Conferencia General Abril 1981
Los convenios del evangelio
por el presidente Marion G. Romney
Segundo Consejero en la Primera Presidencia
Mis queridos hermanos, en nuestra reunión del sacerdocio de la conferencia de octubre pasado, hablamos acerca del «juramento y convenio del sacerdocio». (Liahona, feb. de 1981, págs. 84-88.) Esta noche, me gustaría referirme a algunos convenios específicos del evangelio, los cuales deben honrar todos los poseedores del sacerdocio.
Cuando el Señor dijo a William E. McLellin: «bendito eres por haber recibido mi convenio sempiterno, sí, la plenitud de mi evangelio» (D. y C. 66:2), denominó el evangelio como el gran convenio que encierra en sí todas las cosas. De hecho, así nos lo presentó a nosotros, sus hijos espirituales, en el gran concilio de los cielos. Allí, en medio de nosotros, en aquella reunión premortal:
«. . . dijo a los que se hallaban con él: Descenderemos . . . y haremos una tierra sobre la cual éstos puedan morar;
y con esto los probaremos, para ver si harán todas las cosas que el Señor su Dios les mandare;
y a los que guarden su primer estado les será añadido; y aquellos que no guarden su primer estado no tendrán gloria en el mismo reino con los que guarden su primer estado; y a quienes guarden su segundo estado, les será aumentada gloria sobre su cabeza para siempre jamás.» (Abraham 3:2426.)
En ese concilio, la tercera parte de los espíritus rechazaron el convenio del evangelio. (D. y C. 29:36.)
Todos los que recibieron la promesa de que «a quienes guarden su segundo estado, les será aumentada gloria sobre su cabeza para siempre jamás» (Abraham 3:26) deben aceptar y cumplir los convenios del evangelio.
El Señor hizo un convenio especial con Abraham cuando le dijo: Seguir leyendo


































