Conferencia General Abril 2005
Él las conoce por su nombre
Elaine S. Dalton
Segunda consejera de la Presidencia General de las Mujeres Jóvenes
Puede ser que no hayan oído al Señor llamarlas por su nombre, pero Él las conoce, individualmente, y Él sabe su nombre.
Era “la mañana de un día hermoso y despejado, a principios de la primavera de 1820” cuando José Smith, de catorce años de edad, fue a la arboleda, se arrodilló en oración y vio “en el aire arriba de [él] a dos Personajes, cuyo fulgor y gloria no admiten descripción”. José dijo: “Uno de ellos me habló, llamándome por mi nombre, y dijo, señalando al otro: Éste es mi Hijo Amado: ¡Escúchalo!” 1 . ¿Se imaginan lo que el joven José, de catorce años, habrá sentido al ver a Dios el Padre y a Su Hijo Jesucristo, y oír al Padre Celestial llamarle por su nombre?
Cuando fui a la Arboleda Sagrada, traté de imaginarme cómo habría sido haber sido José Smith. En la serenidad de aquellos momentos, el Espíritu le susurró a mi palpitante corazón que yo estaba en tierra santa y que todo lo que el profeta José Smith había dicho era verdadero. En seguida, comprendí con toda claridad que todos somos los beneficiarios de su fe, de su valentía y de su firme deseo de obedecer a Dios. Él recibió una respuesta a su humilde oración y vio al Padre y a Su Hijo Amado. Allá, en la Arboleda Sagrada, comprendí que nuestro Padre Celestial no sólo conocía a José Smith por su nombre, sino que Él también conoce a cada una de nosotras por su nombre, y, al igual que José Smith tuvo una parte importante que desempeñar en esta obra grande y maravillosa, también nosotras tenemos una parte importante que desempeñar en éstos, los últimos días.
¿Sabían que nuestro Padre Celestial las conoce personalmente, por su nombre? Las Escrituras nos enseñan que eso es verdadero. De cuando Enós fue a los bosques a orar, él mismo escribió: “Y vino a mí una voz, diciendo: Enós, tus pecados te son perdonados, y serás bendecido” 2 . Moisés no sólo oró, sino que también habló con Dios cara a cara, y Dios le dijo a Moisés: “…tengo una obra para ti, Moisés, hijo mío” 3 . El Señor sabía el nombre de Jacob y se lo cambió por el de Israel, a fin de reflejar con mayor exactitud su misión sobre la tierra 4 . Del mismo modo, cambió los respectivos nombres de Pablo, de Abraham y de Sara. En Doctrina y Convenios, en la sección 25, se da a Emma Smith una bendición de consuelo y orientación en la vida. El Señor comienza esa bendición, diciendo: “Escucha la voz del Señor tu Dios mientras te hablo, Emma Smith, hija mía…” 5 .
Puede ser que no hayan oído al Señor llamarlas por su nombre, pero Él las conoce, individualmente, y Él sabe su nombre. El élder Neal A. Maxwell dijo: “Les testifico que Dios los ha conocido individualmente… durante mucho, mucho tiempo (véase D. y C. 93:23). Él los ha amado durante mucho, mucho tiempo. Él no sólo sabe el nombre de todas las estrellas (véase Salmos 147:4; Isaías 40:26), sino que Él sabe sus nombres y todos sus pesares y sus alegrías” 6 .
¿Cómo pueden llegar a saber que tanto su nombre como lo que les haga falta lo conoce nuestro Padre Celestial? El élder Robert D. Hales dijo: “Acudan a las Escrituras, arrodíllense en oración, pidan con fe, escuchen al Espíritu Santo… vivan el Evangelio con paciencia y perseverancia” 7 .
Eso fue lo que hizo José y, gracias a su testimonio, todas sabemos que somos conocidas y amadas por nuestro Padre Celestial. En verdad somos “hijas de un Padre Celestial que nos ama” 8 . El élder Jeffrey R. Holland nos ha dicho: “…ninguno de nosotros es menos preciado o menos valorado por Dios que otro… Él ama a cada uno de nosotros: a cada cual con sus inseguridades, afanes, imagen de sí mismo y todo… Él aclama a cada corredor y hace saber que la carrera es en contra del pecado y no de unos contra otros” 9 .
Una vez que José Smith hubo recibido ese conocimiento, su vida no fue más fácil. En realidad, se vio enfrentado con el intenso asedio tanto de la gente de su edad como de los adultos. La historia de José Smith constituye un modelo importante para cada una de nosotras. Podremos poner en práctica sus enseñanzas cuando no sepamos qué hacer, cuando nos enfrentemos con la presión de la gente de nuestra edad, cuando nos sintamos rodeadas de tentaciones o nos sintamos indignas o solas. ¡Podemos orar! Podemos invocar a Dios en el nombre de Su Santo Hijo Jesucristo y buscar consuelo, orientación y guía. ¿Han tenido alguna vez algún problema ante el cual no sabían qué hacer? José dijo: “…invadieron mi mente una seria reflexión y gran inquietud”. Y dijo además: “…a menudo me decía a mí mismo: ¿Qué se puede hacer?” 10 . Seguir leyendo







































