La obediencia

Conferencia General Octubre 1973

La obediencia

N. Eldon TannerPor el Presidente N. Eldon Tanner
Primer Consejero en la Primera Presidencia

Siempre me siento animado, inspirado y muy humilde cuando me paro ante los miembros del sacerdocio, pues sé que cada uno ha sido elegido, ordenado y apartado y autorizado para actuar en el nombre del Señor, para ser una luz y vivir de tal forma que puedan usar su influencia para torcer las vías de Satanás. Veo que hay muchos jóvenes en nuestra reunión del sacerdocio esta noche.

Uno de mis nietos dijo esta semana, cuando aprendió lo que necesitaba hacer para ganar ciertas cosas: “Bueno me falta mucho para eso.”

Yo pienso cuando estamos hablando acerca de nuestros deberes en el sacerdocio, especialmente con nuestro pueblo más joven, y me apena decirlo, con muchos hombres mayores también, que ellos creen que nunca van a morir; piensan “falta mucho para eso”. Tal parece que creen que pueden vivir como ellos quieren ahora y mañana podrán vivir de la manera que el Señor desea.

Quisiera que esos jóvenes presten mucha atención a lo que tengo que decir, porque es de su interés. Poseéis el sacerdocio, habéis sido escogidos para dar un paso adelante en estos postreros días, para poseer el sacerdocio de Dios en la única Iglesia en el mundo que tiene el sacerdocio de Dios, se os ha dado la oportunidad de actuar en su nombre; habéis hecho convenios con el Señor de magnificar vuestro sacerdocio y ayudar a edificar el reino de Dios aquí sobre la tierra; se os ha dado esta promesa:

“Porque los que son fieles hasta obtener estos dos sacerdocios de los que he hablado, y magnifican sus llamamientos, son santificados por el Espíritu para la renovación de sus cuerpos.

“Llegan a ser los hijos de Moisés y de Aarón y la simiente de Abraham, la iglesia y el reino, y los elegidos de Dios. ..por tanto, todo lo que mi Padre tiene le será dado” (D. y C. 84:3334,38).

Ahora, noten el mandamiento que el Señor da a todos los poseedores del sacerdocio:

“Y ahora os doy el mandamiento de estar apercibidos en cuanto a vosotros mismos, y de atender diligentemente las palabras de vida eterna.

“Porque viviréis con cada palabra que sale de la boca de Dios” (D. y C. 84:43-44).

Nunca antes había sido tan necesaria como ahora su fuerza e influencia para combatir los males del mundo que son como fueron predichos y registrados en segundo Nefi. Hablando de estos días y refiriéndose al diablo, Nefi dice:

“Porque he aquí, en aquel día él enfurecerá los corazones de los hijos de los hombres, y los agitará a la ira contra lo que es bueno.

“Y a otros pacificará y los adormecerá con seguridad carnal, de modo que dirán: Todo va bien en Sión; sí, Sión prospera, todo va bien. Y así el diablo engaña sus almas, y los conduce astutamente al infierno” (2 Nefi 28:20-21).

Hermanos, parece que pensamos que queda mucho tiempo por delante, pero, cuando muramos, no seremos bien recibidos a menos que estemos preparados para hacer todo lo que el Señor nos pidió que hiciéramos.

Para cumplir lo que hemos sido llamados y apartados para hacer, debemos honrar nuestro sacerdocio, magnificar nuestro llamamiento y, como el presidente Lee nos ha dicho, amar a Dios y guardar sus mandamientos. Guardar los mandamientos requiere una autodisciplina y obediencia a La ley; la obediencia es la primera ley del cielo, y es de la obediencia a las leyes de Dios de lo que yo deseo hablar particularmente, porque esas leyes afectan no sólo nuestra felicidad y bienestar sobre la tierra, sino que son esenciales para nuestra vida eterna.

Primero, quisiera recalcar que uno de los más grandes dones que Dios ha dado al hombre es su libre albedrío. Podéis elegir vuestra vida y lo que queréis ser, pero el Señor ha dicho: “Si me amáis, guardad mis mandamientos” (Juan 14:75). Ya sea que seáis jóvenes o viejos.

Quisiera leer un pequeño poema que muchos de ustedes habrán escuchado muchas veces:

“El hombre tiene libertad De escoger lo que será; Mas Dios la ley eterna da. Que él a nadie forzará.

El con cariño llamará
Y luz en abundancia da;
Diversos dones mostrará
Mas fuerza nunca usará.
No abusemos del poder

Que Dios nos da a escoger;
Contento Dios ha de estar
Si procuramos mejorar.
Es mi derecho a creer,
Es libre Dios a recibir;
Y al rebelde él dirá,
Que fuerza nunca usará.
—Himnos de Sión, No. 92

Nosotros tenemos las leyes, podemos elegir cómo las aplicamos, sin embargo, debemos estar preparados para afrontar las consecuencias de nuestra elección. Todas las leyes de Dios son para nuestro bienestar y beneficio. Por medio de la obediencia seremos bendecidos; mas si somos desobedientes sufriremos, aunque algunas veces las consecuencias vienen mucho después.

La autodisciplina es la base de nuestro éxito. Al hombre se le ha dado una mente para pensar, meditar, entender y decidir lo que quiere hacer y si vale la pena la disciplina y el sacrificio en la Iglesia. Y si puede o no soportar el ridículo y las presiones de aquellos con quienes se asocia. Habéis sido llamados; se os ha dado el sacerdocio; se os ha dado el evangelio. Vosotros sois un ejemplo para el mundo; sed buenos ejemplos.

La medida de nuestro éxito depende de nuestra decisión, determinación, disciplina y disposición, pero recordemos siempre que el Señor ha dicho: ” . . .cuando recibimos una bendición de Dios, es porque se obedece aquella ley sobre la cual se basa” (D. y C. 130:21). El también dijo:

“Yo, el Señor, estoy obligado cuando hacéis lo que os digo; mas cuando no hacéis lo que os digo, ninguna promesa tenéis” (D. y C. 82:10).

Las leyes de la naturaleza son inflexibles, rígidas y rectas. Si por ignorancia o deliberadamente, tocáis una estufa caliente, os quemaréis, o si tocáis un alambre cargado con alto voltaje, sufriréis las consecuencias. Si decís: Voy a desafiar las leyes de gravedad y saltáis desde un alto edificio o un precipicio, a lo mejor diréis cuando vayáis a medio camino: “todo va bien.”

Cuando pensáis en el sol, la luna, las estrellas y los eclipses de sol y luna, que aunque pase mucho tiempo entre uno y otro, los científicos pueden decirnos el minuto exacto en que el sol será eclipsado y en qué lugar del mundo se podrá ver mejor. Qué cosa tan terrible sería si no pudiéramos depender de que el sol saliera por la mañana; qué incomodidades tendríamos si saliera unas horas más tarde. Podríamos congelarnos y habría muy poca vida si es que aún quedara alguna, sólo porque el sol dijera: “Bien, hoy no quiero salir”.

Aquellos que estuvieron en el Skylab y el programa Apolo, nunca pensaron en leyes restrictivas para lo que estaban haciendo, sino que estaban usando las leyes naturales como un medio por el cual podrían determinar cómo pueden hacer lo que desean. Ellos y todos los que estuvieron asociados con ellos, emplearon años esforzándose, tratando de vivir y, hacer aquellas cosas que las leyes de la naturaleza ordena.

En una cosa muy interesante cuando uno está entrenando animales; esperamos que esos animales hagan exactamente lo que se les ordena y empleamos horas, días, semanas, e incluso meses entrenando a un perro cazador, a un perro pastor o un caballo; y lo mismo se hace en el circo con los animales. Esos hombres que son acróbatas en el circo, emplean meses y años en prepararse para hacer todas esas cosas que son necesarias, usando y obedeciendo todas las leyes para lograr lo que desean hacer.

Esto es verdad con cualquier cosa en la vida; pero estamos dispuestos a emplear el tiempo y dar recompensas a nuestros animales cuando hacen lo correcto y los castigamos si no lo hacen bien. Y si ellos no hacen lo que les decimos y no podemos entrenarlos, disponemos de ellos. Cuanto más importante sería que tomáramos tiempo para capacitar a nuestros hijos para que hagan lo que es correcto, y nosotros como hijos de Dios hiciéramos también lo que es justo y, para estar seguros que estamos donde debemos estar a la hora debida, haciendo las cosas que debemos, guardando los mandamientos de Dios y siendo obedientes en todo. Al hacer esto, ganaremos la vida eterna. ¡Cuánta verdad encierra todo esto!

Poseedores del sacerdocio: Qué afortunados y bendecidos somos al tener las Escrituras, la palabra de Dios para guiarnos y un profeta de Dios para dirigirnos. Tenemos nuestros quórumes y sus dirigentes para instruirnos y enseñarnos principios correctos y animarnos.

Qué importante es que escuchemos la voz del Profeta y gobernarnos nosotros mismos y obedecer las enseñanzas de nuestro Señor y Salvador Jesucristo, quien dio su vida por nosotros y nos dio el evangelio como nuestra guía. Debemos siempre recordar lo que José Smith, el Profeta, dijo:

“Cualquier cosa que Dios requiera es recta, no importa lo que sea, aunque no podamos ver la razón de ello hasta que todas las cosas sucedan.”

Muchas veces, a través de las edades, el hombre no ha sabido, ni ha comprendido por qué fueron dadas ciertas leyes, pero, por medio de la fe en Dios, y si ha sido sabio, ha aceptado y guardado el mandamiento.

Cuando se le fue preguntado a Adán por qué ofrecía sacrificios, dijo: “No sé, sino que el Señor me lo mandó” (Moisés 5:6). Esto fue suficiente para Adán, y él guardó los mandamientos. Imaginaos que estáis en el lugar de Noé, cuando el Señor le ordenó ir y construir un arca. No había lluvia, ni nada por qué preocuparse, pero le fue dicho que tuera y construyera un arca y él se dispuso a hacerlo y siguió todas las instrucciones. Pero hubo mucha gente que no lo siguió; no creyeron, pensaron que había mucho tiempo por delante y que nada sucedería, y ya conocéis el resultado.

A Lehi le fue mandado salir de Jerusalén, y sabéis las objeciones que puso su familia; algunos dudaban de su sano juicio, pero él siguió y aceptó las palabras del Señor y fue obediente a ellas, y el Señor dirigió a Nefi para construir un barco para que los llevara a través de las aguas.

Me pregunto si alguien aquí puede decirnos por qué el Señor ha dicho que debemos ser bautizados por inmersión, considerando que somos obedientes a ese mandamiento. ¿Por qué la imposición de manos? ¿Por qué no podemos decir simplemente: “Sí, quiero ser un miembro de esta Iglesia”, y que eso sea suficiente?

Cuando fue dada la Palabra de Sabiduría, muchos la pusieron en duda y muchos no la aceptaron como la palabra de Dios. Algunos dijeron que no era un mandamiento, pero cuando el Señor dice que desea que lo hagamos, para mí eso es suficiente. Tengo aquí un artículo respecto al uso de la nicotina, el cual se publicó hace poco, 140 años después de que fue dada la Palabra de Sabiduría. Al principio del artículo aparece esta declaración:

“Ataca los pulmones, el corazón y el cerebro; ha causado la muerte de más personas que las grandes epidemias de tifoidea, tuberculosis y fiebre amarilla.”

Al final del artículo, dice que “todas” las epidemias de tifoidea en toda la Europa Occidental, desde el principio del siglo XVI causaron menos fallecimientos que el número total causado por cigarrillos en tan sólo un año en los Estados Unidos.

¿Sabía el Señor que estaba hablando? ¿Debía el pueblo escuchar estos mandamientos, diéranse o no cuenta por qué razón se le daban? Hermanos: Nosotros como poseedores del sacerdocio, miembros de la Iglesia y del reino aquí sobre la tierra, y yo testifico que esta es su Iglesia y que El la dirige por medio de un profeta, debemos guardar sus mandamientos.

El mismo artículo habla de un prominente abogado, en una gran ciudad del sur, que murió por un problema cardiaco, causado por fumar cigarrillos. Habla del suicidio del decano de un colegio que se había volado la tapa de los sesos, cuando la agonía del enfisema de los fumadores había llegado a ser intolerable.

El artículo sigue diciendo que el uso de la nicotina y el tabaco muchas veces lleva al uso de heroína, otras drogas y alcohol. A la luz de todos estos hechos y esta información, miles y miles de gentes continúan usando cigarrillos. Este es otro ejemplo de cuán importante es escuchar al profeta de Dios y guardar los mandamientos dados por medio de El. El Señor ha dicho de su profeta:

“Por tanto, vosotros, la Iglesia, andando delante de mí en toda santidad, daréis oído a todas sus palabras y mandamientos que os dará según los reciba;

“Porque recibiréis su palabra con toda fe y paciencia como si viniera de mi propia boca.

“Porque si hacéis estas cosas, no prevalecerán contra vosotros las puertas del infierno; sí, y el Señor Dios dispersará los poderes de las tinieblas de ante vosotros y hará sacudir los cielos para vuestro beneficio y para la gloria de su nombre” (D. y C. 21 :4-6).

¿Es suficiente esta promesa, hermanos?

Con respecto al día de reposo, seguramente los miembros de la Iglesia y los poseedores del sacerdocio escucharán que el Señor dice cuando nos manda guardar el día de reposo:

“Y para que te conserves más limpio de las manchas del mundo, irás a la casa de oración y ofrecerás tus sacramentos en mi día santo.

“Porque, en verdad, éste es un día que se te ha señalado para descansar de todas tus obras y rendir tus devociones al Altísimo” (D. y C. 59:9-10).

Seguramente que nosotros podemos dar un día de cada siete para servir al Señor que vino y dio su vida por nosotros. Seguramente, podemos seguir las enseñanzas del Señor, donde El dice que debemos hacer estas cosas, adorándolo, expresándole nuestra gratitud y dándole gracias por su sacrificio. Tal parece que este mandamiento está siendo ignorado o quebrantado con mucha frecuencia por los hombres que poseen el sacerdocio.

Hermanos, en muchas, muchas áreas, es tiempo de que consideremos nuestras actitudes hacía el evangelio y hagamos lo que el Señor quiere.

Un hombre me decía el otro día: Esta Iglesia demanda demasiado de nosotros.

“Hermano, esta Iglesia no demanda nada de usted, solamente le ofrece una mejor manera de vivir, le conteste. —Pero es demasiado difícil.— Veamos si lo es, vamos y consigamos un puro para que le dé una buena fumada; vamos a asaltar un banco y veamos qué sucede; vamos a unirnos a algún grupo esta noche, pero como ellos acostumbran, saldremos y nos emborracharemos. -Presidente Tanner, no sea usted ridículo.

—Está bien, yo no seré ridículo si usted tampoco lo es; y continué— nómbreme un mandamiento que usted considere que no debe guardar o que pueda aconsejar a su hijo que no lo guarde.” Y este hombre no pudo contestar.

Acerca de nuestros diezmos, sin duda, hermanos, debemos estar preparados para pagar una décima parte de lo que el Señor nos ha dado, especialmente cuando nos damos cuenta que eso nos puede ser quitado en una noche por un incendio, un huracán o cualquier otra cosa imprevista.

Cuando presidía sobre la rama de Edmonton, un hombre vino a mí diciendo: -Yo no puedo pagar un diezmo completo este año. Tuve que hacer una construcción, remodelado, y otras cosas más. Yo le dije que el Señor había dicho que derramaría bendiciones que difícilmente podríamos contener. El dijo: —Aun así, no puedo hacerlo. Justo después de principios del año, ese hombre estuvo varios días en el hospital con gastos muy altos de médico y hospital y pagó la cuenta. No estoy sugiriendo que esto le sucedió por no haber pagado su diezmo completo, estoy sugiriendo que es evidente que él pudo haber pagado un diezmo completo.

Cómo os gustaría que el Señor calculara vuestras bendiciones, ¿De la misma manera que vosotros calculáis los diezmos? Si estuvierais en una gran dificultad; si estuvierais enfermos física o mentalmente, o vuestra familia estuviera sufriendo o causándoos mucha preocupación, quisierais que en ese momento el Señor dijese:

“Bien, ahora, ¿cuánto podré ahorrarme? ¿Qué tan exacta puedo calcular esta bendición?

Hermanos, seamos obedientes a los mandamientos de Dios; probemos nuestra fidelidad y seamos un ejemplo para el mundo. Apreciad el sacerdocio que tenemos y el llamamiento que es nuestro. Se nos ha dado el gran privilegio de poseer el sacerdocio y la responsabilidad de llevar el evangelio al mundo. Podemos hacerlo tanto por precepto como por ejemplo, que es mucho más eficaz. Sólo viviendo y guardando los mandamientos de Dios y siendo obedientes en todas las cosas podremos gozar completamente de la vida aquí, y de la vida eterna en el mundo por venir y seremos capaces de influir para el bienestar del mundo y ayudaremos a edificar el reino de Dios aquí sobre la tierra.

Que podamos hacerlo, como miembros de la Iglesia de Jesucristo que somos y seguir al profeta de Dios que ha sido elegido y por medio de quien Dios nos habla, lo ruego humildemente en el nombre de Jesucristo. Amén.

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