Constante e inmutable

Conferencia General Octubre 2010
Constante e inmutable
Por Silvia H. Allred
Primera Consejera de la Presidencia General de la Sociedad de Socorro

Si somos fieles y perseveramos hasta el fin, recibiremos todas las bendiciones de nuestro Padre Celestial, incluso la vida eterna y la exaltación.

Agradezco el ser parte de esta reunión de mujeres fieles en todo el mundo. He conocido a miles de de ustedes en países diferentes. Su fidelidad y devoción me han fortalecido; sus ejemplos de bondad y dedicación al Evangelio me han inspirado; sus callados actos de servicio desinteresado y sus palabras de testimonio y convicción me han hecho sentir humilde.

Les haré hoy las mismas preguntas que he hecho a muchas de ustedes en nuestras conversaciones:

1. ¿Qué les ayuda a ser constantes e inmutables al enfrentar los desafíos que prueban su fe?
2. ¿Qué las sostiene en sus pruebas y adversidades?
3. ¿Qué les ayuda a perseverar y a llegar a ser verdaderas discípulas de Cristo?
Algunas de las respuestas que me han dado son:

1. Su conocimiento de que nuestro Padre Celestial las ama y las cuida.
2. Su esperanza de que por medio del sacrificio expiatorio de Jesucristo, todas las bendiciones prometidas a los fieles se cumplirán.
3. Su conocimiento del plan de redención.
En mi mensaje hoy me explayaré en estas afirmaciones que han venido de su corazón.

Romanos 8:16 dice: “Porque el espíritu mismo da testimonio a nuestro espíritu de que somos hijos de Dios”. La primera vez que recuerdo haber sentido con toda certeza que el Padre Celestial me conocía, me amaba y cuidaba de mí fue cuando entré a las aguas del bautismo a la edad de quince años. Antes de eso, sabía que Dios existía y que Jesucristo era el Salvador del mundo. Creía en Ellos y los amaba, pero nunca había sentido el amor y el interés que Ellos tenían por mí, personalmente, hasta ese día en que me regocijé en mi oportunidad de hacer convenios bautismales.

Me di cuenta del gran milagro que había sido que los misioneros me encontraran y enseñaran, especialmente con sólo unos pocos misioneros, ¡entre dos millones de personas! Supe entonces que mi Padre Celestial me conocía y me amaba de una forma tan especial que Él había guiado a los misioneros a mi casa.

Ahora sé que Dios es un Dios de amor. Esto es cierto porque todos somos Sus hijos y Él desea que todos tengamos gozo y felicidad eterna. Su obra y Su gloria son que podamos tener la inmortalidad y la vida eterna1. Por eso es que Él proporcionó un plan de felicidad eterno. Nuestro propósito en la vida es obtener la vida eterna y la exaltación para nosotras mismas, y ayudar a los demás a hacer lo mismo. Él creó esta tierra para que obtuviésemos un cuerpo físico y para poner a prueba nuestra fe. Nos dio el don preciado del albedrío, por medio del cual podemos elegir el sendero que lleva a la felicidad sempiterna. El plan de redención de nuestro Padre Celestial es para ustedes y para mí. Es para todos Sus hijos.

“Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó.

“Y los bendijo Dios y les dijo: Fructificad y multiplicaos; y henchid la tierra”2.

“Y les dio mandamientos de que adorasen al Señor su Dios… Y Adán fue obediente a los mandamientos del Señor”3.

Adán y Eva tuvieron hijos y el plan continúo llevándose a cabo.

Sé que cada una de nosotras tiene un papel vital y esencial como hija de Dios. Él ha conferido a Sus hijas atributos divinos con el propósito de hacer avanzar Su obra. Dios ha confiado a las mujeres la tarea sagrada de tener y criar hijos; ninguna otra obra es más importante. Es un llamamiento santo. El oficio más noble de una mujer es la obra sagrada de edificar familias eternas, idealmente en compañía de su esposo.

Soy consciente de que algunas de nuestras hermanas aún no han recibido la bendición de casarse o de tener hijos. Les aseguro que, en su debido tiempo, recibirán todas las bendiciones prometidas a los fieles. Deben “seguir adelante con firmeza en Cristo, teniendo un fulgor perfecto de esperanza… y persever[ar] hasta el fin” para tener la vida eterna4. En la perspectiva eterna, las bendiciones que no se han recibido “no serán más que un breve momento”5.

Además, no es necesario estar casada para guardar los mandamientos y para cuidar de la familia, amigos y vecinos. Sus dones, talentos, destrezas y fortalezas espirituales son muy necesarios para edificar el reino. El Señor confía en su buena disposición para realizar estos deberes esenciales.

El Señor dice:

“Yo no me olvidaré de ti.

He aquí que en las palmas de mis manos te tengo grabada; delante de mí están siempre tus muros”6.

El Señor las ama. Él sabe de sus esperanzas y sus desilusiones. No las olvidará porque sus dolores y su sufrimiento están continuamente ante Él. Seguir leyendo

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“…hijas en mi reino”: La historia y la obra de la Sociedad de Socorro

Conferencia General Octubre 2010
“…hijas en mi reino”: La historia y la obra de la Sociedad de Socorro
Por Julie B. Beck
Presidenta General de la Sociedad de Socorro

El estudio de la historia de la Sociedad de Socorro da definición y expresión con respecto a quiénes somos como discípulas y seguidoras de nuestro Salvador Jesucristo.

Esta reunión es un don para todas las hijas del Padre Celestial que desean saber Su voluntad y deseo, y comprender las responsabilidades que tienen en Su plan. Este año he visitado a muchas de ustedes y se me ha conmovido el corazón al mirarlas a los ojos, abrazarlas, al reír y llorar con ustedes y oír de su angustia, gozo y triunfo. Cada una es de un valor indescriptible, y nuestro Padre Celestial la conoce. Como hijas de Dios, se están preparando para nombramientos eternos, y cada una tiene identidad, naturaleza y responsabilidad femeninas. El éxito de las familias, de las comunidades, de esta Iglesia y del hermoso plan de salvación depende de la fidelidad de ustedes. ¡Queridas hermanas, cuánto las queremos y oramos por ustedes!

Todas nos encontramos en medio de una experiencia terrenal. Dos hermanas que conocí recientemente representan la forma de vivir fielmente. Una hermana vive en el centro de Brasil. Su hermosa casa de ladrillos rojos, asentada en un terreno rojizo, rodeada por un muro de bloques rojos, es un amparo y refugio del mundo exterior. Sus listos hijos saben cantar las canciones de la Primaria, y de las paredes de su hogar cuelgan láminas del Salvador, de templos y profetas de Dios recortadas de la revista Liahona. Ella y su esposo se sacrificaron para sellarse en el templo para que sus hijos nacieran en el convenio. Me dijo que ora constantemente para que el Señor le dé la fortaleza y la inspiración suficientes para criar a sus hijos en la luz, la verdad y la fortaleza del Evangelio.

Otra hermana vive sola en un pequeño apartamento el piso 80 de un edificio de Hong Kong; tiene algunas dificultades físicas pero es alegremente independiente. Es la única miembro de la Iglesia de su familia. En un pequeño estante tiene sus Escrituras, sus manuales de la Sociedad de Socorro y otros libros de la Iglesia. En su hogar ha creado un refugio lleno del Espíritu, y ella es una luz para todos los de la rama.

Advertencias

Sabemos que muchas hermanas viven en circunstancias opresivas y peligrosas. Algunas siempre tienen hambre y otras se arman de valor todos los días para seguir con fe a pesar de las desilusiones y los engaños de los demás. A causa de que vivimos en los últimos días de esta tierra, por dondequiera hay señales de una gran lucha. Abundan mitos e ideas erróneas en cuanto a la fortaleza, el propósito y la postura de la mujer Santo de los Últimos Días. Los mitos actuales insinúan que somos menos importantes que los hombres, que por lo general somos agradables pero ignorantes, y que sin importar lo que hagamos, nunca seremos lo suficiente para ser aceptadas por nuestro Padre Celestial. Como dijo el apóstol Pedro: “habrá entre vosotros falsos maestros que introducirán encubiertamente herejías destructivas, y hasta negarán al Señor que los rescató”1.

El Libro de Mormón describe lo que está ocurriendo:

“…porque he aquí, en aquel día [Satanás] enfurecerá los corazones de los hijos de los hombres, y los agitará a la ira contra lo que es bueno.

“Y a otros los pacificará y los adormecerá con seguridad carnal, de modo que dirán: Todo va bien en Sión; sí, Sión prospera, todo va bien. Y así el diablo engaña sus almas, y los conduce astutamente al infierno.

“Y he aquí, a otros los lisonjea y les cuenta que no hay infierno; y les dice: Yo no soy el diablo, porque no lo hay; y así les susurra al oído, hasta que los prende con sus terribles cadenas”2.

En un ambiente de cada vez más privilegios, excusas, apatía y tentaciones, las hijas de Dios que no sean cuidadosas, devotas e inspiradas están en riesgo cada vez mayor de volverse como describen las Escrituras en “mujercillas”3 que adoran “dioses ajenos”4. Lamentablemente, como resultado de las dificultades de la vida y de las herejías populares del mundo, muchas hermanas creen más los mitos que la verdad. Su falta de conformidad con el plan de Dios es evidente en las conclusiones de que muchas no están haciendo las cosas básicas como orar y leer las Escrituras. El Señor mismo ha dicho que “éste es un día de amonestación y no de muchas palabras”5.

Se organizó la Sociedad de Socorro para que fuera una defensa y un refugio

A fin de cuidar, enseñar e inspirar a Sus hijas en estos tiempos peligrosos, Dios autorizó al profeta José Smith que organizara a las mujeres de la Iglesia. A esta organización divinamente señalada y dirigida por el sacerdocio se le llama Sociedad de Socorro.

El propósito de la Sociedad de Socorro es preparar a las hijas de Dios para las bendiciones de la vida eterna a medida que aumentan en fe y rectitud personales, fortalecen familias y hogares y buscan y ayudan a los necesitados.

La Sociedad de Socorro aclara nuestra obra y nos unifica como hijas de Dios en defensa de Su plan. En esta época de confusión de identidad, desconcierto y distracción, la Sociedad de Socorro debería ser una brújula y guía para enseñar la verdad a las mujeres fieles. Las mujeres rectas de hoy procuran una efusión de revelación para resistir distracciones, luchar contra la maldad y la destrucción espiritual y elevarse por encima de los desastres personales al aumentar su fe, fortalecer a su familia y brindar ayuda a los demás. Seguir leyendo

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Hasta que nos volvamos a ver

Conferencia General Octubre 2010
Hasta que nos volvamos a ver
Thomas S. Monson
Por el presidente Thomas S. Monson

Debemos perseverar hasta el fin, pues nuestra meta es la vida eterna en la presencia de nuestro Padre Celestial.

Mis hermanos y hermanas, mi corazón está colmado de emoción al concluir esta maravillosa conferencia general de la Iglesia. Hemos sido nutridos espiritualmente al escuchar el consejo y los testimonios de aquellos que han participado en cada una de las sesiones. Tengo la seguridad de que hablo en nombre de los miembros de todas partes al expresar mi profundo agradecimiento por las verdades que se nos han enseñado. Podríamos hacernos eco de las palabras que se encuentran en el Libro de Mormón sobre aquellas personas que escucharon el sermón del gran rey Benjamín: “…clamaron a una voz, diciendo: Sí, creemos todas las palabras que nos has hablado; y además, sabemos de su certeza y verdad por el Espíritu del Señor Omnipotente”1.

Espero que dediquemos tiempo para leer los discursos de la conferencia que se imprimirán en el ejemplar del mes de noviembre de las revistas Ensign y Liahona, pues merecen nuestro meticuloso estudio.

Qué bendición es haber podido reunirnos aquí, en este magnífico Centro de Conferencias, en paz, cómodos y a salvo. Hemos tenido una cobertura sin precedentes de la conferencia, llegando a través de los continentes y los océanos a la gente de todas partes. Aunque estamos muy lejos de muchos de ustedes, sentimos su espíritu y les hacemos extensivos nuestro amor y aprecio.

A las Autoridades que han sido relevadas en esta conferencia, expreso un sincero agradecimiento, en nombre de todos nosotros, por sus muchos años de servicio devoto. Son innumerables los que han sido bendecidos por sus contribuciones a la obra del Señor.

El coro del Tabernáculo y los demás coros que participaron en las sesiones han proporcionado música verdaderamente celestial que ha acrecentado y embellecido todo lo demás que ha sucedido aquí. Les doy gracias por compartir con nosotros sus talentos y habilidades musicales.

Amo y aprecio a mis fieles consejeros, el presidente Henry B. Eyring y el presidente Dieter F. Uchtdorf. Verdaderamente, son hombres de sabiduría y entendimiento, y su servicio es invalorable. Yo no podría hacer todo lo que se me ha llamado a hacer sin el apoyo y la ayuda de ellos. Amo y admiro a mis hermanos del Quórum de los Doce Apóstoles y a todos los que están en los Quórumes de los Setenta y en el Obispado Presidente; ellos prestan servicio desinteresada y eficazmente. De manera similar, expreso mi agradecimiento a las mujeres y a los hombres que prestan servicio como oficiales de las organizaciones auxiliares.

Qué bendecidos somos por tener el evangelio restaurado de Jesucristo. Proporciona respuestas a las preguntas en cuanto a de dónde vinimos, por qué estamos aquí y adónde iremos cuando dejemos esta vida. Proporciona significado y propósito y esperanza a nuestra vida.

Vivimos en un mundo atribulado, un mundo de muchos desafíos. Estamos aquí en la tierra para enfrentar nuestros desafíos personales lo mejor que podamos, para aprender de ellos y para superarlos. Debemos perseverar hasta el fin, pues nuestra meta es la vida eterna en la presencia de nuestro Padre Celestial. Él nos ama y no quiere otra cosa para nosotros sino que logremos esa meta. Él nos ayudará y nos bendecirá a medida que lo busquemos en oración, estudiemos Sus palabras y obedezcamos Sus mandamientos. Es allí donde se encuentra la seguridad; es allí donde se encuentra la paz.

Que Dios los bendiga, mis hermanos y hermanas. Les agradezco sus oraciones por mí y por todas las Autoridades Generales. Estamos profundamente agradecidos por ustedes y por todo lo que hacen para extender la obra del reino de Dios sobre la tierra.

Que las bendiciones del cielo los acompañen; que sus hogares estén colmados de amor, gentileza y del espíritu del Señor; que fortalezcan sus testimonios del Evangelio de forma constante para que sean una protección en contra de los bofetones de Satanás.

La conferencia ha terminado y, al regresar a nuestros hogares, ruego que lo hagamos a salvo; que el espíritu que hemos sentido aquí esté y permanezca con nosotros al hacer las cosas que nos ocupan a diario; que mostremos más gentileza los unos a los otros; que siempre se nos encuentre haciendo la obra del Señor.

Los amo; oro por ustedes; me despido de ustedes hasta que nos volvamos a ver en seis meses. En el nombre de nuestro Señor y Salvador, a saber, Jesucristo. Amén.

Nota

1. Mosíah 5:2.

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¿Qué has hecho con mi nombre?

Conferencia General Octubre 2010
¿Qué has hecho con mi nombre?
Por el élder Mervyn B. Arnold
De los Setenta

Algún día cada uno de nosotros tendrá que dar cuentas ante nuestro Salvador Jesucristo por lo que hayamos hecho con Su nombre.

Cuando el presidente George Albert Smith era joven, su abuelo, George A. Smith, que había fallecido, se le apareció en un sueño y le preguntó: “Me gustaría saber qué has hecho con mi nombre”. El presidente Smith respondió: “No he hecho con tu nombre nada de lo que debas avergonzarte”1.

Cada semana, al participar de la Santa Cena, hacemos el convenio y la promesa de que estamos dispuestos a tomar sobre nosotros el nombre de Cristo, a recordarle siempre y a guardar Sus mandamientos. Si estamos dispuestos a hacerlo, se nos promete la más maravillosa de las bendiciones: que Su Espíritu estará siempre con nosotros2.

Así como el presidente George Albert Smith tuvo que rendir cuentas ante su abuelo por lo que había hecho con su nombre, algún día cada uno de nosotros tendrá que dar cuentas ante nuestro Salvador, Jesucristo, por lo que hayamos hecho con Su nombre.

En Proverbios leemos acerca de la importancia de tener un buen nombre: “De más estima es el buen nombre que las muchas riquezas, y la buena fama más que la plata y el oro”3 y “la memoria del justo será bendecida”4.

Mientras meditaba en estos pasajes de las Escrituras y en la importancia de tener un buen nombre, mi mente se inundó de recuerdos sobre el buen nombre y el legado que mis padres nos dejaron a mis cuatro hermanos, a mis dos hermanas y a mí. Mis padres no poseían las riquezas del mundo, ni oro ni plata. Los nueve vivíamos en una casa de dos habitaciones y un cuarto de baño, con un porche trasero adosado en el que dormían mis hermanas. Cuando mis padres fallecieron, mis hermanas, mis hermanos y yo nos reunimos para dividir sus posesiones materiales, que eran muy pocas. Mi madre dejó unos pocos vestidos, algunos muebles usados y unos pocos artículos personales más. Mi padre dejó poco más que algunas herramientas de carpintero y unos viejos rifles de caza. Las únicas cosas con algo de valor económico eran una casa modesta y una pequeña cuenta de ahorros.

Lloramos juntos abiertamente, dando gracias y sabiendo que nos habían legado algo mucho más preciado que oro o plata: nos habían dado su amor y su tiempo. A menudo habían compartido sus testimonios de la veracidad del Evangelio, los cuales ahora podemos leer en sus preciados diarios personales. No tanto de palabra, sino por sus ejemplos, nos enseñaron a trabajar arduamente, a ser honrados y pagar un diezmo íntegro. También engendraron un deseo de ampliar nuestra formación académica, servir en una misión y, lo que es más importante, de buscar un compañero eterno, casarnos en el templo y perseverar hasta el fin. Ciertamente nos legaron un buen nombre, por lo cual siempre les estaremos agradecidos. Seguir leyendo

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Evitemos la trampa del pecado

Conferencia General Octubre 2010
Evitemos la trampa del pecado
Por el élder Jairo Mazzagardi
De los Setenta

Permanezcan firmes y tomen buenas decisiones que les permitan comer del fruto del árbol de la vida.

Una hermosa mañana de sol, invité a mi nieta de casi ocho años a caminar conmigo cerca de un lago que en realidad es una represa de agua para nuestra hermosa ciudad.

Caminamos contentos, escuchando el sonido suave del arroyuelo cristalino que corría junto al camino. El sendero estaba bordeado de hermosos árboles verdes y flores de dulce aroma, y podíamos oír los pájaros cantar.

Le pregunté a mi alegre e inocente nieta de ojos azules cómo se estaba preparando para su bautismo.

Ella respondió con una pregunta: “Abuelo, ¿qué es el pecado?”.

Oré en silencio por inspiración y traté de responder de la manera más simple que pude: “El pecado es la desobediencia intencional de los mandamientos de Dios; eso pone triste al Padre Celestial y trae como resultado sufrimiento y tristeza”.

Evidentemente preocupada, me preguntó: “¿Y cómo nos atrapa?”.

Al principio la pregunta indica pureza, pero también revela preocupación por cómo evitar el pecado.

Para que ella entendiese mejor, usé los elementos naturales a nuestro alrededor como ilustración. Siguiendo nuestro camino, encontramos, junto a un alambrado de púas, un poste de piedra bastante grande; era una estructura pesada y crecían flores, arbustos y pequeños árboles a su alrededor. Con el tiempo, esas plantas llegarían a ser más grandes que el poste mismo.

Recuerdo que más adelante por el sendero, encontramos otro poste que ya había sido cubierto, poco a poco, casi sin notarse, por la vegetación que crecía a su alrededor. Supongo que un poste no percibiría, a pesar de su fuerza, que podía ser envuelto y destruido por plantas frágiles. Seguramente el poste habrá pensado: “No hay problema; soy fuerte y grande, y esta pequeña planta no me hará daño”.

Así que, mientras el árbol cercano crece, al principio el poste no lo nota; después, empieza a disfrutar la sombra del árbol. Sin embargo, el árbol sigue creciendo y rodea al poste con dos ramas que, al principio, parecen frágiles, pero con el tiempo entrelazan y envuelven al poste.

Aún así, el poste no se da cuenta de lo que está pasando.

Muy pronto encontramos en nuestra caminata el poste de la moraleja; había sido desgarrado de la tierra. Mi nietita parecía impresionada y me preguntó: “Abuelo, ¿es éste el árbol del pecado?”.

Entonces le expliqué que sólo era un símbolo, o un ejemplo de cómo el pecado nos atrapa.

No sé qué efecto tendrá nuestra conversación en ella, pero a mí me hizo pensar en las muchas caras que tiene el pecado y cómo entra sigilosamente en nuestra vida si lo dejamos. Seguir leyendo

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Descanso para vuestra alma

Conferencia General Octubre 2010

Descanso para vuestra alma

Por el élder Per G. Malm
De los Setenta

El descanso para nuestra alma incluye la paz en la mente y el corazón, lo cual es el resultado de aprender y seguir la doctrina de Cristo.



En el centro de Gotemburgo, Suecia, hay un ancho bulevar bordeado por ambos lados de árboles hermosos. Un día vi un hueco en el tronco de uno de esos grandes árboles; entonces por curiosidad miré adentro y vi que el árbol estaba completamente hueco. Sí, hueco; pero, ¡no vacío! Estaba lleno de toda clase de basura.

Me sorprendió que el árbol siguiera en pie. Alcé la vista y vi una ancha banda de acero que rodeaba la parte superior del tronco; había varios alambres de acero atados a la banda, que a su vez estaban sujetos a edificios cercanos. A la distancia se parecía a los demás árboles; sólo al mirar su interior se detectaba que estaba hueco en lugar de tener un tronco sólido y fuerte. Muchos años atrás algo había iniciado el proceso de debilitar el tronco un poco acá y otro poco allá. No sucedió de la noche a la mañana. Sin embargo, así como el árbol joven crece poco a poco hasta convertirse en un árbol fuerte, nosotros también podemos crecer paso a paso en nuestra capacidad para que en el interior seamos fuertes y sólidos, en contraste al árbol hueco.

Es a través de la sanadora expiación de Jesucristo que podemos tener la fortaleza para estar firmes y fuertes y que nuestra alma se llene de luz, comprensión, gozo y amor. Su invitación se extiende “a todos… a que vengan a él y participen de su bondad; y a nadie de los que a él vienen desecha”(véase 2 Nefi 26:33). Él promete:

“Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar.

“Llevad mi yugo sobre vosotros y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y hallaréis descanso para vuestras almas” (Mateo 11:28–29).

Sobre ese descanso, el presidente Joseph F. Smith dijo: “A mi entender, significa entrar en el conocimiento y en el amor de Dios, tener fe en Su propósito y en Su plan hasta el punto de saber que estamos en lo correcto y que no andamos buscando otra cosa, que no nos perturba ningún viento de doctrina ni la astucia ni las artimañas de los hombres que acechan para engañar. Sabemos de la doctrina que es de Dios y no hacemos preguntas a nadie con respecto a ella; otras personas pueden seguir sus opiniones, sus ideas y sus inconsistencias. El hombre que ha alcanzado la fe en Dios hasta el punto de que toda duda y todo temor se han apartado de él ha entrado en el ‘descanso de Dios’” (véase Enseñanzas de los Presidentes de la Iglesia: Joseph F. Smith, 1998, pág. 56). Seguir leyendo

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Criar a los hijos con valentía

Conferencia General Octubre 2010
Criar a los hijos con valentía
Por el élder Larry R. Lawrence
De los Setenta

Lo que el mundo realmente necesita son padres y madres valientes que no teman defender lo correcto y adoptar una postura.

Me gustaría hablar hoy a los padres de adolescentes. Sus jóvenes brillantes y llenos de energía son el futuro de la Iglesia, y por esa razón constituyen uno de los principales objetivos del adversario. Muchos de ustedes, padres y madres fieles, están escuchando hoy la conferencia y buscan en oración respuestas que los ayuden a guiar a sus hijos a través de esos años importantes. Mis nietos mayores han entrado en la adolescencia recientemente, así que, este tema está muy cerca de mi corazón. No existen los padres perfectos ni las respuestas fáciles, pero hay principios de verdad en los cuales podemos confiar.

El lema de la Mutual para los Hombres y las Mujeres Jóvenes en el año 2010 se tomó del libro de Josué. Comienza así: “…te mando que te esfuerces y seas valiente; no temas…” (Josué 1:9). Esta frase de las Escrituras es un gran lema para los padres también. En estos últimos días, lo que el mundo realmente necesita son padres y madres valientes que no teman defender lo correcto y adoptar una postura.

Imaginen por un momento que su hija está sentada sobre las vías del ferrocarril y ustedes escuchan el silbato del tren. ¿Le advertirían que saliera de las vías? ¿O dudarían, preocupados de que ella pensara que están siendo sobreprotectores? Si ella hiciera caso omiso a su advertencia, ¿la levantarían y llevarían rápidamente a un lugar seguro? ¡Claro que sí! El amor que tienen por su hija prevalecería sobre toda otra consideración. Valorarían la vida de ella más que lo que ella pensara de ustedes en ese momento.

Los desafíos y las tentaciones arremeten contra nuestros adolescentes con la velocidad y la potencia de un tren de carga. Como se nos recuerda en la proclamación sobre la familia, los padres tienen la responsabilidad de proteger a sus hijos1, y eso significa tanto espiritual como físicamente.

En el Libro de Mormón leemos cómo Alma, hijo, aconsejó a su hijo descarriado. Coriantón había cometido serios errores mientras servía en una misión entre los zoramitas; pero Alma lo amaba lo suficiente para hablarle de forma muy directa acerca del problema. Él expresó su profunda desilusión porque su hijo se había comportado de manera inmoral y le explicó las serias consecuencias del pecado.

Me siento inspirado cada vez que leo estas valientes palabras de Alma: “Y ahora el Espíritu del Señor me dice: Manda a tus hijos que hagan lo bueno… Por tanto, hijo mío, te mando, en el temor de Dios, que te abstengas de tus iniquidades” (Alma 39:12). La temprana intervención de su padre fue un momento decisivo para Coriantón; se arrepintió y sirvió fielmente de allí en adelante (véase Alma 42:31; 43:1–2).

Comparemos el ejemplo de Alma con el de otro padre que se encuentra en las Escrituras: Elí, del Antiguo Testamento. Elí prestaba servicio como sumo sacerdote de Israel durante la infancia del profeta Samuel. En las Escrituras leemos cómo el Señor lo reprendió severamente, “…porque sus hijos se [habían] envilecido, y él no los [había] reprendido” (1 Samuel 3:13). Los hijos de Elí nunca se arrepintieron y todo Israel sufrió a causa de la insensatez de ellos. La historia de Elí nos enseña que los padres que aman a sus hijos no pueden darse el lujo de dejarse intimidar por ellos.

Hace algunos años, en una conferencia general, el élder Joe J. Christensen nos recordó que “la paternidad no es un concurso de popularidad”2. Refiriéndose a lo mismo, el élder Robert D. Hales observó: “Hay veces que pareciera que temiéramos a nuestros hijos y nos abstenemos de darles consejos por temor de ofenderlos”3.

Hace unos años, nuestro hijo de diecisiete años quiso ir en un viaje de fin de semana con sus amigos, que eran todos buenos muchachos, y nos pidió permiso. Yo quería decirle que sí, pero por alguna razón me sentía intranquilo acerca de ese viaje. Compartí mis sentimientos con mi esposa, y ella me apoyó. “Debemos escuchar esa voz de advertencia”, me dijo.

Por supuesto, nuestro hijo estaba desilusionado y preguntó por qué no queríamos que fuera. Le contesté sinceramente que no lo sabía. “No me siento bien al respecto”, le expliqué, “y te amo demasiado como para hacer caso omiso a ese sentimiento”. Me sorprendí bastante cuando él respondió: “Está bien, papá, lo entiendo”. Seguir leyendo

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Recibe el Espíritu Santo

Conferencia General Octubre 2010
Recibe el Espíritu Santo
por el élder David A. Bednar
Del Quórum de los Doce Apóstoles

Estas cuatro palabras: “Recibe el Espíritu Santo”, no son una declaración pasiva; más bien, constituyen un mandato del sacerdocio, una amonestación autorizada para actuar y no para que simplemente se actúe sobre nosotros.

Mi mensaje se centra en la importancia de esforzarnos a diario por recibir en verdad el Espíritu Santo. Ruego tener el Espíritu del Señor y lo invito para que instruya y edifique a cada uno de nosotros.

El don del Espíritu Santo

En diciembre de 1839, mientras estaban en la ciudad de Washington, D.C. para solicitar indemnización por los daños causados a los santos de Misuri, José Smith y Elias Higbee escribieron lo siguiente a Hyrum Smith: “En nuestra entrevista con el Presidente [de los Estados Unidos], nos preguntó en qué se diferenciaba nuestra religión de las otras religiones en esos días. El hermano José dijo que diferíamos en la forma de bautizar y en el don del Espíritu Santo por la imposición de manos. Consideramos que todos los demás aspectos están comprendidos en el don del Espíritu Santo” (Enseñanzas de los Presidentes de la Iglesia: José Smith, pág. 102).

El Espíritu Santo es el tercer miembro de la Trinidad; Él es un personaje de espíritu y da testimonio de toda verdad. En las Escrituras se hace referencia al Espíritu Santo como el Consolador (véase Juan 14:16–27; Moroni 8:26), un Maestro (véase Juan 14:26; D. y C. 50:14), y un revelador (véase 2 Nefi 32:5). Las revelaciones del Padre y del Hijo se transmiten mediante el Espíritu Santo; Él es el mensajero del Padre y del Hijo y testifica de Ellos.

El Espíritu Santo se manifiesta a los hombres y las mujeres de la tierra como el poder así como el don del Espíritu Santo. El poder puede llegar a una persona antes del bautismo; es el poder convincente de que Jesucristo es nuestro Salvador y Redentor. Mediante el poder del Espíritu Santo, los investigadores sinceros pueden obtener una convicción de la veracidad del evangelio del Salvador, del Libro de Mormón, de la realidad de la Restauración y del llamamiento profético de José Smith.

El don del Espíritu Santo se confiere únicamente tras el debido y autorizado bautismo y por la imposición de manos de parte de aquellos que poseen el Sacerdocio de Melquisedec. El Señor declaró:

“sí, arrepentíos y bautícese cada uno de vosotros para la remisión de sus pecados; sí, bautizaos en el agua, y entonces vendrá el bautismo de fuego y del Espíritu Santo…

“Y por la imposición de manos confirmaréis en mi iglesia a quienes tengan fe, y yo les conferiré el don del Espíritu Santo” (D. y C. 33:11, 15).

El apóstol Pablo aclaró esta práctica a los efesios cuando preguntó:

“¿Habéis recibido el Espíritu Santo después que creísteis? Y ellos le dijeron: Ni siquiera hemos oído si hay Espíritu Santo.

“Entonces dijo: ¿En qué, pues, fuisteis bautizados? Y ellos dijeron: En el bautismo de Juan.

“Y dijo Pablo: Juan bautizó con bautismo de arrepentimiento, diciendo al pueblo que creyesen en el que había de venir después de él, a saber, en Jesús el Cristo.

“Cuando oyeron esto, fueron bautizados en el nombre del Señor Jesús.

“Y habiéndoles impuesto Pablo las manos, vino sobre ellos el Espíritu Santo” (Hechos 19:2–6).

El bautismo por inmersión es “la ordenanza preliminar del Evangelio a la que debe seguir el bautismo del Espíritu a fin de que sea completa” (Bible Dictionary, “Baptism”). El profeta José Smith explicó que el “bautismo es una ordenanza santa preparatoria para recibir el Espíritu Santo; es el conducto y la llave por medio de los cuales se puede administrar el Espíritu Santo. El don del Espíritu Santo por la imposición de manos no se puede recibir por medio de ningún otro principio que no sea el principio de la rectitud” (Enseñanzas de los Presidentes de la Iglesia: José Smith, pág. 101). Seguir leyendo

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El Sacerdocio de Aarón

Conferencia General Octubre 2010
El Sacerdocio de Aarón
Por el élder L. Tom Perry
Del Quórum de los Doce Apóstoles

El sacerdocio que poseen es un don especial, ya que el que lo da es el Señor mismo. Utilícenlo, magnifíquenlo y vivan dignos de él.

Al hablar en la conferencia general hace 25 años, presenté una ayuda visual que se puso de pie junto a mí: era el mayor de mis nietos. Acababa de recibir el Sacerdocio Aarónico y había sido ordenado diácono. Aproveché la oportunidad en esa ocasión para dirigirme a él al hablar de la importancia de recibir el Sacerdocio Aarónico.

Le dije a mi nieto:

“No me siento muy contento con las condiciones del mundo que tú y otros jovencitos heredan al entrar en la adolescencia. Pese a que los que somos mayores hemos tenido la edad y posición para ejercer cierta influencia en el mundo, creo que te hemos fallado al permitir que el mundo llegase a ser lo que es. Esto te coloca en una posición en la que muchos de aquellos con quienes te relacionarás no han sido criados con entendimiento ni respeto hacia los valores tradicionales. Por ello, la presión de grupo se vuelve más difícil e intensa.

“Hemos permitido que entren en nuestros hogares las radios, los tocadiscos y los televisores. Aunque cada uno de ellos puede traer entretenimiento sano, mucho de lo que se produce para que disfrutemos al escuchar y ver no tiene el calibre para inspirar y alentar a los jóvenes. De hecho, la mayor parte de lo que se produce es degradante, y el sólo oprimir un botón en tu propio hogar puede llegar a destruir dentro de ti la habilidad de diferenciar lo bueno de lo malo” (véase “Os confiero el Sacerdocio de Aarón”, Liahona, enero de 1986, pág. 37).

Cuanto más cambian las cosas, más permanecen iguales… excepto la tecnología. Quisiera preguntarles a los jóvenes del Sacerdocio Aarónico si acaso saben lo que es un tocadiscos. Para los que no lo sepan, es algo que solíamos tener en la sala de estar y que usábamos para escuchar música. ¡Qué les parece!, teníamos que ir al artefacto en vez de llevarlo encima a todas partes.

También le enseñé a mi nieto Terry cuatro lecciones basadas en la historia de Daniel en el Antiguo Testamento. Le dije: (1) que mantuviese su cuerpo sano y limpio; (2) que cultivara su mente y fuera sabio; (3) que fuese fuerte y resistiera la tentación en un mundo lleno de tentaciones; y (4) que confiara en el Señor, especialmente cuando necesitara Su protección.

Te resultarán tan interesantes al leerlas como diácono, maestro, presbítero, misionero, maestro orientador, presidente del quórum de élderes o en cualquier llamamiento que el Señor tenga para ti. Te enseñarán a tener fe, valor, amor por tu prójimo y confianza en el Señor” (véase Liahona, enero de 1986, pág. 37).

Felizmente puedo informarles que Terry ha sido fiel al desafío que le di hace 25 años. Más tarde recibió el Sacerdocio de Melquisedec, sirvió en una misión fielmente, actualmente es presidente del quórum de élderes y, naturalmente, es padre de una hermosa hija.

Mucho ha cambiado en el último cuarto de siglo. Algo más que ha sucedido es que muchos de mis nietos han crecido y han tenido sus propios hijos. Este verano tuve la oportunidad de estar en un círculo de poseedores del sacerdocio con las manos sobre la cabeza del mayor de mis bisnietos mientras su padre le confería el Sacerdocio Aarónico. Aunque mi bisnieto no está presente hoy para pararse junto a mí, me gustaría dirigir mis palabras a él y a todos ustedes, maravillosos jóvenes que poseen el Sacerdocio Aarónico.

Es una bendición muy especial recibir el Sacerdocio Aarónico. La historia registra el día glorioso en que se restauró el sacerdocio a la tierra, dándole al hombre otra vez el derecho de actuar como agente de Dios al efectuar las ordenanzas sagradas del sacerdocio. Fue el 5 de abril de 1829 que Oliver Cowdery llegó a la casa de José Smith en Harmony, Pennsylvania. Oliver le preguntó al Profeta sobre su trabajo de traducción de un registro antiguo, el Libro de Mormón. Convencido de la naturaleza divina de la obra, aceptó actuar como escribiente para completar la traducción. La obra de la traducción progresó rápido una vez que Oliver se comprometió a ser el escribiente. Seguir leyendo

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El divino don de la gratitud

Conferencia General Octubre 2010

El divino don de la gratitud

Por el presidente Thomas S. Monson

Un corazón agradecido… se logra al expresar gratitud a nuestro Padre Celestial por Sus bendiciones y a aquellos que nos rodean por todo lo que aportan a nuestra vida.

Ésta ha sido una sesión maravillosa. Cuando se me llamó a ser Presidente de la Iglesia, dije: “Tomaré un asignación personal: seré el asesor del Coro del Tabernáculo”. ¡Me siento muy orgulloso de mi coro!

Mi madre dijo una vez en cuanto a mí: “Tommy, estoy muy orgullosa de todo lo que has hecho, pero tengo algo que decirte: Debiste haber seguido con el piano”.

Así que fui al piano y le toqué una melodía: “Ya nos vamos, [ya nos vamos] a la fiesta de cumpleaños”1. Después le di un beso en la frente y ella me abrazó.

Pienso en ella, pienso en mi padre, pienso en todas esas Autoridades Generales que han influido en mí, y otras personas, entre ellas a las viudas a las que visitaba —un total de 85— llevándoles un pollo para que lo pusieran al horno, a veces un poco de dinero para su bolsillo.

Visité a una de ellas a altas horas de la noche; era medianoche, y me dirigí a la casa de ancianos, y la recepcionista dijo: “Estoy segura de que está dormida, pero me dijo que me asegurara de despertarla, ya que, como dijo: ‘Sé que él vendrá’”.

La tomé de la mano y ella me llamó por mi nombre; estaba despierta y se llevó mi mano a sus labios y dijo: “Sabía que vendría”. ¿Cómo no podría haber ido?

La bella música me conmueve de esa manera.

Mis amados hermanos y hermanas, hemos oído inspirados mensajes de verdad, esperanza y amor. Nuestros pensamientos se han vuelto a Él, quien expió nuestros pecados, quien nos mostró la manera de vivir y de orar, y quien demostró por medio de Sus propias obras las bendiciones del servicio; sí, nuestro Señor y Salvador Jesucristo.

En el libro de Lucas, capítulo 17, leemos sobre Él:

“Y aconteció que yendo Jesús a Jerusalén, pasaba entre Samaria y Galilea.

“Y al entrar en una aldea, salieron a su encuentro diez hombres leprosos, los cuales se pararon de lejos

“y alzaron la voz, diciendo: ¡Jesús, Maestro, ten misericordia de nosotros!

“Y cuando él los vio, les dijo: Id, mostraos a los sacerdotes. Y aconteció que, mientras iban, fueron limpiados.

“Entonces uno de ellos, cuando vio que había sido sanado, volvió glorificando a Dios a gran voz,

“y se postró sobre su rostro a los pies de Jesús, dándole gracias; y éste era samaritano.

“Y respondiendo Jesús, dijo: ¿No son diez los que fueron limpiados? Y los nueve, ¿dónde están?

“¿No hubo quien volviese y diese gloria a Dios, sino este extranjero?

“Y le dijo: Levántate, vete; tu fe te ha sanado”2.

Mediante la intervención divina, a quienes eran leprosos se los libró de una muerte larga y cruel, y se les dio una nueva esperanza. La gratitud que expresó uno de ellos mereció la bendición del Maestro, mientras que la ingratitud que demostraron los nueve causó Su desilusión.

Mis hermanos y hermanas, ¿nos acordamos de dar las gracias por las bendiciones que recibimos? El dar sinceras gracias no sólo nos ayuda a reconocer nuestras bendiciones, sino que también abre las ventanas de los cielos y nos ayuda a sentir el amor de Dios.

Mi amado amigo el presidente Gordon B. Hinckley dijo: “Cuando caminas con gratitud, no andas con arrogancia, presunción ni egoísmo; caminas con un espíritu de agradecimiento que te favorece y te bendecirá”3.

En el libro de Mateo, en la Biblia, tenemos otro relato de gratitud, esta vez como una expresión del Salvador. Al andar por el desierto durante tres días, más de cuatro mil personas lo siguieron y viajaron con Él. Él sintió compasión por ellos ya que tal vez no habían comido durante los tres días enteros. Sin embargo, Sus discípulos preguntaron: “¿Dónde podríamos conseguir nosotros tantos panes en el desierto para saciar a una multitud tan grande?”. Al igual que muchos de nosotros, los discípulos sólo se fijaron en lo que faltaba.

“Entonces Jesús les dijo: ¿Cuántos panes tenéis? Y [los discípulos] dijeron: Siete, y unos pocos pececillos.

“Y mandó a la gente que se recostase en tierra.

“Y tomando los siete panes y los peces, dio gracias, los partió y dio a sus discípulos, y los discípulos a la gente”.

Fíjense que el Salvador dio gracias por lo que tenían, y a ello le siguió un milagro. “Y comieron todos y se saciaron; y de lo que sobró de los pedazos recogieron siete cestas llenas”4.

Todos hemos pasado por ocasiones en las que nos concentramos en lo que no tenemos, en vez de en nuestras bendiciones. El filósofo griego Epicteto dijo lo siguiente: “Sabio es el hombre que no se entristece por las cosas que no tiene, sino que se regocija por las que tiene”5.

La gratitud es un principio divino. El Señor enseñó por medio de una revelación dada al profeta José Smith:

“Darás las gracias al Señor tu Dios en todas las cosas… Seguir leyendo

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Dos líneas de comunicación

Conferencia General Octubre 2010

Dos líneas de comunicación

Por el élder Dallin H. Oaks
Del Quórum de los Doce Apóstoles

Debemos utilizar tanto la línea personal como la línea del sacerdocio, en un equilibrio adecuado, para lograr el crecimiento que es el objetivo de la vida mortal.


Nuestro Padre Celestial ha dado a Sus hijos dos líneas de comunicación con Él, lo que podríamos llamar la línea personal y la línea del sacerdocio. Todos deben entender esas dos líneas esenciales de comunicación y guiarse por ellas.

I. La línea personal

En la línea personal, oramos directamente a nuestro Padre Celestial y Él nos contesta mediante los canales que ha establecido, sin ningún intermediario mortal. Oramos a nuestro Padre Celestial, en el nombre de Jesucristo, y Él nos contesta mediante Su Santo Espíritu, y de otras maneras. La misión del Espíritu Santo es testificar del Padre y del Hijo (véase Juan 15:16; 2 Nefi 31:18; 3 Nefi 28:11)), guiarnos a la verdad (véase Juan 14:26; 16:13), y mostrarnos todas las cosas que debemos hacer (véase 2 Nefi 32:5). Esta línea personal de comunicación con nuestro Padre Celestial mediante Su Santo Espíritu es la fuente de nuestro testimonio de la verdad, de nuestro conocimiento y de nuestra guía personal de un amoroso Padre Celestial. Es una característica fundamental de Su maravilloso plan del Evangelio, que permite que cada uno de Sus hijos reciba un testimonio personal de su verdad.

El canal personal y directo de comunicación con nuestro Padre Celestial mediante el Espíritu Santo se basa en la dignidad y es tan esencial que se nos manda renovar nuestros convenios al participar de la Santa Cena cada día de reposo. De esa manera somos merecedores de la promesa de que siempre tendremos Su Espíritu con nosotros para guiarnos.

Con respecto a esta línea personal de comunicación con el Señor, nuestra creencia y práctica es parecida a la de esos cristianos que insisten en que no hacen falta mediadores humanos entre Dios y el hombre, ya que todos tienen acceso directo a Dios bajo el principio al que Martín Lutero se refirió como “el sacerdocio de todos los creyentes”. Hablaré de eso más adelante.

La línea personal es de suma importancia en las decisiones personales y en el gobierno de la familia. Lamentablemente, algunos miembros de nuestra Iglesia subestiman la necesidad de esa línea directa y personal. Debido a la indudable importancia del liderazgo profético —la línea del sacerdocio, que funciona principalmente para gobernar las comunicaciones celestiales en los asuntos de la Iglesia— algunos tratan de que los líderes del sacerdocio tomen decisiones personales por ellos, decisiones que ellos mismos deben tomar por inspiración por medio de su línea personal. Las decisiones personales y la dirección de la familia son principalmente un asunto de la línea personal.

Siento que debo agregar dos advertencias que debemos recordar en relación con esa valiosa línea directa y personal de comunicación con nuestro Padre Celestial.

Primero, en su plenitud, la línea personal no funciona de forma independiente de la línea del sacerdocio. El don del Espíritu Santo —el medio de comunicación de Dios con el hombre— se confiere mediante la autoridad del sacerdocio, según lo autoricen aquellos que posean las llaves del sacerdocio. No se obtiene simplemente por el deseo ni la creencia. Y el derecho a la compañía constante de ese Espíritu se debe manifestar cada día de reposo al participar dignamente de la Santa Cena y renovar nuestros convenios bautismales de obediencia y servicio.

De modo similar, no podemos comunicarnos confiadamente a través de la línea personal y directa si somos desobedientes a la línea del sacerdocio o si no estamos en armonía con ella. El Señor ha declarado que “los poderes del cielo… no pueden ser gobernados ni manejados sino conforme a los principios de la rectitud” (D. y C. 121:36). Lamentablemente, es común que las personas que quebrantan los mandamientos de Dios o que son desobedientes al consejo de sus líderes del sacerdocio afirmen que Dios les ha revelado que se les exime obedecer algunos mandamientos o seguir ciertos consejos. Es posible que tales personas estén recibiendo revelación o inspiración, pero no es de la fuente que ellos suponen. El diablo es el padre de las mentiras y siempre está deseoso de frustrar la obra de Dios mediante sus astutas imitaciones.

II. La línea del sacerdocio

A diferencia de la línea personal, en la que nuestro Padre Celestial se comunica con nosotros directamente mediante el Espíritu Santo, la línea de comunicación del sacerdocio tiene los intermediarios adicionales y necesarios que son nuestro Salvador Jesucristo, Su Iglesia y Sus líderes designados.

Debido a lo que Él logró mediante Su sacrificio expiatorio, Jesucristo tiene el poder para establecer las condiciones que debemos cumplir para ser merecedores de las bendiciones de Su expiación. Ésa es la razón por la que tenemos mandamientos y ordenanzas. Ésa es la razón por la que hacemos convenios. Así es como nos hacemos merecedores de las bendiciones prometidas. Todas vienen mediante la misericordia y la gracia del Santo de Israel, “después de hacer cuanto podamos” (2 Nefi 25:23). Seguir leyendo

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Sé ejemplo de los creyentes

Conferencia General Octubre 2010
Sé ejemplo de los creyentes
Por Mary N. Cook
Primera Consejera de la Presidencia General de las Mujeres Jóvenes

Deseo invitarles a ser “ejemplo de los creyentes… en fe y en pureza”.

Hace poco, nació en nuestra familia la pequeña Ruby. Al contemplar su dulce carita, me maravillé por el conocimiento de que, antes de que viniera a la tierra, ella vivió en la presencia de nuestro Padre Celestial, aceptó Su gran plan de felicidad y escogió seguirlo a Él y a Jesucristo, nuestro Salvador1. A causa de su decisión, se le permitió venir a la Tierra a experimentar la mortalidad y progresar hacia la vida eterna. Con su espíritu unido a su cuerpo, Ruby ha entrado en una etapa de aprendizaje en la que puede probarse a sí misma, escoger seguir a Cristo y prepararse para ser digna de la vida eterna.

Ruby llegó a esta tierra siendo pura pero, como parte del plan, enfrentará pruebas y tentaciones, y cometerá errores. Sin embargo, mediante la Expiación de nuestro Salvador, Ruby puede ser perdonada, recibir una plenitud de gozo y ser pura de nuevo, para estar lista y vivir para siempre en la presencia de nuestro Padre Celestial.

A las pocas horas de haber nacido, tuve el privilegio de sostener a esa preciosa criatura en mis brazos; le dije a su madre: “Ah, tenemos que enseñarle a Ruby a ser una mujer virtuosa, pura y valiosa, como lo implica su nombre”2.

Su madre respondió: “Voy a empezar hoy mismo”.

¿Qué hará la madre de Ruby para “empezar hoy mismo”? ¿Cómo podemos los padres, los abuelos y los líderes encaminar a nuestros hijos y a nuestros jóvenes en el sendero de la vida eterna, y mantenerlos en él? Debemos “[ser] ejemplo de los creyentes”3.

El profeta Brigham Young dijo: “Nunca debemos permitirnos hacer nada que no estemos dispuestos a ver hacer a nuestros hijos. Debiéramos darles el ejemplo que deseamos que imiten”4. Cada uno de nosotros puede empezar hoy mismo a llegar a ser ese buen ejemplo.

Hoy deseo invitarles a ser “ejemplo de los creyentes… en fe y en pureza”5, dos principios necesarios para la salvación.

Sean ejemplo de los creyentes en fe. Refuercen activamente su propia fe y testimonio de Jesucristo, preparándose así para testificar a sus hijos mediante la palabra y el ejemplo.

Permítanme hablarles de una madre maravillosa cuya vida fue un ejemplo de fe. Cuando el profeta José Smith era un jovencito, observaba a su madre, Lucy Mack Smith, de quien aprendió a tener fe en Dios. Para buscar respuestas, Lucy escudriñaba las Escrituras6, y también José empleó esa práctica, acudiendo a la Biblia en busca de guía, así como su madre lo había hecho7.

Lucy también solucionaba problemas familiares solicitando en privado la ayuda del Señor mediante la oración. Un día en que se produjo cierto desacuerdo en la familia respecto a la religión, Lucy dijo que se retiró a “una arboleda de bellos cerezos silvestres no muy lejana y [oró] al Señor…”8.

Lucy también oraba con gran fe cuando se enfrentaba a cuestiones personales de salud cuando José casi perdió una pierna a causa de la osteomielitis, y cuando Sophronia, hermana de José, casi muere de fiebre tifoidea. Respecto a la enfermedad de Sophronia, Lucy escribió: “Miré fijamente a mi niña… Mi esposo y yo nos tomamos de la mano y nos arrodillamos a un lado de su cama, donde derramamos nuestro dolor y nuestras súplicas en su oído…”9. Sophronia vivió. Estoy convencida de que los hijos de Lucy solían verla orar con fe, y recibir respuestas a esas oraciones.

Lucy oraba con fe para recibir guía, y José también se retiró a una arboleda donde él oró con fe, en busca de una respuesta del Señor, tal y como su madre la había recibido.

Al igual que Lucy, debemos mostrar a nuestros hijos y nuestros jóvenes cómo fortalecer su fe y su testimonio de Jesucristo al fortalecer el nuestro a través del estudio de las Escrituras y de la oración, de manera individual y con ellos.

A diferencia de Lucy, hoy día somos bendecidos por tener más que la Biblia. Tenemos Escrituras de los últimos días y las palabras de nuestros profetas de los últimos días, porque “a salvo nos [pueden] guiar”10 por el sendero de la vida eterna. En el Libro de Mormón se nos enseña acerca de aquellos que, estando en el sendero, se hallaban “asidos constantemente a la barra de hierro”11, la cual representaba “la palabra de Dios”12. En el mundo actual, repleto de tentaciones, “mantenerse asidos” puede resultar difícil, pues Satanás, con sus engaños, trata de alejarnos del camino de Dios. Si tenemos una mano en la barra de hierro y la otra en el mundo, ponemos a nuestros hijos y jóvenes en peligro de desviarse del sendero. Si nuestro ejemplo resulta confuso, sucede que, en las palabras de Jacob, perdemos “la confianza de [nuestros] hijos por causa de [nuestros] malos ejemplos…”13. Seguir leyendo

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El Espíritu Santo y la revelación

Conferencia General Octubre 2010
El Espíritu Santo y la revelación
Por el élder Jay E. Jensen
De la Presidencia de los Setenta

El Espíritu Santo es el tercer miembro de la Trinidad y, junto con el Padre y el Hijo, Él sabe todas las cosas.

Cuando era un joven élder y llevaba aproximadamente un año en el campo misional, al leer las Escrituras y las palabras de los apóstoles modernos sobre la revelación y el Espíritu Santo, me llevé una gran sorpresa: no tenía un testimonio propio, especialmente del Padre y del Hijo. Salí a la misión con la luz prestada de mis maravillosos padres. Nunca había dudado de sus palabras y no se me había ocurrido buscar mi propio testimonio. Una noche de febrero, en San Antonio, Texas, en 1962, supe que tenía que saber por mí mismo. En nuestro pequeño apartamento, encontré un lugar donde podría orar tranquilo, en voz alta, y suplicar: “Padre Celestial, ¿estás ahí? ¡Tengo que saberlo por mí mismo!”.

Más tarde esa noche, supe por mí mismo, por primera vez en mi vida, que Dios y Jesús son reales. No escuché una voz ni vi a un ser celestial. Supe del mismo modo que quizá ustedes también hayan llegado a saber, el cual es “por el inefable don del Espíritu Santo” (D. y C. 121:26) y el espíritu de revelación (véase D. y C. 8:1–3) que habló paz a mi mente (véase D. y C. 6:23) y dio seguridad a mi corazón (véase Alma 58:11).

Gracias a esa experiencia, fui testigo de los resultados del consejo de Alma de “despert[ar] y avivar [mis] facultades hasta [realizar un experimento] con [Sus] palabras” (Alma 32:27). Esas palabras o semillas se han convertido en árboles, en verdaderos árboles gigantes de testimonio. El proceso continúa con más experimentos en cuanto a la palabra, lo cual resulta en árboles de testimonio adicionales, ahora un verdadero bosque arraigado en la revelación del Espíritu Santo y por medio de Él.

El Espíritu Santo es un don deseado

Cuando el Salvador visitó las Américas, llamó a doce discípulos. Uno de los mensajes que les dio a ellos y al pueblo fue sobre el Espíritu Santo. Después de enseñarles, el Salvador se marchó y prometió regresar al día siguiente. El pueblo trabajó toda la noche a fin de reunir a la mayor cantidad de personas posible para escucharlo.

Los discípulos reunieron a las personas en doce grupos para enseñarles lo que el Salvador les había enseñado. Lo principal de entre sus enseñanzas fue la importancia del Espíritu Santo. (Véase 3 Nefi 11–18.) Luego el pueblo se arrodilló y oró. Su deseo sincero era que les fuera dado el Espíritu Santo (véase 3 Nefi 19:8–9).

El Salvador se les apareció y reforzó la importancia del Espíritu Santo mientras oró al Padre:

“Padre, gracias te doy porque has dado el Espíritu Santo a éstos que he escogido…

“Padre, te ruego que des el Espíritu Santo a todos los que crean en sus palabras” (3 Nefi 19:20–21).

Según este episodio del Libro de Mormón, entiendo mejor porqué el presidente Wilford Woodruff dijo “que el don del Espíritu Santo es el don más grande que se pueda dar al hombre…

No es exclusivamente para los hombres, ni para los apóstoles ni los profetas, sino que le corresponde a todo hombre y a toda mujer fieles, y a cada niño que tenga la edad apropiada para recibir el Evangelio de Cristo” (Enseñanzas de los Presidentes de la Iglesia: Wilford Woodruff, 2004, págs. 50–51). Seguir leyendo

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Limpiemos el vaso interior

Conferencia General Octubre 2010
Limpiemos el vaso interior
Por el presidente Boyd K. Packer
Presidente del Quórum de los Doce Apóstoles

En ninguna otra parte se manifiestan más la generosidad, la bondad y la misericordia de Dios que en el arrepentimiento.

Esta conferencia general se convocó en una época en la que hay tanta confusión y tanto peligro que nuestros jóvenes casi no saben el camino por el que deben andar. Habiendo sido amonestados mediante las revelaciones de que sería así, a los profetas y apóstoles siempre se les ha mostrado qué hacer.

El Señor le reveló al profeta José Smith “que todo hombre hable en el nombre de Dios el Señor, el Salvador del mundo”1. Cuando se restauraron las llaves, disponían que la autoridad del sacerdocio estuviese presente en todo hogar a través de los abuelos, los padres y los hijos.

Hace quince años, con el mundo en caos, la Primera Presidencia y el Quórum de los Doce Apóstoles emitieron “La Familia: Una Proclamación para el Mundo”, la quinta proclamación en la historia de la Iglesia. Es una guía que los miembros de la Iglesia harían bien en leer y seguir.

Declara, en parte: “Nosotros, la Primera Presidencia y el Consejo de los Doce Apóstoles de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, solemnemente proclamamos que el matrimonio entre el hombre y la mujer es ordenado por Dios y que la familia es fundamental en el plan del Creador para el destino eterno de Sus hijos”2.

“…los Dioses descendieron para organizar al hombre a su propia imagen, para formarlo a imagen de los Dioses, para formarlos varón y hembra.

“Y dijeron los Dioses: Los bendeciremos. Y… [h]aremos que fructifiquen y se multipliquen, y llenen la tierra y la sojuzguen”3.

Este mandamiento nunca se ha anulado.

“…y con esto los probaremos, para ver si harán todas las cosas que el Señor su Dios les mandare”4.

Se ha dispuesto que seamos felices, porque “existen los hombres para que tengan gozo”5.

Lehi enseñó que los hombres son libres y deben ser “libres… para actuar por sí mismos, y no para que se actúe sobre ellos, a menos que sea por el castigo de la ley en el grande y último día”6.

El antiguo refrán: “El Señor está votando por mí, y Lucifer está votando contra mí, pero es mi voto el que cuenta”, describe una convicción doctrinal de que nuestro albedrío es más poderoso que la voluntad del adversario. El albedrío es de gran valor; de manera imprudente y ciega podemos cederlo, pero no nos lo pueden quitar a la fuerza.

Existe también una antigua excusa: “El diablo me forzó a hacerlo”. ¡No es así! Él puede engañarlos y embaucarlos, pero no tiene el poder de obligarlos a ustedes ni a nadie más a transgredir o a mantenerlos en transgresión.

El que se nos encomiende el poder de crear vida conlleva los más grandes gozos y las más peligrosas tentaciones. El don de la vida mortal y la capacidad de crear otras vidas es una bendición divina. Mediante el uso debido de este poder, como en ninguna otra cosa, podemos asemejarnos a nuestro Padre Celestial y sentir una plenitud de gozo. Este poder no es algo de menor importancia del plan de felicidad; es la clave… la clave misma.

Ya sea que utilicemos este poder como lo requieren las leyes eternas o que rechacemos su propósito divino determinará lo que lleguemos a ser. “¿No sabéis que sois templo de Dios, y que el Espíritu de Dios mora en vosotros?”7.

Se percibe un sentimiento de liberación cuando una persona toma la determinación por sí misma de ser obediente a nuestro Padre y a nuestro Dios y le expresa esa disposición por medio de la oración.

Cuando obedecemos, podemos disfrutar esos poderes en el convenio del matrimonio. De nuestras fuentes de vida emanarán nuestros hijos, nuestra familia. El amor entre el esposo y la esposa puede ser constante y traer realización y satisfacción todos los días de nuestra vida.

Si a alguien se le niegan esas bendiciones en la mortalidad, la promesa es que éstas se les proporcionarán en el mundo venidero.

El amor puro implica que únicamente después de una promesa de fidelidad eterna, de una ceremonia legal y lícita, y preferiblemente después de la ordenanza de sellamiento en el templo, se liberan esos poderes que dan vida para la plena expresión del amor. Se ha de compartir única y exclusivamente entre el hombre y la mujer, el esposo y la esposa, con el que será nuestro compañero para siempre. El Evangelio es sumamente claro en cuanto a esto.

Somos libres de no hacer caso a los mandamientos, pero cuando en las revelaciones se habla en términos tan directos, como “no harás”, vale más que prestemos atención.

El adversario tiene celos de todos los que tienen el poder de procrear. Satanás no puede procrear; es impotente. “…él busca que todos los hombres sean miserables como él”8. Él trata de degradar el debido uso de los poderes procreadores tentándolos a ustedes para que sostengan relaciones inmorales. Seguir leyendo

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Confía en Dios, luego ve y hazlo

Conferencia General Octubre 2010
Confía en Dios, luego ve y hazlo
Por el presidente Henry B. Eyring
Primer Consejero de la Primera Presidencia

Ustedes muestran su confianza en Él cuando escuchan con la intención de aprender, de arrepentirse, y luego van y hacen lo que Él pide.

Mis queridos hermanos y hermanas, es un honor dirigirme a ustedes en este día de reposo. Me siento humilde por la asignación de hablar a los millones de Santos de los Últimos Días y amigos de todo el mundo. En preparación para esta sagrada oportunidad, oré y medité para saber sus necesidades personales y el mensaje que el Señor quería que diera.

Sus necesidades son muchas y variadas. Cada uno de ustedes es un hijo único de Dios. Dios los conoce individualmente. Él envía mensajes de aliento, corrección y dirección específicos para ustedes y sus necesidades.

Para descubrir lo que Dios desearía que yo aportara a esta conferencia, he leído los mensajes de Sus siervos en la Escritura y en conferencias anteriores. Recibí una respuesta a mi oración al leer las palabras de Alma, un gran siervo del Señor del Libro de Mormón:

“¡Oh, si fuera yo un ángel y se me concediera el deseo de mi corazón, para salir y hablar con la trompeta de Dios, con una voz que estremeciera la tierra, y proclamar el arrepentimiento a todo pueblo!

“Sí, declararía yo a toda alma, como con voz de trueno, el arrepentimiento y el plan de redención: Que deben arrepentirse y a venir a nuestro Dios, para que no haya más dolor sobre toda la superficie de la tierra.

“Mas he aquí, soy hombre, y peco en mi deseo; porque debería estar conforme con lo que el Señor me ha concedido”1.

Y entonces encontré en la reflexión de Alma la guía por la que había estado orando: “Pues he aquí, el Señor les concede a todas las naciones que, de su propia nación y lengua, enseñen su palabra, sí, con sabiduría, cuanto él juzgue conveniente que tengan; por lo tanto, vemos que el Señor aconseja en sabiduría, de conformidad con lo que es justo y verdadero”2.

Al leer ese mensaje de un siervo de Dios, lo que yo debía decir hoy quedó claro. Dios envía mensajes y mensajeros autorizados a Sus hijos. Debo infundir suficiente confianza en Dios y en Sus siervos de tal modo que salgamos y obedezcamos Su consejo. Eso es lo que Él desea porque nos ama y quiere que seamos felices; y Él sabe de qué manera la falta de confianza en Él trae tristeza.

Esa falta de confianza ha traído dolor a los hijos de nuestro Padre Celestial desde antes de que el mundo fuese creado. Sabemos mediante las revelaciones de Dios al profeta José Smith que muchos de nuestros hermanos y hermanas en el mundo de los espíritus rechazaron el plan de nuestra vida mortal que presentaron nuestro Padre Celestial y Su Hijo mayor, Jehová3.

No sabemos todas las razones del terrible éxito que Lucifer tuvo al incitar esa rebelión. Sin embargo, una razón es clara. Los que perdieron la bendición de venir a la mortalidad carecían de suficiente confianza en Dios como para evitar la miseria eterna.

La triste tendencia a la falta de confianza en Dios ha perdurado desde la creación. Tendré cuidado al dar ejemplos de la vida de los hijos de Dios ya que no conozco todas las razones por su falta de suficiente fe para confiar en Él. Muchos de ustedes han estudiado los momentos de crisis de la vida de ellos.

Jonás, por ejemplo, no sólo rechazó el mensaje del Señor de ir a Nínive, sino que fue en dirección contraria. Naamán no pudo confiar en la instrucción del profeta del Señor de bañarse en un río y así permitir que el Señor lo curara de la lepra, porque pensó que la simple tarea era indigna para alguien de su nivel.

El Salvador invitó a Pedro a abandonar la seguridad de un barco para caminar hacia Él sobre el agua. Al escuchar el relato, nos lamentamos por él y vemos nuestras propias necesidades de tener mayor confianza en Dios:

“Mas a la cuarta vigilia de la noche, Jesús fue a ellos andando sobre el mar.

“Y los discípulos, viéndole andar sobre el mar, se turbaron, diciendo: ¡Un fantasma! Y dieron voces de miedo.

“Pero en seguida Jesús les habló, diciendo: ¡Tened ánimo! ¡Yo soy, no tengáis miedo!

“Entonces le respondió Pedro y dijo: Señor, si eres tú, manda que yo vaya a ti sobre las aguas.

“Y él dijo: Ven.Y descendió Pedro de la barca y anduvo sobre las aguas para ir a Jesús.

“Mas al ver el viento fuerte, tuvo miedo y, comenzando a hundirse, dio voces, diciendo: ¡Señor, sálvame!

“Y al momento Jesús, extendiendo la mano, le sujetó y le dijo: ¡Oh hombre de poca fe! ¿Por qué dudaste?”4.

Recibimos aliento del hecho de que Pedro llegó a confiar en el Señor lo suficiente para permanecer fiel a Su servicio todo el tiempo hasta Su martirio. Seguir leyendo

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