Yo sé que El vive

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Yo sé que El vive
por el presidente N. Eldon Tanner
Primer Consejero en la Primera Presidencia

N. Eldon TannerMe siento muy feliz de estar con vosotros en esta ocasión y de escuchar tan hermosa música y recibir enseñanzas por medio de estos magníficos discursos.  Os estoy muy agradecido por haberme recordado en vuestras oraciones a fin de que pudiera recuperar mi salud y estoy sumamente agradecido por poder tomar parte en esta sesión de la conferencia.

Últimamente he estado meditando sobre el primer y tercer artículos de fe: «Nosotros creemos en Dios el Eterno Padre, y en su Hijo Jesucristo, y en el Espíritu Santo», y «Creemos que por la Expiación de Cristo todo el género humano puede salvarse, mediante la obediencia a las leyes y ordenanzas del evangelio».

Al reflexionar sobre el primer artículo de fe, ¿podemos realmente afirmar que creemos en Dios y en su Hijo Jesucristo, y en el Espíritu Santo? ¿Hasta qué punto tienen ellos influencia en nuestra vida?

«Creemos que por la Expiación de Cristo todo el género humano puede salvarse… Al pensar en ello, deseo que sepáis cómo Dios el Padre y su Hijo Jesucristo me han ayudado a lo largo de mi vida.

Estoy seguro de que mi madre, habiendo sido la clase de mujer que fue, le agradeció a Dios cuando yo nací, por la bendición de ser copartícipe con El en traer otro espíritu a este mundo mortal; y no me cabe duda de que le agradeció mediante su Hijo Jesucristo.

En mi hogar natal nunca faltaron las oraciones.  Cuando se me enseñó a orar, aprendí que en realidad estaba hablando con Dios, en el nombre de Jesucristo y mediante el poder del Espíritu Santo.  Cuando cumplí ocho años, mi padre me bautizó y pese a mi corta edad aprendí que era un hijo de Dios, que El estaba interesado en mi persona, que me conocía y sabía mejor que nadie lo que era beneficioso para mí.  Se nos enseñó a orar antes de comer; se nos enseñó a orar por las mañanas y antes de irnos a dormir por las noches, y también se nos enseñó que al hacerlo estábamos hablando con nuestro Padre Celestial. Seguir leyendo

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Vosotros sois diferentes

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Vosotros sois diferentes
por el élder David B. Haight
del Consejo de los Doce

David B. HaightScott Hall es un jovencito excepcional.  Su padre, Garth, es el asistente del entrenador del equipo de fútbol americano de la Universidad Brigham Young.

Hace poco, Scott le pidió a su madre una camisa blanca.

—Si tienes otras camisas de color, ¿para qué quieres una blanca? — le preguntó su madre.
— ¡Mamá, quiero una camisa blanca! — respondió Scott.
—Pero, ¿por qué? –insistió ella.
El le contestó:
—¡No puedo ser misionero sin una camisa blanca!

Scott tiene apenas dos años.

La historia del crecimiento de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días en todo el mundo no es solamente un milagro, sino que «como la piedra cortada del monte, no con mano, ha de rodar, hasta que llene toda la tierra» (D. y C. 65:2).

Hace poco, una familia de California en viaje de vacaciones pasaba por la ciudad de Saint George, en el Estado de Utah, y le llamó la atención la rara arquitectura del templo que hay en esa ciudad.  Puesto que disponían de algo de tiempo, los padres entraron al Centro de Información dejando que los niños cruzaran la calle para sentarse bajo la sombra de un árbol, en el jardín de la capilla, que hay enfrente.  Una maestra, que en ese momento reunía a los niños para la Primaria, al ver a los dos pequeños visitantes, les dijo: «Vengan a la Primaria», y ellos entraron. Seguir leyendo

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Volved los corazones

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Volved los corazones
por el élder Hartman Rector, hijo
del Primer Quórum de los Setenta

Hartman Rector, JrConsidero un honor y un privilegio hablaros hoy.  Estoy seguro de que el Señor está muy preocupado por las familias de la tierra.

La familia constituye la unidad básica de la sociedad y lo que es más importante, es la unidad básica de la exaltación.  Para el Señor no hay nada más importante.  El ha determinado que sus hijos reciban las mayores bendiciones por medio de esta unidad y el templo es el lugar donde se hace lo necesario para que estas familias sean eternas y exaltadas.

Considero que la familia se encuentra hoy bajo mayor amenaza de lo que jamás lo haya estado desde el comienzo del mundo, con la sola posible excepción de la época de Noé.  Esos también deben de haber sido tiempos difíciles.  Es probable que en la actualidad no seamos tan inicuos como eran los hombres de entonces.  En el libro de Génesis Moisés escribe:

«Y vio Jehová que la maldad de los hombres era mucha en la tierra, y que todo designio de los pensamientos del corazón de ellos era de continuo solamente el mal.» (Génesis 6:5.)

No creo haber conocido jamás a nadie que fuera tan malvado como para que «todo designio del corazón fuera continuamente malo».  Más adelante, el Señor indicó que toda carne era corrupta en aquellos días, por lo que hizo que cayera sobre ellos un diluvio y destruyera toda carne excepto a Noé y a su familia.  Entendemos entonces que somos todos descendientes del justo Noé, mas el concepto de familia está siendo severamente asediado en todas las partes del mundo.

El Señor declaró desde el monte Sinaí: Seguir leyendo

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Testimonio

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Testimonio
por el élder Ángel Abrea
Nuevo miembro del Primer Quórum de Los Setenta

Ángel AbreaHace algunos días cuando el presidente Kimball me llamó por teléfono a la casa de la misión, en Rosario, Argentina, y me hizo este llamamiento, mi esposa y yo; nos sentimos muy emocionados y a la vez preocupados por la gran  magnitud de esta nueva responsabilidad. Un sentimiento de gratitud me invadió de inmediato.

Agradezco a aquellas dos hermanas misioneras que llamaron a mi puerta hace casi treinta y ocho años, trayéndose las buenas nuevas del evangelio. Doy gracias también a mi querida madre, con quien leí por primera vez el Libro de Mormón, por llevarme a la Primaria y a todas las reuniones de la Iglesia. Ella todavía es un buen ‘ ejemplo para mí por su actividad y fidelidad en la Iglesia. Estoy agradecido a mi padre, quien sé que ha aceptado el evangelio y el bautismo al otro lado del velo. Cuando se sentó a la orilla de mi cama un domingo por la mañana yo tenía apenas once años y me dijo: «Ángel, si vas a ser miembro de la Iglesia, tendrás que cumplir con todo lo que ésta requiera de ti. Has aceptado un compromiso, y debes cumplirlo».

Agradezco también a mi esposa por su ayuda y constante apoyo, por su gran fe y amor por el evangelio y por ser una inspiración constante en mi vida y a mis tres hijas, quienes, por su amor y dedicación a la Iglesia, son un motivo de orgullo y felicidad para mí. Seguir leyendo

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Somos llamados a esparcir la luz

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Somos llamados a esparcir la luz
por el élder Jacob de Jager
del Primer Quórum de los Setenta

Jacob de JagerMis queridos hermanos y hermanas, el 4 de abril de 1950, hace hoy exactamente treinta y un años, salí de Holanda con un nombramiento de tres años para la parte sudoriental del Asia.  Esa asignación me permitió hacer extensos viajes a diversas y distantes islas de esa parte del mundo para colaborar en la planificación e instalación de la electricidad en zonas rurales.

Me brindó, además, la ocasión de ver de cerca cómo la gente de esa parte del mundo comenzaba a progresar rápidamente después de la Segunda Guerra Mundial.  Las sencillas lámparas de aceite de coco y mecha de sus viviendas fueron reemplazadas por la luz eléctrica.

Con la llegada de la electricidad a sus islas, para muchos la noche se tornó en día, con nuevas posibilidades de estudio y recreación después del ocaso; para ello hubo que instalar centrales eléctricas, cables de alto voltaje y subcentrales de electricidad a fin de llevar la corriente a todas las casas.

Recuerdo los rostros alegres y el brillo en los ojos de los niños, y también las lágrimas de gratitud en los ojos de las personas mayores, cuando el alcalde encendió por vez primera el sistema de alumbrado eléctrico; a este acto siguieron festividades, con música, canto y baile desde la puesta del sol hasta el apuntar del alba.

¡Qué gran regocijo hubo entre la población!

Veintiséis años después, también un 4 de abril, el Señor me sacó del mundo para entrar en su servicio permanente.  Unos meses más tarde, esta vez como miembro del Primer Quórum de los Setenta de la Iglesia, viajé nuevamente a la parte sudoriental de Asia; pero esa vez iba a esparcir otra luz: la luz del evangelio; y así fue como otro cambio notable se verificó en la vida de muchas personas. Seguir leyendo

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Sobre esta roca

Conferencia General Abril 1981
«Sobre esta roca…”
por el élder Bruce R. McConkie
del Consejo de los Doce

Tengo un amigo a quien recuerdo especialmente, cuyo nombre me llena de respeto y admiración y de quien he aprendido más que de ninguna otra persona.  Si me guía el Espíritu, os diré algunas de las grandes verdades que he aprendido de El.

El dio un sermón, que probablemente sea el más grande que jamás haya salido de labios mortales; lo dio hace mucho años, en una montaña cerca de Capernaum, la ciudad donde vivía.

El se dirigió a miles de sus amigos judíos, a quienes sus maravillosas palabras iluminaron el alma con la luz de los cielos y encendieron su ser con el fuego del testimonio.  Nunca nadie habló como El lo hizo; y aún en la actualidad, al leer y meditar acerca de sus palabras, sentimos que nuestro corazón se enciende de emoción dentro de nosotros.

Como parte culminante de su Sermón del Monte, dio este consejo:

«Cualquiera, pues, que me oye estas palabras, y las hace, le compararé a un hombre prudente, que edificó su casa sobre la roca.

Descendió lluvia, y vinieron ríos, y soplaron vientos, y golpearon contra aquella casa; y no cayó, porque estaba fundada sobre la roca.

Pero cualquiera que me oye estas palabras y no las hace, le compararé a un hombre insensato, que edificó su casa sobre la arena;

y descendió lluvia, y vinieron ríos, y soplaron vientos, y dieron con ímpetu contra aquella casa; y cayó, y fue grande su ruina.» (Mateo 7:24-27.)

Toda persona que nace en este mundo edifica una casa, y la coloca sobre un cimiento que ella misma se encarga de seleccionar.  Todas las casas que se edifican en esta esfera mortal están expuestas a las tormentas y contiendas de la vida.  El propósito divino requiere que seamos probados en nuestra etapa mortal con lluvias, vientos e inundaciones; vivimos en medio de una turbulenta tormenta de pecado; las lluvias del mal y los vientos de falsa doctrina, así como las inundaciones de los vicios carnales, nos sacuden violentamente.  Pero está dentro de nuestro poder y de nuestras posibilidades el edificar una casa de fe, una casa de justicia, una casa de salvación. Seguir leyendo

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Servimos lo que amamos

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Servimos lo que amamos
por el élder Marvin J. Ashton
del Consejo de los Doce

Marvin J. Ashton1Hace algunas semanas, poco antes de las seis de la mañana, mi esposa y yo subimos a un taxímetro para iniciar el último trecho de nuestro viaje de regreso a Salt Lake City.  El conductor, que había estado trabajando desde las tres de la mañana, estaba deseoso de conversar con nosotros, que éramos sus primeros pasajeros ese día.  Nos dijo que sus padres habían nacido cerca de la Ciudad de México, se habían mudado a Chicago, donde él nació, y luego a Nuevo México.  Veinte años antes él había ido a visitar San Francisco, quedándose a vivir allí.  Durante el trayecto al aeropuerto, el hombre nos relató algunos incidentes que pusieron de manifiesto grandes verdades.

Nos dijo que sus padres se habían quedado en Nuevo México, pero que los visitaban a él y a su hermano siempre que podían porque les encantaba estar con sus hijos y nietos.  En Nuevo México la salud de su madre era más bien precaria, pero siempre que iba a San Francisco a verlos, se sentía mucho mejor.  Con gran discernimiento, este hombre le había dicho a su hermano: «Sé perfectamente lo que mamá necesita».  Y nos contó que había alquilado un gran camión y habían ido ambos a buscar a sus padres.  Llevándolos a vivir cerca de aquellos que más los querían.  La salud de su madre mejoró notablemente.  «Lo que pasa es que el amor es muy importante si se da como se debe», agregó.

El segundo comentario que nos hizo aquel hombre, humilde pero sabio, también fue significativo: «Les enseño a todos mis hijos a trabajar.  Quiero que se eduquen, pero deben trabajar para lograrlo.  Acabo de ayudar a mi hijo de dieciséis años a conseguir un empleo en un banco.  Mientras estudia, sólo trabaja dos horas por día, pero aprende a trabajar; y sabe que lo quiero porque trato de ayudarlo.  Por la irregularidad de mis horas de trabajo, no siempre puedo llevarlo al empleo, pero siempre lo voy a buscar cuando sale.  El disfruta del tiempo que pasamos juntos, y yo también.» Seguir leyendo

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Sacrificio

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Sacrificio
por el presidente Spencer W. Kimball

Spencer W. KimballMis queridos hermanos y hermanas, al reflexionar acerca de las condiciones sociales y económicas que enfrentamos en la actualidad, me he puesto a recordar los tiempos de nuestros pioneros.  La fe de nuestra gente siempre ha sido puesta a prueba a través de las penurias que ha tenido que soportar.  Ha sido así desde el principio.

Durante el invierno de 1846-47*, cuando los santos estaban en Winter Quarters preparándose para la difícil travesía hacia el Oeste, mi abuelo, Heber C. Kimball, que fue consejero de Brigham Young por 21 años, se encontraba entre ellos.  Ese invierno el Señor le dio una revelación al presidente Young:

«Los de mi pueblo deben ser probados en todas las cosas, a fin de que estén preparados para recibir la gloria que tengo para ellos, sí, la gloria de Sión; y el que no aguanta el castigo, no es digno de mi reino.» (D. y C. 136:31; cursiva agregada.)

Pocos milagros en la historia de nuestra Iglesia sobrepasan al del establecimiento de colonias en una tierra desértica, que nadie quería, y al del hacerla florecer como una rosa.  Nuestra gente no sólo sobrevivió, sino que progresó debido a su fe y a la solidaridad de las familias.  El carácter de los pioneros fue moldeado por medio del trabajo arduo, los sacrificios, la cooperación y la dependencia de la ayuda del Señor.

Recuerdo claramente los años de mi niñez en Arizona.  Nuestro sustento dependía de la tierra.  El dinero escaseaba, y era común que tuviéramos que prescindir de muchas cosas y que aprovecháramos todo lo que teníamos.  Allí aprendimos a compartir: compartíamos el trabajo, las alegrías y las tristezas, la comida y otros recursos; nos preocupábamos los unos por los otros.  Nuestras oraciones diarias nos recordaban cuánto dependíamos de la ayuda del Señor; orábamos y trabajábamos constantemente por el pan de cada día.

Esas experiencias fortalecieron los lazos familiares.  Ahora, una vez más, nuestros recursos están escaseando rápidamente; sin embargo, la disciplina que heredamos de nuestros predecesores pioneros podrá nuevamente sacarnos del paso, y no tengo dudas de que lo lograremos. Seguir leyendo

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Que partas tu pan con el hambriento. . .

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“Que partas tu pan con el hambriento. . .”
Por el obispo Victor L. Brown
Obispo Presidente de la Iglesia

Victor L. BrownMe dirijo a vosotros, poseedores del sacerdocio, con humildad y una oración en mi corazón.

Se me ha pedido que hable de dos temas.  La introducción al primero de ellos se encuentra en el Antiguo Testamento, en el libro de Isaías:

¿No es más bien el ayuno que yo escogí, desatar las ligaduras de impiedad, soltar las cargas de opresión, y dejar ir libres a los quebrantados, y que rompáis todo yugo?

¿No es que partas tu pan con el hambriento, y a los pobres errantes albergues en casa; que cuando veas al desnudo, lo cubras, y no te escondas de tu hermano?» (Isaías 58:6-7.)

El Señor promete cuatro bendiciones a los que obedecen la ley del ayuno:

«Entonces nacerá tu luz como el alba, y tu salvación se dejará ver pronto: e irá tu justicia delante de ti, y la gloria de Jehová será tu retaguardia.

Entonces invocarás, y te oirá Jehová; clamarás, y dirá él: Heme aquí.  Si quitares de en medio de ti el yugo, el dedo amenazador, y el hablar vanidad;

y si dieres tu pan al hambriento, y saciares al alma afligida, en las tinieblas nacerá tu luz, y tu oscuridad será como el mediodía.

Jehová te pastoreará siempre, y en las sequías saciará tu alma, y dará vigor a tus huesos; y será como huerto de riego, y como manantial de aguas, cuyas aguas nunca faltan.» (Isaías 58:8-11.)

El presidente Harold B. Lee dijo acerca de este pasaje de Escritura: Seguir leyendo

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Que os améis unos a otros

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Que os améis unos a otros
por el élder James M. Paramore
del Primer Quórum de los Setenta

James M. ParamoreMis amados hermanos y amigos, a veces cuando oigo los hermosos coros locales les digo a los miembros que canto con el Coro del Tabernáculo en las conferencias.  Oh, por supuesto, no me siento en los asientos del coro porque no canto muy bien, pero sentado aquí abajo, silenciosamente canto junto con ellos porque su música es muy hermosa.  En una de sus canciones hay una parte que me gusta en especial: «Como os he amado, amad a otros» (véase Juan 13:34).  Quisiera hablar de esto hoy por unos minutos: del amor de Dios y del uno por el otro.

Hace unas pocas semanas uno de vuestros hijos, misionero en Italia, contó una historia que pintó claro en mi mente este tema.

El relató que una mañana, un pobrecito niño lisiado, vestido con harapos y unos zapatos raídos, se acercó a la esquina de una calle transitada y fue de uno a otro pidiendo a los pasantes unas liras, sin conseguir nada.  Un hombre que lo observaba a la distancia, finalmente se acercó, levantó al pequeño muchachito, lo estrechó entre sus brazos con amor y luego se dedicó a atender sus necesidades sin averiguar de dónde venía.

Esta escena conmovería a cualquiera y nos ayudaría a ver el poder del amor que nuestro Padre Celestial desea que lleguemos a comprender.  Jesús, el amado Hijo de Dios, destacó en forma especial este nuevo aspecto que bendeciría al mundo, diciendo:

«Un mandamiento nuevo os doy: Que os améis unos a otros. (Juan 13:34.)

Al examinar con cuidado y tratar de entender este amor de Dios, quedamos asombrados por su profundo impacto.  Fundamentalmente, nos habla de la realidad de un Padre en los cielos cuyo amor por sus hijos no conoce fronteras.  El desea compartir con esos hijos que ha creado y enviado a la tierra todas las verdades, la sabiduría, el poder, la bondad y el amor.  El quiere que nos elevemos y lo conozcamos como nuestro Padre, el que nos perdona, nos ayuda, es nuestro amigo y gobernante; el que está deseoso de dar a cada persona la oportunidad total de su amor y potencial y, finalmente, la bendición de ser algún día como El. Este amor de nuestro Padre Celestial y sus efectos, ya sea sobre uno de sus hijos o sobre el mundo entero, es milagroso y comunicable.  El está constante y eternamente velando sobre nosotros para estimularnos amorosa y dulcemente. Seguir leyendo

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Nuestra vida: una gran prueba

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Nuestra vida: una gran prueba
por el élder Franklin D. Richards
de la Presidencia del Primer Quórum de los Setenta

Franklin D. RichardsPresidente Kimball, expreso los sentimientos de todos los miembros de esta Iglesia mundial al decir que les amamos, tanto a usted como al presidente Tanner y al presidente Romney; y estamos agradecidos al Señor por los milagros que ha obrado en su vida que les permiten seguir adelante con la gran obra de edificar el reino de Dios.

Vivimos en una época notable: la dispensación del cumplimiento de los tiempos.  Sin embargo, estamos en un mundo confuso; los poderes del mal se ven en las doctrinas falsas, en las enseñanzas corrompidas, en los conflictos, en la contención y la persecución, y el temor abunda en el corazón de muchas personas.

Hay una pregunta universal que surge en la mente de hombres y mujeres en todas partes del mundo: «¿Cuál es el propósito de la vida?»

El Evangelio restaurado de Jesucristo responde a esta pregunta.  En una revelación moderna el Señor nos ha dicho:

“Y si guardas mis mandamientos y perseveras hasta el fin, tendrás la vida eterna, que es el máximo de todos los dones de Dios.» (D. y C. 14:7.)

De manera que, en esencia, el propósito de la vida es prepararnos para recibir el mayor de los dones de Dios: la vida eterna.

El evangelio restaurado nos enseña que vivimos como espíritus antes de nacer en esta esfera mortal; sí, como hijos espirituales de nuestro Padre Celestial.  Vinimos a esta tierra para que nuestro espíritu recibiera un cuerpo de carne y huesos y para tener experiencias que nos probaran, como lo dice la Escritura, «para ver si harán todas las cosas que el Señor su Dios les mandare» (Abraham 3:25). Seguir leyendo

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Ni se agregaran ni se quitarán palabras

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Ni se agregaran ni se quitarán palabras
por el élder Howard W. Hunter
del Consejo de los Doce

Howard W. Hunter 1Recientemente, un joven amigo misionero me escribió una carta concerniente a una pregunta que se le hizo con respecto a los versículos finales de la Biblia y a cómo se aplican al Libro de Mormón.  Recordaréis que al final del libro del Apocalipsis, el último de la Biblia, el autor, Juan, hace una advertencia y maldice a cualquiera que agregue palabras al libro o que quite de él.  Esto es explícitamente lo que él escribió:

«Yo testifico a todo aquel que oye las palabras de la profecía de este libro: Si alguno añadiere a estas cosas, Dios traerá sobre él las plagas que están escritas en este libro.

Y si alguno quitare de las palabras del libro de esta profecía, Dios quitará su parte del libro de la vida, y de la santa ciudad y de las cosas que están escritas en este libro.» (Apocalipsis 22:18-19.)

Este pasaje de Escritura ha sido citado repetidamente por aquellos que quieren desacreditar el Libro de Mormón, diciendo que la revelación de Dios al hombre ha cesado, y que nada se debe agregar y nada se debe quitar.  Afirman que el Libro de Mormón es un intento de agregar a lo que está en la Biblia.  Estas acusaciones se hicieron cuando el Libro de Mormón se publicó por primera vez y han continuado hasta nuestros días. ¿Tienen esas afirmaciones alguna validez?

La respuesta a esta interrogante es realmente muy simple.  Al leerse detenidamente las palabras, se ve con claridad que la advertencia de no agregar ni quitar no se refiere a toda la Biblia, ni siquiera al Nuevo Testamento, sino que, de acuerdo con las palabras de Juan, sólo a «las palabras del libro de esta profecía»; o sea, de la profecía que contiene el libro del Apocalipsis.  Esto lo ratifica el hecho de que cuando Juan escribió este libro, todavía no se habían escrito algunos libros del Nuevo Testamento, y aun los que ya estaban escritos en aquel entonces no habían sido todavía compilados en un volumen. Seguir leyendo

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Luz y verdad

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Luz y verdad
por el élder Theodore M. Burton
del Primer Quórum de los Setenta

Theodore M. BurtonEn la Iglesia hablamos muy a menudo acerca de la luz y la verdad. ¿Qué significan esas palabras? En mis primeros años como científico me interesó mucho el concepto del cero absoluto, que teóricamente indica que hay una ausencia completa de energía térmica. Ese extremo de frialdad es muy difícil de comprender. Sin embargo, todos sabemos lo incómodos que nos sentimos cuando la temperatura se acerca al punto de congelación. El agua hierve a los 100° y se congela a 0°, pero el cero absoluto se encuentra alrededor de los 273° bajo cero*(*Todas estas temperaturas se dan en la escala Celsius.) Esas temperaturas se dan en el espacio interplanetario.

Cuando era jovencito fui con mi padre a inspeccionar una mina en Nevada. Los dos llevábamos sendas linternas de mano, pero como no esperábamos estar mucho tiempo adentro de la mina, no llevamos pilas extras para las linternas. El túnel era mucho más largo, frío y profundo de lo que habíamos pensado, así que antes de llegar hasta el fin de la mina, donde estaba el mineral, mi padre me dijo que apagara la linterna para ahorrar las pilas.  Cuando papá terminó de inspeccionar, la luz de su linterna había comenzado a disminuir, de manera que sugirió que sería mejor que regresásemos.  No pasó mucho tiempo antes de que la linterna se apagara por completo, y todavía recuerdo el pánico que sentí en la absoluta y fría obscuridad, hasta que encendí la que llevaba yo.

Las pilas de la mía se agotaron antes de llegar a la entrada, pero nos guió la débil luz que entraba por la boca del túnel. ¡Qué tranquilidad ver que la luz aumentaba conforme nos acercábamos a la entrada!  Ya afuera, sentí la cálida y brillante luz del sol.

Desde ese entonces me he preguntado cómo podría nadie preferir a sabiendas vivir donde existen la obscuridad y el frío. ¿Cómo pueden algunos preferir de buena gana las tinieblas y la miseria, en lugar de la luz y el calor?  Sin embargo, la obscuridad, el frío y la miseria serán la suerte de aquellos que voluntariamente y a sabiendas rechacen al Señor.  Juan escribió: «Dios es luz, y no hay ningunas tinieblas en él» (1 Juan 1:5). Seguir leyendo

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Los valores morales y sus recompensas

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Los valores morales y sus recompensas
por el élder Royden G. Derrick
de la Presidencia del Primer Quórum de los Setenta

Royden G. DerrickLa historia del pueblo de la antigua América, tal como se relata en el Libro de Mormón, nos enseña que las civilizaciones están edificadas sobre fundamentos morales.  Cuando los pueblos son moralmente fuertes, prosperan; de lo contrario, sufren.  Nos enseña también que sin moralidad no puede existir libertad y que ésta no puede darse gratuitamente a las personas, sino que éstas deben ganarla.

Nos enseña que la gente cambia una y otra vez, pero que los mandatos de Dios nunca cambian, sino que permanecen constantes porque los principios fundamentales del buen comportamiento son eternos e incambiables.  Por medio de las Escrituras el Señor nos indica la forma en que debemos actuar para enriquecer nuestra vida, para traer paz a nuestra alma, para fortalecer a nuestra familia y para hacernos más dignos.

El Señor dijo:

«Por tanto, escuchad mi voz y seguidme, y seréis un pueblo libre . . .» (D. y C. 38:22.)

Durante su ministerio El dijo:

“Conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres.» (Juan 8:32.)

El Salmista escribió:

«Bienaventurada la nación cuyo Dios es Jehová.» (Salmos 33:12.)

En Eclesiastés leemos:

«Teme a Dios, y guarda sus mandamientos; porque esto es el todo del hombre.» (Eclesiastés 12:13.)

El Salvador también dijo:

«Porque lo que sembréis, eso mismo cosecharéis. (D. y C. 6:33.) Seguir leyendo

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Los principios básicos de los servicios de bienestar

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Los principios básicos de los servicios de bienestar
por el presidente Marion G. Romney
de la Primera Presidencia

Marion G. RomneyHermanos y hermanas, con mucho interés he estado escuchando lo que se ha dicho esta mañana.  Cada seis meses, por un período de cuarenta años, he estado asistiendo a este edificio para recibir instrucción con respecto a lo que hoy día conocemos como los Servicios de Bienestar de la Iglesia.  Originalmente este programa se conocía con el nombre de Plan de Seguridad de la Iglesia.  En el título que se le daba en esa época hay un significado que necesitamos comprender actualmente; ante todo, que la seguridad, la verdadera seguridad, se consigue solamente viviendo los principios del evangelio.  La seguridad es el fruto de una vida justa.

El Libro de Mormón contiene la historia de pueblos en los que a través del curso de mil años se observaban los frutos de la rectitud y de la iniquidad.  Cuando guardaron los mandamientos del Señor, prosperaron; y, en cambio, cuando fueron desobedientes cayeron en la iniquidad, tuvieron guerras, hambre y esclavitud.  Una y otra vez leemos acerca de familias, tribus y naciones completas que al guardar los mandamientos del Señor y hacer convenios con El, recibieron la bendición de su Espíritu.  Por motivo de su rectitud prosperaron tanto en forma espiritual como temporal; pero cuando no guardaron los mandamientos, decayeron en ambos sentidos.

El Libro de Mormón contiene principios que pueden brindarnos verdadera seguridad en un mundo minado por la iniquidad y acosado por el temor y los problemas económicos.  Pienso que nuestro pueblo quiere lograr esa seguridad; pero la mayoría no estarnos siguiendo el curso que nos guía a ella.  Actualmente, los pueblos y los gobiernos piensan que podemos lograr un estado económico próspero, a pesar de no actuar de acuerdo con su estado económico; gastan, hipotecan, acumulan deudas y obligaciones y a la larga pierden estabilidad, seguridad e independencia.  Permitidme recalcar un punto que muy fácilmente olvidamos: que el Señor está interesado en todo lo que se relaciona con nuestra vida; nuestras familias, nuestro trabajo, y nuestro desarrollo personal.  El nos ha dado verdades eternas para guiarnos en estos aspectos; aún más, nos ha dado su Espíritu para ayudarnos a aplicar estos principios, pero solamente si lo seguimos podremos tener seguridad. Seguir leyendo

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