Dios trabaja misteriosamente

Conferencia General Abril 1977

Dios trabaja misteriosamente

LeGrand Richardspor el élder LeGrand Richards
del Consejo de los Doce


Hermanos y hermanas, es maravilloso estar reunidos aquí con ustedes otra vez en una de estas grandes conferencias de nuestra Iglesia.  Guiados por el Coro del Tabernáculo, acabamos de cantar un himno que encuentra un eco en mi corazón: “Dios trabaja misteriosamente” (Himno 124).

Habiendo hecho tanta obra misional siempre he considerado las grandes maravillas que el Señor ha hecho en nuestros días en conexión con la restauración de su evangelio a la tierra en esta dispensación.  Este es un día de maravillas, un día en que ocurren tantas cosas en el mundo.  Si yo les preguntara qué consideran el hecho más maravilloso que ha ocurrido en el mundo durante los últimos 150 años, me imagino que la gran mayoría de la gente diría, el aterrizaje de los astronautas en la luna.  Eso fue acaso un milagro y sólo los que trabajan en ello pueden decir cómo fue posible.

Entonces pienso, cómo podemos sentarnos en nuestras casas y ver en el televisor, cómo esos hombres descienden de la cápsula para caminar en esa tierra, sin el poder de la gravedad que los vuelva a su lugar.  Luego pienso en el resultado. (Ahora tengo que admitir ante ustedes, que yo no sé lo suficiente acerca de la ciencia, para saber qué beneficios trajo este gran hecho, para mí o para mi familia.)

Luego pienso en otro suceso que aconteció dentro de los últimos 150 años, que, por mi manera de apreciar las cosas, excede en mucho al anterior en su majestad y magnitud en beneficio para la humanidad; para mí y mi familia, y para toda la gente del mundo que realmente ama al Señor y desea servirlo.  Esto sucedió cuando el joven José Smith fue a la arboleda a orar, después de haber leído las palabras del apóstol Santiago: “Si alguno de vosotros tiene falta de sabiduría, pídala a Dios, el cual da a todos abundantemente y sin reproche, y le será dada” (Santiago 1:5).  Entonces se dirigió a la arboleda a orar, creyendo en esa promesa, y un pilar de luz descendió del cielo, como ocurrió con Saulo de Tarso en el camino a Damasco, y en medio de ese pilar de luz estaba Dios el Padre y su Hijo Jesucristo.

Cuando aquel joven preguntó a cuál de todas las iglesias debía unirse, el Padre señalando al Hijo, dijo: “¡Este es mi Hijo Amado; Escúchalo!” (José Smith 2:17.) Se le respondió que no debería unirse a ninguna porque ellas enseñaban como doctrinas los preceptos de los hombres, posteriormente le fue manifestada la obra que estaba por realizarse.

Si esta historia es verdad, y yo sé que lo es, ¿hay algo parecido a esto en todo el mundo? Porque cuando los cielos se abrieron, aparecieron los personajes celestiales, el Padre y el Hijo los cuales crearon la tierra; se nos ha dicho en las Sagradas Escrituras, que Dios creó la tierra por el poder de su Hijo Unigénito (Moisés 1:33), ¿y qué cosa que haya ocurrido en estos últimos 150 años puede compararse con la visita del Padre y del Hijo a esta tierra?  Nosotros tenemos un solemne testimonio; todos los que estamos reunidos en esta conferencia y millones en toda la tierra, hemos puesto a prueba este mensaje, y sabemos que es verdadero.  Como dijo Jesús a Nicodemo: ‘…lo que sabemos hablamos, y lo que hemos visto testificamos; y no recibía nuestro testimonio” (Juan 3:11). Y así le estamos testificando a todo el mundo que este glorioso evento realmente aconteció.

Después de que Jesús pasó unos cuarenta días con sus discípulos y ascendió a los cielos en la presencia de 500 de los hermanos, mientras estaban ahí contemplando el cielo, dos hombres en vestiduras blancas se pararon a su lado y dijeron: “Varones galileos, ¿por qué estáis mirando al cielo?  Este mismo Jesús, que ha sido tomado de vosotros al cielo, así vendrá como le habéis visto ir al cielo” (Hechos 1:11). ¿Por qué entonces es tan difícil creer que Él podría aparecer, cuando dos ángeles se pararon ahí a decir que El vendría otra vez? Y nosotros estamos esperando su venida.  Cuando pienso en todas las cosas que los profetas han declarado que precederían a su Segunda Venida, entonces sé con certeza que Dios trabaja misteriosamente para hacer sus maravillas.

Me gusta la declaración en el tercer capítulo de Malaquías, donde el Señor manifestándose a través de este profeta, dice: “He aquí, yo envío mi mensajero, el cual preparará el camino delante de mí; y vendrá súbitamente a su templo el Señor a quien vosotros buscáis. . . ¿Y quién podrá soportar el tiempo de su venida? … Porque Él es como fuego purificador, y como jabón de lavadores” (Malaquías 3:1-2).  Ahora que, obviamente no hace referencia a su primera venida, porque El no vino repentinamente a su templo.  Todos los hombres pudieron soportar su venida; no vino limpiando y purificando como fuego purificador y como jabón de lavadoras, pero se nos ha dicho que cuando El venga en los últimos días, los malvados clamarán a las rocas: “Caed sobre nosotros, y escondednos del rostro de aquel que está sentado sobre el trono, y de la ira del Cordero” (Apocalipsis 6:16).  Y así, cuando Dios manda un mensajero para preparar la vía ante El, ese mensajero no puede ser otro que un profeta.

Ustedes recuerdan lo que dijo Jesús de Juan el Bautista, quien fue enviado a preparar la vía para su venida en el meridiano de los tiempos.  Él dijo que no había profeta más grande en Israel que Juan el Bautista.  Y así nosotros damos solemne testimonio al mundo de que este profeta que Dios levantó en esta dispensación, fue el profeta José Smith. Él fue el mensajero enviado para preparar el camino para esas cosas maravillosas que el Señor prometió enviar a este mundo para preparar el camino para su segunda venida.

Él fue el profeta de esta dispensación, a quien, de acuerdo con las Escrituras, el Señor hizo esperar más de 3,000 años después de que El declaró su venida, en espera de su día y su tiempo, como hicieron los profetas de la antigüedad, tales como Jeremías, al ser llamado como profeta. Él no podía entender esto y el Señor le dijo: “Antes que te formase en el vientre te conocí, y antes que nacieses te santifiqué, te di por profeta a las naciones” (Jeremías 1:5). El profeta de esta dispensación fue ordenado para ser profeta a las naciones, antes de que viniera al mundo, y tenemos la palabra del Señor de que él sería grande a sus ojos (2 Nefi 3:8).

Medito en la declaración de Pedro el día después de Pentecostés, cuando El habló a aquellos que crucificaron a Cristo y les dijo que era necesario que los cielos recibieran a Cristo, “hasta los tiempos de la restauración de todas las cosas, de que habló Dios por boca de sus santos profetas que han sido desde tiempo antiguo” (Hechos 3:21).

¿Es difícil creer en esta profecía de Pedro sobre que habrá una restauración de todas las cosas habladas por la boca de santos profetas desde el principio del mundo?  Ninguna otra iglesia en este mundo, hasta donde yo conozco, proclama esta restauración, y esto incluye la visita de muchos santos profetas de las dispensaciones pasadas.

Posteriormente a la venida del Padre y del Hijo al profeta José, pocos años después, Moroni, un profeta que vivió sobre esta tierra en América 400 años después de Cristo, volvió para hablar al profeta, acerca de los primeros habitantes de este planeta y del registro que ellos llevaban, el cual es El Libro de Mormón.

El hermano Marion G. Romney nos impartió ayer una inspiradora plática acerca de las enseñanzas de ese libro, el cual fue preservado para convencer a los judíos y a los gentiles de que Jesús es el Cristo, el verdadero Dios eterno, manifestándose a sí mismo a todas las naciones (Véase la página del título de El Libro de Mormón).  Fue preservado por la mano del Dios Todopoderoso; y fue escrito por mandamientos del Señor a Ezequiel el profeta, que debían llevarse dos registros, uno de Judá y sus compañeros y otro de José y sus compañeros, toda la Casa de Israel. El Señor prometió que tomaría el registro que estaba en las manos de Efraín y lo pondría con el registro de Judá y los haría uno solo en sus manos. (Eze. 37:16-17.) ¿No podemos creer que Dios hará lo que prometió hacer?  Si El Libro de Mormón no es ese registro, ¿entonces dónde está?

A fin de apreciar completamente lo que es El Libro de Mormón, necesitamos ir un poco más atrás, a las promesas hechas a los doce hijos de Jacob, y la promesa a José que, si ustedes la leen, excede en mucho a las de sus hermanos.  A él le fueron prometidas, a través de Jacob su padre, muchas bendiciones. “Las bendiciones de tu padre fueron mayores que las bendiciones de mis progenitores; hasta el término de los collados eternos. . . ” (Génesis 49:26).

Al describir la nueva tierra que sería dada a José, quien sería separado de sus hermanos, Moisés usó la palabra “preciosa” cinco veces en sólo cuatro versículos como puede leerse en la Biblia, al describir esta nueva tierra. (Deuteronomio 33:13-16.) Esa tierra no fue ninguna otra que ésta de América. El Señor la había preservado, esperando la restauración del evangelio en estos últimos días.

¿Qué sabe el mundo acerca de los registros de José? ¿Y por qué dudan de aceptarlos? Y con su aceptación, aun el pueblo judío no tiene ocasión de preguntarse quién es su Mesías, porque este registro definitivamente habla de las señales del nacimiento del Salvador del mundo, de su crucifixión y de su visita a esta tierra de América, cuando El visitó a su pueblo, tal como el hermano Romney nos expresaba ayer.

Se ha dicho que si ese libro hubiera sido hallado por un hombre que estuviera arando el campo, habría sido considerado como el más grande suceso del siglo diecinueve.  Nosotros tenemos testimonio de muchos que no son miembros de la Iglesia.  El libro contiene la promesa de que si vosotros lo leéis, el Señor os manifestará la verdad de él por el poder del Espíritu Santo (Moroni 10:4).

Hace algunos años, el hermano Nicholas G. Smith, desde este púlpito, nos habló de una experiencia que tuvo mientras presidía la Misión de California.  El decano de religión en la Universidad del Sur de California, le pidió una copia de El Libro de Mormón, y el hermano Smith le dio una que había sido marcada por los misioneros, con los pasajes importantes subrayados; entonces el decano invitó al hermano Smith y a los misioneros a asistir a su reunión.  Él tomó El Libro de Mormón y leyó a su congregación, uno tras otro, los pasajes señalados y dijo: “Tenemos aquí un volumen de Escrituras que ha estado entre nosotros por más de cien años, y no sabemos nada acerca de él.  “Luego dijo a sus congregaciones: “¿No son bellas estas enseñanzas? ¿Por qué no podemos ser amigos de un pueblo que cree en cosas tan bellas como las que les leímos a ustedes hoy?” Bien, este es otro testimonio de la divinidad de esta obra, pero el Señor la preservó para cumplir su promesa a José en esta tierra escogida sobre todas las demás.

No hay tiempo este día para hablar de otras cosas maravillosas que el Señor ha creado, de una manera misteriosa para el mundo. Tomemos por ejemplo este Templo que se levanta aquí en esta Manzana.  A Isaías y Miqueas les fue permitido ver a través del tiempo (3,000 años), los últimos días, y ellos se refirieron a los últimos días como el tiempo en que la montaña de la Casa del Señor será establecida en la cima de las montañas y todas las naciones correrán hacia ella, y dirán: “Venid, y subamos al monte de Jehová, a la casa del Dios de Jacob; y nos enseñará sus caminos, y caminaremos por sus sendas “(Isaías 2:2-3).

Hasta donde yo sé, no existe un edificio en la historia del mundo que haya reunido a gente de todo el mundo como este Templo, y muchos de ustedes que están aquí hoy, son sin duda, descendientes de aquellos que han sido reunidos en esta tierra.

Cuando yo estaba efectuando la obra misional en Holanda, tuve un investigador muy interesado, un hombre de negocios. Él dijo; “Yo nunca me uniré a su Iglesia.” Pregunté: “¿Por qué?” Contestó: “Porque no quiero ir a América. “Yo le dije entonces: “Bien por usted; puede quedarse aquí y ayudar a reforzar estas ramas.” Sólo unos meses después de convertirse en miembro de la Iglesia vino corriendo a mi oficina un día y dijo: “Hermano Richards, tengo la oportunidad de vender mi negocio”, Yo le pregunté: “¿Y para qué quiere usted vender su negocio?  Y él contestó: “Oh, yo quiero ir a Sión.” Ojalá puedan ver los relatos que tenemos aquí en los libros de la misión, cuando fui secretario de la misma respecto del buen pueblo holandés ahorrando dinero para venir aquí, antes de que tuviéramos templos en Europa.

Yo escuché al presidente José Smith decir en Rotterdam en 1906 que el día vendría en que los templos del Señor estarían en toda Europa, y he vivido lo suficiente para ver construidos dos de ellos.

Bien, esta es otra de esas maravillas que son un misterio para el mundo y que el Señor nos ha dado.  Si podemos tomarnos un descanso para estudiar las profecías del recogimiento, sabremos que el Señor mantuvo esta tierra lejos de los ojos del mundo, para hacer de ella el lugar de recogimiento de su pueblo.

Hermanos y hermanas: Tenemos mucho por qué estar agradecidos. Ayer el hermano Burton nos habló acerca de la venida de Elías el profeta. Pensad solamente en esta promesa de Malaquías, que antes del grande y terrible día del Señor, él dijo que enviaría a Elías el profeta: “el hará volver el corazón de los padres hacia los hijos, y el corazón de los hijos hacia los padres, no sea que yo venga y hiera la tierra con maldición” (Malaquías 4:5-6). ¿Cómo puede cualquiera creer en las Sagradas Escrituras y no orar por el día en que Elías venga? Y nosotros damos solemne testimonio al mundo de que Elías ya vino.

Cuando estaba yo en Israel hace un año, en julio, y fuimos a tres sinagogas en una gira, y en una de ellas colgaba de la pared, un sillón de brazos.  Yo pregunté al rabino para qué estaba eso ahí y él dijo: “Para que podamos bajarlo de ahí y Elías tenga dónde sentarse cuando venga”.  Y, por supuesto, yo no pude decirle que Elías ya había venido, y que su venida nos había dado la seguridad ya mencionada en otra conferencia, de la duración eterna del convenio del matrimonio.  Y no sólo esto, sino que Dios ha preparado mil años bajo la dirección de Jesús hasta que se doble toda rodilla y toda lengua confiese que, Jesús es el Cristo, lo cual significa que este mensaje también llegará hasta los mundos eternos (Mosíah 27:31).

Doy a vosotros mi solemne testimonio de que esta es la obra de Dios, y lo sé en cada fibra de mi ser, y sé que esto es lo que Isaías vio cuando dijo: “Por tanto, he aquí que nuevamente excitaré yo la admiración de este pueblo con un prodigio grande y espantoso; porque perecerá la sabiduría de sus sabios y se desvanecerá la inteligencia de sus entendidos” (Isaías 29:13-14).

Este es el mensaje que tenemos para todo el mundo, y doy a vosotros mi testimonio de que no hay en el mundo un hombre, ni una mujer honrada, que realmente amen al Señor, que no se unirán a esta Iglesia, si se toman un tiempo para saber cómo es en realidad.  Yo doy a vosotros este testimonio y pido a Dios que os bendiga a todos, en el nombre del Señor Jesucristo.  Amén.

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