Algunos de mis amigos piensan que es aceptable tomar agua durante el Ayuno ¿Es esto correcto?

• El ayuno es un asunto completamente personal, efectuado generalmente con un propósito específico; por lo tanto, la motivación y naturaleza del ayuno son gobernadas por el propósito y las consideraciones especiales del individuo.

• La mayoría de nosotros, los miembros de la Iglesia, ayunamos en obediencia a la ley del ayuno, y en general existen tres propósitos para el mismo. El primero es aumentar la humildad y espiritualidad del individuo; el segundo, proporcionar ayuda a los necesitados mediante la contribución de una ofrenda equivalente al importe de dos comidas que no se han consumido; tercero, los beneficios físicos que se pueden obtener de esta práctica.

• En el Manual general de instrucciones

• La observancia apropiada del día de ayuno por lo general implica abstenerse de comer y beber durante dos comidas consecutivas durante un período de 24 horas, asistir a la reunión de ayuno y testimonios y dar una ofrenda de ayuno generosa para ayudar a cuidar a los necesitados

• Así pues, queda excluido el uso del agua en este tipo de ayuno.

• “Se informa que algunos. . . practican ayunos excesivos… No es conveniente que hagan tal cosa. Si hay algún asunto especial por el cual deben ayunar, si ayunan durante un día y entonces recurren al Señor humildemente y le piden sus bendiciones, con eso debería ser suficiente.”

• El presidente Joseph F. Smith también aconsejó: “Muchos padecen debilidades, hay otros cuya salud es delicada, otros tienen niños de pecho; y a éstos no se les requeriría ayunar” (Doctrina del evangelio, vol. 1, pág. 252).

• Se entiende que la donación generosa al obispo representa el equivalente monetario de por lo menos dos comidas. Esta donación liberal, reservada y dedicada a los pobres, ennoblece el alma y ayuda a desarrollar la caridad, uno de los atributos más finos del carácter humano. (Véase 1 Cor. 13.)

• Los beneficios personales que se derivan del ayuno son muy tangibles. Las Escrituras mencionan que cierto tipo de demonio solamente se echa con el ayuno y la oración. (Véase Mateo 17:21.) La disciplina mental del ayuno afirma la supremacía del espíritu sobre los apetitos del cuerpo, y este dominio nos fortalece al combatir otras tentaciones de naturaleza física que si no fueran controladas, serían destructivas para nuestro bienestar. Aunque algunas personas sufren de condiciones físicas que les impiden ayunar, la mayoría no queda excluida por esta razón. A mi criterio, cuando se completa con éxito el período de ayuno, se desarrolla cierta medida de autoconfianza. El ayuno es una evidencia para el que lo hace y para Dios del don de salud y fortaleza que nos permite efectuarlo. Seguramente éste es un gran privilegio y una gran bendición