Los que aman a Jesús

Conferencia General Octubre 1985

Los que aman a Jesús

Thomas S. MonsonÉlder Thomas S. Monson
del Quórum de los Doce Apóstoles

“Jesús nos enseña: ‘El que tiene mis mandamientos, y los guarda, ese es el que me ama; y el que me ama, será amado por mi Padre, y yo le amare, y me manifestare a el’.”


El conducir un automóvil por las modernas autopistas en un soleado día de verano suele ser una experiencia agradable. Frecuentemente uno puede apreciar una gran variedad de panoramas en un mismo paseo. Sin embargo, cuando el transito se hace pesado, el paisaje se deja a un lado, y uno se concentra en el vehículo de adelante. En medio de una situación tal, leí con marcado interés lo que decía un letrero pegado en el brillante paragolpes de un automóvil que zigzagueaba entre el trafico. Decía lo siguiente: “Si ama a Jesús, toque la bocina”. Nadie pareció apercibirse de la invitación, tal vez por estar molestos con la agresividad del conductor. Por otro lado, ¿seria acaso esa la forma mas apropiada de demostrar amor hacia el Hijo de Dios, el Salvador del mundo, el Redentor de la humanidad? Por cieno que ese no fue el modelo que nos brindó Jesús de Nazaret.

El Maestro enseñó en forma por demás convincente en cuanto a la importancia de mostrar a diario un amor verdadero y perdurable cuando en forma inquisitiva le preguntó al interprete de la ley: “Maestro, ¿cual es el gran mandamiento en la ley?”

En Mateo encontramos que “Jesús le dijo: Amaras al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente.

“Este es el primero y grande mandamiento.

“Y el segundo es semejante: Amaras a tu prójimo como a ti mismo.” (Mat. 22:36-39

Marcos termina el relato de este pasaje con la siguiente declaración del Salvador: “No hay otro mandamiento mayor que estos”.

Su respuesta no se podía refutar. Sus mismas acciones dieron mérito a sus palabras. El Señor demostró un amor genuino hacia Dios por medio de una vida perfecta, honrando la sagrada misión que debía cumplir. Jamas demostró arrogancia ni vano orgullo. Jamas fue desleal. En todo momento fue humilde; fue siempre sincero, y también verídico.

Pese a que fue llevado por el Espíritu al desierto para ser tentado por el maestro del engaño, el mismo diablo; pese a que se debilitó físicamente tras haber ayunado durante cuarenta días y cuarenta noches y tener hambre; pese a todo ello, cuando el diablo lo sometió a las mas tentadoras propuestas, El nos dio un ejemplo divino de amor verdadero a Dios rehusando desviarse de lo que El sabia que era correcto. (Mat. 4:1-1 1. )

A lo largo de su ministerio, Jesús bendijo a los enfermos, le devolvió la vista a los ciegos, hizo que los sordos oyeran nuevamente y que los paralíticos caminaran. Enseñó el perdón perdonando; enseñó compasión siendo compasivo; enseñó devoción al dar de si mismo. En todo momento Jesús enseñó por medio del ejemplo.

Al analizar detenidamente la vida del Señor, cualquiera de nosotros podría hacer eco a las estrofas del conocido himno que dice:

Asombro me da el amor que me da Jesús,
Confuso estoy por su gracia y por su luz;
Y tiemblo al ver que por mí el su vida dio,
Por mí, tan indigno, su sangre se derramó.
(“Asombro me da”, Himnos de Sión, núm. . 46. )

Para demostrar nuestro agradecimiento, ¿nos es requerido también a nosotros dar la vida como lo hizo El’? Algunos lo han hecho.

En la hermosa ciudad de Melbourne, Australia, hay un magnifico cenotafio de guerra. Al caminar por sus silenciosos corredores, se pueden apreciar placas de mármol con inscripciones de los actos de valor de aquellos que ofrecieron el máximo sacrificio. Uno puede casi escuchar el rugir de los cañones, el silbido de los proyectiles, los gemidos de los heridos. Se puede sentir el clamor de la victoria y, al mismo tiempo. el desconsuelo de la derrota.

En cl centro del salón principal se encuentra. a la vista de todos, la leyenda que sirve de homenaje a los que allí se recuerdan. Los rayos de luz que se filtran por una ventana en el techo permiten leer las inmortales palabras: “Nadie tiene mayor amor que este, que uno ponga su vida por sus amigos” (Juan 15:13).

El cometido que todos tenemos delante de nosotros hoy y con cl cual debemos cumplir no implica que tenemos que ir al campo de batalla de la guerra para ofrecer nuestra vida. Si debemos ir al campo de batalla de la vida, y vivir y servir de manera tal que nuestras acciones sean el reflejo de nuestro amor por Dios, por su Hijo, Jesucristo. y por nuestro prójimo. Esto no se logra por medio de astutas leyendas en paragolpes de automóviles .

Jesús nos enseña: “Si me amáis, guardad mis mandamientos” (Juan 14:15).

“El que tiene mis mandamientos, y los guarda, ese es el que me ama; y el que me ama, será amado por mi Padre, y yo le amare, y me manifestare a el”. (Juan 14:21).

Hace unos cuantos años bailábamos al compás de una canción popular que decía: Es fácil decir te quiero, y que nunca te engañaré. Es fácil decir muchas cosas, mas con mis hechos lo demostrare.”

De las lecciones que aprendí en la Primaria, recuerdo un poema titulado: “¿Quien dio mas amor?”

“Te quiero, mama”, dijo el niño Omar,
y sin mas ni mas se marcho a jugar.
Con sus amiguitos se echo a correr,
dejando a la madre todo para hacer.

“Te quiero”, le dijo Nelly, sin vacilar,
“mas de lo que mis labios pueden expresar” .
Pero la niña muy mal se empezó a comportar,
y alegró a la madre verla irse a jugar.

“Te quiero, mama”, le dijo Beatriz.
“Hoy te ayudare y te haré feliz.
“Me alegro de poder hoy contigo estar.
” Y a su hermanito se puso a arrullar.

Después, en silencio, la escoba tomo,
y toda la sala y cocina barrio.
Paso todo el día ocupada y feliz;
se veía contenta la pequeña Beatriz.

“Te quiero, mama”, los tres le dijeron,
cuando por la noche a la c ama se fueron .
Y aquella mama, ¿como crees que noto
cual de los tres mas amor le dio?
(Joy Allison, The World ‘ s Best Loved Poems New York: Harper and Row, 1955], pág. 243-244; traducción libre.)

Los años transcurren; la infancia se desvanece, mas la verdad nunca deja de ser. La transición de los poemas de la Primaria a las verdades de la época actual no es difícil. El amor verdadero continua siendo la expresión exterior de la convicción interior.

Hoy, en una tenue elevación de la histórica ciudad de Freiberg, en la República Democrática Alemana, se levanta un hermoso templo dedicado a Dios. Ese templo proporciona las mas sublimes bendiciones eternas de un amoroso Padre Celestial hacia sus fieles santos.

Hace diez años, un domingo por la mañana, el 27 de abril de 1975, me pare sobre la saliente de una roca entre las ciudades de Dresden y Meissen, muy arriba del río Elba. Obedeciendo a los susurros del Espíritu, ofrecí una oración dedicatoria de esa tierra y su gente. En esa oración hice mención de la fe de los miembros. Recalcaba los tiernos sentimientos de muchos corazones llenos del inmenso deseo de obtener las bendiciones del templo. En ella exprese una súplica por el logro de la paz. Pedí también ayuda divina, diciendo: “Amado Padre, haz que este sea el comienzo de un nuevo día para los miembros de tu Iglesia en esta tierra”.

De pronto, de las profundidades del valle, rompió el silencio de la mañana el repiqueteo de la campana de una iglesia y el cantar de un gallo, ambos, cual augurios del comienzo de un nuevo día. Pese a tener los ojos cerrados, sentí el calor de los rayos del sol en el rostro, en las manos y en los brazos. ¿’Cómo era posible’? Habla estado lloviendo copiosamente toda la mañana. Mas al terminar la oración, eleve la vista al cielo y vi que un rayo de sol se filtraba por una pequeña abertura entre las espesas nubes, un rayo que refulgía sobre el lugar donde estaba nuestro pequeño grupo. En ese preciso instante supe que se nos concederla ayuda divina.

El gobierno brindó plenamente su colaboración, y el presidente Spencer W. Kimball y sus consejeros dieron su ferviente aprobación. Se planificó la edificación de un templo, se escogió un predio, se procedió a dar la palada inicial y se comenzó a construir. En el momento de la dedicación, la atención de la prensa internacional estaba centrada en este templo rodeado de circunstancias tan particulares. Muchos se preguntaron cómo era posible cristalizar tal cosa, y por que. Esto se hizo particularmente evidente durante los días en que el templo estuvo abierto al publico y 89.872 personas lo visitaron. Hubo momentos en que la espera se prolongó hasta por tres horas, algunas veces bajo lluvia. Pero nadie se echó atrás. A todos se les mostró la casa de Dios.

Durante los mismos servicios dedicatorios, cuando el presidente Gordon B. Hinckley ofreció la oración dedicatoria, dieron marco a tan histórico acontecimiento himnos de alabanzas, testimonios de verdades, lagrimas de gratitud y oraciones de agradecimiento. Para entender el cómo y el porque’, resulta necesario conocer la fe, la dedicación y el amor de los miembros de la Iglesia en esa nación. Pese a no llegar a los cinco mil, el nivel de actividad sobrepasa todos los promedios de cualquier otra parte del mundo.

A lo largo de los muchos años que he cumplido con asignaciones en esa parte del mundo, he advertido la ausencia de espaciosas capillas con variedad de salones de clase y con terrenos donde resaltara el verde del césped y el colorido de las flores. Las bibliotecas de los centros de reuniones, así como las de los miembros en forma personal, consisten apenas en los libros canónicos, un himnario y uno o dos volúmenes mas. Estos libros no permanecen en los estantes de los libreros. Sus enseñanzas están grabadas en el corazón de los miembros; se les pone de manifiesto en sus vidas diarias. El servir es un privilegio. Hay allí un presidente de rama de cuarenta y dos años de edad, quien ha servido en tal llamamiento por veintiún años, la mitad de su vida. Jamas se le escuchó quejarse, sino únicamente manifestar agradecimiento. En Leipzig. cuando en un crudo día de invierno se rompió el sistema de calefacción de la capilla, no se interrumpieron las reuniones. En cambio, los miembros se reunieron en el frío edificio, sentados lo mas juntos posible, con sus abrigos puestos y cantaron himnos de Sión y adoraron a Aquel que aconsejó: “No os canséis de hacer bien”, “Venid en pos de mi”, “Se humilde; y el Señor tu Dios te llevara de la mano y dará respuesta a tus oraciones”. (2 Tes. 3: 13; Mat. 4:19; D. y C. I 12: 10.)

El apóstol Pablo les enseñó a los corintios: “Si alguno ama a Dios, es conocido por el”. El amor que estos fieles miembros sienten hacia Dios, hacia su Hijo, Jesucristo, y hacia su evangelio sempiterno esta confirmado por sus propias vidas. Nos hace acordar al amor demostrado por el hermano de Jared, como se describe en el Libro de Mormón.

No se podía ver a esta gente privada de las bendiciones de un Padre Celestial amoroso y justo. La fe precedió al milagro. Ahora se efectúan ordenanzas eternas y se hacen convenios sempiternos. El amor de Dios ha vuelto a bendecir a Su gente.

Para aquellos que aman a Jesús, estas palabras proféticas tienen un significado sublime:

“¡Oíd, oh cielos, escucha, oh tierra, y regocijaos, vosotros los habitantes de ellos, porque el Señor es Dios, y apane de el no hay Salvador!

“Grande es su sabiduría, maravillosas son sus vías. . Sus propósitos nunca se frustran. . .

“Porque así dice el Señor: Yo, el Señor, soy misericordioso y benigno para con los que me temen, y me deleito en honrar a los que me sirven en justicia y en verdad hasta el fin.

“Grande será su galardón y eterna será su gloria. ” (D. y C. 76:1-3, 5-6. )

Tal es la bendición reservada para quienes aman a Jesús. Que todos podamos hacernos acreedores de este gran galardón y de esta gloria eterna, lo ruego en el nombre de Jesucristo, a quien amo y de quien testifico. Amén.

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