Conferencia General Abril 1970
Un pequeño paso

por el élder Richard L. Evans
del Consejo de los Doce
Quisiera citaros dos puntos de las palabras de un editorialista muy perspicaz; no es de mi propia religión, pero sí de mucha fe: «Si descuidamos el aspecto divino de la vida, y nos entregamos en cuerpo y alma al aspecto humano» nos dice, «ciertamente no podremos contar con nadie sino con el triunfo del pesimismo… El verdadero optimismo debe apoyarse en una fe calmada pero inconmovible en la vida eterna y en la ilimitada bondad de Dios que nos la da.
«No tenemos una nueva razón en qué apoyar nuestra creencia en la inmortalidad del alma, —continuó— las viejas razones… son muy suficientes… todas las creencias religiosas y toda la esperanza de inmortalidad comienzan con Dios y se apoyan en El. De El venimos y a El vamos. El vive, nosotros vivimos… (Y) ¿por qué no habría de poder un padre revelarse a sus hijos? ¿Por qué no habría de mandar profetas y maestros, y por qué no un Supremo Maestro, un Hijo de Dios e Hijo del Hombre? Nosotros confiamos en la realidad de Uno que murió y se levantó de los muertos, cuyo nombre hemos dado a nuestra fe, y cuyo triunfo sobre la muerte es también nuestro triunfo.»
Esto nos lleva a una declaración de la realidad personal y literal de Dios, a la divinidad de su Hijo, nuestro Salvador, así como a la realidad de la revelación, de los profetas y de las oportunidades y propósitos de la vida eterna.
«Nosotros creemos en Dios el Eterno Padre, y en su Hijo Jesucristo, y en el Espíritu Santo» (Artículo de Fe l). No en teoría, no como una esencia indefinible, sino como un Dios de vida y de amor, un Dios que vive y a cuya imagen el hombre fue creado.
«Creemos todo lo que Dios ha revelado, todo lo que actualmente revela, y creemos que aún revelará muchos grandes e importantes asuntos pertenecientes al reino de Dios» (Articulo de Fe 9).
Seguramente hay una amplia evidencia de los consejos y del divino llamamiento de los profetas del pasado y, sin duda, hay amplia evidencia de la necesidad que el hombre tiene de una guía divina en estos días.
En semanas recientes hemos perdido, por fallecimiento, a un muy amado Profeta, el presidente David O. McKay. Nuestro amor y bendiciones llegan a su familia y especialmente a su amada compañera que estuvo a su lado por sesenta y nueve años.
Y hoy hemos escuchado a su amado sucesor, el presidente Joseph Fielding Smith, quien será presentado para nuestro sostenimiento durante los días de la próxima conferencia. Dios le bendiga y esté con él, y le fortalezca, y le dé paz y todas las cosas buenas de la vida con sus seres queridos. Seguir leyendo







































