Un pequeño paso

Conferencia General Abril 1970

Un pequeño paso

Richard L. Evans

por el élder Richard L. Evans
del Consejo de los Doce


Quisiera citaros dos puntos de las palabras de un editorialista muy perspicaz; no es de mi propia religión, pero sí de mucha fe: «Si descuidamos el aspecto divino de la vida, y nos entregamos en cuerpo y alma al aspecto humano» nos dice, «ciertamente no podremos contar con nadie sino con el triunfo del pesimismo… El verdadero optimismo debe apoyarse en una fe calmada pero inconmovible en la vida eterna y en la ilimitada bondad de Dios que nos la da.

«No tenemos una nueva razón en qué apoyar nuestra creencia en la inmortalidad del alma, —continuó— las viejas razones… son muy suficientes… todas las creencias religiosas y toda la esperanza de inmortalidad comienzan con Dios y se apoyan en El.  De El venimos y a El vamos.  El vive, nosotros vivimos… (Y) ¿por qué no habría de poder un padre revelarse a sus hijos? ¿Por qué no habría de mandar profetas y maestros, y por qué no un Supremo Maestro, un Hijo de Dios e Hijo del Hombre?  Nosotros confiamos en la realidad de Uno que murió y se levantó de los muertos, cuyo nombre hemos dado a nuestra fe, y cuyo triunfo sobre la muerte es también nuestro triunfo.»

Esto nos lleva a una declaración de la realidad personal y literal de Dios, a la divinidad de su Hijo, nuestro Salvador, así como a la realidad de la revelación, de los profetas y de las oportunidades y propósitos de la vida eterna.

«Nosotros creemos en Dios el Eterno Padre, y en su Hijo Jesucristo, y en el Espíritu Santo» (Artículo de Fe l).  No en teoría, no como una esencia indefinible, sino como un Dios de vida y de amor, un Dios que vive y a cuya imagen el hombre fue creado.

«Creemos todo lo que Dios ha revelado, todo lo que actualmente revela, y creemos que aún revelará muchos grandes e importantes asuntos pertenecientes al reino de Dios» (Articulo de Fe 9).

Seguramente hay una amplia evidencia de los consejos y del divino llamamiento de los profetas del pasado y, sin duda, hay amplia evidencia de la necesidad que el hombre tiene de una guía divina en estos días.

En semanas recientes hemos perdido, por fallecimiento, a un muy amado Profeta, el presidente David O. McKay.  Nuestro amor y bendiciones llegan a su familia y especialmente a su amada compañera que estuvo a su lado por sesenta y nueve años.

Y hoy hemos escuchado a su amado sucesor, el presidente Joseph Fielding Smith, quien será presentado para nuestro sostenimiento durante los días de la próxima conferencia.  Dios le bendiga y esté con él, y le fortalezca, y le dé paz y todas las cosas buenas de la vida con sus seres queridos. Seguir leyendo

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Una fe firme

C. G. Abril 1970
Una fe firme
por el élder Delbert L. Stapley
del Consejo de los Doce

Delbert L. Stapley.Mis queridos hermanos y amigos: Estoy agradecido por la presentación que dio a mi terna nuestro querido hermano Dunn, quien acaba de hablar.

El siguiente pasaje, tomado del apóstol Santiago, servirá de tema para mi discurso.  El declaró: «Y si alguno de vosotros tiene falta de sabiduría, pídala a Dios, el cual da a todos abundantemente y sin reproche, y le será dada.  Pero pida con fe, no dudando nada, porque el que duda es semejante a la onda del mar, que es arrastrada por el viento y echada de una parte a otra.  No piense, pues, quien tal haga, que recibirá cosa alguna del Señor.  El hombre de doble ánimo es inconstante en todos sus caminos. (Santiago 1:5-8.)

José Smith, un Profeta moderno, probó desde jovencito su fe al ver cómo los miembros de su familia eran influidos por las varias doctrinas en conflicto que los predicadores de esos días estaban predicando.

La promesa de este pasaje lo impulsó a «preguntar a Dios».  Su fervorosa oración lo llevó a la restauración de la Iglesia de Jesucristo en esta última dispensación.  La aplicación de esta cita no está restringida, pues Dios no hace acepción de personas. (Hechos 10:34.) Esta promesa está abierta para todo aquel que empeñosamente busque la luz y la verdad.

El presidente David O. McKay ha dicho: «La fe se manifiesta en obras; y la sabiduría es la aplicación de nuestro conocimientos a la vida diaria y la realización de buenas obras… la sabiduría nunca viene por casualidad, requiere esfuerzo y su fuente es Dios.  Si yo les pidiera nombrar el logro más grande del alma, quisiera que me contestaran: «sabiduría», no conocimiento.  Usted puede obtener todo el conocimiento del mundo, pero si le falta sabiduría, podría ser como una máquina muy poderosa sin estabilidad.»

Sabiduría, entonces, es dar al conocimiento un uso apropiado.

En estos últimos días, Dios ha amonestado a su pueblo a buscar sabiduría: «Y por cuanto no todos tienen fe, buscad diligentemente y enseñaos del uno al otro palabras de sabiduría; sí, buscad palabras de sabiduría de los mejores libros; buscad conocimiento, tanto por el estudio como por la fe» (D. y C. 88:118).

¿Cómo puede adquiriese una sabiduría significativa a no ser por la oración y por una fe firme?  Si encontramos que es necesario analizar, evaluar o investigar nuestra fe sin fin, ¿realmente tendremos fe? ¿Será firme y sin vacilaciones? ¿Observamos las leyes de Dios sin medir sus pros y sus contras?  Tener una fe sin vacilaciones es aplicar un principio especifico a nuestra vida diaria.  Permítanme ilustrarlo: Seguir leyendo

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Una oración a favor de la paz

Conferencia General Abril 1970

Una oración a favor de la paz

Joseph Fielding Smith

por el presidente Joseph Fielding Smith


Hermanos, creo que este ha sido un día maravilloso, en el cual hemos escuchado muchas cosas que nos serán de provecho si tan solo las atesoramos.

Hemos llegado a la conclusión de otra gran conferencia general de la Iglesia.

Vinimos para sostener a una nueva Primera Presidencia y a recibir consejo y dirección del Señor a través de sus siervos, los profetas.

Nos reunimos para participar de las buenas cosas del Espíritu, para sentir esa influencia que proviene únicamente del Señor, y para ser edificados en la fe y el testimonio.

Vinimos a adorar al Señor, a afirmar nuestro amor por El y nuestra devoción por su causa, y nos reunimos con el deseo de guardar el mandamiento que dice: «Amarás al Señor tu Dios de todo tu corazón, alma, mente y fuerza; y en el nombre de Jesucristo lo servirás» (D. y C. 59:5).

Siento que los propósitos de la conferencia se han llevado a cabo; ahora estamos listos para salir hacia nuestros diversos rumbos con una dedicación renovada de edificar la obra de nuestro Padre, y con la determinación de utilizar nuestra fortaleza e influencia para bendecir a todos sus hijos. Seguir leyendo

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Valor

Conferencia General Abril 1970

Valor

Marvin J. Ashton1

por el élder Marvin J. Ashton
Ayudante del Consejo de los Doce


Hace varios días, mientras conversábamos con algunos de nuestros jóvenes, gozamos de otra hermosa experiencia; el tiempo se utilizó no solamente para discusiones y opiniones de grupo, sino también para conversaciones privadas. Nuevamente nos dimos cuenta de que nuestra excelente juventud desea respuestas, dirección y aceptación. Una jovencita nos impresionó cuando expresó con sinceridad: «¿Por qué no puedo ser la misma persona todos los días? Algunas veces siento como si estuviera en las nubes; en otras ocasiones me siento desanimada y desilusionada, especialmente de mí misma.»

Hermanos, estamos viviendo en una época en que nunca ha habido una necesidad tan imperiosa de valor moral: valor para continuar haciendo lo bueno, valor para comunicarnos, valor para tener paciencia y valor para tener una fe de niño. Permitidme repasar estos puntos importantes donde el fortalecimiento del valor es esencial.

Al pensar en la extensión que abarca el continuar fielmente haciendo lo bueno, las partes importantes deben ser: valor para no desviarnos, para no ser engañados, para no descarriarnos y para participar ansiosamente en una buena obra. En el capítulo ocho de Juan, versículos 31 y 32, se nos recuerdan las bendiciones prometidas a aquellos que tienen el valor para permanecer. «Si vosotros permaneciereis en mi palabra, seréis verdaderamente mis discípulos; y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres.» Qué gozo tan grande es estar relacionado con miembros de la Iglesia, jóvenes y adultos, que continúan en los senderos de la honradez.

Es un privilegio ver a nuestros jóvenes en estacas y misiones alejadas, así como a los que están cerca, preparándose anhelosamente para matrimonios en el templo. Otros miles de ellos nos inspiran al verlos continuar diligentemente sus servicios misionales y militares. Que Dios nos ayude a permanecer en sus caminos si humildemente buscamos su guía. Si dirigimos nuestras energías  a sus senderos, recibiremos bendiciones de gozo y felicidad genuinos.

El suyo es el camino correcto; es el camino feliz. Seguir leyendo

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El papel de un profeta

C. G. Abril 1970
El papel de un profeta
por el élder Mark E. Petersen
del Consejo de los Doce

Mark E. PetersenEs un gran privilegio estar con ustedes aquí, mis hermanos, hermanas y amigos en este, el día de reposo del Señor, para adorarle.

La conferencia de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, que estamos teniendo ahora, es la más excepcional en 19 años.

La ilustre administración de nuestro amado presidente David O. McKay, ha llegado a su fin, marcando el más grande periodo de crecimiento de la Iglesia experimentado en sus 140 años de historia.

Ahora abrimos una nueva administración, bajo el presidente Joseph Fielding Smith, también muy querido y reverenciado a través de sus muchos años de devoción a la causa de Cristo.  El será sostenido formalmente por el voto del pueblo mañana, como décimo presidente de la Iglesia.

El Presidente de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, es más que un presidente.  Para nosotros también es elegido como profeta de Dios en el mismo sentido en que fueron llamados Moisés, Isaías y Ezequiel.  Estos antiguos profetas fueron reveladores.  Por medio de la revelación ellos recibieron día tras día guía divina para el pueblo.

En este mismo sentido nosotros aceptamos al Presidente de nuestra Iglesia. Él también es un revelador. A través de él, la revelación moderna está a nuestro alcance para ayudarnos a afrontar muchos serios problemas de la vida.

Mucha gente en la actualidad, judíos o cristianos, encuentra extraño que nosotros reclamemos eso para el Presidente de nuestra Iglesia.

«¿Un profeta?» preguntan con una mirada inquisitivo.  «¿Un profeta? ¿Y qué es un profeta? ¿Puede algún hombre moderno ser un profeta? ¿No están los profetas confinados a los tiempos bíblicos?

Estas verdaderamente son preguntas apropiadas. Ellas deben surgir y contestarse.

Nuestra mejor explicación puede darse revisando lo que la misma Biblia dice acerca de los profetas.  Tales siervos de Dios fueron lo más importante en los tiempos antiguos.  De hecho, todas las relaciones del Señor con su pueblo, se centraron alrededor de ellos.  Tan bien establecido estaba este procedimiento, que uno de ellos dijo: «Porque no hará nada Jehová el Señor, sin que revele su secreto a sus siervos los profetas» (Amós 3:7).

Toda la Biblia, tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento, refleja este importante hecho.  Siempre que Dios ha tenido un pueblo sobre la tierra, al que reconoce como suyo, le provee guía constante, y su guía es por revelación divina dada a través de profetas vivientes. Seguir leyendo

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Entre los brazos de su amor

Conferencia General Octubre 2006
Entre los brazos de su amor
Presidente Gordon B. Hinckley

Ésta es la mejor organización de mujeres en todo el mundo. Es una creación divina.

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Mis queridas hermanas, qué gran oportunidad se me ha dado de dirigirme a ustedes en esta gran conferencia de la Sociedad de Socorro. Esta noche hemos escuchado discursos maravillosos impartidos por mujeres de gran fe y capacidad. Quiero que la presidencia de la Sociedad de Socorro sepa que tenemos plena confianza en ellas y que las apreciamos en todo respecto. Estamos agradecidos por el tema que han escogido del Libro de Mormón, de 2 Nefi: “Para siempre [envueltas] entre los brazos de su amor” (véase 2 Nefi 1:15). Las mujeres de la Sociedad de Socorro están literalmente envueltas para siempre entre los brazos de nuestro Señor.

A mi juicio, ésta es la mejor organización de mujeres en todo el mundo. Es una creación divina. José Smith habló y actuó en calidad de profeta cuando la organizó en 1842. En aquella ocasión dijo: “La organización de la Iglesia de Cristo nunca fue perfecta hasta que se organizó a las mujeres” (Sarah M. Kimball, “Early Relief Society Reminiscences”, 17 de marzo de 1882, Relief Society Record, 1880–1992, Archivos de La Iglesia de Jesucristo de los Últimos Días, pág. 30).

Hoy en día, la Sociedad de Socorro cuenta con alrededor de cinco millones de miembros; está organizada en muchas naciones, enseña en muchos idiomas e incluye a todas las mujeres de la Iglesia de 18 años en adelante. Entre ellas hay mujeres jóvenes solteras, mujeres que nunca se han casado, mujeres viudas o divorciadas, mujeres con esposo y familia, mujeres de edad avanzada, muchas de las cuales han perdido a su compañero eterno.

Una vez, un amigo de otra fe religiosa me dijo: “SUD significa Servicio, Unidad y Devoción”. ¿Qué representa realmente la Sociedad de Socorro? ¿Qué significa? Permítanme hacer algunos comentarios al respecto.

La Sociedad de Socorro significa amor. Qué maravilloso es ser testigo del amor que existe entre buenas mujeres que se relacionan entre sí con lazos de amor, amistad y respeto mutuos. De hecho, esta organización es el único medio que muchas mujeres tienen para establecer vínculos de amistad.

Las mujeres tienen el instinto natural de extender la mano con amor a los afligidos y los necesitados. El programa de bienestar de la Iglesia se caracteriza por estar basado en el sacerdocio, pero no podría funcionar sin la Sociedad de Socorro.

La Sociedad de Socorro significa instrucción. Cada mujer de esta Iglesia tiene la obligación de obtener toda la instrucción posible, ya que ello enriquecerá su vida, incrementará sus oportunidades y le brindará aptitudes laborales por si llegara a necesitarlas.

La semana pasada recibí una carta de una madre soltera, y quisiera leerles una parte. Ella dice lo siguiente: Seguir leyendo

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Dirigir la mirada hacia Cristo y acudir y venir a Él

Conferencia General Octubre 2006
Dirigir la mirada hacia Cristo y acudir y venir a Él
Anne C. Pingree
Segunda Consejera de la Presidencia General de la Sociedad de Socorro

El Mesías extiende Su brazo de misericordia a todos, siempre dispuesto a recibirnos, si es que decidimos venir a Él.

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En la magnifica pintura de Minerva Teichert, Cristo con un manto rojo, con las marcas de los clavos en las manos y con los brazos abiertos, se muestra en toda Su majestuosidad. Con ternura y compasión dirige Su mirada hacia las mujeres que tratan de llegar hasta Él.

Me encanta el simbolismo de las mujeres que extienden su mano para tocar al Salvador. Deseamos estar cerca del Salvador porque sabemos que Él nos ama y desea envolvernos “para siempre en los brazos de Su amor” 1 . Su mano puede curar cualquier dolencia, sea espiritual, emocional o física. Él es nuestro Abogado, el Gran Ejemplo, el Buen Pastor y el Redentor. ¿A dónde más podríamos dirigir nuestra mirada, a dónde más podríamos acudir, a dónde más podríamos venir, sino a Jesucristo, “el autor y consumador de la fe”? 2

Él dijo: “Sí, en verdad… si venís a mí, tendréis vida eterna. He aquí, mi brazo de misericordia se extiende hacia vosotros; y a cualquiera que venga, yo lo recibiré” 3 . Su promesa nos invita no sólo a extender nuestra mano hacia Él, sino también a dar los importantísimos pasos siguientes: Venir a Él.

Esta doctrina es sumamente motivadora y alentadora. El Mesías extiende Su brazo de misericordia a todos, siempre dispuesto a recibirnos, si es que decidimos venir a Él. Si venimos al Salvador con “íntegro propósito de corazón” 4 , sentiremos Su amorosa mano en las formas más personales.

“Una mujer” 5 tomó esa decisión y sintió Su poder: “Una mujer que padecía de flujo de sangre desde hacía doce años, y que había gastado en médicos todo cuanto tenía, y por ninguno había podido ser curada, Seguir leyendo

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Cómo recordar el amor del Señor

Conferencia General Octubre 2006
Cómo recordar el amor del Señor
Kathleen H. Hughes
Primera Consejera de la Presidencia General de la Sociedad de Socorro

Debemos procurar conocer el amor del Señor y sentirlo en nuestra vida.

La pintura de Cristo con un manto rojo, de Minerva Teichert, pareció ser la perfecta para representar la Escritura que elegimos para esta tarde: “Estoy para siempre envuelto entre los brazos de su amor” (2 Nefi 1:15). Con los brazos extendidos hacia nosotras, se ve cómo Cristo nos da una bienvenida; así como cuando invitó a los nefitas “Levantaos y venid a mí” (3 Nefi 11:14), nos invita a cada una de nosotras, a ir de una en una hacia Él, para que también sepamos que Él es “el Dios de toda la tierra, y que [ha] sido muerto por los pecados del mundo” (3 Nefi 11:14). Al aceptar esta invitación, comprendemos qué se siente al estar envueltas entre los brazos de Su amor.

Estoy segura de que todas ustedes, en un momento u otro, se han sentido envueltas entre los brazos de Cristo; pero si son como yo, habrá momentos en que sientan temor, en los que el estrés y el ajetreo de la vida parezcan abrumadores, y se sientan sin la guía del Espíritu; quizás hasta piensen que han quedado desamparadas. Cuando experimento esos sentimientos, el mejor remedio son los recuerdos de los momentos en que la paz de Cristo me ha fortalecido. Por lo tanto, esta tarde las invito a recordar conmigo lo que es sentir el amor del Señor en su vida y a sentirse envueltas entre Sus brazos.

Mi madre falleció cuando yo era una madre joven, cuando aún necesitaba de su apoyo y de sus consejos. Ella sobrevivió sólo seis semanas después de habérsele diagnosticado cáncer. Al principio me preocupaba mi padre, pero sentía gratitud porque mamá no había sufrido mucho y porque su fallecimiento había sido una dulce experiencia para nosotros. Pero pocas semanas más tarde, llegaban el Día de la Madre y su cumpleaños, y empecé a extrañarla muchísimo. Deseaba que me rodeara con sus brazos y deseaba saber que ella estaba bien. Quería decirle que la amaba y la extrañaba.

Una noche, mientras oraba y lloraba (lo cual hacía a menudo en ese entonces), sentí cómo el consuelo llenaba mi cuerpo de una manera súbita y poderosa. Ese sentimiento me restableció y me brindó paz. Aunque físicamente no duró mucho, fue inmensamente reconfortante. Sabía que era el amor del Señor que me envolvía para brindarme paz y fortaleza. Ese momento tan importante ha permanecido en mi memoria como un regalo que desenvuelvo y recuerdo cuando la vida se torna difícil. Seguir leyendo

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Envueltas para siempre en Su amor

Conferencia General Octubre 2006
Envueltas para siempre en Su amor
Bonnie D. Parkin
Presidenta General de la Sociedad de Socorro

Hermanas, sé que [nuestro Padre Celestial] nos ama, así como también Su Hijo Jesucristo. Ese amor jamás cambiará: es constante.

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Cuando recibí este llamamiento, le supliqué a mi Padre Celestial que me ayudara a saber lo que necesitaban las hermanas de la Iglesia. Recibí la fuerte impresión de que nosotras, Sus hijas, necesitamos saber que Él nos ama; necesitamos saber que Él ve lo bueno en nosotras. El sentir Su amor nos alienta a seguir adelante, nos asegura que somos Sus hijas y nos confirma que nos valora aun cuando tropezamos y atravesamos contratiempos pasajeros.

Fue al expresar mi testimonio en la sesión del domingo por la tarde de la conferencia general de abril de 2002, que sentí confirmada la veracidad de este mensaje. Esa mañana se me comunicó que el élder David B. Haight tal vez no participara en la conferencia y que si eso sucedía, yo dispondría de cinco minutos para expresar mi testimonio. Ese día oré más de lo que se imaginan por el élder Haight. Al verlo entrar en el centro de conferencias esa mañana, empecé a tranquilizarme, hasta el momento en que él salió mientras cantaba la congregación. Al encontrarme ante el púlpito esa tarde, ¡la pantalla del telepromter estaba en blanco!, pero el mensaje que acudía con insistencia a mi mente y a mi corazón era que las mujeres necesitaban sentir el amor del Señor en su diario vivir. Era el mensaje que sabía que tenía que transmitir aquel día, y aún lo sigue siendo.

La forma tierna y personal en que han respondido a esa instrucción me ha conmovido. Gracias por decirnos cómo les ha bendecido ese mensaje. Sus palabras han corroborado el hecho de que cada una de nosotras tiene el derecho, y la necesidad, de sentir el amor del Señor en su vida.

Nuestro Padre Celestial nos amaba antes de que viniésemos a la tierra. Hermanas, sé que Él nos ama, así como también Su Hijo Jesucristo. Ese amor jamás cambiará: es constante; ustedes pueden contar con él; debemos confiar en él.

Así como el lema de la Sociedad de Socorro nos recuerda que “la caridad nunca deja de ser”, debemos tener la confianza de que el amor de Cristo nunca nos dejará. Todo lo que hacemos en la Sociedad de Socorro debe reflejar el amor de nuestro Salvador y el de nuestro Padre Celestial. Ese gran amor debe ser la fuente de nuestra motivación para servir a los demás; debe ser tanto nuestro punto de partida como nuestro destino.

Sé de una joven madre con cinco hijos pequeños que llamó a una hermana mayor, a quien consideraba su valiosa guía, y le preguntó: “¿Me acompañaría en una caminata?”. Su amiga sabía que eso significaba que necesitaba hablar con alguien. Hacia la mitad del recorrido, la joven madre por fin dijo: “No puedo creer que mi Padre Celestial me ame; he cometido muchos errores en mi vida. No creo que sea digna de Su amor; ¿cómo podría Él amarme a mí?” Hermanas, ella era una mujer que había hecho convenios en el templo y era activa en la Iglesia. No obstante, se sentía indigna de Su amor. La hermana mayor respondió rápidamente: “Naturalmente que la ama; es Su hija”. Seguir leyendo

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De nuevo llegaron profetas a la tierra

Conferencia General Octubre 2006
De nuevo llegaron profetas a la tierra
Élder Jeffrey R. Holland
Del Quórum de los Doce Apóstoles

No es algo insignificante que la Iglesia declare al mundo la profecía, la videncia y la revelación, pero lo hacemos.

Jeffrey R. Holland

Poco después de que nuestra amiga Carolyn Rasmus se unió al cuerpo docente de la Universidad Brigham Young, un grupo de colegas docentes la invitaron un sábado a escalar las montañas de Provo. Carolyn no era miembro de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, pero se había sentido particularmente aceptada en su nuevo círculo de colegas, por lo que se unió a la escalada.

A medida que subía el sol, también ascendían los excursionistas por la ladera de la montaña. Entonces, cuando eran más o menos las diez, el grupo empezó a buscar dónde sentarse. Carolyn pensó: “¡Qué bueno! ¿Cómo sabían que tenía que descansar?”, y ella también buscó un lugar cómodo para estirar las piernas; pero en ese descanso en particular los participantes parecían más serios que de costumbre; algunos sacaban lápiz y papel, mientras que uno sintonizaba con atención una radio de transistores.

Lo que ocurrió después cambiaría su vida para siempre. Una de sus amigas le dijo: “Carolyn, tenemos que explicarte algo: éste es el primer sábado de octubre, y para nosotros eso significa no sólo un clima hermoso y el brillante follaje del otoño, sino también la conferencia general de la Iglesia. Como Santos de los Últimos Días, no importa dónde estemos o lo que estemos haciendo, nos detenemos y escuchamos; así que nos vamos a sentar aquí, entre los robles y los pinos, miraremos hacia el valle y escucharemos a los profetas de Dios durante un par de horas”.

“¡Un par de horas!”, pensó Carolyn. “No sabía que había profetas de Dios que todavía vivieran”, dijo, “y, ¡de verdad no sabía que había tantos para que les tome dos horas!” Lo que no sabía era que se detendrían de nuevo a las dos de la tarde por otras dos horas, y que la invitarían para que, al día siguiente, escuchara la conferencia en casa durante otras cuatro horas más.

Y el resto ya es cosa sabida. Con el obsequio de parte de sus alumnos, de un ejemplar de las Escrituras encuadernado en cuero, con el amor de amigos y de familias del barrio al que empezó a asistir, y con las experiencias espirituales que desearíamos que tuvieran todos aquellos que entran en la luz del Evangelio, Carolyn se bautizó y se le confirmó miembro de la Iglesia y, como suele decirse lo demás fue historia. Al enterarse aquel día en cuanto a la conferencia general, sentada en lo alto de la montaña que tiene pintado el emblema “Y” de la universidad, la hermana Rasmus había visto su propio cumplimiento personal de la invitación profética de Isaías: “Venid, y subamos al monte de Jehová, a la casa del Dios de Jacob; y nos enseñará sus caminos, y caminaremos por sus sendas. Porque de Sion saldrá la ley, y de Jerusalén la palabra de Jehová” 1 . Seguir leyendo

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Por tanto, proponed esto en vuestros corazones

Conferencia General Octubre 2006
Por tanto, proponed esto en vuestros corazones
Élder Larry W. Gibbons
De los Setenta

No podemos tener un pie en la Iglesia y otro en el mundo.

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Para alguien como yo, con formación médica, comprender la complejidad, el orden y la armonía del cuerpo humano refuerza mi fe en el Creador. Yo creo en Dios y en que Él nos creó.

La alternativa a no creer en un Creador es creer que la vida surgió con cierta espontaneidad y por accidente. Yo no creo en eso.

Si Dios nos creó, no sería lógico que nos dejase solos; tiene sentido que nos haya dado orientación, y parte de esa guía la hemos recibido en forma de mandamientos.

Los mandamientos no tienen por objeto ser una carga ni restringirnos; por lo contrario, son postes indicadores colocados por un Padre Celestial omnisciente para evitar que tengamos problemas, brindarnos una felicidad plena en esta vida y llevarnos a salvo de regreso a Él.

En un discurso pronunciado en 1994, en la Universidad Brigham Young, el rabino Harold S. Kushner dijo:

“Soy judío ortodoxo y cumplo con las leyes de alimentación de la Biblia. Supongo que muchos de ustedes creen que me paso el día diciéndome: ‘¡Vaya! Me encantaría comerme unas chuletas de cerdo, pero ese Dios cruel no me deja’. Pues no. La verdad es que… me paso el día diciéndome: ‘¿No es increíble? Hay cinco mil millones de personas en este planeta y Dios se preocupa por lo que almuerzo… y por el vocabulario que utilizo’.

“…No me siento menos porque se me diga que hay ciertas cosas que no puedo hacer ya que están mal. Al contrario, me siento mejor” 1 .

El élder Henry B. Eyring lo dijo aún mucho mejor en la transmisión de la primera reunión mundial de capacitación de líderes: “El Señor nos ha dado Sus normas de dignidad, pero no las ha dado para alejarnos de Él, sino para acercarnos más a Él” 2 . Seguir leyendo

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Que te conozcan a Ti

Conferencia General Octubre 2006

Que te conozcan a Ti

Élder Keith R. Edwards
De los Setenta

Si abordamos el sufrimiento, el dolor o el pesar concentrándonos en Cristo, aprenderemos lecciones espirituales.

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El coro ha cantado “Tan sólo con pensar en ti” 1 . En el Libro de Mormón, Nefi, al hablar en cuanto al Mesías, profetiza:

“Y el mundo, a causa de su iniquidad, lo juzgará como cosa de ningún valor; por tanto, lo azotan, y él lo soporta; lo hieren y él lo soporta. Sí, escupen sobre él, y él lo soporta, por motivo de su amorosa bondad y su longanimidad para con los hijos de los hombres” 2 .

El enorme e intenso padecimiento del Salvador fue por nosotros, para evitar que tuviéramos que sufrir como Él sufrió 3 ; sin embargo, el sufrimiento es parte de la vida y pocos se librarán de sus garras. Puesto que es algo que cada uno de nosotros ha vivido, está viviendo o pasará por ello. En las Escrituras se sugiere que, si abordamos el sufrimiento, el dolor o el pesar concentrándonos en Cristo, aprenderemos lecciones espirituales. En la antigüedad, Pablo escribió que nuestros sufrimientos podrían ofrecernos la oportunidad de conocer mejor al Salvador. Pablo escribió a los romanos:

“El Espíritu mismo da testimonio a nuestro espíritu, de que somos hijos de Dios.

“Y si hijos, también herederos; herederos de Dios y coherederos con Cristo si es que padecemos juntamente con él, para que juntamente con él seamos glorificados” 4 .

Ahora bien, no se enseña que persona alguna busque la adversidad y el sufrimiento; más bien es la actitud con la cual encaramos nuestras dificultades y pruebas la que nos permite conocer mejor al Salvador. La experiencia nos enseña que el sufrimiento es una de las vivencias que vendrá sin tener que buscarlo.

Permítanme utilizar un ejemplo personal: Hace algunos años, cuando nuestro primer hijo tenía más o menos un año, yo fui la causa de un sufrimiento aparentemente innecesario. Asistíamos a la universidad y una noche había estado jugando en el suelo con él; entonces salí de la habitación para ir a estudiar y, al cerrar la puerta detrás de mí, él intentó alcanzarme, levantó una mano por sobre su cabeza y metió uno de los dedos entre las bisagras de la puerta. Al cerrar la puerta, su dedo sufrió una grave herida.

Fuimos deprisa a la sala de emergencias del hospital y se le suministró anestesia local; el doctor llegó y nos aseguró de que podía solucionarse. Aunque parezca extraño, en ese momento lo único que mi hijo de un año quería era que lo sostuviera su papá. Mientras me veía en la sala, resistía todo esfuerzo de someterse a la delicada cirugía; pero cuando salí de la sala, se calmó y el médico pudo proceder. Seguir leyendo

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Cómo llegar a ser instrumentos en las manos de Dios

Conferencia General Octubre 2006
Cómo llegar a ser instrumentos en las manos de Dios
Élder Don R. Clarke
De los Setenta

Una persona no tiene que tener un llamamiento en la Iglesia, ni recibir una invitación para ayudar a alguien, ni siquiera gozar de buena salud para llegar a ser un instrumento en las manos de Dios.

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Mi abuelo materno, Alma Benjamin Larsen, tenía sólo 34 años cuando, al despertar una mañana, advirtió que casi no veía nada. Poco tiempo después de eso, perdió la vista por completo. Mi abuelo había servido en una misión y siempre había sido un fiel miembro de la Iglesia. Era un granjero que tenía una esposa y tres hijos, y no imaginaba la vida privado de la vista. La esposa y los hijos pequeños de mi abuelo se vieron enfrentados con la tarea de tener que llevar las cargas extras de ayudar en la granja, y el dinero era escaso.

Durante ese tiempo de oscuridad física, muchas personas llegaron a ser instrumentos en las manos de Dios para ayudar a mi abuelo ciego. Un hecho que produjo un gran impacto sobre ellos ocurrió en 1919. Aquél fue un año de muchas dificultades económicas para todas las personas del pueblo de mi abuelo. Se embargaban las granjas por omisión del pago de las deudas vencidas y los comercios se declaraban en quiebra. El préstamo hipotecario de la granja era considerable y el abuelo recibió una notificación del banco que le indicaba que tendría que pagar la suma de $195.00 a fin de aplazar el embargo un año más. Para él, tener que pagar esa cantidad de dinero era como si le hubiesen pedido una libra de su propia carne. Prácticamente todos se encontraban en la misma situación, por lo que parecía imposible conseguir todo ese dinero. Aun si hubiera reunido todo lo que la granja producía —los caballos, las vacas y la maquinaria—, no habría podido venderlos por $195.00. El abuelo le pidió a un vecino que le matase y descuartizase dos o tres de las vacas y las vendió, e hizo lo mismo con algunos otros productos. Había prestado dinero a sus vecinos y ellos acordaron devolvérselo hacia el final del año, pero ninguno de sus deudores podía pagarle. La situación económica del abuelo era sombría.

El abuelo contó esto en su diario personal: “Nunca olvidaré aquella noche fría, justo antes de la Navidad de 1919. Ya se veía que íbamos a perder la granja. Mi hija Gladys me puso un papel en la mano y me dijo: ‘Esto ha llegado hoy en el correo’. Se lo llevé a su madre y le pregunté qué era. Esto fue lo que mi esposa me leyó: ‘Estimado hermano Larsen: He estado pensando en usted todo el día. Me pregunto si estará pasando por problemas económicos. Si es así, tengo $200.00 que le puedo facilitar’. La carta la firmaba ‘Jim Drinkwater’. Jim era un hombre pequeño de cuerpo y lisiado, y hubiera sido la última persona sobre la tierra que se habría pensado tuviera tal cantidad de dinero. Esa misma noche fui a su casa, y él me dijo: ‘Hermano Larsen, esta mañana he recibido un telegrama del cielo y no he podido dejar de pensar en usted en todo el día. Estaba seguro de que usted tenía penurias económicas’. El hermano Drinkwater me dio los $200.00; enviamos $195.00 a la empresa hipotecaria y, con los cinco dólares que sobraron, compramos botas y ropa para los niños. Ese año sí vino Santa Claus”.

En seguida, el abuelo expresó su testimonio: “El Señor nunca me ha desamparado. Él ha enternecido el corazón de otras personas de la misma forma en la que enterneció el corazón del hermano Drinkwater. Testifico que la única seguridad y protección que he tenido en la vida han venido mediante el esfuerzo por guardar los mandamientos del Señor y el apoyar y el sostener a las autoridades de esta Iglesia”. Seguir leyendo

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El acercarnos más a Él

Conferencia General Octubre 2006
El acercarnos más a Él
Élder Craig A. Cardon
De los Setenta

El sacerdocio, mediante las obras del Espíritu, conduce a las personas más cerca de Dios a través de la ordenación, de las ordenanzas y del refinamiento de la naturaleza de las personas.

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Hace años, nuestra joven familia se mudó a una casa situada en lo que entonces era la urbanización más nueva de nuestro vecindario, la cual tenía una vista de las montañas del este. Un lunes por la mañana, al terminar de vestirme y apresurarme para ir al trabajo, nuestro hijo de seis años, Craig, vino a verme trayendo de la mano a su hermano Andrew, de cuatro años. Con determinación, Craig me miró y dijo: “Papá, ayer en la Primaria la maestra nos dijo que si tienes el sacerdocio puedes mover montañas. Se lo he dicho a Andy pero no me cree. Tú tienes el sacerdocio, ¿verdad, papá?”. Entonces se volvió, señaló la ventana, me miró de nuevo y dijo: “¿Ves aquellas montañas de allí? ¡Demuéstraselo papá!”

Esto dio pie a una hermosa experiencia. Me sentí muy agradecido por tener hijos que estaban comenzando el proceso de aprendizaje sobre el sacerdocio que continuaría durante el resto de su vida.

Aunque el Señor verdaderamente enseñó a quienes Él otorgó el sacerdocio que moverían montañas 1 por medio de la fe, y hay citas registradas de que esto sucedió 2 , lo que yo quisiera hacer es aportar más luz acerca de ese aspecto de la doctrina del sacerdocio que acerca más a las personas a Dios, concediéndoles la oportunidad de llegar a ser como Él y de vivir eternamente en Su presencia. Esta doctrina se aplica tanto a los hijos como a las hijas de Dios. Por lo tanto, es mi oración que lo que voy a compartir sea de ayuda para ambos.

En 1823, el ángel Moroni se apareció a José Smith y le citó varios pasajes de las Escrituras, entre ellos el siguiente de Malaquías: “He aquí, yo os revelaré el sacerdocio por medio de Elías el profeta” 3 . Este es el primer registro con referencia al sacerdocio en esta dispensación que anticipó un proceso que se revelaría durante las décadas venideras.

En 1829, Juan el Bautista restauró el Sacerdocio Aarónico 4 y poco después le siguieron Pedro, Santiago y Juan para restaurar el Sacerdocio de Melquisedec 5 .

En 1836, Moisés y Elías restauraron las llaves del recogimiento de Israel y de la dispensación del Evangelio de Abraham 6 , seguidos después por Elías, quien restauró las llaves del sellamiento. La revelación concluye con estas palabras dirigidas al profeta José: “Por tanto, se entregan en vuestras manos las llaves de esta dispensación” 7 .

Una vez que toda la autoridad, los oficios y las llaves del sacerdocio se encontraban de nuevo sobre la tierra, en 1841, el Señor recalcó al Profeta la importancia de construir templos, en los cuales el Señor pondría a disposición de Sus hijos e hijas las ordenanzas del sacerdocio mediante las cuales se prepararían para regresar a Su presencia 8 . Seguir leyendo

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El ser receptivos al Espíritu

Conferencia General Octubre 2006
El ser receptivos al Espíritu
A. Roger Merrill
Presidente General de la Escuela Dominical

Si nos concentramos en buscar y en recibir el Espíritu, nos preocuparemos menos de que el maestro o el orador capten nuestra atención y nos importará más prestar atención al Espíritu.

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Una mañana, cuando servía como misionero en Beaumont, Texas, mi compañero enfermó y tuvo que descansar. Siguiendo el consejo de nuestro presidente de misión ante tales situaciones, puse una silla junto a la ventana abierta de nuestro apartamento, ubicado en el cuarto piso, y comencé a leer el Libro de Mormón.

En seguida me sumergí en las Escrituras y, al cabo de un rato, llegué a Alma capítulo 29, versículos 1 y 2:

“¡Oh, si fuera yo un ángel y se me concediera el deseo de mi corazón, para salir y hablar con la trompeta de Dios, con una voz que estremeciera la tierra, y proclamar el arrepentimiento a todo pueblo!

“Sí, declararía yo a toda alma, como con voz de trueno, el arrepentimiento y el plan de redención: Que deben arrepentirse y venir a nuestro Dios, para que no haya más dolor sobre toda la superficie de la tierra”.

Al meditar en las palabras de Alma, éstas se convirtieron en algo muy personal. Mi compañero y yo habíamos tocado cientos de puertas en Beaumont, ofreciendo dar nuestro mensaje, aunque con poco éxito. En mi mente, comencé a imaginar qué pasaría si yo fuese un ángel y pudiese llamar al arrepentimiento con una voz que hiciese temblar la tierra. Miré por la ventana hacia abajo y vi a la gente que iba y venía por la calle. Me imaginé qué pasaría si me pusiese allí mismo de pie brillando como un ángel, con las manos en alto, y les hablara con una voz de trueno. Me imaginé que los edificios temblaban y que la gente caía a tierra. En tales circunstancias, pensé que quizás, ¡surgiría en ellos el repentino deseo de escuchar lo que yo tenía que decirles!

Pero luego leí el siguiente versículo:

“Mas he aquí, soy hombre, y peco en mi deseo; porque debería estar conforme con lo que el Señor me ha concedido” (versículo 3).

Fue una lección de humildad darme cuenta de que el Señor ama a todos Sus hijos y tiene un plan para Su obra. Mi trabajo consistía en hacer mi parte.

También continuó la lección de humildad al darme cuenta de algo más. En aquel momento yo supe que lo que leía no era ficción, sino que era real. De manera tranquila y callada, mientras leía, me había llenado de luz y de la comprensión de que Alma era una persona real, que había vivido, y que él también había tenido el profundo deseo de dar a conocer el mensaje del Evangelio a otras personas. Seguir leyendo

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