Niños que gocen de paz

Conferencia General Octubre 1988logo 4
Niños que gocen de paz
por la presidenta Michaelene P. Grassli
Presidenta General de la Primaria

Michaelene P. Grassli«Si todavía no hacéis la noche de hogar ni las oraciones familiares, tal vez os sintáis incómodos y os cueste empezar. No importa; hacedlo de todas maneras. Reunid a vuestra familia y decidle que, aunque no habéis estado haciéndolo, queréis comenzar.»

Jamie, una niñita de siete años, quería mucho a su mama. La familia hacia casi un año que sabia que la madre estaba desahuciada porque tenia cáncer. El padre y los siete hijos oraron y ayunaron rogándole a Dios que la sanara. Se hizo todo lo posible por ella, pero después de haber pasado tres meses muy difíciles, se fue de esta tierra. Durante las horas que siguieron a su muerte, el padre otra vez junto a la familia para orar. Después, los niños se fueron a sus dormitorios a prepararse para acostarse. Jamie, que había pasado muchas horas con su madre enferma, se arrodilló a orar. »Padre Celestial», le dijo en medio de sus lagrimas, »te doy gracias por la buena mama que nos diste. Te agradecemos por habernos ayudado a cuidarla para que se mejorara. Ayudanos a ser buenos para poder vivir con ella otra vez.» Sin el más mínimo rencor, la niñita siguió orando varios minutos mas con una actitud dulce y pacífica que demostraba que aceptaba y comprendía la muerte de su madre. Jamie estaba tranquila. ¿Cómo había logrado sentir paz interior? Sus padres, estando al tanto del aspecto espiritual de la vida, la habían preparado, y esa preparación nos permite tener paz interior.

He elegido hablar sobre los niños, sobre los hijos valiosísimos de nuestro Padre Celestial de todo el mundo. Ruego que aceptéis y comprendáis mi mensaje porque estos son los espíritus más dignos y valientes que han venido a la tierra hasta ahora, y lo menos que podemos hacer es ayudarles a sentir paz interior.

Nuestro Padre Celestial ha prometido paz a sus hijos. Debemos enseñar a nuestros hijos sobre el Señor; y sentirán una gran paz (compárese con 3 Nefi 22:13). La paz del Señor los librara de la inseguridad de sí mismos, los librara de temores, de las limitaciones del ambiente en que viven, de vicios esclavizantes. La paz del Señor les dará la libertad necesaria para transformarse de tiernos pimpollos en adultos fructíferos y maduros.

Al igual que el frágil pimpollo o el tierno brote tienen todo lo esencial para transformarse en una hermosa flor o planta, los niños vienen a nosotros con el potencial de llegar a alcanzar su destino eterno. En ambos casos, para que lo que tienen en su interior se desarrolle completamente, debe nutrirse desde afuera. En la naturaleza, las plantas requieren luz, agua, aire y otros nutrientes para crecer. El espíritu humano se alimenta de amor, del conocimiento de su origen y de enseñanzas espirituales. Es importante que criemos a los niños en un ambiente favorable al desarrollo espiritual que les dé paz interior. Esa paz les dará seguridad y calma, incluso en medio de las presiones y de la confusión que abundan en el mundo.

Hermanos y hermanas, los niños necesitan nuestra ayuda. Necesitan que los preparemos. Necesitan que les ayudemos a tener la paz del Señor.

En este momento no es ni demasiado pronto ni demasiado tarde para preparar a los niños, y todos podemos lograrlo. Todos pueden enseñar a los niños sobre Dios: una familia joven, una familia con hijos de varias edades, una encabezada por sólo uno de los padres; los abuelos, los tíos, los vecinos, y los buenos y comprensivos maestros y lideres de la Iglesia.

Debemos empezar por enseñarles quienes somos. Los niños necesitan ver en nosotros lo que pueden llegar a ser. Necesitan vernos cumplir con los mandamientos. Nosotros mismos debemos dirigirnos a Dios para encontrar la paz del evangelio que necesitamos en nuestra vida. El Señor dijo: «Aprende de mí y escucha mis palabras; camina en la mansedumbre de mi Espíritu, y en mi tendrás paz» (D. y C. 19:23). Cuando nosotros tenemos paz interior, nuestros hijos se sienten seguros.

Un sabio obispo hizo esta observación: »He visto familias en las que los padres se sienten a gusto con el evangelio, en las que los principios del evangelio son la base de la vida diaria, en las que los padres tratan a los hijos con amabilidad y respeto porque comprenden que son hijos de Dios. En esos hogares los niños gozan de paz interior porque sus padres les han transmitido un mensaje claro: Saben que son hijos de Dios; saben lo que valen y su vida tiene sentido porque tienen la vida eterna como meta».

Para algunas personas, esos hogares que acabamos de mencionar son imposibles de alcanzar. Sabemos que ninguna familia es perfecta, que todos somos seres humanos que tenemos debilidades humanas y que a veces nos descarriamos. Pero, tanto los hijos como los padres pueden partir de donde se encuentren y aprender y progresar juntos.

Se nos ha prometido que la noche de hogar, la oración familiar y la lectura de las Escrituras fortalecerá y guiara a los integrantes de la familia y los hará sentirse mas unidos. Si todavía no hacéis la noche de hogar ni las oraciones familiares, tal vez os sintáis incómodos y os cueste empezar. No importa; hacedlo de todas maneras. Reunid a vuestra familia y decidle que, aunque no habéis estado haciéndolo, queréis comenzar. No obstante, deseo que sepáis que Satanás tratara de entorpecer vuestros intentos porque la fortaleza de la familia va en contra de sus planes. Sed constantes aunque requiera esfuerzo vencer las actitudes establecidas y demás obstáculos.

Cuando la familia se junta para orar de noche, es un buen momento para hablar de lo que haya pasado ese día, para leer las Escrituras y dar el testimonio. Los niños, en especial, necesitan escuchar el testimonio de los padres. Algunas familias memorizan un Articulo de Fe por semana o pasajes de las Escrituras o los libros del Libro de Mormón. Otras dan por turno atención exclusiva a uno de los padres o a uno de los hijos y cada uno dice algo bueno de él. No lleva mucho tiempo, y los hijos de todas las edades necesitan que se digan cosas buenas de ellos, sobre todo si las dicen los padres.

Familiarizad a los niños con la vida de Jesús para que puedan conocerlo e imaginarse lo que hubiera sido vivir cuando Él estaba en la tierra.

Enseñadles que El se rodeó de niños y los bendijo y oró por ellos. Decidles que la gente sabia que era el Hijo de Dios. Cuando yo era niña, me encantaba que me contaran de la entrada triunfal de Jesús a Jerusalén. Muchas personas se enteraron de que Jesús iba a Jerusalén para la Fiesta de la Pascua judía. Sabían que era el Hijo de Dios y fueron a esperarlo, ¡imaginaos lo que debe de haber sido ser niño y estar entre ellos! Las Escrituras dicen que la multitud era muy numerosa (véase Mateo 21:8). Probablemente hayan estado esperando en las angostas calles de Jerusalén, poniéndose cada vez más ansiosos y esforzándose por ver si ya llegaba.

Y cuando lo vieron llegar montado en un asno, ¿se imaginan la gran algarabía? Tendieron sus mantos y ramas de los arboles en la calle para que el asno pasara sobre ellos, como lo hacían con los reyes; y con ramas de palmera en las manos (Juan 12:13), gritaban: «¡Hosanna al Hijo de David! . . . ¡Hosanna en las alturas!» (Mateo 21:9.) ¿No os hubiera encantado estar allí?

Si, contadles del Salvador para que confíen en Él, quieran ser. Como Él y deseen vivir con El otra vez. Si, nuestros hogares pueden dar paz a los niños. Padres, ¡qué Dios os bendiga!

Y también deseo que vosotros, los devotos lideres de la Iglesia, del sacerdocio y de la Primaria, que dais prioridad al bienestar y al desarrollo espiritual de los niños y cuidáis de ellos, recibáis muchas bendiciones. En la Primaria se les enseña a los niños sobre Dios. Una presidenta de la Primaria en Australia se ha fijado la meta de que cuando los niños vayan a la Primaria, sientan el Espíritu del Señor; y es seguro que esos niños sienten paz.

Presidente Benson, es un placer para mí informarle que los niños de la Primaria han estudiado el Libro de Mormón este año. Un niño de nueve años, del estado de Wisconsin, hablo hace pocas semanas en la reunión sacramental presentada por los niños sobre algo que le había dado paz interior:

«Cuando mi padre nos dijo que nos mudaríamos de Denver a Wisconsin, mi madre nos recordó a la familia de Lehi. Como ellos, yo iba a dejar la única casa que había conocido, a todos mis amigos, mi escuela, mi barrio. Por suerte nosotros pudimos llevar todo lo que teníamos aunque lo tuvimos en un deposito por tres meses y extrañábamos nuestra casa y nuestras pertenencias.

»Mi madre nos recordó que Nefi acepto ese mandamiento de buena voluntad porque sabía que el Señor les prepararía el camino para que pudieran hacer lo que Él les mandara.

»Aprendí que puedo vivir sin cosas materiales, pero no sin mi familia. Mis hermanos y yo hemos tratado de parecernos mas a Nefi que a sus hermanos. Estoy agradecido por todo lo que nos enseña el Libro de Mormón.»

Si, cuando enseñamos a los niños sobre el Señor, les damos un don, un legado de paz, que puede darles la vida eterna. No debemos fallarles.

Ruego que todos nuestros niños tengan la bendición de aprender sobre el Señor para que gocen de paz. En el nombre de Jesucristo. Amén.

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