La comunicación familiar

Conferencia General Abril 1976

La comunicación familiar

Marvin J. Ashton1

por el élder Marvin J. Ashton
del Consejo de los Doce


Hace algunas semanas un padre algo decepcionado me preguntó “¿Por qué puedo comunicarme sin problemas con todos menos con mi propio hijo?” Le respondí, diciendo “¿Qué quiere decir con eso de que no puede comunicarse con su hijo?” “Es que en cualquier momento que trate de decirle algo, él simplemente se cierra y no me oye”, me replicó.

Durante nuestra discusión ese día, y muy a menudo desde entonces, he llegado a la conclusión de que quizás una Liahona, agosto de 1976 de las razones principales por la que a veces fracasamos en nuestras relaciones familiares, es que fallamos en la aplicación de los principios básicos de la comunicación personal. En Hebreos 13:16 leemos: “Y de hacer bien y de la ayuda mutua no os olvidéis porque de tales sacrificios se agrada Dios”. La comunicación en la familia a menudo representará un sacrificio, pues se espera que utilicemos nuestro tiempo, nuestro talento y nuestra paciencia para impartir, compartir y entender. A menudo usamos los períodos de comunicación para decir, dictar, acusar o amenazar. Ni siquiera en el más amplio de sus aspectos debería utilizarse la comunicación familiar para imponer, mandar o avergonzar.

Para que sea eficaz, esta comunicación debe ser un intercambio de sentimientos e información. Las puertas de la comprensión permanecerán abiertas en el hogar si sus miembros comprenden que el tiempo y la participación por parte de todos, son elementos necesarios. En las discusiones familiares, no deben ignorarse las diferencias, aunque éstas deben considerarse y evaluarse con calma; el punto de vista u opinión de una persona no es por lo general tan importante como una relación saludable y continua; la cortesía y el respeto al escuchar y al responder durante una discusión, son ingredientes básicos en un diálogo apropiado. Al aprender a participar de una asociación que tenga significado, podremos transmitir nuestros pensamientos de amor, dependencia e interés. Cuando nos inclinamos a darnos por vencidos en nuestros esfuerzos de establecer comunicación porque otros miembros de la familia no nos han respondido como esperábamos, quizás haríamos bien en emplear un sistema de “dar y recibir” en nuestras conversaciones. ¡Cuán importante es saber cómo estar en desacuerdo con el punto de vista de otra persona sin mostrar un desacuerdo abierto! ¡Cuán importante es tener períodos de discusión antes de tomar decisiones! Jones Stephens escribió: “He aprendido que la cabeza no escucha nada hasta que el corazón ha prestado oído, y lo que el corazón sabe hoy, la cabeza lo entenderá mañana.”

Quisiera compartir con vosotros siete sugerencias básicas para establecer una comunicación familiar más eficaz.

  1. El espíritu de sacrificio

Mostrad buena voluntad en estar siempre disponibles para los demás miembros de la familia. Desarrollad la habilidad y la autodisciplina para pensar en otros miembros de la familia y sus necesidades de comunicación antes que en los vuestros, la disposición de prepararos para el momento tan especial de compartir. Evitad incluso la apariencia de estar preocupados con vuestros propios problemas, y aprended la habilidad de comprender el motivo de preocupación del miembro de vuestra familia. Cuán triste el día en que se oye a una hija decir: “Mi madre me lo da todo, excepto de sí misma”.

Muy pronto, cosechamos los frutos de frases como “No puedo, estoy ocupado” o “No me molestes ahora”. Cuando transmitimos la actitud de “Vete de aquí, no me molestes ahora”, los miembros de la familia sienten la necesidad de alejarse y aislarse en el silencio. En ocasiones, todas las personas necesitan ser aceptadas dentro de sus propios términos, para que estén dispuestos a acercarse, a compartir y a preguntar.

Se requiere cierto sacrificio personal para comunicarse cuando las condiciones son apropiadas para la otra persona, ya sea que se esté preparando la comida, o que se tenga sueño, tras una derrota o una victoria, una desilusión, o simplemente porque la otra persona desea compartir algo en confianza. Uno debe estar siempre dispuesto a olvidar la conveniencia personal e invertir tiempo en el establecimiento de una fundación firme para la comunicación familiar. Cuando la comunicación en la familia parece decaer, cada uno debería buscar el remedio en sí mismo.

Si conociéramos el significado del verdadero amor y la comprensión entre las personas, deberíamos entender que la comunicación es algo más que simplemente compartir palabras. Se trata del sabio compartir de emociones, sentimientos y preocupaciones, de brindarse totalmente uno mismo. “¿Quién es el sabio y entendido entre vosotros? Muestre por la buena conducta sus obras en sabia mansedumbre.” (Santiago 3:13.)

  1. La disposición de preparar el ambiente

La ubicación, el ambiente o las circunstancias deben ser propicias, privadas, y que inviten a una conversación abierta. Las comunicaciones más eficaces han sido compartidas en arboledas, en una montaña, a la orilla del mar, en una noche de hogar, durante un paseo, durante las vacaciones, en una visita al hospital, en camino a la escuela, durante un partido. Cuando el camino está preparado, debemos estar dispuestos a mostrarle al otro miembro de la familia que es el centro de nuestra atención.

Meses y años después que el marcador final de un partido de fútbol haya quedado relegado al olvido, el recuerdo de haber estado allí solo con papá, nunca se desvanecerá. No olvidaré fácilmente la expresión de una niña de diez años diciéndome con entusiasmo que había tenido la oportunidad de viajar con su papá ida y vuelta hasta un pueblo cercano. “¿Fueron escuchando música?”, le pregunté. “No, lo único que papá hizo fue escucharme y hablar conmigo.” Tuvo a su padre sólo para ella en un ambiente que posiblemente nunca olvidará. Cread el ambiente cuando exista la necesidad de hacerlo. Cread el ambiente en cualquier momento en que la otra persona esté lista.

  1. El deseo de escuchar

El escuchar consiste en algo más que simplemente permanecer en silencio. Para escuchar se requiere una atención profunda; el momento de escuchar es cuando alguien necesita que se le preste atención; el momento de tratar con una persona que tiene un problema, es cuando tiene ese problema. El momento de escuchar es cuando nuestro interés y amor son vitales para aquel que busca que le escuchemos, el que busca nuestro corazón, nuestra ayuda y nuestro interés. Debemos incrementar nuestra habilidad de formular preguntas inteligentes y luego escuchar intensamente y con naturalidad. El arte de escuchar es parte del amor. Sumamente poderosas son estas palabras: “Por esto mis amados hermanos, todo hombre sea pronto para oír, tardo para hablar, tardo para airarse, porque la ira del hombre no obra la justicia de Dios” (Sant. 1:19-20.)

  1. El deseo de expresar los sentimientos.

¡Cuán importante es estar dispuestos a expresar nuestros pensamientos y sentimientos! Sí, ¡cuán importante es poder conversar al nivel de cada miembro de la familia! A menudo nos mostramos inclinados a dejar que las personas de nuestra familia adivinen cómo nos sentimos hacia ellas, y a menudo, se llega a conclusiones equivocadas. Muchas veces tendríamos más éxito si supiéramos cómo se sienten los miembros de la familia respecto a nosotros y qué se puede esperar de la situación.

John Powell narró esta conmovedora experiencia: “El día en que mi padre murió, yo estaba en la pequeña sala del hospital, tomado de su mano. De pronto cayó hacia atrás. Le bajé la cabeza suavemente hasta depositarla sobre la almohada y dije `Todo ha llegado a su fin, mamá. Papá ha muerto’. Nunca sabré por qué éstas fueron las primeras palabras que me habló después de la muerte de papá, pero mi madre dijo: `¡El estaba tan orgulloso de ti y te quería tanto!’ Inmediatamente supe que esas palabras me estaban diciendo algo muy importante. Eran como un rayo de luz; como un profundo pensamiento que yo jamás había absorbido. No obstante, sentía un indefinible dolor, algo así como si fuera a conocer mejor a mi padre muerto de lo que lo había conocido mientras estaba vivo.

Más tarde, mientras el doctor extendía el certificado de defunción, yo estaba recostado contra la pared en una esquina de la sala, llorando interiormente. Una enfermera se me acercó y me rodeó con el brazo y entonces ya no pude controlar mis lágrimas. Hubiera querido decirle: No estoy llorando porque mi padre murió, sino porque nunca me dijo que estaba orgulloso de mí; nunca me dijo que me quería. Claro, él suponía que yo debía saber estas cosas. Se supone que tenía que saber del papel preponderante que yo jugaba en su vida y del importante lugar que ocupaba en su corazón, pero nunca me lo dijo”. (The secret of staying in love, Agus. 1974, pág. 68.)

Grandioso es el significado de las palabras de Dios el Padre cuando dedicó su precioso tiempo a expresar sus sentimientos paternales: “Este es mi Hijo amado”, y aún agregó la declaración: . . . en quien tengo complacencia” (Mat.3:17)

A menudo, existe una comunicación más eficaz con los hijos, por la forma en que los padres se escuchan y se hablan mutuamente. Nuestras conversaciones, tratándonos con amabilidad y amor, llegan a los oídos siempre alerta e impresionables de nuestros hijos. Debemos aprender a comunicarnos eficazmente no solamente en la palabra, sino en el tono de voz, en los sentimientos, en los modismos y en la personalidad. Muy a menudo cuando no estamos en condiciones de conversar con otro miembro de la familia, nos preguntamos “¿qué le sucede?”, cuando en realidad deberíamos preguntarnos, “¿en qué están equivocados nuestros métodos?”. Una sonrisa expresiva, una palmada tierna en el hombro y una caricia sincera, son elementos importantes. El silencio aísla. Los períodos de silencio prolongados causan soledad, pena y lo que es más común, llevan a conclusiones equivocadas. Dios conoce la intensidad del impacto de la comunicación constante al exhortarnos que oremos continuamente. El también, ha prometido respondernos si nos comunicamos con El debidamente.

  1. La determinación de no juzgar

Procurad ser comprensivos y no críticos; no deis muestras de conmoción, alarma, o disgusto hacia los comentarios y opiniones de otros; no reaccionéis violentamente; actuad dentro de los límites de libre albedrío de la otra persona; irradiad optimismo y dad muestras de que hay siempre esperanzas, de que hay un retorno, una posibilidad para un mejor entendimiento.

Llegad a un acuerdo con respecto a las decisiones personales. “Ni yo te condeno, vete, y no peques más . . . ‘, son palabras que resultan tan suaves y eficaces hoy como en el momento en que fueron pronunciadas por el Maestro.

Evitad imponer a otros vuestros valores. Cuando aprendemos a resolver problemas sin que nuestras ideas personales salgan a relucir y al mismo tiempo, evitamos prejuicios y arranques emocionales, estamos en camino de gozar de una comunicación familiar eficaz. Cuando un miembro de una familia toma una decisión que pueda resultar inadecuada o inapropiada, ¿tenemos la habilidad y paciencia para manifestar nuestro desacuerdo con su decisión y al mismo tiempo hacerle saber que tiene el derecho de escoger y seguir siendo un miembro amado en la familia? Es muy fácil señalar errores y juzgar. Los halagos y el reconocimiento sincero resultan difíciles de expresar para la mayoría de nosotros. Se requiere verdadera madurez para que un padre se disculpe con uno de sus hijos por un error; una disculpa honesta hace a menudo que quien la recibe, se sienta conmovido y reconocido hacia el que la manifiesta. “Porque todos ofendemos muchas veces. Si alguno no ofende en palabra, este es varón perfecto, capaz también de refrenar todo el cuerpo.”

  1. La virtud de saber guardar confidencias

Sed dignos de confianza aun en preguntas y opiniones que parezcan triviales. Nunca se nos formularán preguntas más serias ni tampoco se nos darán opiniones importantes, si fallamos con las de menos peso. Tratad con respeto las cosas dichas en confianza y las preocupaciones de los demás. Edificad en vuestro derredor una confianza merecida. Aquellos que tienen la bendición de tener amigos en quienes puedan confiar, son en verdad afortunados.

  1. La disposición de ser paciente

La paciencia en las comunicaciones constituye ese ingrediente vital de conducta que esperamos encontrar en otros, cuando no somos lo que debemos ser. Nuestra propia paciencia se desarrolla cuando somos pacientes con otros.

“Sé paciente, sé serio, sé templado, ten paciencia, fe, esperanza y caridad”. (D. y C. 6:9.)

“Estoy cansado de escuchar tus quejas”, y “te lo he dicho mil veces” son dos frases que se repiten muy a menudo en problemas familiares, e indican que la paciencia se ha esfumado y los canales de comunicación han desaparecido.

Se necesita valor para comunicarse pacientemente. Necesitamos constantemente expresar orgullo, esperanza y amor de la forma más sincera posible. Cada uno de nosotros debe evitar dar la impresión de alguien que se ha dado por vencido y que no está dispuesto a esforzarse más.

Debe evitarse corregir a los miembros de la familia enfrente de otras personas; se recibe mucho más atención en conversaciones de carácter personal y privado. La perseverancia apacible constituye una valiosa virtud en la relación de una persona con todos los miembros de su familia; cuando éstos se ignoran mutuamente, la comunicación deja de existir.

Los demás no oyen lo que decimos, ni lo desean, y se resisten a recibir consejos, cuando’ no comprendemos los conceptos básicos del intercambio. Todos debemos estar dispuestos a hacer nuestra parte para mejorar, siendo que la familia es la organización básica de la Iglesia. La comunicación eficaz será siempre el ingrediente fundamental para construir una solidaridad permanente en la familia.

Ruego que nuestro Padre Celestial nos ayude a comunicarnos más eficazmente en el hogar, mediante nuestra disposición a sacrificarnos, a escuchar, a expresar nuestros sentimientos, a evitar juicios, a mantener confidencias y a actuar con paciencia. “¡Cuán eficaces son las palabras rectas!”(Job 6:25). Sí, cuán eficaces son las palabras rectas, compartidas en el momento apropiado, con la persona indicada.

Que nuestro bondadoso Padre Celestial nos ayude en nuestras necesidades y deseos para llevar a cabo una comunicación familiar más eficaz. La comunicación puede ayudar a edificar una familia unida si trabajamos y nos sacrificamos para ello. Ruego por el logro de esta meta, en el nombre de nuestro Señor Jesucristo. Amén.


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Una respuesta a La comunicación familiar

  1. Mario Noe Gonzalez Aguilar dijo:

    Magnifico mensaje, de una amplia y profunda aplicación. No cabe duda que el Senor llama
    a sus siervos para instruir a su pueblo.

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