Permanezcamos en lugares santos

Conferencia General Abril 2005
Permanezcamos en lugares santos
Presidente James E. Faust
Segundo Consejero de la Primera Presidencia

James E. Faust

Deseo animar a nuestros santos de todo el mundo a esforzarse por permanecer más tiempo en lugares santos, siempre que sea posible.

Mis queridos hermanos, hermanas y amigos de todo el mundo, dirigirles la palabra es un gozo y una gran responsabilidad. Les expreso mi amor, respeto y aprecio.

De todos lados nos bombardean con una cantidad de mensajes que no queremos ni necesitamos. En un día se genera más información de la que podamos absorber en toda una vida. A fin de que todos disfrutemos plenamente de la vida, es preciso que tengamos momentos serenos y paz mental 1 . ¿Cómo lo logramos? Hay una sola respuesta. Debemos elevarnos por encima del mal que nos invade; debemos seguir el consejo del Señor, que dijo: “He aquí, es mi voluntad que todos los que invoquen mi nombre, y me adoren de acuerdo con mi evangelio eterno, se congreguen y permanezcan en lugares santos” 2 .

Inevitablemente nos encontramos en tantos lugares impuros y estamos sujetos a tantos elementos que son vulgares, profanos y que destruyen el Espíritu del Señor que deseo animar a nuestros santos de todo el mundo a esforzarse por permanecer más tiempo en lugares santos, siempre que sea posible. Los lugares más santos son nuestros sacros templos; en sus recintos se siente un consuelo sagrado. Debemos ser dignos de llevar nuestra familia al templo para ser sellados por la eternidad. Además, debemos buscar los datos de nuestros parientes muertos a fin de que ellos también puedan ser sellados a nosotros en un templo. Debemos procurar empeñosamente la santidad para ser “ejemplo de los creyentes en palabra, conducta, amor, espíritu, fe y pureza” 3 . De ese modo, podemos mantener y fortalecer nuestra propia relación personal con Dios.

La santidad es la fortaleza del alma y proviene de la fe por medio de la obediencia a las leyes y ordenanzas de Dios. Él entonces purifica el corazón por la fe y éste queda limpio de todo lo que sea profano e indigno. Cuando se logra la santidad por conformarse a la voluntad de Dios, se sabe intuitivamente lo que es malo y lo que es bueno ante el Señor. En el silencio, la santidad nos habla animándonos a lo que es bueno y reprendiendo lo malo.

La santidad es también una norma de la rectitud. En algunos comentarios que hizo el presidente Brigham Young en el Tabernáculo de Salt Lake, el 16 de febrero de 1862, empleó la expresión “Santidad al Señor”. Luego explicó lo que esa expresión significaba para él, diciendo: “Treinta años de experiencia me han enseñado que todo momento de mi vida debe ser de santidad al Señor y que ésta provenga de tener equidad, justicia, misericordia y rectitud en todas mis acciones, lo cual es el único comportamiento por el que puedo tener conmigo el Espíritu del Todopoderoso” 4 .

El año pasado uno de mis nietos fue con la esposa a la ciudad de Nueva York con sus padres para asistir al hermoso y nuevo Templo de Manhattan. En la calle, el constante trajín y el ruido de miles de personas era ensordecedor. Al detenerse el taxi delante del templo, Katherine, la esposa de mi nieto, se emocionó porque, aunque todavía se hallaban fuera del templo, había percibido su santidad. Entraron, dejando atrás el ruidoso mundo, y adoraron al Señor en Su casa. Fue una experiencia sagrada e inolvidable para ellos.

Tal como nos lo enseñó el presidente Gordon B. Hinckley: “De vez en cuando, sentimos el deseo de dejar atrás el alboroto y el tumulto del mundo y entrar en los recintos de la santa casa de Dios, para sentir Su Espíritu en ese ambiente de santidad y paz” 5 . Esta oración de José Smith en la dedicación del Templo de Kirtland ha sido, en verdad, contestada: “Y para que todas las personas que pasen por el umbral de la casa del Señor sientan tu poder y se sientan constreñidas a reconocer que… es tu casa, lugar de tu santidad” 6 .

En el funeral del patriarca Joseph Smith, padre, se describieron con las siguientes palabras los sentimientos que él tenía con respecto al templo: “El estar en la casa del Señor y aprender en Su templo era su deleite cotidiano; y en él disfrutó de muchas bendiciones y pasó muchas horas en dulce comunión con su Padre Celestial. Ha recorrido sus pasillos sagrados, solo y apartado de la humanidad, mucho antes de que el soberano del día apareciera por el horizonte; y entre sus paredes, mientras la naturaleza dormía, ha expresado sus aspiraciones. Dentro de sus recintos santos se le han abierto visiones de los cielos y su alma se ha deleitado en los tesoros de la eternidad” 7 . Seguir leyendo

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Los juegos de azar

Conferencia General Abril 2005
Los juegos de azar
Presidente Gordon B. Hinckley

Gordon B. Hinckley

Si ustedes nunca han tomado parte en juegos de póquer o en cualquier otra forma de juegos de azar, no empiecen. Si están participando, dejen de hacerlo ya, mientras pueden.

Mis queridos hermanos, hemos tenido una excelente reunión. Deseo corroborar todo lo que se ha dicho y dejarles mi bendición

Primero quisiera decir algo tocante a los hermanos a los que hemos sostenido esta tarde como miembros de los Quórumes de los Setenta.

Estoy convencido de que hay literalmente cientos de hermanos dignos y capaces de servir como oficiales generales de la Iglesia. Los vemos por todas partes. Los que han sido sostenidos el día de hoy fueron escogidos para cumplir con responsabilidades precisas. En la mayoría de los casos, ello supondrá sacrificio, el cual se hará de buen agrado.

Uno de los que fueron sostenidos, como lo habrán notado, es mi hijo de 63 años de edad. Les aclaro que yo no propuse su nombre. Eso lo hicieron otras personas que tienen el derecho de hacerlo. Me siento en extremo sensible en cuanto al asunto del nepotismo. Como suelen decir los abogados, rehusé participar en el asunto; no obstante, creo que él es digno y está plenamente capacitado en todo sentido. En primer lugar, tuvo una gran madre que fue maravillosa. Ojalá pudiera recomendar también a su padre.

Menciono esto sólo por mi sensibilidad al asunto del nepotismo. Por favor no le tomen a mal su parentesco conmigo, ya que no tiene manera de zafarse de ello.

Ahora, volvamos al tema que deseo tratar esta noche. Lo hago en respuesta a muchas peticiones de que diga algo sobre la posición de la Iglesia en cuanto a una práctica que se está haciendo cada vez más común entre nosotros, particularmente entre nuestros jóvenes. Me refiero al tema de los juegos de azar en sus varias formas.

Se cuenta la historia de que un domingo, Calvin Coolidge, quien fue Presidente de los Estados Unidos, un hombre de pocas palabras, regresó a su casa de la iglesia. Su esposa le preguntó de qué había hablado el predicador, a lo cual él simplemente respondió: “Del pecado”. “¿Pero qué dijo en cuanto al tema?”, inquirió la mujer. “Que se opone a él”, fue su respuesta.

Creo que podría responder a la pregunta en cuanto a los juegos de azar de la misma escueta manera: Que nos oponemos a ellos.

Podemos encontrar juegos de azar por todas partes y cada vez se ven más; la gente juega póquer, apuesta en carreras de caballos o de galgos, juega ruleta y en las máquinas tragamonedas. Se reúnen para jugar en bares, en tabernas y casinos y a menudo hasta en sus propias casas. A muchos les resulta muy difícil abandonarlos; se vuelven adictivos. En muchísimos casos conduce a otros malos hábitos y a prácticas destructivas.

Vale decir que muchos de quienes juegan no disponen del dinero que el vicio demanda, privando así a esposas e hijos de su seguridad económica.

El juego de póquer está llegando a ser una práctica popular en las universidades y aún en escuelas secundarias.

Les leo de un artículo publicado en el servicio de noticias del New York Times:

“Para Michael Sandberg, todo empezó hace algunos años con apuestas de cinco y diez centavos entre amigos.

“Pero el pasado otoño, dice Michael, se convirtió en la fuente de un ingreso de más de cien mil dólares y una alternativa a ingresar en la Facultad de Leyes.

“Sandberg, de 22 años de edad, básicamente divide su tiempo entre la Universidad de Princeton, donde cursa el último año de ciencias políticas, y los casinos de Atlantic City, donde juega póquer por grandes cantidades de dinero…

“El ejemplo de Sandberg es una representación extrema de la revolución de los juegos de azar en las universidades de los Estados Unidos. Sandberg lo denomina una explosión incitada por los campeonatos de póquer que se muestran en la televisión y por la cantidad cada vez mayor de juegos de póquer ofrecidos en línea en sitios de Internet.

“Los expertos dicen que es difícil no reconocer la evidencia de la popularidad de los juegos de azar en las universidades. En diciembre, por ejemplo, una hermandad femenina de la Universidad de Columbia auspició su primer torneo de póquer de ochenta participantes, en el cual se requería una suma mínima de diez dólares para entrar, mientras que la Universidad de Carolina del Norte llevó a cabo en octubre su primer campeonato, competencia en la cual participaron 175 jugadores. En ambos casos se llenó el cupo y hasta había listas de espera. En la Universidad de Pensilvania, todas las noches se promueven juegos privados en una lista de correo electrónico del campus” (Jonathan Cheng, “Poker Is Major College Craze”, en Deseret Morning News, 14 de marzo de 2005, pág. A2). Seguir leyendo

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El sagrado llamamiento del servicio

Conferencia General Abril 2005
El sagrado llamamiento del servicio
Presidente Thomas S. Monson
Primer Consejero de la Primera Presidencia

Thomas S. Monson

El cumplimiento de nuestro deber brinda sentimientos de felicidad y paz.

Deseo expresar mi bienvenida a los que han sido llamados a nuevas asignaciones en esta conferencia y mis calurosas felicitaciones a quienes han recibido relevos honorables de su servicio. La obra sigue adelante. Los amamos a cada uno de ustedes.

Mis queridos hermanos, me siento honrado por el privilegio que tengo de hablarles esta tarde. Qué gran gozo es ver este magnífico Centro de Conferencias completamente lleno de jóvenes y mayores que poseen el sacerdocio de Dios. El pensar en que multitudes similares se encuentran reunidas por todo el mundo hace que me invada un profundo sentimiento de responsabilidad. Ruego que la inspiración del Señor guíe mis pensamientos e inspire mis palabras.

El presidente Joseph F. Smith hizo la siguiente aseveración acerca del sacerdocio. Él dijo: “El santo sacerdocio es la autoridad que Dios ha delegado al hombre, por medio de la cual éste puede declarar la voluntad de Dios… Es sagrada, y los del pueblo deben conservarla sagrada; deben honrarla y respetarla en quien la posea” 1 .

El juramento y convenio del sacerdocio nos concierne a todos. Para los poseedores del Sacerdocio de Melquisedec, es una declaración de la obligación que tenemos de ser fieles y obedientes a las leyes de Dios y de magnificar los llamamientos que recibamos. Para los poseedores del Sacerdocio Aarónico, es una afirmación concerniente a su futuro deber y responsabilidad, con el fin de que se preparen ahora mismo.

El presidente Marion G. Romney, que fue miembro de la Primera Presidencia, dijo: “Todo poseedor del Sacerdocio de Melquisedec debe prestar atención diligente y solemne a las implicaciones de este juramento y convenio que recibió. El no cumplir con las obligaciones impuestas por él traerán sin lugar a dudas desilusión, pesar y sufrimiento” 2 .

El presidente Spencer W. Kimball agregó: “La persona viola [su] convenio del sacerdocio quebrantando los mandamientos, pero también al no cumplir con sus obligaciones. Por consiguiente, para quebrantar ese convenio basta con no hacer nada” 3 .

Un ministro famoso observó: “El hombre trabajará arduamente por dinero; [el hombre] trabajará con más intensidad para otros hombres, pero el hombre se esforzará al máximo cuando esté dedicado a una causa… El deber nunca se cumple dignamente hasta que quien lo lleva a cabo esté dispuesto a hacer más de lo que debe, si sólo pudiera hacerlo” 4 .

El cumplimiento de nuestro deber brinda sentimientos de felicidad y paz. El poeta escribió:

Dormí y soñé que la vida era un gozo.
Desperté y vi que la vida era un deber.
Actué, y he aquí,
El deber era un gozo 5 .

El llamado del deber puede llegar calladamente a medida que nosotros, los poseedores del sacerdocio, respondemos a las asignaciones que recibimos. El presidente George Albert Smith, aquel modesto pero eficaz líder, afirmó: “El deber de ustedes es primeramente aprender lo que el Señor desea y después, por el poder y la fuerza de [su] santo sacerdocio, magnificar [así] su llamamiento en la presencia de sus semejantes… para que éstos estén dispuestos a seguirles” 6 .

¿Qué significa magnificar un llamamiento? Significa edificarlo en dignidad e importancia, hacerlo honorable y meritorio ante los ojos de todos los hombres, engrandecerlo y fortalecerlo, dejar que la luz del cielo brille a través de él para que otros hombres lo vean.

¿De qué manera puede uno magnificar un llamamiento? Sencillamente prestando el servicio que le corresponde. Un élder magnifica el llamamiento ordenado de élder al aprender cuáles son sus deberes como élder y al cumplir con ellos. Así como lo es con el élder, lo es igualmente con el diácono, con el maestro, con el presbítero, con el obispo y con cada uno que posee un oficio en el sacerdocio.

El poeta y autor Robert Louis Stevenson nos recuerda: “Sé lo que es la dicha, porque he hecho buenas obras”.

Hermanos, recordemos el consejo del rey Benjamín: “Cuando os halláis al servicio de vuestros semejantes, sólo estáis al servicio de vuestro Dios” 7 .

Esforcémonos por rescatar a aquellos que necesitan nuestra ayuda y elevémoslos al buen camino y a una vida mejor. Concentremos nuestros pensamientos en las necesidades de los poseedores del sacerdocio y de sus esposas e hijos que se hayan desviado del sendero de la actividad. Prestemos atención al mensaje silencioso que brota de sus corazones; les parecerá familiar: “Guíenme; enséñenme la senda a seguir para que algún día yo con Él pueda vivir” 8 .

La obra de la reactivación no es tarea para el holgazán ni para el soñador. Los niños crecen, los padres envejecen y el tiempo no espera a nadie. No pospongan un susurro del Espíritu, sino que procedan y el Señor abrirá el camino. Seguir leyendo

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Perseverancia

Conferencia General Abril 2005
Perseverancia
Presidente James E. Faust
Segundo Consejero de la Primera Presidencia

James E. Faust

La perseverancia la demuestran quienes siguen adelante cuando la situación se vuelve difícil, quienes no se dan por vencidos aun cuando los demás digan: “No se puede hacer”.

Deseo dar la bienvenida a las Autoridades Generales que han sido llamadas y sostenidas esta tarde como miembros del Primer y Segundo Quórum de los Setenta. Cada uno de ellos es un hombre de fe, de capacidad y de cometido, y les damos fe a ustedes de que son dignos en todo aspecto de tener estos oficios.

Mis queridos hermanos de esta gran hermandad mundial del sacerdocio, los elogiamos por su fidelidad y por su dedicación en la obra del Señor. Les agradecemos su cometido y su servicio devoto. Ustedes contribuyen mucho a la fortaleza a la Iglesia.

Es maravilloso estar en esta reunión con todos ustedes que poseen el Sacerdocio Aarónico. Cuando yo tenía la edad de ustedes, solía preguntarme: “¿Cuál será mi cometido en este mundo y cómo sabré cuál es?”. En esa época, mi única meta firme era servir en una misión, y cuando llegó mi llamamiento para la misión, presté servicio como misionero y mi misión llegó a ser como la Estrella Polar, para guiarme en otros aspectos de mi vida. Una de las cosas importantes que aprendí fue que si perseveraba con fe en mis llamamientos de la Iglesia, el Señor abriría el camino y me guiaría hacia otras oportunidades y bendiciones, más grandes de lo que hubiera soñado.

Jóvenes, el servir en una misión puede hacer eso por todos ustedes. Hace poco, un joven compartió conmigo cuánto aprendió de su perseverancia como misionero. He extraído de su experiencia algunas de las cosas que ustedes pueden aprender, que podrían brindarles oportunidades y bendiciones:

1. Cómo organizar y utilizar el tiempo con sabiduría.
2. La importancia del trabajo arduo; de que se cosecha lo que se siembra.
3. Destrezas de liderazgo.
4. Habilidad para tratar a la gente.
5. El valor del estudio del Evangelio.
6. El respeto hacia la autoridad.
7. La importancia de la oración.
8. La humildad y la dependencia en el Señor 1 .

En 1930, cuando asistí a la escuela secundaria Granite, en Salt Lake City, tuve algunos amigos que se destacaron en atletismo, drama, música y oratoria. Algunos de ellos siguieron adelante para alcanzar el éxito en la vida, pero muchos de esos talentosos y capaces jóvenes no perseveraron y fracasaron en alcanzar su potencial. Por el contrario, varios jóvenes y varias jovencitas menos visibles de la misma secundaria se esforzaron diligentemente, perseveraron y continuaron sus estudios y llegaron a ser extraordinarios doctores, ingenieros, profesores, abogados, científicos, hombres de negocios, artesanos, electricistas, plomeros y empresarios.

Por lo general, el éxito se obtiene al perseverar y no desalentarse cuando se afrontan desafíos. Paul Harvey, el famoso comentarista noticioso y autor, dijo en una ocasión: “Algún día espero disfrutar lo suficiente de lo que el mundo llama éxito para que si alguien me pregunta: ‘¿Cuál es el secreto de su éxito?’, yo simplemente le conteste: ‘Me levanto cada vez que caigo’ ” 2 .

Un extraordinario ejemplo de perseverancia es el de Madame Marie Curie, que trabajó junto a su esposo y físico francés, Pierre Curie, “en un depósito viejo, húmedo y abandonado, sin fondos y sin aliento ni ayuda de nadie, tratando de separar el radio de un metal de uranio de baja graduación llamado pecblenda. Cuando el experimento número 487 hubo fallado, Pierre levantó las manos desesperado y dijo: ‘Nunca se logrará; quizá en cien años, pero no en mis días’. Marie lo enfrentó con resolución en su rostro y le dijo: ‘Si toma cien años será una lástima, pero mientras tenga vida, no voy a dejar de intentarlo’ ” 3 . Finalmente, ella tuvo éxito y, gracias a su perseverancia, los pacientes de cáncer se han beneficiado muchísimo.

La perseverancia la demuestran quienes siguen adelante cuando la situación se vuelve difícil, quienes no se dan por vencidos aun cuando los demás digan: “No se puede hacer”. En 1864, la Primera Presidencia asignó a los apóstoles Ezra T. Benson y Lorenzo Snow, junto con los élderes Alma Smith y William W. Cluff a una misión a las islas hawaianas. Desde Honolulú, ellos se embarcaron en un diminuto barco y se dirigieron hacia el pequeño puerto de Lahaina. Al acercarse al arrecife, la marea estaba alta y una gran ola azotó contra el barco, empujándolo unos 46 metros y dejándolo en una depresión formada por dos enormes olas. Cuando azotó el segundo oleaje, el barco se volcó en el espumoso mar.

Las personas en tierra firme tripularon un bote salvavidas y recogieron a tres de las Autoridades Generales que estaban nadando cerca del bote sumergido, pero no había señales del hermano Snow. Los hawaianos, acostumbrados a la marea, nadaron en todas direcciones en su búsqueda. Finalmente, uno de ellos sintió algo en el agua y sacaron al hermano Snow a la superficie; tenía el cuerpo rígido y parecía sin vida cuando lo subieron al bote. Seguir leyendo

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¿Quién sigue al Señor?

Conferencia General Abril 2005
¿Quién sigue al Señor?
Élder Robert C. Oaks
De la Presidencia de los Setenta

Robert C. Oaks

El Señor necesita saber en quién puede confiar.

Esta noche me gustaría centrar mis comentarios en el entusiasta llamado a servir de un himno favorito: “¿Quién sigue al Señor? Toma tu decisión” (Himnos, Nº 170).

En ésta, la dispensación del cumplimiento de los tiempos, al prepararnos para las satánicas batallas finales, en previsión del regreso de Cristo a la tierra, es muy importante saber quién sigue al Señor. El Señor necesita saber en quién puede confiar.

Se esperaría que se pudiera contar en que todo poseedor del sacerdocio se alistara para servir en las filas del ejército del Señor. En la actualidad, hay cerca de tres millones de poseedores del sacerdocio, distribuidos en partes iguales entre el Sacerdocio Aarónico y el Sacerdocio de Melquisedec.

Lamentablemente, muchos de estos hombres, jóvenes y no tan jóvenes, no están presentes, están ausentes sin permiso.

Un día, cada uno se sentó humildemente mientras que hombres con autoridad les impusieron las manos sobre la cabeza y les confirieron el sacerdocio. Aquel día, todos ellos hicieron un convenio con el Señor de obedecer y de servir.

Para entender la importancia de estos convenios debemos preguntarnos: “¿Qué es el sacerdocio?”. Cada diácono alerta sabe la respuesta a esta pregunta: El sacerdocio es el poder para actuar en el nombre de Dios.

¿Qué significa eso para ustedes, diáconos, maestros y presbíteros? Primero, significa que ustedes están autorizados para repartir, preparar y bendecir la Santa Cena. ¿Es esto algo importante? ¡Absolutamente!

¿Quién estuvo a cargo de la primera reunión sacramental de la que tenemos registro? Por supuesto que la respuesta es: el Señor Jesucristo. La noche anterior a Su sufrimiento en el huerto de Getsemaní, Cristo preparó, bendijo y repartió la Santa Cena a Sus discípulos. Así que cuando llevamos a cabo esta sagrada ordenanza, en realidad estamos en el lugar del Salvador mismo. ¡Eso es especial!

Juan el Bautista impuso las manos sobre la cabeza de José Smith y de Oliver Cowdery y les confirió el Sacerdocio de Aarón y declaró: “Confiero el Sacerdocio de Aarón, el cual tiene las llaves del ministerio de ángeles, y del evangelio de arrepentimiento, y del bautismo por inmersión para la remisión de pecados” (D. y C. 13:1). Ésa es una responsabilidad importante para los hombres de cualquier edad. Con ese encargo, claramente estamos del lado del Señor.

¿Y qué del Sacerdocio de Melquisedec? En la sección 84 de Doctrina y Convenios se lee: “Y este sacerdocio mayor administra el evangelio y posee la llave de los misterios del reino, sí, la llave del conocimiento de Dios” (versículo 19). Este sacerdocio tiene el poder de administrar y de dirigir, de bendecir y de sanar, de enseñar y de sellar. Estas actividades de servicio del sacerdocio claramente colocan a los hermanos que participan del lado del Señor.

Uno de los más grandes ejemplos del poder del sacerdocio para sellar es la historia de Nefi, hijo de Helamán. Debido a su diligencia en declarar la palabra de Dios, el Señor le dio el poder para sellar para “que cuanto sellares en la tierra, sea sellado en los cielos; y cuanto desatares en la tierra, sea desatado en los cielos” (Helamán 10:7). Nefi habría sido un poderoso líder del ejército del Señor en cualquier dispensación. Seguir leyendo

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Cuídate de lo malo tras los ojos sonrientes

Conferencia General Abril 2005
Cuídate de lo malo tras los ojos sonrientes
Élder Neil L. Andersen
De los Setenta

Neil L. Andersen

A medida que aumentemos nuestro conocimiento y amor por el Salvador, Su luz iluminará todo a nuestro alrededor, y entonces veremos lo malo por lo que realmente es.

Esta noche me dirijo a ustedes, jovencitos, a quienes el presidente Gordon B. Hinckley ha descrito como “la mejor generación” 1 . En todo el mundo vemos su bondad. Ruego que sientas que mis palabras son personales, para ti, un hijo de Dios, que se esfuerza arduamente para hacer lo correcto.

Quiero contarte una experiencia de un fiel Santo de los Últimos Días que es un buen amigo mío. Me referiré a él únicamente como “mi amigo” por razones que luego entenderás.

Como agente especial del FBI, mi amigo investigaba grupos de crimen organizado que transportaban drogas ilegales a los Estados Unidos.

En una ocasión, él y otro agente se acercaron a un apartamento donde pensaban que un conocido narcotraficante distribuía cocaína. Mi amigo describe lo sucedido:

“Tocamos a la puerta del narcotraficante. El sospechoso abrió la puerta y, al vernos, trató de interponerse para que no pudiésemos ver, pero fue demasiado tarde porque pudimos ver la cocaína sobre la mesa.

“El hombre y la mujer que se encontraban frente la mesa empezaron de inmediato a quitar la cocaína. Debíamos evitar que destruyeran la evidencia, de modo que rápidamente empujé a un lado al sospechoso que nos bloqueaba la entrada. Al hacerlo, los dos nos miramos a los ojos y, curiosamente, no parecía estar enojado ni tener miedo, y me sonreía.

“Su mirada y su sonrisa cautivadora me dieron la impresión de que él no le haría daño a nadie, por lo que me alejé de él y me dirigí hacia la mesa. El sospechoso quedó a mis espaldas. En ese instante, vino a mi mente una impresión clara y poderosa: ‘Cuídate de lo malo tras los ojos sonrientes’.

“De inmediato me volví hacia el sospechoso; tenía la mano metida en el bolsillo grande de adelante. Instintivamente, le agarré la mano y se la saqué del bolsillo. Fue entonces que me di cuenta de que tenía firmemente agarrada una pistola semiautomática, lista para disparar. Tras un momento de conmoción, pude desarmarlo”. 2

Más tarde, en otro caso, el narcotraficante fue declarado culpable de asesinato y se jactó de que también habría matado a mi amigo si éste no se hubiera dado vuelta en ese preciso momento.

A veces me he puesto a pensar en la impresión que acudió a su mente: “Cuídate de lo malo tras los ojos sonrientes”. De eso quiero hablarte esta noche.

Empecemos con lo que sabemos: Lo bueno proviene de Dios; lo malo proviene del diablo 3 . Sin embargo, no son fuerzas semejantes que luchan mutuamente en el universo. A la cabeza de todo lo que es bueno está Cristo, quien es el Unigénito del Padre, quien creó nuestro mundo y muchos otros. Nuestro Redentor es un ser resucitado y perfecto 4 . Yo sé que Él vive.

El diablo, por otro lado, “persuade a los hombres a hacer lo malo” 5 . “[Ha] caído del cielo… [ha] llegado a ser miserable para siempre” 6 , y ahora quiere “que todos los hombres sean miserables como él” 7 . Él es un mentiroso y un fracasado 8 .

El poder del Salvador y el poder del diablo en verdad no se comparan 9 .

Sin embargo, en este planeta se le ha concedido a lo malo un lugar prominente a fin de darnos la oportunidad de escoger entre el bien y el mal. La Escritura dice: “…Dios le concedió al hombre que obrara por sí mismo… [y] el hombre no podía actuar por sí a menos que lo atrajera lo uno o lo otro” 10 .

La elección entre el bien y el mal es esencial en nuestra experiencia terrenal. En el análisis final de nuestras vidas, en realidad no importará si fuimos ricos o pobres, si fuimos atléticos o no, si tuvimos amigos o si se olvidaban de nosotros. 11

Podemos trabajar, estudiar, reír y divertirnos, bailar, cantar y disfrutar de muchas diferentes experiencias, las cuales forman una parte maravillosa de la vida, pero que no son esenciales para lo que estamos aquí 11 . La oportunidad de elegir lo bueno en vez de lo malo es precisamente la razón por la que estamos aquí 12 . Seguir leyendo

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Nuestra característica más destacada

Conferencia General Abril 2005
Nuestra característica más destacada
Élder Jeffrey R. Holland
Del Quórum de los Doce Apóstoles

Jeffrey R. Holland

El sacerdocio de Dios… es tanto indispensable como único para la Iglesia verdadera de Dios.

Hace casi 70 años, el presidente David O. McKay, que en aquel entonces servía como consejero de la Primera Presidencia, preguntó lo siguiente a una congregación reunida para la conferencia general: “Si en este instante se le pidiera a cada uno [de ustedes] que resumiera en una frase… la característica más destacada de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, ¿qué responderían?”.

“Mi respuesta”, dijo él, “sería: …la autoridad divina mediante revelación directa” 1 .

Esa autoridad divina es, en efecto, el santo sacerdocio.

El presidente Gordon B. Hinckley ha agregado su testimonio cuando dijo: “[El sacerdocio] es una delegación de autoridad divina, diferente de todos los demás poderes y autoridades que hay en la tierra… Es el único poder sobre la tierra que traspasa el velo de la muerte… Sin él podría haber una iglesia sólo de nombre, faltándole la autoridad para administrar los asuntos de Dios” 2 .

Hace sólo cuatro semanas, el presidente James E. Faust les dijo a los alumnos de BYU en su reunión devocional: “[El sacerdocio] activa y gobierna todos los asuntos de la Iglesia. Sin las llaves del sacerdocio ni su autoridad, no habría iglesia” 3 .

Comienzo mis palabras esta noche con estas tres breves citas (a las que podrían agregarse innumerables citas más) para recalcar enfáticamente un solo punto: que el sacerdocio de Dios, con sus llaves, sus ordenanzas, su origen divino y su capacidad para atar en los cielos lo que se ata en la tierra es tanto indispensable como único para la Iglesia verdadera de Dios, y que sin él no habría Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días.

En este año en el que conmemoramos el bicentenario del nacimiento del profeta José Smith y el 175 aniversario de la organización de la Iglesia, deseo añadir mi testimonio de la restauración de este sagrado sacerdocio, de esta sagrada prerrogativa, de este supremo don, y del papel que desempeña en nuestra vida a ambos lados del velo, y expresar mi eterna gratitud eterna por él.

La función esencial del sacerdocio respecto a enlazar el tiempo y la eternidad la demostró claramente el Salvador cuando formó Su Iglesia durante su ministerio terrenal. A Pedro, Su apóstol mayor, le dijo: “Y a ti te daré las llaves del reino de los cielos; y todo lo que atares en la tierra será atado en los cielos; y todo lo que desatares en la tierra será desatado en los cielos” 4 . Seis días más tarde llevó a Pedro, a Santiago y a Juan a lo alto de una montaña donde se transfiguró en gloria ante ellos. Entonces se aparecieron profetas de dispensaciones anteriores, incluidos, por lo menos, Moisés y Elías el profeta 5 , quienes confirieron las diversas llaves y poderes que cada uno de ellos poseía.

Lamentablemente, poco después los apóstoles fueron asesinados o de otra forma fueron quitados de la tierra y las llaves que poseían del sacerdocio se fueron con ellos, lo que originó más de 1.400 años de privación del sacerdocio y de la ausencia de la autoridad divina entre los hijos de los hombres. Pero parte del milagro moderno y de la historia maravillosa que celebramos esta noche lo constituye el retorno de aquellos mismos mensajeros celestiales que vinieron a nuestra época, y la restauración de esos mismos poderes que poseyeron para bendición de toda la humanidad.

En mayo de 1829, mientras traducía el Libro de Mormón, José Smith encontró una referencia al bautismo. Comentó el asunto con su escriba, Oliver Cowdery, y ambos suplicaron anhelosamente al Señor respecto del asunto. Oliver escribió: “Nuestras almas se elevaron en poderosa oración a fin de saber cómo recibir las bendiciones del bautismo y del Espíritu Santo… Buscamos diligentemente… la autoridad del santo sacerdocio y el poder de administrar en el mismo” 6 .

En respuesta a esa “poderosa oración” vino Juan el Bautista y restauró las llaves y los poderes del Sacerdocio Aarónico, el cual ha sido conferido a los jóvenes que nos acompañan esta noche. Pocas semanas después, Pedro, Santiago y Juan regresaron para restaurar las llaves y los poderes del Sacerdocio de Melquisedec, entre ellas las llaves del apostolado. Posteriormente, cuando se hubo construido un templo al que pudieran acudir otros mensajeros celestiales, el 3 de abril de 1836 tuvo lugar el equivalente actual del antiguo Monte de la Transfiguración, una parte de algo que el presidente Hinckley denominó una vez “la cascada de revelación de Kirtland”, donde el Salvador mismo, junto con Moisés, Elías y Elías el profeta se aparecieron en gloria al profeta José Smith y a Oliver Cowdery y les confirieron a estos hombres las llaves y los poderes de sus respectivas dispensaciones. Esta visita concluyó con esta resonante declaración que dice: “Por tanto, se entregan en vuestras manos las llaves de esta dispensación” 7 . Seguir leyendo

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Los matrimonios misioneros: Las bendiciones del sacrificio y del servicio

Conferencia General Abril 2005
Los matrimonios misioneros: Las bendiciones del sacrificio y del servicio
Élder Robert D. Hales
Del Quórum de los Doce Apóstoles

Robert D. Hales

Su Padre Celestial les necesita. Su obra, bajo la dirección de nuestro Salvador Jesucristo, precisa aquello que sólo ustedes pueden brindar.

Hace cuatro años, hablé en este mismo lugar sobre los matrimonios que sirven en misiones de tiempo completo. Mi ruego incluía que “el Espíritu Santo conmueva los corazones y en alguna parte uno o dos cónyuges miren a su compañero… y surja el momento de la verdad [el momento de la decisión]” 1 . Una hermana me escribió sobre esa experiencia y decía: “Nos hallábamos sentados en la comodidad de nuestra sala de estar disfrutando de la conferencia por la televisión… Sus palabras me conmovieron profundamente. Miré a mi esposo y él me miró a mí. Ese momento cambió mi vida para siempre”.

Si se encuentran o si pronto se van a encontrar en la edad de servir como matrimonio misionero, esta tarde me dirijo a ustedes para testificar de las bendiciones que pueden cambiar sus vidas para siempre. Su Padre Celestial les necesita. Su obra, bajo la dirección de nuestro Salvador Jesucristo, precisa aquello que sólo ustedes pueden brindar. Cada experiencia misional requiere fe, sacrificio y servicio, atributos de los que siempre se desprenden abundantes bendiciones.

Mientras analizamos esas bendiciones, es natural que surjan cuatro impedimentos: el temor, la preocupación por la familia, el encontrar la oportunidad misional correcta y las finanzas 2 . Permítanme agregar otro elemento más importante y más poderoso: la fe. Sólo mediante la fe podremos dar oídos al consejo de Dios cuando dice: “Escogeos hoy a quién sirváis” 3 . “Elegid hoy servir a Dios el Señor que os hizo” 4 . Únicamente mediante la prueba de nuestra fe recibiremos las milagrosas bendiciones que anhelamos para nosotros y nuestras familias: “Porque si no hay fe entre los hijos de los hombres, Dios no puede hacer ningún milagro entre ellos; por tanto, no se mostró sino hasta después de su fe” 5 .

Permítanme exponer algunas de estas bendiciones milagrosas extraídas de las cartas y de los relatos que he recibido en los últimos cuatro años. Una sencilla pareja de Idaho empleó la fe para hacer a un lado su miedo cuando el Señor los llamó a servir en Rusia. Escribieron la siguiente carta de aceptación: “Nadie se hubiera imaginado que recibiríamos esta asignación. No tenemos ni idea de cómo vamos a aprender el idioma o a desenvolvernos para resultar útiles, y si bien aceptamos con gran temor y totalmente por la fe, sabemos que el Señor y Su profeta saben mejor que nadie dónde debemos servir”. Diez meses más tarde, el Templo de Estocolmo, Suecia, recibió a treinta santos de una pequeña rama de Rusia dirigidos por ese matrimonio de Idaho que apenas había empezado a defenderse en el idioma. Las Escrituras nos dicen: “Dios ha dispuesto un medio para que el hombre, por la fe, pueda efectuar grandes milagros” 6 . De ese modo, los hijos de Dios llevan a cabo Su obra “para que también la fe aumente en la tierra… para que la plenitud de mi evangelio sea proclamada por los débiles y sencillos hasta los cabos de la tierra” 7 .

Otro matrimonio empleó la fe para hacer frente a sus inquietudes familiares. Una hermana fiel escribió: “La decisión de servir en una misión no fue difícil, pero mi madre, de noventa años, se mostraba reticente a nuestra marcha. Sin embargo, la consoló mucho saber que nuestros familiares serían bendecidos gracias a nuestro servicio”. Un hermano fiel expresó idénticas preocupaciones sobre el partir del lado de sus ancianos padres, a lo que su padre respondió diciendo: “No nos utilices a tu madre ni a mí como excusa para no servir en una misión con tu esposa. Ora al respecto y sigue la guía del Espíritu”.

El Señor tranquilizó a una generación anterior de misioneros que tuvieron que dejar atrás a sus familias con las siguientes palabras: “…y si lo hacen con corazones sumisos… yo, el Señor, les prometo abastecer a sus familias” 8 .

Las preocupaciones por la familia son reales y no se deben tomar a la ligera, pero también es cierto que no podemos resolverlas sin las bendiciones del Señor; y si nos sacrificamos para servir como matrimonios misioneros de tiempo completo, las bendiciones fluirán. Por ejemplo, a una pareja le preocupaba dejar a su hija más joven que no estaba activa en la Iglesia. Su fiel padre escribió: “Orábamos por ella constantemente y ayunábamos con regularidad. Entonces, durante una conferencia general, el Espíritu me susurró: ‘Si sirves, no tendrás que preocuparte por tu hija nunca más’. Nos reunimos con el obispo y a la semana siguiente de recibido el llamamiento, nuestra hija y su novio anunciaron su enlace. Antes de marcharnos a África, se celebró la boda en nuestra casa. [Entonces reunimos a nuestra familia y] realizamos un consejo familiar… Les di testimonio del Señor y de José Smith… y les dije que me gustaría darle a cada uno una bendición de padre. Comencé por el hijo mayor, en seguida, bendije a su esposa y así seguí hasta llegar a la hija menor… [incluido nuestro nuevo yerno]”.

Cuando tengamos en cuenta el servicio misional como matrimonio, es conveniente hacer participar a nuestros familiares de esa misma forma. En las reuniones de consejo familiar, podemos dar a nuestros hijos la oportunidad de expresar su apoyo, de ofrecer la ayuda especial que tal vez nos haga falta y de recibir bendiciones del sacerdocio que los sostengan durante nuestra ausencia. Cuando sea apropiado, también podremos recibir bendiciones del sacerdocio de parte de ellos. Cuando el fiel padre del caso que les he contado bendijo a sus familiares, su yerno sintió la influencia del Espíritu Santo. El padre escribió: “Antes del fin de nuestro primer año, [el] corazón [de nuestro yerno] empezó a enternecerse hacia la Iglesia y justo antes de nuestro regreso a casa una vez terminada nuestra misión, él y nuestra hija vinieron a visitarnos. En la maleta de mi yerno estaba la primera ropa de domingo que se había comprado. Fueron a la Iglesia con nosotros y después de volver a casa se bautizó. Un año más tarde se sellaron en el templo” 9 .

Aun cuando los detalles de esta historia sean excepcionales, el principio es verdadero para todos lo que le digan al Señor: “A donde me mandes iré” 10 . Testifico que si ponemos nuestra confianza en el Señor, Él hallará la oportunidad misional indicada para nosotros. Como Él dijo: “Si alguno me sirve… mi Padre le honrará” 11 . Seguir leyendo

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Los frutos de la Primera Visión

Conferencia General Abril 2005
Los frutos de la Primera Visión
Élder Dieter F. Uchtdorf
Del Quórum de los Doce Apóstoles

Dieter F. Uchtdorf

Incluyo a José Smith entre las personas cuyo testimonio de Cristo contribuyó a fortalecer mi propio testimonio del Salvador.

Hace sólo seis meses, ustedes, los fieles miembros de la Iglesia de Jesucristo, me sostuvieron como miembro del Quórum de los Doce Apóstoles. Ese llamamiento fue una gran sorpresa para muchas personas, en especial para nuestros nietos, quienes dijeron: “¡Pero él es nuestro Opa!, una persona común que jugaba con nosotros y nos cortaba el pelo”.

Después de la conferencia general de octubre, mi esposa y yo les hablamos a nuestros hijos por teléfono, y uno de nuestros nietos me dijo: “Por estar tan lejos de ustedes y no haber podido estar allí en Salt Lake City, por lo menos nos hubieras saludado con la mano cuando estabas dando tu discurso en la conferencia”. Hasta esta conferencia general aún no hemos podido estar con nuestros hijos y nietos, de modo que mando un saludo, con la esperanza de hacer feliz a un nieto. También los saludo a todos ustedes, maravillosos miembros, cuyas oraciones y amor son tan importantes, y que mi esposa y yo agradecemos tanto.

Mientras crecía en Alemania, asistí a la Iglesia en muchos y diferentes lugares y circunstancias: en humildes habitaciones detrás de un edificio, en mansiones impresionantes y en capillas modernas y muy funcionales. Todos esos edificios tenían un importante factor en común: En ellos estaba presente el Espíritu de Dios; el amor del Salvador se podía sentir a medida que nos reuníamos en calidad de familia de rama o de barrio.

En la capilla de Zwickau había un viejo órgano impulsado por aire. Todos los domingos se asignaba a un jovencito para que subiera y bajara la firme palanca de los fuelles que hacían funcionar el órgano. Aun antes de que fuera poseedor del Sacerdocio Aarónico, a veces tenía el gran privilegio de ayudar en esa importante tarea.

Mientras la congregación cantaba nuestros amados himnos de la Restauración, yo bombeaba con todas mis fuerzas para que al órgano no se le acabara el aire. Los ojos del organista indicaban sin lugar a dudas si yo lo estaba haciendo bien o si debía aumentar mis esfuerzos. Siempre consideré un honor la importancia de ese deber y la confianza que el organista había depositado en mí. Era un gran sentimiento de logro el tener una responsabilidad y ser parte de ese grandioso trabajo.

De esa asignación se derivaba un beneficio adicional: el operador de los fuelles se sentaba en un asiento desde donde se apreciaba un vitral que embellecía la parte del frente de la capilla. En el vitral se representaba la Primera Visión, estando José Smith arrodillado en la Arboleda Sagrada, mirando hacia el cielo un pilar de luz.

Durante los himnos de la congregación, e incluso durante los discursos y los testimonios de los miembros, yo solía contemplar esa representación de uno de los momentos más sagrados de la historia del mundo. En mi mente, veía a José en el momento en el que recibía conocimiento, testimonio e instrucciones divinas al convertirse en un bendito instrumento en las manos de nuestro Padre Celestial.

Sentía un espíritu especial al contemplar la bella escena de ese vitral, la de un jovencito creyente en una arboleda sagrada, que tomó la valiente decisión de orar con fervor a nuestro Padre Celestial, quien lo escuchó y le respondió con amor. Seguir leyendo

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El diezmo: Un mandamiento incluso para los más pobres

Conferencia General Abril 2005
El diezmo: Un mandamiento incluso para los más pobres
Élder Lynn G. Robbins
De los Setenta

Lynn G. Robbins

El verdadero sacrificio ha sido el sello distintivo de los fieles desde el principio.

En el cuento clásico de Charles Dickens, Canción de Navidad, Bob Cratchit anhelaba pasar el día de Navidad con la familia. “Si le resulta conveniente, señor”, le preguntó a su empleador, el Sr. Scrooge.

“ ‘No me resulta conveniente’, le dijo Scrooge, ‘y no es justo. Si yo le retuviera media corona por faltar, se daría por mal servido’…

“ ‘Y sin embargo’, le dijo Scrooge, ‘a usted no le importaría que le pagara un día no trabajado’.

“El empleado comentó que era una sola vez al año.

“ ‘¡Mal pretexto para robarle a uno cada veinticinco de diciembre!’, le replicó Scrooge” 1 .

Porque para Scrooge, como para todos los “hombres naturales” y egoístas, el sacrificio nunca es conveniente.

El hombre natural tiene la tendencia a pensar sólo en sí mismo, no sólo a darse el primer lugar, sino, rara vez, a considerar en segundo lugar a nadie más, incluso a Dios. Al hombre natural no le nace abiertamente sacrificarse porque tiene un apetito insaciable de tener más. Sus supuestas necesidades siempre exceden a sus ingresos, por lo que tener “lo suficiente” es constantemente difícil de alcanzar, tal como lo era para el avaro Scrooge.

Debido a que el hombre natural tiende a acapararlo o a consumirlo todo, el Señor sabiamente no aconsejó al Israel antiguo sacrificar el último y el más endeble del rebaño, sino las primicias, no lo que sobrara del campo, sino las primicias (véase Deuteronomio 26:2; Mosíah 2:3; Moisés 5:5). El verdadero sacrificio ha sido el sello distintivo de los fieles desde el principio.

Entre los que no se sacrifican hay dos extremos: uno es el hombre rico y glotón que no quiere hacerlo, y el otro es el hombre pobre que cree que no puede hacerlo. Pero ¿cómo puede uno pedirle al que padece hambre que coma menos? ¿Hay algún nivel de pobreza tan bajo que no se deba esperar el sacrificio, o una familia tan indigente a la que no se le deba requerir el pago del diezmo?

El Señor suele enseñarnos valiéndose de circunstancias extremas para ilustrar un principio. La historia de la viuda de Sarepta es un ejemplo de pobreza extrema que enseña la doctrina de que, así como la misericordia no puede robarle a la justicia, tampoco puede robarle al sacrificio. De hecho, la verdadera medida del sacrificio no es tanto lo que uno da como sacrificio, sino lo que uno se sacrifica para dar (véase Marcos 12:43). La fe no se prueba tanto cuando la alacena está llena, sino cuando está vacía. En esos momentos determinantes, la crisis no crea el carácter o modo de ser, sino que lo pone de manifiesto. La crisis constituye la prueba.

La viuda de Sarepta vivió en los días del profeta Elías, por cuya palabra el Señor mandó sobre la tierra una sequía que duró tres años y medio (véase Lucas 4:25). La hambruna llegó a ser tan seria que muchos estaban a punto de morir. Y en esas circunstancias encontramos a la viuda.

El Señor le dijo a Elías: “Levántate, vete a Sarepta… he aquí yo he dado orden allí a una mujer viuda que te sustente” (1 Reyes 17:9). Cabe hacer notar que no fue sino hasta que la viuda y su hijo estaban al borde de la muerte que se le dijo a Elías que fuera a Sarepta. En ese momento extremo, al enfrentarse con la muerte por el hambre, sería probada la fe de ella.

Cuando Elías llegó a la ciudad, la vio recogiendo leña.

“…y él la llamó, y le dijo: Te ruego que me traigas un poco de agua en un vaso, para que beba.

“Y yendo ella para traérsela, él la volvió a llamar, y le dijo: Te ruego que me traigas también un bocado de pan en tu mano.

“Y ella respondió: Vive Jehová tu Dios, que no tengo pan cocido; solamente un puñado de harina tengo en la tinaja, y un poco de aceite en una vasija; y ahora recogía dos leños, para entrar y prepararlo para mí y para mi hijo, para que lo comamos, y nos dejemos morir” (versículos 10–12).

Un puñado de harina sería en realidad muy poco, quizá suficiente para una sola porción, por lo cual es curiosa la respuesta de Elías. Escuchen: “Elías le dijo: No tengas temor; vé, haz como has dicho; pero hazme a mí primero de ello una pequeña torta cocida…” (versículo 13; cursiva agregada). Seguir leyendo

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El valor de las almas

Conferencia General Abril 2005
El valor de las almas
Élder Harold G. Hillam
De los Setenta

Harold G. Hillam

Cuando vemos el efecto que una persona puede tener… quizá no es de maravillarse que el Señor nos recuerde: “Recordad… el valor de las almas”.

Uno de los discursos que ha dejado una huella imperecedera en mí es uno que se pronunció hace ya años en una sesión del sábado por la noche de una conferencia de estaca. Una madre joven pronunció ese discurso y esto es lo que dijo:

“He estado haciendo la genealogía de mi bisabuelo. Él y su numerosa familia de hijos e hijas fueron miembros de la Iglesia.

“Mi bisabuelo”, explicó ella, “dejó la Iglesia un domingo con su familia y nunca más regresaron, sin dar ninguna explicación del porqué”.

Y continuó: “En mi investigación he descubierto que mi bisabuelo tiene más de 1.000 descendientes”.

Después ella dijo, y ésta es la parte que no he podido olvidar: “De aquellos 1.000 descendientes, en la actualidad yo soy la única activa en la Iglesia”.

Cuando ella dijo esas palabras, me quedé pensando: “¿Son sólo 1.000 o podría quizás haber más?”.

La respuesta es evidente. La influencia espiritual que aquella familia pudo haber tenido en sus vecinos y en sus amigos no tuvo lugar. Ninguno de sus hijos y ninguna de sus hijas sirvió como misionero y las personas a quienes pudieron haber conmovido con sus testimonios no se bautizaron y los que no se bautizaron no fueron a la misión. Sí, probablemente hay muchos miles que no están en la Iglesia en la actualidad, ni en esta reunión hoy día, debido a la decisión de ese bisabuelo.

Al escucharla hablar me puse a pensar: “¡Qué tragedia! Quizás si yo hubiese estado allí en ese momento le habría dicho algo al padre, a la familia, a los líderes del sacerdocio, que hubiese ayudado a prevenir tal calamidad a su familia y a tantos otros en las generaciones futuras que les seguirían.”

Aquella oportunidad del pasado se ha perdido, pero ahora podemos contemplar el presente y el futuro. Yo les diría a quienes se encuentren en la misma situación de aquel bisabuelo: ¿podrían considerar lo que le harían a su familia y a todos los que vengan después de ustedes? ¿Podrían meditar en los efectos de sus pensamientos y de sus acciones?

Si tuvieran alguna preocupación acerca de la doctrina de la Iglesia, contemplen el consejo que brindó el presidente Gordon B. Hinckley en una gran reunión de más de dos mil miembros en París, Francia, el año pasado. Él dijo: “Les ruego, mis hermanos y hermanas, que si tuvieran alguna duda acerca de cualquier doctrina de esta Iglesia, la pongan a prueba. Pruébenla. Vivan el principio. Arrodíllense y oren al respecto, y Dios los bendecirá con un conocimiento de la veracidad de esta obra”.

Si sienten que han sufrido una injusticia, estén listos para perdonar. Si por alguna razón tuvieran un recuerdo desagradable, olvídenlo. Cuando sea necesario, hablen con su obispo; hablen con su presidente de estaca.

A todos, pero especialmente a quienes algún día serán bisabuelos y bisabuelas, sus bendiciones eternas y las de su posteridad son mucho más importantes que cualquier razón orgullosa que les niegue esas bendiciones importantes a ustedes y a muchas otras personas más. En el Libro de Mormón, el rey Benjamín nos recuerda: “Y además, quisiera que consideraseis el bendito y feliz estado de aquellos que guardan los mandamientos de Dios. Porque he aquí, ellos son bendecidos en todas las cosas, tanto temporales como espirituales; y si continúan fieles hasta el fin, son recibidos en el cielo, para que así moren con Dios en un estado de interminable felicidad” (Mosíah 2:41). Seguir leyendo

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El poder de Predicad Mi Evangelio

Conferencia General Abril 2005

El poder de Predicad Mi Evangelio

Elder Richard G. Scott

Élder Richard G. Scott
Del Quórum de los Doce Apóstoles

Les aliento a descubrir la forma en que este material los puede ayudar en sus labores misionales.


Estoy muy agradecido por poder hablarles sobre un acontecimiento emocionante que hará más fácil para cada uno de nosotros compartir con los seres queridos y los amigos el glorioso mensaje de la restauración de la Iglesia de Jesucristo, el cual ha infundido entusiasmo al corazón de nuestros misioneros, puesto que los prepara para enseñar su mensaje con poder y para dar testimonio del Señor Jesucristo y de Su profeta José Smith sin la restricción de un diálogo preestablecido. Aunque se creó principalmente para el uso de los misioneros de tiempo completo, este material ha probado ser también de gran beneficio para los padres que desean ayudar a preparar a sus hijos para la misión. Los jóvenes y las jovencitas, así como algunos matrimonios, están empleando este material para empezar a prepararse antes de entrar en los Centros de Capacitación Misional. Algunos líderes del sacerdocio han confirmado su valor al preparar a los hermanos del Sacerdocio Aarónico para prestar servicio misional, y es de un valor incalculable para la labor del sacerdocio y de las organizaciones auxiliares en lo que respecta a ayudar a los miembros nuevos a fortalecer su testimonio y obediencia. Me refiero a este nueva guía, Predicad Mi Evangelio, y a sus materiales adjuntos, como esta Agenda Diaria de Planificación para el Misionero.

Quisiera decirles por qué estoy tan entusiasmado con Predicad Mi Evangelio. Esta guía ha destacado nuestra labor misional como nunca antes. Durante muchos años he preguntado a grupos de misioneros, “¿cuál es el propósito de su misión?”. Las respuestas diferían enormemente. La mayoría no contaba con un propósito específico para organizar su labor. La página 1 de esta guía permite que los misioneros concentren su atención de manera poderosa en su verdadero objetivo: “Invitar a las personas a venir a Cristo a fin de que reciban el Evangelio restaurado mediante la fe en Jesucristo y Su expiación, el arrepentimiento, el bautismo, la recepción del don del Espíritu Santo y el perseverar hasta el fin”. Posteriormente, el contenido indica la forma de lograrlo al dejarse llevar por medio del Espíritu.

Los materiales misionales anteriores fueron eficaces para su época, pero el mundo ha cambiado radicalmente; los valores que forman el cimiento básico de la sociedad están bajo el ataque de Satanás y de sus aliados. Ha existido la apremiante necesidad de tener una manera mejor de compartir la plenitud de la verdad que Dios ha puesto de nuevo en la tierra; esto comprende un entendimiento del plan de felicidad de Dios y de la forma en que ha sido restaurado de nuevo en la tierra por conducto de Su extraordinario profeta, José Smith. También, que la Iglesia de Jesucristo, con la autoridad del sacerdocio para actuar en Su nombre, se encuentra de nuevo sobre la tierra en su plenitud.

El presidente Hinckley lo enseñó bien: “Durante muchos años hemos tenido un juego estándar de lecciones misionales, de lo que han resultado muchas cosas buenas, pero, lamentablemente, este método ha resultado, en demasiados casos, en una presentación memorizada que carece del Espíritu y de la convicción personal…

“[Los misioneros] deben dominar los conceptos de las lecciones, pero deben… enseñarlos con sus propias palabras, bajo la influencia guiadora del Santo Espíritu” 1 .

Ese principio es uno de los pilares de Predicad Mi Evangelio. Por todo el mundo, los misioneros ahora aprenden en su mente y en su corazón el mensaje de la restauración del Evangelio de Jesucristo, el plan de salvación, los mandamientos esenciales y las leyes y ordenanzas del Evangelio. Esas lecciones las presentan después con sus propias palabras, según se lo indique el Espíritu. Ese método ha mejorado radicalmente la eficacia de los misioneros que las enseñan.

Predicad Mi Evangelio contiene capítulos que brindan información sumamente valiosa en cuanto a la manera de reconocer y entender la guía del Espíritu Santo; hay pasajes de las Escrituras sobre la forma de estudiar de manera eficiente y sobre cómo mejorar las técnicas personales de enseñanza. En un capítulo se explica por qué el Libro de Mormón es la clave de nuestra religión, cómo puede dar respuesta a preguntas profundas del alma, cómo puede fortalecer la fe y ayudar a los demás a acercarse a Dios. Hay enseñanza adicional que demuestra cómo el Libro de Mormón es una fuente de consulta tangible que la persona puede utilizar para ratificar la veracidad de nuestro mensaje. Al misionero se le enseña a buscar atributos semejantes a los de Cristo, como la esperanza, la caridad y el amor puesto que el amor es el cimiento de todo servicio misional significativo. Se dan sugerencias excelentes para aprender el idioma de la misión; se proporcionan medios claros y eficaces de planificación a fin de ayudar al misionero a utilizar el tiempo con sabiduría. Se comparten métodos aprobados para encontrar y preparar personas para enseñar. Se brinda guía práctica para ayudar a las personas a hacer y a guardar los compromisos que conducen al bautismo, a la confirmación y a la retención. Esta guía contiene materiales para combinar la labor de los misioneros de tiempo completo, de los líderes de estaca y de barrio, y de los miembros. Con esa ayuda, más miembros nuevos pueden realizar una transición más segura en la familia de la Iglesia. Hay una mayor garantía de que, las personas que mediante el bautismo y la confirmación toman sobre sí el nombre de Jesucristo y se comprometen a obedecer Sus mandamientos, reciban Sus bendiciones prometidas a lo largo de su vida.

Al utilizar el contenido inspirado de Predicad Mi Evangelio, muchos misioneros han logrado marcadas mejoras en su capacidad para enseñar con convicción e invitar el testimonio ratificador del Espíritu Santo. Hace poco les pedí a los dos ayudantes de un presidente de misión que compartieran la visión de José Smith mientras yo hacía el papel de investigador. Tenía pensado oponerme rotundamente a sus ideas para ver cómo reaccionaban; sin embargo, la sinceridad de su mensaje, la pureza de sus intenciones, la destreza con la que lo presentaron, incluso en una sesión de práctica, fueron tan convincentes que no pude hacerlo. Seguir leyendo

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La virtud de la bondad

Conferencia General Abril 2005

La virtud de la bondad

Joseph B. WirthlinÉlder Joseph B. Wirthlin
Del Quórum de los Doce Apóstoles

La bondad es la esencia de la vida celestial, es el modo en que una persona que se asemeja a Cristo trata a los demás.

Hace muchos años, la primera vez que fui llamado como obispo, tuve el deseo de que el obispado visitara a los miembros menos activos de la Iglesia y ver si podíamos hacer algo para llevarles las bendiciones del Evangelio.

Cierto día fuimos a ver a un hombre de unos cincuenta años, un mecánico bueno y respetado, que me dijo que la última vez que había ido a la Iglesia había sido cuando era jovencito. Algo ocurrió aquel día. No se había portado del todo bien en clase y su maestro se enojó con él, al grado de que lo echó fuera del aula y le dijo que no volviera.

Y nunca más volvió.

Me sorprendió mucho que una palabra poco amable pronunciada hacía más de cuarenta años pudiera tener un efecto tan profundo, pero así era. A consecuencia de ello, este hombre no había vuelto a la Iglesia, como tampoco lo habían hecho su esposa ni sus hijos.

Me disculpé con él y le expresé mi pesar por el trato que se le había dado. Le dije cuán lamentable era que una palabra dicha sin pensar y hacía tanto tiempo privara a su familia de las bendiciones que se reciben al estar activo en la Iglesia.

“Después de cuarenta años”, le dije, “es hora de que la Iglesia se rectifique”.

Me esforcé por que así fuera. Le aseguré que era bienvenido y que se le necesitaba. Me dio una gran alegría cuando, finalmente, aquel hombre y su familia volvieron a la capilla y se convirtieron en miembros firmes y fieles. Concretamente, este buen hermano llegó a ser un maestro orientador eficaz porque entendía cómo algo tan pequeño como una palabra poco amable podía tener consecuencias que afectaran toda una vida y, tal vez, más.

La bondad es la esencia de la grandeza y la característica fundamental de los hombres y de las mujeres más nobles que he conocido. La bondad es un pasaporte que abre puertas y da forma a los amigos; ablanda el corazón y moldea las relaciones que pueden durar toda la vida.

Las palabras amables no sólo nos levantan el ánimo en el momento que se pronuncian, sino que permanecen con nosotros durante años. Cierto día, mientras me hallaba en la universidad, un alumno que era siete años mayor que yo me felicitó por mi actuación en un partido de fútbol americano. No sólo me alabó por lo bien que había jugado, sino que se percató de mi buen espíritu deportivo. Aun cuando aquella conversación tuvo lugar hace más de sesenta años, y aunque es muy probable que dicha persona ya no se acuerde de ella, yo todavía recuerdo las bondadosas palabras que me dijo Gordon B. Hinckley, el actual Presidente de la Iglesia.

Los atributos de la amabilidad y de la bondad están inseparablemente unidos al presidente Hinckley. Cuando mi padre falleció en 1963, el presidente Hinckley fue la primera persona que visitó nuestro hogar. Nunca olvidaré su trato amable. Le dio una bendición a mi madre y, entre otras cosas, le prometió que aún le quedaba mucho por hacer y que la vida la trataría con bondad. Estas palabras fueron una fuente de consuelo para mi madre y para mí; nunca olvidaré su cariño.

La bondad es la esencia de la vida celestial, es el modo en que una persona que se asemeja a Cristo trata a los demás. La bondad debe estar presente en todas nuestras palabras y obras en el trabajo, la Iglesia y, especialmente, en el hogar.

Jesús, nuestro Salvador, fue la personificación de la bondad y de la compasión. Él curó al enfermo; dedicó gran parte de Su tiempo a ministrar individual y colectivamente; trató caritativamente a la mujer samaritana a la que muchos despreciaban; mandó a Sus discípulos que dejaran a los niños acercarse a Él; fue bondadoso con los que habían pecado, condenando sólo al pecado y no al pecador; ejerció gran bondad al permitir que miles de nefitas se acercaran a Él y palparan las marcas de los clavos en Sus manos y Sus pies. Aun así, Su mayor acto de bondad reside en Su sacrificio expiatorio con el que nos liberó a todos de los efectos de la muerte y del pecado de acuerdo con las condiciones del arrepentimiento. Seguir leyendo

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Verdades constantes para tiempos cambiantes

Conferencia General Abril 2005
Verdades constantes para tiempos cambiantes
Presidente Thomas S. Monson
Primer Consejero de la Primera Presidencia

Thomas S. Monson

Nosotros, los miembros de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, debemos hacer frente a los peligros que nos rodean tanto a nosotros como a nuestras familias.

Mis queridos hermanos y hermanas que se hallan aquí presentes y en diversas partes del mundo, solicito sus oraciones y su fe para responder a la asignación y el privilegio de dirigirme a ustedes.

Comienzo felicitándolos a todos. En este mundo tan difícil, los jóvenes de hoy son los mejores que ha tenido la Iglesia. La fe, el servicio y las obras de nuestros miembros son dignos de alabanza. Somos un pueblo de fe, que se apoya en la oración y que se esfuerza por ser decente y honrado. Cuidamos los unos de los otros y tratamos de amar a nuestro prójimo.

Sin embargo, y antes de que nos durmamos en los laureles, permítanme citar de 2 Nefi, en el Libro de Mormón:

“En aquel día [el diablo]… los adormecerá con seguridad carnal, de modo que dirán: Todo va bien en Sión; sí, Sión prospera, todo va bien. Y así el diablo engaña sus almas” 1 .

Se ha dicho que el árbol de la autocomplacencia tiene muchas ramas y cada primavera echa nuevos brotes.

No podemos permitirnos el lujo de ser indiferentes. Vivimos tiempos peligrosos; las señales están a todo nuestro alrededor. Estamos extremadamente atentos a las influencias negativas de la sociedad que acechan a la familia tradicional. A veces la televisión y las películas representan a héroes y a heroínas mundanos e inmorales y tratan de poner como ejemplos a actores y actrices cuyas vidas nada tienen de ejemplar. ¿Por qué seguir a un guía ciego? Las emisoras de radio nos aturden con música denigrante con letra descarada, invitaciones peligrosas y descripciones de casi cualquier maldad imaginable.

Nosotros, los miembros de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, debemos hacer frente a los peligros que nos rodean tanto a nosotros como a nuestras familias. A fin de auxiliarnos en esta determinación, ofrezco varias sugerencias, así como algunos ejemplos de mi propia vida.

Comenzaré con la noche de hogar. Nadie puede permitirse desatender este programa inspirado que brinda crecimiento espiritual a cada miembro de la familia y le ayuda a resistir las tentaciones que hay por todas partes. Las lecciones que se aprenden en el hogar son las que perduran. Tal y como han dicho el presidente Gordon B. Hinckley y sus antecesores: “El hogar es el fundamento de una vida recta y ningún otro medio puede ocupar su lugar ni cumplir sus funciones esenciales” 2 .

El Dr. Glenn J. Doman, destacado autor y autoridad médica, escribió: “El recién nacido es casi una réplica exacta de una computadora vacía, aunque superior a dicha computadora casi en cada aspecto… Aquello que se introduce en la [mente] del niño durante sus primeros ocho años de vida quedará ahí para siempre. Si se le da información errónea durante [este período], resulta sumamente difícil eliminarla”. Y el doctor Doman agregó: “Los dos o tres primeros años constituyen el periodo más receptivo de la vida humana” 3 .

Me gusta este pensamiento: “La mente es un armario y cada uno abastece sus estantes”. Asegurémonos de que nuestros estantes, y los de nuestra familia, cuenten con aquellas cosas que brindan seguridad al alma y nos permitan regresar a nuestro Padre Celestial. En esos estantes deberá haber conocimiento del Evangelio, fe, oración, amor, servicio, obediencia, ejemplo y bondad.

Ahora abordo el tema de las deudas. Ésta es la época de pedir prestado, una época en la que cada semana recibimos en el correo múltiples ofertas de tarjetas de crédito que, por lo general, suelen ofrecer un interés bajo que tal vez se aplique durante un breve periodo de tiempo. Pero no solemos darnos cuenta de que, una vez que ese período se haya vencido, la tasa de interés aumenta drásticamente. Comparto con ustedes una declaración del presidente J. Reuben Clark, Jr., que fue miembro de la Primera Presidencia hace muchos años. Se trata de una verdad eterna. Él dijo:

“En todo el mundo rige una regla económica y financiera por la que se paga un interés por el dinero que se toma prestado…

“El interés nunca duerme, ni enferma ni muere; nunca va al hospital; trabaja los domingos y días festivos; nunca sale de vacaciones; nunca visita ni viaja; no se complace en nada; nunca queda cesante ni le despiden del empleo; nunca le reducen el número de horas que puede trabajar… Una vez que contraemos una deuda, el interés es nuestro compañero cada minuto del día y de la noche; no podemos huir ni escabullirnos de él; no podemos despedirlo; no cede ante súplicas, ni demandas, ni órdenes; y si nos inmiscuimos en su vía o atravesamos su camino o no cumplimos con sus exigencias, nos aplasta” 4 .

Mis hermanos y hermanas, me horroriza ver toda esa publicidad abogando por los préstamos hipotecarios al consumo. Hablando en términos financieros: se trata de segundas hipotecas inmobiliarias que tienen como fin tentarnos a solicitar más dinero para adquirir más cosas. Pero lo que nunca se menciona es el hecho de que si no se es capaz de satisfacer ese “segundo” pago, se corre el riesgo de perder la vivienda. Seguir leyendo

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Ahora es el tiempo de preparación

Conferencia General Abril 2005

Ahora es el tiempo de preparación

Élder Russell M. Nelson
Del Quórum de los Doce Apóstoles

Ahora es el tiempo de prepararnos para comparecer ante Dios. Mañana puede ser demasiado tarde.

Mis queridos hermanos y hermanas, desde nuestra última conferencia general, mi amada, mi querida esposa durante 59 años, falleció. Encontrándome en casa en uno de esos sábados poco comunes en los que no tenía ninguna asignación, habíamos trabajado juntos; ella había lavado nuestra ropa y yo había ayudado a llevarla, doblarla y ponerla en su lugar. Después, mientras estábamos sentados en el sofá, tomados de la mano y disfrutando de un programa de televisión, mi preciosa Dantzel pasó tranquilamente a la eternidad. Su deceso acaeció de repente y de forma imprevista. Sólo cuatro días antes, el informe de nuestro médico, en un chequeo de rutina, indicó que sus análisis del laboratorio eran buenos. Después de que mis esfuerzos por reanimarla resultaron infructuosos, me abrumaron sentimientos de consternación y de dolor. Mi amiga más cercana, la angelical madre de nuestros 10 hijos, la abuela de nuestros 56 nietos, se nos había ido.

Dantzel no sólo fue una amada y amorosa compañera; fue una maestra: mediante su noble ejemplo enseñó la fe, la virtud, la obediencia y la misericordia. Me enseñó a escuchar y a amar y, gracias a ella, conozco todas las bendiciones que pueden venir a un esposo, padre y abuelo.

Agradezco profundamente la enorme demostración de amor de amigos queridos de todo el mundo. Nos han enviado incontables cartas, llamadas telefónicas y otros mensajes, todos ellos homenajes expresados en amorosa admiración hacia ella y de condolencia hacia nosotros, a quienes dejó atrás. Esos mensajes fueron tan numerosos que, lamentablemente, no pudimos responder a todos en forma individual. Les agradezco a todos y a cada uno su gran bondad hacia nosotros. Gracias, muchas gracias. Sus expresiones han traído mucho consuelo en esta época de dolor para nuestra familia. ¡En verdad amamos a nuestra querida Dantzel! ¡La echamos de menos!

De su inesperada partida podemos aprender una lección muy importante: ahora es el tiempo de prepararnos para comparecer ante Dios. Mañana puede ser demasiado tarde. A través de las épocas, los profetas así lo han declarado: “Esta vida es cuando el hombre debe prepararse para comparecer ante Dios… no demoréis el día de vuestro arrepentimiento” 1 .

La necesidad de prepararnos ahora

Aún así, muchos demoran 2 . Un profeta nos advierte: “No podréis decir… Me arrepentiré, me volveré a mi Dios. No, no podréis decir esto; porque el mismo espíritu que posea vuestros cuerpos al salir de esta vida, ese mismo espíritu… [poseerá] vuestro cuerpo en aquel mundo eterno” 3 . Otro profeta agrega: “El que es impuro continuará siendo impuro; y el que es justo continuará siendo justo” 4 .

Grande es el conocimiento de que: “Cualquier principio de inteligencia que logremos en esta vida se levantará con nosotros en la resurrección” 5 . Del profeta José Smith también aprendemos que “Dios tiene determinado… un… tiempo en que traerá a su reposo celestial a todos sus súbditos que hayan obedecido a su voz y guardado sus mandamientos. Este reposo 6 es de tal perfección y gloria, que el hombre tiene necesidad, según las leyes de este reino, de una preparación antes que pueda entrar en él y disfrutar de sus bendiciones… Dios ha dado ciertas leyes a la familia humana que son suficientes, si se observan, para prepararlos, a fin de heredar este reposo” 7 . ¡La hermana Nelson estaba preparada de esa manera!

Esa gloriosa meta parece estar muy distante si uno se desanima con los problemas y el pesimismo mundanos. Recuerdo cuando un amigo, que pasaba por un día difícil, exclamó: “¡Ay! ¿Por qué habré nacido?”. El plan de Dios responde a su pregunta. Vinimos a esta vida a adquirir un cuerpo físico. Nos podemos enamorar y casar, podemos tener hijos y experimentar las pruebas de la vida. (Por favor, perdónenme por mencionar a los hijos y las pruebas de la vida en la misma frase. Percibo que los dos son parte de nuestro proceso de desarrollo.) La Iglesia se restauró, la tierra se creó para que las familias pudiesen ser selladas en los santos templos. De otro modo, toda la tierra sería “totalmente asolada” 8 .

Vinimos para ser probados, para ser examinados y para tomar decisiones 9 . Nuestras decisiones determinan nuestro destino. Somos “libres para escoger la libertad y la vida eterna, por medio del gran Mediador… o escoger la cautividad y la muerte” 10 . Es probable que quienes escojan el sendero del Señor tengan que soportar la persecución 11 , pero su galardón es seguro. Quienes prueben ser fieles, “heredarán el reino de Dios… y su gozo será completo para siempre” 12 . ¡La hermana Nelson se ha ganado ese galardón! ¡Qué consuelo nos brinda eso a mí y a mi familia!

Las pruebas y las vicisitudes se aplican a los ricos y a los pobres por igual. Hace años, se me pidió realizar una operación quirúrgica a un hombre muy rico. Un examen de biopsia confirmó que tenía un cáncer avanzado que se le había extendido por todo el cuerpo. Al informarle estas noticias, su reacción inmediata fue apoyarse en su riqueza; iría a donde fuera o haría lo que fuese para tratar su afección. Pensó que con su dinero podría comprar su salud de nuevo, pero al poco tiempo falleció. Alguien preguntó: “¿Cuánta riqueza dejó?”. Por supuesto, la respuesta fue: “¡La dejó toda!”.

Sus prioridades se basaban en las cosas de este mundo. Su escalera del éxito había estado apoyada en la pared equivocada. Cuando leo este pasaje de las Escrituras pienso en él: “Mas he aquí, vuestros días de probación ya pasaron; habéis demorado el día de vuestra salvación hasta que es… tarde ya” 13 .

En radiante contraste, la hermana Nelson se preparó a lo largo de toda su vida para cuando regresara a Dios; vivió cada día como si fuera el último; valoró cada hora, sabiendo que el tiempo en la tierra es valioso. Seguir leyendo

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