Dominemos nuestra lengua

Conferencia General Abril 1983

Dominemos nuestra lengua

Teddy E. Brewerton

Por el Élder Ted E. Brewerton
Del Primer Quórum de los Setenta

«Si no tenemos sumo cuidado con nuestros pensamientos y expresiones, en lugar de dominar el lenguaje, éste nos dominará a nosotros.»


¿Cuál de los Diez Mandamientos del Señor se quebranta con mayor frecuencia? Creo que el de no tomar el nombre de Dios en vano (véase Éxodo 20:7).

Hoy quisiera hablaros de un importante tema: el lenguaje profano. De acuerdo con un diccionario moderno de sinónimos ingleses, los términos blasfemia, maldición, juramento, insolencia y palabrota se pueden aplicar todos al lenguaje grosero. Blasfemia es un insulto directo a Dios.

Sócrates le dijo a un joven que le fue presentado: «Habla, a fin de que pueda verte.» Es que la forma en que nos expresamos revela nuestra personalidad.

En su obra El rey Lear Shakespeare aconseja: «Enmendad un poco vuestras palabras, si no queréis dañar vuestros intereses.» (Acto primero, escena primera.) Y recordemos las palabras de Confucio: «El hombre que comete un error y no lo corrige está cometiendo otro error.» (Vital Quotations, sel. por Emerson Roy West, Salt Lake City: Bookcraft, 1968, pág. 228.)

Quiero leeros varios de los consejos que nos ha dado el Señor mediante sus profetas a fin de que podamos comprender y pensar como El con respecto al lenguaje grosero.

«No tomarás el nombre de Jehová tu Dios en vano; porque no dará por inocente Jehová al que tomare su nombre en vano.» (Éxodo 20:7.)

«Pero ahora dejad también vosotros todas estas cosas: ira, enojo, malicia, blasfemia, palabras deshonestas de vuestra boca.» (Colosenses 3:8.)

¿Hemos pensado en cuáles serán las consecuencias de las maldiciones que salen de algunas bocas? Jeremías nos dice:

«a causa de la maldición la tierra está desierta; los pastizales del desierto se secaron . . .» (Jeremías 23:10.)

El presidente McKay habló muy claramente con respecto al lenguaje profano:

«Ningún padre que profane el nombre de la Deidad puede enseñar la fe en Cristo. En un hogar donde hay orden, no puede existir el lenguaje irreverente, pues éste es un vicio que denota una mala crianza. La blasfemia y las palabras soeces alejan la reverencia.» (Gospel Ideals, Salt Lake City: Improvement Era, pág. 420.)

Una conocida periodista estadounidense, cuyos artículos aparecen en más de setenta y cinco diarios, dice:

«¿Cómo se trata a una persona grosera? Con cortesía. No creo en responder con grosería a la grosería bajo ninguna circunstancia. ¿Y cómo se consigue esto? Con una mirada fija una sonrisa. No recomiendo una replica humillante en esos casos.» People Magazine, ag. de 1982, pág. 18.)

La cortesía logra mucho más que las palabras ofensivas ante la grosería de los demás.

«Ten paciencia en las tribulaciones; no ultrajes a los que ultrajan . . .» (D. y C. 31:9; cursiva agregada.)

El Señor nos ha hablado claramente mediante sus profetas. El presidente Joseph Fielding Smith dijo:

«La blasfemia es inmundicia. El Hombre se da a conocer tanto por su vocabulario como por la clase de personas con las que se asocia . . . La inmundicia en cualquier forma es degradante y destructiva para el alma y debe ser evitada . . .» (Doctrina de salvación, pág. 12.)

Si no tenemos sumo cuidado con nuestros pensamientos y expresiones, en lugar de dominar el lenguaje, éste nos dominará a nosotros. El que comunica la verdad en forma elevada es como una luz brillante en la oscuridad. Debemos nutrir el habla en esa forma.’

Es interesante conocer las opiniones que tienen al respecto personas que no son miembros de la Iglesia. Me gustan mucho el título y los comentarios de un artículo escrito por Bob Greene (periodista estadounidense). El título es Escuchemos la contaminación.

«Las palabrotas, que antes eran la marca de una clase social baja, se han convertido en algo aceptable en la conversación diaria entre personas corrientes. Esto me ofende, no por dármelas de puritano sino porque la utilización del lenguaje soez en público me parece una violación de la intimidad de una persona. Sé que muchos se sienten asaltados al oírlo, y he seleccionado esta palabra porque hay términos que son un asalto a la sensibilidad.

«Los que no están de acuerdo quizás digan: ‘Después de todo, sólo son palabras’. Pero las palabras son vehículos que transportan mensajes. Y para muchas personas un mensaje insolente es desagradable y agresivo, y demuestra falta de respeto a la buena conducta.

«Hay algunas canciones populares que tienen obscenidades, y hasta revistas y diarios serios publican expresiones que habrían sido inadmisibles hace cinco años. Generalmente se escudan tras la palabra `libertad’. Pero, ¿la libertad de quién? Si el lenguaje desagradable se convierte en una parte integral de nuestra sociedad hasta el punto de que no se pueda escapar de él, entonces, ¿quién es libre y quién no lo es?»

Estos asaltos a la sensibilidad y los mensajes que comunican no elevan a la gente, sino que rebajan y degradan.

Ni en nuestra Iglesia ni en ninguna de nuestras familias hay lugar para el pesimismo o el negativismo, puesto que debemos ser incurables optimistas. No obstante la condición social de una persona, aquel que es cínico o pesimista es el que progresa menos y logra menos felicidad y prosperidad. Por otra parte, de acuerdo con el Señor, el optimista que tiene fe, que eleva y edifica. es el que logra más progreso, felicidad y prosperidad, sea o no miembro de la Iglesia.

«Por tanto. fortalece a tus hermanos en toda tu conducta, en todas tus oraciones, en todas tus exhortaciones y en todos tus hechos.» (D. y C. 108:7.)

Nosotros debemos:

  • iluminar,
  • edificar,
  • engrandecer,
  • motivar,
  • enaltecer,
  • ennoblecer,

y elevar en todas nuestras conversaciones y todos nuestros hechos.

Veamos ahora las palabras de los profetas en cuanto a alentar, elevar y edificar:

«Ninguna palabra corrompida salga de vuestra boca, sino la que sea buena para la necesaria edificación, a fin de dar gracia a los oyentes.» (Efesios 4:29.)

«Cesad de contender unos con otros; cesad de hablar mal el uno contra el otro.

«. . . y tiendan vuestras palabras a edificaros unos a otros.» (D. y C. 136:23-24. )

En un artículo de una revista, su autor nos llama la atención sobre un punto que debe estimularnos a inspirar sólo emociones positivas:

«Cada vez que en un negocio se crea una emoción negativa en la mente de un cliente, esa persona expresará su descontento a un promedio de diez personas más antes de que su desagrado se disipe.

«La misma encuesta indica que alguien que ha quedado bien impresionado con un servicio expresará su satisfacción a sólo tres personas como promedio máximo. Teniendo esto en cuenta, es obvio por qué se dice que las malas noticias llegan más pronto y más lejos que las buenas.» (Dwight Chapin, Success Unlimited, dic. de 1982.)

Esta es otra razón para tratar de ser positivo y agradable. Las palabras ofensivas nunca elevan.

Encuentro valor en esta expresión anónima: «Siempre volveré, porque gusto más de mí cuando estoy contigo.»

Pedro y los otros discípulos fueron mejores por causa del Salvador. El los elevó, los ennobleció y los trató como si fueran ya lo que sabía que llegarían a ser.

Los compañeros de José Smith fueron mejores por causa de José Smith. El los elevó y los fortaleció. Y lo mismo ha sucedido con todos los presidentes de la Iglesia. Han influido en las personas para que fueran mejores.

Los líderes de la Iglesia no dedican tiempo a rebajar a otras personas o instituciones, sino que proclaman su verdad y permiten a otros expresarse libremente.

Los hermanos de la Primera Presidencia tienen sobre sus hombros la carga más pesada que puede llevar un mortal, sin embargo, nunca se muestran desalentados. El que entra en su oficina sale siendo mejor.

El consejo del Señor es muy claro: «Estad atentos, y oíd mi voz; atended, y oíd mi dicho.» (Isaías 28:23. )

¿Realmente escuchamos al leer las Escrituras? ¿Escuchamos Su voz, atendemos y hacemos Su voluntad? Hay muchos que lo escuchan y lo siguen. Estos son algunos ejemplos de quienes lo hacen:

En 1974 había sólo ocho o diez misioneros brasileños. Después, el presidente Kimball pidió que salieran más jóvenes en misiones. A mediados de 1979 había más de quinientos jóvenes brasileños y más de setecientos mexicanos sirviendo como misioneros. Estos escucharon al profeta, ¿verdad?

Hace unos años, cuando yo era presidente de misión en América Central, dos misioneros llevaron a mi oficina a un monje benedictino. Debido a que él y otros habían sido comisionados para hacer un profundo estudio de 243 iglesias, había notado la naturaleza ennoblecedora de nuestra Iglesia. Dicho encargo, hecho por la Iglesia Católica, tenía el honorable objeto de encontrar las similaridades entre las religiones a fin de buscar más unión y hermandad entre ellas. Después de haber investigado por más de cinco años, llegaron a estas dos conclusiones:

  1. Encontraron sólo dos iglesias con elevado valor moral; una era La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días.
  2. Sólo una de las iglesias seguía todas las declaraciones proféticas de la antigüedad, o sea, seguía todo el Antiguo y el Nuevo Testamento: la Iglesia Mormona.

Aquel monje aceptó estudiar el Libro de Mormón y orar para recibir quía divina en cuanto a su veracidad. A consecuencia de ello, aceptó al Salvador mediante el bautismo en ésta. Su Iglesia, y actualmente es maestro en el quórum de sumos sacerdotes en su país. Por medio de la investigación, él vio la influencia edificante y ennoblecedora de la Iglesia, y escuchó la voz del Señor. Oí de un hombre prominente que, después de no haber visitado una escuela secundaria de Utah por un tiempo, quedó asombrado y ofendido por el lenguaje grosero y soez que oyó al asistir a un evento deportivo.

Padres, nos preguntamos dónde escuchan nuestros niños palabrotas y expresiones groseras. No será nunca en el hogar. porque nuestros hogares deben ser casi tan sagrados como el templo; son un refugio ennoblecedor, en donde enseñamos a nuestra familia lo que el Señor espera de nosotros.

El autodominio es la cualidad que nos eleva por encima del vulgo. El recuerdo de una persona noble es siempre agradable. No debemos nunca rebajar nuestra dignidad rebajando nuestro lenguaje, ni repetir nunca un comentario ofensivo hecho por otra persona. En el manual La enseñanza, el llamamiento más importante, leemos lo siguiente con respecto al autodominio:

«Se mide la altura del éxito de un hombre por su autodominio; la profundidad de su fracaso por su autoabandono. No hay ninguna otra limitación en cualquier dirección y esta ley es la expresión de la justicia eterna.

«El que no puede dominarse a sí mismo tampoco tendrá dominio sobre otros:. el que se sobrepone a sus defectos será rey.» (Véase pág. 61.)

¿No debemos tener dominio sobre nuestra lengua constantemente, y sólo edificar y elevar?

Estamos en la presencia de profetas. y somos dirigidos por ellos. Esta es una verdad absoluta. El Señor mismo dirige esta, su única verdadera Iglesia. Lo testifico en el nombre de Jesucristo el Maestro. Amén.

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