Guiados por el Santo Espíritu

Conferencia General Abril 2011
Guiados por el Santo Espíritu
Por el presidente Boyd K. Packer
Presidente del Quórum de los Doce Apóstoles

Cada uno de nosotros puede ser guiado por el espíritu de revelación y el don del Espíritu Santo.

Han transcurrido cuatrocientos años desde la publicación de la versión en inglés del rey Santiago de la Biblia, con significativos aportes de William Tyndale, un gran héroe, desde mi punto de vista.

El clero no deseaba que la Biblia se publicara en el inglés de uso corriente; entonces persiguieron a Tyndale de sitio en sitio. Él les dijo: “Si Dios me preserva la vida, de aquí a pocos años haré que el joven que guía el arado sepa más sobre las Escrituras que ustedes”1.

Tyndale fue traicionado y confinado a una oscura y helada prisión de Bruselas durante más de un año. Su ropa estaba hecha harapos; entonces les rogó a sus captores que le dieran su capa, su sombrero y una vela, diciendo: “En verdad es tedioso sentarse solo en la oscuridad”2; pero esas cosas se le negaron. Con el tiempo, lo sacaron de la prisión y, ante una gran multitud, fue estrangulado y quemado en la hoguera; pero la obra de William Tyndale y su martirio no fueron en vano.

Puesto que a los niños Santos de los Últimos Días se les enseña desde pequeños a conocer las Escrituras, en ellos se cumple, en cierta medida, la profecía hecha por William Tyndale cuatro siglos antes.

Hoy, nuestras Escrituras están compuestas por La Biblia, el Libro de Mormón: Otro Testamento de Jesucristo, la Perla de Gran Precio y Doctrina y Convenios.

Debido al Libro de Mormón, con frecuencia se nos llama la Iglesia Mormona, que es un nombre que no nos ofende, pero que en realidad no es exacto.

En el Libro de Mormón, el Señor volvió a visitar a los nefitas porque oraron al Padre en Su nombre; y el Señor dijo:

“¿Qué queréis que os dé?

“Y ellos le dijeron: Señor, deseamos que nos digas el nombre por el cual hemos de llamar esta iglesia; porque hay disputas entre el pueblo concernientes a este asunto.

“Y el Señor les dijo: …¿Por qué es que este pueblo ha de murmurar y disputar a causa de esto?”

“¿No han leído las Escrituras que dicen que debéis tomar sobre vosotros el nombre de Cristo…? Porque por este nombre seréis llamados en el postrer día …

“Por tanto, cualquier cosa que hagáis, la haréis en mi nombre, de modo que daréis mi nombre a la iglesia; y en mi nombre pediréis al Padre que bendiga a la iglesia por mi causa.

“¿Y cómo puede ser mi iglesia salvo que lleve mi nombre? Porque si una iglesia lleva el nombre de Moisés, entonces es la iglesia de Moisés; o si se le da el nombre de algún hombre, entonces es la iglesia de ese hombre; pero si lleva mi nombre, entonces es mi iglesia, si es que están fundados sobre mi evangelio”3.

Obedientes a la revelación, nos llamamos La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días en lugar de la Iglesia Mormona. Una cosa es que los demás se refieran a la Iglesia como la Iglesia Mormona o a nosotros como los mormones, y otra muy diferente es que nosotros lo hagamos.

La Primera Presidencia declaró:

“El uso del nombre revelado, La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días (D. y C. 115:4) es cada vez más importante en la responsabilidad que tenemos de proclamar el nombre del Salvador por todo el mundo. Por ello, pedimos que al referirnos a la Iglesia usemos su nombre completo siempre que sea posible. …

“Al referirse a los miembros de la Iglesia, sugerimos usar la frase ‘los miembros de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días’. Como referencia abreviada, se prefiere ‘Santos de los Últimos Días’”4.

“[Los Santos de los Últimos Días] hablamos de Cristo, nos regocijamos en Cristo, predicamos de Cristo, profetizamos de Cristo y escribimos según nuestras profecías, para que nuestros hijos sepan a qué fuente han de acudir para la remisión de sus pecados”5.

El mundo podrá referirse a nosotros como lo desee, pero al hablar, recuerden siempre que pertenecemos a la Iglesia de Jesucristo.

Algunos afirman que no somos cristianos. O bien no nos conocen en absoluto o entienden mal.

En la Iglesia, todas las ordenanzas se efectúan por la autoridad de Jesucristo y en Su nombre6. Tenemos la misma organización que tenía la Iglesia primitiva, con apóstoles y profetas7.

En la antigüedad, el Señor llamó y ordenó a Doce Apóstoles. Se le traicionó y crucificó; después de Su resurrección, el Salvador enseñó a Sus discípulos durante cuarenta días, y luego ascendió al cielo8.

Pero faltaba algo. Algunos días después, los Doce se reunieron en una casa y “de repente, vino del cielo un estruendo como de un viento recio que soplaba, el cual llenó toda la casa…; lenguas repartidas… de fuego [se posaron] sobre cada uno de ellos. Y… fueron llenos del Espíritu Santo”9. Ahora, Sus apóstoles habían recibido poder. Comprendían que la autoridad dada por el Salvador y el don del Espíritu Santo eran esenciales para el establecimiento de Su Iglesia. Se les mandó que bautizaran y confirieran el don del Espíritu Santo10. Seguir leyendo

Publicado en Sin categoría | Etiquetado , , , , , , | Deja un comentario

Oportunidades para hacer el bien

Conferencia General Abril 2011
Oportunidades para hacer el bien
Por el presidente Henry B. Eyring
Primer Consejero de la Primera Presidencia

La manera del Señor para ayudar a quienes tienen necesidades temporales requiere gente que por amor se haya consagrado a sí misma, y lo que posee, a Dios y a Su obra.

Mis queridos hermanos y hermanas, el propósito de mi mensaje es honrar y celebrar lo que el Señor ha hecho y hace para servir a los pobres y a los necesitados entre Sus hijos sobre la tierra. Él ama a Sus hijos que tienen necesidades y también a aquellos que desean ayudar. Él ha creado formas de bendecir tanto a los que necesitan ayuda como a los que la darán.

Nuestro Padre Celestial escucha las oraciones de Sus hijos en toda la tierra pidiendo comida para alimentarse, ropa para cubrir sus cuerpos y la dignidad que viene de poder proveer de lo necesario para sí mismos. Esos ruegos han llegado a Él desde que colocó al hombre y a la mujer sobre la tierra.

Ustedes escuchan de esas necesidades en donde viven y en todo el mundo. Con frecuencia su corazón se conmueve con sentimientos de compasión. Cuando hallan a alguien que no encuentra empleo, sienten ese deseo de ayudar. Lo sienten cuando entran a la casa de una viuda y ven que no tiene comida; lo sienten cuando ven fotografías de niños llorando sentados en las ruinas de sus casas destruidas por terremotos o incendios.

Ya que el Señor escucha sus clamores y siente la profunda compasión de ustedes hacia ellos, desde un principio, Él ha proporcionado maneras para que Sus discípulos ayuden. Ha invitado a Sus hijos a que consagren su tiempo, sus medios y a sí mismos a unirse a Él para servir a los demás.

Su manera de ayudar a veces se ha llamado vivir la ley de consagración. En otro período Su manera se llamó la orden unida; y en nuestra época se llama el programa de bienestar de la Iglesia.

Los nombres y los detalles de cómo funciona se cambian para satisfacer las necesidades y las condiciones de la gente; pero siempre, la manera del Señor para ayudar a quienes tienen necesidades temporales requiere gente que por amor se haya consagrado a sí misma, y lo que posee, a Dios y a Su obra.

Él nos ha invitado y mandado a participar en Su obra de elevar a quienes tienen necesidades. Hacemos convenio de hacerlo en las aguas del bautismo y en los sagrados templos de Dios. Renovamos el convenio los domingos cuando participamos de la Santa Cena.

Hoy, mi objetivo es describir algunas de las oportunidades que Él nos ha proporcionado para ayudar a los necesitados. No puedo hablar de todas ellas en el poco tiempo que tenemos; mi esperanza es renovar y fortalecer su compromiso de actuar.

Hay un himno sobre la invitación del Señor a participar en esta obra que he cantado desde que era niño. En mi niñez prestaba más atención a la tonada alegre que al poder de las palabras. Oro para que hoy sientan la letra en su corazón. Escuchemos las palabras otra vez:

¿En el mundo acaso he hecho hoy
a alguno favor o bien?
¿Le he hecho sentir que es bueno vivir?
¿He dado a él sostén?
¿He hecho ligera la carga de él
porque un alivio le di?
¿O acaso al pobre logré ayudar?
¿Mis bienes con él compartí?
¡Alerta! Y haz algo más
que soñar de celeste mansión.
Por el bien que hacemos paz siempre tendremos,
y gozo y gran bendición1.

El Señor nos envía llamados de atención a todos con regularidad. A veces puede ser un sentimiento repentino de compasión por alguien que tiene necesidades. Un padre puede haberlo sentido cuando vio a un niño caerse y rasparse la rodilla. Una madre quizás lo sintió cuando escuchó el grito aterrado de su hijo durante la noche. Un hijo o una hija tal vez haya tenido compasión por alguien que parecía estar triste o tener miedo en la escuela.

Todos nosotros hemos sentido compasión por otras personas que ni siquiera conocemos. Por ejemplo, al oír las noticias de las olas arremetiendo el Pacífico luego del terremoto en Japón, ustedes se preocuparon por quienes podrían estar heridos.

Miles de ustedes tuvieron sentimientos de compasión al saber de las inundaciones en Queensland, Australia. Los informes periodísticos eran sólo cantidades aproximadas de aquellos con necesidades; pero muchos de ustedes sintieron el dolor de la gente. Mil quinientos o más voluntarios miembros de la Iglesia en Australia respondieron al llamado de alerta y fueron a ayudar y a dar consuelo.

Transformaron sus sentimientos de compasión en una decisión de actuar de acuerdo con sus convenios. He visto las bendiciones que vienen a la persona necesitada que recibe ayuda y a la persona que aprovecha la oportunidad de brindarla.

Los padres sabios ven en toda necesidad de los demás una forma de traer bendiciones a la vida de sus hijos e hijas. Recientemente tres niños trajeron a nuestra puerta recipientes con una cena deliciosa. Sus padres sabían que necesitábamos ayuda y ellos incluyeron a sus hijos en la oportunidad de prestarnos servicio. Seguir leyendo

Publicado en Sin categoría | Etiquetado , , , , | Deja un comentario

¡Las mujeres SUD son asombrosas!

Conferencia General Abril 2011
¡Las mujeres SUD son asombrosas!
Por el élder Quentin L. Cook
Del Quórum de los Doce Apóstoles

Mucho de lo que se logra en la Iglesia se debe al servicio abnegado de las mujeres.

El autor e historiador Wallace Stegner escribió sobre la emigración de los mormones y su congregación en el Valle del Lago Salado. No aceptaba nuestra fe y en muchos sentidos la criticaba, pero le impresionó la devoción y el heroísmo de los primeros miembros de nuestra Iglesia y, en particular, el de las mujeres; él dijo que: “Sus mujeres eran asombrosas”1. Hoy me hago eco de esa opinión: ¡Nuestras mujeres SUD son asombrosas!

Dios otorgó a la mujer cualidades divinas de fortaleza, virtud, amor y la disposición de sacrificarse para criar a las futuras generaciones de Sus hijos procreados en espíritu.

Un estudio reciente que se hizo en Estados Unidos afirma que las mujeres de todas las religiones “creen en Dios con más fervor” y asisten a más servicios religiosos que el hombre. “En casi todos los aspectos son más devotas”2.

No me sorprendió ese resultado al reflexionar sobre el papel preeminente de la familia y de la mujer en nuestra fe. Nuestra doctrina es clara: las mujeres son hijas de nuestro Padre Celestial y Él las ama. Entre esposa y esposo hay igualdad. El matrimonio require una plena asociación en la que marido y mujer trabajen hombro a hombro para atender a las necesidades de la familia3.

Sabemos que la mujer enfrenta muchos desafíos, incluso las que se esfuerzan por vivir el Evangelio.

Legado de las hermanas pioneras

Un atributo predominante de nuestros antepasados pioneros es la fe de las hermanas. Por naturaleza divina, la mujer tiene un don y una responsabilidad mayores hacia el hogar y hacia los hijos, y de educar tanto allí como en otros lugares. En vista de eso, la fe de las hermanas al dejar su hogar para atravesar las llanuras hacia lo desconocido era inspiradora. Si tuviéramos que señalar su atributo más destacado diríamos que era su fe inquebrantable en el evangelio restaurado del Señor Jesucristo.

Los heroicos relatos de lo que aquellas pioneras sacrificaron y lograron al cruzar las llanuras son un legado invalorable para la Iglesia. Me conmueve el de Elizabeth Jackson, cuyo esposo Aaron murió después de cruzar por última vez el Río Platte con la compañía de carros de mano de Martin. Ella escribió:

“No intentaré describir mis sentimientos al encontrarme viuda con tres hijos en aquellas circunstancias… creo… que mis aflicciones por causa del Evangelio serán consagradas para mi bien…

“[Supliqué] al Señor… a Él que prometió ser un esposo para la viuda y un padre para los huérfanos. Recurrí a Él y Él acudió en mi ayuda”4.

Elizabeth dijo que escribía la historia en nombre de los que habían pasado situaciones similares con la esperanza de que su posteridad estuviera dispuesta a sufrir y sacrificarlo todo por el reino de Dios5.

Las mujeres de la Iglesia de hoy en día son fuertes y valientes

Creo que las mujeres de la Iglesia en nuestros días están a la altura de ese desafío y son tan fuertes y fieles como aquéllas. Los líderes del sacerdocio de esta Iglesia, en todos los niveles, reconocen con agradecimiento el servicio, el sacrificio, la dedicación y la contribución de las hermanas.

Mucho de lo que se logra en la Iglesia se debe al servicio abnegado de las mujeres. Ya sea en la iglesia o en el hogar, es algo maravilloso ver al sacerdocio y a la Sociedad de Socorro trabajar en perfecta armonía; esa relación es como la de una orquesta bien armonizada y la sinfonía resultante nos inspira a todos.

Cuando se me asignó a una conferencia en la Estaca Misión Viejo, California, me conmovió un relato acerca del baile de la víspera de Año Nuevo para los jóvenes de cuatro estacas. Al terminar el baile, encontraron un bolso sin ninguna identificación en el exterior. Me gustaría compartir con ustedes lo que escribió la hermana Monica Sedgwick, Presidenta de las Mujeres Jóvenes de la Estaca Laguna Niguel: “No queríamos husmear, ¡eran las cosas privadas de alguien! Así que lo abrimos con cuidado y sacamos lo primero que vimos; con suerte, identificaría a la dueña. Y lo hizo, pero de otro modo; era el folleto Para la fortaleza de la juventud. ¡Ahhh! Eso nos reveló algo sobre ella. Entonces sacamos lo próximo que vimos, una libretita de notas. Seguramente nos daría respuestas, pero no las que esperábamos. En la primera hoja había una lista de pasajes favoritos de las Escrituras, y había cinco páginas más con otros pasajes de Escrituras y notas personales”.

De inmediato las hermanas sintieron el deseo de conocer a esa joven fiel. Volvieron a revisar el bolso para identificar a su dueña. Sacaron unas pastillas de menta, un jabón, loción y un cepillo. Me encantaron sus comentarios: “¡Ah!, de su boca sale algo bueno; tiene manos limpias y suaves; y se esmera en su apariencia”.

Con expectativa, buscaron el siguiente tesoro. Sacaron un pequeño monedero habilidosamente hecho de una caja de jugo, y algo de dinero de un bolsillo con cierre metálico. “¡Ahh, es creativa y está preparada!”, exclamaron. Se sentían como niñas en la mañana de Navidad. Lo que sacaron a continuación les causó aún más sorpresa: una receta para un pastel de chocolate y una nota para hacérselo a una amiga en su cumpleaños. Volvieron a exclamar con entusiasmo: “¡Es una AMA DE CASA!, considerada y servicial”. Luego, sí, al fin apareció la identificación. Las líderes dijeron que se consideraban muy bendecidas de “ver el humilde ejemplo de una joven que vivía el Evangelio”6.

Este relato ilustra la dedicación de nuestras mujeres jóvenes hacia las normas de la Iglesia7. Es también un ejemplo de líderes de Mujeres Jóvenes atentas, abnegadas y dedicadas alrededor del mundo. ¡Ellas son increíbles!

Las hermanas desempeñan roles importantes en la Iglesia, en la vida familiar e individualmente, que son esenciales en el plan del Padre Celestial. Muchas de esas responsabilidades no reciben compensación económica pero proporcionan satisfacción y son de importancia eterna. Recientemente, una encantadora y capaz mujer del consejo de redacción de un periódico pidió que le describieran el papel de la mujer en la Iglesia. Se le explicó que los cargos de todos los líderes en nuestras congregaciones no son remunerados. Ella interrumpió para decir que ya no estaba tan interesada en el tema: “No creo que las mujeres necesiten más trabajos no remunerados”, dijo.

Le explicamos que la organización más importante de la tierra es la familia, en la cual “el padre y la madre [son]… compañeros iguales”8. Ninguno de los dos recibe compensación monetaria, pero las bendiciones son indescriptibles. Por supuesto, le hablamos de la Sociedad de Socorro, de las Mujeres Jóvenes y de la Primaria, organizaciones que están dirigidas por mujeres en calidad de presidentas. Le hicimos notar que desde los primeros días de nuestra historia tanto los hombres como las mujeres oran, tocan la música, dan discursos y cantan en el coro, incluso en la más sagrada de nuestras reuniones, que es la reunión sacramental. Seguir leyendo

Publicado en Sin categoría | Etiquetado , , , , , , | Deja un comentario

La Expiación sana todo dolor

Conferencia General Abril 2011
La Expiación sana todo dolor
Por el élder Kent F. Richards
De los Setenta

Nuestro gran desafío individual en esta tierra es llegar a ser “santo por la expiación de Cristo”.

Como cirujano, encontré que gran parte de mi carrera profesional estuvo dedicada al tema del dolor. Por necesidad, quirúrgicamente lo ocasionaba casi a diario; luego, la mayor parte de mis esfuerzos se centraban en tratar de controlarlo y mitigarlo.

He meditado acerca del propósito del dolor. Ninguno de nosotros es inmune a experimentar dolor. He visto a personas que lo toleran de maneras muy diferentes; algunas se apartan de Dios en ira y otras permiten que su sufrimiento los acerque más a Dios.

Al igual que ustedes, yo he sentido dolor. El dolor es un indicador del proceso de sanación y muchas veces nos enseña paciencia. Quizás por eso utilicemos la palabra paciente al referirnos a los enfermos.

El élder Orson F. Whitney escribió: “Ningún dolor que suframos ni ninguna prueba que experimentemos es en vano… contribuyen a nuestra educación, al desarrollo de virtudes como la paciencia, la fe, el valor y la humildad… Es mediante las penas y el sufrimiento, la dificultad y la tribulación que ganamos la educación que hemos venido a adquirir aquí”1.

De forma similar, el élder Robert D. Hales ha dicho:

“El dolor le lleva a uno a un estado de humildad que invita a la meditación. Es una experiencia que agradezco haber sobrellevado…

“Comprendí que el dolor físico y la curación del cuerpo tras una operación seria son extraordinariamente similares al dolor espiritual y a la curación del alma en el proceso del arrepentimiento”2.

Gran parte de nuestro sufrimiento no es necesariamente nuestra culpa. Los acontecimientos inesperados, las circunstancias adversas o decepcionantes, las enfermedades que alteran el curso de la vida e incluso la muerte nos rodean y afectan nuestra experiencia mortal. Además, podemos sufrir aflicciones por causa de las acciones de los demás3. Lehi indicó que Jacob había “padecido… mucho pesar… a causa de la rudeza de [sus] hermanos”4. La oposición es parte del plan de felicidad del Padre Celestial. Todos pasamos por la suficiente adversidad para que lleguemos a ser conscientes del amor de nuestro Padre y de la necesidad que tenemos de la ayuda del Salvador.

El Salvador no es un observador silencioso. Él mismo conoce en forma personal e infinita el dolor que enfrentamos.

“Él sufre los dolores de todos los hombres, sí, los dolores de toda criatura viviente, tanto hombres como mujeres y niños, que pertenecen a la familia de Adán”5.

“Acerquémonos, pues, confiadamente al trono de la gracia, para alcanzar misericordia, y hallar gracia para el oportuno socorro”6.

Algunas veces en la profundidad del dolor, nos sentimos tentados a preguntar “¿No hay bálsamo en Galaad? ¿No hay allí médico?”7. Testifico que la respuesta es sí, hay un médico. La expiación de Jesucristo cubre todas esas condiciones y propósitos de la mortalidad.

Existe otro tipo de dolor del cual somos responsables. El dolor espiritual yace en lo profundo de nuestra alma y puede resultar insoportable, como si uno fuese atormentado por un “indecible horror”, tal como lo describió Alma8. Ese dolor viene por causa de nuestras acciones pecaminosas y falta de arrepentimiento. Para ese dolor también existe una cura que es universal y absoluta; viene del Padre por medio del Hijo y es para cada uno de nosotros que esté dispuesto a hacer todo lo que sea necesario a fin de arrepentirse. Cristo dijo: “¿no os volveréis a mí ahora… y os convertiréis para que yo os sane?”9.

Cristo mismo enseñó:

“Y mi Padre me envió para que fuese levantado sobre la cruz; y que después de ser levantado sobre la cruz, pudiese atraer a mí mismo a todos los hombres…

“De acuerdo con el poder del Padre, atraeré a mí mismo a todos los hombres”10.

Quizás Su obra de mayor importancia sea la labor continua que realiza con cada uno de nosotros de edificarnos, bendecirnos, fortalecernos, sostenernos, guiarnos y perdonarnos de manera individual.

Tal como Nefi vio en visión, gran parte del ministerio terrenal de Cristo fue dedicado a bendecir y sanar al enfermo con todo tipo de padecimientos: físicos, emocionales y espirituales. “Y vi a multitudes de personas que estaban enfermas y afligidas con toda clase de males…Y fueron sanadas por el poder del Cordero de Dios”11. Seguir leyendo

Publicado en Sin categoría | Etiquetado , , , , , , | Deja un comentario

Los seguidores de Cristo

Conferencia General Abril 2011
Los seguidores de Cristo
Por el élder Walter F. González
De la Presidencia de los Setenta

Los seguidores de Cristo modelan su vida de acuerdo con la del Salvador para andar en la luz.

El pasado octubre, mi esposa y yo acompañamos al élder Neil L. Andersen y a su esposa a la palada inicial de un nuevo templo en Córdoba, Argentina. Como de costumbre, después de la ceremonia hubo una conferencia de prensa. Una periodista que no era miembro de nuestra Iglesia comentó que había observado lo bien que los hombres trataban a su esposa; luego preguntó de forma inesperada: “¿Es eso realidad o ficción?”. Estoy seguro de que observó y percibió algo diferente entre nuestros miembros. Quizás haya percibido en ellos el deseo de seguir a Cristo; los miembros de la Iglesia de todo el mundo tienen ese deseo. Al mismo tiempo, millones de personas que no son miembros de la Iglesia también tienen el deseo de seguirlo.

Recientemente mi esposa y yo nos quedamos muy impresionados con la gente que vimos en Ghana y en Nigeria; en su mayoría, no son miembros de nuestra Iglesia. Nos alegró ver el deseo que tienen de seguir a Cristo, lo cual expresaron en muchas de sus conversaciones en sus hogares, en los automóviles, en las paredes y en los carteles publicitarios. Nunca habíamos visto tantas iglesias cristianas una al lado de la otra.

Los Santos de los Últimos Días tenemos el deber de invitar a millones de personas como ellos a venir y ver lo que nuestra Iglesia puede añadir a lo bueno que ya tienen. Toda persona de cualquier continente, clima o cultura puede saber por sí misma que el profeta José Smith vio al Padre y al Hijo en una visión; puede saber que hubo mensajeros celestiales que restauraron el sacerdocio y que el Libro de Mormón es otro testamento de Jesucristo. En las palabras del Señor a Enoc, la “justicia [se ha enviado] desde los cielos; y la verdad [ha brotado] de la tierra para testificar [del] Unigénito [del Padre]”1.

El Salvador ha prometido: “…el que me sigue no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida”2. Los seguidores de Cristo modelan su vida de acuerdo con la del Salvador para andar en la luz. Hay dos características que nos ayudan a reconocer hasta qué punto lo seguimos. Primero, los verdaderos seguidores de Cristo son personas que aman; segundo, los verdaderos seguidores de Cristo hacen convenios y los guardan.

La primera característica, demostrar amor, probablemente sea una cosa que notó la periodista de Córdoba entre los miembros de la Iglesia. Seguimos a Cristo porque lo amamos y, cuando seguimos al Redentor por amor, seguimos Su propio ejemplo. Por amor, el Salvador fue obediente a la voluntad del Padre en toda circunstancia. Nuestro Salvador fue obediente aun cuando el serlo le acarreó enorme sufrimiento físico y emocional, aun si eso significaba recibir azotes y burlas e incluso la tortura de Sus enemigos mientras Sus amigos lo abandonaron. El sacrificio expiatorio, que es exclusivo de la misión del Salvador, es la expresión de amor más grandiosa en la historia de la humanidad. “…el castigo de nuestra paz fue sobre él, y por sus heridas fuimos nosotros sanados”3.

Así como Cristo siguió al Padre fuera cuales fueran las circunstancias, así también nosotros debemos seguir a Su Hijo. Si lo hacemos, no tendrá importancia el tipo de persecución, sufrimiento, aflicción o “aguijón en la carne”4 que enfrentemos; no estamos solos; Cristo nos auxiliará. Sus entrañables misericordias nos harán fuertes en cualquier circunstancia5. Seguir leyendo

Publicado en Sin categoría | Etiquetado , , , , , | Deja un comentario

Llegar a ser como un niño pequeño

Conferencia General Abril 2011
Llegar a ser como un niño pequeño
Por Jean A. Stevens
Primera Consejera de la Presidencia General de la Primaria

Si poseemos un corazón dispuesto a aprender y una disposición de seguir el ejemplo de los niños, los atributos divinos de ellos pueden ser la llave para desencadenar nuestro propio crecimiento espiritual.

Nuestro Padre Celestial, en Su gran sabiduría y amor, envía a Sus hijos e hijas procreados en espíritu a esta tierra como niños. Llegan a las familias como dones preciosos con una naturaleza y destino divinos. Nuestro Padre Celestial sabe que los niños son una llave para ayudarnos a llegar a ser como Él. Es tanto lo que podemos aprender de los niños.

Esta importante verdad se demostró hace algunos años cuando un miembro de los Setenta estaba en una asignación en Hong Kong. Visitó un barrio muy pobre que pasaba por muchas dificultades y no podía proveer de lo indispensable para sus propias necesidades. Mientras el obispo le describía la situación, la Autoridad General sintió la impresión de que había que pedirles a los miembros que pagaran sus diezmos. Conociendo sus extremas circunstancias, al obispo le preocupaba cómo poner en práctica ese consejo. Lo pensó y decidió hablar con algunos de los miembros más fieles de su barrio y pedirles que pagaran sus diezmos. El domingo siguiente fue a la Primaria; enseñó a los niños acerca de la ley del diezmo del Señor y les preguntó si estarían dispuestos a pagar el diezmo del dinero que ganaran. Los niños dijeron que lo harían y así lo hicieron.

Tiempo después, el obispo fue a los adultos del barrio y les contó que durante los últimos seis meses sus fieles hijos habían estado pagando el diezmo. Les preguntó si estarían dispuestos a seguir el ejemplo de esos niños y hacer lo mismo. Los miembros estaban tan conmovidos por los sacrificios que los niños estuvieron dispuestos a hacer que hicieron lo necesario para pagar sus diezmos; y se abrieron las ventanas de los cielos. Por el ejemplo de esos fieles niños, un barrio aumentó su obediencia y testimonio.

Fue Jesucristo mismo quien nos enseñó que debemos considerar a los niños como un ejemplo. En el Nuevo Testamento se registra Su respuesta cuando Sus apóstoles discutían acerca de quién era el mayor en el reino de los cielos. Jesús respondió a su pregunta con una pequeña, pero práctica lección. Llamó a un pequeñito, lo colocó en medio de ellos y dijo:

“…si no os volvéis y os hacéis como niños, no entraréis en el reino de los cielos.

“Así que, cualquiera que se humille como este niño, ése es el mayor en el reino de los cielos” (Mateo 18:3–4).

¿Qué es lo que debemos aprender de los niños? ¿Qué cualidades poseen y qué ejemplos dan que pueden ayudarnos en nuestro propio crecimiento espiritual?

Estos valiosísimos hijos de Dios llegan a nosotros con corazones creyentes; están llenos de fe y son receptivos a los sentimientos del Espíritu. Son ejemplos de humildad, obediencia y amor. A menudo son los primeros en amar y los primeros en perdonar.

Permítanme compartir algunas experiencias sobre cómo los niños pueden bendecir nuestra vida con su ejemplo inocente, pero poderoso, de los atributos cristianos.

Todd, un niñito de apenas dos años, recientemente fue con su madre a un museo de arte donde había una exposición especial de hermosas pinturas del Salvador. Mientras caminaban junto a esas imágenes sagradas, ella escuchó a su pequeñito decir con reverencia “Jesús”. Bajó la mirada y lo encontró cruzando los brazos y agachando la cabeza mientras miraba las pinturas. ¿Podríamos aprender algo de Todd acerca de tener una actitud de humildad, reverencia y amor por el Señor? Seguir leyendo

Publicado en Sin categoría | Etiquetado , , , , , | Deja un comentario

El día de reposo y la Santa Cena

Conferencia General Abril 2011
El día de reposo y la Santa Cena
Por el élder L. Tom Perry
Del Quórum de los Doce Apóstoles

Permitan que su familia esté llena de amor al honrar el día de reposo, todo el día; y sientan las bendiciones espirituales de ello toda la semana.

Mis hermanos y hermanas, esta mañana hemos venido de todo el mundo a escuchar la voz de un profeta. Testifico que la voz que acabamos de escuchar es la voz del profeta viviente de Dios en la tierra hoy en día, el presidente Thomas S. Monson. ¡Cuán bendecidos somos de tener sus enseñanzas y su ejemplo!

Este año, todos nosotros tenemos la oportunidad de estudiar las palabras de los profetas del Nuevo Testamento en la Escuela Dominical. Mientras que el Antiguo Testamento es un estudio de profetas y de un pueblo, el Nuevo Testamento se centra en la vida e influencia del único hombre que vino a la vida mortal con la doble ciudadanía del cielo y de la tierra: nuestro Salvador y Redentor, Jesucristo.

El mundo de hoy está tan saturado con doctrinas de hombres que es fácil olvidar y perder la fe en todos esos importantes relatos de la vida del Salvador y su ministerio: el Nuevo Testamento. Este sagrado volumen es el centro de la historia de las Escrituras, tal como el Salvador mismo debe ser el centro de nuestras vidas. ¡Debemos comprometernos a estudiarlo y a atesorarlo!

Hay perlas invaluables de sabiduría que podemos encontrar en nuestro estudio del Nuevo Testamento. Siempre disfruto al leer los relatos de Pablo cuando él viajaba y organizaba la Iglesia del Salvador, en especial sus enseñanzas a Timoteo. En el cuarto capítulo de los escritos de Pablo a Timoteo, leemos: “Esto manda y enseña: …sé ejemplo de los creyentes en palabra, en conducta, en amor, en espíritu, en fe y en pureza”1. No creo que para nosotros haya una manera mejor de empezar o continuar siendo ejemplos de los creyentes que nuestra observancia del día de reposo.

Comenzando con la Creación del mundo, se apartó un día de todos los demás. “Y bendijo Dios el día séptimo y lo santificó”2. Aun Dios descansó de Su trabajo este día, y Él espera que Sus hijos hagan lo mismo. A los hijos de Israel Él les dio el mandamiento:

“Acuérdate del día del reposo para santificarlo.

Seis días trabajarás y harás toda tu obra,

mas el séptimo día es reposo para Jehová tu Dios …

por tanto, Jehová bendijo el día de reposo y lo santificó”3.

El modelo de la observancia del día de reposo debe siempre incluir la adoración. Después de que Adán y Eva entraron en la vida mortal, se les mandó “que adorasen al Señor su Dios y que… ofreciesen las primicias de sus rebaños como ofrenda al Señor… a semejanza del sacrificio del Unigénito del Padre”4. El sacrificio de animales le recordó a la posteridad de Adán que un día el Cordero de Dios, Jesucristo, sacrificaría Su propia vida por nosotros.

A lo largo de Su vida, el Salvador habló de ese sacrificio5. En la víspera de Su crucifixión, Sus palabras se cumplieron. Reunió a Sus discípulos en el aposento alto, lejos de las distracciones del mundo e instituyó el sacramento de la Cena del Señor.

“Y mientras comían, tomó Jesús el pan, y lo bendijo, y lo partió y dio a sus discípulos, y dijo: Tomad, comed; esto es mi cuerpo.

“Y tomando la copa, y habiendo dado gracias, les dio, diciendo: Bebed de ella todos;

“porque esto es mi sangre del nuevo convenio, que por muchos es derramada para remisión de los pecados”6.

Desde ese momento en adelante, la expiación del Salvador llegó a ser el mayor y postrer sacrificio. Cuando Él se apareció en el continente americano después de Su resurrección, confirió Su sacerdocio a Sus discípulos e introdujo la Santa Cena diciendo:

“Y siempre procuraréis hacer esto… así como he partido pan y lo he bendecido y os lo he dado…

“Y será un testimonio al Padre de que siempre os acordáis de mí. Y si os acordáis siempre de mí, tendréis mi Espíritu para que esté con vosotros”7.

Es asombroso que aun en medio de los períodos de obscuridad de la Apostasía, este modelo de adoración en el día de reposo y de la Santa Cena continuara practicándose de muchas maneras.

Cuando el Evangelio fue restaurado, tres de los primeros apóstoles, Pedro, Santiago y Juan, que recibieron la Santa Cena del Salvador, se aparecieron a José Smith y a Oliver Cowdery. Bajo su dirección, se restauró la autoridad del sacerdocio necesaria para administrar la Santa Cena a los miembros de la Iglesia de Jesucristo8.

Conferida por el Salvador a Sus profetas y apóstoles, y de ellos a nosotros, esa autoridad del sacerdocio continúa sobre la tierra hoy. Los jóvenes poseedores del sacerdocio de todo el mundo se hacen merecedores de ejercer el poder del sacerdocio al guardar sinceramente los mandamientos y al vivir las normas del Evangelio. Manteniendo espiritualmente manos limpias y corazones puros, estos hombres jóvenes preparan y bendicen la Santa Cena a la manera del Señor, una manera que se definió en base a lo que Él hizo hace ya más de dos mil años.

Participar de la Santa Cena es el centro de nuestra observancia del día de reposo. En Doctrina y Convenios el Señor nos manda a todos nosotros:

“Y para que más íntegramente te conserves sin mancha del mundo, irás a la casa de oración y ofrecerás tus sacramentos en mi día santo;

“porque, en verdad, éste es un día que se te ha señalado para descansar de tus obras y rendir tus devociones al Altísimo …

“Y en este día no harás ninguna otra cosa”9. Seguir leyendo

Publicado en Sin categoría | Etiquetado , , , , , | Deja un comentario

Es conferencia una vez más

Conferencia General Abril 2011
Es conferencia una vez más
Por el presidente Thomas S. Monson

Gracias por su fe y devoción al Evangelio, por el amor y cuidado que demuestran entre sí y por el servicio que prestan.

Cuando se planeó este edificio, pensábamos que nunca se llenaría; pero mírenlo ahora.

Mis queridos hermanos y hermanas, qué bueno es estar juntos una vez más al comenzar la Conferencia General anual número ciento ochenta y uno de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días.

Los últimos seis meses parecen haber pasado rápidamente ya que he estado ocupado con muchas responsabilidades. Una de las grandes bendiciones durante ese tiempo fue rededicar el hermoso Templo de Laie, Hawai, en el que se habían hecho extensas renovaciones por casi dos años. Me acompañaron el presidente Henry B. Eyring y su esposa, el élder Quentin L. Cook y su esposa, y el élder William R. Walker y su esposa. La noche anterior a la rededicación, que tuvo lugar en noviembre, vimos a dos mil jóvenes del distrito del templo llenar el Centro de actividades Cannon del campus de BYU-Hawaii, y actuaron para nosotros. Su producción se tituló “El lugar de recogimiento”, y, de modo creativo y magistral, representó los acontecimientos significativos de la historia de la Iglesia local y la historia del templo. ¡Qué noche maravillosa fue esa!

El día siguiente fue una fiesta espiritual al rededicarse el templo en tres sesiones. El Espíritu del Señor estuvo con nosotros en rica abundancia.

Continuamos construyendo templos. En esta mañana, tengo el privilegio de anunciar tres templos más para los que estamos adquiriendo los terrenos y que, en los meses venideros, se construirán en las siguientes localidades: Fort Collins, Colorado; Meridian, Idaho; y Winnipeg, Manitoba, Canadá. En verdad, serán una bendición para nuestros miembros de esos lugares.

Cada año, se efectúan millones de ordenanzas en los templos. Que podamos seguir siendo fieles al efectuar dichas ordenanzas, no sólo para nosotros mismos, sino también para nuestros seres queridos fallecidos que no pueden hacerlo por sí mismos.

La Iglesia continúa prestando ayuda humanitaria en épocas de desastre. Hace muy poco, nuestros corazones y nuestra ayuda se han ofrecido a Japón después del devastador terremoto y maremoto, y el efecto de los desafíos nucleares. Hemos distribuido más de sesenta y tres toneladas de suministros, entre los que se incluían alimento, agua, mantas, ropa de cama, artículos de higiene, ropa y combustible. Nuestros jóvenes adultos solteros han ofrecido voluntariamente su tiempo para localizar a miembros extraviados por medio de internet, de los medios de comunicación social y de otros medios de comunicación modernos. Los miembros entregan la ayuda mediante motonetas proporcionadas por la Iglesia a zonas de difícil acceso en automóvil. Los proyectos de servicio para armar equipos de higiene y paquetes de limpieza se están organizando en varias estacas y barrios de Tokio, Nagoya y Osaka. Hasta el momento, se han donado más de cuarenta mil horas de servicio por más de cuatro mil voluntarios. Nuestra ayuda va a continuar en Japón y en otros lugares donde haya necesidad.

Mis hermanos y hermanas, les doy las gracias por su fe y devoción al Evangelio, por el amor y cuidado que demuestran entre sí y por el servicio que prestan en sus barrios y ramas, estacas y distritos. Además, gracias por su fidelidad en el pago de sus diezmos y ofrendas, y por su generosidad al contribuir a otros fondos de la Iglesia.

A finales del año 2010 había 52.225 misioneros que sirven en 340 misiones por el mundo. La obra misional es la savia del reino. Me gustaría sugerirles que, si pueden hacerlo, consideraran hacer una contribución al Fondo misional general de la Iglesia.

Ahora, hermanos y hermanas, estamos deseosos de escuchar los mensajes que se nos presentarán hoy y mañana. Los que van a hablarnos han procurado la ayuda y dirección del cielo al preparar sus mensajes. Que seamos llenos del Espíritu del Señor y seamos elevados e inspirados a medida que escuchemos y aprendamos; es mi oración, en el nombre de Jesucristo. Amén.

Publicado en Sin categoría | Etiquetado , , , , | Deja un comentario

No me olvides

Conferencia general octubre 2011
No me olvides
Por el presidente Dieter F. Uchtdorf
Segundo Consejero de la Primera Presidencia

Es mi ruego y mi bendición que nunca olviden que son hijas verdaderamente valiosas en el reino de Dios.

Mis queridas hermanas, qué gozo es estar con ustedes hoy. Siempre anhelo esta reunión general anual de la Sociedad de Socorro y los excelentes mensajes que se imparten aquí. Gracias hermanas. Es un preciado honor para mí que el presidente Thomas S. Monson me haya asignado para hablar hoy y añadir unos pensamientos al dirigirme a las hermanas de la Iglesia.

Hace un tiempo caminaba por un hermoso jardín con mi esposa y mi hija; me maravillaba ante la gloria y la belleza de la creación de Dios, y entonces noté que había entre todas las gloriosas flores una florecita diminuta. Sabía el nombre de esa flor porque desde que era niño he tenido una tierna conexión con ella. La flor se llama nomeolvides.

No estoy exactamente seguro por qué esta minúscula flor ha significado tanto para mí a lo largo de los años. No llama la atención de inmediato, es fácil no verla entre las flores más grandes y más vibrantes; aun así, es igual de hermosa, con un color intenso que se compara al del cielo más azul y quizás ésa sea una razón por la que me gusta tanto.

Su nombre contiene un ruego persistente. Según una leyenda alemana, cuando Dios había terminado de nombrar a todas las plantas, una se quedó sin nombre. Una vocecita dijo: “No me olvides, ¡oh Señor!” Y Dios dijo que ése sería su nombre.

Esta noche me gustaría utilizar esa pequeña flor como una metáfora. Los cinco pétalos de la pequeña flor nomeolvides me inspiran a considerar cinco cosas que sería prudente no olvidar jamás.

Primero, no se olviden de ser pacientes con ustedes mismas.

Quiero decir algo que espero tomen de la manera correcta: Dios es plenamente consciente de que ustedes y yo no somos perfectos.

Permítanme añadir: Dios también es plenamente consciente de que las personas que ustedes creen que son perfectas no lo son.

Aun así, gastamos tanto tiempo y energía comparándonos con los demás, normalmente comparando nuestros puntos débiles con sus puntos fuertes. Esto nos lleva a crear expectativas para nosotros que son imposibles de alcanzar. Como resultado, nunca celebramos nuestra buena labor porque parece ser menos de lo que hacen los demás.

Cada uno tiene fortalezas y debilidades.

Es maravilloso que ustedes tengan fortalezas.

Y es parte de su experiencia mortal que tengan debilidades.

Dios desea ayudarnos a cambiar todas nuestras debilidades por fortalezas con el tiempo1, pero Él sabe que se trata de una meta a largo plazo. Él desea que lleguemos a ser perfectos2 y, si permanecemos en el sendero del discipulado, algún día lo seremos. Está bien que no hayan llegado allí todavía. Sigan trabajando en ello, pero dejen de mortificarse.

Queridas hermanas, muchas de ustedes son infinitamente compasivas y pacientes con las debilidades de los demás. Por favor recuerden también ser compasivas y pacientes con ustedes mismas.

Entretanto, estén agradecidas por todos los pequeños logros en su hogar, en sus relaciones familiares, en sus estudios y en su medio de vida, en su participación en la Iglesia y en su superación personal. Al igual que las nomeolvides, estos logros podrían parecerles diminutos y pasar desapercibidos por los demás, pero Dios los nota y no son pequeños para Él. Si consideran que el éxito sólo consiste en ser la rosa más perfecta o la orquídea más glamorosa, podrían perderse algunas de las experiencias más dulces de la vida.

Por ejemplo, insistir en tener una noche de hogar ideal cada semana —aunque ello implique hacerlas sentir desdichadas a ustedes y a todos a su alrededor— puede que no sea la mejor opción. En su lugar, pregúntense: “¿Qué podemos hacer como familia que sea agradable, espiritual y nos permita estar más unidos?”. Ese tipo de noche de hogar, aunque sea modesta en su alcance y en su ejecución, puede traer consecuencias mucho más positivas a largo plazo.

Nuestra travesía hacia la perfección es larga, pero podemos encontrar maravillas y alegrías incluso en los pasos más pequeños de esa travesía.

Segundo, no olviden la diferencia que existe entre un buen sacrificio y un sacrificio absurdo.

Un sacrificio aceptable es cuando renunciamos a algo bueno por algo de mucho más valor.

Dejar de dormir un poco para ayudar a un niño que está teniendo pesadillas es un buen sacrificio. Todos sabemos esto. Quedarse despiertos toda la noche, poniendo en peligro nuestra propia salud, para confeccionar el accesorio perfecto del traje dominical de su hija podría no ser un buen sacrificio.

Dedicar parte de nuestro tiempo a estudiar las Escrituras o a prepararnos para enseñar una lección es un buen sacrificio. Pasar muchas horas bordando el título de la lección en agarraderas de cocina hechas en casa para cada integrante de la clase quizás no lo sea.

Cada persona y cada situación es diferente, y un buen sacrificio en una instancia podría ser un sacrificio absurdo en otro.

¿Cómo podemos discernir la diferencia en nuestro caso en particular? Podemos preguntarnos: “¿Estoy dedicando mi tiempo y energías a las cosas que más importan?”. Hay muchas cosas buenas para hacer, pero no podemos hacerlas todas. Nuestro Padre Celestial se complace cuando sacrificamos algo bueno por algo mucho más grande, con una perspectiva eterna. A veces, incluso ello podría implicar nutrir a pequeñas, y a la vez hermosas, flores nomeolvides en lugar de un amplio jardín de exóticas flores.

Tercero, no se olviden de ser felices ahora.

En el apreciado cuento infantil Charlie y la fábrica de chocolate, el misterioso fabricante de golosinas Willy Wonka esconde un billete dorado en cinco chocolatinas y anuncia que quien encuentre los billetes se ganaría un recorrido por su fábrica y un suministro de chocolate para toda la vida.

Éste era el mensaje que estaba escrito en cada billete dorado: “¡Cordiales saludos para ti, el afortunado descubridor de este Billete Dorado…! ¡Te esperan cosas espléndidas! ¡Sorpresas maravillosas! …sorpresas místicas y maravillosas que te… encantarán,… te asombrarán y te maravillarán”3.

En este clásico cuento infantil, la gente de todo el mundo ansiaba desesperadamente encontrar un billete dorado. Algunos opinaban que toda su felicidad futura dependía del hecho de que un billete dorado cayera en sus manos. En su ansiedad, la gente comenzó a olvidarse del sencillo gozo que solía hallar en una chocolatina. La chocolatina se convertía en una decepción total si no contenía el billete dorado. Seguir leyendo

Publicado en Sin categoría | Etiquetado , , , , , , | 2 comentarios

Adhiérete a los convenios

Conferencia General Octubre 2011
Adhiérete a los convenios
Por Barbara Thompson
Segunda Consejera de la Presidencia General de la Sociedad de Socorro

A medida que tengamos fe en Cristo y nos adhiramos a nuestros convenios, recibiremos el gozo del que se habla en las santas Escrituras y el que nos han prometido nuestros profetas de los últimos días.

“Eleva tu corazón y regocíjate, y adhiérete a los convenios que has hecho”1 No puedo leer este pasaje de Escrituras sin sentir gozo. Mi corazón se regocija al pensar en las promesas y las muchas bendiciones que han formado parte de mi vida a medida que he procurado adherirme a los convenios que he hecho con mi Padre Celestial.

Debido a que mis padres han fallecido, este año tuvimos que limpiar su casa y prepararla para la venta. Durante estos últimos meses en los que mis hermanos y yo la hemos limpiado y clasificado las pertenencias, encontramos historias familiares y muchos papeles y documentos importantes. Ha sido fascinante leer historias personales y las bendiciones patriarcales de mis padres y abuelos. Me ha recordado los convenios que hicieron y guardaron.

Mi abuela Ellen Hanks Rymer era una joven madre en 1912 cuando recibió su bendición patriarcal. Cuando leí su bendición, estas líneas saltaron de la página y se grabaron en mi mente: “Fuiste escogida desde antes de la fundación de la tierra, y un espíritu escogido para venir en esta época… Tu testimonio se magnificará y serás capaz de testificar… El Destructor ha tratado de destruirte, pero si te adhieres a tu Dios, él [el destructor] no tendrá el poder para hacerte daño. Mediante tu fidelidad, tendrás gran poder y el destructor huirá de delante de ti a causa de tu rectitud… Cuando te sobrevenga la hora del temor y de las pruebas, si te retiras a tu cámara secreta en oración, tu corazón será consolado y los obstáculos serán quitados”2.

A mi abuela se le hizo la promesa de que si guardaba sus convenios y permanecía cerca de Dios, Satanás no tendría poder sobre ella, y que encontraría consuelo y ayuda en sus tribulaciones; esas promesas se cumplieron en su vida.

Hoy quisiera hablar sobre (1) la importancia de adherirse a los convenios y (2) del gozo y de la protección que provienen del guardar nuestros convenios.

Algunos de los ejemplos que utilizaré provienen de Hijas en Mi reino: La historia y la obra de la Sociedad de Socorro. El libro está repleto de ejemplos de mujeres que han encontrado gran gozo al guardar convenios.

La importancia de adherirse a los convenios

En el diccionario bíblico [en inglés] dice que un convenio es un contrato hecho entre Dios y el hombre. “Dios, de acuerdo con Su voluntad, fija los términos que el hombre acepta… El Evangelio está dispuesto de tal modo que los principios y las ordenanzas se reciben por convenio, colocando al que recibe bajo la firme obligación y responsabilidad de honrar el compromiso”3. En la frase “adhiérete a los convenios”, la palabra adhiérete significa “unirse firme y estrechamente” a algo4.

En las Escrituras aprendemos de hombres y mujeres que han hecho convenios con Dios. Dios ha dado instrucciones sobre lo que hay que hacer para honrar esos convenios, y entonces, si se han guardado esos convenios, las bendiciones prometidas les han seguido.

Por ejemplo, por medio de la ordenanza del bautismo hacemos un convenio con nuestro Padre Celestial. Nos preparamos para el bautismo al tener fe en el Señor Jesucristo, al arrepentirnos de nuestros pecados y al estar dispuestos a tomar sobre nosotros el nombre de Cristo. Hacemos un compromiso de guardar los mandamientos de Dios y de siempre recordar al Salvador. Hacemos convenio de “llevar las cargas los unos de los otros para que sean ligeras”; indicamos que estamos dispuestos a llorar con los que lloran y a consolar a los que necesitan de consuelo5.

En los santos templos se reciben otras ordenanzas sagradas y se hacen otros convenios. En los primeros días de la Restauración, el profeta José Smith estaba ansioso de que los santos tuviesen las bendiciones prometidas del templo. El Señor dijo: “…edifíquese esta casa a mi nombre, para que en ella pueda yo revelar mis ordenanzas a mi pueblo”6.

“Uno de los grandes propósitos del Señor para organizar la Sociedad de Socorro era preparar a Sus hijas para las bendiciones mayores del sacerdocio, cual se hallan en las ordenanzas y convenios del templo. Las hermanas de Nauvoo esperaban con gran anhelo que se finalizara la construcción del templo, porque sabían, tal como lo había prometido el profeta José Smith a Mercy Fielding Thompson, que la investidura las sacaría ‘de la oscuridad hacia una maravillosa luz’”7.

“Más de 5.000 santos colmaron el Templo de Nauvoo tras su dedicación para recibir la investidura y la ordenanza del sellamiento antes de embarcarse en su travesía” al valle de Lago Salado8. El presidente Brigham Young y muchos líderes de la Iglesia y obreros del templo dedicaron su tiempo, día y noche, para servir en el templo, a fin de que se pudiera llevar a cabo esa importante obra por los santos. Seguir leyendo

Publicado en Sin categoría | Etiquetado , , , | Deja un comentario

La caridad nunca deja de ser

Conferencia General Octubre 2011
La caridad nunca deja de ser
Por Silvia H. Allred
Primera Consejera de la Presidencia General de la Sociedad de Socorro

Rueguen por el deseo de ser llenas del don de la caridad, el amor puro de Cristo.

Mi esposo y yo acabamos de visitar la ciudad de Nauvoo, Illinois. Mientras estábamos allí, nos sentamos en el cuarto superior de la tienda de ladrillos rojos donde el profeta José Smith tenía su oficina y negocio, y escuchamos atentamente a la guía que describía algunos de los acontecimientos históricos de la Restauración que se llevaron a cabo en ese lugar.

Mi pensamiento se dirigió a la fundación de la Sociedad de Socorro y a algunas de las enseñanzas que las hermanas de la Sociedad de Socorro recibieron del profeta José en ese mismo cuarto. Esas enseñanzas llegaron a ser los principios fundamentales sobre los cuales se edificó la Sociedad de Socorro. Los propósitos de aumentar la fe, fortalecer los hogares de Sión y buscar y ayudar a los necesitados se establecieron desde el principio; dichos propósitos siempre han sido uniformes con las enseñanzas de nuestros profetas.

En una de esas primeras reuniones, el profeta José citó los escritos de Pablo a los corintios. En su poderoso discurso sobre la caridad, Pablo se refiere a la fe, a la esperanza y a la caridad, y concluye diciendo, “…pero la mayor de ellas es la caridad”1.

Él describe las cualidades que encierra la caridad; dice:

“La caridad es sufrida, es benigna; la caridad no tiene envidia, la caridad no se jacta, no se envanece;

“…no busca lo suyo, no se irrita, no piensa el mal;

“no se regocija en la maldad, sino que se regocija en la verdad;

“todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta.

“La caridad nunca deja de ser”2.

Al hablarles a las hermanas, el profeta José dijo: “No se limiten en sus puntos de vista con respecto a las virtudes de su prójimo… Si desean hacer lo que hizo Jesús, deben ensanchar su alma hacia los demás… Al ir aumentando en inocencia y virtud, al ir incrementando su bondad, dejen que se ensanche su corazón, hagan que se extienda hacia los demás; deben tener longanimidad y sobrellevar las faltas y los errores del género humano. ¡Cuán preciosas son las almas de los hombres!”3.

La declaración de las Escrituras “La caridad nunca deja de ser” llegó a ser el lema de la Sociedad de Socorro, puesto que abarca estas enseñanzas y el mandato que el profeta José Smith les había dado a las hermanas de la Sociedad de Socorro de “socorrer al pobre” y “salvar almas”4.

Estos principios fundamentales han sido adoptados por las hermanas de la Sociedad de Socorro de todo el mundo, ya que ésa es la naturaleza de la obra de la Sociedad de Socorro.

¿Qué es la caridad? ¿Cómo logramos la caridad?

El profeta Mormón define la caridad como “el amor puro de Cristo”5; a su vez, Pablo enseña que “…la caridad… es el vínculo de la perfección”6 y Nefi nos recuerda que “…el Señor Dios ha dado el mandamiento de que todos los hombres tengan caridad, y esta caridad es amor”7.

Al revisar la descripción previa que Pablo hizo de la caridad, aprendemos que la caridad no es un acto único ni algo que damos, sino una condición del ser, una condición del corazón, sentimientos bondadosos que generan actos de amor.

Mormón también enseña que la caridad se otorga a todos los que son verdaderos discípulos del Señor y que la caridad purifica a quienes la poseen8. Además, aprendemos que la caridad es un don divino que debemos procurar y pedir en oración. Tenemos que tener caridad en nuestro corazón para heredar el reino celestial9.

Sabiendo que el Señor nos ha pedido que nos vistamos “…con el vínculo de la caridad”10 debemos preguntarnos cuáles son las cualidades que nos ayudarán a cultivar la caridad. Seguir leyendo

Publicado en Sin categoría | Etiquetado , , , , | Deja un comentario

Lo que espero que mis nietas (y nietos) comprendan acerca de la Sociedad de Socorro

Conferencia General Octubre 2011
Lo que espero que mis nietas (y nietos) comprendan acerca de la Sociedad de Socorro
Por Julie B. Beck
Presidenta General de la Sociedad de Socorro

A partir del día en que el Evangelio se empezó a restaurar en esta dispensación, el Señor ha necesitado mujeres fieles que participen como discípulas Suyas.

Es un privilegio dirigirme a ustedes en esta histórica reunión. Es una bendición estar juntas. Durante mi servicio como presidenta general de la Sociedad de Socorro, he cultivado un profundo amor por ustedes, las hermanas de la Sociedad de Socorro de esta Iglesia, y el Señor ha expandido mi visión de lo que Él siente por nosotras y de lo que espera de nosotras.

He intitulado este mensaje: “Lo que espero que mis nietas (y nietos) comprendan acerca de la Sociedad de Socorro”. Mis nietas mayores están ocupadas trabajando en el Progreso Personal y cultivando los hábitos y las características de lo que es ser una mujer recta. En poco tiempo, ellas y sus compañeras tendrán a su cargo la responsabilidad por esta gran hermandad mundial.

Espero que lo que diga en este mensaje les dé a ellas, y a todos los que lo oigan o lo lean, un claro entendimiento de lo que el Señor tenía en mente para Sus hijas cuando se organizó la Sociedad de Socorro.

Un antiguo modelo de discipulado

Espero que mis nietas entiendan que hoy día la Sociedad de Socorro está organizada según el modelo de discipulado que existía en la antigua Iglesia. Cuando el Salvador organizó Su Iglesia en la época del Nuevo Testamento, “[las mujeres] fueron participantes de suma importancia en [Su] ministerio”1. Él visitó a Marta y a María, dos de Sus más dedicadas seguidoras, en el hogar de Marta. Mientras ésta lo escuchaba y lo atendía según la costumbre de esa época, Él la ayudó a ver que podía hacer más que eso. Ayudó a Marta y a María a comprender que podían escoger “la buena parte”, la cual no les sería quitada2. Ese tierno comentario sirvió como invitación para que participaran en el ministerio del Señor. Y más tarde, en el Nuevo Testamento, el firme testimonio de Marta en cuanto a la divinidad del Salvador nos proporciona una idea de su fe y discipulado3.

Al leer más adelante en el Nuevo Testamento, nos enteramos de que los apóstoles continuaron estableciendo la Iglesia del Señor. También nos enteramos de mujeres fieles cuyo modelo de discipulado contribuyó al crecimiento de la Iglesia. Pablo hizo referencia a las discípulas en lugares tales como Éfeso4 y Filipos5; pero cuando la Iglesia del Señor se perdió en la apostasía, también se perdió ese modelo de discipulado.

Cuando el Señor empezó a restaurar Su Iglesia por medio del profeta José Smith, de nuevo incluyó a las mujeres en un modelo de discipulado. Pocos meses después de que la Iglesia se organizó formalmente, el Señor reveló que Emma Smith habría de ser apartada como líder y maestra en la Iglesia, y como ayudante oficial de su esposo, el Profeta6. En su llamamiento para ayudar al Señor a edificar Su reino, se le dieron instrucciones para aumentar su fe y rectitud personales, para fortalecer a su familia y su hogar, y para servir a los demás.

Espero que mis nietas comprendan que a partir del día en que el Evangelio se empezó a restaurar en esta dispensación, el Señor ha necesitado mujeres fieles que participen como discípulas Suyas.

Tan sólo un ejemplo de su excepcional contribución fue la obra misional. El gran crecimiento de la Iglesia en los primeros días fue posible debido a hombres fieles que estuvieron dispuestos a dejar a sus familias para viajar a lugares desconocidos y sufrir privaciones y dificultades para enseñar el Evangelio. Sin embargo, esos hombres entendieron que sus misiones no habrían sido posibles sin la plena fe y el esfuerzo mancomunado de las mujeres que formaban parte de sus vidas, que sustentaban hogares y negocios, y ganaban dinero para sus familias y los misioneros. Las hermanas también cuidaron de los miles de conversos que llegaron a sus comunidades. Se dedicaron de lleno a su nuevo modo de vida, ayudando a edificar el reino del Señor y participando en Su obra de Salvación.

Conectadas con el sacerdocio

Espero que mis nietas entiendan que el Señor inspiró al profeta José Smith para organizar a las mujeres de la Iglesia “bajo la dirección del sacerdocio y de acuerdo con el modelo de éste”7, y a enseñarles “la forma en que podrían poseer los privilegios, las bendiciones y los dones del sacerdocio”8.

Cuando se organizó oficialmente la Sociedad de Socorro, Emma Smith siguió en su llamamiento como líder. Fue nombrada presidenta de la organización, con dos consejeras que sirvieran con ella en una presidencia. En vez de ser seleccionada mediante el voto popular, como era común en organizaciones fuera de la Iglesia, esa presidencia fue llamada por revelación, sostenida por las personas a las que dirigirían, y apartada por los líderes del sacerdocio para servir en sus llamamientos, siendo así llamadas “por Dios, por profecía y la imposición de manos, por aquellos que tienen la autoridad”9. Haber sido organizadas bajo el sacerdocio hizo posible que la presidencia recibiera dirección del Señor y de Su profeta para una obra específica. La organización de la Sociedad de Socorro permitió que en el almacén del Señor hubiera talento, tiempo y recursos para administrarse en sabiduría y orden.

Ese primer grupo de mujeres comprendió que se les había otorgado autoridad para enseñar, inspirar y organizar a las mujeres como discípulas para colaborar en la obra de salvación del Señor. En las primeras reuniones, a las hermanas se les enseñaron los principios guiadores de la Sociedad de Socorro: aumentar la fe y la rectitud personales, fortalecer a las familias y los hogares, y buscar y ayudar a los necesitados.

Espero que mis nietas comprendan que la organización de la Sociedad de Socorro fue una parte esencial de preparar a los santos para los privilegios, las bendiciones y los dones que sólo se encuentran en el templo. El presidente Joseph Fielding Smith enseñó que la Sociedad de Socorro “es parte vital del reino de Dios sobre la tierra… cuyo diseño y funcionamiento ayuda a sus miembros fieles a obtener la vida eterna en el reino de nuestro Padre”10. Podemos imaginar lo que debió haber sido para las hermanas estar en la tienda de ladrillos rojos de José Smith en aquellas primeras reuniones de la Sociedad de Socorro, mirando hacia la colina donde se estaba construyendo un templo, mientras el Profeta les enseñaba que “debe existir una sociedad selecta, separada de todas las iniquidades del mundo, distinguida, virtuosa y santa”11. Seguir leyendo

Publicado en Sin categoría | Etiquetado , , , , , , , | Deja un comentario

Las canciones que no pudieron cantar

Conferencia General Octubre 2011
Las canciones que no pudieron cantar
Por el élder Quentin L. Cook
Del Quórum de los Doce Apóstoles

Aunque no sepamos todas las respuestas, sí conocemos principios importantes que nos permiten afrontar las tragedias con fe y confianza.

Muchas personas enfrentan serios problemas o incluso tragedias durante esta jornada terrenal. En todo el mundo vemos ejemplos de pruebas y tribulaciones1. Nuestra alma se conmueve al ver imágenes de muerte, sufrimiento y desesperación en la televisión. Vemos a los japoneses luchando heroicamente contra la devastación que dejaron el terremoto y maremoto. Revivir las inolvidables escenas de destrucción de las torres del World Trade Center que volvimos a ver hace poco fue doloroso. Algo se conmueve en nosotros cuando nos enteramos de tales tragedias, en especial cuando las padecen personas inocentes.

A veces las tragedias son muy personales: Un hijo o una hija fallece a temprana edad o cae víctima de una devastadora enfermedad; la vida de un padre amoroso se acaba debido a un acto desconsiderado o un accidente. Siempre que las tragedias ocurren, lloramos y procuramos llevar la carga los unos de los otros2. Lamentamos las cosas que no se cumplirán y las canciones que no se cantarán.

Entre las preguntas más frecuentes que se hacen a los líderes de la Iglesia están: “¿Por qué un Dios justo permite que sucedan cosas malas, especialmente a las personas buenas?”; “¿por qué aquellos que son justos y están al servicio del Señor no son inmunes a esas tragedias?”

Aunque no sepamos todas las respuestas, conocemos principios importantes que nos permiten afrontar las tragedias con fe y confianza de que se ha planeado un futuro brillante para cada uno de nosotros. Algunos de los principios más importantes son:

Primero, tenemos un Padre Celestial que nos conoce, nos ama personalmente y entiende perfectamente nuestro sufrimiento.

Segundo, Su hijo Jesucristo es nuestro Salvador y Redentor; Su expiación no solamente proporciona la salvación y la exaltación, sino que también compensará todas las injusticias de la vida.

Tercero, el plan de felicidad del Padre para Sus hijos incluye no sólo la vida premortal y mortal sino también la vida eterna, incluso una grande y gloriosa reunión con aquellos que hemos perdido. Todas las injusticias serán enmendadas, y veremos con perfecta claridad y con una perspectiva y entendimiento impecables.

Desde la limitada perspectiva de aquellos que no tienen conocimiento, entendimiento ni fe en el plan del Padre —que ven el mundo sólo a través de los lentes de la mortalidad con sus guerras, violencia, enfermedad y maldad— esta vida puede parecer deprimente, caótica, injusta y sin sentido. Los líderes de la Iglesia han comparado esta perspectiva con alguien que entra en la mitad de una obra teatral de tres actos3. Aquellos que desconocen el plan del Padre no entienden lo que sucedió en el primer acto, o en la existencia premortal, ni los propósitos que se establecieron allí; ni tampoco entienden la aclaración y la resolución que viene en el tercer acto, que es el glorioso cumplimiento del plan del Padre.

Muchos no aprecian que, bajo Su amoroso y comprensivo plan, los que parecen estar en desventaja sin tener culpa, en última instancia no son sancionados4.

En algunos meses se cumplirán los 100 años del trágico hundimiento del transatlántico Titanic. Las catastróficas circunstancias que rodearon ese horrendo hecho han resonado a través del siglo desde que ocurrió. Los promotores del nuevo buque de lujo, que tenía la altura de un edificio de 11 pisos y casi el tamaño de 3 estadios de fútbol5, afirmaron exagerada e injustificadamente la invulnerabilidad del Titanic en las aguas invernales repletas de témpanos de hielo. Este barco, supuestamente era imposible de hundir; sin embargo, cuando se sumió en el congelado Océano Atlántico, más de 1.500 almas perdieron su vida terrenal6.

En muchos sentidos, el hundimiento del Titanic es una metáfora de la vida y de muchos principios del Evangelio. Es un ejemplo perfecto de la dificultad de mirar solamente con el lente de esta vida terrenal. La pérdida de vidas fue catastrófica en sus consecuencias, pero fue accidental. Con la masacre de las dos guerras mundiales y con el reciente décimo aniversario de la destrucción de las torres del World Trade Center, hemos vislumbrado en nuestra época la conmoción, la agonía y los problemas morales que rodean a los hechos derivados del mal ejercicio del albedrío. Hay terribles repercusiones para las familias, los amigos y las naciones como resultado de esas tragedias, independientemente de la causa.

Con respecto al Titanic, se aprendieron lecciones sobre los peligros del orgullo, de viajar en aguas turbulentas y de “que Dios no hace acepción de personas”7. Los afectados provenían de todo tipo de condiciones sociales. Algunos eran ricos y famosos, como John Jacob Astor; pero también había trabajadores, inmigrantes, mujeres, niños y miembros de la tripulación8.

Hubo por lo menos dos conexiones de Santos de los Últimos Días con el Titanic. Ambas ilustran el desafío que implica entender las pruebas, las tribulaciones y las tragedias, y proporcionan perspectiva en cuanto a la forma de sobrellevarlas. El primero es un ejemplo del estar agradecidos por las bendiciones que recibimos y de los desafíos que evitamos. Se trata de Alma Sonne, quien más tarde sirvió como Autoridad General9. Él era mi presidente de estaca cuando nací en Logan, Utah. Tuve mi entrevista para la misión con el élder Sonne. En esos días, todos los futuros misioneros eran entrevistados por una Autoridad General. Él marcó una gran influencia en mi vida.

Cuando Alma era jovencito, tenía un amigo que se llamaba Fred y que estaba menos activo en la Iglesia. Tuvieron numerosas conversaciones sobre el hecho de servir en una misión, y con el tiempo, Alma Sonne convenció a Fred para que se preparara y sirviera. Ambos fueron llamados a servir en la Misión Británica. Al término de sus misiones, el élder Sonne, secretario de la misión, hizo los arreglos para regresar a los Estados Unidos y compró boletos para viajar en el Titanic para él, Fred y cuatro misioneros más que también habían terminado su misión10.

Cuando llegó el momento de viajar, por alguna razón, Fred se retrasó. El élder Sonne canceló los seis boletos para abordar el primer viaje del nuevo y lujoso transatlántico, y reservó los pasajes para ir en otro barco que partiría el día siguiente11. Los cuatro misioneros que estaban entusiasmados por viajar en el Titanic, expresaron su desilusión. La respuesta del élder Sonne parafraseó el relato de José y sus hermanos en Egipto que se halla en Génesis: “¿Cómo volveremos a nuestras familias sin el joven?”12. Él explicó a sus compañeros que todos llegaron a Inglaterra juntos y que todos deberían regresar a casa juntos. El élder Sonne posteriormente se enteró del hundimiento del Titanic, y con gratitud le dijo a su amigo Fred: “Me salvaste la vida”. Fred le respondió: “No, tú me salvaste la mía al persuadirme a venir en esta misión”13. Todos los misioneros agradecieron al Señor el haberlos preservado14.

A veces, como en el caso del élder Sonne y sus compañeros de misión, los que son fieles reciben grandes bendiciones. Debemos agradecer todas las entrañables misericordias que llegan a nuestra vida15. No nos damos cuenta del caudal de bendiciones que recibimos día a día. Es sumamente importante que tengamos un espíritu de gratitud en nuestro corazón16. Seguir leyendo

Publicado en Sin categoría | Etiquetado , , , | Deja un comentario

El privilegio de la oración

Conferencia General Octubre 2011
El privilegio de la oración
Por el élder J. Devn Cornish
De los Setenta

La oración es uno de los dones más preciados que Dios ha dado al hombre.

Mis amadas hermanas y hermanos, Dios nuestro Padre no es un sentimiento ni una idea ni una fuerza; Él es una persona santa quien, como se enseña en las Escrituras, tiene cara, manos y un glorioso cuerpo inmortal; Él es real; nos conoce a cada uno personalmente y nos ama, a cada uno. Él desea bendecirnos.

Jesús dijo:

“¿Qué hombre hay de vosotros, que si su hijo le pide pan, le dará una piedra?

“¿Y si le pide un pez, le dará una serpiente?

“Pues si vosotros, siendo malos, sabéis dar buenas dádivas a vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre que está en los cielos dará buenas cosas a los que le piden?” (Mateo 7:9–11).

Tal vez una experiencia personal ayudará a ilustrar el punto. Cuando era médico residente joven en el Hospital de niños de Boston, trabajaba largas horas y me desplazaba entre el hospital y nuestra casa en Watertown, Massachusetts mayormente en bicicleta, ya que mi esposa y los niños necesitaban el automóvil. Una noche regresaba a casa después de un largo período en el hospital; me sentía cansado y tenía mucha hambre, y hasta un poco desanimado. Sabía que al llegar a casa tenía que darles a mi esposa y a mis cuatro hijos pequeños no sólo mi tiempo y energía, sino una actitud alegre. Francamente, hasta el pedalear se me estaba haciendo difícil.

En la ruta, pasaba por un establecimiento donde vendían pollo frito, y pensé que tendría menos hambre y me sentiría menos cansado si me detenía a comerme una porción de pollo de camino a casa. Sabía que tenían una venta especial de piernas o muslos por 29 centavos cada una, pero al buscar en mi billetera, todo lo que tenía era una moneda de cinco centavos. Mientras pedaleaba, le expliqué al Señor mi situación y le pedí que, en Su misericordia, me permitiera hallar una moneda de veinticinco centavos en el camino. Le dije que no lo necesitaba como una señal, pero que estaría muy agradecido si Él consideraría concederme esa piadosa bendición.

Empecé a mirara el piso con más cuidado, pero no vi nada. Tratando de mantener una actitud de fe pero sumisa al andar, me acerqué a la tienda. Entonces, casi exactamente enfrente del establecimiento, vi una moneda de veinticinco centavos. Con gratitud y alivio, la recogí, compré el pollo, saboreé cada bocado, y seguí felizmente a casa.

En Su misericordia, el Dios del cielo, el Creador y Gobernador de todas las cosas en todas partes, había oído una oración sobre algo de muy poca importancia. Uno bien podría preguntarse por qué se preocuparía Él con algo tan trivial. Creo que nuestro Padre Celestial nos ama tanto que las cosas que son importantes para nosotros se vuelven importantes para Él, simplemente porque nos ama. ¿Cuánto más desearía Él ayudarnos con las cosas grandes que pedimos y que sean justas (véase 3 Nefi 18:20)?

Niños, jóvenes y adultos por igual, por favor crean en lo mucho que su amoroso Padre Celestial desea bendecirlos a ustedes; pero debido a que Él no interferirá con nuestro albedrío, debemos pedir Su ayuda. Eso por lo general se hace por medio de la oración, que es uno de los dones más preciados que Dios ha dado al hombre.

En una ocasión, los discípulos de Jesús suplicaron: “Señor, enséñanos a orar” (Lucas 11:1). Como respuesta, Jesús nos dio un ejemplo que puede servir de guía para los principios clave de la oración (véase Russell M. Nelson, “Lecciones que aprendemos de las oraciones del Señor” Liahona, mayo de 2009, págs. 46–49; véase también Mateo 6:9–13; Lucas 11:1–4). De acuerdo con el ejemplo de Jesús:

Comenzamos por dirigimos a nuestro Padre Celestial: “Padre nuestro que estás en los cielos” (Mateo 6:9; Lucas 11:2). Tenemos el privilegio de dirigirnos directamente a nuestro Padre, y no oramos a ningún otro ser. Tengan presente que se nos ha aconsejado evitar repeticiones, incluso usar el nombre del Padre con demasiada frecuencia cuando oramos1.

“Santificado sea tu nombre” (Mateo 6:9; Lucas 11:2). Jesús se dirigió a Su Padre en una actitud de adoración, reconoció Su grandeza y le rindió alabanza y agradecimiento. Sin duda, este asunto de reverenciar a Dios y de expresar agradecimiento específico y sincero es una de las claves de la oración eficaz.

“Venga tu reino. Hágase tu voluntad” (Mateo 6:10; Lucas 11:2). Libremente reconocemos nuestra dependencia del Señor y expresamos nuestro deseo de hacer Su voluntad, aun cuando no sea la misma que la nuestra. En el diccionario bíblico [en inglés], se explica que: “La oración es el acto mediante el cual la voluntad del Padre y la voluntad del hijo entran en correspondencia la una con la otra. La finalidad de la oración no es cambiar la voluntad de Dios, sino obtener para nosotros y para otras personas las bendiciones que Dios ya esté dispuesto a otorgarnos, pero que debemos solicitar a fin de recibirlas” (Bible Dictionary, “Prayer” [Oración]).

“Danos hoy el pan nuestro de cada día” (Mateo 6:11; véase también Lucas 11:3). Pedimos las cosas que queremos del Señor. La honradez es esencial al pedirle cosas a Dios; por ejemplo, no sería totalmente honrado pedirle ayuda en un examen de la escuela si no he prestado atención en la clase, ni hecho las tareas asignadas ni estudiado para la prueba. Con frecuencia, al orar, el Espíritu me impulsa suavemente a reconocer que debería hacer algo más para recibir la ayuda que estoy suplicándole al Señor; entonces me debo comprometer y hacer mi parte. Es contrario al plan del cielo que el Señor haga por nosotros lo que podemos hacer por nosotros mismos.

“Y perdónanos nuestras deudas” (Mateo 6:12), o, en otra versión, “Y perdónanos nuestros pecados” (Lucas 11:4). Una parte esencial de la oración personal y que a veces olvidamos es el arrepentimiento. Para que el arrepentimiento surta efecto, debe ser específico, profundo y duradero. Seguir leyendo

Publicado en Sin categoría | Etiquetado , , , , | Deja un comentario

Escojan la vida eterna

Conferencia General Octubre 2011
Escojan la vida eterna
Por el élder Randall K. Bennett
De los Setenta

Su destino eterno no será el resultado de la casualidad sino de la elección. ¡Nunca es demasiado tarde para empezar a escoger la vida eterna!

Hace años, mientras estaba en la playa con mi familia, noté que había señales y banderas que nos advertían de una fuerte corriente que fluía desde la orilla hacía aguas profundas y turbulentas. Invisible para mis ojos inexpertos, pero fácil de detectar para los salvavidas o socorristas que estaban en una torre de vigilancia cercana, la poderosa corriente representaba un peligro para todos los que dejaran la seguridad de la orilla y entraran en el agua. Recuerdo que pensé: “Soy un nadador fuerte. Nadar será un excelente ejercicio y estaré seguro en el agua poco profunda”.

Haciendo caso omiso de las advertencias, y teniendo confianza en mi propio juicio, entré en el agua para disfrutar de un “refrescante” chapuzón. Después de algunos minutos, levanté la mirada para ubicar a mi familia en la playa cercana, ¡pero la playa ya no estaba cerca! La corriente engañosa de la que se me había advertido me había atrapado y estaba alejándome de mi familia rápidamente.

Confiadamente al principio y luego con desesperación, traté de nadar hacia la orilla, pero la inclemente corriente me arrastraba cada vez más lejos hacia aguas más profundas y turbulentas. Quedé exhausto y comencé a ahogarme con el agua que tragaba. Ahogarse se convirtió en una posibilidad real. Al final, cuando se me agotaron las energías, pedí ayuda desesperadamente.

Como si fuera un milagro, de inmediato un socorrista se apareció a mi lado. No sabía que él me había observado entrar en el agua. Él sabía que la corriente me atraparía y sabía adónde me llevaría. Evitando la corriente, nadó alrededor y un poco más allá de donde yo estaba luchando, entonces pacientemente esperó mi llamado de ayuda. Demasiado débil para nadar solo hasta la orilla, me sentí muy agradecido por su rescate. Sin su ayuda nunca habría regresado a mi familia.

Ese día tomé una decisión pobre que produjo consecuencias potencialmente graves para mí y para mi familia. Ahora, al analizar juntos el don de escoger, ruego que el Espíritu Santo nos ayude a cada uno de nosotros a evaluar las elecciones que hacemos.

Nuestro amado profeta, el presidente Thomas S. Monson, nos ha enseñado: “No puedo poner suficiente énfasis en que las decisiones determinan el destino. No se puede tomar decisiones eternas sin que haya consecuencias eternas”1.

Cada uno de ustedes, como se nos enseñó en esta conferencia, es un amado hijo o hija procreados como espíritu por padres celestiales. Tienen una naturaleza y un destino divinos2. Durante su vida premortal aprendieron a amar la verdad; tomaron decisiones eternas correctas; sabían que en esta vida terrenal habría aflicciones y adversidad, dolor y sufrimiento, pruebas y desafíos para ayudarlos a crecer y progresar; sabían también que podrían seguir tomando decisiones correctas, arrepentirse de las decisiones incorrectas y, mediante la expiación de Jesucristo, heredar la vida eterna.

¿Qué enseñó el profeta Lehi sobre el escoger? Él advirtió que somos “libres para escoger la libertad y la vida eterna, por medio del gran Mediador de todos los hombres, o escoger la cautividad y la muerte, según la cautividad y el poder del diablo”. Luego instruyó: “…quisiera que confiaseis en el gran Mediador y que escuchaseis sus grandes mandamientos; y sed fieles a sus palabras y escoged la vida eterna”3.

Hermanos y hermanas, en lo que escogemos pensar, sentir y hacer, ¿estamos escogiendo la vida eterna?

Nuestros nietos están aprendiendo que cuando toman una decisión, a la vez escogen sus consecuencias. Hace poco, una de nuestras nietas de 3 años se negó a comer la cena. Su madre le explicó: “Ya es casi la hora de dormir. Si escoges comer, elegirás helado de postre. Si escoges no comer la cena, elegirás irte a la cama ahora sin comer helado”. Nuestra nieta consideró sus dos opciones y luego respondió enérgicamente: “Quiero escoger esto: jugar y comer helado solamente y no ir a dormir”. Seguir leyendo

Publicado en Sin categoría | Etiquetado , , , | Deja un comentario