El momento de tener esperanza

Conferencia General Octubre 1986logo 4
«El momento de tener esperanza»
Ardeth G. Kapp
Presidenta General de las Mujeres Jóvenes

Ardeth G. Kapp.«Habrá algunas cuestas empinadas por delante, pero nuestro Señor y Salvador Jesucristo nos ha prometido que subirá a nuestro lado.»

Quisiera poder sentarme con cada una de vosotras en el columpio de mi jardín en esta temporada, precisamente cuando el sol empieza a caer. ¡Me gusta tanto escuchar a los grillos! Los que escuchan con atención pueden distinguir entre un mensaje de amor, una señal de peligro y otros sonidos que simplemente dicen: «Aquí estoy».

¿Sabíais que los grillos tienen oídos en las rodillas? Cuando yo estoy de rodillas trato de escuchar para poder comprender mejor las necesidades y los anhelos de vosotras jovencitas. Trato de entender al leer vuestras cartas y siempre que tengo la oportunidad de escucharos expresar vuestros pensamientos y sentimientos.

Imaginaos que estáis sentadas conmigo en mi columpio mientras escuchamos juntas los mensajes que he recibido recientemente de algunas jovencitas.

»Estimada hermana Kapp:

»Este año ha sido muy difícil. No me he sentido segura de mi misma, y mi amiga (quien también es miembro de la Iglesia) se volvió en contra de mi e hizo otras amistades. ,A veces me siento tan sola! Sé que mi Padre Celestial está al tanto de mis problemas, y también sé que debo tenerlos para progresar, aunque a veces es muy difícil recordarlo.»

Escuchemos a otra jovencita que nos cuenta lo que siente:

»Siempre se dice que es necesario que pase algo en la vida para darnos el deseo de cambiar. Eso me sucedió a mí. Aún tengo mucho para recorrer, pero por fin comprendí que mi Padre Celestial esta de mi lado aunque yo lo haya traicionado en cierta manera. Estoy esforzándome por cambiar mi vida y hacer lo correcto. Estoy decidida a hacerlo, no importa cuánto tiempo me tome: pero es tan difícil. Sólo quisiera poder ir a darles un abrazo a mis Padres Celestiales y decirles que estoy en camino.»

Escuchemos parte de la carta que recibió una madre preocupada pero agradecida. A su hija de diecisiete años la considerarían una rebelde los que no han aprendido a reconocer un llamado de auxilio:

»Queridos padres:

»Sé que no he sido muy buena hija, pero espero que las cosas mejoren entre nosotros. Por favor no se den por vencidos conmigo, porque los quiero aunque no se los diga. Traten, de entender lo que les digo. Permaneceremos unidos y nos amaremos a través de tiempos difíciles porque somos una familia.

Yo escucho vuestros mensajes, jovencitas. Los escucho con los oídos y con el corazón. Quisiera poder deciros lo que a través de los años he aprendido sobre la esperanza. si pudiera, os la regalaría, pero solo se obtiene mediante el esfuerzo propio. Durante el breve tiempo en que estamos separados de nuestros Padres y de nuestro hogar celestial, se nos da el albedrío con el propósito de que se nos pruebe en todo sentido (véase 2 Nefi 2:24-28). Sin duda alguna tendréis días malos y pruebas difíciles: aprended de ellos; progresad y sed más fuertes y mejores por ellos.

Cuando yo me veo ante situaciones difíciles que no entiendo repito mentalmente las palabras de una canción que aprendí hace años, cuando me preguntaba si Dios escuchaba mis oraciones, y necesitaba esperanza para seguir adelante .

Por tu Dios serás probada,
Y más luz recibirás;
El no deja de amarte,
Pues tu eres su solaz.
(Hymns, 1985. núm. 43.)

Las familias pueden ser vuestra mejor fuente de fortaleza. Mi hermana Sharon tenia un disco que tocaba constantemente hasta que lo memorizo; a veces todavía me repite lo que decía.

Se trataba de una jovencita del pueblito minero de Leadville, Colorado, a quien encontraron y criaron una pareja campesina. No sabían de donde venia, pero la niña tenia un empuje y una esperanza interior que la llevaron desde ese pueblito minero a algunos de los lugares mas prestigiosos de Europa. A través del relato nos enteramos de su dramática experiencia en el desafortunado Titanic, que se hundió con mil quinientas personas a bordo. Ella consiguió subirse a uno de los botes salvavidas con otras personas y comenzó a remar. A los demás les aterrorizaba la idea de encontrar sepultura en el mar y muchos gritaron angustiados: »No nos salvaremos». Pero Molly no escuchaba sus gritos, o por lo menos no les hizo caso, sino que siguió remando y nunca se dio por vencida. Los titulares del periódico New York Times la llamaron »La imperecedera Molly Brown». Su inquebrantable esperanza inspiro a muchas personas.

En la obra teatral La imperecedera Molly Brown, vemos primeramente a Molly como una pequeña campesina con limitadas oportunidades, sin educación y ningún refinamiento. Esta jugando con sus hermanos adoptivos y ellos la atrapan. Su hermano le dice: »Estas presa, Molly». Y la pequeña Molly le responde: «No estoy presa; y aunque lo estuviera nunca lo diría. Odio la palabra «presa» pero me encanta la palabra «libre». Porque libre significa esperanza y eso es lo que tengo. Tengo esperanzas de ir a un lugar mas bonito y mas limpio, y si tengo que comer cabezas de pescado toda la vida, ¿por que no comerlas aunque sea una vez en un plato, y con un vestido de seda roja’?» Entonces comienza a cantar a toda voz:

Algún día. con mis esfuerzos, aprenderé a leer y a escribir y el mundo veré .

Y cuando me vuelvas a ver estaré en el camino que me lleva el un futuro mejor.

¡Eso es la esperanza!

Antes solía preguntarme donde estaba ese camino que conducía a un futuro mejor y como lo encontraría. Recuerdo que cuando era niña me paraba frente a la ventana de la cocina y miraba el camino de grava que iba hacia el este. A los lados del camino había pasto alto en cl verano y nieve profunda en el invierno. y una que otra casa. Solía preguntarme: »¿Que hay para mi mas allá? ¿Cual es mi lugar en el mundo?» Estoy segura de que a veces vosotras también os preguntáis lo mismo. Al final de nuestro camino de grava estaba la reserva india y al otro lado del río la colonia de una secta religiosa. En esos tiempos no parecía haber mucha esperanza para mi. La escuela me resultaba muy difícil; mis amigos continuaban avanzando y yo me consideraba torpe. ¿Se imaginan lo que es sentirse así’? Es horrible.

Cuando tenia doce años y me sentía muy desanimada después de un frío invierno, mis padres hicieron algunos sacrificios para llevar a cabo un plan que esperaban me infundiera esperanza. Decidieron llevarme mas allá de nuestro sendero de grava, cruzando la frontera de Canadá con Estados Unidos, atravesando Montaña y Idaho hasta llegar a Salt Lake City, para asistir a la conferencia general.

Llegamos temprano el primer día de la conferencia y esperamos en fila con la esperanza de entrar al gran Tabernáculo que yo solo había visto en cuadros. Recuerdo que nos sentamos por allá, en los balcones del lado izquierdo. desde donde podía ver al profeta en persona y escucharlo hablar. cosa que nunca había soñado hacer. Al escuchar al profeta de Dios en esos momentos, me pareció que me hablaba a mi y sentí esperanzas; empece a comprender cual era el verdadero camino que llevaba a un futuro mejor, y decidí allí mismo que seguiría ese camino estrecho y angosto que conduce al reino celestial, y que nunca me daría por vencida. I le llegado a saber sin ninguna duda que el evangelio de Jesucristo es cl sendero de la esperanza que nos lleva a nuestro Padre Celestial y a nuestro hogar eterno.

Escuchad la promesa que nos hace nuestro Padre: »Se fiel y diligente en guardar los mandamientos de Dios. y te estrecharé entre los brazos de mi amor» (D. y C. 6:20).

Y nos consuela diciendo: »Venid a mi todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar. Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mi (eso significa que tomemos sobre nosotros el nombre de Cristo y lo sigamos), que soy manso y humilde de corazón; y hallareis descanso para vuestras almas  (eso significa consuelo y paz)» (Mateo 11:28-29).

Bueno, si estuviéramos sentadas en mi columpio os preguntaría:

«¿Comprendéis el plan de nuestro Padre Celestial y el papel que jugáis en el? ¿Habéis recibido vuestra bendición patriarcal? ¿Os dais cuenta de que en verdad sois de un linaje real y noble?»

Jovencitas, quiero pediros que busquéis vuestro propio jardín y vuestro propio columpio. Lejos de las voces exigentes del mundo. Aprended a escuchar bien; no el canto de los grillos sino los mensajes constantes del Espíritu que os inspiran a cada paso en el camino que conduce al reino celestial.

¿Podéis imaginaros lo que sucedería si toda jovencita enviara mensajes al mundo que inspiraran a otras personas a nunca darse por vencidas?

Eso es exactamente lo que está sucediendo. Quizás muchas de vosotras ya estéis enteradas de que se ha invitado a las 300,000 jóvenes de la Iglesia a participar en una magnifica celebración mundial. Se las ha invitado a preparar mensajes breves de amor y esperanza y a atarlos a globos de helio que se soltaran el 11 de octubre al amanecer. Por diversas razones, algunos mensajes de esperanza y amor están llegando con anticipación a Salt Lake City para que otras jóvenes los envíen.

Muchos de estos comienzan así: »A quien encuentre este globo». Angela Santana envía su mensaje de amor desde Brasil. En el sobre escribió: » Una persona que no ha perdido la esperanza no puede ser totalmente infeliz».

Shauna Bocutt, de 15 años de edad, de Africa, envía este testimonio personal: «Yo se que mi Padre Celestial me ama porque se lo he preguntado

Desde las Filipinas: »¡Hola! Yo soy Dhezie Jimeno. de 16 años de edad. Me gustaría decirte algo que espero que atesores en tu corazón. Es que Dios si se interesa por ti y te ama muchísimo. Es cierto que en la vida tenemos sufrimientos, angustias, desgracias y pruebas pero sólo para que adquiramos experiencia, y además, podemos hacer que todo eso nos beneficie. Las dificultades son deberes que Dios nos manda, y si lo hace, es señal de que nos tiene confianza. Por lo tanto, seamos alegres y felices, porque eso es sensato. Dios te ama y siempre esta dispuesto a ayudarte. Sólo acude a El en oraciones fervientes. Yo se que Dios nunca nos falla, que siempre escucha y que te quiere mucho. Tienes un amigo. «

El que miles de jóvenes escriban mensajes de amor y de esperanza para compartir el evangelio de Jesucristo en todo el mundo es motivo para celebrar.

Si oramos diariamente, estudiamos las Escrituras y seguimos fielmente el camino que lleva al reino celestial, tendremos «un fulgor perfecto de esperanza» (2 Nefi 31:20). Habrá algunas cuestas empinadas por delante, pero nuestro Señor y Salvador Jesucristo nos ha prometido que subirá a nuestro lado. Jovencitas, prometed hoy mismo, si aun no lo habéis hecho, que caminaréis con firmeza por el sendero que lleva al reino celestial. Animaos, alegraos, dejad que vuestra alma se regocije y nunca, nunca, nunca os deis por vencidas. En el nombre de Jesucristo. Amén.

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