida de Jesucristo y todas las demás almas nacidas en el mundo. En ese gran período de nuestra preexistencia, Jesús fue nombrado y ordenado para ser el Salvador del mundo y el Redentor de los hombres, y no hay otro nombre dado por el cual el hombre pueda ser salvo. Lo que hicieron Pilato y los judíos a Jesús no alteró esa relación en lo más mínimo, ni para ellos ni para nosotros. Jesús también cargó con nuestros pecados, y por lo tanto somos parte en su sufrimiento y su expiación.

En nuestras vidas nos vemos obligados a tomar muchas decisiones. Pero nuestras respuestas a las preguntas de la vida, determinan nuestro propio destino. James Russell Lowell escribió algunas líneas importantes tituladas «La crisis actual.» Él dice:

Una vez que todo a hombre y nación le llega el momento de decidir
En la lucha de la verdad y la falsedad Por el lado bueno o malo.
Una gran causa, nuevo Mesías de Dios ofreciendo a cada uno la floración o el tizón de piezas de las cabras sobre la mano izquierda y las ovejas a la derecha.
Y la elección es para siempre A la oscuridad o la luz.

Ciertamente, la pregunta más grande que debe ser decidida por un hombre durante su vida es la sugerida por Pilato: «¿Qué, pues, haré con  Jesús?» Los  judíos  tomaron  su  decisión. Ellos   dijeron: «Su sangre sea sobre nosotros y sobre nuestros hijos.», y así ha sido. Y en lo que concierne a nosotros, porque la pregunta todavía está delante de nosotros, y cada uno debe responder por sí mismo.

Jesús está de pie en el juicio todavía.
Usted puede ser un falso hacia él si quiere.
O puede servirle  a él para bien o para mal.
¿Qué vas a hacer con Jesús?

Es posible que lo que Pilato intentó evadir
No se le puede servir lavándose las manos.
En vano luchará para ocultarse de él
¿Qué vas a hacer con Jesús?

¿Qué vas a hacer con Jesús?
Neutral no se puede ser,
Y algún día tu alma puede estar preguntando
¿Qué va a hacer conmigo? Seguir leyendo

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Nosotros creemos en Dios

Conference Report, abril de 1955. Improvement Era, junio. 1955

«Nosotros creemos en Dios»
por el élder Sterling Welling Sill

En la primera parte del año 1842, John Wentworth, editor del Chicago Democrat, fue a Nauvoo y obtuvo una entrevista con el profeta José Smith. Él pidió, entre otras cosas, que el Profeta escribiera una declaración de las cosas en las que cree la Iglesia, y el Profeta escribió los Trece artículos de fe. Más tarde éstos fueron aceptados por el voto de la gente y se convirtieron en una parte de la doctrina de la Iglesia. Ahora se incluyen en la Perla de Gran Precio y forman una parte de ese gran volumen de escritura los últimos días.

Esta tarde, y en este aniversario del nacimiento del Salvador del mundo, me gustaría ofrecer a su consideración las primeras cuatro palabras de la declaración del Profeta, desde el punto de vista de su ser la fórmula de más éxito en el mundo. Victor Hugo dijo: «No hay nada más poderoso que una idea a la que le ha llegado su tiempo», y si podemos aprender algo a partir de los signos de los tiempos, sabremos que ha llegado plenamente el tiempo cuando una gran fe en Dios debe tomar un agarre firme en nuestra mente.

Ha habido unos ciento treinta y cinco años desde que Dios el Padre y su Hijo, Jesucristo, reaparecieron en la tierra para restablecer entre los hombres la creencia en el Dios del Génesis y para marcar el comienzo de la mayor y última dispensación. Y así como el fundamento de nuestra fe, el Profeta dijo: «Nosotros creemos en Dios» (Artículos de Fe 1)

Si el significado de esta frase se limita a la idea de que creemos que Dios existe, todavía sería uno de los grandes estados del mundo. Es decir, hay una gran fuerza en el conocimiento de que no fuimos creados por, ni estamos a merced de las fuerzas de un azar ciego y caprichoso. Pero cuando decimos «Nosotros creemos en Dios,» queremos decir mucho más que simplemente la existencia  de Dios. Queremos decir que entendemos algo acerca de la clase de ser que es, que es literalmente el Padre de los espíritus, y, de acuerdo con la gran ley del universo, su descendencia llegará a ser algún día como el padre.

Pero la parte más emocionante y motivadora de esta idea es lo que indican las palabras mismas,  que  «Nosotros  creemos  en Dios.» Confiamos en él. Creemos que él conoce su negocio, que, independientemente de la casualidad o de los errores de los hombres, sus propósitos prevalecerán. Creemos que nuestros intereses son sus intereses, que quería decir lo que dijo en esa maravillosa declaración de que «Esta es mi obra y mi gloria: Llevar a cabo  la inmortalidad y  la vida eterna   del   hombre.»   (Moisés 1:39) Creemos que Dios no desea que sus hijos sean personas aburrida, o poco atractivo, o infelices, o que no tengan éxito.

Hay muchas cosas que no entendemos. No entendemos nuestro propio nacimiento, la vida, el crecimiento o la muerte. No entendemos la luz o la oscuridad. Nadie en la mortalidad ha visto su propio espíritu. No descubrimos la circulación de nuestra propia sangre hasta hace sólo un poco más de trescientos años. Debe ser obvio, por tanto, por qué un sabio Padre Celestial nos daría instrucciones detalladas, estableciendo objetivos y los mejores métodos para alcanzarlos. Debe ser igualmente obvio que hay enormes   ventajas   en la completa aceptación de, y una fe inquebrantable en el Evangelio; un padre terrenal no tiene poder de conferir el máximo beneficio a un hijo que no tiene confianza en los motivos o las habilidades del padre, así que Dios no tiene poder para conferir las mayores bendiciones a los hombres que no creen en él. Un gran poder se une a un objetivo definido en poder de una fe fuerte. Jesús dijo: «Si puedes creer, al que cree todo le es posible.» (Marcos 9:23)

Hace algún tiempo leí sobre la gran campeona de natación, Florence Chadwick. En 1950 nadó el Canal Inglés, y luego el 4 de julio de 1952, ella trató de nadar las veintiuna millas de agua que se encuentra entre la isla de Catalina y la costa sur de California. La temperatura del agua era de cuarenta y ocho grados, y una densa niebla se extendía sobre el mar. Cuando sólo estaba a media milla más o menos de su objetivo, ella se  desanimó  y  decidió abandonar. Su padre, que estaba en el barco en las inmediaciones trató de animarla señalando a través de la niebla y diciéndole que la tierra y el éxito estaban a la mano. Pero ella se desanimó, y una persona desalentada es siempre una persona débil.

Al día siguiente, la señorita Chadwick fue entrevistada por algunos periodistas. Se sabía que había nadado mayores distancias en ocasiones anteriores, y querían saber la razón de su fracaso actual. Al responder a sus preguntas, la señorita Chadwick dijo, no, no era el agua fría y no era la distancia. Ella dijo: «la niebla me pasó la lengua.»

Y entonces recordó que en la ocasión en que nadó el Canal Inglés, que había tenido una experiencia similar. Cuando sólo a un corto camino de la costa había renunciado, y esta vez también, su padre había señalado antes, y ella se había planteado a sí misma fuera del agua justo el tiempo suficiente para obtener la imagen de su objetivo fijado firmemente en su mente. Esto le dio una nueva gran oleada de fuerza, y ella nunca se detuvo de nuevo hasta que sintió bajo sus pies la tierra firme de la victoria. Seguir leyendo

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