El libro de Mormón testifica de Jesucristo

Conferencia General Abril 1987logo 4
El Libro de Mormón testifica de Jesucristo
élder J. Thomas Fyans
del Primer Quórum de los Setenta

J. Thomas Fyans«Llenad vuestros pulmones espirituales con el fluido que componen los elementos de la vida eterna, inhalando constantemente las verdades contenidas en El Libro de Mormón.»

Para asistir a esta conferencia, hemos viajado por muchos medios de transporte. Algunos hemos viajado en avión, otros, por tierra, en automóvil, autobús o tren. Todos esos medios de transporte nos han traído a un destino común.

Hay algo que todos necesitábamos en este viaje para que llegáramos aquí con seguridad. A los que hemos viajado en avión, al subir a bordo, nos acogieron con una bienvenida y en seguida nos dieron algunas instrucciones que decían algo así: «En caso de producirse a bordo una baja de presión, aparecerán automáticamente las mascaras del oxigeno; primero, colóquese cada cual su propia mascara de modo que le cubra la boca y la nariz, y luego ayúdeles a quienes necesiten ayuda, como a los niños».

El oxígeno del aire es de importancia vital para nosotros, ya que nuestro cuerpo físico depende totalmente del continuo abastecimiento de este valiosísimo fluido gaseoso. La falta de él, aunque tan solo sea por unos minutos o segundos. puede causar daños graves al cerebro y al organismo. La falta de aire durante un rato prolongado puede provocar la muerte. Solo a los que viajamos por avión nos recalcan su importancia porque. en circunstancias normales, el aire nos rodea por todas partes y solo tenemos que hacerlo llegar a los pulmones para que el oxigeno se extienda a las diversas partes de nuestro organismo.

Pero aun con un buen abastecimiento de ese fluido que nos sostiene la vida, al cabo de unos setenta años mas o menos, nuestro cuerpo mortal deja de funcionar. ¿Que es lo que trasciende esta vida mortal’? ¿Que nos llevamos al morir? En el Libro de Mormón, Amulek nos enseña:

«El mismo espíritu que posea vuestros cuerpos al salir de esta vida, ese mismo espíritu tendrá poder para poseer vuestro cuerpo en aquel mundo eterno» (Alma 34:34).

¿Qué es para el espíritu lo que el aire es para el cuerpo mortal? Un conocimiento seguro del Padre y de su Hijo:

«Y esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien has enviado » (Juan 17:3).

Nuestra vida eterna necesita nutrición espiritual de la misma manera que nuestra vida mortal necesita aire. El alimento espiritual mas importante es e1 conocimiento de Dios y de su Hijo. Podemos llegar a conocer a nuestro Padre Celestial conociendo a su Hijo. ¿Dónde se encuentra la mejor fuente de instrucción que existe sobre la faz de la tierra para aprender acerca del Hijo?

Se encuentra en el estudio del otro testamento de El, el cual se conoce comúnmente como El Libro de Mormón, y luego en el suplicar a Dios que el Espíritu Santo nos confirme que el libro es verdadero.

Se han dado y se darán muchos testimonios en esta conferencia de las verdades que contiene El Libro de Mormón, el otro testamento de Jesucristo. Somos bendecidos al contar con las profecías referentes a Jesucristo de los profetas del Antiguo Testamento que previeron la venida del Señor. Somos doblemente bendecidos por tener los relatos del Nuevo Testamento de cuando el Señor vino a la vida mortal y muchos le conocieron. Somos tres veces bendecidos al contar con otro testamento de El.

Helen, mi esposa, y yo hemos leído varias veces El Libro de Mormón durante los pasados meses. Nos hemos preguntado: »¿Cómo cumple El Libro de Mormón su tarea de ser otro testamento de Jesucristo?»

Al prepararnos con oración para emprender otro viaje de exploración por este testigo especial, resolvimos tomar nota de todas las referencias al Salvador que en el libro encontráramos. Apenas habíamos dado vuelta a la primera hoja de este registro sagrado cuando comenzaron a surgir, uno tras otro, innumerables testimonios de que Jesús es el Cristo.

He aquí la primera escena:

Cuando Lehi oraba al Señor con todo su corazón, »apareció ante el, sobre una roca, un pilar de fuego; y fue mucho lo que vio y oyó» ( 1 Nefi 1:6).

»Y vio que uno descendía del cielo, y que su resplandor era mayor que el del sol al mediodía.
«Y vio también que lo seguían otros doce, cuyo brillo excedía al de las estrellas del firmamento.
«Y descendieron y avanzaron por la faz de la tierra; y el primero llegó hasta donde estaba mi padre, y le. dio un libro y le mandó que lo leyera » (1 Nefi 9-11).

¿Cuál fue la reacción de Lehi ante esa manifestación celestial?

»Dio testimonio de que las cosas que había visto y oído, así como las que había leído en el libro, manifestaban claramente la venida de un Mesías y también la redención del mundo.» ( I Nefi 1 :19).

Todo eso en el primer capitulo de Primer Nefi cuando apenas habíamos comenzado nuestra búsqueda. Al seguir adelante, versículo tras versículo y capitulo tras capitulo nos dieron testimonio de la realidad del Señor.

Todavía en el primer libro de Nefi, pero en el capitulo trece, descubrimos en tan solo dieciséis versículos 22 referencias al Cordero, que es otro nombre del Señor. el Redentor, el Mesías, Jesús el Cristo.

Y así seguimos descubriendo muchísimas mas, si, cientos de referencias al Salvador del género humano en ese sagrado registro. Seiscientos años de historia desfilaron ante nuestros ojos y llegamos al punto en que el tiempo pareció inmovilizarse; y nos detuvimos a contemplar y a procurar captar lo mas intensamente que pudiéramos los detalles de la escena que se describe así:

»Se hallaba reunida una gran multitud de los nefitas en los alrededores del templo . . .
»Y también estaban conversando acerca de este Jesucristo, de quien se había dado la señal tocante a su muerte » (3 Nefi 11 :1-2).

Y aconteció que oyeron una voz. Otra vez oyeron la voz y no la entendieron.

»Y nuevamente por tercera vez oyeron la voz, y aplicaron el oído para escucharla; y tenían la vista fija en dirección del sonido; y miraban atentamente hacia el cielo, de donde venia el sonido.
«Y he aquí, la tercera vez entendieron la voz que oyeron; y les dijo:
«He aquí a mi Hijo Amado, en quien me complazco, en quien he glorificado mi nombre: a el oíd.» (3 Nefi 11:5-7.)

Y nuestro Salvador, respondiendo a la invitación del Padre, dijo:

«He aquí, yo soy Jesucristo, de quien los profetas testificaron que vendría al mundo.
«Y he aquí, soy la luz y la vida del mundo; y he bebido de la amarga copa que el Padre me ha dado, y he glorificado al Padre, tomando sobre mi los pecados del mundo, con lo cual me he sometido a la voluntad del Padre en todas las cosas desde el principio.
«Y sucedió que cuando Jesús hubo hablado estas palabras, toda la multitud cayó al suelo; pues recordaron que se había profetizado entre ellos que Cristo se les manifestaría después de su ascensión al cielo.
«Y ocurrió que les habló el Señor, diciendo:
«Levantaos y venid a mi, para que podáis meter vuestras manos en mi costado, y para que también podáis palpar las marcas de los clavos en mis manos y en mis pies, a fin de que sepáis que soy el Dios de Israel, y el Dios de toda la tierra, y que he sido muerto por los pecados del mundo.
«Y aconteció que la multitud se adelantó; y metieron sus manos en su costado, y palparon las marcas de los clavos en sus manos y en sus pies; y esto hicieron, yendo uno por uno, hasta que todos hubieron llegado; y vieron con sus ojos y palparon con sus manos, y supieron con certeza, y dieron testimonio de que era el, de quien habían escrito los profetas, que había de venir. » (3 Nefi 11:10-15.)

Si, los cielos se abrieron y dieron a la tierra conocimiento cierto. Luego, nuestro Salvador prosiguió diciendo:

»Y esta es mi doctrina, y es la doctrina que el Padre me ha dado; . . . y yo testifico que el Padre manda a todos los hombres, en todo lugar, que se arrepientan y crean en mi.
»Y cualquiera que crea en mi, y sea bautizado, este será salvo; y son ellos los que heredaran el reino de Dios.»(3 Nefi 11:32-33.)

Una vez mas hemos de pasar de largo innumerables testimonios y varios cientos de años de historia sagrada. Nos encontramos en la última página de los anales desde la cual nos habla una voz familiar:

»Si, venid a Cristo. y perfeccionaos en el, y absteneos de toda impiedad, y si os abstenéis de toda impiedad, y amáis a Dios con todo vuestro poder, alma y fuerza, entonces su gracia os es suficiente, para que por su gracia podáis ser perfectos en Cristo; y si por la gracia de Dios sois perfectos en Cristo, de ningún modo podréis negar el poder de Dios.
». . . si por la gracia de Dios sois perfectos en Cristo y no negáis su poder, entonces sois santificados en Cristo por la gracia de Dios, mediante el derramamiento de la sangre de Cristo, que es según el convenio del Padre para la remisión de vuestros pecados, a fin de que lleguéis a ser santos y sin mancha.» (Moroni 10:32-33.)

Ya sea que hayamos viajado en avión, en automóvil, autobús o tren, hemos llegado a este destino común. Hay otro destino común que nos atrae: la vida eterna con nuestro Padre Celestial .

Nuestra jornada eterna depende tanto del alimento espiritual como nuestra jornada mortal depende del aire que respiramos.

Os acogemos a todos con una bienvenida a bordo de esta jornada hacia la vida eterna.

Llenad vuestros pulmones espirituales con el fluido que componen los elementos de la vida eterna, inhalando constantemente las verdades contenidas en El Libro de Mormón, el otro testamento de Jesucristo, para que con seguridad lleguéis nuevamente a la presencia de nuestro Padre Eterno.

Nuestro Salvador vive en la actualidad y os doy testimonio de ello en el sagrado nombre de Jesucristo. Amén.

Esta entrada fue publicada en Sin categoría y etiquetada , . Guarda el enlace permanente.

Deja un comentario