¿Cómo predicarán?

C. G. Octubre 1976logo pdf
¿Cómo predicarán?
por el élder A. Theodore Tuttle
del Primer Consejo de los Setenta

A. Theodore TuttleEn los países de América Latina hay cientos de jóvenes luchando por cumplir con la petición del presidente Kimball de servir como misioneros regulares. La falta de fondos, los recursos limitados, la vida sumamente dura y la inflación devastadora, hacen de esa meta algo sumamente difícil de alcanzar. Existen fuentes de trabajo pero los salarios son bajos. Si el joven no cuenta con el apoyo financiero de su familia, se requerirán muchos años antes de que pueda financiar su misión.

Hay también otras dificultades: algunos jóvenes ayudan al mantenimiento de su casa, y perder a aquel que aporta el sostén para que vaya a una misión, constituye un tremendo sacrificio que perjudica a toda la familia. Otras veces el joven es el único miembro de la Iglesia en su casa y carece de apoyo en el hogar.

Contamos con cientos de jóvenes que mediante grandes sacrificios, pueden juntar sólo parte del dinero necesario para financiar su misión. Aun así, se presentan ante sus líderes con propósito e intención sinceros. Están listos para servir y cuentan con gran espiritualidad. y testimonio; dominan su lengua natal, bendición enorme que muchos quizás no puedan apreciar; listos en todo lo que se requiere, excepto en el aspecto financiero.

En la Iglesia no mandamos cuentas, ni pedimos dinero desde el púlpito, por lo que no lo haré yo tampoco; pero hay veces en que es apropiado dar a conocer una necesidad especial. Por lo tanto, os diré que la Primera Presidencia ha establecido un Fondo Misional de la Iglesia. En la actualidad estamos drenando severamente este fondo y pienso que muchas personas podrían contribuir con algo si tan sólo supieran cuánto se necesitan esas contribuciones. Aunque he evitado cuidadosamente pedir dinero, ¡nada os impide a los que tenéis, mandar contribuciones al Fondo Misional!

Existen muchos jóvenes misioneros cuya fe es una lección para todos nosotros en cuanto al principio de obediencia y sacrificio. ¿No hay acaso también, entre los que estáis escuchando, miles de personas que están en condiciones de costear estos dos preciosos años en la vida de un joven?

Os llamo la atención sobre este asunto por dos razones: la primera es que el tiempo es esencial y debemos atender aquellas cosas de real importancia. El mundo debe recibir el evangelio. Pablo pregunta: «¿Cómo creerán en aquel de quien no han oído? ¿Y cómo oirán sin haber quien les predique? ¿Y cómo predicarán si no fueren enviados?» (Rom. 10:14-15). Y yo os pregunto: ¿cómo se les enviará sin los medios suficientes? La segunda razón es que el Señor nos aconseja en forma específica en cuanto al sabio uso de la propiedad: «Buscad primeramente el reino de Dios y su justicia y todas estas cosas os serán añadidas» (Mat. 6:33).

Jacob aconseja:

«Considerad a vuestros hermanos como a vosotros mismos y sed . . . liberales con vuestros bienes para que ellos puedan ser ricos como vosotros.

Pero antes de buscar las riquezas buscad el Reino de Dios.

Y después de haber logrado una esperanza en Cristo obtendréis riquezas. . para vestir al desnudo, alimentar al hambriento, libertar al cautivo y administrar consuelo al enfermo y al afligido.» (Jac. 2: 17-19.)

Mis hermanos, hasta ahora hemos sido irresponsables en cuanto a este asunto.  Hay mucho para hacer y necesitamos ayuda.  La palabra que define el trabajo es URGENTE y el momento para hacerlo es AHORA.  Muchos de vosotros tenéis el poder de abrir las puertas de la oportunidad para servir a otros.  Que podáis usar sabiamente la propiedad con la que el Señor os ha bendecido, para contribuir a su obra y salvar almas.  Sé que El cumplirá sus promesas si vosotros cumplís la vuestra de servirle.  Os testifico que Dios vive, que Jesús es el Cristo, que ésta es su Iglesia y ésta es su tierra y todas las cosas que en ella hay, son suyas; nosotros somos sólo mayordomos de sus posesiones.  Que podamos deleitarnos en compartirlas y recordar la promesa de que el que hace «obras justas recibirá su galardón, aun la paz en este mundo y la vida eterna en el mundo venidero» (D. y C. 59:23).  En el nombre de Jesucristo.  Amén.

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