La criba

Conferencia General Octubre 1971

La criba

ElRay L. Christiansen

por el élder ElRay L Christiansen
Ayudante del Consejo de los Doce


En este momento tengo en mi corazón una oración especial a fin de poder decir algo que brinde seguridad y aliento a aque­llos que lo necesiten, o sea, a to­dos nosotros.

¡Vivimos en un mundo mara­villoso! ¡Una era asombrosa! Hay tantas personas buenas, cosas tan hermosas y deseables. El solo vivir una vida normal y útil es una bendición de mucho valor.

Pero es también una época cuando ciertas normas y verdaderos principios dados por Dios, que por mucho tiempo han sido aceptados y respetados, son Recha­zados por un gran número de personas. Verdaderamente, es un día en que hay «angustia de las gentes, confundidas» (Lucas 21:25).

El Señor habla de un tiempo en el cual «el amor de los hom­bres se resfriará, y abundará la iniquidad» (D. y C. 45:27). ¿Ha llegado ese tiempo?

Enterarse de la degradación que existe en la actualidad es algo muy inquietante; el crimen y la contención son la dieta diaria del lector y el escuchante de noticias. Por todo el mundo surgen constantemente crisis y violencia, sin llegar a ninguna conclusión satis­factoria.

Las escrituras nos dicen que el diablo es «el origen de todas estas cosas; sí, el fundador del asesinato y obras tenebrosas . . .» (2 Nefi 26:22), y que él tiene «gran poder para incitarlos a cometer toda clase de iniquidades y a llenarse de orgullo, tentándolos para que ambicionaran el poder, la autori­dad, las riquezas y las cosas vanas del mundo» (3 Nefi 6:15).

Tales personas «no buscan al Señor para establecer su justicia sino que todo hombre anda por su propio camino, y conforme a la imagen de su propio Dios, cuya imagen es a semejanza del mun­do . . .» (D. y C. 1:16).

«Y negarán el poder de Dios, el Santo de Israel, y dirán al pue­blo: Escuchadnos y oíd nuestra doctrina; pues he aquí, hoy no hay Dios, porque el Señor y Redentor ha acabado su obra y ha dado su poder a los hombres» (2 Nefi 28:5).

Así fue como habló el profeta Nefi hace mucho tiempo, mirando hacia nuestros días. No obstante, el doctor James E. Talmage brinda una seguridad en estas palabras:

«Sin embargo, en ninguno de estos hechos malignos . . . (recor­demos que el adversario) puede propasarse de lo que las trans­gresiones de su víctima le per­miten, o la sabiduría de Dios consiente; y el poder superior puede contrarrestarlo a cualquier momento» (Artículos de Fe, página 69).

Algunos podrán preguntar: «¿Por qué entonces Dios, con ese poder superior, no pone fin a to­dos los hechos malignos?» Natural­mente, y como ha sido decretado por Dios, la razón es que «es preciso que haya una oposición en todas las cosas . . .» (2 Nefi 2:11).

La razón de tal oposición es permitirnos evaluar lo bueno en contra de lo malo. Todos los hom­bres tienen el derecho de dirigir el curso de su vida, y el Señor no les negará ese derecho.

El propósito del Señor en esto es de darles a todos la oportuni­dad de prepararse para el don más grandioso de Dios: la vida eterna. El progreso del hombre depende en sumo grado de su voluntad dé permanecer firme y constante, especialmente al en­frentarse con la oposición y la adversidad. Sin embargo, a nin­guna persona se le presentará jamás más oposición que la que sea capaz de vencer y soportar. Algunas personas sostienen ba­tallas con las debilidades de la carne, otras con la lujuria, algunas con las drogas, otras con la en­vidia o el egoísmo y otras con la congoja.

Al reflexionar en eso, anoté, a medida que las recordaba, las palabras de ese himno que tanto me gusta, una estrofa que nos brinda esperanza.

«Y cuando torrentes tengáis que pasar,
Los ríos del mal no os pueden turbar;
Pues yo las tormentas podré apla­car,
Salvando mis santos de todo pesar»
Himnos de Sión, No. 144

Todos tenemos el derecho dado por Dios de aceptar lo bueno o rechazarlo.

Como Pablo dijo: «. . . Dios. . . no os dejará ser tentados más de lo que podéis resistir, sino que dará también juntamente con la tentación la salida, para que podáis soportar» (2 Corintios 10:73).

Este es el tiempo de la criba, una época en que más que nunca en la historia del mundo moderno, el adversario y sus seguidores han manifestado ser enemigos de Dios. No obstante, como oímos decir esta mañana a nuestro Profeta y Presidente, no tenemos por qué temer los ardientes dar­dos del adversario, porque cada uno de nosotros tiene poder para evitar más definitivamente que nunca mezclarse con el pecado. Ha llegado el tiempo de que cada miembro de la Iglesia se man­tenga cerca del Señor, y sea firme en sostener, mantener y seguir el consejo de sus siervos divinamente señalados, evitando, como dice el Libro de Mormón, las vanida­des, flaquezas y necedades de los hombres. Debemos purificar nues­tra vida y santificar nuestros hogares.

Debemos enseñar a nuestros hijos a ser leales, obedientes, hon­rados, respetar la ley, (y apreciar las leyes protectoras) tener respeto para todos los hombres y amor por el Señor y su Iglesia. Debe­mos vivir y actuar con valor, de­fender y mantener en alto la ver­dad y los principios dados por Dios, porque seguir los antojos, las tentaciones y la incrédula filosofía de los hombres, es arries­gar aquello que es más precioso y deseable: la paz, la libertad y la salvación.

«Someteos, pues, a Dios; resis­tid al diablo, y huirá de vosotros.
«Acercaos a Dios, y él se acer­cará a vosotros . . .» (Santiago 4: 7-8).

Lo más seguro es todavía «Ven, sígueme.»

Sí, esta es una era maravillosa, primeramente porque en el evan­gelio restaurado tenemos la luz de la verdad, la cual, si se aplica, llevará una dulce paz y serenidad a las vidas de aquellos que así lo hacen. El Señor ha hecho del mundo un crisol para probarnos, un lugar para la criba del cual pueden surgir bendiciones de una vida gozosa aquí y una glo­riosa vida venidera.

«Bendito el varón que con­fía en Jehová, y cuya confianza es Jehová» (Jeremías 17:7).

El nos ha dado los ingredien­tes para una vida feliz: su evan­gelio como un plan perfecto para la felicidad y el éxito para todos aquellos que lo viven, la Iglesia con líderes inspirados y la inspira­ción del Espíritu Santo para guiar­nos y amonestarnos.

Poseemos todas éstas a un grado mucho mayor que nunca en la historia del mundo. Siendo así, estamos viviendo en una época que no tiene parangón. Asegurémonos de que estamos progresando como debemos; de que estamos «a bordo del buen barco» por así decirlo. Porque ese barco, la Iglesia, nunca fra­casará.

«Las obras, los designios y los propósitos de Dios no pueden ser frustrados ni anulados.
«Porque Dios no anda por vías torcidas, ni se vuelve a la derecha ni a la izquierda, ni se aparta él de lo que ha dicho, por lo tanto, sus sendas son rectas y su curso, un giro eterno.
«Recuerda, recuerda que no es obra de Dios la que se frustra, sino la obra de los hombres» (D. y C. 3:1-3).

Finalizo con esta promesa del rey Benjamín:

«Y además, también quisiera que consideraseis el bendito y feliz estado de aquellos que guar­dan los mandamientos de Dios. Porque he aquí que ellos son ben­decidos en todas las cosas, tanto temporales como espirituales; y si son fieles hasta el fin, serán reci­bidos en el cielo para morar con Dios en un estado de intermi­nable felicidad. ¡Oh recordad, recordad que estas cosas son verdaderas! porque el Señor Dios lo ha declarado» (Mosíah 2:41).

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