Conferencia General Abril 1987
Ya soy grande
élder Marvin J. Ashton
del Quórum de los Doce Apóstoles
«El juzgarse a sí mismo, ya sea para bien o para mal, es peligroso. La dirección en la que avanzamos es mucho más importante que el lugar donde estamos.»
Hace algunas semanas, alguien que ocupa un cargo de responsabilidad en la Iglesia me pidió un favor »¿Tendría la gentileza de estar presente mientras una madre, un padre y una hija adolescente, que son muy amigos míos, tratan de ponerse de acuerdo?»
Al sentarnos los cuatro, inmediatamente me di cuenta de que las vías de comunicación estaban cerradas por la parcialidad, las amenazas, las acusaciones y los resentimientos. Conforme aumentó el acaloramiento de la conversación, me di cuenta de que yo era el único que escuchaba a los demás. Aun cuando habían estado de acuerdo en que yo fuese el consejero, juez, arbitro o como quieran llamarle, ahí estaba yo, esperando pacientemente la oportunidad de que me escucharan. Durante la acalorada y emocional confrontación, la jovencita expresó repetidamente su resentimiento: »No me hablen así, ya soy grande; no me traten así, ya soy mayor y no pueden controlar mi vida. Ya soy grande».
Cada vez que ella decía »ya soy grande» yo me estremecía, porque la definición de un adulto es una persona que ha llegado a la edad de la madurez, que ha madurado totalmente. Si bien es cierto que legalmente se considera adulta a una persona que ha llegado a una edad determinada, la calidad de adulto a la que me refiero debe ganarse con los hechos y la actitud.
A ciencia cierta no sé quien tiene el derecho o la responsabilidad de determinar cuando alguien es un adulto, pero estoy seguro de que frecuentemente, el menos indicado es la persona misma. Si la persona es madura, no necesita anunciarlo. La conducta personal es la única manera de determinar el grado de madurez. Cuando se trata del comportamiento, al clasificar a un adulto no se toma en cuenta la edad. Las arrugas, ni las canas. Quizás no sea muy errado decir que la conducta de un adulto es un proceso. La madurez, por lo general, se logra por medio de la autodisciplina, la flexibilidad y un esfuerzo continuo.
Para ser justo con aquella jovencita, aun cuando su »ya soy grande» no me impresionó mucho, hubo momentos durante la visita que demostró tener mas madurez que los demás. No creo que sea muy eficaz el que nosotros, los mas entrados en años, usemos una expresión como »soy mayor que tu» para recalcar cierto punto. Es mejor ganarse el respeto y el amor de los jóvenes por medio de una digna conducta paternal que tratar de obtenerlo haciendo hincapié en la diferencia de edad.
Vosotros, jóvenes de todo el mundo, así como vuestros padres, no necesitáis anunciar o proclamar vuestra madurez, ya que se sabrá quien sois por medio de vuestra fe y vuestras obras; se os conocerá y clasificará por vuestros frutos. No beneficiaremos a nadie por medio de discusiones violentas, rabietas, criticas, degradantes y destructivas, inútiles acusaciones y falta de respeto. Pongamos de lado la malicia, el resentimiento y las represalias que son autodestructivas, y volvamos al sendero seguro que tan claramente indico el Buen Pastor.
Hay que ser valiente para evadir la contención verbal. Se comienza a ser adulto cuando se empieza a mostrar madurez. »Quítense de vosotros toda amargura, enojo, ira, gritería y maledicencia, y toda malicia.
»Antes sed benignos unos con otros, misericordiosos, perdonándoos unos a otros, como Dios también os perdonó a vosotros en Cristo.» (Efesios 4:31-32.) Es alarmante ver cuanta gente mayor pasa por la vida sin llegar a ser verdaderos adultos.
Desde hace muchos años he tenido en mente una visión clara de Jesús ante Pilato. Cuando Jesús estaba ante la enojada chusma, que se mofaba y lo condenaba, Pilato trató de que Él respondiera y se desquitara; trató de hacerlo que se declarara rey, pero Jesús permaneció en silencio. Su vida fue su sermón. Él era perfecto en carácter, un hijo digno, el Unigénito del Padre. Su madurez, por decirlo así, era clara evidencia.
»Jesús, pues, estaba en pie delante del gobernador: y este le pregunto, diciendo: ¿Eres tú el Rey de los judíos’? Y Jesús le dijo: Tú lo dices.
»Y siendo acusado por los principales sacerdotes y por los ancianos, nada respondió.
»Pilato entonces le dijo: ¿No oyes cuantas cosas testifican contra ti?
»Pero Jesús no le respondió ni una palabra; de tal manera que el gobernador se maravillaba mucho.» (Mateo 27:11-14.)
Los programas de la Iglesia brindan muchas oportunidades de lograr un comportamiento maduro. El otro día una encantadora jovencita le hizo un merecido tributo a su líder de las Mujeres Jóvenes. dijo: »Por medio de su buen ejemplo y buenas lecciones aprendimos la importancia de la buena apariencia; aprendimos que aunque todas nosotras somos diferentes, cada una tiene la misma importancia. Ella nos enseñó a solucionar nuestros problemas hablando y no gritando».
El éxito del programa de escultismo es que enseña a los jovencitos a permanecer en la senda. Las rocas y las colinas no detienen la marcha hacia la cumbre de la montaña. Los grandes premios no se entregan a menos que se ganen tanto las insignias de mérito más difíciles como las más fáciles. La tenacidad de ellos de continuar en la senda Scout es el elemento de madurez del programa y no los premios y logros.
»Un hombre tenia dos hijos;
»y el menor de ellos dijo a su padre: Padre, dame la parte de los bienes que me corresponde (ya soy grande); y les repartió los bienes.» ( Lucas 15:11-12.)
Todos conocemos bien la parábola del hijo pródigo. El se fue y malgastó todos sus bienes viviendo perdidamente.
Y volviendo en si. dijo: . . .
»Me levantaré e iré a mi padre, y le diré: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti.
»Ya no soy digno de ser llamado tu hijo; (pero soy mas maduro ahora).
»Y levantándose, vino a su padre . . . Lo vio su padre, y fue movido a misericordia, y corrió, y se echó sobre su cuello, y le beso.» (Lucas 17-20.)
Creo que es apropiado decir que durante la separación, el padre también adquirió un grado mayor de madurez. Pensemos también en la madurez que adquirió el hijo mayor al ver y participar en el ejemplo cristiano de su padre (véanse vers. 25-39).
No tengo la menor duda de que una de las razones principales por las que Lamán y Lemuel murmuraban en contra de su hermano Nefi, le hablaban con aspereza y hasta le pegaron con un palo fue porque eran mayores y. según ellos, mas adultos. Es fácil imaginar a Lamán diciendo: »Nefi, a mi no me vas a mandar: yo soy mayor que tu».
Nefi demostró verdadera madurez cuando dijo: Y sucedió que yo. Nefi, dije a mi padre: Iré y haré lo que el Señor ha mandado, porque sé que el nunca da mandamientos a los hijos de los hombres sin prepararles la vía para que puedan cumplir lo que les ha mandado. Y aconteció que mi padre quedo altamente complacido al oír estas palabras, porque comprendió que el Señor me había bendecido» (1 Nefi 3:7-8). Lehi era lo suficientemente adulto para saber cual de sus hijos, por ser él mas maduro, recibiría las correspondientes bendiciones del Señor.
Muchos de nosotros no nos damos cuenta de que el comportamiento adulto es un proceso mas bien que un estado. Para ser un discípulo de Jesucristo debemos continuar en rectitud y en Su palabra. Cuando alguien comparte con entusiasmo su gozo por ser ahora activo en la iglesia, pienso: «Muy bien, ¿pero por cuanto tiempo?» A propósito, hace unos años vino a verme un vendedor de seguros y cuando al comenzar la presentación me dijo »Soy miembro activo de la Iglesia», lo primero que se me ocurrió fue »¿Y eso quien lo determina?»
Cuando alguien supera el problema de la adicción a las drogas, y afortunadamente hay muchos, debería dedicar menos tiempo a publicarlo y más tiempo a abstenerse de los malos hábitos. Los que son moralmente limpios actuaran con mas madurez si dedican menos tiempo a declararlo y más tiempo a vivir y a enseñar a los demás las bendiciones de la castidad. Los que pagan un diezmo integro recibirán mas satisfacción y recompensas por obedecer el principio que por ser así calificados.
Hay quienes increpan y critican a líderes y estudiantes de enseñanza superior por elaborar y obedecer las reglas estrictas acerca del comportamiento, pero los que se esfuerzan por tener una conducta disciplinada y madura se sienten agradecidos por el ambiente que crean. El comportamiento responsable de los alumnos es algo digno de alabanza. La promesa de ‘ por mi honor haré lo mejor» ya sea por escrito o impuesta por uno mismo, puede tener mucho que ver en el desarrollo del carácter. El hacer y cumplir con las promesas puede parecer un impedimento y algo anticuado en el mundo actual donde todo es permisible, pero sus beneficios son muy claros para una persona madura.
A los inmaduros no les gusta recibir consejo o tener que dar cuentas de lo que hacen: piensan que es infantil. Pero los que se esfuerzan por progresar reconocen que los consejeros pueden ayudarles a analizarse a sí mismos y a encontrar soluciones a problemas personales. Los consejeros de nuestra iglesia son una fuente de fortaleza tanto para el profeta como para todos nosotros.
Cuidado con los que se justifican con el »Ya soy grande: no me digan lo que tengo que hacer». La madurez moral y escolástica deben estar unidas para formar a una persona verdaderamente adulta determinación de mejorar día a día debe ser muy importante en la vida de los que desean avanzar en la senda correcta.
Existe un verdadero propósito y poder en la constante invitación que la Primera Presidencia extiende a todos los miembros de la Iglesia a que regresen al redil. La fortaleza, el progreso y la felicidad se logran analizando el curso que esta tomando nuestra vida. Invitamos a los que han estado perdidos, incomprendidos u ofendidos, como a los que han estado activos a que regresen y gocen juntos del hermanamiento dentro del marco del evangelio de Jesucristo. El ser miembro de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Ultimos Días no es suficiente. La participación en el Sacerdocio. La Sociedad de Socorro, las Mujeres Jóvenes, los Hombres Jóvenes, la Primaria y la Escuela Dominical es necesaria si vamos a avanzar anhelosamente en nuestro desarrollo personal, el cual es maduro, real y eterno. Quizás sería bueno si nos diéramos cuenta, al motivar a los miembros a estar activos y a participar en los programas de la Iglesia, que todos estamos en el proceso de desarrollo y no debemos detenernos. Tenemos la responsabilidad y el privilegio de instar a los inmaduros y darles la oportunidad de progresar y desarrollarse.
José Smith declaró al mundo que él era como una piedra áspera que había sido pulida por las corrientes de la vida. Los golpes, las desilusiones y lo inesperado le ayudaron a lograr la forma de ser muy sabio para su edad. Frecuentemente el grado de madurez de una persona se puede medir de acuerdo con la capacidad que tenga para perseverar. »Si los cielos se ennegrecen y todos los elementos se combinan para obstruir la vía; y sobre todo, si las puertas mismas del infierno se abren de par en par para tragarte, entiende, hijo mío, que todas estas cosas te servirán de experiencia, y serán para tu bien.
»El Hijo del Hombre se ha sometido a todas ellas. ¿Eres tu mayor que él?» (D. y C. 122:7-8.)
Mis jóvenes amigos, con amor os sugiero que no os autoclasifiquéis. El que se os clasifique de estrella, de astro, o de campeón no significa nada si sois vosotros mismos los que determináis quien es el ganador y el que se adjudica el trofeo. De la misma manera, ¿quién tiene el derecho de tildarse de perdedor o fracasado? El juzgarse a sí mismo ya sea para bien o para mal, es peligroso. La dirección en la que avanzamos es mucho más importante que el lugar donde estamos. Jamas he escuchado a un erudito decir: «Ya lo sé todo». Algunos de los sabios más grandes del mundo pierden ese calificativo cuando se dedican a divulgar su capacidad y conocimiento en vez de destinar su sabiduría a superarse y a ayudar a los demás.
Madres, padres e hijos, la madurez no viene en todos los casos con los años. Comuniquemos con palabras y con hechos el interés y el amor que sentimos el uno para el otro. Amenazas, oídos que no oyen, ojos que no ven y corazones que no se conmueven nunca traen gozo, ni unidad ni progreso. La paciencia con los demás, con uno mismo y con Dios lleva a la madurez eterna. Dejemos que Dios y nuestras acciones diarias determinen la autenticidad de la expresión »Ya soy grande».
Dios es nuestro Padre, y Jesús es el Cristo. Que el conocimiento que tenemos de ellos nos permita tener en forma continua un comportamiento de adulto, centrado en Cristo, lo ruego en el nombre de Jesucristo. Amén.
























