Las voces distintas

Conferencia General Abril 1989logo 4
Las voces distintas
por el Elder Dallin H. Oaks
del Quórum de los Doce Apóstoles

Dallin H. Oaks«En la adquisición de conocimiento sagrado, la erudición y la razón no reemplazan el lugar de la revelación. Estos son medios para lograr un fin, y el fin es la revelación de Dios.»

El verano pasado, durante un desfile pionero en el Estado de Wyoming, vi a un potrillo separado de su madre. El animalito perdido relinchaba y trotaba de un lado para otro escuchando un coro de voces entre las que trataba de identificar la voz que lo guiara de vuelta al lado de su madre.

En otras ocasiones he visto corderos perdidos en un rebaño en movimiento. Del rebaño se levanta un gran coro de voces, pero cada cordero escucha la voz del que lo va a guiar. El Salvador usó este conocido ejemplo en la alegoría del Buen Pastor: » . . . las ovejas oyen su voz. . . y las ovejas le siguen, porque conocen su voz Mas al extraño no seguirán. . . porque no conocen la voz de los extraños» (Juan 10:3-5)

De entre el coro de voces que oímos en la mortalidad, debemos reconocer la voz del Buen Pastor que nos llama para que le sigamos a nuestro hogar celestial.

Pablo les dijo a los corintios que hay muchas clases de voces en el mundo y que todas tienen un significado (1 Cor. 14:10).

Algunas voces hablan de las cosas del mundo, dándonos la información que necesitamos para abrirnos paso por la mortalidad. No haré mas referencia a esas voces.

Mis comentarios se referirán a aquellas voces que hablan de Dios, de sus mandamientos y de las doctrinas, ordenanzas y practicas de su Iglesia. Algunos de los que hablan sobre estos temas han sido llamados y se les ha dado autoridad divina para hablar. Otros, a quienes voy a llamar »voces distintas», hablan sobre estos temas sin tener el llamamiento ni la autoridad para hacerlo.

En los cinco años que han pasado desde que fui llamado a ser Autoridad General, he visto muchos casos en que lideres de la Iglesia y miembros han tenido problemas debido a esas »voces distintas». Estoy convencido de que algunos están confundidos entre lo que dice la Iglesia y lo que dicen esas «voces». Como resultado, los miembros se desvían al hacer sus elecciones personales y la obra del Señor sufre las consecuencias.

Algunas «voces» son aquellas de hombres y mujeres con buenas intenciones que están tratando de servir a sus hermanos y de favorecer la causa de Sión. Sus esfuerzos encajan, en las enseñanzas del Señor que dicen que sus siervos no deben ser compelidos en todo, pero «deben estar anhelosamente empeñados en una causa buena, y hacer muchas cosas de su propia voluntad y efectuar mucha justicia» (D. y C. 58:27).

Otras «voces» persiguen intereses egoístas, tales como bienes, orgullo, deseos de sobresalir y poder. Otras voces son los balidos de almas perdidas que no pueden oír la voz del Pastor y van al trote tratando de encontrar su camino sin Su guía. Algunas de esas voces dan consejos a los demás: los perdidos guían a los perdidos.

Algunas »voces» son aquellas cuyo objetivo declarado o secreto es el de engañar y devorar al rebaño. El Buen Pastor advierte: «Guardaos de los falsos profetas, que vienen a vosotros con vestidos de ovejas, pero por dentro son lobos rapaces» (Mateo 7:15; véase también 3 Nefi 14:15). En la Biblia y en el Libro de Mormón el Salvador encarga a sus pastores la tarea de vigilar y proteger al rebaño contra esos lobos (Hechos 20:28-29; Alma 5:59).

Siempre ha habido »voces distintas» cuyo propósito es engañar; su existencia es parte del plan. El profeta Lehi enseñó que »es preciso que haya una oposición en todas las cosas» (2 Nefi 2:1 1; cursiva agregada). Y siempre ha habido otras «voces distintas» cuyo propósito es generoso y sano.

En la mayoría de los casos, las «voces» se oyen a través de los mismos medios de comunicación que usa la Iglesia para cumplir su misión. La Iglesia tiene revistas y otras publicaciones oficiales, el suplemento de un diario, cartas de lideres de la Iglesia, conferencias generales, y reuniones regulares y conferencias en las unidades locales. Del mismo modo, las «voces distintas» se oyen en revistas y periódicos, y en disertaciones, simposios y conferencias.

La Iglesia de Jesucristo de los El Obispado Presidente, de izquierda a derecha: el obispo Henry B. Eyring, Primer Consejero, el obispo Robert D. Hales, Obispo Presidente, y el obispo Glenn L. Paces Segundo Consejero.

Santos de los Ultimos Días no trata de aislar a sus miembros de esas «voces». Su enfoque, según el consejo del profeta José Smith, es enseñar principios correctos y dejar que sus miembros se gobiernen a sí mismos por medio de sus propias elecciones.

Por supuesto, la Iglesia tiene la responsabilidad de señalar cual es la voz de la Iglesia y cual no. Esto es especialmente necesario cuando algunas »voces distintas», intencionalmente o sin querer, comunican un mensaje en una forma que implica el apoyo o la aceptación de la Iglesia.

Por la misma razón, la Iglesia aprueba o desaprueba aquello que se vaya a publicar o a usar en las actividades oficiales de la Iglesia, generales o locales. Por ejemplo: tenemos sistemas para aprobar los materiales que se publican en nombre de la Iglesia o los que se utilizan para instrucción. Estos procedimientos aunque un poco lentos y pesados, tienen un beneficio importante: proveen un control de calidad espiritual que permite a los miembros confiar en la verdad de lo que se dice. Los miembros que escuchan la voz de la Iglesia no tienen que estar en guardia para no desviarse. En cambio no tienen esa misma seguridad cuando oyen las «voces distintas».

Los líderes locales de la Iglesia también tienen la responsabilidad de revisar el contenido de lo que se enseña en las clases o se presenta en los servicios de adoración, así como las cualidades espirituales de los maestros u oradores. Los líderes deben hacer todo lo posible por evitar mencionar o dar a entender la aprobación de la Iglesia cuando se empleen enseñanzas que no sean doctrinales o maestros que usen su posición o su nombre destacado para fomentar algo que no sea la verdad del evangelio.

A veces se invita a los líderes de la Iglesia a declarar la posición de la Iglesia en un debate o simposio sobre alguna doctrina, ordenanza o practica de la Iglesia. Esa clase de presentaciones da a la audiencia el beneficio de cualquier aclaración que pueda resultar de esos choques de distintos puntos de vista. Los representantes de un negocio, de un partido político o de un grupo de activistas quizás agradezcan esa clase de invitaciones, pero la Iglesia nos aconseja evitar la disputa y la contención. Además, si un representante de la Iglesia panicipara en algo similar, podría dar el resultado indeseable de incitar a los miembros a depender de los que auspician las »voces» para recibir información en cuanto a las doctrinas de la Iglesia.

Los miembros de la Iglesia son libres de participar como »voces» o de escuchar las «voces» que ellos escojan, pero los lideres de la Iglesia deben evitar la participación oficial, ya sea directa o indirecta.

Hay ciertas desventajas cuando no hay participación oficial en los programas donde se tratan doctrinas, ordenanzas o practicas de la lglesia. En algunos casos, toda la presentación será inexacta o desfavorable debido a que faltan la representación de la Iglesia y el conocimiento de sus lideres. En otros casos, se presentara un voluntario para exponer lo que el o ella considera que es la posición de la Iglesia. A veces esos voluntarios están bien informados y son capaces, y contribuyen a que la presentación este balanceada; pero a veces no lo son, y su contribución empeora las cosas. Cuando la ataca el error, se sirve mejor a la verdad con el silencio que con un mal razonamiento.

De todos modos, los voluntarios no hablan en nombre de la Iglesia. Mientras que los lideres de la Iglesia piensen que no deben participar en programas en donde se trate sobre la Iglesia y sus doctrinas, toda la presentación será incompleta y habrá falta de equilibrio. En tales circunstancias, nadie debe pensar que el silencio de la Iglesia significa que esta acepta los hechos que se afirman.

Puede que algún miembro de la Iglesia también se enfrente a preguntas difíciles cuando se le invite a participar. La pregunta es mas complicada cuando la invitación no se relaciona con una publicación o una disertación sobre un único tema, sino sobre diversos artículos, una serie de publicaciones, o una conferencia o simposio con un gran numero de temas. Uno de los artículos o ejemplares de una publicación o una de l as sesiones de una conferencia puede ser edificante y elevar el espíritu, algo que un fiel Santo de los Ultimos Días desearía apoyar o disfrutar, pero otro articulo u otra sesión puede ser destructivo, algo que un fiel Santo de los Ultimos Días no querría apoyar ni fomentar.

Algunas de las decisiones mas complicadas de la vida implican una combinación de lo bueno y lo malo. ¿Hasta que punto debemos buscar algo bueno que deseamos cuando esto sólo se puede conseguir fomentando al mismo tiempo algo malo a lo que nos oponemos? Esta es una decisión personal que se debe tomar teniendo un completo conocimiento de la circunstancia y orando para pedir la guía celestial.

Por supuesto que hay limites que todo fiel Santo de los Ultimos Días establecería. Por ejemplo, creo que la persona que ha hecho convenios en el santo templo no se prestaría a apoyar ni promover una fuente de información que publicara o tratara las ceremonias del templo, aunque otras partes de la publicación o programa fueran irreprochables. Yo no daría mi apoyo ni permitiría que se usara mi nombre para promover un debate publico de cosas que he hecho convenio de mantener sagradas.

Conforme los Santos de los Ultimos Días examinan su relación personal con las distintas »voces», recibirán ayuda si consideran las formas en que adquirimos conocimiento, especialmente el conocimiento de cosas sagradas.

En las revelaciones de los últimos días el Señor nos ha dicho: » . . . buscad conocimiento, tanto por el estudio como por la fe» (D. y C. 109:7).

Buscamos conocimiento al estudiar la sabiduría acumulada en las distintas ciencias y artes y al utilizar el poder de razonamiento que nuestro Creador nos ha dado.

También debemos buscar conocimiento por la fe en Dios, el dador de la revelación. Creo que muchos de los grandes descubrimientos y logros de la ciencia y las artes son el resultado de la revelación que Dios ha dado. Los investigadores que han pagado el precio con su sudor han sido iluminados por la inspiración.

La adquisición de conocimiento por revelación es un premio extra para los que investigan las ciencias y las artes, pero es el método fundamental para los que quieren conocer a Dios y las doctrinas de su evangelio. En esta área de conocimiento, la erudición y la razón no son suficientes.

El que busque la verdad acerca de Dios debe confiar en la revelación. Creo que a esto se refería el profeta del Libro de Mormón cuando dijo: » . . . bueno es ser sabio, si hacen caso de los consejos de Dios» (2 Nefi 9:29). Y es seguramente lo que el Salvador enseñó cuando dijo: «Bienaventurado eres, Simón, hijo de Ojonas, porque no te lo reveló carne ni sangre, sino mi Padre que esta en los cielos» (Mateo 16:17).

El camino hacia la revelación es la rectitud Asombrados ante las enseñanzas del Maestro, sus enemigos preguntaron:

»¿Cómo sabe éste letras, sin haber estudiado?

»Jesús les respondió y dijo: Mi doctrina no es mía, sino de aquel que me envió.

«El que quiera hacer la voluntad de Dios, conocerá si la doctrina es de Dios, o si yo hablo por mi propia cuenta.» (Juan 7: 15-17.)

El Libro de Mormón enseña que aquellos que busquen con diligencia verán que «los misterios de Dios les serán descubiertos por el poder del Espíritu Santo» (1 Nefi 10:19; 1 Cor. 2:4-16; Alma 18:35; D. y C. 121:26). El profeta Jacob dijo que no es posible que un hombre que no sea inspirado entienda a Dios: » . . . nadie hay que conozca sus sendas a menos que le sean reveladas; por tanto, no despreciéis, hermanos, las revelaciones de Dios» (Jacob 4:8).

Los métodos que estableció el Señor para adquirir conocimiento sagrado son muy diferentes de los métodos que usan los que adquieren conocimiento sólo por el estudio. Por ejemplo, una técnica de la erudición que se usa a menudo es el debate, un método con el que he tenido bastante experiencia personal. Pero el Señor nos ha aconsejado en las Escrituras antiguas y modernas que no debemos contender sobre los puntos de su doctrina (3 Nefi 11:28-30; D. y C. 10:63). A aquellos que enseñan el evangelio se les aconseja no predicar con «ira» ni «contención» (D. y C. 60: 14; 2 Tim. 2:23-25), pero con «mansedumbre y humildad» (D. y C. 38:41), «no denigrando a los que denigran» (D. y C. 19:30). De igual manera, las técnicas que se emplean para los debates o para ver diferencias de opiniones y llegar a un acuerdo no son eficaces para adquirir el conocimiento del evangelio. Las verdades del evangelio y el testimonio se reciben del Espíritu Santo por medio del reverente estudio personal y de la meditación.

En las Escrituras, el Señor ha especificado cómo aprender por fe. Debemos ser humildes, cultivar la fe, arrepentirnos de nuestros pecados, servir a nuestros semejantes y guardar los mandamientos de Dios (Eter 12:27; D. y C. I: 28, 12:8, 50:28, 63:23, 136:32-33). Como dice el Libro de Mormón: »Sí, al que se arrepiente y ejerce la fe y produce buenas obras y ora continuamente sin cesar, a este le es permitido conocer los misterios de Dios» (Alma 26:22).

He visto a personas tratar de entender o intentar criticar el evangelio o la Iglesia sólo por el método de la razón, sin usar ni reconocer la revelación. Cuando se adopta la razón como único método -o método principal- para juzgar el evangelio, se predetermina el resultado. No podemos encontrar a Dios ni entender sus doctrinas y ordenanzas si cerramos la puerta a los medios que El ha establecido para recibir las verdades de su evangelio. Así es como las verdades del evangelio se han corrompido y sus ordenanzas se han perdido cuando se han dejado a la interpretación y al patrocinio de eruditos que no tienen la autoridad y que rechazan las revelaciones de Dios.

Eso es lo que el Salvador les dijo a sus críticos profesionales, según se encuentra en el capitulo once de Lucas. El se vio enfrentado por un grupo que hipócritamente había edificado monumentos a los profetas a los que habían matado sus predecesores, mientras que personalmente rechazaban a los profetas vivientes que Dios les mandaba (véase Lucas 11:47-49). Entiendo que el Señor condenó a esos profesionales del mundo por rechazar la revelación, diciéndoles: » . . . porque habéis quitado la llave de la ciencia; vosotros mismos no entrasteis, y a los que entraban se lo impedisteis» (Lucas 11:52).

Los primeros líderes de la Iglesia restaurada tuvieron que aprender esa misma verdad. En varias revelaciones el Señor reprendió a José Smith, a David Whitmer y a otros por no tener sus mentes en las cosas de Dios, por haber «seguido las persuasiones de los hombres» (D. y C. 3:6, 5:21), y por haberse dejado persuadir por »aquellos a quienes no he mandado» (D. y C. 30:2).

La correcta relación que existe entre el estudio y la fe para recibir el conocimiento sagrado se refleja en la ocasión en que Oliverio Cowdery trató de traducir registros antiguos. El no pudo porque no pensó, sino solo pidió a Dios (D. y C. 9:7). El Señor le dijo que tenia que »estudiarlo en [su] mente» y después preguntar si estaba bien (D. y C. 9:8). Sólo entonces el Señor le revelaría si la traducción era correcta o no. Y sólo al recibir esa revelación se podría escribir el texto, porque «no puedes escribir lo que es sagrado a no ser que lo recibas de mí» (D. y C. 9:9). En la adquisición de conocimiento sagrado, la erudición y la razón no reemplazan la revelación. Estos son medios para lograr un fin, y el fin es la revelación de Dios.

Dios ha prometido que si le pedimos, recibiremos «revelación tras revelación, conocimiento sobre conocimiento, a fin de que [conozcamos] los misterios y las cosas apacibles, aquello que trae gozo, aquello que trae la vida eterna» (D. y C. 42:61).

En nuestros días estamos viendo una explosión de conocimiento respecto al mundo y a su gente. Pero la gente del mundo no esta experimentando un aumento semejante de conocimiento acerca de Dios y del plan que tiene para sus hijos. En ese aspecto, lo que el mundo necesita no es mas erudición ni más tecnología, sino más rectitud y revelación.

Espero con ansia el día profetizado por Isaías, cuando «la tierra será llena del conocimiento de Jehová» (Isaías 11:9; 2 Nefi 21:9). En una declaración inspirada, el profeta José Smith dijo que el Señor «[derrama] conocimiento desde el cielo sobre la cabeza de los Santos de los Ultimos Días» (D. y C. 121:33). Esto no les sucederá a aquellos que »han puesto su corazón en las cosas de este mundo, y aspiran . . . a los honores de los hombres» (vers. 35). Aquellos que no aprendan a usar los «principios de [rectitud]» (vers. 36) quedaran solos para protestar contra los que tienen autoridad y »para perseguir a los santos y combatir contra Dios» (vers. 38). En contraste, el Señor hace esta gran promesa a los fieles:

» . . . la doctrina del sacerdocio destilara sobre tu alma como rocío del cielo.

«El Espíritu Santo será tu compañero constante, y tu cetro, un cetro inmutable de justicia y de verdad; y tu dominio será un dominio eterno, y sin ser compelido fluirá hacia ti para siempre jamas. » (D. y C. 121:45-46.)

Testifico estas cosas en el nombre de Jesucristo Amén.

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