La perfección es nuestra meta

C. G. Octubre 1976logo pdf
La perfección es nuestra meta
Por el élder William H. Bennett
Del Primer Quórum de los Setenta

William H. BennettNuestro Señor y Salvador, en su excelso Sermón del Monte, nos encomendó la mayor tarea y más importante meta, al decir: «Sed, pues, vosotros perfectos, como vuestro Padre que está en los cielos es perfecto» (Mat. 5:48). Con esas palabras, Jesús nos insta a procurar lo sobresaliente en todo lo que hagamos, a desarrollar nuestros talentos y habilidades y sobre todo, a vivir de acuerdo con sus enseñanzas.

El esfuerzo por alcanzar el grado máximo de perfección debe ser lo más importante de nuestra vida. Sin embargo, muchos son los que hacen caso omiso a esto, pensando tal vez que es imposible que persona alguna pueda alcanzar la perfección en esta vida, dejándose, por ende, dominar por las circunstancias adversas. Si bien es cierto que aquí no podemos lograr la perfección en el sentido cabal de la palabra, en cambio podemos lograrla en determinados aspectos. Además, si no hacemos lo que podemos y debemos hacer en esta vida, corremos el riesgo de privarnos para siempre de la oportunidad de hacerlo en el futuro y perder así grandes bendiciones eternas. Reparemos en las siguientes palabras de un poeta:

No se alcanzan los cielos de un solo salto;

Mas debemos subir peldaño a peldaño.

Con esfuerzo y empeño y valor y saber,

A la cima intentemos poco a poco ascender.

(«Gadatim», por Josiah Gilbert Holland. Masterpieces of religious verse, New York: Harper & Brothers, 1948, pág. 443.)

Fundamentándome en esto, quisiera referir algunas formas específicas en que en esta vida ha podido lograrse perfección.

Por ejemplo, los deportistas que se destacan, se caracterizan por su actitud positiva y optimista; sueñan con lo imposible y logran sus más elevadas aspiraciones. Rige en su carácter, él «puede conseguirlo, debo lograrlo y lo lograré» y muchas veces sus logros son verdaderamente increíbles. El mismo espíritu indómito también caracteriza a muchas personas físicamente incapacitadas que por motivo de heridas de guerra, accidentes u otras razones, tienen que enfrentar problemas que parecen imposibles de resolver.

Tal como sucede en el mundo de los deportes, sucede en otros aspectos de la vida. Hay artistas, poetas, escritores, músicos, artesanos y técnicos en diversos campos, que se esfuerzan con cuidado y celo por obtener los máximos resultados de su trabajo y por mejorar constantemente.

Con respecto a los asuntos espirituales, podemos ser perfectos en esta vida, por ejemplo, en el pago del diezmo, siendo honestos en nuestros tratos con los demás, efectuando las oraciones personales y las familiares, absteniéndonos de ingerir bebidas alcohólicas, del tabaco y las drogas; realizando nuestras noches de hogar y leyendo a diario las Escrituras. Ciertamente podemos lograr todo esto, si lo anhelamos de corazón.

Nadie es perfecto, es verdad, mas todos debiéramos esforzarnos por ir logrando poco a poco la perfección. Si llegáramos a tropezar o caer en nuestro paso por la vida, apliquemos el consejo que dio Cliff Cushman, miembro de equipo de los Estados Unidos en las Olimpíadas de 1960, que ganó la medalla de plata en la carrera de obstáculos de los 400 metros. En las Olimpíadas de 1964, era el principal candidato a la medalla de oro, pero en las pruebas eliminatorias de su país tropezó en una de las vallas y fue eliminado. Recibió entonces muchas cartas portadoras de demostraciones de afecto y consuelo de los jóvenes de su pueblo, a los cuales él les respondió lo siguiente, en una carta abierta que se publicó en el periódico local:

«En una fracción de segundo, todos los años de entrenamiento, dolor, sudor, ampollas y fatigas, quedaron reducidos a la nada. ¡Pero yo puse en juego todos mis esfuerzos! Y prefiero fracasar sabiendo que me he esforzado honestamente y con tesón, a no haber hecho nunca intento alguno por salir adelante…

Bien sé que es posible que no gane nunca, pues la adversidad me sale al paso, pero tengo a mi favor deseos de ganar y fe . . . y por lo menos, voy a intentarlo. Pero hablemos de vosotros, ¿en qué cifráis vuestro progreso? A menos que vuestra meta exceda el límite de vuestras habilidades, ¿cómo estaréis seguros de lo que podéis hacer? . . .

Permitidme deciros algo: gastáis más dinero y gozáis de más libertades de las que nunca gozó la juventud, y no obstante, muchos de vosotros no sois felices. Algunos no habéis conocido nunca la enorme satisfacción que se experimenta después de haber hecho uno todo lo posible por aventajar en los deportes, por sobresalir en los estudios, después de haber concluido un trabajo, habiendo puesto en juego todos vuestros esfuerzos por hacerlo bien . . .

Os desafío a que aspiréis a elevadas metas, ésas que hasta ahora habéis considerado inalcanzables. Es posible llegar a ser grande, pero no es posible lograrlo sin esfuerzo. Y ¡quién sabe!, quizás os sorprenda descubrir lo que podéis conseguir con verdadero empeño. Por lo tanto, poned manos a la obra, ¡os desafío a hacerlo!»

Lo último que supe de Cliff Cushman fue que desapareció en combate en la guerra de Vietnam. Era un valiente.

La Iglesia se halla embarcada en la obra más importante del mundo, la de salvar las almas de los hijos de nuestro Padre Celestial; por consiguiente, es importante que cada miembro conozca sus deberes y que se dedique a cumplirlos de una manera agradable ante el Señor. Es asimismo importante que todos conozcamos la obra en su totalidad y que cada uno sea conocedor del papel que le corresponde dentro de la misma; que pongamos en orden todos los medios y logremos que todo obre junta y correlacionadamente a fin de que la Iglesia pueda alcanzar plenamente su potencial al ayudar al Señor a llevar a cabo la inmortalidad y la vida eterna del hombre. Nuestra meta es la perfección de todos los hijos de Dios que escuchen, acepten y vivan el evangelio.

Que podamos cumplir felizmente ésta, nuestra más grande responsabilidad, es mi humilde oración, en el nombre del Señor Jesucristo. Amén.

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