Preparaos para los días de tribulación

Conferencia General Octubre 1980

Preparaos para los días de tribulación

Ezra Taft BensonPresidente Ezra Taft Benson
del Consejo de los Doce


Por mas de cuarenta años, con un espíritu de amor, se ha aconsejado a los miembros de la Iglesia que sean frugales, que dependan de si mismos, que eviten las deudas, paguen su diezmo y una ofrenda generosa de ayuno, sean industriosos y tengan disponibles suficiente alimento, ropa y combustible que les duren por lo menos un año.

Actualmente existen razones apremiantes para recalcar este consejo. Escuchamos hacerse esto hábilmente en la maravillosa reunión de bienestar esta mañana. Permitidme agregar un comentario.

Los miembros de la Iglesia están sintiendo la presión económica de impuestos mas elevados y la inflación, junto con las condiciones de una continua baja económica. Algunos han recurrido a su obispo en busca de ayuda para el pago de su casa, automóvil y servicios públicos.

Desafortunadamente, ha surgido en la mente de algunos la creencia de que cuando pasamos por tiempos difíciles, cuando hemos sido imprudentes y extravagantes con nuestros recursos y hemos ido mas allá de lo que nuestras posibilidades nos permiten, debemos esperar que la Iglesia o el gobierno nos den una mano. Algunos de nuestros miembros han olvidado un principio básico del plan de bienestar de la Iglesia: que “ningún verdadero Santo de tos Ultimos Días, teniendo la capacidad física, voluntariamente intentara librarse de la carga de su propio sostenimiento” (Marion G. Romney, Conference Report, Oct. de 1973, pág. 106).

Uno de los primeros principios revelados a nuestro padre Adán cuando fue desterrado del huerto del Edén, fue este: “Con el sudor de tu rostro comerás el pan hasta que vuelvas a la tierra . . .” (Génesis 3:19). Todas las cosas materiales que obtenemos en la vida vienen como resultado del trabajo y de la providencia de Dios. E1 trabajo de por si produce lo que necesitamos para la vida.

A1 decir esto, estoy consciente de la situación de que muchas familias jóvenes están luchando para sostenerse, y comprendo perfectamente su situación, pues tienen frente a si la carga económica de proporcionar tres cosas indispensables para la vida: alimento, ropa y abrigo. También me apena la situación de las viudas y otras hermanas que están criando solas a su familia. Por revelación, el Señor dispuso los medios para su cuidado y sostén. (D. y C. 83:2, 4, 5.)

Ahora, mas que nunca, tenemos necesidad de aprender y aplicar los principios de la autosuficiencia económica. No sabemos cuando podrá afectar nuestras propias circunstancias alguna crisis provocada por una enfermedad o la falta de empleo. Sabemos que el Señor ha decretado calamidades mundiales para lo futuro, y nos ha advertido y prevenido que estemos preparados. Por tal razón, las Autoridades Generales repetidas veces  hemos hecho hincapié en un programa fundamental para el bienestar temporal y espiritual.

Hoy quisiera recalcar un principio sumamente básico, a saber, la producción y almacenamiento en el hogar. ¿Os habéis detenido en alguna ocasión a pensar en lo que sucedería en vuestra comunidad o nación si los transportes quedaran paralizados, o si hubiera una guerra o crisis económica? ¿Cómo obtendríais alimentos vosotros y vuestros vecinos? ¿Por cuanto tiempo podrían el pequeño comercio que esta a la vuelta de la esquina o un supermercado surtir las necesidades de la comunidad?

Poco después de la Segunda Guerra Mundial fui llamado por la Primera Presidencia para ir a Europa a fin de restablecer nuestras misiones y establecer un programa para la distribución de alimentos y ropa a los miembros allí. Se destacan en mi memoria aquellos que cada mañana se subían al tren con toda clase de artículos en sus brazos, para salir al campo con el fin de intercambiar sus posesiones por alimento; al atardecer, la estación del tren se llenaba de personas con los brazos cargados de verduras y frutas, y un conjunto de cerdos gruñidores y gallinas; nunca había oído tal conmoción. Estas personas, desde luego, estaban dispuestas a intercambiar prácticamente cualquier cosa por esa mercancía que sostiene la vida, o sea, el alimento.

Un medio casi olvidado de la autosuficiencia económica es la producción de alimentos en el hogar. Estamos demasiado acostumbrados a ir al mercado y comprar lo que necesitamos. Produciendo parte de nuestros alimentos, reducimos en gran manera el impacto que causa la inflación sobre nuestro dinero; mas importante aun, aprendemos a producir nuestros propios alimentos e incorporamos a todos los miembros de la familia en un proyecto beneficioso. Creo que el presidente Kimball no podía haber dado un consejo mas a tiempo que este que recalco repetidas veces: que cultivemos nuestros propios huertos. He aquí un ejemplo de lo que nos ha venido diciendo en los últimos siete años:

“Os instamos a que cultivéis todo el alimento que os sea factible en vuestros propios terrenos. Zarzas, frambuesas, vides, arboles frutales plantadlos si el clima es adecuado para su cultivo. Producid verduras y comedlas de vuestro propio jardín.” (Ensign, mayo 1976, pág. 124.)

Muchos de vosotros habéis escuchado y hecho lo que el presidente Kimball aconsejó, y habéis sido bendecidos por ello. Otros se han convencido a si mismos de que no tenían ni el tiempo ni el espacio. Permitidme sugeriros hacer lo que otros han hecho. Juntaos con otros y solicitad el permiso para poder usar un solar baldío como huerto, o alquilar un terreno y cultivar vuestros jardines. Algunos quórumes de élderes hicieron esto, y todos los participantes se beneficiaron de una hermosa cosecha de verduras y fruta, así como con las bendiciones de la cooperación y participación familiar.

Muchas familias han convertido parte del jardín cubierto de césped en un huerto.

Os alentamos a ser mas autosuficientes, para que, como declaro el Señor:

“. . . no obstante las tribulaciones que os sobrevengan, la iglesia pueda sostenerse independiente de todas las otras criaturas bajo el mundo celestial.” (D. y C. 78:14.)

El Señor quiere que seamos independientes y autosuficientes, porque vendrán días de tribulación. El nos ha advertido y prevenido en cuanto a tal eventualidad.

El presidente Brigham Young dijo: “Si os halláis sin pan, ¿de cuanta prudencia os podréis jactar, y de que os sirven vuestros talentos, si no podéis procurar lo necesario para vosotros ni podéis ahorrar para el día de escasez las sustancias que tienen por objeto sostener vuestra vida?”

La producción de alimentos es solamente una parte del repetido consejo de que almacenéis alimentos que os duren por lo menos un año, donde legalmente se os permita hacerlo.

La Iglesia no os ha dicho cuales alimentos se deben almacenar. Esta selección se deja a criterio de los miembros. Sin embargo, se incluyen unas sugerencias excelentes en el folleto que la Iglesia publica y que lleva por título: “Elementos de producción y almacenamiento en casa”.

Teniendo en cuenta la producción de alimentos, el almacenamiento, la distribución y el consejo del Señor, se debe dar prioridad al trigo. “Hay mas salvación y seguridad en el trigo”, dijo Orson Hyde años atrás, “que en todos los designios políticos del mundo.” (Journal of Discourses, 2:207.) El agua, desde luego, es esencial; otros elementos básicos podrían incluir miel de abejas o azúcar, verduras, productos lácteos o substitutos, y sal o su equivalente. La revelación de que produzcamos y almacenemos alimentos puede ser hoy tan esencial para nuestro bienestar temporal, como lo fue el arca para el pueblo de Noé.

El presidente Harold B. Lee dio este consejo:

“Tal vez si no pensáramos tanto en almacenar para un año cosas que ordinariamente usaríamos, y pensáramos mas en lo que se necesitaría para conservarnos vivos en caso de que no tuviéramos otra cosa que comer; seria fácil almacenar esto en cantidad suficiente para que nos durara un año… Solo lo suficiente para conservarnos vivos en caso de que no tuviéramos ninguna otra cosa que comer. No nos engordaría, pero si nos permitiría vivir; y si pensáramos en esa clase de almacenamiento anual, mas bien que un abastecimiento para un año de todo lo que acostumbramos comer, que, en la mayor parte de los casos, es algo casi imposible para la familia común, creo que nos aproximaríamos mas a lo que el presidente J. Reuben Clark, hijo, nos aconsejo en el año 1937.” (Harold B. Lee, en Conferencia de Bienestar, 1° de octubre de 1966.)

Se logran bendiciones estando cerca de la tierra, produciendo nuestro propio alimento, aun cuando no sea mas que una pequeña huerta en nuestro jardín y uno o dos arboles frutales. Afortunadas serán las familias que en los últimos días tengan un abastecimiento adecuado de alimento por motivo de su previsión y habilidad para producir lo suyo.

El consejo de las Autoridades de la Iglesia ha sido consecuente en el curso de los años, y se puede resumir muy bien en estas palabras:

“Primero, y mas importante que todo lo demás, vivamos rectamente..

Evitemos las deudas como evitaríamos una plaga; si hoy nos hallamos con deudas, librémonos de ellas; si hoy no se puede, hagámoslo mañana.

Vivamos estrecha y estrictamente limitados a lo que ganamos, y ahorremos un poco.

Procure todo cabeza de familia tener disponible suficiente alimento y ropa y, donde sea posible, también combustible que dure un año por lo menos. Los que no ganáis mucho, invertid vuestro dinero en alimentos y ropa, no en acciones ni bonos; los que obtenéis amplias ganancias quizás penséis que sabéis como cuidaros, pero permitidme sugerir que no especuléis. Tenga por objeto todo cabeza de familia ser dueño de su propia casa, libre de hipotecas. Todo hombre que tenga un jardín, cultívelo; todo hombre que sea dueño un de labrantío, lábrelo.” (Presidente Reuben J. Clark, hijo, Conference Report, abril de 1937.)

Quisiera agregar que no hay necesidad de que os endeudéis para obtener ese abastecimiento para un año. Tened como proyecto aumentar vuestra provisión de víveres como lo haríais con una cuenta de ahorros. Cada vez que recibáis vuestro pago, ahorrad un poco para el almacenamiento. Enlatad o envasad fruta y verduras de vuestros jardines y huertos. Aprended cómo podéis preservar alimentos deshidratándolos y congelándolos. Haced que el almacenamiento sea parte de vuestro presupuesto. Guardad semillas y tened a mano las herramientas de jardín necesarias. Si estáis ahorrando y proyectando comprar un automóvil, un televisor u otro articulo que meramente aumente vuestra comodidad o satisfacción, tal vez tengáis que cambiar el orden de prioridad de vuestras necesidades. Os instamos a que hagáis esto con oración y que lo hagáis ahora.

Os hablo con una gran preocupación. He observado de cerca lo que los días de tribulación pueden traer a la gente; he visto el hambre andar por las calles de Europa; contemple las lastimosas sombras demacradas de figuras humanas; he visto a mujeres y niños escarbar entre los montones de desperdicio del ejercito buscando restos de alimentos. No puedo borrar de mi memoria tales escenas y caras sin nombre.

Jamás olvidaré a los miembros de Hamburgo que parecían estar a punto de desmayarse por la falta de alimentos, ni a sus niños pequeños a quienes invite a que se acercaran a nosotros mientras vaciábamos nuestros bolsillos de toda cosa comestible. La mayor parte de ellos jamás había visto esas cosas por motivo de las condiciones durante la guerra. Tampoco puedo olvidar a las madres que estaban esperando o criando niños, y cuyos ojos se llenaron de lágrimas cuando repartimos una naranja a cada una de ellas. Vimos enfermedades y terribles efectos sociales causados por el hambre y la desnutrición.

Una hermana caminó a pie mas de 1.500 kilómetros con cuatro niños pequeños al abandonar su casa en Polonia; perdió a los cuatro por causa del hambre y las bajas temperaturas. Sin embargo, se presentó ante nosotros demacrada, con la ropa hecha pedazos y pies envueltos en estopa, y dio testimonio de lo bendecida que había sido.

No puedo olvidar a los miembros en Francia, los cuales, al no poder obtener pan, usaban cáscaras de papa para el emblema de la Santa Cena. Tampoco olvidare la fe de los miembros holandeses, los cuales aceptaron nuestra sugerencia de cultivar papas para aliviar su situación, y luego enviaron una parte de su primera cosecha al pueblo alemán que había sido su encarnizado enemigo; al año siguiente les mandaron toda la cosecha. Jamás se ha escrito en los anales de la historia de la Iglesia un acto de amor y compasión que mas se asemeje al amor puro de Cristo.

Con demasiada frecuencia yacemos en nuestra cómoda complacencia y deducimos que los estragos de la guerra, los desastres económicos, el hambre y los terremotos no pueden suceder aquí. Aquellos que piensan esto, o no están familiarizados con las revelaciones del Señor o no las creen; los que confían en Si mismos y piensan que estas calamidades no sucederán, que estas en alguna manera serán desviadas por motivo de la rectitud de los miembros de la Iglesia, se están engañando y lamentaran el día en que se sometieron a tal engaño.

El Señor nos ha amonestado y prevenido a fin de que estemos preparados para un día de gran tribulación, y nos ha dado consejos por medio de sus siervos en cuanto a la manera en que podemos prepararnos para estos tiempos difíciles. ¿Hemos prestado atención a sus consejos?

Os doy mi testimonio de que el presidente Heber J. Grant fue inspirado por el Señor para establecer el programa de bienestar de la Iglesia. Los miembros de la Primera Presidencia fueron inspirados cuando en 1936 declararon públicamente por primera vez que el propósito principal de este plan de la Iglesia era el de “ayudar a las personas a que se ayudaran a si mismas” (Conference Report, oct. de 1938).

Doy testimonio de ese consejo inspirado, que se ha venido repitiendo desde 1936 hasta el día de hoy: Los miembros almacenen alimentos que los abastezcan por un año.

Cuando el presidente Spencer W. Kimball persistentemente amonesta a los miembros a que planten huertos y arboles frutales y produzcan sus propios alimentos, el en igual manera es inspirado por el Señor.

Sed obedientes, mis hermanos, a este consejo y seréis bendecidos, sí, seréis el pueblo mas bendecido en toda la tierra. Sois personas buenas, lo se; pero todos nosotros tenemos necesidad de ser mejores de lo que somos. Procuremos hallarnos en posición de poder alimentarnos no tan sólo a nosotros mismos por medio de la producción y almacenamiento en el hogar, sino también a otros.

Dios nos bendiga a fin de que estemos preparados para los días que nos esperan, los que bien pueden ser los mas difíciles de la historia. En el nombre de Jesucristo. Amen.

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Una respuesta a Preparaos para los días de tribulación

  1. Anónimo dijo:

    Extraordinario discurso de plena aplicación en la actualidad al acercarnos a los tiempos indicados por el Señor, como “el principio de dolores”

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