Honraré a los que me honran

“Honraré a los que me honran”Liahona Julio 2001
Presidente James E. Faust
Segundo Consejero de la Primera Presidencia

James E. FaustHonren en la vida cuatro principios sagrados: Reverencia por la Deidad, el respeto de los lazos familiares, reverencia y obediencia a las ordenanzas y los convenios del santo sacerdocio, respeto por ustedes mismos como hijos de Dios.

Mis amados hermanos de esta magnífica hermandad del sacerdocio, acudo ante a ustedes con humildad y en oración. El dirigirles la palabra es una responsabilidad sagrada y sobrecogedora. Deseo que se me entienda y espero que cada uno de nosotros pueda reclamar la promesa del Señor que dice: “Honraré a los que me honran” 1 .

Doy pleno reconocimiento a los logros conseguidos por los siervos del Señor en épocas pasadas, pero creo que ustedes, jóvenes poseedores del sacerdocio y jovencitas de su misma edad son en muchos aspectos la generación más prometedora de la historia del mundo; y llego a esta conclusión por varios motivos. Cuando la hermana Faust y yo leemos las bendiciones patriarcales de nuestros nietos, descubrimos casi sin excepción que son más halagüeñas que las nuestras.

Para que puedan alcanzar todo su potencial, precisarán honrar en la vida cuatro principios sagrados, los cuales son:

1. Reverencia por la Deidad.
2. El respeto de los lazos familiares.
3. Reverencia y obediencia a las ordenanzas y los convenios del santo sacerdocio.
4. Respeto por ustedes mismos como hijos de Dios.
Esta noche debo hablar de estos cuatro grandes principios.

El primero es reverencia por la Deidad. Me siento agradecido que el Señor nos haya concedido como pueblo bendiciones temporales sin igual en la historia de la Iglesia. Se nos han dado esos recursos para hacer el bien y permitir que se agilice nuestra obra en la tierra, pero temo que por motivo de la prosperidad muchos se preocupen de lo que Daniel dio en llamar los “dioses de plata y oro, de bronce, de hierro, de madera y de piedra, que ni ven ni oyen, ni saben” 2 . Éstos, naturalmente, son ídolos.

Para mostrar reverencia por lo sagrado, el amar y respetar a la Deidad es más importante que cualquier otra cosa. Durante gran parte de la historia del mundo, la humanidad ha estado inmersa en la idolatría, bien adorando a dioses falsos o interesados en la adquisición de opulencia material.

Tras la resurrección del Salvador, Pedro y algunos de los discípulos se hallaban en el mar de Tiberias. Pedro les dijo que se iba a pescar y los discípulos acordaron ir con él. Parecían haber olvidado que fueron llamados a ser pescadores de hombres. Pescaron durante toda la noche, pero no capturaron nada. Por la mañana, Jesús, que estaba en la orilla, les dijo que echaran las redes por el costado derecho del barco, y éstas se llenaron de peces. Jesús les dijo que trajeran el pescado, y Pedro y sus compañeros contaron hasta 153 piezas. Cuando llegaron a la orilla vieron peces preparados en una hoguera, y JesÚs les invitó a comerlos con pan. Cuando terminaron, Jesús le dijo a Simón Pedro: “¿Me amas más que éstos” 3 . Pedro era un ferviente pescador, profesión que había tenido antes de que el Salvador lo llamara a ser pescador de hombres. Seguir leyendo

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El poder del sacerdocio

El poder del sacerdocioLiahona Julio 2001
Élder John H. Groberg
De los Setenta

John H. Groberg“Aun cuando el poder del sacerdocio es ilimitado, nuestro poder individual en el sacerdocio está limitado por nuestro grado de rectitud o de pureza”.

Hermanos poseedores del sacerdocio de todo el mundo: Espero que apreciemos el inestimable privilegio de poseer el sacerdocio de Dios. Su valor es inconmensurable.

Por medio de su poder se han creado, se crean y aún se crearán y organizarán mundos, e incluso universos. Por medio de su poder se efectúan ordenanzas que, al ir acompañadas de rectitud, permiten que las familias vivan juntas para siempre, que se perdonen los pecados, que se sane al enfermo, que el ciego vea e incluso que se restaure la vida.

Dios desea que nosotros, Sus hijos, poseamos el sacerdocio y que aprendamos a usarlo adecuadamente. Nos ha explicado que:

“Ningún poder o influencia se puede ni se debe mantener en virtud del sacerdocio, sino por persuasión, por longanimidad, benignidad, mansedumbre y por amor sincero;

“por bondad y por conocimiento puro. . .” 1 .

Porque si ”. . .ejerce[mos] mando, dominio o compulsión sobre las almas de los hijos de los hombres, [especialmente sobre nuestras esposas e hijos] en cualquier grado de injusticia, he aquí, los cielos se retiran, el Espíritu del Señor es ofendido, y cuando se aparta, se acabó el sacerdocio o autoridad de tal hombre” 2 .

Y así vemos que, aun cuando el poder del sacerdocio es ilimitado, nuestro poder individual en el sacerdocio está limitado por nuestro grado de rectitud o de pureza.

Así como se requieren cables limpios conectados debidamente para llevar el poder de la electricidad, también se precisan manos limpias y corazones puros para conducir el poder del sacerdocio. La suciedad disminuye o impide el paso de la electricidad. Las acciones y los pensamientos impuros interfieren con el poder individual del sacerdocio. Si somos humildes, limpios y puros de manos, de corazón y de mente, nada que sea justo es imposible. Un antiguo refrán oriental declara: “Si un hombre vive una vida pura, nada podrá destruirle” 3 .

Por el amor que nos tiene, Dios ha decretado que cualquier hombre digno, no importa su riqueza, educación, color, cultura o idioma, puede poseer Su sacerdocio. Así, cualquier hombre adecuadamente ordenado, que sea limpio de manos, de corazón y de mente puede conectarse con el poder ilimitado del sacerdocio. Aprendí bien esa lección hace años, cuando era un joven misionero en el Pacífico Sur.

Mi primera asignación fue en una pequeña isla a cientos de kilómetros de la oficina de la misión, donde nadie hablaba inglés y yo era el Único hombre blanco. Se me había dado un compañero local de nombre Feki, que en ese entonces servía en una misión de servicio a la Iglesia en obras de construcción y era presbítero en el Sacerdocio Aarónico.

Después de ocho días con sus noches, mareado en una pequeña y maloliente embarcación, llegamos a Niuatoputapu. Tuve problemas con el calor, los mosquitos, la comida desconocida, la cultura y el idioma, además de sentir añoranza por mi hogar. Una tarde escuchamos llantos de angustia y vimos a una familia que nos traía el cuerpo flácido y casi sin vida de su hijo de ocho años. Entre gemidos dijeron que su hijo se había caído de un árbol de mango y que no respondía a nada. Los fieles padres lo pusieron en mis brazos y dijeron: “Usted tiene el Sacerdocio de Melquisedec; devuélvanoslo sano y salvo”.

Aun cuando mi conocimiento del idioma todavía era limitado, entendí lo que deseaban y tuve miedo. Quería escapar lejos, pero las expresiones de amor y de fe que brillaban en los ojos de los padres y de los hermanos y hermanas me mantuvieron inmóvil en mi lugar.

Miré esperanzado a mi compañero. Se encogió de hombros y dijo: “Yo no tengo la autoridad adecuada. Usted y el presidente de rama poseen el Sacerdocio de Melquisedec”. Como Último recurso, dije: “Entonces éste es el deber del presidente de la rama”.

No bien hube dicho eso, apareció el presidente de la rama. Había escuchado la conmoción y salió de su huerto. Estaba sudando y cubierto de tierra y barro. Me volví a él y le expliqué lo que pasaba y traté de entregarle el niño. Retrocedió y dijo: “Me voy a lavar y a cambiar de ropa y luego lo bendeciremos y veremos qué dice Dios”. Seguir leyendo

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Con las serpientes de cascabel no se juega

Con las serpientes de cascabel no se juegaLiahona Julio 2001
Élder David E. Sorensen
De la Presidencia de los Setenta

David E. Sorensen“Satanás y sus siervos promueven la pornografía como entretenimiento, pero ésta es una serpiente altamente venenosa y engañadora que permanece al acecho tras las revistas, el Internet y la televisión”.

Hace unos años, la hermana Sorensen y yo tuvimos el privilegio de visitar la India. Recuerdo que mientras caminaba por la pista de aterrizaje vi a unos hombres que tocaban la flauta con una cesta a los pies. Al comenzar a tocar, retiraban la tapa de la cesta y una cobra salía de ella. Al continuar la mÚsica, la serpiente se elevaba más y más hasta casi alcanzar su estatura total. Cuando eso sucedía, normalmente la cobra volvía a caer en la cesta. Una de las veces observé que la cobra cayó por fuera. El flautista extendió la mano, la acarició y la devolvió a la cesta con cuidado. Me sorprendió ver que un hombre pudiera tratar con una criatura aparentemente tan peligrosa sin sufrir ningÚn daño. Pero nuestro guía me dijo que esta práctica es muy arriesgada y que una de las mayores causas de mortalidad en la región eran sin duda las picaduras de serpientes venenosas.

Mi pensamiento se trasladó a la época de mi adolescencia en la granja. En verano, una de nuestras responsabilidades era llevar heno desde el campo hasta el granero para almacenarlo durante el invierno. Mi padre lanzaba el heno a la vagoneta y yo lo pisaba para que pudiera caber la mayor cantidad posible. Un día, en uno de esos montones que mi padre arrojaba a la vagoneta, vi una serpiente de cascabel. Cuando la miré, sentí una mezcla de preocupación, miedo y excitación. La serpiente estaba tendida en el fresco y agradable heno. El sol relucía sobre su dorso con forma de mosaico. Al poco, la serpiente dejó de emitir su sonido característico, se quedó quieta y yo empecé a sentir gran curiosidad. Comencé a acercarme y me agaché para poder verla mejor, cuando de repente escuché a mi padre que me decía: “¡David, hijo mío, con las serpientes de cascabel no se juega!”.

Esta tarde me gustaría hablarles acerca del peligro que entraña el jugar con serpientes venenosas. No me refiero a aquellas que tienen un cuerpo alargado y resbaladizo, sino a otras que se presentan de muchas maneras diferentes. A menudo el mundo hace que estos peligros aparenten ser inofensivos –incluso excitantes e interesantes– pero el jugar con esas serpientes llena la mente de veneno, un veneno que aleja al Espíritu Santo 1 .

Hermanos, los entretenimientos que gozan de gran aceptación popular, a menudo nos muestran lo que es malo e incorrecto como algo agradable y correcto. Recordemos el consejo del Señor: “Ay de los que llaman a lo malo bueno y a lo bueno malo” 2 .

Satanás y sus siervos promueven la pornografía como entretenimiento, pero ésta es una serpiente altamente venenosa y engañadora que permanece al acecho tras las revistas, el Internet y la televisión. La pornografía aniquila la estima propia y debilita la autodisciplina. Es mucho más mortífera para el espíritu que la serpiente de cascabel sobre la que mi padre me advirtió que no debía jugar. En la Biblia está asentado que el rey David gozaba de grandes dones espirituales, pero un día estuvo donde no debía estar y vio lo que no debía ver. Esas obsesiones causaron su caída 3 . Seguir leyendo

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Velad conmigo

“Velad conmigo”Liahona Julio 2001
Élder Henry B. Eyring
Del Quórum de los Doce Apóstoles

Henry B. Eyring“Conforme cuiden a Sus ovejas, el amor que sientan por él aumentará, y eso incrementará su confianza y valor”.

Estoy agradecido por el honor de hablar en nombre del Señor a los pastores de Israel. Eso es lo que somos. Cuando aceptamos el sacerdocio, tomamos sobre nosotros la responsabilidad de hacer lo que estuviese a nuestro alcance por velar por la Iglesia. Ninguno de nosotros puede eludir esa responsabilidad. El presidente del sacerdocio en toda la tierra lleva toda la responsabilidad. Mediante las llaves del sacerdocio, cada quórum lleva una porción de esa responsabilidad; incluso el diácono más nuevo en el lugar más distante de la tierra tiene parte en la gran responsabilidad de velar por la Iglesia.

Escuchen estas palabras de Doctrina y Convenios: “Por tanto, ocupe cada hombre su propio oficio, y trabaje en su propio llamamiento; y no diga la cabeza a los pies que no tiene necesidad de ellos; porque sin los pies, ¿cómo podrá sostenerse el cuerpo?” Luego, el Salvador incluso agrega a los diáconos en Su lista de asignaciones: “los diáconos y los maestros deben ser nombrados para velar por la iglesia y para ser sus ministros residentes” (D. y C. 84:109, 111).

Ruego poder explicar esta sagrada confianza de tal modo que incluso el diácono más nuevo y el converso ordenado más recientemente comprendan esta oportunidad. En muchas partes de las Escrituras, el Señor se ha descrito a sí mismo y a aquellos que llama al sacerdocio como pastores. Un pastor cuida sus ovejas. En los relatos de las Escrituras, las ovejas están en peligro; necesitan protección y alimento. El Salvador nos amonesta que debemos cuidar las ovejas de la misma manera que él lo hace. Él dio Su vida por ellas; le pertenecen a él. Nosotros no podemos ofrecer el mismo nivel de cuidado que él si, como siervos asalariados, damos cuidado sólo cuando sea conveniente y sólo por una recompensa. Ésta es la norma del Señor:

“Yo soy el buen pastor; el buen pastor su vida da por las ovejas.

“Mas el asalariado, y que no es el pastor, de quien no son propias las ovejas, ve venir al lobo y deja las ovejas y huye, y el lobo arrebata las ovejas y las dispersa” (Juan 10:11–12).

Los miembros de la Iglesia son las ovejas; son de él y él nos llama a nosotros para cuidarlas. Debemos hacer más que simplemente prevenirlas del peligro; debemos alimentarlas. Para prevenirlas del peligro espiritual y alimentarlas con alimento espiritual se necesita fe y generosidad. Una vez, hace mucho tiempo, el Señor le mandó a Su profeta reprender a los pastores de Israel. Ésta es la amonestación, que aÚn está en vigor, en las palabras del profeta Ezequiel: Seguir leyendo

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La edificación de una comunidad de santos

La edificación de una comunidad de santosLiahona Julio 2001
Élder L. Tom Perry
Del Quórum de los Doce Apóstoles

L. Tom Perry“En una verdadera comunidad de santos todos trabajamos para servirnos unos a otros de la mejor forma posible. Nuestra labor tiene un propósito más elevado, pues su fin es bendecir a los demás y edificar el reino de Dios”.

Todos hemos vivido momentos que, al recordarlos años después, adquieren un significado nuevo e importante. Cuando iba a la escuela secundaria, la dirección del colegio me honró al pedirme que fuera miembro de la patrulla de vigilancia de pasillos. Los días que se nos asignaba vigilancia, teníamos que llevar el almuerzo a la escuela y comer juntos. Se trataba de una actividad especial y siempre competíamos para ver qué madre había preparado el almuerzo más apetecible. A veces solíamos intercambiar partes del almuerzo entre nosotros.

Un día que se me asignó vigilancia de pasillos olvidé decirle a mi madre que necesitaba el almuerzo hasta que ya casi estaba a punto de irme a la escuela. El rostro de mi madre esbozó un gesto de preocupación ante mi pedido y me dijo que había gastado la Última pieza de pan y que no iba a preparar más hasta la tarde. Lo Único que tenía en casa para prepararme el almuerzo era un gran bollo de pan dulce que había sobrado de la cena. Mi madre preparaba unos deliciosos bollos dulces. Los ponía en una bandeja de hornear de forma que había uno grande dispuesto en diagonal y luego muchos pequeños a los lados de éste, que era el Único que quedaba. Tenía el tamaño de una barra de pan, pero no era tan grueso. Me daba vergüenza llevar un bollo de pan dulce para almorzar cuando imaginaba lo que tenían los demás miembros de la patrulla, pero decidí que era preferible llevar el bollo a quedarme sin almuerzo.

Cuando llegó la hora de comer, me fui a una esquina apartada para que no se percataran de mí, pero al comenzar el intercambio de comida, mis amigos querían saber qué tenía yo. Les expliqué lo sucedido por la mañana y para mi sorpresa todos querían ver el gran bollo de pan dulce. Pero mis amigos me sorprendieron; ¡en vez de burlarse de mí, todos querían un trozo de bollo! ¡Resultó que aquel fue el mejor día de intercambio de almuerzos de todo el año! Aquel bollo de pan dulce que imaginaba me haría pasar un momento vergonzoso, se convirtió en el éxito del almuerzo.

Al reflexionar en esa experiencia, se me ocurre que forma parte de la naturaleza humana el dar menos valor a las cosas familiares por el simple hecho de que son algo cotidiano. Una de estas cosas cotidianas es nuestra calidad de miembros de la Iglesia restaurada.

Los miembros poseen una “perla preciosa”, aunque a veces esta perla de gran precio nos es tan familiar que no apreciamos su verdadero valor. Aunque es cierto que no debemos echar nuestras perlas delante de los cerdos, eso no quiere decir que no debamos compartirlas con personas que sí comprenderían su valor. Uno de los grandes beneficios adicionales de la obra misional es el observar el gran valor que las personas dan al Evangelio cuando escuchan nuestras creencias. Resulta muy beneficioso ver los tesoros propios a través de los ojos de otra persona. Mi preocupación es que algunos de nosotros damos por sentado las bendiciones excepcionales y valiosas del ser miembros de la Iglesia del Señor, y que en este estado de infravaloración nos contentamos con ser miembros, cuando en realidad somos contribuyentes poco valiosos a la edificación de una comunidad de Santos. Seguir leyendo

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La preparación personal para recibir las bendiciones del templo

Conferencia General Abril 2001

La preparación personal para recibir las bendiciones del templo

Élder Russell M. Nelson
Del Quórum de los Doce Apóstoles

“Los que entren en el templo también deben llevar el distintivo de la santidad. . . Podemos adquirir la santidad sólo mediante el esfuerzo constante y firme”.



Bajo la inspirada dirección del presidente Gordon B. Hinckley, hoy en día es más fácil que nunca llegar a los templos. En cada templo se halla la inscripción “Santidad al Señor” 1 , la cual indica que tanto el templo como sus objetivos son santos. Los que entren en el templo también deben llevar el distintivo de la santidad 2 . Puede que sea más fácil atribuir santidad a un edificio que a las personas. Podemos adquirir la santidad sólo mediante el esfuerzo constante y firme. A lo largo de las edades, los siervos del Señor nos han advertido de la falta de santidad. Jacob, hermano de Nefi, escribió: “He aquí, si fueseis santos, os hablaría de cosas santas; pero como no sois santos, y me consideráis como maestro, es menester que os enseñe las consecuencias del pecado” 3 .

Hoy siento esa misma responsabilidad de enseñar. Al paso que se van preparando templos para nuestros miembros, nuestros miembros deben prepararse para el templo.

El templo

El templo es la casa del Señor. La base de toda ordenanza y convenio del templo –el corazón del plan de salvación– es la expiación de Jesucristo. Toda actividad, toda lección, todo lo que hacemos en la Iglesia señalan hacia el Señor y Su Santa Casa. Nuestras labores de proclamar el Evangelio, perfeccionar a los santos y redimir a los muertos conducen todas ellas al templo. Cada santo templo es un símbolo de nuestra calidad de miembros de la Iglesia 4 , es una señal de nuestra fe en la vida después de la muerte y constituye un paso sagrado hacia la gloria eterna tanto para nosotros como para nuestros familiares.

El presidente dijo que “estos edificios Únicos y maravillosos, y las ordenanzas que en ellos se efectúan, representan lo máximo de nuestra adoración. Esas ordenanzas son la expresión más profunda de nuestra teología” 5 .

Entrar en el templo es una bendición extraordinaria. Pero primero debemos ser dignos; no debemos ir precipitadamente. No podemos prepararnos a toda prisa y correr el riesgo de quebrantar convenios que no estemos preparados para hacer. Eso sería peor que no hacerlos nunca.

La investidura

En el templo recibimos la investidura, la cual, hablando literalmente, es una dádiva. Al recibir esa dádiva, debemos comprender su trascendencia y la importancia de guardar convenios sagrados. Cada una de las ordenanzas del templo “no es tan sólo un rito por el que se pasa, sino un acto de prometer en forma solemne” 6 .

La investidura del templo fue dada por revelación. Por lo tanto, se comprende mejor por la revelación que se busca con oración y con un corazón sincero 7 . El presidente Brigham Young dijo: “Vuestra investidura consiste en recibir, en la casa del Señor, todas las ordenanzas que os son necesarias, después que hayáis salido de esta vida, para permitiros volver a la presencia del Padre. . . y [para que] logréis vuestra exaltación eterna” 8 .

La autoridad para sellar

Al prepararnos para recibir la investidura y las demás ordenanzas del templo, debemos comprender la autoridad para sellar del sacerdocio. Jesús hizo referencia a esa autoridad hace mucho tiempo cuando enseñó a Sus apóstoles: ”. . .y todo lo que atares en la tierra será atado en los cielos” 9 . Esa misma autoridad ha sido restaurada en estos Últimos días. Así como el sacerdocio es eterno –no tiene principio ni fin–, del mismo modo es el efecto de las ordenanzas del sacerdocio que atan a las familias para siempre.

Las ordenanzas, los convenios, la investidura y los sellamientos permiten a las personas reconciliarse con el Señor y a las familias ser selladas más allá del velo de la muerte. La obediencia a los convenios del templo nos hace merecedores de la vida eterna, el mayor de todos los dones de Dios al hombre 10 . La vida eterna es más que la inmortalidad. La vida eterna es la exaltación en el cielo más alto: la clase de vida que vive Dios.

La recomendación para el templo

La preparación también comprende el hacerse merecedor de recibir la recomendación para el templo. Nuestro Redentor requiere que Sus templos sean protegidos de profanación. Nada impuro puede entrar en Su santificada casa 11 . No obstante, es bienvenido todo el que se prepare bien. Toda persona que solicite la recomendación será entrevistada por un juez en Israel –el obispo– y por el presidente de estaca 12 . Ellos poseen las llaves de la autoridad del sacerdocio y tienen la responsabilidad de hacernos saber si nuestra preparación es adecuada y si la fecha es la oportuna para entrar en el templo. En las entrevistas, evaluarán varios asuntos fundamentales. Nos preguntarán si obedecemos la ley del diezmo, si guardamos la Palabra de Sabiduría y si sostenemos a las autoridades de la Iglesia. Nos preguntarán si somos honrados, si somos moralmente limpios y si honramos el poder de la procreación como un deber sagrado encomendado por nuestro Creador.

¿Por qué son esos asuntos tan decisivos? Porque son elementos separadores espirituales que sirven para determinar si en verdad vivimos como los hijos del convenio 13 , siendo capaces de resistir la tentación de los siervos del pecado 14 . Esas entrevistas sirven para discernir si estamos dispuestos a vivir de acuerdo con la voluntad del Dios verdadero y viviente, o si todavía tenemos puestos nuestros corazones “en las riquezas y las vanidades del mundo” 15 .

Esos requisitos no son difíciles de comprender. Por motivo de que el templo es la casa del Señor, las normas para ser admitidos en ella las ha establecido él. Uno entra allí como invitado del Señor. Tener la recomendación para el templo es un privilegio inestimable y una señal tangible de obediencia a Dios y a Sus profetas 16 .

La preparación física para ir al templo

Uno se prepara físicamente para el templo al vestirse en la debida forma. No es un lugar para ir con ropa informal. “Debemos vestirnos como lo haríamos para sentirnos cómodos en una reunión sacramental o en cualquiera otra de índole correcta y decorosa” 17 .

Dentro del templo, todos se visten con inmaculada ropa blanca como recordatorio de que Dios ha de tener un pueblo puro 18 . La nacionalidad, el idioma o el cargo que se ocupe en la Iglesia son menos importantes. Todos vestidos con ropas semejantes, sentados unos junto a otros, son considerados iguales ante los ojos de nuestro Hacedor 19 .

Novias y novios entran en el templo para casarse por el tiempo y por toda la eternidad. Allí las novias usan vestido blanco de manga larga, de diseño y tela modestos, y sin adornos excesivos. Los novios también se visten de blanco. Los hermanos que van a presenciar el casamiento no usan esmoquin.

El usar el gárment del templo tiene un profundo significado simbólico; representa una dedicación constante 20 . Así como el Salvador ejemplificó la necesidad de perseverar hasta el fin, usamos fielmente el gárment como parte de la constante armadura de Dios. De ese modo evidenciamos nuestra fe en él y en sus convenios eternos con nosotros 22 .

La preparación espiritual para ir al templo

Además de la preparación física, nos preparamos espiritualmente. Debido a que las ordenanzas y los convenios del templo son sagrados, estamos bajo la solemne obligación de no hablar fuera del templo de lo que allí se realiza. Pero hay algunos principios de lo cuales podemos hablar.

Cada templo es una casa de instrucción 23 . Allí se nos instruye en el camino del Maestro 24 . Su método se diferencia del de los demás. Su método es antiguo y es profuso en símbolos. Podremos aprender mucho si meditamos en la realidad que representa cada símbolo 25 . Las enseñanzas del templo son hermosamente sencillas y sencillamente hermosas. Las comprenden los humildes y al mismo tiempo estimulan el intelecto de las mentes brillantes.

La preparación espiritual se incrementa con el estudio. Me gustaría recomendar a los miembros que fueran al templo por primera vez que leyesen los breves párrafos explicativos de la Guía para el Estudio de las Escrituras bajo los siguientes temas 26 : Unción 27 , Expiación 28 , Jesucristo 29 , Convenio 30 , Caída de Adán y Eva 31 , Sacrificios 32 y Templo 33 . Ese estudio les proporcionará un fundamento firme.

También se pueden leer pasajes del Antiguo Testamento 34 y los libros de Moisés y de Abraham de la Perla de Gran Precio. El estudio de esas Escrituras antiguas es aún más esclarecedor después de que uno se ha familiarizado con la investidura del templo. Esos libros evidencian la antigüedad de la obra del templo 35 .

Con cada ordenanza se hace un convenio: una promesa. Un convenio que se hace con Dios no es una restricción, sino una protección. Ese concepto no es nuevo. Por ejemplo, si el suministro de agua que recibimos no es puro, la filtramos para eliminar los elementos dañinos. Los convenios divinos nos sirven para filtrar nuestra mente y eliminar de ella las impurezas que podrían hacernos daño. Si escogemos abstenernos de toda impiedad 36 , no perdemos nada de valor y obtenemos la gloria de la vida eterna. Los convenios no nos limitan; nos elevan más allá de los límites de nuestro propio poder y perspectiva.

La perspectiva eterna

El presidente Hinckley ha explicado esa elevada perspectiva: “Existe una meta más allá de la Resurrección”, dijo, y añadió: “es la exaltación en el reino de nuestro Padre. . . Comienza con el hecho de que lo aceptamos como nuestro Padre Eterno y a Su Hijo como nuestro Salvador viviente, e incluye la participación en diversas ordenanzas, cada una de las cuales es importante y necesaria. La primera de ellas es el bautismo por inmersión, sin la cual, de acuerdo con el Salvador, la persona no puede entrar en el reino de Dios. Debe seguirlo el nacimiento del Espíritu, el don del Espíritu Santo. Posteriormente, con el correr de los años, el varón es ordenado al sacerdocio, a lo que siguen las bendiciones del templo para los hombres y las mujeres que sean dignos de entrar en él. Esas bendiciones del templo comprenden el lavamiento y la unción para que quedemos limpios ante el Señor, además, la. . . investidura en la que contraemos obligaciones y se nos prometen bendiciones que nos motivan a comportarnos de conformidad con los principios del Evangelio. También comprenden las ordenanzas selladoras mediante las cuales todo lo que se ata en la tierra es atado en el cielo, para la continuidad de la familia” 37 .

He aprendido que las bendiciones del templo adquieren mayor significado cuando la muerte arrebata a un ser querido del círculo familiar. Saber que el dolor de la separación es sólo temporario infunde esa paz que sobrepasa todo entendimiento 38 . La muerte no puede separar a los familiares sellados en el templo. Ellos comprenden que la muerte es una parte necesaria del gran plan de felicidad de Dios 39 .

Esa perspectiva nos hace permanecer fieles a los convenios que hacemos. El presidente Boyd K. Packer puso de relieve que “las ordenanzas y los convenios constituyen nuestra credencial para ser admitidos en la presencia de [Dios]. Recibirlos dignamente es lo que se busca toda la vida; cumplir con ellos de allí en adelante es el desafío de la vida terrenal”40.

Las ordenanzas del templo están relacionadas con el progreso personal y también con el progreso de los antepasados que han muerto. “Porque su salvación es necesaria y esencial para la nuestra. . . ellos sin nosotros no pueden ser perfeccionados, ni tampoco podemos nosotros ser perfeccionados sin nuestros muertos” 41 . El servicio que prestemos en beneficio de ellos nos brindará reiteradas oportunidades de adorar en el templo. Y ese servicio merece que lo incorporemos a nuestros quehaceres. Al hacer por los demás lo que ellos no pueden hacer por sí mismos, seguimos el ejemplo del Salvador, que llevó a cabo la expiación para bendecir la vida de los demás.

Un día compareceremos ante nuestro Hacedor y estaremos ante él en juicio 42 . Seremos juzgados según las ordenanzas y los convenios que hayamos hecho, según nuestras obras y según el deseo de nuestros corazones 43 .

Entretanto, en este mundo que adolece de corrupción espiritual, ¿pueden las personas preparadas para recibir las bendiciones del templo ejercer una buena influencia? ¡Sí! Esos santos son “el pueblo del convenio del Señor. . . y [tienen] por armas su rectitud y el poder de Dios en gran gloria” 44 . El ejemplo de ellos puede elevar la vida de toda la humanidad. De eso testifico en el nombre de Jesucristo. Amén.

Liahona Julio 2001

Notas

1. Véase éxodo 28:36; 39:30; Salmos 93:5. La traducción de esos pasajes se emplea en los templos que se encuentran en las localidades en las que no se habla inglés.
2. Véase éxodo 19:5–6; Levítico 19:1–2; Ps. 24:3–5; 1 Tesalonicenses 4:7; Moroni 10:32–33; D. y C. 20:69; 110:6–9; véase también Santidad en la Guía para el Estudio de las Escrituras, págs. 187–188.
3. 2 Nefi 9:48.
4. Véase “Following the Master: Teachings of President Howard W. Hunter”, Ensign, abril de 1995, págs. 21–22; Howard W. Hunter, “El símbolo supremo de ser miembros de la Iglesia”, Liahona, noviembre de 1994, pág. 3.
5. “Misiones, templos y responsabilidades”, Liahona, enero de 1996, págs. 57–65.
6. Gordon B. Hinckley, Teachings of Gordon B. Hinckley, 1997, pág. 638.
7. Véase Moroni 10:4–5.
8. Discourses of Brigham Young, seleccionados por John A. Widtsoe, 1941, pág. 416.
9. Mateo 16:19.
10. Véase D. y C. 14:7.
11. Véase D. y C. 109:20; véase también Isaías 52:11; Alma 11:37; 3 Nefi 27:19.
12. O el presidente de rama y el presidente de misión.
13. Véase 3 Nefi 20:26; véase también Russell M. Nelson, “Los hijos del convenio”, Liahona, julio de 1995, págs. 36–40.
14. Véase Romanos 6:17, 20; D. y C. 121:17.
15. Alma 7:6.
16. El presidente Hinckley dijo: “Exhorto a nuestros miembros de todas partes, con todo el poder de persuasión de que soy capaz, a que sean dignos de tener una recomendación para el templo, a conseguir una y considerarla una posesión preciada, y a hacer un esfuerzo mayor por ir a la Casa del Señor y participar del espíritu y las bendiciones que se reciben allí” (“Misiones, templos y responsabilidades”, Liahona, enero de 1996, págs. 57–58).
17. Boyd K. Packer, The Holy Temple, 1980, pág. 73.
18. Véase Neal A. Maxwell, Not My Will, But Thine, 1988, pág. 135; véase también D. y C. 100:16.
19. Eso nos recuerda que “Dios no hace acepción de personas” (Hechos 10:34; véase también Moroni 8:12).
20. El Señor ha asegurado que aunque “los montes se muevan y los collados sean quitados. . . no se apartará de ti mi misericordia, ni el pacto de mi pueblo se quebrantará” (JST, Isaías 54:10). Naturalmente, nunca querríamos a sabiendas deshacernos de un emblema del convenio sempiterno del Señor.
21. Véase Efesios 6:11–13; también Alma 46:13, 21; D. y C. 27:15.
22. En la carta fechada el 10 de octubre de 1988, la Primera Presidencia escribió: “Las costumbres que observamos frecuentemente entre los miembros de la Iglesia nos dan la pauta de que algunos de ellos no entienden con claridad el convenio que han hecho en el templo de usar el gárment de acuerdo con lo que indica la santa investidura. “Los miembros de la Iglesia que han ido al templo han hecho un convenio de usar el gárment durante toda la vida. Eso significa que deben usarlo como ropa interior tanto de día como de noche. . . Las bendiciones y la protección que se prometen dependen de la dignidad y de la fidelidad con que se cumpla con este convenio.
“La regla básica es que el gárment se debe usar siempre y no se deben buscar ocasiones de sacárselo. Por lo tanto, los miembros no deben quitarse el gárment, ni parte de éste, para trabajar en la tierra ni para andar dentro de casa con traje de baño o ropa indecorosa. Tampoco deben sacárselo para participar en ninguna actividad recreativa, siempre y cuando éstas se puedan realizar con el gárment puesto y debajo de la ropa acostumbrada. Cuando haya que sacarse el gárment, por ejemplo, para nadar, uno debe volver a ponérselo en cuanto le sea posible.

“El principio de la decencia y la norma de cubrir el cuerpo de forma apropiada forman parte del convenio y deben ser una guía para la ropa que se use. Los miembros investidos de la Iglesia usan el gárment como un recordatorio de los sagrados convenios que han hecho con el Señor y también como una protección contra las tentaciones y las fuerzas del mal. El uso del gárment es una demostración externa de la determinación de seguir a nuestro Salvador”.

23. Véase D. y C. 88:119; 109:8.
24. De hecho, él es el camino (véase Juan 14:6).
25. Véase John A. Widtsoe, “Temple Worship”, Utah Genealogical and Historical Magazine, abril de 1921, pág. 62.
26. Véase la Guía para el Estudio de las Escrituras.
27. Página 206, párrafo 1.
28. Páginas 76–77, párrafos 1–2.
29. Páginas 106–107, párrafos 1–3.
30. Página 38, párrafos 1–2.
31. Página 28, párrafos 1–2.
32. Páginas 182–183, párrafos 1–2.
33. Páginas 199–200, párrafos 1–3.
34. Entre los capítulos de interés especial están éxodo 26–29, 39; Levítico 8; 2 Samuel 12 (versículo. 20); 2 Crónicas 6–7; Isaías 22; Ezequiel 16.
35. Véase D. y C. 124:40–41.
36. Véase Moroni 10:32; TJS, Mateo 16:26.
37. “Los templos y la obra que se realiza en ellos”, Liahona, noviembre de 1982, págs. 1–4.
38. Véase Filipenses 4:7.
39. Véase Alma 42:8.
40. “Estar bajo convenio”, Liahona, julio de 1987, págs. 20–22.
41. D. y C. 128:15.
42. Véase 2 Nefi 9:41.
43. Véase D. y C. 137:9.
44. 1 Nefi 14:14.

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David, un futuro misionero

David, un futuro misioneroLiahona Julio 2001
Élder Darwin B. Christenson
De los Setenta

Darwin B. Christenson“Cuando estos jóvenes tienen contacto con el Evangelio, desarrollan con bastante naturalidad un amor profundo por Jesucristo y por nuestros profetas”.

Queridos hermanos y hermanas: una de las bendiciones del ser miembros de la Iglesia es el privilegio de sentir y compartir nuestro testimonio, el cual también puede expresarse por medio de las obras o del ejemplo.

Al igual que otras personas, jamás en la vida podremos olvidar mi esposa y yo al jovencito que estaba de pie bajo las lluvias torrenciales que cayeron durante la ceremonia de la piedra angular del Templo de Recife, Brasil, que tuvo lugar el pasado mes de diciembre.

Cuando el presidente Hinckley y el presidente Faust salieron del templo y quedaron a su vista, este chico de unos diez años de edad, al que llamaré David, se abrigó el cuerpo con los brazos, haciendo caso omiso al viento y a la lluvia, con la camisa blanca y los pantalones completamente empapados, y permaneció erguido y firme como un soldadito; y reconoció formalmente que, en efecto, se encontraba en la presencia de los Profetas, Videntes y Reveladores del Señor.

David representa a los numerosos jóvenes que componen el futuro de la Iglesia. Ha recibido una buena educación de sus amorosos padres, la cual ha sido reforzada con las enseñanzas de las maestras de la Primaria de honrar, amar y seguir a los profetas. Cuando estos jóvenes tienen contacto con el Evangelio, desarrollan con bastante naturalidad un amor profundo por Jesucristo y por nuestros profetas, como el de David. Como padres y maestros, tenemos la responsabilidad y la oportunidad de fomentar esos tiernos sentimientos de amor y respeto.

Por medio de esta enseñanza concienzuda se motivará el crecimiento constante del testimonio a lo largo del tiempo hasta que finalmente esté fundado en la revelación personal.

El ejemplo conmovedor de David, nuestro jovencito bajo la lluvia, nos demuestra que la familia es la organización básica y eterna de la Iglesia, de la cual él ha aprendido tanto. Con una orientación adecuada, él podrá obtener su testimonio personal de que JesÚs es el Hijo del Dios viviente y que por medio de Su expiación, el Salvador cumplió a la perfección Su promesa redentora; de que José Smith es el primer profeta de la restauración y de que Gordon B. Hinckley es nuestro amoroso profeta viviente.

David crecerá con el conocimiento de que un día servirá una misión. Su padre hablará con frecuencia de las bendiciones que recibió en su propia misión. Él representa a los padres de Sión que son fieles poseedores del Sacerdocio. Seguir leyendo

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Matrimonios misioneros: Una época para servir

Matrimonios misioneros:
Una época para servir

Robert D. Hales

Élder Robert D. Hales
Del Quórum de los Doce Apóstoles

“Es apropiado para un matrimonio maduro o para una hermana mayor indicar a sus líderes del sacerdocio que están dispuestos a servir en una misión y que están en condiciones de hacerlo. Les insto a que lo hagan.”


Siento la profunda responsabilidad de hablarles hoy sobre una seria necesidad que existe en la Iglesia. Mi mayor esperanza es que a medida que hable, el Espíritu Santo conmueva los corazones y en alguna parte uno o dos cónyuges miren a su compañero o compañera y surja el momento de la verdad. Hablaré de la urgente necesidad de que más matrimonios maduros presten servicio en el campo misional. Deseamos expresar nuestro agradecimiento por todos los matrimonios valientes que sirven en la actualidad, por los que han servido y por los que aún servirán.

En la sección 93 de Doctrina y Convenios el Señor reprende a las Autoridades Generales presidentes de la Iglesia diciendo: ”. . .yo os he mandado criar a vuestros hijos en la luz y la verdad. Seguir leyendo

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El toque de la mano del Maestro

Conferencia General Abril 2001Liahona Julio 2001
“El toque de la mano del Maestro”
Presidente Boyd K. Packer
Presidente en Funciones del Quórum de los Doce Apóstoles

“Todos cometemos errores. . . Es entonces algo natural que sintamos culpa, humillación y sufrimiento que, por nosotros mismos, no podemos curar. Entonces es cuando el poder sanador de la Expiación nos ayudará”.

Este hecho de sostener a los oficiales constituye una gran protección para la Iglesia. El Señor mandó: ”. . .a ninguno le será permitido salir a predicar mi evangelio ni a edificar mi iglesia, a menos que sea ordenado por alguien que tenga autoridad, y sepa la iglesia que tiene autoridad, y que ha sido debidamente ordenado por las autoridades de la iglesia” 1 . De esa forma, los miembros de la Iglesia, en cada una de sus organizaciones y a través de todo el mundo, saben quiénes son los verdaderos mensajeros.

Mi intención hoy es aliviar el dolor de aquellos que sufren del desagradable sentimiento de culpabilidad. Me siento como el médico que comienza su tratamiento diciendo: “Bueno, quizás esto habrá de dolerle un poquito. . .”

Cada uno de nosotros ha experimentado al menos un malestar de conciencia después de cometer errores.

Juan dijo que “Si decimos que no tenemos pecado, nos engañamos a nosotros mismos, y la verdad no está en nosotros” 2 . Y luego lo expresó con mayor firmeza: “Si decimos que no hemos pecado, le hacemos [al Señor] mentiroso, y su palabra no está en nosotros” 3 .

A veces todos nosotros, y muchas veces algunos de nosotros, sufrimos el remordimiento de conciencia a raíz de haber hecho algo malo o de no haber hecho ciertas cosas. Tal sentimiento es para el espíritu lo que el dolor es para el cuerpo.

Pero la culpa puede ser más difícil de soportar que el dolor físico. El dolor físico es el método natural de precaución que nos advierte que hay algo que debemos cambiar, limpiar o atender, y quizás hasta remover mediante cirugía. La culpa, el dolor de conciencia, no se puede sanar de tal manera.

Si están agobiados con deprimentes sentimientos de culpabilidad, desaliento, fracaso o vergüenza, hay un remedio para eso. No es mi intención herir sus tiernos sentimientos, sino ayudarles y ayudar a sus seres amados. Los profetas nos enseñan cuán dolorosa puede ser la culpabilidad. Al leerles lo que ellos han dicho, prepárense para escuchar palabras muy fuertes. Y aun así, no he de leerles las cosas más fuertes que han pronunciado.

El profeta Alma, al describir sus sentimientos de culpabilidad, dijo: ”. . .me martirizaba un tormento eterno, porque mi alma estaba atribulada en sumo grado, y atormentada por todos mis pecados” 4 . Seguir leyendo

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Compasión

CompasiónLiahona Julio 2001
Presidente Thomas S. Monson
Primer Consejero de la Primera Presidencia

Thomas S. Monson“No hay forma de saber cuándo tendremos el privilegio de echar una mano a alguien que lo necesite”.

Oklahoma City, Oklahoma, es un lugar muy interesante. Hace poco tiempo, y acompañado de los Élderes Richard G. Scott, Rex D. Pinegar y Larry Brooks, presidí allí una conferencia regional. El edificio donde nos reunimos estaba abarrotado de miembros de la Iglesia y de otras personas interesadas. El canto del coro fue celestial; las palabras, inspiradoras; y el dulce espíritu que prevaleció en la conferencia se recordará por largo tiempo.

Yo reflexioné en mis anteriores visitas a esa localidad, en la belleza de la canción del estado –”Oklahoma”, de la producción musical de Rodgers y Hammerstein– así como en la maravillosa hospitalidad de su gente.

Sin embargo, el espíritu caritativo de esa comunidad se vio probado en extremo el 19 de abril de 1995, cuando una bomba terrorista destruyó el Edificio Federal Alfred P. Murrah en el centro de Oklahoma City, llevando a 168 personas a la muerte e hiriendo a incontables otras.

Tras la conferencia regional de Oklahoma City, me condujeron a la entrada de un monumento hermoso y simbólico que adorna el lugar donde una vez estuvo el edificio Murrah. Era un día aciago, lluvioso, lo cual tendía a realzar el dolor y el sufrimiento que había tenido lugar allí. El monumento consta de un estanque de 120 metros, a uno de cuyos lados hay 168 sillas vacías hechas de granito y cristal, en honor a cada una de la personas muertas. Las sillas se encuentran más o menos donde se hallaron los cuerpos.

Al otro lado del estanque y sobre una pequeña elevación del terreno, se yergue un maduro olmo americano, el único árbol de las inmediaciones que sobrevivió a la destrucción. Por ello se le llama de forma apropiada y afectuosa “El árbol superviviente”, y con su real esplendor honra a los que sobrevivieron a la terrible explosión.

El guía dirigió mi atención a la inscripción grabada sobre la entrada al monumento:

Venimos aquí a recordar a los que murieron,
a los que sobrevivieron y a los que cambiaron para siempre.
Deseamos que al salir todos conozcan el impacto de la violencia.
Que este monumento ofrezca consuelo, fortaleza, paz, esperanza y serenidad.
Entonces, con lágrimas en los ojos y una voz entrecortada, mi acompañante declaró: “Esta comunidad, con todas sus iglesias y habitantes, ha estado más aunada. El dolor nos ha fortalecido, y hemos estado unidos en espíritu”.

Ambos concluimos que la palabra que mejor describía lo ocurrido era compasión.

Mis pensamientos se volvieron a la obra musical Camelot, donde el rey Arturo, con su sueño de un mundo mejor y de una relación ideal entre las personas, dijo mientras preveía el propósito de la mesa redonda: “La violencia no es fortaleza y la compasión no es debilidad”. Seguir leyendo

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Me seréis testigos

“Me seréis testigos”Liahona Julio 2001
Élder Jeffrey R. Holland
Del Quórum de los Doce Apóstoles

Jeffrey R. Holland

“A las personas que se les haga difícil iniciar conversaciones misionales –y lo es para muchas– las nuevas tarjetas de obsequio que recientemente produjo la Iglesia son una forma agradable y fácil de dar a conocer a los demás nuestras creencias básicas y cómo pueden saber más”.

Cuando el JesÚs resucitado concluyó Su ministerio terrenal, dio este importante mandato a Sus apóstoles y a aquellos que los seguirían:

“Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. . .” 1 .

“recibiréis poder. . . y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo Último de la tierra” 2 .

Al recordar siempre actuar con cortesía y decoro, tenemos la responsabilidad de ser testigos de Jesucristo “en todo tiempo. . . en todas las cosas y en todo lugar” 3 , a fin de proclamar, cada uno a su propia manera, la gran causa a la cual Cristo nos ha llamado.

Ustedes ya son misioneros maravillosos, mejores de lo que se imaginan, y tienen la habilidad de ser aún mejores. Es posible dejar que los misioneros regulares lleven a cabo la difícil tarea de trabajar 12 horas al día, pero, ¿por qué no ser partícipes del gozo de esa obra? A nosotros también nos corresponde un lugar ante la mesa colmada de testimonios y, afortunadamente, hay un lugar reservado para cada uno de los miembros de la Iglesia.

En efecto, una clara verdad de hoy día es que ninguna misión ni ningún misionero puede a la larga lograr el éxito sin la tierna participación y el apoyo espiritual de los miembros locales que trabajen con ellos en un esfuerzo equilibrado. Si hoy están tomando notas en una tabla de piedra, inscriban profundamente esta verdad; les prometo que nunca tendrán que borrarla. Al principio, los investigadores pueden provenir de muchas fuentes diferentes, pero aquellos que en verdad se bautizan y son retenidos mediante la actividad en la Iglesia provienen en su gran mayoría de amigos y conocidos de los miembros de la Iglesia.

Hace poco más de veinticuatro meses, el presidente Gordon B. Hinckley dijo en una transmisión para toda la Iglesia:

“Yo los comprendo a ustedes, misioneros. Simplemente no pueden hacerlo solos y hacerlo bien. Necesitan la ayuda de otros. Ese poder para ayudarles anida en cada uno de nosotros. . .

“Ahora bien, hermanos y hermanas, podemos dejar que los misioneros traten de hacer la obra por sí solos o ayudarles en ello. Si lo hacen por sí mismos, irán de puerta en puerta, día tras día, y la cosecha será escasa. O podemos, como miembros, ayudarles a encontrar y enseñar investigadores. Seguir leyendo

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Un Dios de milagros

Un Dios de milagrosLiahona Julio 2001
Sydney S. Reynolds
Primera Consejera de la Presidencia General de la Primaria

Sydney S. Reynolds

“Creo que todos nosotros podemos testificar de esos pequeños milagros”.

Tal como Moroni de antaño, creo en un Dios de milagros. Moroni escribió a la gente de nuestra dispensación: “Mas he aquí, yo os mostraré un Dios de milagros. . . y es ese mismo Dios que creó los cielos y la tierra, y todas las cosas que hay en ellos” (Mormón 9:11). Moroni proclamó que Jesucristo hizo muchos milagros grandiosos, que por mano de los apóstoles se realizaron potentes milagros, y que un Dios que es el mismo ayer, hoy y siempre, debe ser un Dios de milagros también hoy (véase Mormón 9:18; 9:9).

Piensen en los milagros del Antiguo Testamento. Recuerden a Moisés al dividir el Mar Rojo. Para todas las generaciones futuras de israelitas, los grandes milagros que llevaron a su liberación de Egipto proporcionaron una prueba innegable de la existencia de Dios y de Su amor por ellos.

Muchos profetas del Libro de Mormón, incluso Nefi, señalaron el relato de Moisés para infundir fe y creencia en un Dios que podría liberar a Su pueblo de sus aflicciones (véase 1 Nefi 4:1–3). Otros profetas del Libro de Mormón le recordaron al pueblo que ellos mismos habían sido testigos de milagros que debían convencerlos del poder de Dios.

En el Nuevo Testamento, el apóstol Juan dio a saber la razón por la cual registraba muchos de los milagros del Salvador; concretamente, “para que creáis que JesÚs es el Cristo” (Juan 20:31).

En esta dispensación, somos testigos del gran milagro de la restauración del Evangelio de Jesucristo sobre la tierra, el cual comenzó cuando un jovencito fue a una arboleda, cerca de Palmyra, Nueva York, y volcó su corazón en preguntas a un Dios que él creía podría contestarle: un Dios de milagros. Y han seguido ocurriendo milagros en esta dispensación –grandiosos milagros– entre ellos la salida a luz del Libro de Mormón, el cual es en sí otro Testamento de Jesucristo.

De igual importancia que esos “grandiosos milagros”, son los “milagros privados”más pequeños que nos enseñan a tener fe en el Señor; éstos se reciben al reconocer y dar oído a los susurros del Espíritu en nuestra vida diaria.

Estoy agradecida por el maestro que alentaba a sus alumnos a llevar un diario personal de los susurros o la inspiración del Espíritu en la vida de ellos. Él nos indicaba que anotáramos lo que habíamos sentido y cuál había sido el resultado. Las cosas pequeñas se hicieron evidentes. Un día me encontraba sumamente apresurada para terminar algunas tareas escolares y prepararme para un viaje; bajé al lavadero de los dormitorios [de la universidad] para sacar mi ropa de la lavadora y colocarla en la secadora. Lamentablemente, todas las secadoras estaban ocupadas y todavía les faltaba mucho tiempo para terminar. Subí a mi cuarto desalentada, ya que sabía que para cuando las secadoras terminaran el ciclo, yo ya tendría que encontrarme en camino. Apenas había regresado a mi cuarto cuando sentí que debía bajar otra vez al lavadero. Es una tontería, pensé; acababa de regresar y no tenía tiempo, pero como estaba tratando de prestar atención, fui. Dos de las secadoras estaban vacías y así pude terminar todo lo que tenía que hacer. ¿Es posible que el Señor se hubiese preocupado de allanarme el camino en algo tan trivial, pero para mí tan importante? Desde ese entonces, he aprendido mediante muchas experiencias de ese tipo que el Señor nos ayudará en todos los aspectos de nuestra vida si tratamos de servirle y de hacer Su voluntad.

Creo que todos nosotros podemos testificar de esos pequeños milagros. Sabemos de niños que oran pidiendo ayuda para encontrar algo que se les ha perdido, y lo encuentran. Sabemos de jóvenes que tienen el valor de ser testigos de Dios y sienten Su mano de apoyo. Sabemos de amigos que pagan sus diezmos con el Único dinero que les queda y después, por un milagro, descubren que pueden pagar su matrícula universitaria, el alquiler o de alguna forma obtener comida para su familia. Podemos compartir experiencias de oraciones que han sido contestadas y de bendiciones del sacerdocio que han dado valor, consuelo o restaurado la salud. Esos milagros diarios nos ayudan a reconocer la mano del Señor en nuestra vida. Seguir leyendo

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Humillarte ante tu Dios

“Humillarte ante tu Dios”Liahona Julio 2001
Élder Marlin K. Jensen
De la Presidencia de los Setenta

Marlin K. Jensen“La verdadera humildad nos llevará inevitablemente a decir a Dios: ‘Hágase tu voluntad’ ”.

Uno de los temas memorables de la Conferencia General de octubre pasado fue que, además de estar preocupados por lo que hacemos, nosotros, los Santos de los Últimos Días, debemos prestar atención a lo que somos y a lo que nos estamos esforzando por llegar a ser 1 . Teniendo en mente ese principio, en noviembre pasado escuché con atención el discurso que el presidente Gordon B. Hinckley dirigió a los jóvenes de la Iglesia. Me emocionaron los seis valiosos granitos de sabiduría que él compartió al describir lo que la juventud debía ser. Uno de los seis –”Sean humildes”– fue de especial interés para mí.

Cuando le sugerí a mi esposa hace algunas semanas que, debido al discurso del presidente, estaba considerando la “humildad”como posible tema para mis palabras de hoy, ella se detuvo, y con cierto brillo en la mirada, me dijo en broma: “Bueno, ¡te quedan sólo unos días para adquirirla!”. Al haber sido alentado de esa manera, he reflexionado en lo que podría abarcar el obedecer el mandato del presidente Hinckley: “Sean humildes”.

Para comenzar, no deberá causarnos sorpresa el saber que, a juicio de algunos, la humildad tiene una clasificación bastante baja en la escala de los rasgos de personalidad que se desean. En los Últimos años se han escrito libros muy populares acerca de la integridad, el sentido común, la urbanidad y una multitud de otras virtudes, pero es evidente que hay muy poca demanda para la humildad. Es obvio que en estos tiempos sin refinamiento, en los que se nos enseña el arte de negociar por medio de la intimidación, y la agresividad se ha convertido en la expresión preferida del mundo de los negocios, los que intentan ser humildes serán una minoría reducida y despreciada pero sumamente importante.

El tratar voluntariamente de adquirir humildad es a la vez problemático. Recuerdo que una vez escuché a uno de mis colegas de los Setenta decir acerca de la humildad: “Si piensas que la tienes, es que no la tienes”. Sugirió que debíamos tratar de cultivar la humildad y de estar seguros de no enterarnos cuándo la obtuviésemos, y que de ese modo la tendríamos. Pero, si alguna vez pensábamos que la teníamos, entonces no la teníamos 2 .

Esa es una de las lecciones que enseña C. S. Lewis en sus conocidas Screwtape Letters. En la carta XIV, un buen hombre está siendo reclutado por un diablo y el aprendiz que está a su lado empieza a volverse humilde, y el diablo dice que “eso es muy malo”. Con gran percepción, Lewis hace que el diablo diga a su compañero: “Tu paciente se ha vuelto humilde; ¿se lo has hecho notar?” 3 .

Por suerte, el Salvador nos ha dado un modelo para cultivar la humildad. Cuando Sus discípulos fueron a él y le preguntaron: “¿Quién es el mayor en el reino de los cielos?”, él respondió poniendo a un niño en medio de ellos y diciendo: ”. . .cualquiera que se humille como este niño, ése es el mayor en el reino de los cielos” 4 .

En ese pasaje, el Salvador nos enseña que el llegar a ser humildes es ser como un niño. ¿Cómo puede volverse una persona como un niño y cuáles son las cualidades de niño que debemos cultivar? El rey Benjamín, en su profundo sermón del Libro de Mormón, nos proporciona una guía: Seguir leyendo

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Primero lo más importante

Primero lo más importanteLiahona Julio 2001
Élder Richard G. Scott
Del Quórum de los Doce Apóstoles

Richard G. Scott

“Haz todo lo posible para tener una familia ideal mientras te encuentres en la tierra. Para ayudarte a lograrlo, medita en los principios que se encuentran en la Proclamación de la Familia y llévalos a la práctica”.

No puedes recordar uno de los momentos más emocionantes de tu vida cuando te sentiste lleno de expectativa, entusiasmo y gratitud. Esa experiencia ocurrió en la vida preterrenal, cuando se te informó que finalmente había llegado el momento de dejar el mundo espiritual para morar en la tierra con un cuerpo mortal. Sabías que por medio de la experiencia personal podrías aprender las lecciones que te darían felicidad en la tierra, lecciones que, al final, te guiarían a la exaltación y a la vida eterna como ser celestial y glorificado en la presencia de tu Santo Padre y de Su Hijo Amado. Entendías que habría desafíos, pues vivirías en un entorno de influencias buenas y malas. Y aÚn así, decidiste a toda costa que volverías victorioso, sin importarte el esfuerzo, el sufrimiento y las pruebas. Se te había reservado para venir cuando la plenitud del Evangelio estuviera sobre la tierra. Llegaste cuando Su Iglesia y la autoridad del sacerdocio estaban aquí para efectuar las ordenanzas sagradas del templo. Pensaste nacer en el seno de un hogar donde tus padres te amarían, nutrirían, fortalecerían y te enseñarían la verdad. Sabías que con el tiempo tendrías la oportunidad de formar tu propia familia eterna, como esposo o esposa, como padre o madre. ¡Cuánto debes haberte alegrado por esa posibilidad!

Las siguientes palabras expresan el propósito primordial del encontrarte en la tierra:

“. . .haremos una tierra sobre la cual éstos puedan morar;

“y con esto los probaremos, para ver si harán todas las cosas que el Señor su Dios les mandare;

“y a los que guarden su primer estado les será añadido; y aquellos que no guarden su primer estado no tendrán gloria en el mismo reino con los que guarden su primer estado; y a quienes guarden su segundo estado, les será aumentada gloria sobre su cabeza para siempre jamás” (Abraham 3:24–26).

Una vez que se puso a Adán sobre la tierra, Dios dijo: “Hagamos una ayuda idónea al hombre, por cuanto no es bueno que el hombre esté solo” (Abraham 5:14). Adán y Eva formaron la primera familia. Dios declaró: “Por tanto, dejará el hombre a su padre y a su madre, y se allegará a su mujer” (Moisés 3:24). Tuvieron hijos que también formaron familias. “Y Adán y Eva, su esposa, no cesaron de invocar a Dios” (Moisés 5:16). Se estableció el modelo de familia, esencial para el Plan de Felicidad del Padre, y se recalcó la necesidad de “invocar a Dios”continuamente. TÚ estás viviendo ese plan. Por medio del Evangelio restaurado sabemos que la familia ideal existe y que está compuesta por un justo poseedor del Sacerdocio de Melquisedec, una esposa recta sellada a él e hijos nacidos en el convenio o sellados a ellos. Con la madre en el hogar, en un ambiente de amor y servicio, los padres enseñan a sus hijos las vías del Señor y Sus verdades mediante el precepto y el ejemplo. Ellos cumplen su función divinamente señalada, la cual se menciona en la Proclamación de la Familia. Los hijos maduran al vivir las enseñanzas inculcadas desde su nacimiento, y desarrollan características de obediencia, integridad, amor a Dios y fe en Su santo plan. Con el tiempo, cada uno de ellos busca un cónyuge con ideales y metas similares; se sellan en el templo, tienen hijos y el plan eterno continÚa; y una generación fortalece a la siguiente. Seguir leyendo

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La obra sigue adelante

La obra sigue adelanteLiahona Julio 2001
Presidente Gordon B. Hinckley

Gordon B. Hinckley

“Seamos buenas personas; seamos gente amigable; seamos buenos vecinos; seamos lo que los miembros de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días deben ser”.

Mis hermanos y hermanas: mi corazón rebosa de agradecimiento esta mañana al reunirnos en esta gran conferencia. Estoy agradecido de que el Señor me haya conservado la vida para ver este día. Como recordé a las jóvenes a quienes hablé la semana pasada, alguien me dio recientemente un ejemplar de mi antiguo anuario escolar. Fue del año de mi graduación, hace 73 años. Formaba yo parte de la clase de 1928. Fue interesante hojear sus páginas. Muchos de los que se ven allí muy jóvenes y llenos de vigor ya han fallecido. Quedan algunos, pero están arrugados y algo lentos en sus movimientos. De vez en cuando, cuando me quejo por alguna pequeña dolencia, mi esposa me dice: “Es la edad, muchacho”.

Repito, estoy sumamente agradecido por estar vivo. Me entusiasma esta maravillosa época en la que vivimos. Agradezco al Señor los hombres y las mujeres de gran dedicación y capacidad que están haciendo tanto por extender la vida humana y hacerla más cómoda y agradable. Estoy agradecido por buenos doctores que nos ayudan en nuestras debilidades. Doy gracias por los maravillosos amigos, entre los que cuento a los estupendos y fieles santos de todo el mundo a quienes he llegado a conocer. Gracias por todo lo que hacen por mí, por sus cartas, por las flores, libros y diversas expresiones de su generosidad y amor. Estoy agradecido por amigos considerados mediante cuya bondad me ha sido posible andar entre los santos de las naciones de la tierra, reunirme con ellos, darles mi testimonio y mi amor. Estoy agradecido por mi querida esposa con quien he compartido casi 64 años de compañerismo. Me siento agradecido por una posteridad fiel. El Señor me ha bendecido de forma maravillosa.

Estoy agradecido por mis hermanos, las Autoridades Generales, que son tan amables y corteses conmigo. Estoy agradecido por cada uno de ustedes en esta gran familia de más de 11 millones de miembros que constituyen La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días.

Para iniciar la conferencia simplemente deseo dar un informe muy breve de la Iglesia.

Es más fuerte que nunca. No sólo ha aumentado en nÚmero, sino que considero que en general hay mayor fidelidad entre los santos. Durante los Últimos seis meses hemos tenido la oportunidad de dedicar templos diseminados a lo largo y ancho de la tierra; hemos escuchado el testimonio de la veracidad de esta obra expresado en diferentes idiomas; hemos visto la asombrosa fe de nuestra gente que ha viajado largas distancias para llegar a esas dedicaciones; hemos sido testigos del maravillosos aumento en el crecimiento de la actividad en los templos. Estamos logrando un progreso lento pero constante en la mayoría de nuestros campos de actividad. Seguir leyendo

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