Los cielos cuentan la gloria de Dios

Conferencia General Octubre 1985logo 4
Los cielos cuentan la gloria de Dios
Don Lind

Don Lind«Me tomo mucho tiempo, muchos años de preparación ir al espacio. Aprendí que las cosas que valen no se adquieren fácil o rápidamente. Aprendí que el ser persistente da resultado. También aprendí que uno tiene que estar preparado para cuando se presente la oportunidad.»

Hermanos, es un honor estar con ustedes esta noche. En mi vida profesional mantengo estrecha relación con personas muy conocidas y de grandes logros tanto astronautas como científicos. Como astronauta soy miembro de varias organizaciones científicas y gubernamentales. He sido miembro de algunos comités que han tomado decisiones muy importantes en el programa espacial en los cuales esta de por medio una gran cantidad de dinero y las carreras profesionales de muchas personas. Pero sinceramente puedo decirles que para mi es mucho mas importante ser miembro del sacerdocio de esta Iglesia que de ninguna otra organización a la cual pertenezco. Las otras son organizaciones de los hombres. Es un honor pertenecer a ellas; pero ese honor durara sólo algunos años, mientras que el sacerdocio permanecerá para siempre. Anhelo mas ser digno de asociarme con ustedes, mis hermanos del sacerdocio, que con ningún otro grupo de hombres con quienes he laborado.

Unos días después de la conferencia en abril, me estaba preparando para emprender uno de los viajes mas fascinantes que jamas me había imaginado. El 29 de abril, nuestra tripulación viajó en el transbordador «Challenger» para cumplir con una misión científica llamada «Laboratorio espacial 3». Esta fue una experiencia conmovedora y un viaje impresionante. Estoy seguro de que la mayoría de ustedes han visto en sus televisores cuando despega una nave espacial. Puedo asegurarles que es tan impresionante como se ve.

Me sorprendió ver lo calmado que me encontraba cuando estaba poniéndome los cinturones de seguridad en mi asiento unas dos horas y media antes del despegue. A medida que proseguía la cuenta regresiva mas aumentaba mi emoción. Cuando escuche abajo el rugir de los motores principales que aceleraban para alcanzar la velocidad necesaria, la adrenalina empezó a fluir notablemente. Al escuchar el increíble estruendo que se produce al encenderse los cohetes propulsores y sentir que el «Challenger» despegaba, me sentí tan emocionado como un niño en camino al circo.

Con tres millones y medio de kilos de potencia prensando a uno contra el asiento, y con tres veces mas de su peso normal, rápidamente se acelera la velocidad. Para cuando se utiliza todo el combustible uno desea ir lo mas rápido posible a fin de que la fuerza centrifuga mantenga a la nave en órbitaC y para eso es necesario viajar a 28,157 kilómetros por hora. El viajar a esa velocidad es toda una experiencia. Al entrar en órbita, viajamos desde Cabo Cañaveral, en Florida, hasta el norte de Boston, en un poco mas de ocho minutos, trayecto que en un vuelo comercial regular requiere aproximadamente dos horas y cuarenta y cinco minutos.

Cuando se alcanza la velocidad orbital, los motores repentinamente se apagan y se produce un profundo silencio. Floté hacia los cinturones que me ajustaban a la altura de los hombros. Unos libros de instrucciones, que también estaban atados, pasaron flotando enfrente de mi, tal como las algas que veo en el fondo del mar cuando voy a bucear. Sabia que esto era cero gravedad. Permanecí en mi asiento por algunos minutos saboreando el hecho de que por fin me encontraba en el espacio.

Durante la semana siguiente la tripulación efectuó un total de quince experimentos un tanto complejos en el laboratorio que habíamos montado en el compartimento de carga del transbordador.

El trayecto a la órbita espacial fue maravilloso, pero el viaje de reingreso no fue tan novedoso porque ya para ese entonces me había acostumbrado bastante a las condiciones del espacio. Sin embargo, fue igualmente importante. Cuando se esta debidamente capacitado no se siente temor en ningún sentido, pero se tiene un gran respeto por la energía tan inmensa que esta presente y por consiguiente, por el riesgo que la misma impone. Uno esta continuamente consciente del hecho de que cada maniobra debe efectuarse a la perfección.

Se suponía que aterrizaríamos en la Base Aérea Edwards, al norte de Los Angeles; pero empezamos el retorno al espacio atmosférico al noreste de la isla de Madagascar; de allí descendimos al sur de Australia y de ahí a través del Pacifico para regresar a nuestro punto de origen. El proceso de entrada a la atmósfera terrestre es muy exigente. No hay manera de llevar suficiente combustible para disminuir la velocidad con cohetes de propulsión. Se cuenta sólo con el suficiente para sacar la nave de la órbita y traerla de regreso a la esfera atmosférica. Entonces se usa el ingenio; se entra a la atmósfera en la peor posición aerodinámica imaginableCde panza. Esto ocasiona un terrible choque aerodinámico. Pero eso es precisamente lo que disminuye la velocidad de la nave considerablemente sin necesidad de usar una gota de combustible, al tiempo que la energía cinética se convierte en calor.

Todo esto esta muy bien, excepto por el hecho de que el impacto produce una temperatura de 2,600 grados centígrados, mas que suficiente para derretir a un astronauta. Esa es la razón por la que nos preocupamos tanto por la capa de azulejos térmicos instalada en la superficie inferior de la nave. Durante el retorno esta capa se vuelve refulgente como las llamas. De hecho, hasta el aire alrededor del transbordador forma como una aureola rojiza debido al intenso calor. Desde la tierra nos vemos como un meteorito que cruza el espacio. El mirar por las ventanas desde esa bola de fuego es una experiencia increíble, especialmente cuando uno comprende que esta en un infierno mas caliente que el preparado para Sadrac, Mesac y Abed-nego (Daniel 3: 12-30), y NASA no puede garantizarnos la protección que el Señor les dio a ellos.

El transbordador, del cual dependía nuestra vida, no tuvo ninguna falla. Personalmente estoy convencido de que el Señor estaba velando por nosotros. Se me había prometido eso en una bendición especial que recibí antes de despegar. Esa bendición se cumplió y le agradezco a mi Padre Celestial por ello.

Estoy seguro de que la manera en que uno generalmente se imagina un vuelo espacial es en una maquina impresionante, ondulantes llamas y tecnología avanzada. Lo cual no es incorrecto. Pero para mal, hubo también sentimientos muy especiales y personales. Algunos fueron divertidos. Vivir con la ausencia de la gravedad fue fabuloso. La habilidad para flotar a cualquier rincón del laboratorio y posarse como un gorrión en cualquier lugar apropiado me hizo sentir como si estuviera viviendo los sueños de mi infancia.

Algunos de mis sentimientos personales fueron muy espirituales. El solo hecho de ver a la tierra desde el espacio fue increíblemente impresionante. De antemano sabia exactamente todo lo que iba a ver. Intelectualmente estaba preparado; pero no lo estaba en el aspecto emocional. El mundo es muy grande. Lo sabia. Pero ver esta esfera tan inmensa flotar lentamente debajo de nosotros es algo inexplicable. No tengo la capacidad para describirlo y ninguna fotografía le haría justicia. La visibilidad, naturalmente, era excelente; sin embargo, me sorprendió la gran intensidad de los colores. Creo que existen cuando menos 20 tonos distintos de azul a medida que la atmósfera de la tierra cambia del gris del curvo horizonte hasta el increíble negro de la inmensidad espacial. Los cientos de tonos de verde, azul y amarillo de los archipiélagos son indescriptibles .

La primera vez que tuve unos minutos para detenerme y ver la tierra, la belleza absoluta de esta hizo que los ojos se me llenaran de lagrimas. En ausencia de la gravedad las lagrimas no ruedan por las mejillas, sino que permanecen enfrente de los ojos y se van agrandando. En unos cuantos minutos uno se siente como un pez tratando de ver para afuera de la pecera.

Traten de imaginarse lo que fue presenciar esa escena y recordar partes de media docena de Escrituras «Los cielos cuentan la gloria de Dios» (Salmos 19:1. ) Si han visto los cielos, han visto «a Dios obrando en su majestad y poder». (D. y C. 88:47.) Estoy seguro de que pueden imaginarse lo cerca que me sentí de mi Padre Celestial al ver una de Sus bellas creaciones. Ciertamente me conmovió y cobre mas consciencia de lo que el Señor hizo como Creador de nuestra tierra. Esa fue una de las experiencias mas conmovedoras de mi vida.

Otra experiencia que fue muy especial para mi fue participar de la Santa Cena en órbita. Estuvimos en el espacio durante toda una semana, y naturalmente pasamos ahí un domingo. Mi obispo me había otorgado permiso para efectuar mi propio servicio sacramental. Fue algo fuera de lo común. Ustedes presbíteros que me escuchan, imagínense el hincarse en ausencia de la gravedadCflotando en el aire. Para hacerlo en privado tuve mi reunión sacramental en mi estación para dormir, algo semejante a una litera en un tren. Me arrodille en lo que ustedes pensarían es el techo y abrace mi bolsa de dormir para no flotar. Fue una experiencia muy especial. Toda mi vida recordare ese servicio sacramental y la renovación de mis convenios bautismales a tanta distancia de la tierra. Ese sentimiento tan especial es el que por lo general se siente cuando se va al templo.

Poco después del viaje tuve la oportunidad de servir de guía en el Centro Espacial para la hermana Sharlene Wells, nuestra Miss América. Me preguntó si no me había resultado incómodo el viajar al espacio de cabeza. Le explique que en el espacio uno siempre se siente que esta en la posición correcta y fija, y que es el mundo el que da vuelta abajo. Si la cabeza de alguien señala hacia los pies de uno, esa persona es la que esta al revés. Al despegar, la tierra simplemente gira sobre la cabeza de uno; pero, ese es su problema.

Mas tarde, durante una charla, la hermana Wells hizo un comentario acerca de esa situación y pienso que es muy significativo. En muchas de las cosas que hacemos, el mundo piensa que estamos al revés. Creen que nuestras normas morales son tonterías, que nuestras normas nos restringen y que nuestras creencias son originales pero pasadas de moda. Lo mas importante es que debemos asegurarnos de mantenernos siempre al derecho, alineados con el Señor, aunque haga parecer que el mundo esta al revés.

Me tomó mucho tiempo, muchos años de preparación ir al espacio. Aprendí que las cosas que valen no se adquieren fácil o rápidamente. Aprendí que el ser persistente da resultado. También aprendí que uno tiene que estar preparado para cuando se presente la oportunidad. Empece mi preparación para el programa espacial cuando este todavía ni existía. Pude pasar la prueba física de seis días a l a q u e se so mete a los astronautas porque toda mi vida he vivido de acuerdo con la Palabra de Sabiduría. Cuando empezaron a aceptar solicitudes para el programa espacial ya tenia mi título profesional; ya sabia manejar aviones de propulsión. Cuando el FBI llevó a cabo su investigación no pudieron encontrar nada que me descalificara. Jovencitos del Sacerdocio Aarónico, esta noche han dado comienzo a su preparación para lo que algún día llegaran a ser. Les exhorto a que se preparen bien.

Hermanos, es un gran honor estar con ustedes esta noche. Les testifico que estamos en la obra del Señor. El vive y dirige Su Iglesia, y que las Autoridades Generales son sus siervos escogidos, en el nombre de Jesucristo. Amen.

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