La ley del ayuno

Conferencia General Abril 1986

La ley del ayuno

L. Tom Perryélder L. Tom Perry
del Quórum de los Doce Apóstoles

“¿Donde esta nuestra fe? Cuanto nos privamos a nosotros mismos de las bendiciones del Señor al no ser generosos en nuestras ofrendas de ayuno.”


Las grandes lecciones de las Escrituras nos enseñan vez tras vez cuan insensato es que el hombre se aparte de las vías del Señor y confíe en el brazo de la carne. Una de las certezas de la vida es que la humanidad, tanto individual como colectivamente, transitara por la vida en constantes altibajos. ¿Cuantos de nuestros relatos familiares contienen párrafos similares a este?

“Económicamente nuestra familia tiene momentos de inestabilidad. Al igual que muchos, nos fue bien en la década de 1920. Mi padre comenzó a ganar bastante dinero en bienes raíces, además de sus otros negocios. Por algunos años considero que fuimos ricos. Pero después nos cayó la depresión económica de la década de 1930, la cual nadie que la haya pasado podrá jamas olvidar. Mi padre perdió todo su dinero, y casi perdimos nuestra casa. Recuerdo haberle preguntado una vez a mi hermana, quien era un par de años mayor que yo, si tendríamos que mudarnos o cómo haríamos para encontrar otro lugar donde vivir. Las épocas malas dejan huellas indelebles y permanentes.” (Lee Iacocca and William Novak, lacooca: An Autobiography, New York: Bantam Books, 1984. pág. 7.)

Pero de la misma manera que podemos dar como ciertos los cambios en la vida, debemos tener la mas absoluta seguridad de que somos hijos de un Padre Celestial eterno. Como ejemplo supremo de padre bondadoso y amoroso, El nos ha establecido un derrotero bien definido para que nosotros sigamos, a cuyo fin esta la bendición de poder volver a su presencia.

Nos ha marcado el sendero con principios verdaderos que ni el transcurso del tiempo hará deteriorar. Esta tarde, hemos estado haciendo repaso de principios de bienestar tal como nos han sido revelados para nuestra aplicación durante los últimos cincuenta años.

Hay un principio adicional sumamente elemental para este plan de bienestar que quisiera exponer en esta ocasión. Se trata del de la ley del ayuno. Me maravillo cada vez que estudio los principios que el Señor ha diseñado para nosotros; cuan sencillos son en concepto, cuan fáciles de poner en práctica, y cómo su cumplimiento siempre nos trae bendiciones adicionales.

La ley del ayuno es elemental en nuestra Iglesia. Isaías declaró: “¿No es mas bien el ayuno que yo escogí? ¿No es que partas tu pan con el hambriento’?” (Isaías 58:6 7.) Al igual que muchas otras prácticas bíblicas, esta fue restaurada por el Señor en esta dispensación por medio del profeta José Smith.

La ley del ayuno tiene tres enormes propósitos. Primero, proporciona ayuda a los necesitados por medio de las ofrendas de ayuno, las que consisten del valor de las comidas de las cuales nos abstenemos. Segundo, el ayuno nos beneficia físicamente. Tercero, aumenta en cada persona el nivel de humildad y espiritualidad.

Una razón importante para ayunar es consagrar el dinero que no se gasta en las comidas de las que uno se abstiene al cuidado de los pobres y los necesitados. Una de las admoniciones mas poderosas que el Señor dio a sus hijos en la tierra es que tenemos la responsabilidad y la obligación de velar por el necesitado. El rey Benjamin declaró:

“Y ahora, por el bien de estas cosas que os he hablado, es decir, por el bien de retener la remisión de vuestros pecados de día en día. a fin de que andéis sin culpa ante Dios, quisiera que de vuestros bienes dieseis al pobre, cada cual según lo que tuviere, tal como alimentar al hambriento, vestir al desnudo visitar al enfermo, y ministrar para su alivio tanto espiritual como temporalmente según sus necesidades.” (Mosíah 4:26. )

¿Debe acaso recordársenos que es parte de nuestro convenio bautismal el “llevar las cargas de unos y otros para que sean ligeras”, “llorar con los que lloran”, y “consolar a los que necesitan  consuelo”‘? (Mosíah 18: 8-9.)

Cuanto mas vivo, mas me maravilla el sistema del Señor de velar per el pobre y el necesitado. Por cierto que ningún hombre diseñaría un procedimiento tan sencillo aunque profundo de satisfacer las necesidades humanas crecer espiritual y temporalmente mediante ayunos regulares, donando al obispo la cantidad de dinero ahorrada al abstenerse de las comidas, la cual se usa para atender las necesidades del pobre, del enfermo,. de los afligidos, quienes necesitan ayuda en su paso por la vida.

El presidente Clark declaró:

El principio fundamental de toda la ayuda que se brinda en la Iglesia es que se debe efectuar con fondos de las ofrendas de ayuno y otras contribuciones y donativos. Este es el orden establecido por el Señor. El diezmo no está destinado a tal fin, y no debe ser usado para ello a no ser en circunstancias extremas. y únicamente con la debida autorización del Obispado Presidente.” (J. Reuben Clark, hijo, citado en Our Primary Purpose”. discurso pronunciado por Marion G. Romney en una reunión sobre bienestar y agricultura. el 3 de abril de 1971. pág. 1)

A lo largo de la historia religiosa vemos como el Señor bendice a las personas que extienden su mano de ayuda al pobre y al necesitado. En las Escrituras encontramos lo siguiente:

‘Los hijos de Israel y de Judá. dieron del mismo modo los diezmos de las vacas y de las ovejas; y trajeron los diezmos de lo santificado. de las cosas que habían prometido a Jehová su Dios, y los depositaron en montones.

Cuando Ezequías y los príncipes vinieron y vieron los montones bendijeron a Jehová y a su pueblo Israel.

‘Y preguntó Ezequías a los sacerdotes y a los levitas acerca de esos montones.” (2 Crónicas 31:6, 8-9)

La respuesta fue: “Desde que comenzaron a traer las ofrendas a la casa de Jehová, hemos comido y nos hemos saciado, y nos ha sobrado mucho, porque Jehová ha bendecida a su pueblo; y ha quedado esta abundancia de provisiones.” (2 Crónicas 31:10)

En 1971 el presidente Marion G. Romney declaro:

Estoy totalmente de acuerdo con lo que ha dicho el obispo de que debemos contribuir libremente al fondo de ofrendas de ayuno. y a todo otro fondo a los que los oficiales de la Iglesia nos pidan que contribuyamos. Soy un firme creyente en que una persona no puede dar a la lglesia y edificar el reino de Dios y al mismo tiempo empobrecerse económicamente. Recuerdo cuando hace mas de cincuenta años”, -continua el presidente Romney- el hermano Ballard puso las manos sobre mi cabeza y me aparto para ir en una misión. En esa oración dijo que una persona no puede dar una miga al Señor sin recibir a cambio un pan entero. Tal ha sido mi experiencia en la vida. Si un miembro de la lglesia duplica su ofrenda de ayuno. la espiritualidad de la Iglesia se duplicaría también. Debemos tener eso presente y ser mas liberales en nuestras contribuciones.” (Reunión de bienestar y agricultura. 3 de abril de 1971, pág. 1)

Con todas éstas promesas hechas por el Señor a lo largo de la estadía del hombre en la tierra. resulta agobiante que año tras año se haga necesario emplear parte de los fondos de los diezmos de la Iglesia para eliminar los déficits en el fondo de ofrendas de ayuno. ¿Dónde esta nuestra fe? Cuanto nos privamos a nosotros mismos de las bendiciones del Señor al no ser generosos en nuestras ofrendas de ayuno.

Tengamos la le que hará que el Señor bendiga a este pueblo por estar cumpliendo con su mandato de velar por los pobres y necesitados entre nosotros, mediante ofrendas de ayuno generosas.

El ayuno nos es también de provecho físico. Hace un tiempo leí un articulo publicado en una revista de novedades en el campo de la ciencia el cual declaraba que las ventajas de los hábitos actuales en materia de alimentación van mucho mas allá de lo cosmético. Varios estudios realizados en animales han demostrado que el restringir la absorción de calorías a edad temprana prolonga la vida y reduce el riesgo de contraer ciertas enfermedades .

Existen también evidencias de efectos saludables en los ayunos regulares. Algunos estudios demuestran que el ayunar con regularidad no sólo promueve una vida mas larga, sino mas llena de energía en los años de la vejez.

El ayuno es también una de las formas mas eficaces de promover disciplina y autocontrol. Platón dijo: “La primera y mas grande de las victorias es la conquista de uno mismo. mientras que el ser conquistado por uno mismo es la mas avergonzaste y vil de todas ellas.” (Leyes, Libro I, sección 626E.)

El ayuno nos enseña a ejercer dominio sobre nuestros impulsos. Nos ayuda a cobrar la disciplina que necesitamos para controlarnos.

Una vez mas podemos asegurar que si somos sabios en la observancia de la ley del ayuno que el Señor nos ha dado, recibiremos también beneficios en lo físico.

Finalmente, examinemos la humildad y la espiritualidad que emanan del ayuno. El Salvador por cierto que reconoció la necesidad de este principio. puesto que las Escrituras nos hablan de lo que hizo después de su bautismo “Jesús. lleno del Espíritu Santo. volvió del Jordán, y fue llevado por el Espíritu al desierto por cuarenta días. y era tentado por el diablo. Y no comió nada en aquellos días. pasados los cuales tuvo hambre . ” (Lucas 4: 1 2)

Y el diablo se valió de todas estas artimañas para tentar al Salvador a que abandonara su misión. A ello el Señor respondió:

Vete de mi Satanás. porque escrito está: Al Señor tu Dios adoraras y a el sólo servirás.

“Y cuando el diablo hubo acabado toda tentación. se aparto de el por un tiempo.
“Y Jesús volvió en el poder del Espíritu a Galilea, y se difundió su fama por toda la tierra de alrededor.” (Lucas 4:8. 13-14.)

El ayuno lo había bendecido con el poder del Espíritu.

En el Libro de Mormón nos encontramos con un relato de Alma cuando viajo rumbo al sur. hacia la tierra de Manti. Se sorprendió al encontrar a los hijos de Mosíah viajando hacia Zarahemla. Fue una ocasión dichosa, al poder intercambiar experiencias de sus viajes misionales. Alma se alegro de ver que los hijos de Mosíah se hablan nutrido del conocimiento de la verdad. En el pasaje leemos:

“Mas esto no es todo: se habían dedicado a mucha oración y ayuno; por tanto. tenían el espíritu de profecía y el espíritu de revelación. y cuando enseñaban. lo hacían con poder y autoridad de Dios.
“Y hablan estado enseñando la palabra de Dios entre los lamanitas por espacio de catorce años. y habían logrado mucho éxito en traer a un gran número al conocimiento de la verdad; si por el poder de sus palabras muchos fueron traídos ante el altar de Dios para invocar su nombre y confesar sus pecados.” (Alma 17:3 4.)

Estos son apenas dos ejemplos de los muchos que podemos encontrar en las Escrituras en que el ayuno y la oración hechos con un propósito nos. brindan un poder espiritual especial. Esta misma bendición esta al alcance de cada uno de nosotros si lo deseamos.

Quisiera agregar mi testimonio esta tarde a los de otros que han testificado en cuanto a las bendiciones de quienes han dado y han recibido de este gran e inspirado programa de bienestar en los últimos cincuenta años. Mi padre era el obispo de nuestro barrio cuando se le instituyó en la Iglesia en la conferencia de abril de 1936. El mundo padecía presa de la depresión económica. Muchos de los jefes de familia de nuestro barrio estaban sin empleo. En aquella época los diez centavos que se cobraran de entrada a las actividades del colegio privaban a muchos de mis amigos de poder asistir puesto que sus padres no podían dar ni esa insignificante cantidad a sus hijos.

Puesto que mi padre era obispo, pude ganar un cierto aprecio por el programa de bienestar desde su comienzo mismo al verlo administrarlo en provecho de los miembros del barrio con gran amor y ternura. Cuantas veces llegaba corriendo a mi casa de la escuela contento por alguna actividad que planeábamos con la familia, y al doblar la esquina, al costado de nuestra casa veía sacos de harina, azúcar y otros artículos de primera necesidad. El ánimo se me desplomaba puesto que sabia que eso significaba otra noche en que tendría que salir con mi padre a repartir esos artículos entre las personas que los necesitaban. La actividad familiar quedaría suspendida otra vez.

Cuando mi padre llegaba a la casa, siempre me reclutaba para ayudarlo a poner las cosas en el auto y a ir con el a repartirlas. Algunas veces regañaba entredientes por tener que hacerlo, pero después sentía la gloriosa sensación de satisfacción al ver las expresiones de gozo en el rostro de las personas que recibían lo que tanto necesitaban.

Siempre regresaba a mi casa entusiasmado al ver a la Iglesia en acción, velando por los pobres y los necesitados mediante las ofrendas de ayuno y los buenos y nobles líderes del sacerdocio.

Ruego que el Señor continúe bendiciéndonos con la fe que se requiere para seguir a los inspirados líderes que el nos ha dado aquí en la tierra, y que podamos cumplir con nuestras obligaciones y responsabilidades y ser bendecidos por Su mano, tanto espiritual como temporalmente, al ceñirnos a su plan. Esta es mi oración en el nombre de Jesucristo. Amén.

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