El reino crece en Sudamérica

Conferencia General Abril 1986logo 4
El reino crece en Sudamérica
élder M. Russell Ballard
del Quórum de los Doce Apóstoles

M. Russell BallardHoy día la Iglesia en Sudamérica cuenta con 30 misiones, 186 estacas, 2.148 barrios y ramas, 776 000 miembros y 5.140 misioneros regulares, de los cuales cerca del 60% son nativos de Sudamérica.

Mis queridos hermanos y hermanas, mi esposa Barbara nuestra familia y yo os expresamos nuestro mas profundo agradecimiento por los mensajes de amor y apoyo que hemos recibido desde el mes de octubre, cuando fui llamado al Consejo de los Doce Apóstoles.

Toda mi vida he tenido en gran estima a los Apóstoles de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Ultimos Días. Desde los primeros días de mi infancia la palabra apóstol ha sido una que mis padres utilizaban con gran reverencia. Desde que fui ordenado a este llamamiento tan especial, he tenido muchas horas para meditar en la sagrada responsabilidad que ahora descansa sobre mis hombros.

El llamamiento de un apóstol es ser un testigo especial del nombre de Jesucristo en todo el mundo, especialmente de su divinidad y de su resurrección. El Quórum de los Doce Apóstoles es un “Sumo Consejo Presidente Viajante, para oficiar en el nombre del Señor bajo la dirección de la Presidencia de la Iglesia, de acuerdo con la institución del cielo; para edificar la Iglesia y dirigir todos los asuntos de la misma en todas las naciones, primero a los gentiles y luego a los judíos” (D. y C. 107:33).

El Señor le dijo a Thomas B. Marsh, Presidente del Quórum de los Doce:

“Ahora te digo, y lo que te digo a ti lo digo a todos los Doce: Levantaos y ceñid vuestros lomos, tomad vuestra cruz, venid en pos de mi y apacentad mis ovejas.

“Y además, te digo que a quienesquiera que envíes en mi nombre, por la voz de tus hermanos los Doce, debidamente recomendados y autorizados por ti, tendrán el poder para abrir la puerta de mi reino en cualquier nación donde los mandes” (D. y C. 1 12: 14, 21).

Hace doce días regrese de Sudamérica donde visite a la gente de Uruguay, Argentina y Colombia, y en diciembre visite Per i y Brasil. Al reflexionar en estas dos asignaciones observe el extraordinario crecimiento de la Iglesia entre estas personas .

En 1851, el élder Parley P. Pratt visitó Sudamérica, y otra vez, en 1925, se trató de iniciar la obra. En el día de la Navidad en 1925, en el Parque Tres de Febrero, en Buenos Aires, Argentina, mi abuelo, el élder Melvin J. Ballard, dedicó Sudamérica para la predica del evangelio. De la oración dedicatoria, cito lo siguiente: “Bendice a los presidentes, gobernadores y los dirigentes principales de estos países de Sudamérica, para que nos reciban amablemente y nos permitan abrir las puertas de salvación a todos los habitantes de estas tierras . . .

“Ahora, oh Padre, por la autoridad de la bendición y asignación del Presidente de la Iglesia, y por la autoridad del santo apostolado que poseo, doy vuelta a la llave, abro la cerradura y la puerta para la predicación del evangelio en todas las naciones sudamericanas. Además, reprendo y ordeno que se retire todo poder que se oponga a la predicación del evangelio en estas tierras. Dedicamos y bendecimos estas naciones para la predicación de tu evangelio y hacemos todo esto para que la salvación llegue a todos los hombres y para que tu nombre sea honrado y glorificado en esta parte de la tierra de Sión” (Melvin J. Ballard, Crusader for Righteousness, [Salt Lake City: Bookcraft, 19661, pág. 81; cursiva agregada).

Las palabras “por la autoridad del santo apostolado” tienen un significado especial para mí ahora que mi propio ministerio tiene esa misma autoridad de llevar a cabo los propósitos de nuestro Padre Celestial.

Unos pocos días antes de mi llegada allí el 14 de marzo, encontraron el registro de la historia original de los tres misioneros Autoridades Generales que visitaron Buenos Aires en 1925. Leí con gran interés las dificultades tan tremendas con las que se enfrentaron. El viaje de Salt Lake a Buenos Aires que realizaron los élderes Melvin J. Ballard, Rey L. Pratt y Rulon S. Wells, por tierra y mar, les tomó 34 días. En comparación, mi viaje cubrió la misma distancia en 22 horas.

En 1925 habla sólo cuatro miembros de la Iglesia en Sudamérica y estos dieron la bienvenida a los misioneros. Para ahorrar sus recursos, alquilaron en un hotel una sola habitación para los tres. Varias veces se mudaron, hasta que por fin encontraron un apartamento barato en el cual podían vivir los tres.

Sus esfuerzos para anunciar las primeras reuniones publicas en los diarios de Buenos Aires fueron inútiles. Los diarios rehusaron imprimir el anuncio. El élder Pratt preparó un volante en español, y el élder Ballard, que sólo hablaba ingles, los distribuía todos los días. El élder Pratt pasó la mayor parte del tiempo traduciendo doctrina e himnos al español. El élder Wells, que hablaba alemán, enfermó y tuvo que regresar a las Oficinas Generales un poco después de su llegada a Argentina.

Mis hermanos, es difícil expresar mis sentimientos conforme leí de los primeros días de la obra misional en Sudamérica. Me emocionó profundamente saber que durante casi ocho meses, mi abuelo caminó las calles de Buenos Aires repartiendo de 200 a 500 volantes cada día, con excepción del domingo, para invitar a la gente a aprender el mensaje de la Restauración.

La obra entre los argentinos fue muy difícil, sólo uno se bautizó durante los primeros ocho meses. El 4 de julio de 1926, mi abuelo dijo: “Por un tiempo, la obra del Señor crecerá despacio, así como el roble crece despacio de la bellota. No se estirara en un día como el girasol, que rápido crece y después muere. Miles se unirán a la Iglesia y se dividirá en mas de una misión y será una de las mas fuertes en la Iglesia. La obra aquí nunca va a ser mas pequeña de lo que ahora es. Vendrá el día cuando a los lamanitas en esta tierra se les dará una oportunidad. La misión de Sudamérica será poderosa en la Iglesia” (Melvin J. Ballard, Crusader for Righteousness, pág. 84).

Sesenta años mas tarde, la Iglesia en Sudamérica cuenta con treinta misiones, 5.140 misioneros, de los cuales aproximadamente el 60% son sudamericanos. Cubren la tierra 186 estacas con 2.148 barrios y ramas aquí y allá. Aproximadamente 776.000 miembros de la Iglesia son evidencia del cumplimiento de esta oración dedicatoria.

El mes pasado, en una conferencia regional efectuada en Montevideo, el presidente J. Thomas Fyans, su esposa y yo nos reunimos con 3.350 miembros de seis estacas, y el siguiente domingo, el presidente Helio R. Camargo, su esposa y yo nos reunimos con mas de 3.100 miembros en Bogotá, Colombia. La obra esta progresando en esta parte de la viña del Señor.

El trabajo tan eficaz de las Autoridades Generales del pasado y de las de hoy día se manifiesta en las vidas fieles de los santos. Miles de misioneros han servido honorablemente. Hombres y mujeres dedicados están dirigiendo la Iglesia en sus propios países en una manera magnifica. Es un gozo ver la segunda y tercera generación de miembros que viven dignamente para ser lideres en Sudamérica.

Hermanos, al visitar a los santos en Sudamérica, acudieron a mi mente las palabras de Nefi: “El no hace nada a menos que sea para el beneficio del mundo; porque el ama al mundo, al grado de dar su propia vida para que pueda traer a todos los hombres a el. Por tanto, a nadie manda el que no participe de su salvación” (2 Nefi 26:24). El evangelio de Jesucristo se refleja en el rostro de los miembros; expresan fe, dedicación y amor por el Señor. Se esfuerzan por ser dignos de las bendiciones del evangelio. En Bogotá, varios jovencitos del Sacerdocio Aarónico, con su uniforme Scout, me saludaron y sin vacilación me dijeron que saldrían a una misión tan pronto cumplieran la edad para ello. Con ese espíritu, el futuro de la Iglesia en Sudamérica estará en buenas manos.

Visite el Templo de Buenos Aires y me invadieron profundos sentimientos de gratitud al saber que con los cuatro templos dedicados en Sudamérica, la plenitud del evangelio esta bendiciendo a los miembros de la Iglesia.

Un ejemplo de esta maravillosa dedicación de los miembros en Sudamérica la demostraron las queridas hermanas que tejieron a mano sesenta y cuatro manteles para los altares del Templo de Buenos Aires cuando sólo siete se habían solicitado.

Mis queridos hermanos, como miembro del Consejo de los Doce, ahora mas que nunca se que vivimos en un mundo muy grande; casi cinco mil millones de los hijos de nuestro Padre Celestial viven en el, y la responsabilidad de llevarles el evangelio descansa en nuestros hombros. Tengo la impresión, ahora que empiezo a ver todo el panorama, de que los presidentes de estaca deben tomar mas de la responsabilidad de preparar a los miembros para recibir todas las bendiciones del evangelio. Los obispos y presidentes de rama deben hacer lo mismo. Nuestra obra no esta terminada hasta que los hijos de nuestro Padre entren en el templo y reciban todas las ordenanzas necesarias para prepararlos a vivir una vida celestial en la presencia de nuestro Padre Celestial y su Amado Hijo, Jesucristo.

El enseñar y preparar a los miembros de la Iglesia a ser dignos de recibir las bendiciones del templo descansa en los hombros del sacerdocio. En mi opinión, no hay substituto para los lideres locales inspirados. Me impresionaron bastante los relatos de conversión que narraron las presidencias de estaca en Bogotá. Un presidente de estaca, que ha servido por mas de ocho años, informó que fue llamado sólo dos años después de bautizarse. El Señor verdaderamente bendice a sus lideres cuando estos ponen su confianza en El. La Iglesia esta debidamente organizada. Ahora debemos asegurarnos de que “aprenda . . . todo varón su deber . . . a obrar con toda diligencia en el oficio al cual fuere nombrado” (D. y C. 107:99).

Me parece muy claro, a medida que esta obra continúe esparciéndose, que los lideres de la Iglesia en cada nivel, y especialmente en el nivel de estaca y barrio, necesitan entender el plan que Dios tiene para sus hijos, y enseñarles estos principios.

La edificación de la Iglesia por seguro aumentara si todos los lideres enseñan las verdades doctrinales puras y sencillas que llevan a los hijos de Dios a un entendimiento espiritual. El Señor dijo: “Y os mando que os enseñéis el uno al otro la doctrina del reino.

“Enseñaos diligentemente, y mi gracia os acompañará” (D. y C. 88:77-78). En mi opinión, el mayor motivador que tenemos en la Iglesia es que los miembros entiendan el plan de salvación. Presidentes de estaca y obispos, vosotros sois la clave para que vuestros miembros obtengan este conocimiento.

Cada líder debe esforzarse a motivar a las personas a buenas obras, enseñándoles las doctrinas del reino. Las Escrituras son nuestra norma, ya “que en ellas tenéis la vida eterna” (Juan 5:39). De ellas cosechamos las verdades que nos brindaran un claro conocimiento de las posibilidades eternas del hombre.

Humildemente os prometo, mis queridos hermanos, que en mi llamamiento como miembro del Quórum de los Doce, haré todo lo que me sea posible para enseñar el plan de nuestro Padre Celestial para la redención y exaltación de sus hijos. Me esforzare para aclarar las verdades que pueden proporcionar vida eterna a los hijos e hijas de Dios. Prometo a la Primera Presidencia y a vosotros que viviré de tal manera que si algún día soy enviado a abrir el camino para que el evangelio restaurado entre a una nación en la tierra, estaré preparado como los primeros misioneros que dedicaron y bendijeron las naciones en Sudamérica.

Vivimos en un tiempo glorioso; que gozo saber que el poder del santo sacerdocio esta funcionando en toda la Iglesia para bendecir la vida de los santos. Es maravilloso saber que el sacerdocio conferido en los Apóstoles de los últimos días, en esta dispensación, ha abierto las puertas de muchas naciones para la predicación del evangelio. Ciertamente veremos que otras naciones abrirán sus puertas de la misma manera extraordinaria.

Os testifico que Jesucristo es el Hijo Unigénito de nuestro Eterno Padre Celestial. Es nuestro Salvador, nuestro Redentor, nuestro Amigo y Hermano. Lo amo con todo mi corazón y considero que tengo el privilegio mas grande que puede recibir un hombre, de ser un testigo especial de El en todo el mundo.

El Señor os bendiga, hermanos, en el desempeño de Su obra, ruego en el sagrado nombre de Jesucristo. Amén.

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