El Profeta viviente

C. G. Abril 1976logo pdf
El Profeta viviente
por el élder Loren C. Dunn
del Primer Consejo de los Setenta

Loren C. DunnPara satisfacer mi curiosidad, busqué en los registros de la Iglesia para saber lo que aconteció durante la Conferencia General de 1876 y si se mencionó algo con respecto al centenario de esta nación.

A medida que leía los registros me enteré de lo que tal vez fuera el acontecimiento más espectacular que, sin haberse programado, sucedió durante ese año.

Parece que el 5 de abril de 1876, sólo un día antes de que se iniciase la Conferencia General, explotaron cuatro depósitos de pólvora de un arsenal situado en la colina que está a menos de dos kilómetros de la Manzana del Templo, y la explosión, de más o menos unas cuarenta toneladas de pólvora, esparció pedazos de piedra y hormigón armado por toda la ciudad y se oyó en varios kilómetros a la redonda. Hubo quienes pensaron que el día del juicio había llegado, y sospecho que este acontecimiento debe haber tenido alguna influencia en el número de personas que asistieron a la sesión de apertura de la Conferencia al siguiente día. Algunas de las enseñanzas que se impartieron ese día y me llamaron la atención, fueron las palabras de Wilford Woodruff:

«Quizás haya quien pregunte cuáles son los mandamientos del Señor. Muchos de ellos se encuentran en nuestros registros, la Biblia, el Libro de Mormón y Doctrinas y Convenios; y además, tenemos oráculos vivientes y los hemos tenido desde el principio. El Señor nunca dejará su reino sin un legislador, un líder, un presidente. . . para dirigir los asuntos de su Iglesia en la tierra; porque ésta es la dispensación del cumplimiento de los tiempos en los cuales Dios ha establecido su reino que será un reino sempiterno y cuyo dominio no tendrá fin.» (Journal of Discourses, 18:189.)

Esto me hizo reflexionar en la importancia absoluta de los oráculos vivientes, a quienes llamamos profetas, y también en las palabras del élder Orson F. Whitney, del Consejo de los Doce, cuando dijo:

«Los Santos de los Últimos Días no gobiernan sus acciones porque éstas están impresas en un libro, ni por lo que Dios mandó a los judíos que lo hicieran, ni por las instrucciones que Cristo les dio a los nefitas. Todo lo que se lleva a cabo en esta Iglesia es porque Dios, hablando desde los cielos en nuestros días, ha mandado que así se haga. Ningún libro preside la Iglesia ni forma su base. No se pueden reunir libros suficientes que tomen el lugar del Sacerdocio de Dios, inspirado por el poder del Espíritu Santo.» (Conference Report, oct. de 1916.)

Al pronunciar estas palabras, el élder Whitney no estaba tratando de robar majestad a las Escrituras, sino solamente de colocar las cosas en su debido lugar. El también declaró: «Nadie debe hacer uso del contenido de los libros para contender contra el portavoz de Dios, aquel que habla por El e interpreta sus palabras. Hacerlo, sería aceptar la letra inanimada en lugar de la palabra del oráculo viviente, y ésta es una posición errónea.»

¿Qué es lo que el portavoz del Señor nos dice hoy en día? El tema general es que debemos alargar el paso en diferentes áreas. Hace algunas semanas tuve la oportunidad de acompañar al presidente Kimball y a otras Autoridades de la Iglesia a las conferencias de área en el Pacífico del Sur. Permitidme compartir con vosotros algunas cosas que escribí de lo que dijo el presidente Kimball con respecto a la obra misional, durante esas reuniones:

En Apia, Samoa, prometió a los santos que si efectuaban su noche de hogar, trataban de aumentar los bautismos y las ordenaciones al sacerdocio, y se cumplía con misiones y casamientos en el templo, el Señor ciertamente bendeciría al pueblo y muy pocos se perderían.

En Hamilton, Nueva Zelanda, declaró que debemos iniciar un nuevo esfuerzo para llegar a todos los hijos de los hombres en el mundo. Debemos predicar a nuestros conocidos y no regresar a la presencia del Creador sin haberles advertido.

En Tonga, el presidente Kimball pidió que oremos al Señor para que las puertas de las naciones de todo el mundo se abran a la prédica del evangelio en todo lugar, y dijo que cree que si nosotros como Iglesia, suplicamos al Señor día y noche, el corazón de los hombres cambiará, las puertas de las naciones se abrirán y el Señor intervendrá y preparará el camino para que se enseñe el evangelio a todo pueblo.

En Sydney, Australia, habló de su operación quirúrgica a la garganta y cómo salvó sólo una cuerda vocal, que le permite enseñar el evangelio a todo el mundo. Dijo que desea continuar y trabajar arduamente en la predicación, pero que no quiere hacerlo solo, e invitó a los miembros de la Iglesia para que se unan a él para predicar el evangelio como el Señor nos lo ha mandado. Hablando de la obra misional, comentó que hay muchos jóvenes que hace un tiempo pensaban que no podrían salir a una misión, o que no debían hacerlo, que están dándose cuenta de que si planean y se preparan, podrán ir. «Y», añadió, «ciertamente deben ir».

En Brisbane, Australia, el presidente Kimball dijo que como Iglesia debemos seguir adelante, mes tras mes, hasta que hayamos llevado el evangelio a todo habitante de la tierra.

En la Conferencia de Area en Tahití, nos instó a efectuar la obra misional y enviar a nuestros hijos a cumplir misiones, agregando que debemos tomar seriamente esta obra.

Creo que todos reconocemos estos mensajes acerca de la obra misional, porque los ha repetido muchas veces desde este púlpito. Lo único que nos resta es seguir al Profeta.

La visita del presidente Kimball a Australia fue la segunda visita oficial de un Presidente de la Iglesia a ese lugar. La primera, la hizo el presidente David 0. McKay en 1955. Encontrándose él en Brisbane el presidente de la misión lo llevó un día a ver la ciudad; en el transcurso del paseo, se acercaron a las riberas del río Brisbane para contemplar una nueva parte de la ciudad. Entonces, el presidente McKay le preguntó al presidente de la misión: «¿Hay misioneros en este lugar?». «No», fue la respuesta que recibió. «Envíe misioneros inmediatamente. La gente de esta zona está lista para recibir el evangelio», dijo el Profeta. En seguida, la misión asignó misioneros a ese lugar y tuvieron un éxito extraordinario. Actualmente, ese vecindario forma parte del Barrio 4 de la Estaca de Brisbane.

Estas son las bendiciones que se reciben cuando las personas no solamente escuchan al oráculo viviente, sino también hacen lo que él les dice. Las bendiciones se reciben cuando uno obra de acuerdo a la palabra, y no cuando sólo la escucha.

El presidente Kimball ha pedido que cada joven que sea digno y esté capacitado vaya y cumpla una misión, y por este motivo hoy día tenemos más misioneros que en ninguna otra época en la historia de esta dispensación; pero necesitamos aún muchos más.

Desde que el Profeta pidió a cada familia en la Iglesia que ore fervientemente para atraer a una familia que no sea miembro y de esta forma ayudar en los esfuerzos misionales, ha habido un gran aumento en el número de conversos. Pero necesitamos aún muchos más.

Gracias a Dios por las escrituras que nos ayudan a progresar en el evangelio de Jesucristo, a comprender la naturaleza del Señor y a conocer su voluntad. Pero más que todo, gracias a Dios por darnos su portavoz, su administrador legal, a fin de que podamos saber lo que el Señor quiere de nosotros hoy en día. Bajo su dirección, tenemos el derecho legal de actuar en su Santo Nombre, y el evangelio de Jesucristo es una influencia vivaz y dinámica basada en la revelación moderna.

¡Oh, ciertamente «te damos, Señor, nuestras gracias» por el Profeta que nos guía en estos últimos días!

Deseo dejaros mi testimonio de que ese Profeta es Spencer W. Kimball, de que sé que Dios, nuestro Padre, vive y que Jesucristo es su Hijo. Y lo hago en el nombre de Jesucristo. Amén.

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