Mi llamamiento como maestro Scout

Conferencia General Octubre 1984logo 4

Mi llamamiento como maestro scout

presidente Ezra Taft Benson
del Quórum de los Doce Apóstoles

Ezra Taft Benson«Lo más importante de esta vida es tener un testimonio de la verdad, y no hay mejor oportunidad de obtenerlo que durante la misión.»

Mis queridos hermanos, siento que mi corazón reboza de amor hacia vosotros en esta ocasión tan importante, y agradezco al Señor el poder estar reunidos aquí esta noche.

Siempre le estaré agradecido al obispo del Barrio Whitney por haberme llamado, hace casi sesenta y cinco años, a ser el maestro scout de veinticuatro jóvenes. Todos recibimos los manuales al mismo tiempo, y este era un grupo excelente de jóvenes con un gran talento musical.

En esa época se llevaban a cabo en la Mutual varias actividades culturales de competencia, algunas de las cuales eran coros de varones. Todos los barrios debían tener un coro y, con frecuencia, el obispo daba la responsabilidad al maestro scout de reunir a los varones para practicar. Y de esta manera se hacia en nuestro barrio.

Tal como frecuentemente sucede cuando un hombre recibe una asignación, pedí ayuda a una fiel hermana que tocaba el piano y que conocía técnicas musicales. De esta manera, bajo su dirección comenzamos a practicar. El himno asignado para la competencia fue elegido por la mesa general, y era el mismo para toda la Iglesia. El himno era «Fulgura la aurora», por Parley P. Pratt.

Durante varias semanas practicábamos antes y después de las reuniones scout hasta que, finalmente, llego el momento en que debíamos competir con los otros diez barrios de la estaca Franklin. Fuimos los ganadores de la estaca, lo que significaba que debíamos competir con los ganadores de las otras seis estacas del Valle Cache, en el tabernáculo de Logan, Utah.

Nunca olvidare el momento en que llegamos a ese gran tabernáculo. En cuanto entramos sacamos números para saber el orden en que debíamos actuar, y para prolongar aun más nuestra ansiedad nos toco el último.

Finalmente llego el momento en que nuestro grupo debió subir a la plataforma, y mientras la pianista tocaba una marcha patriótica, a modo de introducción, los veinticuatro jóvenes subieron por el pasillo, formando fila, y se acomodaron en forma de media luna en medio del escenario, mientras yo me ponía de cuclillas entre unos bancos para tratar de guiarlos y darles mi apoyo. Cantaron como nunca y. como os imaginareis, no estaría contándoos esta experiencia si no hubiéramos obtenido el primer lugar en esa competencia en Logan.

Al volver, estabamos tan radiantes de felicidad que nos parecía flotar en el aire; nos parecía imposible que nuestra pequeña comunidad de cincuenta familias hubiera ganado a otras estacas y barrios del valle.

En la primera reunión de scouts que tuvimos después de nuestra victoria, estos jovencitos (que nunca olvidan lo que es de valor para ellos) me recordaron que en un momento de ansiedad les prometí que si ganábamos en Logan, iríamos todos a una caminata de cincuenta y seis kilómetros por las montañas hasta llegar al Valle de Bear Lake.

Ya que una promesa es deuda pendiente, comenzamos a hacer planes para nuestra actividad. Durante esta reunión, un jovencito de doce años levantó la mano y dijo, muy serio:

-Señor maestro Scout, me gustaría hacer una moción.

Eso de hacer mociones fue algo nuevo en las reuniones scout, al menos para mí, pero le dije:

-Esta bien, ¿qué es lo que propones?

Respondió:

-Me gustaría proponer que todos nos cortáramos el cabello de manera que no tengamos que cargar peines y cepillos en el viaje.

Observe que tres o cuatro de los jovencitos mayores se movían con inquietud en sus asientos; ellos estaban en la etapa en que un jovencito comienza a fijarse en las chicas, y sabían perfectamente que el cabello muy corto no seria muy aceptado entre ellas.

Sometí la sugerencia a votación, la cual se aprobó con la disconformidad de estos tres o cuatro jovencitos. También se llegó al acuerdo que si no se sometían en forma voluntaria, habría otras maneras de imponer las normas de la tropa. De modo que no tuvieron mas remedio que someterse.

Entonces, como era de esperarse. ya que nunca se olvidan de nada que sea para beneficio de ellos, uno de los mayores dijo:

-¿Y los maestros scout?-lo que hizo que fuéramos nosotros los que nos inquietáramos.

Al sábado siguiente los dos maestros scout nos sentamos en la peluquería mientras el peluquero, con gran satisfacción, nos cortaba el pelo. Cuando estaba terminando dijo:

-Si me permiten raparles la cabeza no les cobro ninguno de los cortes de pelo.

De modo que después de nuestra cita con el peluquero, partimos para nuestra caminata scout de cincuenta y seis kilómetros, la cual me había que a llevar a cabo como incentivo para que los jóvenes fueran a las practicas de canto-veinticuatro jóvenes con el cabello bien corto y dos maestros scout con la cabeza al rape.

Las tres semanas que pasamos en las montañas y en el lago con estos jóvenes maravillosos fueron gloriosas, y ojalá pudiera relataros la vida de cada uno de ellos hasta la actualidad. Estoy muy orgulloso de ellos.

Siempre me he esforzado por mantenerme en contacto con esos jóvenes, años mas tarde, después de haber estado en el estado de Idaho y en Washington, la capital de los Estados Unidos, fui a una clase de Escuela Dominical en el Barrio Whitney. Uno de aquellos jóvenes era el obispo, otro su consejero, otro el secretario de barrio, y el sumo consejero representante de la estaca era también uno del grupo. Cuando fuimos a la clase para adultos me encontré con que el maestro era otro de aquellos jóvenes, y otro estaba sirviendo como maestro scout. Fue maravilloso volver a estar junto con ellos, y supe de la vida de todos con la excepción de dos; nadie parecía saber dónde estaban o que hacían.

Unas semanas mas tarde fui al sur de Arizona en la época en que se realizaban conferencias generales del sacerdocio como parte de las conferencias de estaca. Durante la reunión, al fondo de la sala, me pareció ver una cara conocida. Una vez terminada la reunión, uno de los jóvenes de quienes no habíamos tenido noticias por muchos años se acercó. Nos dimos un fuerte abrazo y le pregunte:

-¿Que estas haciendo aquí’?

Y me dijo:

Querrá decir, ¿qué estoy haciendo en la Iglesia’?’

-Bueno, si, en parte, ¿qué cargo tienes en la Iglesia?

-Bueno contestó-, no hago mucho, pero soy maestro scout.

Luego me contó que se había inactivado y había contraído matrimonio fuera de la Iglesia, pero que luego su esposa se había bautizado y que estaba influyendo en él para que se reactivara y pudieran ir al templo. Continuamos escribiéndonos y unos meses mas tarde tuve el honor de sellarlo a su esposa y a sus hijos en el templo.

Un tiempo después fui a Burley, Idaho, para hablar en la reunión anual de la Asociación de Granjeros de Idaho. Momentos antes de comenzar la reunión, estando de pie en la plataforma, con el presidente de la Asociación, vi en la puerta a un joven que entregaba un volante a los granjeros que entraban a la reunión. Le pregunté al presidente si lo conocía y me dijo que sí. Por cierto, era el último de los veinticuatro jóvenes que me faltaba localizar. Después de la reunión tuvimos una conversación muy amena. Me dijo que se había casado en la Iglesia pero no en el templo. Pero no mucho tiempo después tuve el privilegio de sellarlo a su esposa y a sus hijos en el templo.

Según sabemos, él fue el último del grupo en casarse en el templo. Algunos de ellos ya han muerto, pero tenemos muy buena razón para pensar que cumplieron con el propósito de la vida.

Servir y participar en el programa scout ha sido una de mis experiencias mas selectas de mi vida, lo cual he hecho por casi sesenta y cinco años. Este es un excelente programa para capacitar a los jóvenes como líderes, enseñarles patriotismo y amor por su patria, así como desarrollar en ellos entereza y dignidad. Es un programa que moldea a los hombres, hombres de fortaleza y espiritualidad. Estoy agradecido al obispo de ese pequeño barrio rural por haberme llamado como maestro scout.

Mis hermanos, desde lo más profundo de mi corazón, os alabo por todo lo bueno que estáis haciendo y os digo que fuera de las sendas del Señor no nos espera ninguna recompensa. Vale la pena vivir los principios del evangelio, vivir de acuerdo con sus normas, vincularnos con buenas personas, cumplir con los mandamientos y ser firmes a la verdad dondequiera que estemos.

Tal como algunos de vosotros sabréis, trabaje por un tiempo en el gobierno. No fue una tarea fácil de desempeñar, pero recibí la promesa del presidente de los Estados Unidos que no tendría que apoyar ninguna norma en la que no creyera. Él cumplió con su promesa y nunca me pidió que hiciera nada que estuviera en contra de mis creencias.

Agradezco al Señor el hogar en el cual nací y la misión que cumplió mi padre, que tal como lo indicó el élder Thomas S. Monson, fue llamado a una misión y tuvo que dejar a mi madre sola con siete hijos. El octavo nació cuatro meses después de haber llegado él al campo misional. En nuestro hogar comenzó a reinar un espíritu misional que nunca se alejó, y por el cual estoy profundamente agradecido.

Estoy agradecido por mis diez hermanos y hermanas, todos los cuales han cumplido una misión. Dos de mis hermanas viudas, una de ellas madre de diez hijos y la otra de ocho, después de enviarlos a todos a la misión, hablaron con sus respectivos obispos para expresarles el deseo de cumplir ellas mismas una misión.

Recuerdo perfectamente cuando me llamaron por teléfono y me dijeron:

-¿Sabes una cosa? hemos recibido nuestros llamamientos misionales.

A lo que contesté:

-¿Qué llamamientos misionales?

Respondieron

-¿Acaso no te has enterado?- (Ellas creían que el presidente del Quórum de los Doce tiene que saberlo todo.) Les dije:

-No, no me había enterado.

Contestaron:

-Las dos hemos sido llamadas para ir a una misión a donde tu predicaste el evangelio, en Inglaterra.

Les exprese mis mejores deseos, y ojalá hubierais podido oír el informe que ambas dieron cuando regresaron de la misión.

Lo más importante de esta vida es tener un testimonio de la verdad, y no hay mejor oportunidad de obtenerlo que durante una misión. Lo se porque he estado en el campo misional una y otra vez.

Que el Señor bendiga esta maravillosa asamblea del sacerdocio. Lo ruego en el nombre de Jesucristo. Amén.

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