La ley real del amor

Conferencia General Octubre 1988

La ley real del amor

por el élder Marion D. Hanks
de la Presidencia del Primer Quórum de los Setenta

«Es triste pensar que haya personas que, por creer en un evangelio sin regocijo, se pierdan las bendiciones especiales que aguardan a los que siguen por el sendero que estableció nuestro Salvador y que conduce al más intenso regocijo mediante el servicio cristiano y el sacrificio.»

En una conferencia de estaca, hace poco, oí el relato de un hombre mayor que llevó su automóvil modelo 1974 a un taller para que lo arreglaran. El trabajo costó mas caro de lo que el y el consciente mecánico habían previsto, y el dueño del taller se preguntó si el anciano querría gastar tanto dinero en un coche tan viejo. El dueño del auto le dijo: «¿Podría aceptar una tarjeta de crédito que no es mía’?» »¿De quien es?», le preguntó el mecánico. «Es de mi hija», le contestó aquel y añadió: «Ella quiere que yo tenga mi coche en buenas condiciones. Es lo único que poseo».

Como hijo de un padre al que no recuerdo y como padre de hijos cariñosos, eso me hace llorar. No hay prójimo, después de todo, más cercano a nosotros que nuestras propias familias. En este caso, sin saber mas detalles, entendemos que la cuenta no se pagaba de una cuenta bancaria suculenta, sino que la pagaba una hija cariñosa que seguramente se sacrificaba para conservar la autoestima y precaria independencia de su amado padre.

En ese mismo fin de semana, oí el relato de un presidente de estaca que acompañó a su obispo a un hospital a ver a un hombre que estaba muy enfermo. Al tomarle la mano, el paciente, pese a su dolor y a la confusión que este le causaba, reconoció a sus amigos y les dijo: «Han venido. . . han venido».

En esta ocasión, me gustaría hablar de mi profunda convicción respecto de uno de los principios más sagrados e importantes del plan de nuestro Padre Celestial y expresar agradecimiento y admiración por las muchas personas que con tanta abnegación [y buena voluntad] ponen en práctica este principio.

Me refiero a ese segundo mandamiento que el Señor Jesucristo unió inseparablemente al »primero y grande mandamiento» y que en verdad »es semejante» a este. »De estos dos mandamientos depende toda la ley y los profetas» (Mateo 22:36-40)

El apóstol Santiago llamó al segundo mandamiento «la ley real» (Santiago 2:8). Pablo escribió a los gálatas que «toda la ley en esta sola palabra se cumple: Amarás a tu prójimo como a ti mismo» (Gálatas 5: 14).

El ministerio de Cristo y sus enseñanzas no dejan lugar a dudas de la seriedad con que debemos aceptar y aplicar ese sagrado mandato. Cuando Jesús enseñaba la ley del amor, le preguntaron: ¿Y quien es mi prójimo’?» En respuesta, Él contó la historia de un hombre que viajaba de Jerusalén a Jericó y que cayó en manos de ladrones que le robaron y le hirieron y le dejaron medio muerto. Un sacerdote y un levita pasaron por allí y, »viéndole», pasaron de largo. (Lucas 10:31-32.) Pero pasó por allí también un samaritano, un hombre a cuya gente y ciudades a los Apóstoles se les había prohibido ir, y se detuvo a atender misericordiosamente al herido. Jesús dijo: »¿Quién, pues, de estos tres te parece que fue el prójimo del que cayó en manos de los ladrones? Él dijo: El que usó de misericordia con él. Entonces Jesús le dijo: Ve, y haz tú lo mismo» (Lucas 10: 36, 37).

¿Puede haber duda alguna sobre el significado de esa historia?

Sería difícil hallar a alguien que dudara de que el principio de prestar servicio al prójimo es bueno; sin embargo, puede haber algunos que no comprendan la gran importancia que Jesús adjudicó al servicio en nuestra religión. Para Él, tanto en su vida como en sus enseñanzas, no fue cosa de escoger hacer o no, puesto que dijo que quien no ayudara al prójimo no merecerla la mayor de las bendiciones, que es la vida eterna. (VMateo 25:31-46.). Las Escrituras así lo enseñan repetidamente: que las obras de servicio cristiano son expresiones del amor cristiano. La experiencia y lo que he observado me confirman la verdad de ello.

La religión no esta desvinculada de la vida; no es principios y ordenanzas, ni obra misional, ni liderazgo como un fin en sí mismos, sino que se manifiesta por la clase de personas que somos, así como por nuestra relación con nuestro Padre Celestial y su Hijo y todos los mandamientos; [se manifiesta] por la medida en que merecemos la aprobación de nuestra propia conciencia guiada por el Espíritu; [se manifiesta] por la forma en que tratamos a las demás personas.

Me asombran sin cesar la buena voluntad y la bondad desinteresada con que tantas personas viven este sagrado mandamiento. Y es triste pensar que haya personas que, por creer en un evangelio sin regocijo, se pierdan las bendiciones especiales que aguardan a los que siguen por el sendero que estableció nuestro Salvador y que conduce al más intenso regocijo mediante el servicio cristiano y el sacrificio. Un antiguo dicho judaico reza: »Dios nos hará responsables por todas las cosas maravillosas de la tierra que no hayamos querido disfrutar».

La adversidad nos rodea por todas partes; es parte ineludible de la vida terrenal y a todos nos saldrá al paso tarde o temprano. Nuestra religión, que esta centrada en la vida y la misión del Señor Jesucristo, nos ayuda a comprender eso. Dios y Cristo nos aman con un amor perfecto. El plan de ellos requiere instrumentos mortales de su amor, y nosotros tenemos el gran honor de haber sido invitados a ser esos instrumentos. Si bien le necesitamos a Él, El también nos necesita a nosotros. En este servicio hallamos la raíz de la mayoría de las bendiciones que Dios quiere que tengamos.

Una vez una organización cívica me invitó a presentar un premio de reconocimiento a la persona que habla hecho mas por ayudar a los minusválidos del lugar. Cuando la dama ganadora, que también era minusválida, se dirigió al estrado a recibir el premio, caminó con la ayuda de dos robustos hombres, en tanto que un tercero llevaba un tanque de oxígeno detrás de ella para que pudiera respirar.

Tras protestar que no merecía aquel premio, lo aceptó en nombre de todas las personas que hablan ayudado a los minusválidos. Contó de su buen padre que la preparó para el primer día de escuela y que regresó a casa temprano de su trabajo para salir a recibirla cuando volviera. La preparó diciéndole que esperara oír comentarios desagradables de algunos niños que no entenderían su difícil apariencia física, su espalda encorvada y demás problemas. Le explicó también que esos problemas de nacimiento no eran culpa de nadie sino las consecuencias de problemas que aun no se resolvían en este imperfecto y a veces injusto mundo. Y le dijo: »Pero si siempre eres mas cortes y más bondadosa con los demás de lo que algunos lo sean a veces contigo, tendrás todas las bendiciones que la vida te puede dar».

La dama dijo que su único mérito era el de haber procurado ser mas cortes y más bondadosa con los demás de lo que algunas personas lo habían sido a veces con ella.

La dulzura del verdadero servicio cristiano se experimenta muchas veces en sitios apartados: en casas, hospitales y lugares de reclusión, en cuarteles militares y campamentos de refugiados, y en otros lugares alejados del publico. Habitualmente es sin pregón, pero refleja la norma que dio el Salvador para todos los que hereden «el reino preparado. . . desde la fundación del mundo» (Mateo 25:34). Estos son los que tienden la mano al hambriento, al sediento, al desnudo, al desamparado, al enfermo, al que esta en la cárcel; y los que hacen esto según el ejemplo y con el espíritu de Aquel que dijo: » . . . en cuanto lo hicisteis a uno de estos mis hermanos más pequeños, a mí lo hicisteis» (Mateo 25:40). A los que sirvan de ese modo, Cristo prometí »vida eterna» (Mateo 25:4ó), mientras que a los que no ayudaran a los necesitados, Él dijo: » . . . en cuanto no lo hicisteis a uno de estos más pequeños, tampoco a mí lo hicisteis» (Mateo 25:45).

Una inspiradora enseñanza del Libro de Mormón trata sobre la misión de Cristo, sobre su «gran y postrer sacrificio. . . infinito y eterno» al llevar a cabo la Expiación y habla sobre la justicia, la misericordia y la oración. Tras un poderoso discurso sobre la oración y el espíritu de esta, el profeta dice:

»Y he aquí, amados hermanos míos, os digo que no penséis que esto es todo; porque si después de haber hecho todas estas cosas, despreciáis al indigente y al desnudo, y no visitáis al enfermo y afligido, si no dais de vuestros bienes, si los tenéis, a los necesitados, os digo que si no hacéis ninguna de estas cosas, he aquí, vuestra oración es en vano y no os vale nada, y sois como los hipócritas que niegan la fe.» (Alma 34:28.)

En una época difícil de la Iglesia, se recibió una revelación en la que se llamaba a misioneros, se recalcaba la importancia de las ordenanzas, se asignaban lideres locales y se decía lo siguiente: »Y recordad en todas las cosas a los pobres y necesitados, los enfermos y afligidos, porque el que no hace estas cosas no ex mi discípulo» (D. y C. 52:40. cursiva agregada, véase también Moisés 7:33).

Mediante Ezequiel de antaño, el Señor nos dio una amplia visión de la diversidad de necesidades a las que tenemos la obligación de atender: »No fortalecisteis las débiles, ni curasteis la enferma: no vendasteis la perniquebrada, ni volvisteis al redil la descarriada, ni buscasteis la perdida. . .» (Ezequiel 34:4).

En el Libro de Alma se habla de un grupo de personas que fueron desterradas de su país y se fueron a otra tierra donde sus hermanos cristianos «recibieron a todos los. . . pobres que llegaron a ellos; y los. . . vistieron y les dieron tierras para herencias y los atendieron según sus necesidades» (Alma 35:9).

Ese espíritu todavía se conserva vivo entre los miembros de la Iglesia. Durante varios años, en los campamentos de refugiados de Asia, jóvenes representantes de la Iglesia han cumplido misiones especiales preparando a esas dulces personas para vivir en este país. Un observador que sintió el espíritu especial con que con tanta abnegación trabajaban, escribió: «Ustedes no tienen necesidad de hablar de su religión porque su código de valores es evidente».

Las personas a las que sirvieron los han estimado casi con la misma reverencia con que podrían estimar al Salvador mismo. Y tras haber experimentado esta bendición purificadora, esa bendición de servicio, los misioneros han vuelto a sus labores normales o a sus hogares con estos solemnes testimonios: «Esta ha sido la obra más decorosa que he realizado en mi vida». »Mi vida jamas volverá a ser la misma.»

En todo el mundo hay personas que dan de sí en servicio al prójimo, que siguen el ejemplo y las enseñanzas del Señor que puso sobre el altar su misma vida para la bendición de los demás.

En esta ciudad, en estos momentos, una joven noble y abnegada, que ha tenido sus propias congojas, atiende prácticamente día y noche a su hermana que esta gravemente enferma, habiendo interrumpido los estudios que tan largo tiempo había anhelado proseguir, con el fin de prestar ayuda.

Un joven estudiante no ha vuelto a una prestigiosa universidad del Este de los Estados Unidos, por motive de que, al venir a su casa durante las vacaciones de verano, se enteró de que un amigo, con el cual insensatamente había probado una substancia que produce enviciamiento y que el nunca volvió a tocar, se ha enviciado; el joven se ha quedado para ayudar al amigo alegando que es lo más importante que debe hacer.

La «ley real» del amor es de importancia sagrada en el plan del Señor para su pueblo, un elemento tan vital como cualquier otro en el evangelio; es inseparable de ellos y del espíritu de ellos. Esta ley es bien conocida para nosotros institucionalmente; de hecho, la Iglesia a la cual tenemos el honor de pertenecer es reconocida por conocer y aplicar este santo principio en las ocasiones en que hay gran necesidad en la tierra

La finalidad de mi mensaje ha sido, en estas pocas palabras, honrar ese mandamiento y a los que lo cumplen al aceptar la invitación del Señor de ayudar a los demás «temporal y espiritualmente, según sus necesidades y menesteres» (Mosíah 18:29).

Que así lo hagamos, lo ruego humildemente en el nombre de Jesucristo. Amén.

Esta entrada fue publicada en Sin categoría y etiquetada , . Guarda el enlace permanente.

Una respuesta a La ley real del amor

  1. Carlos dijo:

    La ley del Amor me deja una gran enseñanza : el servicio al prójimo de forma de forma desinteresada traerá grandes bendiciones en mi vida diaria…
    Es necesario ayudar al más necitado para agradar a Dios y abrir el camino para recibir las bendiciones que Dios tiene para nosotros…..amén.

    Me gusta

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s