Que prevalezca el espíritu de la unidad

Conferencia General Octubre 1971

Que prevalezca el espíritu de la unidad

Joseph Fielding Smith

Por el presidente Joseph Fielding Smith


Quisiera expresar frente a vosotros el profundo agradecimiento que siento por la fe, la devoción y el servicio de los dos grandes hombres que están a mi lado en la Primera Presidencia de la Iglesia.

El presidente Harold B. Lee es un gigante espiritual, con una fe semejante a la de Enoc; posee el espíritu de revelación y magnifica su llamamiento como Profeta, Vidente y Revelador.

El presidente N. Eldon Tanner es también uno de los espíritus nobles y grandes, preparado desde la eternidad para rendir el importante servicio que ahora está efectuando en ésta, la Iglesia del Señor. Es un hombre de una habilidad e integridad sobresalientes.

La Primera Presidencia de la Iglesia está unida como uno, y es mi oración que siempre podamos ser uno, así como Jesús dijo que El, el Padre y el Espíritu Santo eran uno. Y esta misma unidad debe reinar en cada presidencia de estaca, cada obispado y cada presidencia de quórum del sacerdocio.

Asimismo estoy agradecido por la labor del presidente Spencer W, Kimball y sus colegas del Consejo de los Doce, así como de, todas las Autoridades Generales, y quiero que sepáis que amo a mis hermanos.

Me siento inspirado a bendecir a los miembros fieles de la Iglesia. Ciertamente si continúan andando por los senderos de la verdad y la virtud, a su debido tiempo recibirán en justicia los deseos de su corazón y sentirán adelante para lograr la recompensa eterna en el reino de nuestro Padre.

Durante toda mi vida he tratado de guardar los mandamientos y de hacer aquellas cosas que le agradaran al Señor, y deseo testificar acerca de su bondad para conmigo, así como para con sus hijos que han hecho el convenio de guardar sus mandamientos.

Al encontrarme, ahora en lo que podría llamar el crepúsculo de mi vida, dándome cuenta que en un día no muy lejano seré llamado para dar cuenta de mi administración terrenal, testifico nuevamente de la veracidad de esta gran obra. Sé que Dios vive y que envió a su Hijo amado al mundo para expiar nuestros pecados.

Sé que el Padre y el Hijo se le aparecieron al Profeta José Smith para introducir esta última dispensación del evangelio.

Se que José Smith fue y es un Profeta; más aún, que esta es la Iglesia del Señor, y que la causa del evangelio continuará progresando hasta que el conocimiento del Señor cubra la tierra como las aguas cubren el mar.

Estoy seguro que todos amamos al Señor; sé que El vive, y espero ansiosamente ese día cuando veré su faz, y espero oír su voz que me diga: «Venid, benditos de mi Padre, heredad el reino preparado para vosotros desde la fundación del mundo» (Mateo 25:34)

Y ruego que ésta pueda ser la feliz fortuna de todos nosotros, a su debido tiempo, y esto digo en el nombre de Jesucristo. Amén.

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No cometerás adulterio

C. G. Abril 1971
“No cometerás adulterio”
Presidente Milton R. Hunter
Del Primer Consejo de los Setenta

Milton R. HunterLos hombres y las mujeres no pueden abandonar la norma cristiana de la castidad y cosechar una plenitud de gozo

Todavía podemos escuchar la voz de Jehová que resonaba desde el Monte Sinaí, mandando: «No cometerás adulterio» (Éxodo 20:14). Por más de tres mil años este mandamiento ha resonado a través del mundo hebreo y cristiano; ha sido la guía mediante la cual millones de personas han modelado sus vidas.

Muchas personas en el mundo y, hablando en general, por todo el mundo han abandonado la antigua norma moral de castidad hebreo-cristiana. Frecuentemente, las personas casadas cometen adulterio, y las solteras satisfacen sus pasiones en actos de fornicación. El resultado de ello es la desdicha, la pérdida del amor, el quebrantamiento de hogares y la destrucción de la vida familiar, un aumento en el número de divorcios, la vergüenza, la pérdida de la salvación eterna.

Citemos únicamente algunos de los numerosos casos de que me he enterado recientemente. Hace algunos meses, vino a mi oficina una madre de cinco hijos; lloraba amargamente al confiarme que su esposo había pasado la mayor parte del tiempo durante el año anterior con la esposa de otro hombre. Me explicó que en varias ocasiones ella lo había seguido en el auto hasta la residencia de la otra mujer; naturalmente, el esposo pecador se sentía desdichado, la esposa estaba muy afligida y los hijos sentían congoja. «. . . la maldad nunca fue felicidad» (Alma 41:10).

Hace un año más o menos, un joven vino a mi oficina llorando desconsoladamente para decirme: “Hace dos años cometí adulterio. El pecado está causándome tal agonía que ya no puedo soportarlo; si tengo que ser excomulgado, suplico que la Iglesia tome rápidamente las medidas necesarias. Mi sufrimiento no tiene descripción; quiero hacer lo que sea necesario para pagar este terrible pecado.”

Existen muchos casos más, pero estos dos ejemplos deberían ser suficientes para ilustrar la gravedad del pecado del adulterio.

Estamos viviendo en una sociedad muy tolerante. Habiendo abandonado la antigua moral cristiana, muchas personas afirman aceptar una nueva, la cual, en realidad, es vivir en contra de las leyes de la castidad como fueron anunciadas por Dios. Estamos viviendo en una época en que se está proclamando una revolución sexual; en dondequiera se encuentran tentaciones para el comportamiento ilícito; día tras día se empeoran en novelas, revistas, películas, la televisión y la propaganda. Seguir leyendo

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Un testimonio y una bendición

Conferencia General Abril 1971

Un testimonio y una bendición

Joseph Fielding Smith

Por el presidente Joseph Fielding Smith


Mis queridos hermanos y hermanas:

Ahora que llegamos al término de otra gloriosa e inspiradora conferencia, nuestros corazones están rebosantes de gratitud por las abundantes bendiciones que han sido derramadas sobre nosotros.

Nos hemos deleitado con la palabra de Cristo; nuestras mentes se han vivificado con el poder del Espíritu Santo; y hemos adorado al Señor en espíritu y verdad.

A todo lo que ha sido dicho, quiero agregar mi testimonio personal de la verdad y divinidad de esta gran obra y dejar con todos los santos fieles de todo el mundo, mi bendición.

Os digo a vosotros, a la Iglesia entera, y en este caso, a todo el mundo, que un bondadoso y amoroso Padre ha hablado otra vez desde el cielo en estos últimos días a sus siervos los profetas.

Su voz ha sido tal que invita a todos los hombres a venir a su Hijo amado, a aprender de Él, a participar de su bondad, a tomar sobre ellos su yugo, y ocuparse de su salvación mediante la obediencia a las leyes del evangelio. Su voz ha sido de honor y gloria, de paz en este mundo y vida eterna en el mundo venidero.

Sé que Dios vive y, que envió a su Unigénito al mundo para llevar a cabo la infinita y eterna expiación.

Sé que Jesucristo es el Hijo de Dios y que recibió de su Padre el poder para rescatar al hombre de la muerte temporal y espiritual traída al mundo por la caída de Adán.

Sé que el Señor ha establecido su Iglesia y su reino sobre la tierra por última vez; que en el reino de estos últimos días se encuentra el poder y autoridad del santo sacerdocio y que esta Iglesia administra el evangelio y pone sus bendiciones al alcance de todos aquellos que creen y obedecen.

No desconozco que hay personas buenas y devotas entre todas las sectas, partidos y denominaciones, y que serán bendecidas y recompensadas por todo el bien que hacen. Pero el hecho de que solamente nosotros tenemos la plenitud de esas leyes y ordenanzas, las cuales preparan al hombre para la plenitud de recompensa en las mansiones Celestiales, permanece. Así decimos al bueno y noble, al recto y devoto pueblo en todas partes: Mantened todo lo bueno que tenéis; apegaos a cada principio verdadero, pero venid y participad de la mayor luz y conocimiento, el cual Dios, que es el mismo ayer, hoy, siempre, está otra vez derramando sobre su pueblo.

Oro porque nuestro Padre Celestial bendiga a su pueblo, porque lo bendiga abundantemente y en toda medida.

Oro porque los Santos puedan permanecer firmes contra las presiones y tentaciones del mundo; porque consideren de mayor importancia en sus vidas las grandezas del reino de Dios, porque sean veraces a toda confianza que en ellos se deposite y mantengan todo convenio.

Oro por los jóvenes y por la generación que se está levantando; que puedan tener sus mentes y sus cuerpos limpios; libres de la inmoralidad; del uso y abuso de drogas y del espíritu de rebelión, y desafío a la decencia que está arrollando la tierra.

Padre Nuestro, derrama tu Espíritu sobre estos tus hijos, que ellos puedan ser preservados de los peligros del mundo y mantenidos limpios y puros, dignos de retornar a tu presencia y morar contigo.

Permite que tu cuidado protector se extienda a todos aquellos que buscan tu rostro y que caminan ante ti con integridad en sus almas; que puedan ser luces para el mundo e instrumentos en tus manos para que se cumplan tus propósitos en la tierra. Y que pueda tu Espíritu estar con nosotros ahora y por siempre, lo ruego en el nombre del Señor Jesucristo. Amén.

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Los jóvenes de hoy

Conferencia General Abril 1971

Los jóvenes de hoy

harold b. lee

Por el presidente Harold B. Lee
Primer Consejero en la Primera Presidencia


Gracias, presidente Tanner.  Quisiera recordaros que esta mañana el hermano Marvin J. Ashton, en su muy excelente discurso, dijo que ningún hogar es un fracaso hasta que se da por perdido un hijo, una hija, un marido o una esposa.  No debemos darnos por vencidos, no importa cuán difícil sea la tarea de salvar a uno de los nuestros.

Horacio Mann, ese gran educador contemporáneo de Abraham Lincoln, relató que cuando fue el orador en la inauguración de una gran escuela para niños, en su discurso dijo: «Esta escuela ha costado cientos de miles de dólares, pero si ésta es capaz de salvar a un niño, valió la pena todo lo que costó».  Uno de sus amigos se acercó a él al terminarse la reunión y le dijo: «Se dejó llevar por su entusiasmo, ¿no es así?  Usted no puede pensar que si esta escuela salva a un solo niño, valdrá todo lo que ha costado.  Seguramente usted no quiso decir eso.»

Horacio Mann lo miró y dijo: «Sí mi amigo, valdría lo que costó si ese único niño fuera mi hijo; claro que lo valdría».

Yo quiero hacerles saber que valdría todo eso si el niño fuera mi nietecito, o alguno de los míos.  Y lo valdría, igualmente, si fuera uno de los suyos.

Conforme escuchaba esas palabras este día, me di cuenta que hubo un cúmulo de ‘preocupaciones acerca de las terribles situaciones a las que se enfrenta la juventud actual, y una súplica para los dirigentes adultos de enseñar a los dirigentes jóvenes, a los cuales se les pidió que no traten de hacerlo todo, sino que deleguen responsabilidades a otros jóvenes; y a los dirigentes adultos que no traten de imponer a los jóvenes responsabilidades sin asegurarse antes, de haberles enseñado principios correctos.

Encontré una declaración del finado presidente Dwight D. Eisenhower, en un ejemplar del Reader’s Digest de hace algunos años. El dijo: «Desgraciadamente, mucha gente en estos días ha llegado a confundirse tanto por los excesos de una pequeña minoría de jóvenes en los Estados Unidos, que no notan la decencia y la inteligencia de la inmensa mayoría. Esta es una gran injusticia para vosotros, jóvenes amigos y un perjuicio para los Estados Unidos». Seguir leyendo

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Nuestras responsabilidades como poseedores del sacerdocio

Conferencia General Abril 1971

Nuestras responsabilidades como poseedores del sacerdocio

Joseph Fielding Smith

Por el presidente Joseph Fielding Smith


Mis estimados hermanos del sacerdocio:
Os saludo esta noche como conciudadanos en la familia de fe, como hermanos en el reino de Dios, como poseedores del Santo Sacerdocio; y os invito a que consideréis junto conmigo algunas de las grandes responsabilidades que yacen sobre nosotros al poseer la divina autoridad del Señor.

Somos los agentes del Señor; somos sus representantes; El nos ha dado
autoridad con la cual nos habilita para hacer todo lo que sea necesario para salvarnos y exaltarnos, tanto a nosotros como a sus otros hijos.

Somos embajadores del Señor Jesucristo; hemos sido comisionados para representarlo; se nos ha mandado predicar su evangelio, efectuar las ordenanzas de salvación, bendecir a la humanidad, sanar a los enfermos y quizás efectuar milagros, hacer lo que El haría si estuviese presente, y todo ello porque poseemos el Santo Sacerdocio.

Como agentes del Señor estamos obligados, por su ley, a hacer lo que El desea que hagamos, no obstante los sentimientos personales o las tentaciones mundanas.

No tenemos ningún mensaje de salvación propio, ninguna doctrina que deba aceptarse, ni el poder para bautizar, ordenar o casar por las eternidades. Todas estas cosas vienen del Señor, y cualquier cosa que hagamos con referencia a ellas, es el resultado de la autoridad delegada.

Cuando nos unimos a la Iglesia y recibimos el sacerdocio, se espera que abandonemos muchos de los hábitos del mundo y vivamos como es digno de los santos. Ya no vestiremos, hablaremos, actuaremos, ni siquiera pensaremos como otros frecuentemente lo hacen. Muchas personas en el mundo usan el té, el café, el tabaco y el licor y se encuentran involucradas en el uso de las drogas. Muchos profanan, son vulgares e indecentes, inmorales e inmundos en sus vidas, pero todas estas cosas deben apartarse de nosotros. Somos los Santos del Altísimo; poseemos el Santo Sacerdocio.

Por medio de la boca de Moisés, el Señor le dijo al antiguo Israel: «. . si hubierais oído a mi voz, y guardaréis mi pacto, vosotros seréis mi especialidad tesoro sobre todos los pueblos; porque mía es toda la tierra. la tierra.

«y vosotros me seréis un reino de sacerdotes, y gente santa» (Exodo 19:5-6). Esta promesa también es nuestra. Si caminamos por los senderos de virtud santidad, el Señor derramará sus bendiciones sobre nosotros de una manera que jamás creímos posible. Seremos verdaderamente, como Pedro lo expresó: «linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios» (1 Pedro 2:9). Seguir leyendo

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Ser lento en irritaros

Conferencia General Abril 1971

Ser lento en irritaros

ElRay L. Christiansen

por el élder ElRay L. Christiansen
Ayudante del Consejo de los Doce


El autodominio es un atributo de una vida espiritual

Mis hermanos, estoy completamente de acuerdo con cada palabra que nos acaba de decir nuestro Profeta esta mañana y aquellos que le siguieron y hablaron acerca de la verdad del evangelio eterno.

Con vuestro permiso, quisiera hablar unos minutos sobre un asunto que nos concierne a todos; es un tema sencillo, pero que requiere nuestra atención.

Cuando Salomón declaró: “Mejor es el que tarda en airarse que el fuerte; y el que se enseñorea de su espíritu, que el que toma una ciudad” (Proverbios 16:32), sabía que el desarrollo espiritual individual no podía lograrse sin el autodominio.

Alguien ha dicho: “El calibre de un hombre puede medirse por el tamaño de las cosas que lo irritan.” ¡Cuán cierto es! El encolerizarse y ofuscarse por asuntos triviales es evidencia de la puerilidad e inmadurez de una persona.

Al convivir con otras personas, y aun cuando estamos solos, nos encontramos constantemente expuestos a cosas que nos irritan; la manera en que reaccionemos frente a ellas, es un reflejo de nuestra personalidad y temperamento. Parece razonable creer que, a fin de desarrollar una personalidad saludable y placentera y para llegar a ser útiles e influir para bien, uno debe evitar el ser fácilmente provocado por la ira. Con esto no sólo mostraríamos más madurez, sino que también podríamos resolver de una manera más inteligente las situaciones que nos molestan, porque raras veces, si es que hay alguna, se lleva a cabo algo bueno mientras las personas actúan bajo un arrebato de cólera. La ira no contribuye a nada bueno; es una fuerza destructora, no edificadora.

La ira desenfrenada no sólo nos afecta física y mentalmente, en una manera negativa, sino que al mismo tiempo destruye la sabiduría y la habilidad de razonar. Cuando nos sentimos perturbados, la facultad de discurrir se limita siendo reemplazada por la ira. Tomar decisiones en un estado de cólera es tan imprudente y necio como lo es para un capitán hacerse a la mar en medio de una terrible tormenta. Estos momentos de furia acarrean únicamente daños y ruina.

Cuando la ira domina, el buen discernimiento desaparece. En realidad, la persona que mantiene su compostura, posee una clara ventaja sobre aquél que está dominado por la ira. En alguna parte leí estas palabras: “Cuando una persona tiene la razón no necesita perder la calma; cuando no la tiene, no puede darse el lujo de perderla.”

Muy a menudo se ve en la vida diaria la ira desenfrenada.

El élder Spencer W. Kimball en su excelente libro The Mímele of Forgiveness (El milagro del perdón), nos dice en efecto que la ira es “un pecado de pensamiento” el cual si no se controla, puede ser precursor de hechos depravados y violentos.

¡Verdaderamente la ira en contra de las cosas es insensata! Seguir leyendo

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¡Ay de vosotros. . . Hipócritas!

Conferencia General Octubre 1970

¡Ay de vosotros. . . Hipócritas!

por el presidente N. Eldon Tanner
Segundo Consejero en la Primera Presidencia.


Apenas el otro día estuve hablando con alguien que dijo: «Ahí va un hombre en quien se puede confiar plenamente.  Uno siempre sabe la clase de persona que es; nunca pretende, y siempre es sincero y da lo mejor de sí mismo.»

Ese mismo día, alguien, refiriéndose a otra persona, dijo:

«¿No es una lástima ignorar siempre lo que pretende?  Nunca se puede tener la seguridad de confiar en lo que dice.  Yo creo que el Señor lo hubiera llamado hipócrita.» Sentí el impulso de opinar de la misma manera.

Es tocante a la hipocresía que deseo dirigir mis palabras hoy, especialmente a los miembros de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, donde quiera que se encuentren.  Tenemos aproximadamente tres millones de miembros, constituidos de todas clases de personas, desde aquellas que están completamente dedicadas y preparadas para ofrecer todo lo que poseen en el servicio del Señor y de su prójimo, hasta aquellas que todavía no han sido convertidas completamente, y quienes no ven la importancia de vivir las enseñanzas de Jesucristo, o de estar activas y preparadas para rendir servicio, siempre que sea requerido.

Si hemos de gozar de las bendiciones del Señor y la confianza de las personas con quienes nos asociamos, debemos estar preparados para vivir el evangelio y estar honrada y activamente embarcados en la práctica y enseñanza de sus conceptos, sin pretender jamás ser aquello que no somos.  El evangelio de Jesucristo nos señala la manera de vivir; hagamos referencia a algunas de sus grandes verdades.

El Señor ha dicho: «. . . esta es mi obra y mi gloria: Llevar acabo la inmortalidad y la vida eterna del hombre» (Moisés 1:39).

«Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá.

«Y todo aquel que vive y cree en mí, no morirá eternamente» (Juan 11:25-26).

Y en respuesta al hombre de la ley que preguntó, para tentarlo: «. . . ¿cuál es el gran mandamiento en la ley?, contestó: «Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón y con toda tu alma y con toda tu mente.

«Este es el primero y grande mandamiento. «Y el segundo es semejante: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. Seguir leyendo

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Con corazones agradecidos

C. G. Octubre 1970
Con corazones agradecidos
Por el Presidente Joseph Fielding Smith

Joseph Fielding SmithMis queridos hermanos: Al concluir otra gran conferencia de la Iglesia, deseo dejar mis bendiciones sobre vosotros.

El sacerdocio es el poder para bendecir a la humanidad, y todos aquellos que lo poseen, deben usarlo dentro de la esfera de sus asignaciones para bendecir a sus semejantes.  Cuando cualquiera de nosotros hace uso justo de esta autoridad, siguiendo la inspiración del Espíritu Santo, nuestros actos son sellados y serán reconocidos por el Señor temporal y eternamente.

De manera que siento el deseo de bendecir a los santos, a todos aquellos que aman al Señor y que muestran devoción a su causa guardando sus mandamientos.  Deseo bendecirlos temporal y espiritualmente, y le ruego a Dios, nuestro Padre, que derrame sus bondades sobre ellos a fin de que prosperen en todos sus justos deseos.

Hablando por mí mismo y por todos vosotros, abro mi alma en agradecimiento al Señor por todo lo que tan generosamente nos ha dado.

Por el poder de nuestro Padre Eterno hemos sido establecidos como un pueblo libre; las bellezas y abundancias de la naturaleza son nuestras, y poseemos estas verdades, mediante la obediencia a las cuales podemos llevar una vida agradable ante su vista, que nos brindará paz y gozo en esta vida, y nos asegurará una vida eterna y abundante con El en su reino sempiterno.

Me siento inspirado a decir: Oh, nuestro Padre Eterno, derrama tu Espíritu más abundantemente sobre estos tus santos, sobre esta porción del Israel dispersado que se ha unido a tu evangelio en estos últimos días.

Tú sabes que como pueblo tenemos el deseo de servirte, de guardar tus mandamientos y de llevar tu mensaje de verdad y justicia a todos los pueblos; por esta razón enviamos a nuestros misioneros a todas partes del mundo.  Por muchos años he tenido constantemente a mis hijos en el campo misional, uno de ellos se encuentra actualmente en una misión en un país extranjero, donde ha estado por varios años.

Te agradecemos, nuestro Padre, el gran derramamiento de verdad y luz que ha emanado de los labios de tus siervos durante esta conferencia, el cual ha sido depositado en el corazón de los hombres honrados del mundo, mediante el poder del Espíritu Santo.

Te agradecemos el haber podido participar del pan de la vida, haber sido fortalecidos espiritualmente y estar ahora renovados y listos para llevar a cabo tu mandato, desempeñando al máximo de nuestras habilidades aquellas cosas que nos has mandado hacer.

Nuestro Padre Celestial, estamos agradecidos por todo lo que nos has concedido; reconocemos tu mano en todas las cosas, y rogamos por el éxito y triunfo de tus propósitos en toda la tierra.

Sabemos que has hablado en esta época como lo hiciste en los días antiguos, y estamos complacidos por ser instrumentos en tus manos para llevar tu mensaje al mundo, y por permanecer como una luz al mundo, para que ellos, viendo nuestras buenas obras, puedan glorificarse.

Y a tu santo nombre le atribuimos el honor y la gloria en todas las cosas, ahora y para siempre.

En el nombre de Jesucristo.  Amén.

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De una generación a otra con amor

C. G. Octubre 1970
De una generación a otra con amor
Por el élder Gordon B. Hinckley

Gordon B. HinckleyQuisiera dirigirme a la juventud de la tierra que es el futuro de la Iglesia y la esperanza de las naciones.

El tema que he escogido proviene de una conversación que tuve con un joven en un aeropuerto de Sudamérica, mientras ambos esperábamos nuestros vuelos.  Este tenía cabello largo y barba; sus gafas eran grandes y redondas; calzaba sandalias y su vestuario daba la apariencia de una indiferencia total a cualquier norma de estilo generalmente aceptada.

No me importaba esto; era atento y evidentemente sincero; educado y considerado. No tenía empleo, y su padre lo estaba sosteniendo mientras viajaba por Sudamérica.

¿Qué es lo que buscaba en la vida? le pregunté. «Paz y libertad» fue su respuesta inmediata. ¿Usaba drogas?  Sí; era uno de los medios por los cuales obtenía la paz y libertad que buscaba.  La discusión tocante a las drogas nos llevó a la discusión de los principios morales.  Habló despreocupadamente acerca de la nueva moralidad que brindaba más libertad que cualquier otra generación que haya existido.

Al comienzo de nuestra conversación se enteró que yo era un hombre religioso; y me hizo saber, en una manera un tanto condescendiente, que la moralidad de mi generación era una burla. Luego, con seriedad, me preguntó cómo podía yo defender honradamente la virtud personal y la castidad. Se quedó un poco sorprendido cuando le dije que su libertad era una desilusión, que su paz era un fraude, y que le diría la razón.

Poco después, se anunciaron nuestros vuelos y tuvimos que separarnos.  Desde aquel día he pensado mucho en nuestra conversación. Espero que él esté escuchándonos en algún lugar hoy día.  Ese joven forma parte de una temerosa generación que asciende a millones, la cual en su búsqueda por la libertad de las restricciones morales y paz de una conciencia sumergida, ha abierto la puerta a una serie de prácticas que esclavizan y corrompen, y las cuales, si no se restringen, no sólo destruirán a los individuos sino también a las naciones de las que forman parte.

Pensé en esta clase de libertad y esta paz cuando recientemente vino a mi oficina una joven pareja, él era apuesto y varonil y ella era una joven hermosa, una alumna excelente, sensitiva y perceptiva.

La muchacha sollozaba y lágrimas caían de los ojos de él. Ambos cursaban el primer año en la universidad; su boda se efectuaría la semana entrante pero no la clase de ceremonia que ellos habían soñado. Ellos habían planeado hacerlo tres años más tarde, después de la graduación. Seguir leyendo

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Quién era realmente el gran Dios blanco?

C. G. Octubre 1970
¿Quién era realmente el gran Dios blanco?
por el élder Mark E. Petersen
del Consejo de los Doce

Mark E. PetersenEn los meses recientes, la situación de los indios americanos, surgió a la atención pública de una manera impresionante.

Como resultado, se dieron algunos pasos para mejorar la suerte de este pueblo, que está entre los más abandonados de todas las minorías en este continente.

Estamos agradecidos de que los Santos de los Últimos Días hayan tomado parte activa a través de los años para proporcionarles una ayuda completa.  Particularmente les hemos dado ayuda en el campo educacional. Este año se proveyeron clases diarias de seminario para más de 15,000 estudiantes indios, y mediante los esfuerzos de la Iglesia, otros 5,000 están recibiendo enseñanza elemental y secundaria, sin costo alguno para ellos.

También proveímos un programa universitario para muchos de nuestros indios, de los cuales ingresaron 475 este año a la Universidad Brigham Young, 426 trabajaron en la universidad el año pasado.

La Universidad Brigham Young recientemente ha conferido grados de licenciatura a 85 estudiantes indios y 20 han recibido grados de maestros o doctores.  Más de una veintena están inscritos en la escuela de graduados.

La Universidad Brigham Young también tiene un Instituto de Investigación y Servicios para el indio americano, y mediante este programa se supervisan más de treinta proyectos agrícolas para los indios del oeste de los Estados Unidos.

La preparación doctrinal también abarca a más de 35,000 indígenas que son miembros de nuestra Iglesia.

Ellos son brillantes y adaptabas y están orgullosos de su herencia ancestral, porque saben que descienden de un gran pueblo.

Recientemente asistimos a una reunión de mexicanos residentes en Salt Lake City y les escuché expresar su gran orgullo por su ascendencia indígena, y bien pudieron hacerlo, pues a medida que aprendemos acerca de los primero habitantes de México, más nos convencemos de que verdaderamente ellos fueron un gran pueblo.

A esta conclusión llegó también el doctor Alfred V. Kindder, una de las más grandes autoridades en cultura maya; en su libro Una guía de Quiyiguá. Este eminente hombre de letras dijo: Seguir leyendo

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Sostened las manos del presidente de la iglesia

Conferencia General Octubre 1970

Sostened las manos del presidente de la iglesia

harold b. lee

por el presidente Harold B. Lee
Primer Consejero en la Primera Presidencia y
Presidente del Consejo de los Doce


Antes de anunciar al presidente Smith como el siguiente y último orador, y con quien concluirá esta conferencia, me parece apropiado decir una o dos cosas.

Cuando la Iglesia fue organizada primeramente, de hecho, el día que fue organizada, el Señor estaba hablándole a la Iglesia.  El no se refería solamente a los seis miembros que la constituían en ese momento; El estaba hablando acerca del presidente de la Iglesia que era el Profeta José Smith en ese tiempo.  Y esto es lo que El dijo: «Por tanto, vosotros, la iglesia, andando delante de mí en toda santidad, daréis oído a todas sus palabras y mandamientos que os dará según los reciba;

«Porque recibiréis su palabra con toda fe y paciencia como si viniera de mi propia boca.

«Porque si hacéis estas cosas, no prevalecerán contra vosotros las puertas del infierno; sí, y el Señor Dios dispersará los poderes de las tinieblas de ante vosotros y hará sacudir los cielos para vuestro beneficio y para la gloria de su nombre» (D. y C. 21:46).

Tendremos algunas dificultades para llegar hasta el fin, antes de que el Señor venga a su Iglesia y a todo el mundo en esta última dispensación, la cual abrirá las puertas a la venida del Señor. El evangelio fue restaurado a fin de preparar al pueblo para recibirlo.  El poder de Satanás aumentará, vemos las evidencias de esto por todos lados.  Habrá dentro de la Iglesia destructivas intromisiones.  Habrá, como ha dicho el presidente Tanner: «Hipócritas, que por fuera se muestran hermosos, mas por dentro están llenos de toda inmundicia» (Mateo 23:27).

Veremos a aquellos que profesan ser miembros de la Iglesia, pero secretamente estarán planeando y tratando de inducir a la gente a no seguir a los líderes que el Señor ha puesto para presidirla.  Ahora bien, la única seguridad que tenemos como miembros de esta Iglesia es hacer exactamente lo que el Señor dijo a la Iglesia en aquel día cuando fue organizada.

Debemos aprender a escuchar las palabras y mandamientos que el Señor nos da a través de sus profetas «como ellos los reciben, andando en santidad ante mí;… como si fuera de mi propia boca, con toda paciencia y fe» (D. y C. 21:4-5).  Habrá algunas cosas que requieran paciencia y fe.  Puede ser que no os guste lo que viene de las Autoridades de la Iglesia.  Ya que puede contradecir vuestros puntos de vista políticos, vuestros puntos de vista sociales.  Puede interferir en vuestra vida social.  Pero si escucháis estas cosas, como si vinieran de la boca del Señor mismo, con paciencia y fe, la promesa es que las puertas del infierno no prevalecerán contra vosotros, sí, y el Señor Dios dispersará los poderes de la, obscuridad ante vosotros y sacudirá los cielos para vuestro bien y la gloria de su nombre. (D. y C. 21:6.) Seguir leyendo

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Conozca a José Smith

C. G. Abril 1970
Conozca a José Smith
por Paul H. Dunn
del Primer Consejo de los Setenta

Paul H. DunnMis hermanos, tanto los que estáis presentes como los que os encontráis por todo el mundo, esta es una maravillosa ocasión. Estoy agradecido por la oportunidad de testificar solemnemente sobre algunas cosas que atesoro en mi corazón, y en las cuales creo completamente.

Aproximadamente a 210 Km. Al norte de Boston, Massachusetts, se encuenta uno de los parajes más hermosos que he visto; anidado entre las entrecortadas y verdes colinas del Condado de Windsor, Vermont, se localiza el lugar de nacimiento de un Profeta del Señor: José Smith.

En los terrenos de esa residencia original se alzan dos edificios: un centro de información y un centro de exhibición religiosa.

Recientemente, al verificar uno de nuestros viajes al mencionado lugar, nos acompañó nuestra hija, Kellie, quien ha estado ahí en varias ocasiones y siempre se siente notablemente afectada por la paz y el espíritu que ahí reinan. Nunca abandona el edificio sin antes firmar el registro dedicado a los visitantes, y expresar sus opiniones en la columna donde se anotan los comentarios.

En ese día particular escribió: «La Iglesia es lo más grandioso en mi vida.» Como es de suponerse, mi esposa y yo estábamos muy emocionados. ¿Por qué? Porque la Iglesia y el evangelio con sus ordenanzas son una «manera de vivir», y siguiendo sus enseñanzas, nosotros, como familia, estamos encontrando el verdadero gozo y felicidad que todos buscamos.

Hizo precisamente 150 años la primavera pasada, que un joven con una fe sencilla hizo una pregunta muy importante: «¿Cuál iglesia es la verdadera?» Esa hermosa mañana primaveral en 1820, Dios el Padre y su Hijo Jesucristo aparecieron a un joven cuyo nombre nunca perecerá; ese joven era José Smith, el Primer Profeta de esta dispensación.

Durante los dos últimos años hemos estado radicados en Nueva Inglaterra y hemos pasado un tiempo considerable en el lugar de nacimiento del Profeta. El Señor ha santificado ese sitio, y cada vez que contemplamos el monumento de granito que se alza hacia el cielo marcando el lugar donde nació, nuestros corazones se llenan de gozo y el Espíritu nos susurra: «Fue verdaderamente un Profeta.»

Uno de los mejores presentes que podría obsequiaros esta mañana es una oportunidad de conocer un poco mejor al profeta José Smith. No trataré de explicaros las cosas que logró, sino que deseo hablaros acerca del hombre, el Vidente y el Profeta. Considero importante que sepamos el cómo y el porqué de su vida, porque al hacerlo aumentaremos nuestra comprensión y apreciación de este «príncipe de nuestra actual dispensación», José Smith, el hombre acerca de quien Brigham Young dijo: «Con excepción de Jesucristo, jamás vivió otro hombre mejor» (Discourses of Brigham Young, pág. 459).

Una vida que ha llegado a ser una antorcha del Señor es algo que todos desearían ver más claramente; y tal fue la de José Smith, una vida dedicada al servicio de otros, una vida de amor. Declaramos que él, indudablemente, fue uno de los hijos más nobles de nuestro Padre Eterno. Seguir leyendo

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El día en que vivimos

Conferencia General Abril 1970

El día en que vivimos

harold b. lee

por el élder Harold B. Lee
Primer Consejero en la Primera Presidencia
y Presidente del Consejo de los Doce


Hago eco a los sentimientos de mi amado colega, el hermano Kimball, al dar la bienvenida a nuestro círculo de Autoridades Generales a nuestros queridos asociados: el hermano Boyd K. Packer, Joseph Anderson, David B. Haight y William H. Bennett.  A medida que lleguéis a conocerlos como nosotros los conocemos, sentiréis una gran fortaleza bajo su dirección.

No podemos dejar pasar este momento sin recordar a nuestro amado presidente McKay, así como a usted, hermana McKay, si nos está escuchando; y a la familia extraordinaria que ambos tienen extendemos nuestro amor y bendiciones, ahora que pasamos a otra era en la historia de la Iglesia.

Hoy día, La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días principia un nuevo capítulo en sus 140 años de historia desde su organización en ésta, la dispensación del cumplimiento de los tiempos, a la cual se hace referencia en las Escrituras.

Otro Profeta, nuestro noble presidente David O. McKay, ha sido llamado para dar un informe sobre su función como cabeza terrenal de la Iglesia.  Después del fallecimiento de su profeta-líder, siempre han ocurrido grandes acontecimientos, tanto en la Iglesia como en el mundo; me he preguntado si será porque el informe del profeta a nuestro Creador ha tenido gran significado en los asuntos de los hombres aquí en la tierra.

La transición, al hacer el cambio de administración de la Iglesia, se efectúa mediante un procedimiento único y un plan ordenado que evita, como dijo el élder Kimball, la posibilidad de utilizar proyectos políticos o métodos revolucionarios que podrían causar mucha confusión y frustración en la obra del Señor.

El presidente David O. McKay y todos los que le precedieron como presidentes de la Iglesia, nos han legado ricos tesoros de sabiduría y conocimiento.  Con el fallecimiento de cada uno de ellos, el corazón de un pueblo agradecido ha sido, en un sentido figurado, arrebatado con el que se iba.  Los registros de su vida y obras, sus palabras y sus ministerios son afortunadamente libros de lecciones, documentados en la historia escrita de la Iglesia y en las memorias de aquellos que los han seguido, Dios bendiga ese legado para los fieles de todas partes.  Después de todo, sus registros más ilustres quedarán escritos en el corazón de aquellos a quienes diligentemente trataron de servir.

Quizás a muchos miembros de la Iglesia y otras personas que estén escuchando estos servicios, les servirá de instrucción e inspiración que diga algo concerniente a la reorganización de la Iglesia después del fallecimiento del Presidente. Seguir leyendo

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Elegid este día

C. G. Abril 1970
Elegid este día
por el élder Eldred G. Smith
Patriarca de la Iglesia

Eldred G. SmithDeseo expresar mi gratitud por ese voto de sostenimiento dado a mi favor esta mañana.  Oro porque me sea otorgada la ayuda necesaria para poder cumplir totalmente con esta responsabilidad.  Deseo expresar personalmente mi voto de sostenimiento a favor del presidente Joseph Fielding Smith y todas las Autoridades Generales, incluyendo a las nuevas que hoy han sido sostenidas.

El Señor siempre ha dado a su pueblo profeta y líderes para guiarnos y darnos consejos.

Hablando a Enoc, quien solamente perteneció a la sexta generación de seres mortales en esta tierra, el Señor le declaró: «Di a este pueblo: Elegid este día para servir a Dios el Señor, quien os hizo» (Moisés 6:33).

Ha sido necesario que los profetas de Dios llamen al arrepentimiento desde el principio y así continuarán a través del resto de la mortalidad, aun hasta que el Salvador venga a reinar en la tierra por mil años.

Muchos de nosotros pensamos que podría ser fácil servir al Señor y guardar sus mandamientos, si se nos permitiera vivir durante el gran reino milenario, que vendrá cuando Cristo esté aquí y Satanás sea atado.

Juan escribió: «Vi a un ángel que descendía del cielo, con la llave del abismo, y una gran cadena en la mano.  Y prendió al dragón, la serpiente antigua, que es el diablo y Satanás, y lo ató por mil años; y lo arrojó al abismo, y lo encerró, y puso su sello sobre él, para que no engañase más a las naciones, hasta que fuesen cumplidos mil años» (Apocalipsis 20:1-3).

Muchas otras escrituras se refieren a esos mil años de maravillosas y gloriosas condiciones de la tierra, porque Lucifer, Satanás el diablo, será atado.

Las Escrituras dicen que él será «atado con cadenas» y «puesto en un pozo sin fondo».  Para mí, esos son términos simbólicos.  Yo no puedo concebir cadenas de acero o pozos que puedan retener a Satanás.  El único poder que yo conozco, que puede atar a Satanás o dejarlo sin poder, es una vida justa.

La guerra que comenzó en el cielo, no ha terminado aún y no terminará hasta que cada uno haya probado su grado de resistencia a Satanás. Seguir leyendo

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Se busca: padres con valor

C. G. Abril 1970
Se busca: padres con valor
por el obispo Victor L. Brown
Segundo Consejero del Obispado Presidente

Victor L. BrownEn Proverbios leemos: «Instruye al niño en su camino, y aun cuando fuere viejo no se apartará de él» (Proverbios 22:6). Josh Billings (humorista norteamericano, 1818- 1885), parafrasea esta verdad: «Para criar a un hijo en el camino que debe seguir, viaja tú mismo por ese camino.» Viaja tú mismo por ese camino. ¿Cuántos de nosotros lo estamos haciendo?

El otro día apareció en televisión una reconocida educadora; su tema fue sobre la mariguana. Dijo que el uso de ésta no era mucho peor que algunos otros hábitos sociales, queriendo decir que realmente no había nada malo en que los jóvenes fumaran mariguana. Recientemente, un personaje que ocupa un puesto de responsabilidad en el gobierno de los Estados Unidos, un puesto de gran influencia sobre lo que se introduce a nuestros hogares a través de la radio y la televisión, dijo: «El vocabulario que uso cuando estoy en un cóctel es diferente del que uso en casa o en la iglesia, y con esto no considero que sea un hipócrita.» Hace unos días, en una de nuestras propias comunidades, unos padres de familia, aparentemente incitados por algún asunto, sacaron el aire de los neumáticos de unos autos de la policía a fin de interferir con la ley, y luego estos mismos padres se divirtieron bastante contando el incidente en frente de sus propios hijos.

Cuando se suscita una crítica en cuanto al tipo de películas que se exhiben actualmente, los productores de las mismas responden que ellos únicamente producen lo que el público está dispuesto a comprar. De 21 películas que se estaban exhibiendo recientemente, solamente pude encontrar tres que no indicaban ninguna. restricción para el público a causa de material que podría ser ofensivo o de dudosa moral, y tales clasificaciones fueron hechas por la industria fílmica misma. Una de las escenas de una película de este tipo que admitía personas de cualquier edad, sujeta únicamente a la supervisión paterna, causó estrepitosas carcajadas del público cuando el ebrio desgarró la blusa de una mujer en una exhibición de despreciable lujuria. Si ésta es la clase de diversión que nosotros como adultos gozamos, ¿cómo suponemos que podemos enseñar la moralidad a nuestros hijos?

Cuando era adolescente, escuché un chiste de mal gusto que contó un activo miembro de la Iglesia. A pesar de que mi memoria para recordar chistes es notablemente mala, ese cuento en particular todavía lo recuerdo, así como el nombre de la persona que lo contó. ¿Qué clase de ejemplos somos, como adultos? ¿Cambia nuestro carácter con las circunstancias como el camaleón cambia sus colores? ¿Cambia el vocabulario que usamos para acomodarlo al ambiente? ¿Vemos películas que atraen nuestros viles instintos animales y que nos arrastran en la inmundicia con los autores y actores. ¿Violamos la ley porque eso es lo que la multitud quiere hacer en ese momento, a somos lo suficientemente fuertes para mantener nuestros propios principios sin prestar atención a la presión social? Estas son algunas de las preguntas que debemos hacernos si hemos de entrenar al niño en su camino y viajar por esa senda nosotros mismos. Seguir leyendo

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