Qué pensáis del Cristo?

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¿Qué pensáis del Cristo?
por el élder Robert D. Hales
del Primer Quórum de los Setenta

Robert D. HalesOs traigo saludos de los santos y misioneros de las Islas Británicas, especialmente de aquellos que pertenecen a la Misión de Inglaterra, Londres, donde mi amada compañera Mary y yo estamos sirviendo actualmente como presidentes de misión.

¡Qué dicha es poder hablar como un misionero y un testigo especial de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, en mi llamamiento corno setenta en esta gran Iglesia restaurada!  Cada misionero y cada miembro de la Iglesia tiene el derecho, sí, aun la obligación, de testificar de Jesucristo a su familia, amigos, y vecinos con mansedumbre y humildad.

Cada persona en el mundo, llegará a un punto en su progreso eterno, en el que tendrá que enfrentarse al momento de la verdad y responder a la pregunta: «¿Qué pensáis del Cristo?» (Mateo 22:42).

Pensad en esto.  En un punto de nuestro progreso eterno, cada uno de nosotros tendrá que contestar a la pregunta:

¿Quién es Jesucristo?  Se nos ha dicho que cada ojo verá, y cada oído escuchará y se doblará toda rodilla, y toda lengua confesará «que Jesucristo es el Señor» (Fil. 2:11).

» … Cuando todos los hombres se presentarán para ser juzgados por él, entonces confesarán que es Dios.» (Mosíah 27:31; Ro. 14:11 y D. y C. 76:110.)

«Y estando juntos los fariseos, Jesús les preguntó, diciendo:

¿Qué pensáis del Cristo? ¿De quién es hijo?  Le dijeron: De David.»

Jesús les contestó:

«¿Pues si David le llama Señor, ¿cómo es su hijo?

Y nadie le podía responder palabra; ni osó alguno desde aquel día preguntarle más.» (Mateo 22:41-42, 45-46.)

En otra ocasión la gente le respondió a Jesús diciendo: Seguir leyendo

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Preparémonos materialmente

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Preparémonos materialmente
por el élder Franklin D. Richards
de la Presidencia del Primer Quórum de los Setenta

Franklin D. RichardsQueridos hermanos, me regocijo con vosotros por el maravilloso espíritu que reina en esta sesión del sacerdocio. Estoy agradecido de que mi espíritu fuera reservado para venir a la tierra en esta dispensación del cumplimiento de los tiempos, cuando el Evangelio ha sido restaurado y cuando tenemos un Profeta de Dios, nuestro amado presidente Spencer W. Kimball, para aconsejarnos.

Cada uno de nosotros tiene derecho a la inmortalidad, gracias al sacrificio expiatorio de nuestro Señor y Salvador, Jesucristo; sin embargo, a fin de gozar de la vida eterna, debemos trabajar por nuestra propia salvación día a día.

Un evangelio de trabajo y progreso eterno. ¡Qué maravillosa filosofía!  El presidente David O. McKay dijo:

«Debemos comprender que el privilegio de trabajar es un don, que el poder hacerlo es una bendición, que el amor al trabajo da como resultado el éxito en la vida.» (True to the Faith, pág. 287.)

Primeramente, quisiera dirigir mis palabras a mis jóvenes amigos del Sacerdocio Aarónico.  Tal vez no os deis cuenta, pero es durante vuestros años de juventud que establecéis las normas que seguiréis por el resto de vuestra vida; por esto, es de gran importancia que os establezcáis buenas normas.

Estoy agradecido por haber tenido padres que desde niño me enseñaron el gozo de trabajar, y la importancia de pagar el diezmo y de gastar menos de lo que ganaba, a fin de ahorrar para mis gastos misionales y de educación.  Cuando era un muchacho, criaba gallinas y vendía huevos en el vecindario, y cortaba el césped; después trabajé en un almacén, en una fábrica de ladrillos y en una imprenta.  Trabajando, tenía dinero para mis gastos y me sentía importante; pagaba el diezmo, ponía algo en una cuenta de ahorros para el futuro, y el resto lo gastaba como quería.  Mis padres me enseñaron que el pago del diezmo es un mandamiento de nuestro Padre Celestial, y una manera de demostrarle el amor que le tenemos y el aprecio que sentimos por las bendiciones que nos da. Todavía conservo un recibo de diezmo que recibí cuando tenía ocho años, y es algo que estimo mucho. Seguir leyendo

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Preparación para el servicio en la iglesia

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Preparación para el servicio en la Iglesia
por el presidente Spencer W. Kimball

Spencer W. KimballHermanos, esta noche hemos disfrutado de una rica experiencia, al escuchar a los siervos del Señor.  Ellos nos han dejado palabras de verdad y justicia.  Espero que lo que se ha dicho se anide profundamente en el corazón de todos los escuchas de esta reunión de Sacerdocio.

Esta mañana, el élder Howard W. Hunter habló de uno de los presidentes de la Iglesia, Wilford Woodruff, sobre quien he estado leyendo últimamente.  Me gustaría contaros acerca de dos o tres experiencias de su vida.  Todas ellas tuvieron lugar mientras él era un jovencito como muchos de vosotros, poseedores del Sacerdocio Aarónico.

El presidente Woodruff fue uno de los gigantes espirituales de esta dispensación. El Señor le dio muchos sueños y visiones; bautizó a miles de conversos y llevó a cabo muchos milagros.  Pocos hombres disfrutaron como él de la guía del Espíritu Santo.

Fue un valiente Apóstol del Señor Jesucristo, fiel durante toda su vida, y en la providencia del Señor; fue el cuarto Presidente de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días.

Dedicó el Templo de Lago Salado en 1893 y a él fue a quien se le aparecieron los fundadores de la nación de los Estados Unidos en el Templo de Saint George, pidiéndole que se llevaran a cabo las ordenanzas del templo por ellos.  Como seguramente podréis imaginar esto era inaudito hermanos, del mismo modo que lo eran esos milagros, visiones y revelaciones.  Esos hombres vivieron en una época en que el Evangelio no se encontraba en la tierra, pero fueron hombres rectos y buenos, que merecían todas las bendiciones que nosotros disfrutamos ahora.

Todos necesitamos héroes que podamos honrar y admirar; necesitamos gente que podamos emular.  Para nosotros, Cristo es el más importante de ellos. Seguir leyendo

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Porque tenemos un padre

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Porque tenemos un Padre…
por el élder Paul H. Dunn
de la Presidencia del Primer Quórum de los Setenta

Paul H. DunnMillones de personas en todo el mundo sostienen al presidente Kimball como Profeta del Señor.  En la Iglesia cantamos un himno que dice:

Te damos Señor nuestras gracias,
Que mandas de nuevo venir,
Profetas con tu Evangelio,
Guiándonos cómo vivir.
(Himnos de Sión, N° 178).

Eso es lo que han hecho los profetas a lo largo de la historia.  Os testifico que Spencer W. Kimball realmente es un Profeta.

Siempre he sido un gran observador.  Me encanta observar a las personas; son interesantes, fascinantes; hay un sermón en cada rostro.  Rostros sonrientes, malhumorados, enojados, calmos, infelices, alegres. Caras redondas, cuadradas, ovaladas, graciosas, hermosas, comunes, chocantes, simples. Rostros jóvenes y ancianos.

¿Hay acaso algo más expresivo que el rostro de un niño en su fiesta de cumpleaños? ¿Que los rostros de una pareja recién comprometida? ¿De padres con su primer hijo? ¿De padres orgullosos el día de la graduación de su hijo? ¿Que el de los esposos en sus bodas de oro?

¿Hay acaso algo más gracioso que la carita de una pequeñita de seis años chapoteando a la orilla del mar? ¿Algo más expresivo que el rostro de una jovencita olvidadiza al darse cuenta de que ha hecho dos compromisos para un mismo sábado» ¿Qué el de una recién casada al descubrir que debía haber sacado las judías de la vaina, antes de cocinarlas? ¿Que el rostro de un padre que llama por su nombre a todos los de la casa hasta que finalmente acierta con el que quería?

Por último, ¿hay acaso algo más conmovedor que el rostro de un adolescente sin amigos en un nuevo vecindario? ¿Los de una pareja ante la pérdida de su primer hijo? ¿Los de padres desconsolados ante un hijo descarriado? ¿Los de ancianos solitarios? ¿El de un niño orando? Seguir leyendo

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No juzguéis por las apariencias

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No juzguéis por las apariencias
por el élder Boyd K. Packer
del Consejo de los Doce

President Boyd K. PackerQuisiera dirigir mis palabras a ese miembro de la Iglesia que lucha con una prueba a su fe, que bien podría tocarle a cualquiera de nosotros.

Si puedo tomar a ése del brazo y fortalecerlo cuando su fe está tambaleando, quedaría justificado por hacer que el resto de vosotros me escuchara durante unos minutos.

A veces alguien ha llegado hasta mí, con su fe debilitada por los supuestos errores de algún líder de la Iglesia.  Por ejemplo, recuerdo el caso de un joven que era constantemente ridiculizado por sus compañeros de trabajo, a causa de su actividad en la Iglesia.  Estas personas decían conocer a un obispo que había engañado a alguien en asuntos de negocios, o a un presidente de estaca que había falsificado algo en un contrato, o a un presidente de misión que había pedido dinero prestado, proporcionando información falsa. 0 mencionaban el caso de un obispo que había discriminado en contra de un miembro, rehusando extenderle una recomendación para el templo, y había demostrado en cambio favoritismo, al firmar una recomendación para otra persona cuya indignidad era ampliamente conocida.

Incidentes como éstos, los que supuestamente involucran a líderes de la Iglesia, son descritos como evidencia de que el Evangelio no es verdadero, de que la Iglesia no es inspirada divinamente, o que no está siendo guiada correctamente.

El joven en cuestión no tuvo una respuesta satisfactoria para tales acusaciones; se sintió indefenso y engañado, y tuvo el impulso de unirse a la crítica de las otras personas contra la Iglesia.

¿El creía todas esas historias?  En realidad, no podía asegurar que fueran ciertas; pero pensaba que en algunas quizás hubiera algo de verdad.

Si vosotros os enfrentáis a tales pruebas de fe, considerad las preguntas que le formulamos: Seguir leyendo

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Los verdaderos principios del amor

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Los verdaderos principios del amor
por el élder Theodore M. Burton
del Primer Quórum de los Setenta

Theodore M. BurtonHermanos, hermanas y amigos míos; cuando la Primera Presidencia me invitó a hablar en esta conferencia, me pregunté: ¿Qué mensaje necesitan más oír los miembros de Europa?  Estos mensajes de la conferencia serán transmitidos, y ésta será entonces la oportunidad de dirigirme a ellos.  Me pareció, al mismo tiempo, que las necesidades básicas de ellos probablemente serían las mismas que las de todos los pueblos del mundo.

La necesidad básica de los pueblos europeos, es la enseñanza de los verdaderos principios del amor; estoy hablando de aquel amor que significa falta total de egoísmo personal.  El amor verdadero es precisamente lo contrario a la filosofía basada en el egoísmo, que actualmente parece haberse extendido por el mundo; los intereses egoístas no solamente afectan las relaciones sociales, sino también las relaciones familiares. El amor verdadero se basa en el desinterés personal.  Aparentemente, parecería que nuestro mundo moderno no comprende eso.  El hombre de hoy día ha perdido su capacidad de amar.  Jesús nos advirtió que una de las características principales de los últimos días sena que el amor entre la gente poco a poco dejaría de existir:

«Y por haberse multiplicado la maldad, el amor de muchos se enfriará.» (Mateo 24:12.)

Según mi tesis, la maldad de la cual El hablaba se basa en el egoísmo personal, y es por esta razón, que el amor entre la gente está desapareciendo.

Jesús advirtió que en los últimos días abundaría tanto la iniquidad «que engañarán, si fuera posible aun a los mismos escogidos, que son los escogidos conforme al convenio» (José Smith 1:22).

Tal como yo lo entiendo, esto significa que tarde o temprano aun los más fieles de los santos del Señor pueden verse contaminados y amenazados por las filosofías modernas.  Por esa razón creo que, a no ser que ese período fuese acortado, ninguno de nosotros se vería libre mucho tiempo de ser afectado por tales tendencias. Seguir leyendo

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Los servicios básicos del plan de bienestar

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Los servicios básicos del Plan de Bienestar
por el presidente Marion G. Romney
Segundo Consejero en la Primera Presidencia

Marion G. RomneyHe recibido la asignación de hablar acerca de los principios básicos de los Servicios de Bienestar, y estoy seguro de que, después de haber oído al hermano McConkie, podréis comprenderlos mejor.

La base del Plan de Bienestar de la Iglesia es el mandamiento de que debemos vivir por nuestro propio esfuerzo.

En el jardín de Edén, el Señor dijo a Adán y Eva:

«Con el sudor de tu rostro comerás el pan, hasta que vuelvas a la tierra.» (Gén. 3:19.)

Al considerar las actividades del mundo, debemos rechazar la actitud comúnmente aceptada de esperar que el gobierno nos provea con las necesidades de la vida.  Esta práctica, si fuese adoptada completamente, cambiaría cualquier sociedad de la libertad a la servidumbre.  Sostengamos el evangelio del trabajo; confiemos en nosotros mismos.  La salvación es algo individual; no habrá salvación en masa.  Algunos han sacado una errónea conclusión de la declaración de Pablo, que dice: «Porque por gracia sois salvos por medio de ‘a fe; y esto no de vosotros, pues es un don de Dios; no por obras» (Ef. 2:8-9), y piensan que las obras no son necesarias.

Nefi declaró la verdad cuando dijo: … es por la gracia (de Dios) que nos salvamos después de hacer todo lo que podamos» (2Ne. 25:23).

Requerirá el máximo esfuerzo de nuestra parte por ser merecedores del sacrificio expiatorio de Jesucristo y poder ser salvos.  No habrá ninguna limosna del gobierno que nos lleve al Reino Celestial; tampoco pasará al Reino Celestial persona alguna que desee hacerlo apoyándose en las obras de otra persona.

El primer principio de acción dentro del programa de Bienestar de la Iglesia es, por lo tanto, que nosotros nos cuidemos a nosotros mismos hasta donde nos sea posible.

El segundo principio es el de estar unidos como familias de tal forma, que podamos apoyarnos los unos a los otros.  Los padres y las madres tienen el mandato divino de cuidar a sus hijos, y los hijos tienen la responsabilidad de cuidar a sus padres. Seguir leyendo

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Los obstáculos en el camino del progreso

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Los obstáculos en el camino del progreso
Por el élder Marvin J. Ashton
del Consejo de los Doce

Marvin J. Ashton1Hace algunas semanas, una madre desdichada que se había quedado sola para cuidar de sí misma y de sus tres niños, me confesó que ya no estaba asistiendo a la capilla.  «¿Por qué voy a ir?», me dijo.  «He vivido más de cuatro meses en este apartamento, y ni una sola persona del barrio ha venido a visitarnos.»

Esa hermana se sorprendió bastante cuando, en vez (le decirle, «Le pediré al obispo que los visite en seguida», le pregunté: «¿Y a cuántas personas ha visitado usted desde que se mudó al nuevo vecindario?»

Muchos de nosotros establecemos barreras al progreso y contribuimos a nuestra propia infelicidad, mientras esperamos que los demás nos busquen y nos ofrezcan su ayuda. Las actitudes negativas que guardamos hoy nos causan la amargura, la infelicidad y el estancamiento del mañana; además, esta actitud es contraproducente para aquellos que deben estar consagrados a la busque a de la plenitud de vida.

Todos somos hijos de Dios; si lo amamos, apacentaremos Sus ovejas dondequiera que se encuentren, sin considerar nuestra situación personal.  A menudo, podernos nutrir mejor a los demás si nosotros mismos hemos padecido o si no estamos completamente a gusto en nuestro ambiente.  La mejor asistencia que reciben los que padecen hambre, desamparo o frío, viene con frecuencia de aquellos que ya han sufrido estas mismas aflicciones.  Si nos sentimos débiles, abrumados, indeciso,,, o ignorados, no debemos encontrar en ello un justificativo para demorar nuestra ayuda a los demás; por el contrario, encontraremos un poder sanador en el empleo de nuestra energía en obras de servicio y aliento a nuestros semejantes.

Un gran educador negro, Booker T. Washington, dijo lo siguiente:

«El éxito en la vida no se debe medir tanto por la posición que uno haya alcanzado, como por los obstáculos que haya vencido en su esfuerzo por obtenerlo.  » (The international dictionary of thoughts, Chicago, J. G. Ferguson Publishing Co., 1969, pág. 698.) Seguir leyendo

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Los consejos del sacerdocio

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Los consejos del Sacerdocio
por el presidente N. Eldon Tanner
de la Primera Presidencia

N. Eldon TannerEl presidente Kimball me ha pedido que os presente un cambio en la administración de los asuntos de la Iglesia al nivel de área y región.  Con el crecimiento y la internacionalización de la Iglesia, y la gran responsabilidad de promover la obra eclesiástica y temporal por todo el mundo en una manera más unificada, deseamos dar un nuevo énfasis al papel de los consejos en el gobierno de la Iglesia.

Esta medida permitirá mantener una ordenada dirección de las actividades de la Iglesia en todos los niveles administrativos. El presidente Ezra Taft Benson, del Consejo de los Doce, y el obispo Victor L. Brown, Obispo Presidente de la Iglesia, explicarán los detalles e indicarán cómo debe llevarse a cabo esta modificación en las distintas partes de la Iglesia.

Desde sus principios, la Iglesia ha sido dirigida por consejos directivos.  Los consejos del sacerdocio son una parte fundamental de la Iglesia, como se indica repetidamente en Doctrinas y Convenios.

A veces estos consejos actúan en calidad de asesores, como en el caso del consejo de barrio, en el cual los líderes de las organizaciones auxiliares asesoran al obispo y a los líderes del Sacerdocio (de Melquisedec) en los asuntos del barrio.

Otras veces, esos consejos son cuerpos reglamentarios, como sucede con el Consejo Coordinador General de la Iglesia, que fue anunciado por la Primera Presidencia en febrero de 1977.  Este está formado por la Primera Presidencia, el Consejo de los Doce, y el Obispado Presidente.  En este consejo, se llega a un acuerdo en las normas y procedimientos, y se coordina y correlaciona la obra de la Iglesia. Seguir leyendo

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Las señales de la iglesia verdadera

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Las señales de la Iglesia verdadera
Por el élder Mark E. Petersen
del Consejo de los Doce

Mark E. PetersenLa primavera es una estación gratísima.  Es cuando toda cosa viviente parece renovarse; la promesa del futuro parece más brillante y la esperanza llega a su apogeo.  Efectivamente, es una época en que vuelven a despertar el valor y la confianza.

¡Primavera!  Tiempo de renovación, el renacimiento de todo lo viviente que nos rodea, pero sobre todo, una reafirmación de la promesa divina de la vida eterna.  Fue en primavera cuando el Salvador hizo posible todo esto, mediante su sacrificio expiatorio y su propia resurrección.

Fue en primavera cuando Jesús reunió a sus discípulos e instituyó el sacramento de la Santa Cena como recordatorio constante de su crucifixión.

Fue en primavera cuando El, orando tan humildemente en el jardín, dio el ejemplo divino al decir:

«No sea como yo quiero, sino como tú.» (Mat. 26:39.)

Entonces fue cuando rogó con tanto fervor por sus discípulos, para que estuviesen unidos en la causa celestial, tal como El y su padre son uno (Juan 17:11).

En los primeros días de la restauración dijo también a los que le seguían:

«Sed uno; y si no sois uno, no sois míos.” (D. y C. 38:27.)

Esta unanimidad, esta unidad de acción y propósito, era esencial para la obra.  No había lugar entre sus discípulos para el conflicto ni para la disensión, porque, como Pablo preguntó a los corintios contenciosos: «¿Está dividido Cristo?» (1Cor. 1:13). Seguir leyendo

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La voluntad de Dios

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La voluntad de Dios
por el presidente Spencer W. Kimball

Spencer W. KimballMis queridos hermanos de todo el mundo, os saludo con el más profundo sentimiento de amor y gratitud, al comenzar la primera sesión de la conferencia mundial de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días.

Muchas cosas han pasado, tanto en la Iglesia como en lo que me es personal, en el intervalo de los meses pasados desde la conferencia de abril. He estado internado en el hospital dos veces, y me siento profundamente agradecido por estar vivo y bien, y poder reunirme con vosotros hoy. Os agradezco también vuestras oraciones por mi recuperación, y especialmente a nuestro Padre Celestial por haberlas contestado, derramando sobre mí abundantes bendiciones.

Hermanos, una vez más os llamo la atención con respecto al cuarto mandamiento que dio el Señor a Moisés en el Monte Sinaí:

«Acuérdate del día de reposo para santificarlo.» (Ex. 20:8.)

Observemos este mandamiento estrictamente, tanto en nuestro hogar como con nuestra familia, evitando toda labor innecesaria. El domingo no es un día que debamos dedicar para cazar o pescar, ni para nadar, ir de picnic, salir en bote o practicar cualquier tipo de deportes. Los comercios de los lugares donde hay más miembros de la Iglesia, no abrirían los domingos si los santos no compraran en ese día. Recordad que el Señor dijo:

«Y para que te conserves más limpio de las manchas del mundo, iras a la casa de oración y ofrecerás tus sacramentos en mi día santo;

Porque, en verdad, este es un día que se te ha señalado para descansar de todas tus obras y rendir tus devociones al Altísimo.» (D. y C. 59:9-10.) Seguir leyendo

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La verdadera iglesia de Jesucristo

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La verdadera Iglesia de Jesucristo
Por el presidente N. Eldon Tanner
de la Primera Presidencia

N. Eldon TannerEn 1896, casi dos años antes de nacer yo, un señor llamado Bryce Thomas y su esposa, de Londres, Inglaterra, visitaron Salt Lake City, donde él conoció la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días.

Después de su visita, de una minuciosa investigación de las prácticas y la doctrina de la Iglesia y de hacer una comparación entre las enseñanzas de la Iglesia primitiva, establecida por Jesucristo, y las de su propia iglesia en Inglaterra, el señor Thomas se bautizó como miembro de nuestra Iglesia.

Más tarde, in 1897, escribió en Londres un ensayo al que intituló: «Las razones de mi conversión a la Iglesia de Jesucristo de los Santos de tos Últimos Días». En el prefacio de la primera edición, declaraba:

«El objetivo que he tenido presente al escribir este ensayo acerca de las razones que tuve para dejar mi iglesia en Inglaterra y convertirme a la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, es el de cumplir hasta donde me sea posible, con los deseos de mis parientes y amigos, los cuales me han expresado el deseo de conocer algo acerca de las enseñanzas de los Santos de los Últimos Días, al igual que los motivos que me llevaron a rechazar la fe de mis padres.»

El ensayo concluye con el siguiente párrafo:

«Al publicar estas páginas quisiera pedir a nuestro Padre Celestial, en el nombre de su Hijo Jesucristo, que sus bendiciones descansen sobre lo que he escrito, para que esté de acuerdo con Su verdad, y con Su sagrada palabra y voluntad.» (Millenial Star Office, Liverpool, Inglaterra, 1897.)

En el prefacio de la segunda edición, publicada en los Estados Unidos el 9 de diciembre de 1902, dice: Seguir leyendo

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La iglesia de Jesucristo de Los santos de los últimos días

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La iglesia de Jesucristo de Los santos de los últimos días
por el presidente Marion G. Romney
de la Primera Presidencia

Marion G. RomneyMis queridos hermanos y amigos, éste es el desarrollo de una de las sesiones generales de la Conferencia General anual de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, comúnmente denominada «Iglesia Mormona».

Al apodo «mormón» se aplica a la Iglesia y a sus miembros, porque aceptamos como Escritura Sagrada un libro intitulado El Libro de Mormón.  Este libro es la traducción de un registro antiguo escrito en planchas de oro, las cuales fueron entregadas en septiembre de 1827 a un joven de 21 años llamado José Smith, por un ángel del Señor.

Cuando el ángel le avisó a José de la existencia de las planchas, le explicó, según el propio relato de José, «que era un mensajero enviado de la presencia de Dios, y que se llamaba Moroni; que… se hallaba depositado un libro, escrito sobre planchas de oro, que daba una relación de los antiguos habitantes de este continente, así como del origen de su procedencia.  También declaró que en él se encerraba la plenitud del evangelio…

Asimismo, que junto con las planchas estaban depositadas dos piedras en aros de plata, las cuales aseguradas a una pieza que se ceñía alrededor del pecho, formaban lo que se llamaba el Urim y Tumim; que la posesión y uso de estas piedras era lo que constituía a los ‘videntes’ de los días antiguos o anteriores, y que Dios las había preparado para la traducción del libro.» (José Smith 2:33-35.)

Por el poder de Dios, José tradujo el registro y lo publicó en 1830 en forma de libro, con el título de El Libro de Mormón.

El registro revela el hecho de que Mormón fue el padre de aquel ángel Moroni.  Era un militar muy capaz, historiador erudito, y un gran Profeta.  Vivió en América durante la última mitad del siglo cuatro después de Jesucristo.  El libro lleva su nombre porque él hizo una compilación y un compendio de los registros históricos que existían en su época.  Su compendio constituye la mayor parte de lo que tradujo José Smith de las planchas de oro que había recibido de Moroni, quien las había depositado aproximadamente en el año 421 D. C. en el cerro Cumorah, ubicado en el oeste del Estado de Nueva York. Seguir leyendo

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La dedicación personal

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La dedicación personal
por el élder James M. Paramore
del Primer Quórum de los Setenta

James M. Paramore¡Cuánto me alegro de ser miembro de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días!  A vosotros, miembros, os agradezco vuestra bondad hacia mí durante estos últimos dos años.  Ruego que esta mañana el Espíritu me acompañe.

Hace poco, asistí a una cena muy especial en honor a un amigo que se había consagrado totalmente a un conjunto especial de personas.  Pude ver como grupo tras grupo de personas le llevaban regalos, le abrazaban y le agradecían lo que había hecho por ellas. Viéndolo allí ante centenares de asistentes, pensé, «¿Cómo es posible que una persona tan joven haya logrado tanto en un corto plazo de tiempo?»

Después reflexioné en las mil y una demostraciones de bondad que él había brindado a esas personas, su modo de darles ánimo a pesar de obstáculos insuperables.  Había dado su casa, su tiempo, su dinero y sus habilidades, con una dedicación total para ayudarles.  Aquella fue como una reunión de testimonios; salí de allí agradeciéndole al Señor la vida de este hombre y la gran diferencia que puede causar la dedicación de un individuo.  Esa noche volví a descubrir que semejante dedicación no es más que ser un ejemplo como líder y hacer lo que todos podemos hacer, pero que rara vez hacemos.  Cuando uno se compromete como ese joven, es como si se abrieran las compuertas de una represa, permitiendo que toda la energía encerrada en ella se ponga al alcance de los demás.

Pensando en la total dedicación personal, recuerdo uno de los días solemnes de dedicación total en la vida de nuestro Salvador.  Hacía unos momentos, a un siervo del sumo sacerdote le habían cortado una oreja con la espada y Jesús se la había sanado, sólo con tocarla.  Después, lo llevaron a la casa del sumo sacerdote, donde se burlaron de él, lo ataron, le vendaron los ojos y le escupieron; al día siguiente, lo llevaron ante el concilio donde lo azotaron e insultaron.  Hubiera podido salvarse, pero permaneció majestuoso ante sus acusadores y declaró ser Hijo de Dios y Rey, afirmando su consagración total a su Padre y a toda la humanidad.  Esto al fin cambió el destino de cada ser viviente sobre la tierra. ¡Cuántas veces, por fatiga, hambre, dolor o desilusión podría El haber olvidado ese compromiso! Seguir leyendo

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Investios con la armadura de Dios

Conferencia General Abril 1979
Investíos con la armadura de Dios
por el presidente N. Eldon Tanner
de la Primera Presidencia

Desde este púlpito uno se siente enormemente inspirado al contemplar la congregación más maravillosa que puede reunirse sobre la tierra, y con un gran propósito.  Siempre me asombro al mirar a este auditorio, mientras pienso en todos vosotros, poseedores del Sacerdocio, reunidos en 1547 edificios en todo el mundo.

¡Qué gran ejército el Sacerdocio con el poder de Dios delegado a vosotros para actuar en su nombre!  Siento una enorme responsabilidad al meditar sobre el propósito de esta reunión.

Me parece apropiado recordar esta noche la letra del himno intitulado «Somos los Soldados», y puesto que su letra concuerda con el tema de mi mensaje, quisiera citar algunas (le las estrofas que se aplican a nosotros, como poseedores del Sacerdocio:

Somos los soldados
que combaten error. . .
Nos espera la corona del vencedor.
La recibiremos al ganar.
A la batalla id sin tardar,
Con la verdad podréis conquistar. . .
… Nuestro caudillo fuerza nos da,
El que demore perecerá,
Por Jesucristo se luchará
Por el reino
Lucharemos contra el mal
Somos luz del mundo,
De la tierra la sal,
La victoria del Señor será.
En los peligros no hay temor,
Pues nos protege el Salvador,
El nos ampara con gran amor…
(Himnos de Sión, No. 165.)

El tema de mi discurso es sacado de un pasaje de la Epístola de Pablo a los efesios:

«Vestíos de toda la armadura de Dios, para que podáis estar firmes contra las asechanzas del diablo.

Porque no tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes. Seguir leyendo

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