Hasta la próxima vez

Hasta la próxima vezLiahona Julio 2001
Presidente Gordon B. Hinckley

Gordon B. Hinckley“Se celebran las conferencias. . . para fortalecer nuestro testimonio de esta obra, fortificarnos contra la tentación y el pecado, elevar nuestra visión y recibir instrucción”.

Hermanos y hermanas, hemos disfrutado de una conferencia maravillosa con discursos inspiradores. Se han contestado las oraciones de los discursantes y las de los que los hemos oído, y todos hemos sido edificados. Ahora bien, antes de pronunciar mis palabras de clausura, quisiera hacer una pequeña explicación. La gente se ha estado preguntando por qué razón ando caminando con bastón; ese se ha convertido en el tema de conversación estos días. Pues vi que Brigham Young usaba bastón, John Taylor usaba bastón y Wilford Woodruff tenía un bastón, y el presidente Grant usaba un bastón en su edad avanzada. Vi al presidente McKay con bastón y a Spencer Kimball con bastón, de modo que sólo estoy poniéndome a la moda.

La verdad es que padezco un poco de vértigo; me mareo un poco al estar de pie, y los doctores no saben cuál es la razón de ello; pero todavía me seguirán examinando y espero que esto se acabe en uno o dos días.

Y bien, todos nos hemos sentido edificados en esta gran conferencia. Al partir hoy, todos debemos tener una mayor determinación de hacer lo bueno que cuando nos reunimos ayer por la mañana.

Constantemente me maravillo con estas reuniones semestrales. Hemos escuchado a veintiséis oradores durante estos dos días, un número bastante elevado. A cada uno se le informó del tiempo que dispondría, pero a nadie se le dijo sobre qué tendría que hablar. Aun así, todos los discursos parecen armonizar uno con otro, como cada hebra del tapiz de un diseño magnífico y hermoso. Creo que casi cada persona de este vasto auditorio mundial puede decir de uno o más de los discursos: “Eso iba dirigido a mí. Eso es precisamente lo que necesitaba oír”.

Éste es el motivo por el que se celebran las conferencias: para fortalecer nuestro testimonio de esta obra, fortificarnos contra la tentación y el pecado, elevar nuestra visión y recibir instrucción sobre los programas de la Iglesia y el modelo de nuestra vida.

Por supuesto que muchas iglesias tienen reuniones multitudinarias, pero no sé de ninguna otra que se compare con estas conferencias que se celebran cada seis meses, año tras año. Verdaderamente son conferencias mundiales. Seguir leyendo

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Enfoque y prioridades

Enfoque y prioridadesLiahona Julio 2001
Élder Dallin H. Oaks
Del Quórum de los Doce Apóstoles

Dallin H. Oaks“Si la información de que se dispone se utiliza de un modo juicioso es mucho más valiosa que la gran cantidad de información que se deja en barbecho”.

Al acercarnos a la conclusión de esta magnífica conferencia, es oportuno preguntarnos qué nos vamos a esforzar por llegar a ser a causa de lo que hemos oído decir a los siervos del Señor.

Somos responsables de nuestros actos y seremos juzgados por la forma en que empleemos lo que hayamos recibido. Ese principio eterno se aplica a todo lo que se nos ha dado. En la parábola de los talentos (véase Mateo 25:14–30), el Salvador enseñó ese principio con respecto a la utilización de lo que nos pertenezca. El principio de la responsabilidad también se aplica a los medios espirituales que se nos han proporcionado en las enseñanzas que hemos recibido y a las valiosas horas y días que se nos han adjudicado durante nuestro tiempo en la vida terrenal.

Deseo examinar la forma en que ese principio de la responsabilidad se aplica a nuestro empleo del mayor tiempo libre y de la información con que contamos en la actualidad.

Debido a la prolongación de las expectativas de vida y a los dispositivos modernos que sirven para ahorrar tiempo, la mayoría de nosotros tenemos mucho más tiempo libre que el que tenían nuestros predecesores. Somos responsables de la forma en que utilicemos ese tiempo. “No desperdiciarás tu tiempo” (D. y C. 60:13) y “cesad de ser ociosos” (D. y C. 88:124), mandó el Señor a los primeros misioneros y miembros. “El tiempo veloz vuela”, dice un himno conocido, “y ya no vuelve más. Viene y sigue adelante, no se detiene jamás. Si cuidado no tenemos, la oportunidad perderemos. De prisa se va la vida, es como si fuese un día” (“Improve the Shining Moments,”Hymns, 1985, Nº; 226).

La importancia del mayor tiempo libre de que disponemos se ha realzado considerablemente gracias a la tecnología moderna de la recuperación de datos. Para bien o para mal, la Internet y los discos compactos han puesto a nuestro alcance inmediato existencias extraordinarias de información, conocimientos e imágenes. Junto con las comidas rápidas, tenemos comunicaciones rápidas y hechos rápidos. El efecto que esos recursos han surtido en algunos de nosotros parece cumplir la profecía del profeta Daniel de que en los Últimos días “muchos correrán de aquí para allá, y la ciencia se aumentará” (Daniel 12:4).

Al tener mucho más tiempo libre y una escala mucho más amplia de posibilidades de emplearlo, es prudente reexaminar los principios fundamentales por los que debemos guiarnos. Si bien las circunstancias temporales cambian, las leyes y los principios eternos que deben guiar lo que escogemos hacer no cambian jamás. Seguir leyendo

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La edificación del reino

La edificación del reinoLiahona Julio 2001
Élder Bruce D. Porter
De los Setenta

Bruce D. Porter“Desde sus primeros días, la Iglesia del Señor ha sido edificada por gente común que magnificó sus llamamientos con humildad y devoción”.

Hace casi 25 años, nuestra familia vivía en Massachusetts, donde yo estaba haciendo un curso de posgrado. Mi programa de estudios exigía demasiado tiempo y yo disponía de poco tiempo libre. Un domingo en la Iglesia se me acercó la presidenta de la Primaria y me preguntó si podría servir como maestro suplente durante dos semanas. En esa época, la Primaria se efectuaba en un día de la semana por la tarde y sabía que sería difícil encontrar tiempo en mi horario para enseñar esa clase. Pero luego de cierta vacilación, acepté.

Llegó el día de enseñar en la Primaria. Esa tarde yo estaba en la biblioteca de la universidad, absorto en un libro de política internacional. De alguna manera, el tema que estudiaba me parecía más importante que la clase de la Primaria que se acercaba y, por lo tanto, no fue sino hasta unos 30 minutos antes de que empezara la clase que me puse a repasar la lección que debía enseñar. Luego caminé desde la biblioteca hasta la capilla, que colindaba con el campus. Mi actitud negativa debe de haber lentificado mis pasos, porque llegué algunos minutos tarde. Al llegar a la puerta del salón de la Primaria, los niños empezaban a cantar el himno de apertura. Era una canción que yo nunca había escuchado y cuya melodía y mensaje me conmovieron profundamente:

Como os he amado, amad a otros.
Un nuevo mandamiento, amad a otros.
Por esto sabrán que sois discípulos míos,
si os amáis unos a otros.
(“Amad a otros”, Himnos, Nº 203)

Mientras me quedé allí, inmóvil, a la entrada, el Espíritu me atestiguó que estaba observando la clase más importante que se efectuaba en Cambridge, Massachusetts, ese día.

En docenas de salones de clases y de laboratorios de la universidad, dedicados eruditos buscaban respuestas a los problemas del mundo. Sin embargo, por valiosos que hubieran sido esos esfuerzos, la universidad no daba ni podía dar las respuestas finales a los problemas de un mundo aquejado de problemas. Allí, frente a mí, estaba la respuesta del Señor: La quieta edificación de Su reino sobre la tierra por medio de la enseñanza del Evangelio de Jesucristo. Lo que tenía lugar en la Primaria ese día formaba una pequeña parte del plan divinamente revelado para la salvación de un mundo caído.

En referencia a la Restauración, el Señor declaró en octubre de 1831: “Las llaves del reino de Dios han sido entregadas al hombre en la tierra, y de allí rodará el evangelio hasta los extremos de ella, como la piedra cortada del monte, no con mano, ha de rodar, hasta que llene toda la tierra” (D. y C. 65:2). La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días es ese reino cuyo destino es llenar toda la tierra. En la milagrosa sabiduría del Todopoderoso, la edificación del reino de Dios en los Últimos días se llevará a cabo por medios tan sencillos y claros como lo que observé en la Primaria aquel día. Seguir leyendo

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Cómo mejorar nuestra experiencia en el templo

Cómo mejorar nuestra experiencia en el temploLiahona Julio 2001
Élder L. Lionel Kendrick
De los Setenta

L. Lionel Kendrick“Existe una diferencia entre simplemente asistir al templo y el tener una magnífica experiencia espiritual”.

Una de las mayores bendiciones que tenemos hoy día es la oportunidad de asistir al templo. Con el creciente número de templos, sus bendiciones están al alcance de un número cada vez mayor de miembros de la Iglesia.

Esas bendiciones no deben tomarse a la ligera. El Salvador ha mandado que no debemos “[tratar] con liviandad las cosas sagradas” (D. y C. 6:12).

El templo y las santas ordenanzas son muy sagrados y debemos ser espiritualmente sensibles a ellos. El asistir al templo para adorar al Señor es una sagrada bendición.

Existe una diferencia entre simplemente asistir al templo y el tener una magnífica experiencia espiritual. Las verdaderas bendiciones del templo se reciben cuando mejoramos nuestra experiencia en él. Para hacerlo, debemos sentir un espíritu de reverencia y adoración por ese lugar.

Espíritu de reverencia
Quienes asisten al templo deben recordar el consejo del Señor cuando dijo: “Mi santuario tendréis en reverencia” (Levítico 19:30). La reverencia es una expresión de profundo respeto, honor y adoración por el Señor. Es tener veneración por Su nombre, Sus palabras, Sus ordenanzas y convenios, Sus siervos, Sus capillas y Sus templos.

Es una manifestación externa de lo que sentimos por él. Siempre debemos recordar que vamos a Su santa casa, el templo del Señor, por invitación Suya. Debemos responder a esta invitación siendo dignos, estando preparados y teniendo el templo como prioridad en nuestra vida. Mientras nos encontremos en el templo debemos actuar como si estuviéramos en Su santa presencia.

El ser reverentes significa no sólo mantener silencio, sino ser conscientes de lo que está sucediendo. Supone un deseo divino de aprender y ser receptivo a las impresiones del Espíritu, así como una búsqueda de mayor luz y conocimiento. La irreverencia no es sólo una falta de respeto hacia la Deidad, sino que hace que sea imposible que el Espíritu nos enseñe lo que precisamos saber.

En el templo debemos conversar en un tono reverente, pues la reverencia no es cosa trivial ni mundana. Tiene consecuencias eternas y se debe tratar como algo divino. Para ser reverentes debemos ver el templo como un lugar de pureza y de santidad.

Lugar de pureza. El templo es un lugar de pureza y es de suma importancia que lo mantengamos puro y santo. El Salvador prometió: Seguir leyendo

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Unidos en amor y testimonio

Unidos en amor y testimonioLiahona Julio 2001
Élder John K. Carmack
De los Setenta

John K. Carmack“Los miembros de la Iglesia están unidos en Cristo por medio del amor y el testimonio. El sendero de esta dispensación que conduce a nuestro Salvador pasa por José y el Libro de Mormón”.

Hace diecisiete años, durante la sesión del domingo por la tarde de la conferencia general, respondí a la asignación del presidente Hinckley de hablar en nombre de seis hermanos a los que recientemente se nos había llamado como Setenta. Me hallaba aguardando mi turno entre dos grandes apóstoles, los Élderes Marvin J. Ashton y Bruce R. McConkie. Sentí su amor y apoyo mientras contemplaba con inquietud la congregación de santos reunidos en el Tabernáculo. Dicho sea de paso, hoy día el nÚmero es cuatro veces más grande. El Élder Ashton, al percibir mis sentimientos, me susurró: “Sé que es una vista asombrosa, pero son sus amigos”. Al ponerme de pie para discursar por primera vez, sentí el amor de los santos derramarse sobre mí, y desde entonces, en todas partes del mundo a donde nos han llevado mis asignaciones, mi esposa, Shirley, y yo hemos sentido ese mismo amor y hemos intentado corresponderlo.

La unidad de los santos es única y poderosa. La he visto y percibido prácticamente en cada continente y en las islas del mar. Esa unidad es uno de los motivos principales del progreso de la Iglesia; sin ella, fracasaríamos. Tal y como explicó JesÚs: ”. . .toda ciudad o casa dividida contra sí misma, no permanecerá” 1 . La división y las fallas abundan en el mundo, mas “uno somos todos, uno en verdad” 2 . Disfrutamos de esa unidad bajo la dirección espiritual de nuestro profeta. Nuestras posesiones, estado social o color de la piel no importan; el banquete del Evangelio está libremente al alcance de todos los que deseen participar de sus manjares. Jesús dijo a Sus discípulos: “Vendrán muchos del oriente y del occidente, y se sentarán con Abraham e Isaac y Jacob en el reino de los cielos” 3 . La Iglesia avanza tranquilamente en crescendo, al igual que una orquesta sinfónica se aproxima al punto culminante, fortaleciendo las comunidades a medida que crece.

Disfrutamos de esa unidad a través del amor; no podemos comprarla ni forzarla. Nuestro método consiste en “persuadir. . . y con sabiduría, amor y luz bendecir. . . Pero jamás la mente del hombre forzar” 4 . Cuando actuamos de forma diferente, reducimos nuestro derecho a que se nos reconozca como discípulos de Cristo. “En esto conocerán todos [los hombres] que sois mis discípulos, si tuviereis amor los unos con los otros” 5

Ese amor unificador viene combinado con nuestro testimonio personal. Si se les pidiera, casi cada miembro podría y accedería a compartir su testimonio en esta conferencia. Sí, estamos unidos en amor y testimonio.

Mi testimonio está edificado en las firmes convicciones de que el Libro de Mormón es verdadero y que Jesús es nuestro Salvador, un cimiento espiritual que me ha ayudado a resistir las tormentas de las dificultades y la duda. Comencé a leer el Libro de Mormón cuando era joven y he continuado aprendiendo y bebiendo de su espíritu con cada estudio.

Estuve en el último grupo de misioneros que fueron llamados antes de que las demandas de la guerra con Corea llamara a filas a nuestros jóvenes, y participé en cinco días de capacitación en la casa de la Misión Salt Lake, en la calle State. Uno de nuestros instructores fue Bryant S. Hinckley, un prominente líder de la Iglesia y un maestro estimulante que invitó a los misioneros allí reunidos a compartir los motivos por los que creían que el Libro de Mormón era verdadero. Yo me quedé asombrado por la gran variedad de razones que expusieron. En aquella ocasión sugerí que, aparte del testimonio del Espíritu, me había impresionado el número de nombres nuevos de personas, lugares, animales y cosas que había en el libro. Seguir leyendo

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La ley del ayuno

Conferencia General Abril 2001

La ley del ayuno

Élder Joseph B. Wirthlin
Del Quórum de los Doce Apóstoles

“El ayuno, combinado con la oración fervorosa, tiene gran poder; puede llenar nuestra mente con revelaciones del Espíritu y fortalecernos contra los momentos de tentación”.


Mis queridos hermanos y hermanas, al igual que ustedes, creo que el Élder David B. Haight es una inspiración para la Iglesia entera y para muchos otros.

Hace dos mil años, sobre la arena y las piedras de Galilea, caminó un hombre al que muy pocos reconocieron por Quien verdaderamente era: el Creador de mundos, el Redentor, el Hijo de Dios.

Un intérprete de la ley se le acercó y le preguntó: “Maestro, ¿cuál es el gran mandamiento en la ley?”

JesÚs contestó: “Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente.

“Este es el primero y grande mandamiento.

“Y el segundo es semejante: Amarás a tu prójimo como a ti mismo.

“De estos dos mandamientos depende toda la ley y los profetas” 1 .

Por medio del profeta José Smith, el Señor ha establecido nuevamente Su Iglesia entre los hombres. La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, restaurada sobre la tierra en estos Últimos días, se centra en esos dos mandamientos que el Salvador proclamó como los más grandes: el amar a nuestro Padre Celestial y el amar a nuestro prójimo. Nuestro Salvador dijo: “Si me amas, me servirás y guardarás todos mis mandamientos” 2 . Una forma en la que demostramos nuestro amor es por medio del cumplimiento de la ley del ayuno. Esta ley se basa sobre un principio primordial pero profundo –una simple práctica– que, si se observa con el espíritu apropiado, nos ayudará a acercarnos más a nuestro Padre Celestial y a fortalecer nuestra fe, al mismo tiempo que nos ayudará a aliviar las cargas de los demás.

En La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días se alienta a los miembros a ayunar siempre que su fe tenga que ser fortalecida en forma especial, y a ayunar en forma regular una vez al mes en el día de ayuno. En ese día, nos abstenemos de comer y de beber por dos comidas consecutivas, estamos en íntima comunión con nuestro Padre Celestial y contribuimos una ofrenda de ayuno para ayudar a los pobres. La ofrenda debe ser por lo menos el equivalente del valor de los alimentos que hubiéramos comido. Por lo general, se designa el primer domingo de cada mes como domingo de ayuno. Ese día, a los miembros que físicamente puedan hacerlo, se les alienta para que ayunen, oren y den testimonio de la veracidad del Evangelio y den una ofrenda de ayuno generosa. “La ley del ayuno”, enseñó el Élder Milton R. Hunter, “es quizás tan antigua como la familia humana. . . En tiempos antiguos, los líderes–profetas dieron a los miembros de la Iglesia el mandamiento de observar la ley del ayuno y la oración” 3 . Seguir leyendo

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La gratitud y el servicio

La gratitud y el servicioLiahona Julio 2001
Élder David B. Haight
Del Quórum de los Doce Apóstoles

David B. Haight“Que en su pecho arda un sentimiento ferviente; que en este día sientan lo que yo siento; que esta obra es verdadera y cuyo objetivo es el ayudarnos a llevar a cabo el plan eterno de salvación y exaltación”.

Mis queridos hermanos y hermanas, he orado para que las bendiciones del cielo estén conmigo en estos momentos en que hablo desde este pÚlpito esta tarde. Quiero expresar algunas palabras acerca de la gratitud y agradecer a algunas personas que han influido en mi vida.

Traten de remontarse al 1º; de mayo de 1890. Un joven y una joven de un pequeño poblado alrededor de 400 kilómetros de distancia del Templo de Logan deciden casarse. No había autopistas ni carreteras impresionantes; sólo había caminos entre arbustos, caminos para carretas.

Probablemente tomaba alrededor de seis o siete días de camino. Durante el mes de mayo es la temporada de lluvia en el sur de Idaho y en Utah. Imaginen el viaje en una calesa, vestidos con su mejor ropa y llevar algunas pertenencias, quizá comida para los caballos y un poco de comida para sí mismos en bolsitas de algún tipo. No tenían ropa lujosa ni abrigada; no tenían sacos de dormir ni linternas ni hornillas portátiles para cocinar. Seguramente tenían cerillos y tenían que buscar arbustos secos para hacer una fogata a fin de cocinar.

Imagínense, traten de pensar por un momento y de concebir la gratitud que siento y las bendiciones que ellos trajeron a mi vida al hacer un largo viaje al sitio donde iban a casarse. ¿Tuvieron inconvenientes? Eso no los detuvo y siguieron con su objetivo. Piensen en lo que ha sucedido en los Últimos años con el presidente Hinckley, la inspiración y dirección que él ha tenido para edificar templos en todo el mundo. Y piensen en lo que muchos tuvieron que pasar hace unos años para asistir al templo.

Esas bendiciones han llegado a mi vida gracias a mis padres y a otras personas que han influido en mi vida: los maestros y las buenas personas con quienes he convivido.

Cuando tenía unos 11 años de edad, llegó un hombre a nuestro pequeño poblado para enseñar en una escuela de la Iglesia. Él tocaba un poco el violín y no habíamos escuchado a nadie tocar el violín en mucho tiempo. Mi madre quedó impresionada, se consiguió un pequeño violín, supongo que lo encontró en alguna venta de beneficencia, y decidió que yo debía aprender a tocarlo.

Aun cuando yo nunca había visto a nadie tocar el violín en público, el maestro fue a mi casa y empezó a darme lecciones sencillas. Había logrado cierto progreso para cuando nos graduamos del octavo grado en la escuela primaria, y se me pidió tocar un solo en el violín para la ceremonia de graduación que iba a tomar lugar en la escuela de segunda enseñanza.

Ensayé con sumo cuidado una corta pieza que recuerdo se llamaba “Traumerei”. Mi hermana, que era cuatro años mayor que yo y quien en ese tiempo era una de las jóvenes más populares en la escuela de segunda enseñanza, me acompañó al piano. En la ceremonia de graduación, Connie McMurray era la mejor alumna y tenía el discurso de despedida. Las muchachas siempre son más listas que los muchachos. Mientras ella daba su discurso, había un pequeño pedestal con una jarra de agua y un vaso para la comitiva escolar. Los miembros de la comitiva, junto con algunos de los graduados del octavo grado, estábamos en el estrado. Seguir leyendo

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El milagro de la fe

El milagro de la feLiahona Julio 2001
Presidente Gordon B. Hinckley

Gordon B. Hinckley“La fe es la base del testimonio; la fe es esencial para la lealtad a la Iglesia; la fe se representa por el sacrificio que se da gustosamente para impulsar la obra del Señor”.

Doy gracias al coro por ese excelente número musical. Aun cuando se ha ido parte del tiempo que me correspondía, estoy dispuesto a acceder en virtud de esa música tan exquisitamente bella. Gracias, hermano Ballard, por dar de nuevo mi discurso.

Mis queridos hermanos y hermanas, siento gran amor por ustedes dondequiera que se encuentren esta mañana del día de reposo. Siento hermandad con todos ustedes que son miembros de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días. Amo esta obra y me maravillo por su fortaleza y su crecimiento, por la forma en que influye en la vida de la gente de todo el mundo. Me siento sumamente humilde al dirigirme a ustedes. Le he suplicado al Señor que dirija mis pensamientos y mis palabras.

Acabamos de regresar de un largo viaje desde Salt Lake City hasta Montevideo, Uruguay, para dedicar el templo número 103 en operación de la Iglesia. Fue un tiempo de gran regocijo para los miembros de ese país. Miles de personas se congregaron en ese edificio hermoso y sagrado y en otras capillas adyacentes.

Uno de los oradores, una mujer, relató una historia similar a las que ustedes han escuchado muchas veces. Según recuerdo, relató del momento de su vida en que los misioneros llamaron a la puerta. Ella no tenía ni la más remota idea de lo que ellos enseñaban; sin embargo, los invitó a pasar, y ella y su esposo escucharon el mensaje.

Fue para ellos una historia increíble. Les hablaron de un joven que vivía en el estado de Nueva York. Tenía catorce años de edad cuando leyó en el libro de Santiago: “Y si alguno de vosotros tiene falta de sabiduría, pídala a Dios, el cual da a todos abundantemente y sin reproche, y le será dada” (Santiago 1:5).

Deseoso de tener sabiduría, porque varios credos afirmaban tener la verdad, el joven José decidió ir a un bosque y orar al Señor.

Lo hizo, y en respuesta a su oración recibió una visión. Dios el Eterno Padre y Su Hijo, Jesucristo, el Señor resucitado, se aparecieron ante él y le hablaron.

Siguieron otras manifestaciones, entre ellas el obtener en un cerro cercano a su hogar las planchas de oro que tradujo por el don y el poder de Dios.

Se le aparecieron mensajeros celestiales que le otorgaron las llaves del sacerdocio y la autoridad para hablar en el nombre de Dios.

¿Cómo podría alguien creer tal historia? Parecía absurdo. Y sin embargo, esas personas creyeron a medida que se les enseñaba. A sus corazones llegó la fe para aceptar lo que se les había enseñado. Era un milagro, un don de Dios; no lo podían creer, y sin embargo lo hicieron. Seguir leyendo

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Recibiréis su palabra

Conferencia General Abril 2001

“Recibiréis su palabra”

M. Russell BallardÉlder M. Russell Ballard
Del Quórum de los Doce Apóstoles

“No es cosa insignificante, mis hermanos y hermanas, el tener un profeta de Dios entre nosotros. Grandes y maravillosas son las bendiciones que recibimos en nuestra vida cuando damos oído a la palabra del Señor dada a nosotros por intermedio de él”.


Hermanos y hermanas, ¿han tenido alguna vez la experiencia de estar en un auto con el chofer dando vueltas y vueltas por las calles de una ciudad diciendo: “Yo sé dónde es. Estoy seguro de que puedo encontrarlo”? Y finalmente, frustrado, se detiene para pedir orientación a alguien. ¡Puedo ver que ustedes, hermanas, han pasado por eso! Cuánto más fácil es encontrar nuestro camino cuando seguimos las direcciones de alguien que sabe cómo llegar a nuestro destino.

Muchos de nosotros tal vez nos encontremos en una situación similar al viajar por los caminos de la vida, tan llenos de desafíos. Éstos son tiempos difíciles y las normas culturales y sociológicas del mundo, con respecto a lo que es apropiado, honrado, íntegro y políticamente correcto, cambian constantemente. Justo cuando creemos conocer el camino a la felicidad y a la paz, nace una nueva ideología que puede llevarnos por un camino que sólo aumentará nuestra confusión e intensificará nuestra desesperación. En esas ocasiones, haríamos bien en preguntar: “¿Hay alguna voz clara, pura, sin prejuicios con la que siempre podamos contar? ¿Hay una voz que siempre nos dé direcciones claras para encontrar el camino en el mundo atribulado de hoy? La respuesta es sí. Esa voz es la voz del profeta y de los apóstoles vivientes.

Cuando se organizó La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días hace 171 años este mes, el Señor dio una revelación a los miembros de Su Iglesia por medio de Su profeta, José Smith, hijo. Al referirse al Presidente de la Iglesia, el Salvador instruyó a los miembros: ”. . .daréis oído a todas sus palabras y mandamientos que os dará según los reciba, andando delante de mí con toda santidad;

“porque recibiréis su palabra con toda fe y paciencia como si viniera de mi propia boca” (D. y C. 21:4–5).

Luego el Señor dio una promesa maravillosa a aquellos que son obedientes: “Porque si hacéis estas cosas, las puertas del infierno no prevalecerán contra vosotros; sí, y Dios el Señor dispersará los poderes de las tinieblas de ante vosotros, y hará sacudir los cielos para vuestro bien y para la gloria de su nombre” (D. y C. 21:6).

Un año y medio más tarde, agregó a esa significativa promesa esta severa advertencia: “Y será revelado el brazo del Señor; y vendrá el día en que aquellos que no oyeren la voz del Señor, ni la voz de sus siervos, ni prestaren atención a las palabras de los profetas y apóstoles, serán desarraigados de entre el pueblo” (D. y C. 1:14).

“Lo que yo, el Señor, he dicho, yo lo he dicho, y no me disculpo; y aunque pasaren los cielos y la tierra, mi palabra no pasará, sino que toda será cumplida, sea por mi propia voz o por la voz de mis siervos, es lo mismo” (D. y C. 1:38). Seguir leyendo

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El sacrificio: una inversión eterna

El sacrificio: una inversión eternaLiahona Julio 2001
Carol B. Thomas
Primera Consejera de la Presidencia General de las Mujeres Jóvenes

Carol B. Thomas“El sacrificio es un principio asombroso. . . Puede desarrollar en nuestro interior un profundo amor hacia los demás y hacia nuestro Salvador, Jesucristo”.

Como madre, creo que uno de los relatos más desgarradores del Antiguo Testamento es el de Abraham, a quien el Señor le pidió que ofreciera en sacrificio a su joven hijo, Isaac. Sara debió tener por lo menos 100 años cuando Isaac fue llevado a la montaña. Como muestra de bondad hacia ella, creo que Abraham no quiso decirle lo que intentaba hacer, lo cual significó que él tuvo que soportar solo esa grandiosa prueba de fe.

El presidente Lorenzo Snow dijo en una ocasión: “Ningún ser humano podría haber hecho lo que Abraham hizo. . . excepto que haya estado inspirado y hubiese llevado en sí la naturaleza divina para recibir esa inspiración” (The Teachings of Lorenzo Snow, ed. Clyde J. Williams, 1984, pág. 116).

Empezando con Adán, todos los profetas del Antiguo Testamento han guardado la ley de sacrificio. El sacrificio es una parte integral de la ley celestial, que nos señala hacia el sacrificio más glorioso de todos: nuestro Salvador, Jesucristo.

El presidente Gordon B. Hinckley definió el sacrificio de manera muy bella cuando dijo: “Sin el sacrificio no existe la verdadera adoración de Dios. . . ‘El Padre dio Su Hijo, y el Hijo dio Su vida’, y nosotros no adoramos a menos que demos. . . que demos de nuestra substancia. . . nuestro tiempo. . . fortaleza. . . talento. . . fe. . . [y] testimonio” (Teachings of Gordon B. Hinckley, 1997, pág. 565).

Hermanos y hermanas, una de las cosas que nos distingue del resto del mundo es la ley del sacrificio. Somos un pueblo del convenio, bendecidos con oportunidades para adorar y dar, pero, ¿estamos plenamente convertidos al principio del sacrificio? Acude a mi mente el joven rico, a quien enseñó el Salvador, que preguntó: “¿Qué más me falta?” (véase Mateo 19:20). JesÚs le dijo: “Si quieres ser perfecto, anda, vende [todo] lo que tienes. . . y ven y sígueme” (Mateo 19:21).

Analicemos tres formas en que el sacrificio nos ayuda a seguir al Salvador: el enseñar a nuestra familia, el dar al pobre y al necesitado, y el dar de nosotros mismos en la obra misional. Seguir leyendo

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Una invitación con promesa

Una invitación con promesaLiahona Julio 2001
Obispo Keith B. McMullin
Segundo Consejero del Obispado Presidente

Keith B. McMullin“No basta con ser miembro de la Iglesia ni tampoco basta el serlo por puro formulismo”.

Para aquellos que anhelan la verdad espiritual, algunas cosas son fáciles de reconocer, y es de estas cosas que quiero dar testimonio. Dios está en los cielos, y nosotros, seres mortales, somos Su progenie. Jesús es nuestro Redentor. José Smith fue un profeta de Dios y Gordon B. Hinckley es el profeta actual. Se reciben revelaciones, como en la antigüedad, y el reino de Dios, que es La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, está una vez más sobre la tierra.

Satanás es real y también él está sobre la tierra, y con sus legiones crea gran confusión entre los hijos de los hombres. Él no dice la verdad, no siente amor, no promueve el bien y no admite nada más que muerte y destrucción.

Por todo ello, levanto en este día “la voz de amonestación” 1 . Se trata de un recordatorio urgente y aleccionador, una invitación a todo hombre y mujer buenos de cualquier parte. Presten atención a las palabras de esta revelación recibida el 1 de noviembre de 1831:

“Por tanto, yo, el Señor, sabiendo las calamidades que sobrevendrían a los habitantes de la tierra, llamé a mi siervo José Smith, hijo, y le hablé desde los cielos y le di mandamientos. . .

“Porque no hago acepción de personas, y quiero que todo hombre sepa que el día viene con rapidez; la hora no es aún, mas está próxima, cuando la paz será quitada de la tierra, y el diablo tendrá poder sobre su propio dominio” 2 .

El Señor habla de calamidades que sobrevendrán a los habitantes de la tierra, las cuales vienen de diversas maneras. De vez en cuando, las fuerzas de la naturaleza se convulsionan y nos vemos afectados por su poder destructivo.

No obstante, más devastadoras son las calamitosas fuerzas del mal que de continuo nos acechan. De acuerdo con la profecía de 1831, la paz ha sido quitada de la tierra y el diablo tiene poder sobre su propio dominio. Sus modos seductores están cautivando a la gente. La tentación está en todas partes; la vulgaridad y las disputas se han convertido en un estilo de vida; lo que antes era algo espantoso, hoy es aceptado; lo que en un principio despierta la curiosidad, pronto cautiva y luego destruye.

Esta calamidad de la maldad continuará extendiéndose hasta que “todo el mundo. . . [gima] bajo. . . la servidumbre del pecado” 3 .

Por tanto, esta “voz de amonestación”nos advierte: Seguir leyendo

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Con esperanza. . . arar

“Con esperanza. . . arar”Liahona Julio 2001
Élder Neal A. Maxwell
Del Quórum de los Doce Apóstoles

Neal A. Maxwell“Al utilizar la Expiación, tenemos acceso a los dones del Espíritu Santo, lo que nos ‘llena de esperanza y de amor perfecto’ ” (Moroni 8:26).

Es obvio, hermanos y hermanas, que el mundo está “en conmoción”, ¡pero el reino sigue adelante como nunca antes! (véase D. y C. 88:91; 45:26.) Esta distinción se define más claramente por las tendencias adversas que hay en el mundo, donde los valores tradicionales se están soltando de las amarras de la Restauración; se están deslizando con rapidez (véase D. y C. 105:31.)

Los resultados son mezclas contradictorias, tales como el aburrimiento y la violencia. Algunos sencillamente existen “sin esperanza y sin Dios en el mundo” (Efesios 2:12; véase también Alma 41:11). La vía del discipulado moderno nos lleva por en medio de una jungla hostil en la que algunos modos de vida no pueden decidir qué limites establecer, ¡ya que ni siquiera saben dónde están!

Sí, tenemos una gama de comunicaciones y entretenimientos sin precedentes, aunque también muchas multitudes solitarias. La unión de la tecnología no es el sustituto de la familia.

Aun cuando lamento el resultado de esas tormentas que se avecinan, puedo hallar cierta utilidad en ellas. A través de ellas, podemos llegar a ser más espiritualmente dóciles, porque “excepto que el Señor castigue a su pueblo con muchas aflicciones. . . (Su pueblo) no se acuerda de él” (Helamán 12:3). De todos modos, el Señor siempre está refinando silenciosamente a los de Su pueblo fiel de manera individual, pero también habrá otros acontecimientos que explicarán los caminos más elevados de Dios y de Su reino (véase D. y C. 136:31).

Por lo tanto, nuestras circunstancias son desafiantes. Existen muchos padres abrumados, más y más matrimonios se están desintegrando, y hay familias desarticuladas. Las consecuencias destructivas nos impactan constantemente con las drogas, la violencia y la pornografía; en verdad, “la desesperación viene por causa de la iniquidad” (Moroni 10:22). Ya que el adversario “busca que todos los hombres sean miserables como él”, su plan es el plan de miseria (2 Nefi 2:27; véase también el versículo 18).

Los valientes entre nosotros siguen adelante a pesar de todo porque saben que el Señor los ama, aun cuando no “saben el significado de todas las cosas” (1 Nefi 11:17). Mientras ustedes y yo observamos a los valientes enfrentar con éxito las pruebas severas e incesantes, aplaudimos y celebramos la fortaleza y la bondad que de ellos emana. Aun así, el resto de nosotros tiembla por el precio que se tiene que pagar por la formación de ese invalorable carácter, ¡al mismo tiempo que esperamos no desmayar si atravesáramos circunstancias similares!

Tal vez sea demasiado tarde para arreglar algunas comunidades, pero no para ayudar a aquellas personas y familias que están dispuestas a arreglarse a sí mismas. Tampoco es demasiado tarde para que algunos lleguen a ser discípulos pioneros de su familia y del lugar en que residan, o para que se conviertan en pacificadores locales en un mundo donde la paz ha sido quitada (véase D. y C. 1:35). Incluso si aún otras personas experimentan una escasez de ejemplos, ellas mismas pueden llegar a serlo. Seguir leyendo

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Nacer de nuevo

Nacer de nuevoLiahona Julio 2001
Presidente James E. Faust
Segundo Consejero de la Primera Presidencia

James E. Faust“El pleno beneficio del perdón de los pecados por medio de la expiación del Salvador empieza con el arrepentimiento y el bautismo, y luego se extiende al recibir el Espíritu Santo”.

Mis queridos hermanos, hermanas y amigos, para mí la responsabilidad de hablarles a todos ustedes es un asunto de gran preocupación. Oro para que me comprendan.

Mi bautismo en esta Iglesia constituyó uno de los acontecimientos memorables de mi vida; yo tenía ocho años. Mis padres nos habían enseñado a mis hermanos y a mí el significado de esta gran ordenanza. Mi madre me dijo que después del bautismo sería responsable de las cosas malas que hiciera. Recuerdo vívidamente el día de mi bautismo: fui bautizado en la pila bautismal del Tabernáculo de la Manzana del Templo. Aquellos que iban a bautizarse se vistieron con ropas blancas y uno a uno fueron llevados con cuidado para bajar los peldaños hasta el agua. A uno de los niños que se bautizó ese día no se le sumergió totalmente y entonces la ordenanza tuvo que repetirse. Eso era necesario porque, como lo indican las Escrituras, “el bautismo simboliza la muerte, la sepultura y la resurrección, y sólo puede efectuarse por inmersión” 1 . También sigue el modelo establecido por el Salvador, quien se bautizó en el río Jordán, donde había mucha agua. Tal como Mateo lo registra: “Y JesÚs, después que fue bautizado, subió luego del agua” 2 .

A pesar de que sólo tenía ocho años, las palabras de la oración bautismal penetraron profundamente en mi alma. Después de decir mi nombre, el hermano Irvin G. Derrick, que me bautizó, dijo: “Habiendo sido comisionado por Jesucristo, yo te bautizo en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén” 3 .

Desde que fui bautizado, más de 11 millones de personas han sido bautizadas en La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días de manera similar y por la misma autoridad. Se han bautizado en lagos congelados, en el océano o en lagunas, algunas de las cuales se cavaron para ese propósito. Una de esas lagunas tiene gran significado histórico. En 1840, Wilford Woodruff, en ese entonces uno de los Doce Apóstoles, servía en una misión en Inglaterra y tuvo la impresión de ir a un distrito rural cerca de Ledbury. Allí conoció a John Benbow, que tenía una granja grande y una pequeña laguna. John lo presentó a una congregación llamada “United Brethren” (Hermanos Unidos) que estaba deseosa de escuchar el mensaje del Evangelio. Escribió más tarde en su diario que el 7 de marzo de 1840, sin nadie que le ayudara, “pasé la mayor parte del. . . día limpiando y preparando un estanque de agua para los bautismos, puesto que me di cuenta de que muchos recibirían esa ordenanza. Más tarde, bauticé seiscientas personas en ese estanque de agua” 4 .

El Salvador nos enseñó que todos los hombres y las mujeres deben nacer de nuevo. Nicodemo, uno de los principales entre los judíos, fue al Salvador de noche subrepticiamente y dijo: ”. . .Rabí, sabemos que has venido de Dios como maestro; porque nadie puede hacer estas señales que tú haces, si no está Dios con él.

“Respondió JesÚs y le dijo: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios” 5 . Seguir leyendo

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El Fondo Perpetuo para la Educación

El Fondo Perpetuo para la EducaciónLiahona Julio 2001
Presidente Gordon B. Hinckley

Gordon B. Hinckley“Donde haya pobreza generalizada entre los de nuestro pueblo, debemos hacer todo lo que podamos para ayudarles a elevarse, a establecer su vida sobre el fundamento de la autosuficiencia que brinda la instrucción. La educación es la clave de la oportunidad”.

Hermanos, antes de dar comienzo a mi discurso, deseo expresar nuestras más cordiales felicitaciones a este coro del Sacerdocio de Melquisedec, compuesto de hermanos de todas las profesiones y condiciones sociales, cantando todos ellos con corazones llenos del testimonio de los himnos de Sión. Hermanos, muchísimas gracias.

Ahora, busco la inspiración del Señor al hablarles brevemente de lo que considero es un asunto muy importante.

Para empezar, retrocedamos en el tiempo algo más de 150 años. En 1849 nuestros antecesores hicieron frente a un serio problema. Nuestra gente había estado en el Valle del Lago Salado desde hacía dos años. Los misioneros continuaban haciendo conversos en las Islas Británicas y en Europa, los cuales se unían a la Iglesia por cientos. Una vez que se bautizaban, deseaban congregarse en Sión. Su fortaleza y aptitudes hacían falta aquí, y su anhelo de venir era muy intenso. Pero muchos de ellos eran sumamente pobres, por lo que no tenían dinero para costearse el viaje. ¿Cómo habían de llegar aquí?

Con la inspiración del Señor, se ideó un plan: se estableció lo que se conoció como el Fondo Perpetuo para la Emigración. Bajo ese plan, financiado por la Iglesia, a pesar de la suma pobreza de ésta en aquel tiempo, se prestaba dinero a los miembros que tenían poco o nada. Los préstamos se hacían con el acuerdo de que cuando los conversos llegaran aquí, buscarían empleo y, a medida que fuesen capaces de hacerlo, saldarían el préstamo. Entonces, el dinero devuelto se prestaba a otros para permitirles emigrar. Era un fondo rotatorio, en verdad, un Fondo Perpetuo para la Emigración.

Con la ayuda de ese fondo, se calcula que unos 30.000 conversos a la Iglesia pudieron congregarse en Sión. Constituyeron una gran mano de obra para el trabajo aquí. Algunos de ellos vinieron con conocimientos prácticos de mampostería y otros los adquirieron. Fueron capaces de efectuar un servicio extraordinario en la construcción de edificios y en otros trabajos que requerían conocimientos técnicos. Llegaron aquí en carromatos y con carros de mano. Pese a la espantosa tragedia de los que viajaron con carros de mano en 1856, cuando aproximadamente 200 de ellos murieron de frío y enfermedad en las llanuras de Wyoming, viajaron sin percance y llegaron a ser una parte importante de la familia de la Iglesia en estos valles entre las montañas.

Por ejemplo, James Moyle era picapedrero en Plymouth, Inglaterra, cuando fue bautizado a los 17 años de edad. De esa ocasión, él escribió: “Entonces hice convenio con el Señor de que le serviría aunque se hablara bien o mal de mí. Fue el momento decisivo de mi vida que me mantuvo alejado de las malas compañías” (Hinckley, Gordon B., James Henry Moyle, 1951, pág. 18). Seguir leyendo

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Al rescate

Conferencia General Abril 2001

Al rescate

Thomas S. MonsonPresidente Thomas S. Monson
Primer Consejero de la Primera Presidencia

“Hermanos, el mundo tiene necesidad de su ayuda. Hay pies que estabilizar, manos que aferrar, mentes que animar, corazones que inspirar y almas que salvar”.

Esta noche tengo la abrumadora y humilde responsabilidad de dirigirme a ustedes, mis estimados hermanos que poseen el sacerdocio de Dios, y que se encuentran reunidos aquí en el Centro de Conferencias y por todo el mundo.

Algunos de ustedes son diáconos, quizás recién ordenados; otros son sumos sacerdotes que han prestado servicio largo y fiel en llamamientos sagrados. Todos se han reunido a fin de aprender mejor nuestro deber.

Hermanos, el mundo tiene necesidad de su ayuda. Hay pies que estabilizar, manos que aferrar, mentes que animar, corazones que inspirar y almas que salvar. Las bendiciones de la eternidad les aguardan. Tienen el privilegio de no ser espectadores sino participantes en el escenario del servicio del sacerdocio.

El presidente Wilford Woodruff declaró: “Todas las organizaciones del sacerdocio tienen poder. El diácono tiene poder por medio del sacerdocio que posee; igual el maestro. Tienen el poder de ir ante el Señor a fin de que se escuchen y contesten sus oraciones, al igual que lo tiene el profeta. . . Es por medio de este sacerdocio que a los hombres se les confieren ordenanzas, se les perdonan sus pecados y se les redime. Para este propósito se nos ha revelado y sellado sobre nuestra cabeza” 1 . Seguir leyendo

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